Revista de la Universidad Cristóbal Colón
Número 17-18 (Edición digital)

 

El Palimpsestos: una aproximación al mito de la mujer veneno desde La hija de Rappaccini 1

Daniel Domínguez Cuenca 2
 

Palimpsesto. (Del gr., a través del lat. Palimpsestus) m. Manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente./ 2. Tablilla antigua en que se podía borrar lo escrito para volver a escribir. (Real Academia Española: 1992,1508).
 

En la vasta obra de Octavio Paz, Nobel mexicano de literatura, coexiste junto al fundamental poeta y al inquietante ensayista, un dramaturgo mesurado que incursionó en el universo del teatro una sola vez. El hombre se define por su hacer. El hacer dura una vida. Paz gustaba definirse a sí mismo ante todo como poeta, y lo fue, sus ojos y su lengua de poeta están presentes en toda su obra; sus mejores momentos de ensayista, crítico y, quizás, de dramaturgo están logrados siempre con transparencia y polisemia poéticas.


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Domínguez Cuenca , D.: El Palimpsestos: una aproximación al mito de la mujer veneno desde La hija de Rappaccini en Revista de la Universidad Cristóbal Colón Número 17-18, edición digital a texto completo en www.eumed.net/rev/rucc/17-18/


El texto contenido en esta página web puede estar incompleto y carecer de notas a pie de página, imágenes, gráficos o fórmulas. Su objetivo es facilitar al investigador que lo encuentre en los buscadores de Internet y que pueda revisarlo.
Puede bajarse el artículo completo (18 páginas, 195 Kb) en formato PDF comprimido ZIP pulsando aquí.


En 1956, Octavio Paz incursionó en el universo del teatro. Escribió La hija de Rappaccini para ser representada en el segundo programa de un movimiento teatral llamado “Poesía en Voz Alta”. El estreno tuvo lugar el 30 de julio en el Teatro El Caballito, en la Ciudad de México. La obra es una recreación del relato homónimo de Nathaniel Hawthorne. El programa, inicialmente dedicado al surrealismo, incluía otras tres obras breves de autores franceses: George Neveux, Jean Tardieu y Eugene Ionesco. Años más tarde, fue realizada una segunda puesta en escena de la obra que se representó en la Casa del Lago, el 23 de julio de 1978.

En la cuarta de forros de la edición de La hija de Rappaccini, publicada por Era en 1990 y cuya primera reimpresión data de 1998, existe una nota cargada de pistas literarias sobre los otros textos, o como dice el autor, las otras fuentes de las que bebe la versión teatral de Paz. Al final del párrafo aparecen únicamente dos iniciales: O. P. Firma el autor poniendo las iniciales de su nombre y apellido, con ellas nos deja saber que el comentario nace de su propia pluma. Presenta la obra teatral como una “pieza”. Las veintisiete líneas que conforman este autocomentario constituyen una invitación para ir a revisar las fuentes de que se nutre el mito de la mujer alimentada con veneno y que nos remiten —según nos dice— hasta la antigua literatura de la India. En estas líneas me propongo compartir con el lector los encuentros a los que esa ruta de textos me ha llevado. Pero antes, es oportuno dar crédito al estudioso francés que, inspirado en Borges, recupera la noción de palimpsestos.

Gérard Genette ha titulado a su libro dedicado a la exploración y análisis de diversas relaciones, presencias e influencias de los textos entre sí: palimpsestos. La publicación original francesa es del año 1962. Varios años después, en 1989, Taurus lo presenta en español en su serie dedicada a la teoría y crítica literaria, en una versión actualizada. A este ejercicio de estudio que pone al descubierto distintos tipos posibles de relación entre dos o más textos, le llama “literatura en segundo grado”.

La literatura no se hace sobre una tabla primigenia, sino que se escribe sobre un sedimento que contiene capas y capas de otras escrituras. Genette llama a este fenómeno transtextualidad, reconociendo (en un presente que es octubre de 1981) cinco tipos de tránsito y trascendencia entre los textos:

1) intertextualidad, explorado desde años atrás por Julia Kristeva en un sentido amplio, mismo que es definido por Genette en un sentido más acotado como “ una relación de copresencia entre dos o más textos”, precisa aún más “la presencia efectiva de un texto en otro” (Genette:1989,10) cuyo ejemplo más “literal y explícito es la cita” y que en otras prácticas funciona como plagio o alusión;

2) paratexto, ejemplos de este tipo serían: título, subtítulo, prefacios, epílogos, notas al margen, pies de página, epígrafes, ilustraciones, entre otros comentarios y señales que propician un entorno al texto (Genette:1989,11);

3)metatextualidad definida como la “relación —generalmente denominada ´comentario´— que une un texto con otro que habla de él sin citarlo (convocarlo), e incluso, en el límite, sin nombrarlo. Así es como Hegel en la Fenomenología del espíritu evoca, alusivamente y casi en silencio, Le Neveu de Rameau.” (Genette: 1989,13);

4) hipertextualidad entendida como “toda relación que une un texto B (hipertexto) con un texto anterior A (hipotexto), en el que se injerta de una manera que no es la
del comentario” (Genette: 1989,14); por ejemplo el Ulises de Joyce, es un hipertexto de La Odisea de Homero que sería su hipotexto. Advierte Genette que es este cuarto tipo de relación la hipertextualidad, el único del que pretende ocuparse directamente en su libro;

5) El quinto tipo es la architextualidad o architexto “conjunto de categorías generales o trascendentes del que depende cada texto singular” (Genette:1989,9); ejemplos de esta categoría son los tipos de discurso, los géneros literarios o los modos de enunciación, entre otros.

