José Luis Freyre Aguilera 1
El sentimiento de racionalidad emprendido desde el surgimiento del movimiento moderno y la desafortunada interpretación de los principios y postulados lecorbusianos, aplicados esquemáticamente por los arquitectos de la época, tuvieron tal influencia, que impregnaron no sólo las propuestas de los especialistas de la arquitectura y el urbanismo, sino también las manifestaciones profanas de los usuarios comunes. La idea de la libertad de cánones académicos desató la ola social autogestiva de la construcción y el sentido acrítico de funcionalidad comercial se fue erigiendo como bandera, dando pie a la libertad de creencias estilísticas. Con ello, la tradicional continuidad de la ciudad inició su fragmentación morfológica y creó un nuevo y desordenado paisaje urbano que comenzó a caracterizar la apariencia de gran parte de las zonas de las ciudades de nuestro país, a partir de la segunda mitad del siglo XX (Amante Haddad, 2002).
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Freyre Aguilera, J.L.: La crisis urbana y la emergencia del simbolismo comercial - A la búsqueda del centro histórico en Revista de la Universidad Cristóbal Colón Número 19, edición digital a texto completo en www.eumed.net/rev/rucc/19/
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El sentido integral y sinérgico entre la arquitectura y el urbanismo inició su
descenso a partir de la década de los cuarenta y el binomio arquitectura-
urbanismo como fenómeno simbiótico resultó fracturado: por una parte, la
arquitectura quedó en manos de la iniciativa inculta y especulativa, la cual, a
la postre, desencadenó en los usuarios el frenesí por el consumo de materiales y
la comercialización del espacio edificado, en la ciudad de Veracruz, la mayoría
de las veces, construido por la autogestión entre el usuario y el contratista o
maestro de obras, y en algunos casos, en las zonas aledañas a la centralidad
urbana por sistemas improvisados de autoconstrucción.
Por otra parte, las empresas promotoras de ciudades como Veracruz, Boca del Río
y Xalapa, que comenzaron a desempeñarse en el desarrollo habitacional, en su
afán lucrativo, no fueron capaces de proponer soluciones arquitectónicas y
urbanas acordes al contexto natural y a las condiciones climáticas de la región,
como tampoco dieron muestras de un interés por una arquitectura que propusiese
el acercamiento cultural (Winfield Reyes, 2001). A todo ello se ha sumado la
inoperancia que, durante mucho tiempo, los aparatos de los gobiernos local y
estatal denotaron con su falta de capacidad para salvaguardar la imagen de la
ciudad, contribuyendo con ello al caos de la estructura visual del paisaje
urbano y a su desvinculación con los problemas sociales que, por supuesto, se
encuentran estrechamente ligados con los problemas morfológicos de la ciudad.
Gobierno, gremio de arquitectos, urbanistas, así como el sector privado y la
ciudadanía, hemos sido incapaces de establecer proyectos rectores que
reestructuren la ciudad y concilien el entorno urbano con las manifestaciones
arquitectónicas para dar continuidad a la relación del espacio público con el
privado (Amante Haddad y Winfield Reyes, 2002). Es probable que la separación
entre la academia y la práctica en el ejercicio público de construir el espacio
de la ciudad, haya acentuado este fenómeno de desintegración. La falta del
ejercicio político de los académicos y su ensimismamiento en la retórica del
discurso crítico y programático han sido estériles. Y los académicos, entendidos
así como meros espectadores, ven sólo “el toro desde la barrera”; pocos son
aquellos que se interesan en la participación política, activa o profesional,
que aplican los conocimientos propios del área y que, además, fungen como
servidores públicos de la ciudad; de igual forma, existe un entendimiento
limitado de los principios básicos, teóricos y conceptuales entre aspectos que
en apariencia son antagónicos, pero que en el ejercicio teórico-experimental,
pueden ser conciliables, como por ejemplo: historia y modernidad, identidad
cultural y alta tecnología, las formas de las tendencias globales y la
reinterpretación regional.
Se requiere de una mayor preparación teórica y conceptual de los profesionales
que han estado encargados de los departamentos del desarrollo urbano de la
ciudad. Con una mayor preparación, el estado de conocimientos del buró político
se ampliaría y podría ejercer mayor consenso y autoridad, evitando el caos
fractal 2 y la ruptura en el continuo del espacio arquitectónico con el espacio
urbano.
