Georgina Manrique Morteo *
María Jesús Carrera Fernández **
Resumen
El presente artículo describe los elementos que integran, en un sentido
amplio, el concepto de participación ciudadana, así como la forma en la que se
enlaza con la existencia de marginación social en comunidades excluidas de los
diferentes ámbitos que posibilitan su progreso, especialmente las limitaciones
que enfrentan en las esferas social, económica y política. La motivación de
abordar este tema surge a partir de la tendencia actual de destacar la
participación activa de los miembros de una localidad, en el ejercicio de su rol
de ciudadanos para autopromover su desarrollo. En forma adicional, se expone la
integración de categorías de participación ciudadana e indicadores de
marginación, derivadas con base en la revisión teórica de las investigaciones de
organismos nacionales e internacionales que abordan estos conceptos.
Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Manrique Morteo, G. y Carrera Fernández, M.J.: Participación ciudadana y marginación social: Conceptualización y parámetros de medición en Revista de la Universidad Cristóbal Colón Número 17-18, edición digital a texto completo en www.eumed.net/rev/rucc/17-18/
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INTRODUCCIÓN
Recientemente, en México se han registrado datos sobre la evolución negativa de
los niveles de pobreza, originando cinturones de miseria con características
propias de la llamada pobreza extrema. La pobreza extrema es identificada por la
carencia persistente de seguridades básicas. Esto limita a vivir en un ambiente
de escasez, afectando dimensiones sociales y políticas y restringiendo la
formación ciudadana que p e r m i t a e j e r c e r d e r e c h o s y a s u m i
r responsabilidades, constituyendo en sí un freno individual y colectivo para
participar en programas sociales encaminados a superar la deteriorada calidad de
vida.
Para promover futuros programas y garantizar su buen desempeño, surge la necesidad de indagar y documentar el nivel de afectaciones del escaso compromiso de las sociedades marginales, con el establecimiento de líneas de acción que pretenden disminuir sus propias carencias, producto de la apreciación de la colectividad del limitado nivel de bienestar. Esta situación apoya el significado del término “pobreza” establecido por el Reporte del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de 1997: “carencia de lo que es necesario para el bienestar material, pero también de negociación de opciones y oportunidades para vivir una vida tolerable”.
A la fecha de elaboración de este documento, se realiza una investigación en los
predios de la localidad Las Bajadas, del municipio de Veracruz, con el fin de
obtener indicadores de participación ciudadana y marginación social, mediante el
análisis de los resultados generados por un instrumento aplicado en el segundo
trimestre de 2004. Dicha investigación es un intento de valoración de la
incidencia de la participación ciudadana en la marginación social de la
población estudiada.
P A R T I C I P A C I Ó N C I U D A D A N A Y MARGINACIÓN SOCIAL
Definir como pobres a aquellos sujetos con privaciones materiales reduce el
término a carencias derivadas de la escasez económica, por lo que es más
adecuado ubicar a los pobres como el conjunto de grupos humanos excluidos
socialmente. Los excluidos enfrentan limitaciones en su desarrollo individual y
colectivo, como resultado de los obstáculos al ejercicio de su ciudadanía;
producto característico de la falta de preparación educativa que les permita
manifestar su libertad política y cultural e identificar las causas de sus
condiciones de vida, dando lugar a la construcción de alternativas que fomenten
el progreso de su localidad. Esto último es posible al ser el individuo
afectado, el agente más adecuado para señalar las prioridades de su entorno, una
vez que aprecie la necesidad de tomar el rol de sujeto activo mediante la
participación en acciones que den lugar a la generación de un ambiente que
propicie erradicar sus necesidades.
Para tal efecto, el individuo debe ser capaz de ejercer plenamente la
ciudadanía, es decir, asumir su significado a través de la mediación de demandas
democráticas efectivas, relacionadas con los derechos propios del ser humano y
los adquiridos por pertenecer a una sociedad en la cual se han dictado una serie
de normas que intentan, además de hacer eficientes las relaciones sociales y
económicas, proteger a los desfavorecidos.
