Isabel Muñoz Herranz
María Luisa González Maroño 1
La incomprensión del presente nace fatalmente
de la ignorancia del pasado.
Pero tal vez no es menos vano
afanarse por comprender
el pasado cuando nada se sepa del presente.
Marc Bloch n 2
Resumen
Ninguna obra humana se genera aislada, obedece a una serie de lineamientos y
circunstancias específicas que justifican su existencia. Con el fin de dar un
contexto que permita entender la fundamentación del proceso creativo en la
construcción del inmueble hospitalario de la Sociedad Española de Beneficencia,
se elaboró el presente artículo. En la primera parte, se aborda el desarrollo
del diseño hospitalario. En la segunda parte, se describe el proceso evolutivo
del conjunto que conforma el hospital objeto de estudio, así como su sentido y
significado. Este trabajo forma parte de un proyecto más extenso que se está
elaborando en torno al asociacionismo hispano.
Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Muñoz Herranz, I. y González Maroño, M.L..: La Sociedad Española de Beneficiencia de Veracruz en Revista de la Universidad Cristóbal Colón Número 17-18, edición digital a texto completo en www.eumed.net/rev/rucc/17-18/
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LA TIPOLOGÍA HOSPITALARIA
Los hospitales nacieron de la necesidad de ayuda espiritual y material a los
semejantes, asegurándoles refugio y asistencia en sus requerimientos. En un
principio, fue un albergue para necesitados y, aunque cobijaba a los enfermos,
no era un hospital, según se concibe actualmente, ya que el cuidado de los
enfermos se consideraba un deber familiar y no era objeto de protección oficial.
Menesterosos en busca de techo, sustento, asistencia, vestido y consuelo
espiritual era la población mayoritaria de estas primeras instituciones
espirituales, fundadas por instituciones religiosas o por autoridades civiles,
bajo la advocación de un patrón determinado y la dirección de un obispo que
nombraba a los administradores.
La voluntad del fundador o del donante determinaba el número de personas que
podían ser acogidas y que permanecerían en el hospital hasta su muerte, sus
bienes pasarían entonces a la institución. El desarrollo de este tipo de
albergues dio por resultado el origen y evolución de las tipologías
arquitectónicas hospitalarias.
Hasta el siglo XVII, el hospital constituye una liga religiosa entre el cuerpo y
el alma, y su rol principal es el de asegurar la presencia divina para
acompañar, por medio de la caridad y de la fe, a los enfermos hasta la muerte.
En un principio, lo conformaban largas salas rectangulares en torno a patios, a
la manera de claustros, con edificios anexos: la leprosería y el hospicio.
El Renacimiento enriqueció las dimensiones y suntuosidad, convirtiendo al
hospital en una especie de dependencia palaciega con grandes salas para
enfermos. El Barroco recurrió a formas más severas, acentuando los elementos
propios de la arquitectura religiosa, con plantas radiales que permitían más
camas en una misma superficie. El funcionamiento hospitalario se basó en los
nuevos conocimientos médicos, era el lugar de observación de los síntomas de las
enfermedades y los profesionales orientaban su especialización (facultativos,
cirujanos, enfermeras, etc.). Se inicia la idea de “servicio público” dentro de
un contexto donde se imponía la noción de beneficencia a la anterior de caridad.
Un cambio importante fue la creación y fundación total o parcial de los nuevos
hospitales por donación privada.
La revolución de las ideas de Louis Pasteur, entre 1848 y 1865, evidenció la
importancia de la antisepsia (luchar contra la presencia de gérmenes) y de la
asepsia (evitar su llegada), impuso la esterilización del medio ambiente e
introdujo reglas de higiene.
El plan de grandes establecimientos monumentales, hospital espalacio,
desarrollados durante los siglos XVII y XVIII, fueron reemplazados en 1864,
basados en estudios teóricos y experiencias prácticas, por conjuntos de
edificios, cada uno destinado a una enfermedad, fraccionado y separado de los
otros, para evitar una comunicación directa entre las patologías.
Los nuevos hospitales terapéuticos debían tener de 300 a 500 camas, no más, para
dejar lugar a grandes áreas verdes. Las salas de enfermos no estaban
superpuestas con el fin de evitar contagios. Al centro del establecimiento así
compuesto, se encontraba la capilla, siguiendo el modelo ideal de hospital
pabellonado de mediados del siglo XIX.
El higienismo, corriente de pensamiento desarrollada desde finales del siglo
XVIII, partía de la consideración de la gran influencia del entorno ambiental y
del medio social en el desarrollo de las enfermedades. Los higienistas
criticaban la falta de salubridad en las ciudades industriales, así como las
condiciones de vida y trabajo de los empleados fabriles.