El comentario que nos ocupa, breve texto aparecido en la contraportada de la versión de ERA, corresponde en la terminología de Genette a un paratexto plagado de intertextualidades. De ninguna manera considera Genette estas categorías como “formas fijas” sino que entre ellas hay canales de comunicación y multiplicidad de combinaciones. Un paratexto por ejemplo, como en el caso que nos ocupa, puede ser un comentario que incorpore citas y que advierta sobre ciertas relaciones de hipertextualidad, ofreciendo pistas claras sobre sus redes textuales con las que se relaciona. La noción que imagina el desarrollo de las literaturas como una suerte de palimpsestos me parece una metáfora afortunada, una imagen contundente e inquietante. Solicito licencia al lector para que se me permita quedarme con esa gran imagen general y, con ella, realizar juntos el viaje de exploración por las distintas capas de escrituras o fuentes que nutren la versión teatral que trabajara Octavio Paz en 1956.

Quisiera intentar retomar el sentido general que consiste en hacer un trabajo de lector que comparte con otros lectores un ejercicio de literatura —si se quiere “en segundo grado—”, un trabajo que va más allá de la primera lectura, de las primeras impresiones, un entrar en las redes de textos: inter, intra, meta, archi, trans y para realizar un viaje a, ante, de y desde “los textos” en función de dos propuestas concretas: la versión teatral de La hija de Rappaccini, escrita en castellano por Octavio Paz en 1956, y el cuento homónimo del escritor norteamericano Nathaniel Hawthorne, escrito en lengua inglesa y aparecido en 1846.

Octavio Paz no realiza propiamente una “adaptación” del cuento de Hawthorne —aunque él así lo considere—, sino que es una nueva versión, reescritura del texto de Hawthorne, pensada para ser “representada en escena” en un presente distinto y en otra lengua. Escritura sobre escritura.

En este sentido, resulta revelador el comentario que varios años más tarde hiciera Emilio Carballido en su atinadamente titulada Crónica de un estreno remoto, texto citado por Frank Dauster en su ensayo sobre la obra de Paz, aparecido en la Revista Tramoya Nº 16 (1979) y que fuera tomado, según consigna el propio Dauster de la Revista Iberoamericana, XXXVII, 74 (enero-marzo,1971), estas son las palabras de Carballido:

En cuanto al término adaptar: posee un matiz preciso, que sugiere inmediatamente los trajes viejos adaptados a la medida del hermanito menor por un sastre remendón. Adaptar, esto es, modificar algo cortándole aquí, aumentándole allá, y así con un producto original se logra uno derivado y subordinado. Un cuento sufre ligeras modificaciones y se vuelve un drama. Para usar el ejemplo más ilustre: ciertas novelas italianas son cuidadosamente parchadas y remendadas por un autor inglés con buen oficio: el subproducto nos resulta Romeo y Julieta, Otelo. (Tramoya Nº 16, julio-septiembre de 1979, 358).

La ironía de Carballido hace evidente el fundamento del enfoque aquí presentado por Gérad Genette; no existe la tal “tabla rasa”, en cada creación podemos encontrar huellas de alguna creación anterior. Adaptar es recrear, de igual manera que toda traducción se convierte en una nueva recreación.
Dicho lo anterior vayamos a explorar el paratexto que aparece en la contraportada de la edición realizada por Era, mismo que inicia así:

Adaptación de un cuento de Nathaniel Hawthorne, mi pieza sigue la anécdota, no el texto ni su sentido: son otras mis palabras y otra mi noción del mal y del cuerpo (Paz: 1998,4ª de forros).

Estas primeras dos líneas me parecen fundamentales. Percibo en ellas una intención de establecer distancia entre el texto del escritor norteamericano y la versión de Paz. No hay un solo adjetivo para Hawthorne, ni a favor ni en contra. El hecho de que haya escogido un texto de él es un reconocimiento tácito, pero inmediatamente traza su raya, es una “adaptación” —dice— que sigue la anécdota “no el texto ni su sentido.”

Entiendo que diga no seguir el texto, en la medida en que no ofrece una traducción del mismo, no intenta hacer dialogal la prosa, sino que reescribe los textos; de hecho, les da un tiempo poético distinto, una mayor síntesis y ambivalencia. Así pues, aunque Octavio Paz hable de una “adaptación” del cuento, reitero que su trabajo implica toda una “recreación” en español del cuento original en inglés, con una explícita intencionalidad escénica, nueva versión en la que incluso aparece un personaje medular inexistente en el relato: el mensajero.

Comprendo que cuando dice dar otro “sentido” a la obra, está ofreciendo una lectura (interpretación) de algún posible sentido en el texto de Hawthorne, pero no lo especifica, por tanto nos deja en la incerteza, puesto que no sabemos a cuál de los muchos sentidos posibles de interpretación se refiere: la lucha entre el alquimista y el científico ortodoxo, la lucha entre el bien y el mal, la crítica a la ciencia que pretende alterar los ciclos naturales de la existencia humana en su búsqueda por la inmortalidad, el cultivo de un jardín con las flores del mal, el aislamiento de una hermosa doncella en ese jardín, el conflicto ético del padre que se atreve a experimentar su ciencia con su propia hija, o bien, un motivo que Paz reiteradamente destaca, la pareja amorosa, la posibilidad del encuentro entre dos seres que se enamoran... ¿A cuál de todos estos posibles sentidos alude? Desde luego, la respuesta no puede reducirse —por fortuna— a un solo sentido de lectura. Su obra goza de una pluralidad y ambigüedad poéticas.