Desde una perspectiva integral, la ciudadanía implica un compromiso recíproco
entre el poder público y las personas. El primero debe respetar la autonomía
individual, permitir y promover la participación ciudadana y brindar
posibilidades de bienestar social. Las segundas deben contribuir con su
participación a enriquecer el ámbito público. En este sentido, la ciudadanía
entraña una ampliación de la esfera pública frente a la fuerza que tiene
actualmente la esfera privada, como una manera de crear más sociedad, generar
una conciencia más difundida sobre las responsabilidades de los individuos y los
grupos e impulsar su participación directa en la generación y disfrute de bienes
públicos y bienes de valor social.
En este tenor, las medidas propuestas para atacar la pobreza pierden su
capacidad de generar desarrollo si no pasan por el análisis, la interpretación,
reformulación y el compromiso de la comunidad, siendo necesario que dicha
comunidad sea capaz de ejercer su ciudadanía.
Lo anterior se desprende de múltiples teorías que relacionan el progreso de una
sociedad con la cultura política y la práctica ciudadana de sus miembros. Su
meta sería alcanzar una participación más activa de todos los sectores sociales
en las instituciones políticas democráticas y desarrollar múltiples mecanismos,
propios de la sociedad civil, que fortalezcan las relaciones de solidaridad y
responsabilidad sociales; de tal manera que permitan consolidar una cultura de
convivencia y desarrollo colectivo basada en la tolerancia frente a la
diferencia y en la solución negociada de los conflictos (CEPAL: 2001).
La participación ciudadana debe entenderse como un medio para construir aspectos
de la vida social de forma más democrática, enriquecedora y viable, para lo cual
es requisito indispensable el cumplimiento, al menos, de los esquemas educativos
básicos. Gracias a este proceso educativo es posible la formación de personas
como seres sociales y no como individualistas irracionales que frenen la
generación de espacios de integración social, indispensables para romper el
círculo vicioso de la pobreza (PNUD:1993). De este modo, la participación es
vista como un mecanismo propulsor del desarrollo económico y social.
Es importante anotar que la participación ciudadana hace referencia al Estado
nacional y la pertenencia a él. Dicha pertenencia se define por unos derechos,
garantías y por el establecimiento de diferencias reconocidas con aquellos que
no pertenecen a esa comunidad. La conciencia de pertenencia se compone de dos
aspectos complementarios: la conciencia de ser ciudadano y la conciencia de
pertenecer a una comunidad, siendo esta última, la cara defensiva de una
conciencia democrática, siempre que contribuya a liberar a la persona de
dominaciones sociales o políticas (Touraine: 2001). Podría pensarse que el hecho
de sentirse ciudadano de una comunidad motivaría a sus habitantes a trabajar por
ella; sin embargo, el concepto de ciudadano integra tanto facetas racionales
como facetas “oscuras”, impregnadas de componentes emotivos que forman parte de
la propia identidad individual. De ahí la necesidad de desarrollar tanto los
elementos racionales que incluyen tanto la legitimación de la sociedad, la
justicia, entre otros, como los elementos emotivos, principalmente manifestados
por los sentimientos de pertenencia y la identidad (Cortina: 2001). Ambos
elementos deben ir a la par si se desean ciudadanos plenos.
En general, la participación, para ser considerada como tal, debe mostrar cierta
permanencia en el tiempo. La permanencia o continuidad, la intervención en
niveles de definición y el compromiso con una forma de hacer, diferencian este
concepto de "participación" de las ideas de "movilización" 1 o "involucramiento"
, 2 con las que a veces se le confunde.
Suele reducirse la concepción de la participación ciudadana a la relación de la
población con el sistema político y a momentos muy concretos como las
elecciones; sin embargo, participar implica, como ya se ha mencionado, incidir y
decidir en asuntos relativos al funcionamiento de la sociedad, no siempre
relacionados con cuestiones macro, sino que también incluye los temas cotidianos
y de asuntos locales, como equipamiento urbano, ordenamiento territorial,
políticas sociales, de empleo, iniciativas para las pequeñas y medianas
empresas, etc.
Es así como surgen enfoques que hacen alusión a la mayor influencia del
ciudadano en los asuntos públicos a través de la participación, como el del “empoderamiento”.