Respondía al higienismo la teoría miasmática, la cual establecía que las
temperaturas elevadas de la época estival producían una "destilación química" de
las aguas pantanosas; los vapores se convertían en efluvios volátiles que,
trasladados por el viento, ocasionaban diversos tipos de morbidez. A estos
productos inorgánicos se unían otros seres orgánicos, producto de la
descomposición, formando los "miasmas" que, difundidos por la atmósfera,
afectaban al organismo humano.
Por la misma época en que se tienen en gran consideración las doctrinas
miasmáticas, se originan también aquellas interpretaciones de la enfermedad como
fenómeno social. Algunos médicos atribuían a la pobreza, al exceso de trabajo, a
la mala alimentación, al hacinamiento en barrios insalubres y a otros factores
de tipo económico-social el impacto de determinadas enfermedades.
Hacia finales del siglo XIX se generó una sustitución de paradigmas. Frente a la
medicina tradicional que veía miasmas y propugnaba cuarentenas y fumigaciones,
apareció la "revolución bacteriológica", que impuso un claro reordenamiento del
campo de la higiene. Ésta buscaba microbios y ofrecía vacunas, ciñéndose al
individuo y a los fenómenos internos del organismo. A finales del siglo XIX, se
reformaron las instituciones higiénicas, bajo la dirección de los bacteriólogos.
Los descubrimientos de Louis Pasteur y Joseph Lister relativizaron la
importancia de la aireación de los espacios, al conocerse que eran microbios, no
aires malsanos, los que transmitían las enfermedades. El paso de la teoría
higienista a la microbiana no modificó el funcionamiento armónico en el diseño
hospitalario.
A estas consideraciones funcionales, se añadieron las técnicas que determinaron
la arquitectura hospitalaria de esta época:
• Ventilación natural que permitía la evacuación de los miasmas, según los
estudios del ingeniero Casimir Tollet, por medio de una bóveda apuntada que
favorecía la elevación natural hacia la cima del aire viciado, caliente y
ligero, sin detenerse en ángulos de la construcción. La ventilación la proveían
tubos de 30 centímetros de diámetro, situados a determinada distancia sobre el
techo. Las entradas de aire fresco estaban dispuestas en las laterales de la
bóveda. Así pues, la segmentación y ventilación de los edificios constituyeron
los dos grandes principios higienistas aplicados a la arquitectura hospitalaria
de finales del siglo . XIX
• El aislamiento de las salas de enfermos, con divisiones hombres-mujeres,
infecciosos-no infecciosos, medicina-cirugía. La maternidad aplicando los
principios de división entre las mujeres en trabajo de parto y las mujeres que
ya han dado a luz, las infectadas y las no infectadas.
• A los extremos de la construcción, galerías destinadas a acoger a los
pacientes imposibilitados a salir. Los servicios generales se agrupaban en un
mismo edificio. Las consultas externas de cirugía y de medicina permitían que se
continuaran con los cuidados a domicilio.
• La utilización de los progresos tecnológicos dentro de las construcciones
hospitalarias: acceso a una red de alcantarillado, abastecimiento de agua por
aducción, alumbrado eléctrico, calefacción central a vapor de baja presión.
El desarrollo de los hospitales pabellonados de Pasteur se diseminó como modelo
de diseño hospitalario hasta finales de 1930, con una doble consecuencia sobre
el plan arquitectónico: romper con la monumentalidad de las construcciones de
aspecto palaciego del siglo XVII y asegurar una mejor integración dentro del
espacio urbano. El hospital se volvió como un pequeño pueblo. Sus edificios (la
capilla, la cocina, la administración, la salas de enfermos) se hallan separados
entre sí por especie de calles, de plazas y de jardines, cada uno con sus
propias características arquitectónicas, todo lo cual los libera de los
atributos monumentales propios de los servicios públicos.
LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE BENEFICENCIA DE VERACRUZ
Los hospitales que existían en Veracruz en el siglo XIX correspondían al modelo
renacentista español: Nuestra Señora de Loreto, el Hospital Militar de San
Carlos, su estructura era de un solo cuerpo con forma rectangular y dos pisos.
El tercero, el Hospital de San Sebastián —actualmente Instituto Veracruzano de
Cultura—, de planta en forma de cruz, con su capilla correspondiente ubicada en
el crucero. Las enfermerías, por razones de salubridad, se encontraban en la
planta alta de las crujías.