Si bien, los contextos históricos del siglo XIX y los que lo antecedieron se
encontraban cargados de simbolismo coherente, el espacio urbano correspondía en
escala a su arquitectura; el entorno centraba su atención en la repetición de
cánones y en dar soluciones al espacio social. Pero a finales de la década de
los cincuenta, dicho entorno se encontraba ya contaminado de anuncios y
edificaciones llenas de incongruencias y malformaciones estilísticas (Frampton,
1998: 9).
Así, la modernidad y su manifestación en cuanto a arquitectura se refiere, han
dado sustento al carácter práctico y tecnocrático de la sociedad. Ésta se ha
preocupado más en cobijar la idea de que las formas funcionen y menos por que
expresen el impacto sensorial del espacio.
En la imagen urbana de las centralidades de las ciudades de nuestra América
Latina, como es el caso de Veracruz, aparecen las instalaciones de todo tipo;
los espacios servidores son protagonistas, además de todos los símbolos del
pragmatismo comercial que ha sosegado el valor humanístico de las formas y el
respeto poético y mimético de las estructuras del mundo clásico. Tal
irreverencia dio pie a desarrollar una coraza de normalidad en todos los que
ejercemos la profesión de la arquitectura; esta coraza es parte del proceso
natural de adaptación que hemos desarrollado como un sentido para establecer el
estado de equilibrio, propio del ser humano, trasladándolo al ser arquitecto.
Empero, más allá de todo consuelo de inmunidad histórica, los arquitectos hemos
sido cómplices y víctimas de este hecho; cómplices porque hemos adoptado en
nuestras propuestas, las ideas utilitarias de la arquitectura sin siquiera
cuestionarlas. Movidos sólo por una necesidad prosaica de sobrevivencia, y
sobreponiendo tal condición a la vocación arquitectónica. En las propuestas
hemos aplazado para mejores tiempos la calidad de vida que podemos verter para
los usuarios desde el ámbito del diseño. Y víctimas , porque desde la academia
en las universidades, nos han sumergido en la burocracia teocrática
institucional que ha orillado a abandonar el interés por la investigación
teórica sobre los fundamentos interculturales y su relación con el espacio; se
ha dejado a un lado la experimentación y se han pospuesto los aspectos
esenciales de la arquitectura y el urbanismo: la manipulación perceptiva del
espacio, la luz interior y la luminosidad en el paisaje urbano, la naturaleza
visual de los materiales en relación con la proporción-escala y las condiciones
básicas de confort de los espacios.
La desvinculación entre la visión académica de las universidades y la praxis, es
decir, la falta de interacción entre los programas universitarios de
arquitectura con los programas de las empresas, han dado lugar a que el
conocimiento que debiera ejercerse en beneficio del espacio arquitectónico y
urbano se encuentre disgregado. Los agentes que debieran actuar en pro de la
comunidad, están
mediatizados resolviendo casos particulares y el problema de la ciudad padece la
falta de una definición integradora, que reúna los intereses tanto comerciales
como los utilitarios, los estéticos, los de la imagen urbana y los históricos.
Si este fenómeno de desarticulación del quehacer arquitectónico se da, a pesar
de los intereses del usuario, junto con los del arquitecto que vigilan
conjuntamente el hacer del espacio íntimo interior, ¿qué podemos esperar de la
imagen urbana, en donde el discurso y la responsabilidad no están claramente
definidos?; es decir, se encuentra entre lo público y lo privado, entre la
indolencia de la sociedad y la pertenencia miope y aprehensiva de lo comercial.
Y si bien se ha otorgado a la centralidad urbana de la ciudad de Veracruz la
categoría de centro histórico o para ser correctos con el término: zona de
monumentos 3, esta categoría resulta ser por demás fuerte y en extremo acotada
ante el sinnúmero de condiciones que deberemos atender antes de otorgarle tal
prioridad, pues todo espacio público no puede abrazar sólo el impulso
museográfico.
