Luis Josué Martínez Rodríguez *
“Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada”, dice Cortázar en Las babas del diablo. De la misma manera, yo no sé cuál persona me servirá para referirme a los retratos de García Alix; más me valdría utilizar las licencias narrativas de Cortázar en su cuento, donde el fotógrafo protagonista dice: “Nos me duele el fondo de los ojos”, ya que cuando trato de referirme al retrato fotográfico, no sé a quién exactamente se está retratando. El lector me podrá juzgar de ingenuo, poco conocedor del arte fotográfico, al repetir la cantaleta: “El retrato fotográfico es la representación identitaria del sujeto fotografiado”, pero yo le contestaría, defendiendo mi desconcierto ante el retrato: “El retrato fotográfico no puede pretender encapsular una identidad humana, que es heterogénea, ya que pecaría de soberbio, además que no existe el 'sujeto' a la hora de ser fotografiado, pues en el acto, se convierte en 'objeto' del fotógrafo, el cual lo manipula en el encuadre, la luz, la película y, muchas veces, con la misma posición. El sujeto fotografiado se convierte en el 'objeto-retratado', que puede ser manipulado como manzanas y botellas”.
Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Martínez Rodríguez, L.J.: Tres miradas que quieren poseer: los retratos de Alberto García Alix en Revista de la Universidad Cristóbal Colón Número 17-18, edición digital a texto completo en www.eumed.net/rev/rucc/17-18/
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Prefiero ir más lento, voy a darle la razón a la idea de aquellos lectores que
ven en el retrato la posibilidad de representación identitaria y, después,
contrastaré las ideas estableciendo una visión más compleja del retrato con
referencia a la obra de García Alix, de la cual poco se ha escrito, haciendo
alusión, más que nada, a la vida extrovertida y excéntrica del fotógrafo,
concentrando las investigaciones de su trabajo en su interés por las
motocicletas y los tatuajes, dejando de lado la reflexión hacia una teoría del
retrato.
La fotografía ha sido el medio estético bidimensional que más se ha acercado a
la anhelada “realidad”. La fotografía es la “transparencia” para muchos, “por su
capacidad de mimesis, la fotografía se vuelve transparente y acaece que ante la
fotografía creemos estar viendo la realidad. La concentración sobre el retrato
es tal que se produce una confusión entre la imagen y la realidad misma. En
lugar de ver la obra de un autor o un retrato (una foto), vemos la personalidad
misma”1 ya que el retrato se ha definido a partir de la concentración en el
“objeto-retratado”, y la fotografía posee la capacidad mimética cuasi exacta.
Cuando se observan los retratos de Stieglitz se cree ver al objeto, en este
caso, Georgia O'Keeffe, con toda su identidad mostrándose a través de su forma.
García Alix nos presenta el retrato Isa es así, la mujer con mirada penetrante y
desinhibida es para nosotros, en una primera instancia, Isa, incluso nosotros
también decimos: “¡claro!, Isa es así”, ya que la estamos viendo, aunque
anteriormente no tengamos relación con el “objeto-retratado”, pero vemos la cara
de Isa, sus ojos, senos y vagina, por lo tanto creemos que conocemos a la mujer
extrovertida que nos enseña su sexo sin ningún pudor, y esta mujer se llama Isa.
Si pensamos así, es por la carga ideológica que le hemos dado al retrato
fotográfico. Antes de la aparición de la fotografía, el retrato era una
herramienta de prestigio social; con la fotografía, la imagen se convierte en
una afirmación del individuo, ya que se democratiza el uso del retrato, entrando
al juego social, donde ser retratado es ser fijado en la construcción social
decimonónica. El ejemplo clásico de estas nuevas relaciones sociales son las
cartes du visite del fotógrafo Disderi, que eran pequeñas fotografías de regalo.
