Miguel Ángel Córdoba Zamudio * Pedro Octavio Reyes Enríquez **
Resumen
El presente artículo es un trabajo de divulgación, producto del programa de
investigación-acción “Programa diocesano para la prevención de adicciones y
conductas de riesgo” 1, dirigido principalmente a padres de familia, educadores
y personas interesadas en la implementación de estrategias de prevención contra
dicho problema. Busca ser una pequeña guía de reflexión y análisis sobre la
función social de la familia y las relaciones en el seno de ésta, otorgando
líneas de orientación para el trabajo formativo de los hijos y alumnos.
La familia es considerada como la célula básica de la sociedad. Su evolución,
desarrollo y estructura han mostrado diversas características de organización y
funcionamiento a lo largo de la historia. Sin embargo, nadie pone en duda la
importancia que este primario sistema de organización humana tiene para la
existencia, desarrollo y trascendencia de un grupo social determinado.
Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Córdoba Zamudio, M.A. y Reyes Enríquez, P.O.: La familia como factor de protección contra la fármaco dependencia y conductas de riesgo en Revista de la Universidad Cristóbal Colón Número 19, edición digital a texto completo en www.eumed.net/rev/rucc/19/
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En nuestro contexto cultural, la estructura básica de la familia la conforman
padres e hijos, los cuales desarrollan entre sí, lazos afectivos, de
convivencia, de cuidados, protección y enseñanza-educación, cuyos contenidos,
significados, creencias, propósitos y valores son una representación, un
microcosmos de lo que es el grupo social de pertenencia. Es nuestro principal
agente de socialización; la inmersión social en la cual nos vemos envueltos
desde nuestro nacimiento y en buena parte de nuestro desarrollo, proviene del
grupo familiar, desde luego, no es la única fuente, ya que la escuela es el otro
escenario de mayor trascendencia para este proceso. Se espera que la familia
dote a su descendencia de los recursos, conocimientos, habilidades y valores que
le faciliten el proceso de inserción a la sociedad, a través del desarrollo de
conductas y hábitos saludables para ellos y los demás. Sin embargo, la función
social atribuida a esta institución parece estar enfrentando una crisis en torno
al cumplimiento de estos objetivos. En las últimas décadas, la familia ha
experimentado en su dinámica y estructura, cambios cualitativamente importantes,
no todos en detrimento de ésta, por el contrario, algunos de ellos en beneficio
de sus miembros, por ejemplo, la incorporación masiva de mujeres al medio
educativo, profesional y laboral; aspecto no tan común hasta hace unos 50 años;
aunque como ejemplo contrario, podemos citar el incremento acelerado en el
número de divorcios que cada año se registran en nuestro país. De acuerdo con
datos del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), en
1995 se registraron en México 37 mil 455 divorcios por 658 mil 114 matrimonios;
mientras que en 2001, esta cifra aumentó a 57 mil 370 divorcios por 665 mil 434
matrimonios.
Otro factor de cambio lo representan nuevas estructuras organizacionales de las
familias, las cuales de alguna manera surgen a partir de este mismo proceso de
divorcio, es decir, las parejas que se separan de un primer matrimonio y que
deciden reiniciar un nuevo vínculo matrimonial - o simple unión- con otra
pareja, que al igual que ella puede estar o no en el mismo estatus de divorcio;
así, podemos observar familias conformadas de la siguiente manera:
a) Yo + mis hijos + tú.
b) Yo + mis hijos + tú + nuestros hijos.
c) Yo + mis hijos + tú + tus hijos.
d) Yo + mis hijos + tú + tus hijos + nuestros hijos.
Ello sin considerar la integración en estos esquemas de miembros extrafamiliares
como abuelos (paternos o maternos), tíos o cualquier otro elemento más que se
una a esta dinámica. Desde luego, los cambios experimentados en la estructura y
funcionamiento familiar están muy vinculados a la necesidad de adaptarse a
nuevas condiciones económicas, políticas y culturales. Éstos y otros factores
son los que, de forma directa o indirecta, parecen haber puesto a las familias
en un proceso de crisis y búsqueda de identidad en torno a su sentido como
agencia de socialización, lo que se ha considerado como un riesgo en la
obtención de su fin social.