Quisiera llamar la atención sobre un punto medular. Curiosamente, en la versión teatral de Paz, no aparece al interior del texto el pasaje que equipara a Beatriz con una bella doncella cargada de ponzoña, la que un rey de la India enviara al conquistador Alejandro como arma secreta para envenenarlo. El pasaje es tan importante que omitirlo le lleva —me parece— a sentir la necesidad de registrarlo y referirlo ampliamente en el mencionado autocomentario aparecido en la contraportada de la edición de Era:

La fuente de Hawthorne —o la fuente de sus fuentes— está en la India. Mudra Rakshasa (El sello del anillo de Rakshasa), del poeta Vishakadatta, que vivió en el siglo IX, es un drama político que tiene por tema la rivalidad de dos ministros. Entre las estratagemas de que se vale uno de ellos para vencer a su rival se encuentra el regalo de una deseable muchacha alimentada con venenos. El tema de la doncella convertida en viviente frasco de ponzoña es popular en la literatura india y aparece en los Puranas (Paz: 1998, 4a de forros).

El dato es erudito. Vishakadatta, dice, vivió en el siglo IX, de la era cristiana. Señala Paz que el tema de la doncella convertida en frasco de ponzoña aparece en los purana:

Purana, epopeyas anónimas de carácter religioso (ss. IV-XV), cuya influencia en el hinduismo fue tan importante como la de los vedas (Pequeño Larousse Ilustrado: 2000, 1614).

Neria Harish Hebra clasifica la literatura sánscrita, considerada como autorizada por los hindúes, de manera muy general en seis categorías ortodoxas y cuatro seculares? Dentro de las categorías seculares se encuentran los natakas, ejemplificados por dramas escolares entre los que destaca la obra del poeta Vishakadatta: “El sello del anillo” (Mudrarakshasa), y desde luego, más difundido, el drama Sakuntala del poeta Kalidasa.

Daniel de Palma, en su introducción a los upanishas, hace el siguiente comentario inicial que nos permite visualizar con mejor perspectiva esta antigua literatura:

La literatura védica encierra el pensamiento de los pueblos de lengua indoeuropea que llegaron al norte del subcontinente índico a mediados del segundo milenio antes de Cristo. Los vedas (el saber) reúnen una gran cantidad de textos “revelados, o más precisamente, “oídos” por los rsis (sabios que los dieron a conocer, muchos de ellos mencionados con frecuencia en las obras). De contenido, forma y antigüedad muy diversos, fueron recogidos de la tradición oral en sánscrito (lengua hablada por pueblos de la rama oriental del antiguo indoario y pertenecientes a una tradición lingüística y cultural distinta, en esa época, a las lenguas drávicas de los antiguos habitantes de esa región, cuya influencia se observa posteriormente en narraciones, usos y costumbres de la vida de la India antigua), (De Palma: 2001,19).

En otra parte, encontramos fechada la existencia del poeta Vishakadatta en el siglo VI de la era cristiana, mientras que algunos incluso lo marcan en el V y otros más dicen simplemente, anterior al siglo IX; lo que a todas luces genera una franja muy difusa sobre la época exacta a la que pertenece el autor y, más allá de ello, sobre las épocas a las que remiten las fuentes de las fuentes en las que aparece el mito de la doncella alimentada con venenos.

La historia de la obra se teje sobre una complicada red de intrigas y estrategias políticas para consolidar el poder, Chanakya, quien es un anacoreta, conspira en favor de Chandragupta, primer Rey Maurí de Pataliputra, para derribar del poder a Rakshasa, ministro hereditario de los nandas, con lo cual se pretende asegurar la salvación del reino. “Mudra”, el anillo que lleva el sello del soberano, juega una parte clave en ello. De ahí, el título de la obra.

Este panorama previo nos permite ubicarnos en ese otro universo configurado por la literatura sánscrita, y teniendo una idea general, aunque sea imprecisa, del drama en cuestión, podemos ahora citar el párrafo que, en traducción al inglés hace C. A. Kincaid de la obra relatada como cuento: 4 Después de un tiempo Rakshasa envió a Chandragupta una hermosa doncella, quien tenía órdenes secretas de envenenar al rey, pero Chanakya la engañó haciendo que ella envenenara en vez a Parvataka. De esa manera frustró el intento de Rakshasa y, al mismo tiempo, se liberó de uno de sus preocupantes aliados bárbaros (Kincaid:La traducción es mía).

Para fortuna de esta investigación, existe una versión directa de la obra teatral del sánscrito al inglés en traducción moderna que respeta el carácter del texto como obra teatral. El trabajo corresponde a P. Lal y lleva por título: Great Sanskrit Plays (In Modern Translation) publicado por A New Directions Book, la primera edición data de 1957, mientras que la tercera edición, de la que aquí nos hemos servido es del año1964.

Por lo que refiere al episodio de la mujer veneno, de nueva cuenta nos encontramos con que el pasaje existe en la obra teatral sin que resulte substancial para la obra misma, sino que aparece como una más de las múltiples estrategias de las que se valen los ministros contrarios y sus aliados para intentar aniquilar a sus oponentes en la lucha por el poder.