“El objeto del retratado es la fijación de los rasgos característicos del modelo
para destacar la individualidad física y sicológica”; n
bajo esta idea se han movido los retratistas2 , retratados y espectadores ante
la temática fotográfica, todos rodean al retratado, creen que bajo la imagen
conocerán la “realidad” del modelo. Su fisonomía es evidente, pero van más allá,
se trata de alcanzar un conocimiento emocional o psicológico del retratado,
dando lugar al “retrato psicológico”, cuyo padre podría ser Nadar, al creer en
el rostro humano como un espejo de la personalidad del hombre, idea que tanto se
ha explotado a lo largo de la historia del arte. Sin embargo, como menciona
Laura González, “las personas retratadas se vuelven estereotipos de sí mismos”;
se homogeniza la personalidad compleja del individuo en una mirada, en una pose,
en una actitud, dejando de lado la “realidad” heterogénea del ser. Si el retrato
mostrara la personalidad del retratado, todos aquellos que han posado para una
cámara tendrían una personalidad unidimensional, carente de sentido con la
realidad. Isa no es, seguramente en su vida cotidiana, una mujer que ande
enseñando su vagina a todas las personas que se pongan frente a ella.
El retrato, algunas veces, muestra una parte de la personalidad del retratado,
pero no alcanza a abarcar su compleja identidad y no tiene por qué tender a
esto. Bajo esta idea del retrato, como mímesis de la realidad, las emociones y
la psicología del personaje retratado, se han mal juzgado un sinfín de imágenes
que no son fieles a los personajes. Es común el asombro que tenemos al ver una
fotografía del amigo que se nos muestra alegre y en la vida real es un personaje
melancólico, “éste no es fulano -decimos-, la fotografía no es verídica, está
posando”, y si está posando, actuando, el retrato se desvaloriza.
Richard Avedon lucha contra esta idea, a partir de una crítica que Lisette Medel le hace del retrato de su padre:
Lisette Medel me dijo que sentía que estas fotografías de mi padre eran “actuaciones” y yo pienso lo mismo. Todos actuamos. Es lo que hacemos continuamente, de una manera no intencional ni deliberada. Es una forma de hablar de nosotros mismos, con la esperanza de ser reconocidos como lo que queríamos ser. Confío en las actuaciones. Desecharlas no te acerca necesariamente a nada. La manera en que alguien está siendo fotografiado en relación a esa presencia es de lo que se trata al hacer un retrato. 4
La actuación puede ser también consciente: vernos como queremos que nos vean
es parte de la personalidad del retratado, una de las mejores maneras de ser
nosotros mismos es parecernos a nuestro “ideal del yo”, pensar en eso ante una
cámara, actuar conforme a eso durante el acto fotográfico, es proyectar la
imagen que queremos que vean de nosotros, el “también así somos”. Para muchos,
los retratos de García Alix pueden ser aberrantes en el sentido de la identidad
del retratado, que las imágenes mantienen una relación con la sobreactuación de
un sentimiento, alegrías inverosímiles, soledades maquilladas, posturas
incómodas que se presentan como cómodas, todas actuaciones. Sin embargo, esta
actuación refleja el espíritu maniqueo del fotógrafo y, si bien no nos traducen
a la libertad del “objeto-retratado” ni nos hablan de la personalidad del
retratado continuamente, sí nos hablan de la personalidad del fotógrafo como
manipulador, convirtiéndose los retratos de otras personas en retratos del mismo
fotógrafo.
Si decimos que el retrato pretende el conocimiento del modelo retratado, la idea
de retrato como autorretrato puede parecer confusa, pero es complementaria. El
retratado, como menciona
Avedon, tiene cierto poder real sobre el resultado: la imagen. Sin embargo, no
tiene todo el poder, otra parte de este poder real lo contiene el sujeto que
fotografía. Para Dorotea Lange, en palabras de Sontag, “todo retrato de otra
persona es un 'autorretrato' del fotógrafo”; 5 así, García Alix, al presentarnos
la exposición “Llorando a aquella que creyó amarme” en el marco de
Fotoseptiembre de 2003, empieza su trabajo con un autorretrato, Mi lado
femenino, el cual será la pauta para cuestionarnos si los retratos de las
mujeres que posteriormente se presentan en la exposición no son más que una
serie de autorretratos del fotógrafo, sus miedos, deseos, perversiones, su
compleja personalidad sexual y sentimental. Mi lado femenino dice: “Éste es
García Alix físicamente” y las demás imágenes nos remiten al autorretrato de una
manera simbólica: “Éstos son mis deseos y anhelos, mis pasados y mis presentes”.
