Loyda Irene Rivera López *
“Qué difícil se me hace, mantenerme en este viaje,
sin saber a dónde voy en realidad...”
Alejandro Lerner
Resumen
La educación es un proceso informativo y formativo que permite el desarrollo
tecnológico, económico, político, social y cultural de una región o país; sin
embargo, algunos fenómenos como la globalización, la revolución tecnológica o la
multiculturalidad son determinantes para éste, mismos que se pueden considerar
como un problema o un desafío.
En relación con lo anterior, el presente ensayo cuestiona el papel de la
educación en el nuevo escenario mundial, sobre todo, los desafíos del docente
para enfrentar esa situación, con una propuesta de interés al respecto para el
lector.
Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Rivera López, L.I.: El papel del docente como gestor en el contexto actual en Revista de la Universidad Cristóbal Colón Número 17-18, edición digital a texto completo en www.eumed.net/rev/rucc/17-18/
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I. INTRODUCCIÓN
¿A dónde vamos? ¿Hacia dónde es conveniente girar este barco, dónde cada uno de
los tripulantes ha decidido ya su propio destino, sin querer compartirlo con sus
congéneres? ¿Realmente las acciones ejercidas y las que aún no se ponen en
marcha permitirán un desarrollo integral, hegemónico y continuo de los
individuos? ¿Cuál es el papel de la educación en este nuevo escenario? ¿Cómo
adecuar los criterios de competitividad del neoliberalismo hacia una forma
humana y práctica en el ámbito docente?
Cuestionamientos como los anteriores nos obligan a plantear soluciones y
replantear las acciones hasta hoy emprendidas. No se trata de dar la espalda al
mundo de la globalización, sino de aprender a verlo en todas sus dimensiones,
con todos sus alcances y limitaciones.
La actual situación de crisis en el mundo entero ha sido consecuencia del
fenómeno de globalización, que poco a poco se apodera de las sociedades en
silencio, dejando huellas que perforan la estabilidad económica, política,
cultural, axiológica y social de los países desarrollados y subdesarrollados,
sin significar por ello que las heridas realizadas sean de la misma profundidad
para ambos.
Bajo estos mínimos preceptos, se torna necesario presentar algunas
características significativas del escenario global y las direcciones y
consecuencias hacia las que apunta, rescatando el valor de la educación y, más
concretamente, centrándonos en los nuevos roles de los actores en este caso, los
docentes universitarios, para que la respuesta educativa sea la más idónea.
II. RASGOS CARACTERÍSTICOS DEL NUEVO ESCENARIO
Antes de iniciar con el presente análisis, queremos puntualizar que no es
nuestro propósito realizar un estudio con profundidad del contexto
socioeconómico general, sino esbozar sintéticamente algunos rasgos
significativos y representativos del fenómeno “globalización”, para después
verificar y ligar sus consecuencias en el terreno educativo. El nuevo escenario,
signado por la postmodernidad (Puiggros, 1995), se caracteriza fundamentalmente
por la velocidad del cambio, siendo éste el punto vertebral que la define. Cabe
mencionar que más allá de estos cambios vertiginosos, podemos apuntar a otros
fenómenos característicos de dicho escenario que tienen su repercusión sobre la
educación y, por ende, implicaciones en las respuestas educativas de aquél.
2.1 Globalización
Definir el término “globalización” resulta complicado, en virtud de que
existen diferentes definiciones y se emplea en diversas formas; como
consecuencia de lo anterior, retomaremos el concepto expuesto por Gimeno
Sacristán, cuyas ideas comulgan con lo hasta ahora expuesto y que sirve de
sustento al tema aquí analizado: “Globalización significa el establecimiento de
interconexiones entre países o partes del mundo, intercambiándose las formas de
vivir de sus gentes, lo que éstas piensan y hacen, generándose interdependencias
en la economía, la defensa, la política, la cultura, la ciencia, la tecnología,
las comunicaciones, los hábitos de vida, las formas de expresión, etc. En
definitiva, se trata de un modelo conceptual acerca de cómo esté organizado el
mundo (o sobre cómo se halla desorganizado), trascendiendo lo local, lo nacional
y la cultura propia” (Sacristán, 2001: 76-77).