En la introducción a la obra teatral el P. Lal (Profesor Lal) ofrece un comentario sobre este particular que vale la pena citar: 5

En cualquier caso, la línea de El Sello del Anillo es una en el que el sexo bello no se espera sea convocado; esto no solamente explica por qué los roles femeninos están excluidos, sino que ayuda a comprender por qué la historia se desarrolla de manera tan sinuosa, por qué tanto diálogo “cerebral” tiene lugar; por qué mujeres venenosas, espías y otras deshonestidades nos son entregadas como si se trataran de asuntos honorables (Lal: La traducción es mía).

La alusión a la mujer veneno ocurre dos veces en el mismo primer acto, ambas en voz de Chanakya (ministro de Chandragupta), mismas que a continuación registro:

(...) El plan se ha puesto a andar y ahora sólo nos resta esperar para ver como trabaja. Primero removemos a Parvataka, haciéndolo dormir con una joven venenosa, y dejando caer la responsabilidad sobre Rakshasa 6 (Lal: La traducción es mía).

Más adelante aparece la segunda mención, siempre en voz de Chanakya quien se dirige a uno de sus leales: 7

CHANAKYA. Sarngarava!
SARGNARAVA entra.
Haga que el siguiente anuncio sea proclamado por Kalapasika y Dandapasika a través de toda la ciudad: “En el nombre de su Majestad Chandragupta, el Monje Jivasiddhi quien bajo las órdenes de Rakshasa asesinó a Parvataka con la ayuda de una joven venenosa, es por este medio desacreditado y exiliado fuera de la ciudad, después de haber confesado públicamente su crimen” (Lal: La traducción es mía).

Como se advierte, la atmósfera que prevalece en la obra es la de un ambiente colmado de intrigas, espías, estrategias y toda clase de conspiraciones y alianzas dudosas, en medio de las cuales, los ministros se disputan el poder. El uso de una mujer veneno como arma para destruir al enemigo es apenas uno más de estos recursos puestos al servicio de la consecución del poder.

Tiene razón Paz en advertir capas y capas de escrituras sobre el pasaje de la mujer veneno. La anécdota —según él la llama— ya existía en las más antiguas literaturas pero, aclaro, sólo un motivo de la anécdota. Lo que tienen en común estos textos es el mito de la mujer veneno personificado en una bella doncella; sin embargo, los entornos son muy distintos; en particular, en el drama hindú comentado, la circunstancia política, el motivo por el que se hace la entrega venenosa resulta ser una diferencia decisiva. El tema, bien lo dice, es “la rivalidad entre dos ministros”, y no el amor, la pareja o el mito mismo de la mujer veneno. La posesión del anillo que muestra el sello real. La infinita capacidad de tejer intrigas y estrategias por parte del ministro para conseguir sus fines. La habilidad de maniobra política son los verdaderos móviles de esta obra teatral. El texto de Vishakadatta es descrito por Paz como un “drama político”. La hija de Rappaccini, no lo es.

Lo curioso es que Paz rastree por siglos de literatura, la trascendencia (transtextualidad) de este motivo simbólico y sus transformaciones, como para dejar en claro que la idea no era original de Hawthorne y mantener a distancia del narrador su propia recreación teatral. Es una “adaptación del cuento”, pero muy distinta en sus sentidos y textos, se apresura a definir.

El mito de la mujer veneno, es un motivo simbólico crucial tanto en el texto de Paz como en el texto de Hawthorne. En efecto, dicho motivo está presente en todas esas fuentes apuntadas por el Nobel mexicano, pero, tal como podremos ponderar en este recorrido, a diferencia de los dos textos citados, en todas las otras obras referidas, el mito de la mujer veneno constituye apenas un pasaje, un apunte más en la vastísima red de circunstancias y consideraciones tratadas por Browne o Burton. No es tampoco un motivo central en el drama político del poeta Vishakadatta.

Nótese, en cambio, que el cuento de Hawthorne incorpora, a diferencia de Paz, la “anécdota” de este mito en boca de Pietro Baglioni, el profesor de la Universidad de Padua —quien rivaliza en el ámbito profesional con el doctor Rappaccini—; la escena ocurre en la habitación del joven Giovanni
Guasconti, al que Baglioni paternalmente le advierte: 8

“He estado leyendo a un viejo autor clásico recientemente,” dijo él, “y me he encontrado con una historia que extrañamente me ha interesado. (4) Posiblemente usted pueda recordarla. Es sobre un príncipe de la India, quien envió una hermosa mujer como presente a Alejandro el Grande. Ella era tan adorable como la aurora y tan deliciosa como el atardecer, pero lo que especialmente la distinguía era un cierto rico perfume en su aliento —más rico aún que un jardín de rosas persas. Alejandro, como era natural en un joven conquistador, se enamoró a primera vista de esa magnífica extranjera, pero cierto médico sabio que estaba presente, descubrió un terrible secreto en torno a ella.”

“¿Y cuál era ese? Preguntó Giovanni, bajando la vista para evitar encontrarse con los ojos del profesor. “Que esta adorable mujer,” continuó Baglioni con énfasis, “había sido alimentada con venenos desde su más tierna infancia, hasta que la totalidad de su naturaleza estaba tan impregnada de éstos, que ella misma se había convertido en el ser ponzoñoso más mortal que existiera. El veneno era su elemento de vida. Con ese rico perfume de su aliento ella envenenaba al aire mismo. Su amor hubiera sido veneno, su abrazo, muerte. ¿No es éste un cuento maravilloso?” (Hawthorne: La traducción es mía).