Los retratos que nos muestran a mujeres en posiciones provocativas y seductoras
dicen más de García Alix que su estricto autorretrato; los otros retratos son
más autorretratos ya que remarcan, de una manera más patente, la personalidad
del autor. En la imagen El alcance de mi mano tenemos a tres mujeres desnudas en
el mar, una trata de esconderse bajo el agua de la toma fotográfica, otra camina
sin pudor de su desnudez ante la cámara, la tercera no se percata de que es
retratada, la mano de García Alix enmarca la imagen del lado derecho, tratando
de alcanzar los cuerpos desnudos, mostrando explícitamente el deseo del creador
de alcanzar a las mujeres que retrata, poseerlas por el medio fotográfico.
Así, en el retrato se define, por una parte, la personalidad del fotógrafo y,
por otra, la personalidad del modelo, pero la complejidad no termina aquí. “En
realidad, la complejidad del retrato deriva de las implicaciones de este acto
fotográfico comprendido con el lenguaje de miradas”6 Nelly Schnaith explica que
el retrato depende de tres miradas: la del fotógrafo y el fotografiado, que
analiza anteriormente, y la mirada del espectador: “De cara a cara, un retratado
no se trata sólo de lo que quiso decir el fotógrafo y lo que detectó sin saber;
de lo que quiso mostrar y de lo que mostró sin saber, sino también de lo que ve
aquel que lo contempla”? Volviendo a la fotografía Isa es así, nosotros
espectadores, vemos la parte extrovertida de Isa, su parte sensual, la parte
vouyerista de García Alix y, también, nuestros deseos y frustraciones, al
rechazar o aceptar la imagen de Isa. Oí un comentario de una mujer mayor acerca
de la exposición de Alberto García Alix, presentada en la Fototeca de Veracruz;
ella mencionaba que la exposición era agresiva sexualmente. Yo diría que ella es
más agresiva que las imágenes, ya que es en ella donde las imágenes significan
agresividades sexuales más fuertes de las que podría ver yo en las mismas
imágenes, por lo tanto, para esta espectadora, la exposición se convierte en una
serie de retratos de ella misma, mostrando su parte oculta de deseos un tanto
prohibidos. Los retratos de García Alix son retratos de él, de ellas y nosotros,
es por eso que presento el desconcierto de Michelle, el protagonista de Las
babas del diablo, al hablar de la imagen fotográfica, ya que nos remite a tres
mundos, tres sujetos gramaticales, no tan sólo a uno.
Ahora bien, ya que establecimos la relaciones de miradas que existen en el acto
de retratar y pusimos en juego la idea de “deseo de posesión” en el acto
fotográfico, que tienen tanto el espectador como el fotógrafo y el mismo modelo,
me detendré en este punto. En García Alix, muchas de sus modelos ven al
espectador
deseosas de ser vistas, incluso de ser tocadas y penetradas en el sentido
sexual. García Alix tiene deseos de poseerlas, amarlas, odiarlas, tener
relaciones sexuales con ellas. De la misma manera, sería injusto decir que no
más de un espectador quisiera tener las fotografías de García Alix como
estímulos para la masturbación. La fotografía, desde sus inicios, ha estado
relacionada con este sentido de pertenencia sexual, desde que se muestra el acto
fotográfico como un acto vouyerista y a la imagen como un fetiche. De la misma
manera, la fotografía ha estado relacionada con la “perversión sexual” y, más de
un fotógrafo se ha valido de esto para establecer su discurso, desde los
daguerrotipos franceses con intenciones pornográficas, hasta las imágenes de
Cindy Sherman y Robert Mapplethorpe, por mencionar algunos. Diane Arbus menciona
que después de sacar su primera fotografía se sintió perversa por el sentido de
trasgresión de intimidad, por poseer al retratado simbólicamente, y por ser la
imagen fotográfica, una seducción constante de otra realidad. Además de las
fotografías, la cámara fotográfica ha tenido un sentido simbólico sexual. Sontag
compara la cámara fotográfica con el falo: “La cámara como falo es, a lo sumo,
tímida variante de la ineludible metáfora que todos emplean sin darse cuenta”, 8
penetrar la intimidad es parte del acto de fotografiar, apuntar y disparar es un
acto de erotismo constante. Las mujeres de García Alix se percatan de esta
metáfora y exhiben sus vaginas ante el lente como si estuvieran listas para ser
penetradas por él, sin miedos, sin reservas, el deseo se vuelve patente,
explícito. “Fotografiar personas es violarlas, pues se las ve como jamás se ven
a sí mismas, se les conoce como nunca pueden conocerse; transformar a las
personas en objetos que pueden ser poseídos simbólicamente”9 Así, la mayoría de
las mujeres de esta muestra fotográfica se convierten en objetos al ser
manipuladas en las posiciones, en las facciones del rostro; la cámara las viola
simbólicamente, nos las muestra para que nosotros podamos penetrarlas con la
mirada y con nuestros deseos.