Pese a todo, la familia sigue siendo el núcleo central y trascendente para la
formación de individuos, las diversas disciplinas sociales apuestan a que en el
núcleo familiar se encuentran los elementos necesarios para lograr la
transformación de nuestra sociedad, abatir los males que nos aquejan como:
delincuencia, violencia, alcoholismo, drogadicción, corrupción, entre otros.
Desde luego, se requiere que la familia tenga claramente establecida la misión y
los objetivos que como institución social debe cumplir.
Las exigencias actuales ponen al núcleo familiar en la necesidad de formar
individuos capaces de adaptarse y sobreponerse a las demandas de la cultura del
consumo, donde adquirir bienes y riquezas otorga un estatus, da una identidad y
un valor a la persona, dinámica que ha puesto a muchos en una lucha inacabable y
frustrante por alcanzar ese sueño de bienestar económico/social, que ha
desplazado paulatinamente el sueño de ser persona (Buscaglia, 1997). Laura
Stamper (1993) señala que la dinámica actual de consumo nos ha entrampado en un
laberinto de insatisfacciones; mientras que dedicamos un esfuerzo que implica un
desgaste personal en muchos sentidos para alcanzar una meta considerada vital o
importante, al obtenerla, parece no responder a las expectativas de satisfacción
puestas en ella, llevándonos a fijar nuevas metas que, al ser alcanzadas, es
factible que no satisfagan nuestra vida, o bien, idealizar metas inalcanzables
de éxito, glamour, popularidad, basadas en modelos televisivos o comerciales.
Todas estas circunstancias señaladas alrededor de la función familiar, son
condiciones que de acuerdo con distintos investigadores, facilitan directa o
indirectamente que las personas, particularmente los jóvenes y adolescentes,
lleguen a un acercamiento o experimentación con sustancias adictivas, en
especial con el tabaco, el alcohol, y las comúnmente identificadas como drogas:
marihuana, cocaína, y las drogas de diseño. Identificar las razones que orillan
a los chicos a la experimentación con estas sustancias es un tópico de interés
para especialistas, padres de familia y docentes; desafortunadamente, no se
puede establecer un patrón único. Por una parte está el fenómeno de la primera
experiencia y la de los consumos ocasionales, la que a su vez debe dividirse
entre la experiencia con las drogas lícitas (alcohol y tabaco) y la
experimentación con drogas prohibidas, considerando también los aspectos que
hacen que estas primeras experiencias se repitan, se hagan constantes y acerquen
a los consumidores a la adicción. “Con todas las presiones y ansiedades a las
que los jóvenes se enfrentan en el presente, el uso de químicos puede ofrecer
una solución fácil. Utilizar alcohol o las drogas les brinda una salida social,
un mecanismo para manejar sentimientos dolorosos, una forma de fortalecer la
confianza, un grupo automático de congéneres, y más importante, les regala una
identidad instantánea. Cuando los jóvenes adoptan el rol de consumidor,
abandonan el difícil proceso de descubrir quiénes van a ser (Laura Stemper,
1993:12)”.
La adolescencia es considerada como una etapa de riesgo para iniciarse en el
consumo de sustancias adictivas; sus características como fase de desarrollo,
sumadas a las características de la actual dinámica familiar, y con el plus de
los roles sociales de éxito que se comercializan por los medios masivos de
comunicación, ponen las
condiciones necesarias para que las sensaciones, emociones, y en sí los efectos
otorgados por éstas sean más que atractivos para nuestros jóvenes, pues les
hacen vivir momentáneamente el sueño que no poseen en su vida diaria, sin poder
darse cuenta que -tarde o temprano-, dependiendo de la sustancia consumida, ésta
requerirá de mayor continuidad y cantidad de consumo.