En efecto, la edición de Norton señala a Browne como la fuente aludida en el pasaje anterior. De manera explícita, en la cita cuatro, el editor comenta: 9

Hawthorne se topa con la historia en los Errores Vulgares de Sir Thomas Browne (1646), un “viejo clásico” para los lectores de Nueva Inglaterra, (Hawthorne: La traducción es mía).

Sobre errores vulgares o Pseudodoxia Epidemica es el nombre abreviado de un tratado enciclopédico cuyo título completo podemos conocer por fortuna en una exquisitamente cuidada versión al español realizada por Daniel Waissbein, publicada por Siruela, España, en 1994, con notas adicionales y apéndices que nos permiten tener una visión bastante confiable de la obra de Browne. En la introducción (páginas 20 y 21) se nos entrega el título original:

[Pseudodoxia Epidemica: /O,/INQUISICIONES/ SOBRE / Muchísimas aceptadas /DOCTRINAS, / Y comúnmente presuntas/VERDADES./ Por Thomas Browne Dr. en medicina. / Jul [io] Escalíg [ero] / Concluir de los libros que las cosas son como las publicaron los autores es en sumo grado / peligrosísimo; el conocimiento verdadero de las cosas está en las cosas mismas. LONDRES, / Impreso por Tho [mas] Harper para / Eduardo Dod. 1646.] (Browne: 1994,20-21).

Señala Daniel Waissbein en la misma introducción que el texto anterior corresponde a la portada de la primera edición. Adicional a la introducción de su autoría, incluye Waissbein una famosa biografía sobre Browne escrita por Samuel Johnson; incluye también una selecta reproducción de dibujos y grabados, así como seis valiosos apéndices, el penúltimo de los cuales (apéndice E) está dedicado a la presencia de la obra de Browne en Jorge Luis Borges.

Pseudodoxia Epidemica consta de siete libros. Waissbein ofrece en traducción entre un tercio y
una cuarta parte de la obra original. Únicamente el primer libro ha sido traducido en su totalidad, de los demás nos entrega una selección de capítulos. En adición, en este exquisito trabajo de traducción, el investigador reproduce —en el apéndice F, en versión al español— la totalidad de los títulos que conforman el índice de los siete libros con todos sus capítulos, de tal suerte que el lector puede tener, al menos enunciados en español, aquellos capítulos no disponibles en esta versión.

Por lo que refiere al capítulo específico dedicado a la mujer-veneno, este aparece en el séptimo libro, Capítulo XVII [De otras diversas], en el cuarto apartado cuyo título reza: De la mujer alimentada con ponzoña que tendría que haber emponzoñado a Alejandro.

El sentido general de los siete libros que componen este extenso tratado es poner al descubierto algunas presumibles verdades comunes que merced a un trabajo de investigación, razonamiento y argumentación se pretenden evidenciar como errores validados por el vulgo.

La referencia a la mujer veneno es apenas un párrafo dentro de un mínimo apartado en el que habla de ciertos venenos. Apenas un mínimo fragmento en el mar de esta amplísima obra que es Pseudodoxia Epidemica. Baste señalar que El Séptimo Libro [tocante a muchas creencias históricas generalmente aceptadas, y algunas deducidas de la historia de la Sagrada Escritura] consta de 19 capítulos sumamente variados entre sí. Dentro de este panorama, el capítulo XVII es, a su vez, una miscelánea, que entre sus muchos temas toca, en dos apartados, asuntos relacionados con la ponzoña.

A continuación ofrezco la traducción del párrafo, tomado de la versión electrónica de la Universidad de Chicago, cotejada y corregida con la versión impresa y publicada en 1964, editada por Geoffrey Keynes, The University of Chicago Press, la cual tuve ocasión de fotocopiar personalmente en una biblioteca pública de la ciudad de Los Ángeles en 1998: 10

El relato que se cuenta sobre un Rey de la India que envió a Alejandro una mujer alimentada con acónito y otros venenos, con la intención de que, ya fuera por el aliento o por copulación, lo destruyera. Por mi parte, aunque este bosquejo fuese verdadero, yo habría dudado de su éxito. Aunque sea posible que los venenos puedan encontrar la temperatura en la que se logren transformar en alimentos, y nosotros observemos de ciertas aves domésticas que se alimentan de peces y de otras que se alimentan de ajo y de cebollas, que los alimentos simples no son siempre mezclados más allá de sus cualidades vegetales; y por lo tanto, aún después de su transformación carnal, los venenos pueden conservar alguna porción de su naturaleza; con todo ellos, son tan refractarios, ceñidos y sumisos como para no hacer efectivas sus primeras y destructivas condiciones malignas (La traducción es mía).

Como se aprecia, para Browne es un error vulgar creer que una mujer alimentada con venenos se convierta a su vez en un ser ponzoñoso y letal, pues considera que otras circunstancias intervienen tras ingerir tales substancias, la forma en que los venenos se digieren y transforman al interior de cada organismo vivo es variable. Por tanto, duda de la efectividad de la supuesta mujer veneno. Estudia el caso desde una perspectiva científica, la analiza desde un punto de vista médico, con apego a una lógica pragmática y biológica. No piensa Browne en la mujer veneno desde una perspectiva simbólica, tampoco se refiere al valor histórico del caso y, menos aún, a su contenido literario.

De hecho, sólo las primeras líneas, aquellas en las que sintetiza el error del vulgo, o sea, el mito o la leyenda, son las que interesan a Hawthorne, quien sí les confiere un valor literario al poner el mito en boca de Baglioni y usar el pasaje como estímulo para alertar al joven Giovanni sobre los peligros que le pueden representar su evidente relación amorosa con la hija de Rappaccini.