Entremos en la búsqueda de la imagen del centro histórico, concertemos las ideas
y las intenciones de todos los actores. Pero entonces, ¿cuál es la imagen que
deberá manifestar el centro histórico? El mito de la identidad histórica
antepone una encrucijada, es decir, ¿qué debemos atender?, ¿la visión atomizada
del pasado histórico?, ¿o una visión de imagen urbana en donde entren en juego,
indudablemente, diversas acciones, que por su naturaleza propia y honestidad
arquitectónica, deberá evadir con cabalidad la escenografía del eclecticismo
decimonónico?
A propósito de la dificultad que acaeció para su definición como zona de
monumentos, el problema de la centralidad urbana de la ciudad de Veracruz va más
allá; esto ha sido lógico para quienes tuvieron que tomar tal decisión. El
deterioro y la ambigüedad manifiesta en el paisaje urbano ponían en tela de
juicio esta declaratoria. Debido a que el problema no se circunscribe sólo en un
acto de fe historicista, la centralidad de la ciudad de Veracruz es un problema
de categoría fenomenológica, en el que convergen diversos actores e intereses
que pugnan por una reinterpretación del concepto de identidad, no a p a r t i r
d e u n a v i s i ó n u t ó p i c a d e l a lumpenburguesía, como tampoco la
visión acotada e institucionalizada del Estado, sino más bien, la identidad de
una ciudad moderna en permanente transformación, forjada en su pasado que mira
el futuro sin prejuicios.
FUENTES DE CONSULTA
AMANTE Haddad, Sergio (2002): La ciudad fragmentada. La discontinuidad
espacio-temporal en el ámbito urbano de Xalapa, Veracruz / México: 1960-1990.
Tesis de doctorado. Universidad Politécnica de Madrid, Madrid.
AMANTE Haddad, Sergio y Fernando Winfield Reyes (2002): “Comunidad perdida y sustentabilidad. Reflexiones en torno a la vivienda multifamiliar, satisfacción residencial y calidad de vida”. Ponencia publicada en la Memoria en formato CD del Simposio Internacional El reto ambiental: responsabilidad compartida, organizado por el Capítulo Veracruz de la Environmental Design Research Association (EDRA) y Universidad Veracruzana, septiembre 29 a octubre 3, Boca del Río Veracruz.
(2004): Diario oficial de la Federación, marzo 1, México.
FRAMPTON, Kennet (1998): Historia crítica de la arquitectura moderna, Tr. Jorge Sainz Gustavo Gili. (Revisión y ampliación de 1985 y 1992).
WINFIELD Reyes, Fernando (2001): La vivienda estatal planificada en México:
1925-1988. Evaluación de los conjuntos habitacionales emblemáticos desde sus
antecedentes y propuestas de ordenamiento urbano. Tesis de doctorado.
Universidad Politécnica de Madrid, Madrid.
RUIZ de la Puerta, Félix (2004): Profesor titular de la ETSA, Universidad
Politécnica de Madrid. Curso de teoría superior de la arquitectura: mitos y
realidades de la arquitectura, División de Estudios de Posgrado, Universidad
Cristóbal Colón, enero 16 al 29, Veracruz.
1 Arquitecto por la Universidad Veracruzana, diplomado en Diseño Gráfico, especialidad en Diseño Industrial por la División de Estudios de Posgrado de la UV y obtuvo el grado de maestría en Diseño Arquitectónico por la Universidad Cristóbal Colón de Veracruz. Se desempeña como profesor y coordinador de los programas de maestría en la Universidad Cristóbal Colón, actividades que combina con la reflexión teórica y la práctica profesional independiente. Correo electrónico: freyre@aix.ver.ucc.mx
2 Félix Ruiz de la Puerta (Curso de teoría superior de la arquitectura, Universidad Cristóbal Colón, Veracruz, 2004) ha definido a las ciudades mexicanas dentro de un orden fractal o estado de coherencia formal en fragmentación, que representa la división en la multiplicidad de fracciones representativas sígnicas del contexto.
3 El decreto federal salió publicado el 1 de marzo de 2004. En él se declara
al centro de la ciudad de Veracruz como zona de monumentos. INAH Veracruz / Mayo
2004 (Diario de la Federación, 2004).
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