El desarrollo tecnológico y los medios de comunicación favorecen esta situación.
No obstante, se entrevén algunas consecuencias determinantes, entre ellas: la
pérdida de la
identidad nacional como consecuencia de la mezcla de culturas; el deterioro del
estado de bienestar; precariedad en el empleo; los flujos migratorios y
laborales, quedando millones de personas excluidas del sistema, sistema que no
admite la intervención del Estado para amortiguar estas consecuencias, ya que él
mismo prácticamente ha desaparecido ante la fuerza arrolladora del
neoliberalismo y el endiosamiento del mercado. Sin embargo, como profesionistas
de la educación, no es posible inclinarse únicamente hacia un lado de la
balanza, puesto que la velocidad con la que intercambiamos ideas a través del
Internet, el conocer otras formas de vida, el facilitar el acceso a la
información nos permiten una visión más amplia de los efectos de la
globalización.
Por tanto, esto nos lleva a pensar que una de las características primordiales
que rectifica a la globalización es la contradicción, ya que cada quien la
define a partir de su realidad. De aquí que son urgentes los “nuevos moldes de
pensamiento”. Parafraseando a (Zemelman, 2002), es importante que el ser humano
comprenda el complejo mundo que le rodea y en el que habita; es por ello que
debe y tiene que tomar conciencia con una visión abierta que le permita
considerar las transformaciones para construir realidades y desarrollar posturas
racionales, y no solamente conformarse con explicar la realidad social.
2.2 Multiculturalidad
Se reconoce la multiculturalidad como aquello que trae consecuencias, es
decir, el resurgimiento de los nacionalismos asociados a parámetros culturales
(lengua, etnia, religión, tradiciones, folclore, etc.); esta realidad es un
fenómeno asociado a la globalización en este terreno, una reacción lógica, lo
cual se traduce como la recuperación e identificación cultural y tribal de los
pueblos. Pero ello tampoco está exento de peligros y riesgos preocupantes. Como
destaca Pérez Gómez, podemos llegar a los fundamentalismos, que podrían
entenderse como mecanismo de defensa hacia afuera, pero también puede ser una
poderosa estrategia de dominación hacia dentro (Pérez Gómez, 1998).
Coincidimos con él cuando afirma que “la mundialización no puede evitarse y, por
el contrario, puede explotarse racionalmente para favorecer el enriquecimiento y
la superación de los localismos empobrecedores. El nacionalismo, en sus
múltiples manifestaciones, es una reacción comprensiva cuya reivindicación de la
diferencia, singularidad y diversidad puede asumirse si se supone la extensión
de la misma hacia los individuos y hacia las culturas ajenas” (Pérez Gómez,
1998:93). Esta situación nos conduce a pensar en la interculturalidad como una
de las claves en los planteamientos educativos y, particularmente, en la
conformación curricular.
2.3 Revolución tecnológica
La aldea global, en clave de McLuhan, es un hecho. Las nuevas tecnologías de
la información y la comunicación han permitido que estemos en una sociedad de la
información, del conocimiento, en una sociedad informatizada. Indudablemente,
las ventajas que arroja este fenómeno son diversas; por ejemplo, la estimulación
de la creatividad, de los canales de entrada, los avances que emergen; en
materia de salud, comunicación, transporte, entre otros, aunque cabe señalar que
también se advierten algunos riesgos, como la saturación informativa, la
apertura, difusión de estereotipos, el conocimiento fragmentado, la pasividad y
el aislamiento virtual, la desprotección ciudadana, la informaciónpublicidad-propaganda,
etcétera (Pérez Gómez, 1998).
Definitivamente, la revolución tecnológica trae consigo el progreso. Sin
embargo, se abre la interrogante: este progreso ¿es incluyente o excluyente? La
clave parece estar en la educación.