En él se abordan elementos como la educación, la organización y el desarrollo
político de la población, orientados, principalmente, a los pobres, analfabetos
o grupos marginados de alguna forma; parte de la premisa de que el cambio social
no puede ser planeado, dirigido y producido desde la voluntad de las clases
dirigentes. Friedman afirma que para que la gente se haga cargo de su propio
destino, se requiere su empoderamiento que, literalmente significa darle poder
al grupo; poder entendido como la capacidad para tener mayor control sobre su
propia vida y la de su comunidad.
Dentro de este marco, sobresale la participación ciudadana como pauta para
fomentar el desarrollo local. Debe considerarse que generalmente se tiende a
entrar en una relación con el Estado únicamente de demanda de servicios, de
quejas colectivas o reivindicación de derechos. Pocas veces esta relación se da
simplemente para hacer efectivo el derecho a involucrarse en las políticas
públicas. (Ortega: 1998).
En consideración a la amplitud de tendencias y e l e m e n t o s q u e l a c a r
a c t e r i z a n , p a r a conceptualizar la participación ciudadana se
considera la siguiente definición: proceso gradual mediante el cual se integra
al ciudadano, individual o colectivamente, en la toma de decisiones, la
fiscalización, el control y la ejecución de las acciones en los asuntos públicos
y privados que afectan lo político, económico, social y ambiental, permitiéndole
su pleno desarrollo como ser humano y el de la comunidad en que se desenvuelve.
Tal proceso implica un cambio en la cultura ciudadana, que permita la
organización de acciones encaminadas a promover condiciones de vida más dignas,
cuyas limitantes están constituidas por la carencia de recursos y conocimientos
técnicos que posibiliten su existencia. Es en este contexto donde se tiene que
hacer referencia a los pobres y a los marginados, por lo que cabe la distinción
de los términos:
marginación tiene sus raíces en la situación estructural de la pobreza del país,
traducida en las carencias y en la falta de oportunidades de desarrollo,
factores que atentan contra el ejercicio de los más elementales derechos humanos
de los individuos”.
De ahí que se entienda como grupo marginal a aquellos que, por razones
indistintas, viven en condiciones no aptas para el desarrollo de las capacidades
del ser humano, lo que les impide aprovechar la estructura de oportunidades, si
es que existe, e integrarse socialmente.
Cabe agregar que, tradicionalmente, se distingue entre marginados y marginales;
los primeros son aquellas personas y colectivos que son apartados o mal vistos
por el conjunto de la sociedad, en función de una serie de prejuicios o estigmas
acerca de la peligrosidad social y su no aceptación o desviación de las normas
sociales. Por otro lado, los marginales son aquellos que se ven apartados o
excluidos de la economía formal. En general, la marginación es una respuesta de
la desventaja social.
Respecto al activismo de protesta, diversos estudios han llamado la atención
hacia los niveles crecientes de protestas políticas en las últimas décadas,
siendo la explicación más común de este fenómeno, la creciente desilusión
política hacia las instituciones convencionales del gobierno representativo. El
activismo de protesta se mide utilizando cinco componentes de la Encuesta
Mundial de Valores 1999-2001, que incluyen la firma de una petición,
participación en boicots, asistencia a manifestaciones, participación en huelgas
y la ocupación de edificios. Los resultados demuestran que el activismo de
protesta es más popular en las sociedades postindustriales prósperas, como
predice la teoría de la modernización.
La opinión pública respecto a la democracia también ha sufrido cambios. Cabe
mencionar la distinción entre el apoyo a la democracia como ideal y el apoyo al
funcionamiento de la democracia. Si se integran estas dos dimensiones en una
sola medición, los resultados pueden ser confusos, ya que es posible, por
ejemplo, creer en el ideal democrático y, al mismo tiempo, estar en desacuerdo
con su funcionamiento. Debido a esto, en América Latina se han manejado tres
indicadores: la opinión pública hacia el ideal democrático o los principios del
régimen democrático; el funcionamiento del régimen o la democracia en la
práctica, y la confianza en instituciones como el gobierno y la administración
pública.