El mito de la mujer veneno cobra en Hawthorne un nivel propiamente literario, es un “cuento maravilloso”, según Baglioni. Cobra también un tono poético, romántico, simbólico; más allá de las connotaciones meramente científicas: “Con ese rico perfume de su aliento ella envenenaba el aire mismo. Su amor hubiera sido veneno, su abrazo, muerte.”

Estoy de acuerdo con Octavio Paz en cuanto a la permanencia y mutabilidad del mito en sus niveles simbólicos y literarios. Incluso el arte escénico, a pesar de su carácter efímero, logra a través de la representación, una forma viva de trascendencia y mutabilidad. Otro tanto ocurre en el terreno de las artes visuales.

Me voy a permitir dar un salto hasta finales del siglo XX para señalar que, una variación de este mismo mito ha sido llevado a la pantalla grande en una producción de la Warner Bros. Pictures (¿quién lo hubiera pensado en 1646 o en 1846?), en una de las versiones de Batman, el hombre murciélago, aquella filmada en el año 1997, bajo el título de Batman & Robin, y en la que estos héroes combaten contra el despiadadamente frío Dr. Ice, encarnado por Arnold Schwarzenegger, un romántico científico obsesionado por la mortal enfermedad de su esposa, a quien mantiene congelada, mientras busca la cura para salvarla; en este contexto de héroes y ciencia ficción, aparece del lado de los villanos, otro personaje que sin duda reencarna a la mujer veneno: se trata de la “Hiedra venenosa”, personificada por la actriz Uma Thurman. En efecto, su aliento enturbia el pensamiento de los hombres, su beso es letal. El mito está ahí, vigente, en un juego de muerte y seducción. Valga pues el salto al mundo del celuloide como mera ejemplificación de la permanencia y actualización del mito, que viaja desde el comic hasta la pantalla.

No obstante, el peso que la mujer-veneno tiene en las obras de Paz y Hawthorne no es comparable con el lugar que éste guarda en los otros textos referidos por Paz. El estudio comparativo que tiene amplia pertinencia es, pues, el de estos dos textos homónimos. Las otras fuentes a las que remite Paz en este curioso recorrido al que invita en su comentario publicado en la cuarta de forros, recuperan algún pasaje en el que se refiere la anécdota de la mujer alimentada con veneno desde su más tierna infancia, que bien puede ser entendido en sentido amplio como el mito de la mujer veneno, pero son meros pasajes o comentarios que pertenecen a obras cuyos textos, en su sentido general, en su intencionalidad, en su búsqueda y en su contexto, están muy alejados de ambas versiones de La hija de Rappaccini

Tal y como se puede apreciar en el pasaje traducido unos párrafos atrás del texto de Browne, al autor le interesa cuestionar el mito y exponer sus posibles debilidades como presunta verdad. Su inquisición lo lleva a dudar sobre la veracidad de tan generalizada creencia; la reflexión se proyecta sobre las características de los venenos y sus posibles antídotos, sobre la forma en que los seres humanos y otros seres pueden asimilar estas substancias en principio nocivas. Existe en la “inquisición” de Browne, un mundo botánico que encuentra interesantes resonancias a lo largo del cuento de Hawthorne.

De igual forma, estas resonancias se hacen presentes en el texto de Paz quien, a diferencia de Hawthorne, dedica un pasaje entero a nombrar (con sabiduría de botánico) muchas de las plantas venenosas que habitan el jardín artificial de Rappaccini. Para Sir Thomas Browne, el mito de la mujer veneno es apenas un minúsculo pasaje en su vasta obra, uno más de los muchísimos errores aceptados como verdades por el vulgo, apenas uno más.

Al respecto, existe una respuesta directa al texto de Browne, de la cual no hace mención alguna Octavio Paz, pero que está consignada en la traducción de Daniel Weissbein, se trata de otro vasto tratado, escrito éste por Alexander Ross, el asunto que aquí nos ocupa es referido en Arcana Microcosmi II/IV.

El traductor nos ofrece la referencia completa en la cita seis de la biografía:

Se llama Arcana Microcosmi: or the Hid Secrets of Man´s Body Disclosed… with a refutation of Doctor Browne´s Vulgar Errors, and the Ancient Opinions vindicated [Arcanos del microcosmos: o Los escondidos secretos del cuerpo del hombre revelados… con una refutación de los errores vulgares del Dr. Browne, y una vindicación de las opiniones de la antigüedad] y apareció en 1651 (Browne: 1994,307).

En la versión electrónica de la Universidad de Chicago aparece una diferencia de un año sobre el dato que ofrece Weisbein (1652) Arcana Microcosmi, Book II, Chapter 4, pp. 111-116. Es pertinente para este trabajo, traducir el párrafo que corresponde a la parte tercera de dicho capítulo, aquel que toca lo referente a los venenos:

Capítulo 4
III. De que algunos pueden tomar veneno sin que les dañe, como en la historia de Mitrídates quien no podía ser envenenado.
Profecit poto Mithridates sape veneno,
Toxica népossint sava nocere sibi.
Esta historia es confirmada por Pliny, Gellius, Coelius y otros. Es la historia del hijo del Rey de Cambaia, que por alimentarse constantemente con veneno tenía tan envenenado su cuerpo, que las pulgas que sorbían su sangre al tragarla, morían. Solinus hablaba de unas personas llamadas Ophyophagi, porque se alimentaban de serpientes.