2.4 Incertidumbre valorativa
Hoy en día, se vive la pérdida de referentes o, por el contrario, también la
multiplicidad de
referentes específicos, igualmente legítimos, pero insuficientes desde la óptica
global. Pérez Gómez (1998) realiza una síntesis al respecto; concretamente
apunta a que estamos ante un eclecticismo acrítico y amoral, donde prima el p e
n s a m i e n t o ú n i c o , a m o r f o y d é b i l , individualización y
debilitamiento de la autoridad, importancia suprema de la información como
fuente de riqueza y de poder, mistificación científica y desconfianza en las
aplicaciones tecnológicas, la paradójica promoción simultánea del individualismo
exacerbado y del conformismo social, la obsesión por la eficiencia, la primacía
de la cultura de la apariencia, el imperio de lo efímero en el paraíso del
cambio, la mitificación del placer, el culto al cuerpo y la mitificación de la
juventud, la emergencia y consolidación de los movimientos alternativos.
Cabe rescatar que el eclecticismo no es “dañino”, sino que el éste sea acrítico
y amoral. Esto se traduce en que no exista una razón o lógica personal para su
asunción, sino como consecuencia, por ejemplo, de la moda y la amoralidad que
sólo responda a intereses.
De frente a esta situación, es conveniente jerarquizar algunos valores con
carácter universal, capaces de asumir la diversidad contextualcultural. En este
sentido, rescatamos la igualdad, el respeto, la solidaridad, la democracia y la
tolerancia, sólo por citar algunos, sin que signifique que el orden en el que
aparecen sea por su importancia.
III. LA EDUCACIÓN EN LOS ESCENARIOS MUNDIALES: EL RETO
El actual escenario mundial sufre los efectos de la globalización, marcando
determinantemente la vida social, económica, política, cultural, comunicacional
y educativa; y, en nuestro país, lo podemos apreciar a través de las múltiples
consecuencias del proceso que puede ser demoledor y avasallante, o bien,
enriquecedor y motivante. No obstante, consideramos que corresponde a la
educación tomar cartas en el asunto.
Esto es, la educación, hoy y siempre, queda afectada por la realidad de la
sociedad que la envuelve. Como proceso de desarrollo personal y social, ha de
tener como referente el contexto en el que se inscribe, sirve e, incluso, trata
de mejorar y transformar.
Por lo tanto, los cambios mencionados líneas arriba inciden de forma
determinante en los planteamientos educativos y, como tales, exigen
modificaciones estructurales (sistemas educativos) y en las propias prácticas,
de las que no pueden aislarse los procesos de investigación y reflexión.
El problema que se plantea en este terreno es que “si es cierto que el riesgo
recorre todos los aspectos de la vida, incluida la planificación racional, de
ahí no se deduce que la tengamos que evitar o eliminar, sino que tenemos que ser
conscientes de que no existen instituciones ni organizaciones que protejan del
todo... no existe la escuela sin riesgo. La educación, empezando por la de la
familia, como sabemos bien, encarna un riesgo, lleva consigo la ambigüedad de
ayudar a ser y de no dejar ser” (Mardones, 1999:90). Asumimos pues, una cierta
correlación o dependencia de lo educativo, si no queremos caer en anacronismos
pedagógicos. Educarse hoy exige adaptarse cultural, social, laboral, profesional
y personalmente al ritmo del cambio y su velocidad, cifrado en claves de nuevas
concepciones culturales, de producción, de relaciones sociales, económicas e
industriales, etcétera. De aquí que emerja la pregunta obligada: ¿cuál es el
perfil del profesional de la educación que va a lograr esta tarea?
Los desafíos actuales se traducen en las transformaciones más relevantes que en
el terreno educativo deben realizarse, lo que significa que el conocimiento deja
de ser lento, escaso y estable; la institución educativa deja de ser uno de los
más importantes canales mediante el cual se entra en contacto con el
conocimiento y la información; la palabra del profesor y el texto escrito dejan
de ser la única opción de la comunicación educacional, la educación ingresa en
la esfera de la globalización y la escuela deja de ser formadora de
profesionistas, que opera en un medio estable de socialización.
Por un lado, el conocimiento está en continua y progresiva expansión y
renovación. La velocidad del cambio transforma constantemente el conocimiento,
tanto en su producción como en su validez y permanencia. Este hecho tiene serias
represiones en lo educativo, en la medida que la formación opera con el
conocimiento.