La Encuesta Nacional de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas, proyecto conjunto del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) y la Secretaría de Gobernación (SEGOB), permite identificar los rasgos predominantes de la cultura política en el país, así como las prácticas ciudadanas. La correspondiente a 2003 es la segunda aplicación de la encuesta; la primera edición se llevó a cabo en 2001. De acuerdo con las preguntas del cuestionario, se pueden identificar los siguientes temas generales:
1. La política y los asuntos públicos.
2. Niveles de información y conocimiento político.
3. Interés por la política.
4. Grado de confianza en las instituciones políticas y sociales
5. Percepción sobre la democracia.
6. Legalidad, tolerancia, libertad, pluralismo, diálogo y acuerdo.
7. Actitudes, inclinaciones y predisposiciones políticas.
8. Niveles de acción política: prácticas, habilidades y hábitos políticos.
9. Participación en organizaciones civiles y sociales.
10. Participación electoral.
Con base en las teorías revisadas y en las investigaciones desarrolladas, tanto
nacional como internacionalmente, se han integrado las siguientes categorías de
análisis de la participación ciudadana:
Cuadro 1. Categorías de análisis de grados de participación ciudadana
Categoría Descripción
Interés Importancia que la ciudadanía expresa hacia la política y los
eventos relacionados con ella, a través de la frecuencia con que se
informa de estos y las actitudes que manifiestan ante dichos temas.
Confianza Nivel de seguridad, credibilidad y expectativas que la población
interpersonal tiene con respecta al resto de personas.
Confianza en Nivel de credibilidad, satisfacción, seguridad y expectativa que la
instituciones población tiene en diversas instituciones sociales y
representantes
de gobierno.
Participación en Frecuencia con la que la población interviene en actividades
organizaciones colectivas de diversa índole.
Participación Frecuencia con la que la población interviene, a través del voto,
en
electoral las elecciones y decisiones de representantes de gobierno.
Vinculación y Actividades que realiza la población para relacionarse con las
empoderamiento esferas de gobierno y así involucrarse en la vida pública.
Activismo de Participación de la ciudadanía, en actos que expresan
protesta inconformidad ante un hecho concreto, para el cual solicitan una
solución específica.
Partidismo Conocimiento de las opciones de partidos políticos y preferencias
de la ciudadanía por alguno de ellos.
Concepción de Considera la noción que tiene la población en cuanto al
ciudadanía significado de ser ciudadano y sus implicaciones, así como la
autovaloración que posee sobre sus prácticas ciudadanas.
Fuente: elaboración propia.
B. Marginación social
En el ámbito nacional, para poder tener acercamiento a las dimensiones de la
marginación, se utilizan medidas de corte analítico-descriptivo, que permiten
diferenciar unidades territoriales, según la intensidad de las privaciones que
padece la población.
El índice de marginación es una medida-resumen para diferenciar entidades
federativas y municipios, según el impacto global de las carencias que padece la
población, como resultado de la falta de acceso a la educación, habitar
viviendas inadecuadas, la percepción de ingresos monetarios insuficientes y las
relacionadas con la residencia en localidades pequeñas (CONAPO: 2000).
Tal índice contempla cuatro dimensiones estructurales de la marginación,
identifica nueve formas de exclusión y mide su intensidad mediante el porcentaje
de la población con carencias de bienes y servicios esenciales para el
desarrollo de sus capacidades básicas. 3 En México se estima el índice de
marginación por entidad federativa y municipio, considerando los siguientes
parámetros de dimensiones estructurales y sus respectivas formas de exclusión:
a) Vivienda
Reconocida como el lugar afectivo y físico en el cual se fortalecen los lazos
familiares y se posibilita el desarrollo de las capacidades de los miembros del
hogar, que se formarán en función de la disposición de espacios confortables
para interactuar, educarse, recrearse, informarse, descansar, evitar riesgos de
salud y brindar seguridad. Para ello es necesario que los materiales de
construcción de la vivienda sean los adecuados y se disponga de servicios
indispensables como la energía eléctrica, el agua y sistemas de desagüe, para
proporcionar las condiciones ideales que favorezcan un hospedaje decoroso y el
desarrollo personal de los habitantes.