Avicenna hablaba de uno en su tiempo, cuyo cuerpo era tan venenoso, que todo cuanto tocaba moría. Yo he leído también en Aristóteles, sobre una doncella que había sido alimentada con veneno. Tal historia es mencionada por Avicen. Alb. Magnus hablaba sobre una doncella que disfrutaba comer arañas. S. Augustine (de morib. Mon. S. 2. C. 8.) hablaba de una mujer que bebía veneno sin dolor. Muchos otros ejemplos podrían ser mencionados pero éstos pueden ser suficientes para dejarnos ver, que ya sea por arte o naturaleza, la constitución del hombre puede ser fortalecida contra el grado de malignidad del veneno, así como otros animales que se alimentan con veneno; tal y como las cobras lo hacen con los escorpiones, estorninos con cicuta, patos con guasarapos, perdices con eléboro, aves de corral y monos con arañas (...).

Más adelante, Ross refuta el argumento de Brown:

Además, las complexiones de los hombres varían acorde con su edad, así, lo que puede ser venenoso en un tiempo, puede no serlo en otro. Aquellos que no podían aceptar queso en su juventud, pueden comerlo con la edad: Vemos también como la costumbre se convierte en otra naturaleza: para los hombres del norte al principio, los climas cálidos les resulta perniciosos, pero después, por hábito, les resultan familiares y naturales: Por tanto Dr. Browne (Libro7,c 17. ) no tiene razón para rechazar la historia de un rey de la India, que envió a Alejandro una hermosa mujer alimentada con veneno, con el propósito de destruirlo por el aliento o la copulación; porque dice él, que el veneno después de su transformación carnal, es tan refractario, como para no hacer efectivas sus primarias y destructivas malignidades. Yo contesto, aquellos no son tan refractarios, sino que dejan atrás de ellos en la carne, una calidad e impresión venenosa, pues la comida ordinaria que ingerimos, si no es dominada por el estómago, sino por alguna forma de reacción (for omne agens naturale in agendo repatitur) altera el cuerpo; mucho más los venenos, los cuales son más activos [Ross:1652; Book II,cap.4,la traducción es mía]. 11

Espero el lector no encuentre en extremo fatigoso este recorrido por todo un mapa alterno de referencias en el que se convierte el argumento de respuesta con el que Alexander Ross pretende refutar a Sir Thomas Browne. La cita ha sido extensa porque el referido pasaje no se encuentra traducido al español y es de difícil consulta. El tema aparece ampliado, no se trata únicamente del posible caso de la mujer veneno, asunto en el que se centra la ruta de relaciones de textos descrita por Octavio Paz, sino de una reflexión sobre ciertas posibles cualidades de los venenos en su relación con los hombres, con las plantas y con otros animales entre sí. Referencias textuales que nos llevan a otros autores anteriores a la era cristiana, siglos y lugares antiguos y diversos. Refutación que contempla no sólo el pasaje de la mujer veneno, sino el capítulo inmediatamente anterior de Browne en el que también se refiere a los venenos.

El ingerir veneno y la posible generación de una inmunidad ante los venenos, es una cuestión central en la búsqueda “científica” que lleva a Rappaccini a experimentar con su propia hija. Una búsqueda propia más bien de un alquimista. La búsqueda por la vida eterna, el sueño de los hombres de alcanzar la inmortalidad. Y un camino no carente de sentido en estas inquisiciones es el que emprende el trasgresor Rappaccini: inyectar porciones de muerte en la vida para prolongar la vida misma. Es un principio vigente en las prácticas médicas. El delicado equilibrio que se establece entre dos mitades opuestas de una misma esfera: vida y muerte o muerte y vida, condición fundamental a la existencia humana, rasgo constitutivo de los seres humanos, su inherente condición de seres mortales, temporales, efímeros. La condición de vida de los hombres es, al mismo tiempo, su condición de muerte. Una y otra se definen y cobran sentido por su contrario. Este girar de las dos mitades de la esfera está muy presente en ambas versiones de La hija de Rappaccini y, desde luego, es una de las búsquedas poéticas manifiestas más trabajadas por Octavio Paz en El arco y la lira.

El texto de Browne y la respuesta de Ross nos alcanzan para tener una amplia panorámica del vastísimo escenario de polémicas en el que se podría entrar al pretender profundizar en las muchas referencias en las que apoyan su argumentación. Otra forma de generar inagotables palimpsestos.
La búsqueda de las otras fuentes nos llevaría hacia Aristóteles y San Agustín, entre otros caminos. Así como a revisar la historia de Mitrídates, la del Rey Porus o algunas de las hazañas de Alejandro el Magno como conquistador. Desde otro ángulo, cabe señalar que los autores de ambos tratados, Browne y Ross, acusan un rasgo singular que los distingue de los textos de Hawthorne y Paz, ello consiste en una pretensión de “verdad” que mueve a sus autores. Por su parte, el cuento y la versión teatral se presentan como ficciones, su intencionalidad es otra.

En el inicio del pasaje de Ross, aparece un dato adicional de importancia por su connotación histórica: ya no se habla de la historia de un Rey de la India, sino de la historia del hijo del Rey de Cambaia (Camboya), quien por haberse alimentado con venenos, se había convertido en un ser ponzoñoso. Entiendo se refiere a uno de los Mitrídates, nombre de varios príncipes y soberanos de las épocas griegas y romanas.