Por lo tanto, compete a la institución educativa propiciar espacio y tiempos
formativos, además de superar las tecnologías tradicionales de
enseñanzaaprendizaje e integrarlos a los medios tecnológicos didácticos
vanguardistas, y debe ser el docente el gestor de nuevos roles y funciones
dentro de esta dinámica cambiante.
Otro de los desafíos que apremia su solución es el referente a la educación que
se identifica sólo con el ámbito Estado–Nación, la cual se ve obligada a
ingresar a la globalización, por lo que las fronteras de lo nacional se
extienden a lo mundial.
Por último, la ausencia de referentes comunes o la proliferación de estos en la
sociedad actual son la consecuencia de la globalización, la multiculturalidad y
la revolución tecnológica. En la actualidad, la escuela no es la única
institución que socializa, ya que compite con otro tipo de referentes (como la
familia, primer espacio de socialización) y valores a veces contrarios con los
de ella. Así, la escuela se redescubre como un ámbito importante de la formación
moral en un momento delicado de la sociedad del riesgo. Claro que el problema se
agudiza, dado que la escuela misma está sumergida en esta sociedad del riesgo.
La escuela se ve solicitada e interpelada por la situación social para que
asuma una educación en valores y una formación moral. Pero no cualquier
formación moral, sino aquélla que significa, desde el punto de vista
sociopolítico, una formación en la profundización democrática: visión social
crítica y participativa, responsabilidad ante lo común, solidaridad ante los
débiles y desvalidos, cooperación a la hora de aportar soluciones” (Mardones,
1999 :92).
IV. EL PAPEL DEL DOCENTE GESTOR: ALGUNAS REFLEXIONES
Indudablemente, corresponde al docente ser el facilitador de cambios en el
contexto educativo, por ser el papel importante que se relaciona directa
(enseñanza presencial) e indirectamente (enseñanza virtual) con el alumno; es el
moderador en los espacios de discusión en el aula, es el guía, el orientador, es
uno de los elementos que complementan el currículo, mismo que ejecuta junto con
el currículo oculto y, es también, quien evalúa los aprendizajes.
De cara a la globalización, el “educador de la sociedad del riesgo no está
hecho; se tiene que ir haciendo ante la consecuencia de las necesidades y las
interpelaciones que recibe el maestro responsable en esta situación” (Mardones,
1999:95). Al igual que Mardones, pensamos que el docente se debe construir a
partir del contexto globalizado, pero siendo consciente de la situación real, lo
que significa no enajenarse con el cambio, saber hacia dónde se dirige éste, ya
que el docente es arquitecto y ejecutor de este proceso social e individual de
cambio. Lo anterior es expresado por Zemelman de la siguiente manera: “Estimular
a ejercer como sujeto en nuevos espacios que no se circunscriben a contenidos de
verdad, sino que encaminan la necesidad renovada para ser sujeto” (Zemelman,
2002:14).
En este orden de pensamientos, hemos de considerar al profesor como:
1. Gestor de procesos de aprendizaje conmedios interactivos. La finalidad radica
en la construcción del conocimiento a través de la tecnología educativa
vanguardista, permitiendo al alumno organizar su trabajo.
2. Guía y orientador. El docente deberá incluir en su nuevo rol la capacidad de
ampliar la información, poder contextualizarla con la tecnología adecuada, así
como ejecutar, vincular y aplicar lo aprendido a la realidad o el entorno
social, económico, político, cultural y actitudinal en el que se desarrolla el
futuro profesionista.
3. En constante actualización. Corresponde al profesor ser el responsable del
alumno hacia la búsqueda del conocimiento, orientando a los alumnos,
impulsándolos y estimulándolos hacia la investigación o acercamiento de la
verdad, a formular propuestas que resuelvan o mejoren las problemáticas de su
realidad, productos de los espacios de análisis o reflexión que él mismo genere.
En palabras de Zemelman: “Somos sujetos producentes”.
Con relación al punto anterior, el docente tendrá la importante y ardua labor de
promover el autoaprendizaje del grupo educativo, creando líneas para lograr tal
efecto.
4. Promotor de valores éticos y morales (congruente con el ser y creer). Por
otro lado, nuestra sociedad exige la presencia de un docente que salvaguarde los
valores éticos y morales, y se comprometa con sólidos valores (no neutro), lo
que permite rescatar al hombre íntegro dentro de una cultura globalizada.