La Sociedad Española de Beneficencia se fundó en 1869, con la intención de
brindar asistencia, ayuda y facilidades a los inmigrantes españoles; sin
embargo, carecía de un sanatorio, por lo que enviaba a sus enfermos al Hospital
de Varones de San Sebastián. Cuando requerían atención especializada, la
agrupación de Veracruz apoyaba económicamente a sus socios, para que pudieran
obtener asistencia en instituciones hermanas de la ciudad de México, Puebla,
Tampico o, en su defecto, eran transportados a hospitales cubanos, debido a lo
avanzado de la medicina tropical en la isla.
La población en Veracruz en 1870 era de 16,846 personas, de las cuales, un 4%
era hispano. Durante el Porfiriato, el número de residentes españoles se
incrementó notablemente, las necesidades se duplicaron y se hizo necesario un
centro hospitalario de calidad, por lo que en 1904, después de treinta y cinco
años de fundada, la Sociedad de Beneficencia Española decidió construir la Casa
de Salud. Escogieron un terreno de 10,000 metros cuadrados localizado en la
avenida Manuel González (16 de Septiembre) y Playa de Hornos (Gómez Farias).
El conjunto de edificios que conforma la Sociedad Española de Beneficencia se
construyó en un lapso de veintiún años; cada uno de los pabellones responde a un
momento histórico especifico:
• Los pabellones I y II revelan las características del paradigma higienista
antes expuesto, y representan un adelanto constructivo y científico para su
época. Para su edificación se tomaron los lineamientos de la academia de
medicina francesa, siguiendo las directrices de Pasteur: Se trata de dos
pabellones conectados por circulaciones y servicios. La orientación de los
edificios de los enfermos estaba en función de las corrientes de aire; se
situaron las fachadas a manera que el sol las bañara durante todas las horas del
día. Con pintura de aceite se cubrieron muros y plafones; los ángulos que forman
las paredes fueron redondeados sin salientes ni cornisas. Los tabiques de los
cubículos no llegaban hasta el techo, para permitir una mayor ventilación. Los
pisos no tenían juntas ni huecos para evitar que se depositasen en ellos, agua
de lavado o basura. Se procuró que todos los materiales se pudieran lavar y
desinfectar constantemente. •Se basó en el Sistema de Tollet, rigurosa
organización de espacios, ornamentación al mínimo, recercado de piedra en
puertas y ventanas, huecos adintelados con claves en el centro de los vanos, no
se juega con cuerpos avanzados o portadas anticipadas. Techo en forma ojival con
viguetas de hierro, cemento armado, malla y láminas de zinc, resultado de una
solución formal y funcional a la evacuación del aire contaminado.
• Siguiendo el paradigma bacteriológico, se construyó el pabellón de aislamiento
de pacientes infectocontagiosos, anexo al anterior conjunto. Este edificio
pertenece al mismo momento constructivo de los pabellones I y II. A diferencia
de los primeros dos, rompe con la monumentalidad y, al mismo tiempo, su diseño
asegura una integración dentro del espacio hospitalario, se componía
originalmente de sala de curaciones, capilla y departamento de observación e
infecciosos. La situación ambiental de la ciudad de Veracruz provocó el
desarrollo de una serie de plagas que arremetieron, lenta o violentamente,
contra u n e l e v a d o n ú m e r o d e s u j e t o s . Enfermedades
gastrointestinales, además de las infectocontagiosas aeróbicas como la fiebre
amarilla, la tuberculosis, la viruela y el sarampión, circulaban entre nativos e
inmigrantes, colocando el problema higiénico en un lugar prioritario, que
requería de la implementación de medidas sanitarias adecuadas.
El pabellón III, destinado a los pensionistas, se inauguró en 1921. La Sociedad
Española de Beneficencia estaba obligada a brindar ayuda a aquellos inmigrantes
que carecían de recursos. Instituciones de este tipo fueron la alternativa para
muchos individuos que se veían desilusionados a los pocos meses o años de haber
llegado a América y que, por falta de trabajo y de recursos económicos, no
tenían la posibilidad de repatriarse. Según el capítulo 13, artículo 26, del
Reglamento de la Casa de Salud, debía socorrerse a los españoles que llegaban a
la ciudad en situación precaria; en el artículo 27 se señalaba lo mismo en torno
a las mujeres que se encontraran en idénticas condiciones. El incremento en el
número de socios y la solidez financiera de la institución se refleja en la
construcción del pabellón central o número IV, que forma la portada principal
del conjunto. Fue inaugurado en 1923 y tuvo funciones múltiples. En la planta
baja se encontraban las oficinas de dirección y administración, el salón de
actos, la sala de curaciones de emergencia, farmacia y departamentos higiénicos;
y, en la planta alta, veinte cuartos dedicados a dar servicio hospitalario,
baño, cocina, comedor magníficamente instalado y con arreglo a los últimos
adelantos de la ciencia moderna.