Estadísticas nacionales a cargo del Instituto Nacional de Psiquiatría en México,
o las internacionales como las publicadas por la Organización Panamericana de la
Salud (OPS) y la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) confirman el
aumento en el consumo de sustancias por parte de los jóvenes, y lo más
preocupante, la disminución en la edad de iniciación en el consumo, aunado al
tipo de producto que se consume por vez primera, aspecto en el cual se percibe
una primera experiencia con sustancias altamente adictivas con las llamadas
drogas de diseño, por ejemplo, las populares tachas. Las causas que acercan a
los adolescentes al consumo de drogas “obedecen a ciertos factores, como
creencias de que la droga no les hace daño, la presión de los amigos, la
curiosidad, la suposición de que las drogas pueden ayudarlos a olvidar sus
problemas o a calmar su angustia o dolor (K. Moreno, 2003:55)”. Y a este
conjunto de características es a lo que llamamos factores de riesgo, que aunque
no determinantes, se ha identificado que entre más factores de riesgo existan
alrededor del adolescente, mayores son las probabilidades de consumo y mayores
las de caer en un cuadro adictivo.
Para los padres de familia y para los propios jóvenes, conocer e identificar los
factores de riesgo asociados con el consumo de drogas es un elemento de ayuda y
prevención; éstos suelen ser divididos en tres grupos básicos: individuales,
familiares y sociales.
Factores de riesgo individuales:
a) Sujetos con un estado de ánimo caracterizado
situaciones que dan lugar a una mala conducta.
6. Cuando se viola una norma o un límite claramente establecido, en forma
intencional o de otro modo, aplique de inmediato un castigo adecuado. Sea
coherente y haga exactamente lo que dijo que haría.
7. Cuando un castigo es necesario, asegúrese de que guarde relación con la
infracción a la regla o la mala conducta, que el castigo se ajuste a la falta. (Shapiro,
1997,45).
La educación es la piedra angular para un desarrollo psíquico y social en
nuestros niños y jóvenes, principalmente, la educación que es brindada por los
padres y el núcleo familiar. Revisar, redefinir el sentido y la orientación que
la familia como unidad social debe tener es una prioridad en nuestros días, los
padres actuales y aquellos que desean ser parte de este esquema, deben estar
conscientes de la misión que están asumiendo y de las condiciones de riesgo a
las cuales sus futuros hijos se enfrentarán. Ser consciente de ello, nos permite
asumir estrategias educativas que ayuden a disminuir las posibilidades de que
sean presas fáciles de hábitos y comportamientos de riesgo para su salud física,
mental y social.
FUENTES DE CONSULTA
Cirillo Stefano y cols.(1999): La familia del toxicodependiente. Paidós
Terapia Familiar:
España.
Instituto Nacional de Estadística, Geografía, e Informática INEGI. Pagina
electrónica: www.inegi.org.mx
Moreno Kena y cols. (2003): Drogas: las 100 preguntas más frecuentes. Centros de
Integración Juvenil: México.
Shapiro, Lawrence E. (1997): La inteligencia emocional de los niños. Una guía
para padres y maestros. Grupo Zeta: España.
Stamper, Laura (1993): Cuando las drogas entran en su hogar. México: Panorama
Editorial.
Velasco Fernández, Rafael (2000): La familia ante las drogas. México: Trillas.
Velasco Fernández, Rafael (2003): Las adicciones. Manual para maestros y padres.
México: Trillas.
* Licenciado en Psicología. Maestro en Educación Superior. Docente de la Universidad Cristóbal Colón. Investigador asociado a la Red Iberoamericana FAMECOM. Coordinador del Centro de Investigación y Asesoría Psicológica (CIAP). Coordinador del proyecto diocesano para la prevención de adicciones y conductas de riesgo. Correo electrónico: macz@aix.ver.ucc.mx ** Licenciado en Sociología. Docente de la Universidad Cristóbal Colón. Representante institucional de la Red Iberoamericana FAMECOM. Responsable del área de investigación de las licenciaturas en Ciencias de la Comunicación e Historia del Arte. Coordinador del proyecto diocesano para la prevención de adicciones y conductas de riesgo. Correo electrónico: preyes@aix.ver.ucc.mx
1 El proyecto diocesano de lucha contra las adicciones y conductas de riesgo
tiene como objetivo promover una cultura de la vida y de la prevención contra
las adicciones en adolescentes y jóvenes de la Diócesis de Veracruz, mediante la
aplicación de programas fundamentados en el humanismo cristiano. Actualmente se
encuentra en una fase piloto y es coordinado por la Diócesis de Veracruz, a
través de la Pastoral Juvenil y la Universidad Cristóbal Colón.
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