5. Creativo y de fácil adaptación al medio. El docente deberá ser capaz de crear
opciones que permitan solucionar situaciones nuevas e innovadoras que se
presenten; por lo que es necesario adaptarse a las circunstancias cambiantes del
contexto.
El camino del docente está en construcción, por lo que es válido mencionar que
los retos en la actuación profesional del docente universitario deberán estar en
constante conexión con el perfil profesional, relacionado con el conocimiento y
el contexto institucional de intervención.
V. REFLEXIONES FINALES
En todas las épocas las transformaciones sociales, ideológicas y culturales
están a la orden del día, la actual no tiene por qué ser la excepción; sin
embargo, lo que sí hace la diferencia entre una y otra es el papel y la actitud
que asumamos ante ella.
El rol que juega hoy por hoy la educación es el resultado de un compromiso
adquirido, quizás de una manera consciente o circunstancial, de convertirse en
un medio que no sólo transmita conocimientos o forme hábitos, sino que nutra lo
suficiente a todos los involucrados en el proceso educativo.
La globalización y la revolución tecnológica forman parte de nuestra vida
cotidiana y, por ser relativamente nuevas, causan expectativa en nuestro medio,
lo que significa un desafío que depende del profesionista de la educación
convertirlo en oportunidad.
Por otro lado, es preocupante la diversidad de jerarquías valorativas, esto es,
en épocas anteriores no era tan difícil determinar qué era inconveniente o
conveniente, justo o injusto, normal o anormal; además, los referentes
específicos a seguir formaban parte de nuestra familia, de nuestro grupo de
amigos y, por ende, de nuestra escuela; actualmente, las formas de vida ofrecen
como única opción, los referentes que se adquieren a través del contacto con
Internet, medios de comunicación, lo que origina confusión en el momento de
jerarquizar valores.
Con base en lo anterior, es claro el papel que tiene ahora la educación: ser el
medio que equilibre los avances científicos y la esencia de lo humano,
promoviendo así, individuos íntegros conscientes
de su trascendencia y, por lo tanto, responsables con las nuevas generaciones.
Pero para ello, es indispensable contar con profesionales de la educación que
sean gestores de este nuevo perfil de cambio, que sean capaces de definir sus
objetivos, así como la forma de llegar a ellos; que sean referentes congruentes
con el ser y el pensar, pero, sobre todo, sembradores de esperanza.
El desafío está planteado y no es menor; los cambios son profundos e imparables
y requieren de una visión analítica y reflexiva para no poner en juego el futuro
de la escuela y de nuestra sociedad.
FUENTES DE CONSULTA
BUENFIL, Rosa Nidia, (2003): “Globalización educación y análisis del discurso”,
en Josefina Granja, Análisis conceptual de discurso: lineamientos para una
perspectiva emergente.
GIMENO, Sacristán J., (2001): Educar y convivir en la cultura global, Morata,
Madrid.
MARDONES, J. M., (1999): Desafíos para recrear la escuela. PPC, Madrid,.
PÉREZ Gómez, Ángel I., (1992): “Las funciones sociales en la escuela: de la
reproducción a la reconstrucción crítica del conocimiento y la experiencia”, en
Gimeno Sacristán y Pérez Gómez, Comprender y transformar la enseñanza, Morata,
Madrid.
PÉREZ Gómez, A. I., (1998): La cultura escolar en la sociedad neoliberal,
Morata, Madrid.
PUIGGROS, Adriana, (1995): “Modernidad, Postmodernidad y Educación”, (Alicia de
Alba, Compiladora) Postmodernidad y educación, CESUUNAM, Porrúa, México.
ZEMELMAN, Hugo, (2002): “A manera de prólogo: hacia un perfil del pensamiento
contemporáneo”, en Marcela Gómez S. (Coordinadora). Teoría, epistemología y
educación. Debates contemporáneos, UNAM-Plaza-Valdés, México.
* Licenciada en Pedagogía. Estudiante de la maestría en Educación Superior (Administración y Gestión de Instituciones Educativas) de la Universidad Cristóbal Colón.
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