La ausencia de viviendas edificadas con materiales apropiados y la falta de
disposición de servicios sanitarios, drenaje y agua entubada elevan las
probabilidades de contraer enfermedades gastrointestinales y respiratorias por
condiciones insalubres, además de impedir un aprendizaje significativo en los
estudiantes, si se adiciona a lo anterior la falta de espacios privados
dedicados al estudio. Esto propicia la exclusión del conocimiento, la cultura y
la información actualizada, tanto de los menores como de los adultos. Los
indicadores que miden la intensidad de la marginación social relacionada con las
condiciones de vivienda son:
condición marginal. En primer lugar, es la principal fuente de ingresos de los
hogares, porque permite la adquisición de bienes y servicios que hacen posible a
sus miembros, aspirar a un nivel de vida acorde con sus patrones culturales. En
segundo lugar, cuando éste se desempeña en el ámbito formal permite participar
en sistemas de previsión social (de salud y pensiones), orientados a que el
trabajador y su familia hagan frente a imprevistos y tengan una vida digna,
incluso, en la jubilación. En tercer lugar, como espacio de trabajo, ofrece
posibilidades de expresión y desarrollo de capacidades individuales. Por último,
el acceso a un empleo representa para el individuo su canal de inserción en el
esfuerzo conjunto de creación de riqueza económica y cultural, haciéndolo
partícipe e integrante de un proyecto colectivo, factores que refuerzan su
identidad y comunión con los valores que la sociedad propugna.
La insuficiencia del nivel de empleo se traduce, por consiguiente, en un
dramático menoscabo de la integración social y de la realización de capacidades
humanas, así como en un marcado deterioro de la autoestima individual y
colectiva.
Cuadro 2. Niveles de marginación según la cantidad de necesidades básicas
insatisfechas
Nivel de Carencias
marginación
Extremos Totalmente insatisfechas las necesidades básicas.
Muy alto Fuertes carencias en todos los niveles.
Alto Dependencia económica acompañada de ingresos bajos, al menos
tres necesidades de vivienda insatisfechas, escasa educación.
Medio Ingresos por arriba de los dos salarios mínimos, al menos dos
carencias de vivienda, escasa educación.
Bajo Carencias predominantes en ingreso, al menos una necesidad de
vivienda insatisfecha y limitados niveles de preparación
(primaria incompleta en adultos).
Educativo Carencias exclusivas de formación escolar.
Vulnerable Carencias de ingresos.
No marginado Con necesidades básicas satisfechas.
Fuente: elaboración propia.
Se espera que los resultados que produzca la investigación que se efectúa
actualmente en los predios de la localidad Las Bajadas, Veracruz, validen la
existencia de una relación inversa entre los conceptos centrales, valorando la
incidencia de la participación ciudadana en la marginación social, de manera que
se verifique que, conforme
el individuo asume el compromiso de mejorar su nivel de bienestar, afecta
positivamente el desarrollo de la comunidad a la que pertenece, propiciando la
elevación de los niveles de vida de la colectividad y la reducción de la
marginación social. 6
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* Catedrática y miembro del equipo de trabajo de la licenciatura en Economía de la Universidad Cristóbal Colón.
** Coordinadora de Cooperación y Desarrollo del Centro de Desarrollo Social
de la Universidad Cristóbal Colón.
1 La “movilización” refiere básicamente a las acciones puntuales y, a veces,
incluso rutinarias, como la asistencia esporádica o pasiva a reuniones o la
asistencia a una asamblea. Generalmente, está ligada a una reivindicación.
2 El “involucramiento” representa un nivel diferente de integración: se expresa en cambios actitudinales y permite el acceso a lo masivo. Normalmente se involucra a la población a través de campañas que cambian medios masivos con otros presenciales.
3 Para su elaboración se requiere de instrumentos de captación de información relacionada con las dimensiones de la marginación, como los Censos Generales de Población y Vivienda.
5 Hogares
6 La exclusión social se refiere a las normas y procesos que impiden que ciertos grupos participen en igualdad de condiciones y eficazmente en la vida social, económica, cultural y política de las sociedades.
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