Sin embargo, mis fotografías fetiche dentro de la muestra de Alberto García Alix
no serían las más explícitas sexualmente, sino las que ocultan, las que miran
con pudor significativo; quizás esto tenga que ver con el desgaste que apunta
Susan Sontag en cuando a la cantidad de imágenes pornográficas y de atrocidades
que nos muestran de una manera constante en los medios masivos de comunicación,
“para las calamidades rige la misma ley que para la pornografía. El sobresalto
ante atrocidades fotografiadas se desgasta con la repetición, tal como la
sorpresa y el desconcierto ante una primera película pornográfica se desgastan
cuando se han visto pocas más”10 La pornografía explícita ya es parte de nuestro
cotidiano. Ya no causa mayor impacto, para mi generación nacida en los ochenta,
ver a una mujer desnuda abierta de piernas. El deseo ante lo prohibido de estas
imágenes se va desvaneciendo por la publicidad de las fotografías en revistas,
libros, páginas web y películas. El erotismo ahora se traslada de lo explícito a
lo oculto. Es ahí donde radica mi deseo, en las imágenes del fotógrafo español
fuera de foco, donde apenas se dibuja la silueta de un rostro, de un cuerpo.
Aquí hay otra complejidad con los prejuicios del retratado: la fidelidad
fisonómica en él. Este lastre, la fotografía lo ha llevado consigo en la
temática a lo largo de su historia y se acentuó con la fotografía policíaca y de
carné. Según esta última, por ser fotografía de identidad, el retrato
fotográfico debía ser lo más fiel a la realidad fisonómica del modelo. La
fidelidad absoluta de la fotografía en el retrato se puede ejemplificar con
Sander; para él, “una buena fotografía es un documento, aprehende más que las
palabras, invita a ver, a desear, a pensar. No hay sombra confusa en la
fotografía”P Desde esta perspectiva, los retratos fuera de foco no se podrían
legitimar como tales, ya que la fisonomía se pierde con las luces y sombras
propias de las imágenes, siendo el rostro un espectro amorfo que no te dice
mucho del aspecto físico, y muchas veces ni siquiera te traduce una emoción del
retratado. Sin embargo, yo veo en el ocultamiento de la forma, la revelación de
una identidad, de una personalidad, de las tres miradas que atraviesan la imagen
del retrato. El fuera de foco es sensualmente estimulante: la figura no se
presenta como tal, sino como una silueta confusa que te traduce a un campo
semántico de mayor polisemia. En la imagen Susana vemos a una mujer mirando
fuera de campo, apenas ha probado su té que está sobre la vitrina de un café,
las convenciones fotográficas nos hablan de una espera. En la imagen se enfoca
la expresión de la protagonista, su angustia ante la espera de alguien o algo.
En cambio, en Virginia lo que vemos son sólo aproximaciones de lo que es, más
tenues que nuestro acercamiento con Susana, ya que esta imagen tiene un fuera de
foco general, apenas vemos a una mujer que abre la puerta de un espacio, la
contrapicada tenue dramatiza la escena nebulosa, alcanzamos a ver las manos sin
tensión sobre sus muslos, asumimos que es mujer, ya que se dibuja una especie de
vestido, así como el pelo largo rizado; incluso, por los tonos, podemos intuir
que es rubia; sin embargo, no sabemos más, su rostro se confunde. ¿Está triste?
¿A dónde va? ¿Qué busca tras la puerta? Si la mirada en otros retratos nos habla
de deseos o tristezas, aquí la mirada se pierde en la luz, su cara difusa nos
puede hablar de un sinfín de expresiones, las que el espectador quiera
atribuirle, crearle.
De la misma manera, Daniela me seduce. Sólo vemos la mitad de su rostro cargado
a la derecha de la imagen; el encuadre que corta la cara y el fuera de foco
convierten la imagen en provocativa. ¿En qué piensa Daniela? Su cabeza
tenuemente hacia abajo y sus ojos fijos en el espectador nos hablan de un deseo
confuso, velado. La conocemos, es Daniela, pero se nos revela solitaria,
pensativa, oculta como la vida misma. Daniela es García Alix, lo explícito e
implícito en una imagen es, “yo” en el momento del miedo a la seducción de mi
verdad, es ella misma en un juego de placer que sólo ella conoce.