Para complementar los servicios del pabellón central se construyó, como un
anexo, el pabellón número V, inaugurado en 1924. Estuvo destinado a cirugía,
tenía área de anestesia, sala de operaciones, esterilizaciones, ropero y tres
cuartos de recuperación, laboratorio y biblioteca.
Estos edificios formaron el conjunto original de la institución hospitalaria;
entre todos los pabellones se guardan relaciones funcionales; se atendió la
utilidad y la comodidad de la institución. Para una mejor entrada de aire y luz,
se empleó un tipo ventanas, se buscó la altura de techos y la orientación de los
edificios. El plan del conjunto se basa en las ideas de Pasteur: segmentar los
espacios para evitar una comunicación directa entre las patologías. Es hasta la
década de 1960 que se construyó el último pabellón que rompió el sentido de
unidad; a partir de ese momento, se le daría una función diferente a cada uno de
los pabellones.
La Sociedad Española de Beneficencia sirvió como una representación social
institucional del colectivo ante la sociedad receptora y tuvo una amplia
participación en el mantenimiento de la salud e higiene de la ciudad. Además de
dar asistencia médica, cubrió las necesidades estratégicas de los recién
llegados, del fracasado, del anciano, del huérfano o la viuda.
Esta institución no fue privativa de la ciudad de Veracruz, se dio en todas las
antiguas colonias españolas en América, a través de distintos apoyos que
permitieron su construcción y mantenimiento; la intención era conservar y
afirmar en la distancia, el sentimiento patrio y de identidad de los inmigrantes
hispanos.
A MANERA DE CONCLUSIÓN
La etapa constructiva de cada uno de los pabellones nos refiere a un periodo
interesante en la historia de la arquitectura hospitalaria en nuestro país, en
el que se presenta la sustitución de paradigmas, del higienista al
bacteriológico. Si bien se construyeron varios hospitales de planta pabellonal
durante el primer cuarto del siglo XX: la Castañeda, el Hospital Francés, el
Hospital Inglés, el Hospital General, la Beneficencia Española de la ciudad de
México, todos de mayores dimensiones que el de Veracruz, en ellos se realizaron
una serie de modificaciones en el diseño original, en función de las demandas de
la medicina moderna. Hubo en ocasiones, reformas a los edificios existentes, en
otras, remoción, afectando la traza original. En el caso de Veracruz, si bien
hubo abandono de los primeros pabellones, estos fueron conservados casi en su
totalidad, situación que permite seguir las etapas constructivas del conjunto a
partir de evidencias objetivas. Por tanto, consideramos que es un edificio
único, no sólo en el entorno urbano, sino en el país; su restauración y
adecuación resulta oportuna y conveniente para un recién declarado centro
histórico, en una plaza tan deteriorada. Esperamos que trabajos semejantes se
ejecuten en lo que aún queda del viejo Veracruz.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Para lo relacionado con el hospital como tipología arquitectónica, se ha
recurrido a PEVSNER, Nikolaus, (1979): Historia de las tipologías
arquitectónicas, Gustavo Gili, Barcelona.
Los orígenes de la tipología del hospital dentro de sus contextos histórico y
socio cultural aparecen en BÁEZ MACÍAS, Eduardo (1982): El Hospital de Jesús,
UNAM, México.
La descripción de los edificios históricos de la ciudad de Veracruz se
encuentran en LERDO DE TEJADA, Miguel (1940): Apuntes históricos de la heroica
ciudad de Veracruz. Precedidos de una noticia de los descubrimientos hechos en
las islas y en el continente americano, y de las providencias dictadas por los
reyes de España para el gobierno de sus nuevas posesiones, desde el primer viaje
de don Cristóbal Colón, hasta que se emprendió la conquista de México, 3 tomos,
Secretaría de Educación Pública, México.
Información demográfica se puede conseguir en BLÁZQUEZ DOMÍNGUEZ, Carmen.
(1986): Estado de Veracruz. Informe de los gobernadores 1826-1986, Gobierno del
Estado de Veracruz, Xalapa.
Para obtener una visión de contexto de la ciudad de Veracruz en MUÑOZ HERRANZ,
Isabel (1992): El arte musical (1920-1924) como expresión de la vida en el
puerto. Tesis de Licenciatura. Universidad Cristóbal Colón, Veracruz.
1 Catedráticas de la licenciatura en Historia del Arte en la Universidad
Cristóbal Colón.
2 Citado por LE GOFF, Jacques (1997): Pensar la historia, Páidos, Madrid.
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