Los retratos de García Alix me muestran las tres miradas, la mirada de él, de
ellas, de nosotros. Son retratos y autorretratos que se sumergen en sexualidades
vulgares y delicadas, seducciones abiertas y cerradas. Nada es más complejo que
nuestra identidad, son estas identidades que retrata Alberto García Alix, son
estas verdades múltiples del yo y la otredad. Por ello me encuentro a gusto con
la idea de Cortázar de destruir al sujeto único en una oración, a la lógica
sintáctica. Por ello, al hablar de los retratos de este fotógrafo, la mejor
descripción sería: “Tu la mujer rubia eran las nubes que siguen corriendo
delante de mis tus sus nuestros vuestros sus rostros”.
FUENTES CONSULTADAS
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de la Imagen, Luna Córnea, No.3.
http://www.conaculta.gob.mx/cimagen/lunac /luna3/7reflex.htm [Consultado: 3-5-
2004]
GONZÁLEZ, Laura y Languillo, Manolo, (1998): “Siete Reflexiones sobre el
retrato” CONACULTA, Centro de la imagen, Luna Córnea, No.3. http://www.conaculta.gob.mx/cimagen/lunac
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SONTAG, Susan, (1996): Sobre fotografía, Edhasa, España.
SUSPERREGUI, José Manuel, (2000): Fundamentos de la fotografía, Argitapel
Zerbitzua, Bilbao.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
GOLA, Patricia, (1998): “La calle del Espíritu Santo”, CONACULTA, Centro de la
Imagen, Luna Córnea, No. 3.
Http://www.conaculta.gob.mx/cimagen/lunac /luna3/calle.htm.
(Consultado:3-5-2004).
LEÓN, Jesús de, (2002): “Cuando el ojo está educado decidimos cómo y dónde
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002/13nov/ [3-5-2004].
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S/A (S/F): “Alberto García Alix”, Vida en estado puro”, en Club Cultura.com,
Club Foto, Fnac España ©2001,
http://www.photogaleria.com/ag_alix/index.h tm. [Consultado:3-5-2004].
* Egresado de la licenciatura en Historia del Arte de la Universidad
Cristóbal Colón.
1 González, Laura y Languillo, Manolo, (1998), “Siete reflexiones sobre el
retrato”, CONACULTA, Centro de la Imagen, Luna Córnea, No. 3, http://www.conaculta.gob.mx/cimagen/luna3/7reflex.htm
[Consultado: 3-5-2004].
2 Susperregui, José Manuel, (2000), Fundamentos de la fotografía, Argitapel
Zerbitzua, Bilbao. Pág. 210.
3 González, Laura y Languillo, Manolo, (1998), “Siete reflexiones sobre el
retrato”, CONACULTA, Centro de la Imagen, Luna Córnea, No. 3, http://www.conaculta.gob.mx/cimagen/luna3/7reflex.htm
[Consultado: 3-5-2004].
4 Avedon, Richard, (1998), “Unas palabras sobre el retrato”, CONACULTA, Centro
de la Imagen, Luna Córnea, No. 3, http://www.conaculta.gob.mx/cimagen/lunac/luna3/palabras.htm
[Consultado: 3-5-2004].
5 Sontag, Susan, (1996), Sobre fotografía, Edhasa, España. Págs. 132.
205
6 Susperregui, José Manuel, (2000), Fundamentos de la fotografía, Argitapel
Zerbitzua, Bilbao. Pág. 222.
7 Schnaith citado por Susperregui, José Manuel, (2000), Fundamentos de la
fotografía, Argitapel Zerbitzua, Bilbao. Pág. 223.
8 Sontag, Susan, (1996), Sobre fotografía, Edhasa, España. Pág. 24.
9 Sontag, Susan, (1996), Sobre fotografía, Edhasa, España. Pág. 25.
10 Sontag, Susan, (1996), Sobre fotografía, Edhasa, España, Pág. 30.
11 Sander citado por Susperregui, José Manuel, (2000), Fundamentos de la
fotografía, Argitapel Zerbitzua, Bilbao. Pág. 227.
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