Mitrídates VI Eupátor, llamado el Grande (c.163 Panticapea 63 a. J. C.), rey del Ponto [111-63 a. De J. C.] El último y más importante soberano del reino del Ponto. Luchó contra la dominación romana en Asia: sus tres guerras (88-85, 83-81 y 74-66) acabaron en fracaso. Monarca culto, era proverbial su inmunidad a los venenos (El pequeño Larousse Ilustrado, 2001:1523).

La historia no es ajena al texto Pesuedodoxia Epidemica de Thomas Brown, ya que la refiere en el
final del apartado anterior al aquí traducido, que también refiere a ciertos pasajes en los que se dan por verdaderas algunas historias de inmunidad a los venenos y ciertos alimentos considerados como nocivos para la salud. Browne se muestra escéptico al respecto y señala: 12

“(...) nosotros dudamos de la historia, y no esperaríamos tal éxito con la dieta de Mitrídates” (Pseudodoxia Epidemica: Book 7 ch. XVII, 3, la traducción es mía).

De regreso al mencionado paratexto de Octavio Paz, que da lugar a toda esta búsqueda de transtextualidades leemos:

(...) El tema de la doncella convertida en viviente frasco de ponzoña es popular en la literatura india y aparece en los puranas. De la India pasó a Occidente y, cristianizado, figura en la gesta Romanorum y en otros textos” (Paz: 1998,4ª de forros).

La Dra. Lynda Hoffman-Jeep, de la Millikin University, en Decatur Illinois, se ha interesado desde hace varios años en el estudio del motivo de la joven doncella convertida en un ser de ponzoña. Ella se ha aproximado al tema desde diversas ópticas, siendo una de las más atractivas la que vincula a la mujer veneno con relación a uno de los sentidos: el olfato.

Publica en 1996, un artículo en el que retoma el mito de la mujer veneno en función de una marca comercial de perfume creada por la casa Christian Dior llamado: Poison. En las primeras páginas encontramos algunas líneas que resultan de lo más pertinentes en este recorrido por los diversos palimpsestos de la bella venenosa: 13

Aproximadamente seiscientos años después de haberse escrito “El Sello del Anillo”, la doncella venenosa aparece en la literatura europea en una colección de la supuesta correspondencia secreta entre Alejandro el Grande y su tutor Aristóteles que ha sido recopilada en el Secretum Secretorum [Manzalaoui 1977:45-46] (La traducción es mía).

Comenta Hoffman-Jeep que el Secretum Secretorum se tradujo en muchas lenguas, existiendo gran variedad de versiones y convirtiéndose en uno de los textos más leídos en la Europa de la Edad Media. La autora se refiere a los años cercanos al 1200 de la era cristiana. De hecho refiere a la que sería la primera traducción en prosa directa del latín al alemán, la cual realizada por Hiltgart von Hürnheim, una monja, en el año 1282. De la edición alemana realizada por Reinhold MSller en 1963, Hoffman-Jeep ofrece una traducción al inglés en su referido artículo, de la cual hago lo propio al español: 14

Oh, Alejandro, recuerda la hazaña de la Reina de la India, cómo ella te envió muchos y hermosos objetos bajo la apariencia de una amistad. Entre ellos estaba aquella maravillosamente bella doncella quien había sido alimentada con veneno de serpiente desde su niñez, de tal suerte que su naturaleza se había transformado en la naturaleza misma de las serpientes (La traducción es mía).

De tal suerte que esta recopilación de textos sería un antecedente importante de recuperación del mito y permanencia del mismo hasta su aparición en las gestas romanas: 15

La historia del encuentro entre Alejandro y la doncella venenosa fue también recopilada en la colección de fábulas, anécdotas y relatos en latín que aparecen por primera vez en 1473 bajo el título de Gesta Romanorum (La traducción es mía).

Señala Hoffman-Jeep que aunque los orígenes de la Gesta Romanorum permanecen inciertos, la obra fue traducida muchas veces en distintas lenguas, dando como dato el que durante la época de Shakespeare circulaban al menos unas siete ediciones de la misma. La autora refiere a la edición de Charles Swan16 del año 1972.

(...) En la Gesta Romanorum la doncella venenosa “era considerada tan hermosa que una sola mirada de ella podía afectar con la locura a muchos” [Swan 1871:44] (La traducción es mía).

De acuerdo con Hoffman-Jeep, la lógica cristiana trastoca y matiza el mito de la doncella venenosa. Ella se presenta ahora como alimentada con veneno desde su más tierna infancia por su propia madre, una reina de la India, para ser ofrecida como un arma mortal al enemigo. Alejandro representa a un cristiano ejemplar quien es advertido por su maestro Aristóteles de los riesgos de dejarse llevar por sus pasiones sin escuchar el dictado de la prudente razón.

El mito permanece, trasciende, pero muestra movilidad. No es una anécdota estática, sino un organismo vivo en constante transformación. Cada uno de estos nuevos matices, nuevas versiones, le confieren vigencia.

El recorrido histórico que realiza Octavio Paz en su comentario sigue así:

En el siglo XVII, Burton recoge el cuento en The Anatomy of Melancholy y le da un carácter histórico: Porus envía a Alejandro una muchacha repleta de veneno. Thomas Browne repite la historia: “Un rey indio envió a Alejandro una hermosa muchacha alimentada con acónito y otros venenos, con la intención de destruirlo, fuese por medio de la copulación o por otro contacto físico”. Browne fue la fuente de Hawthorne (Paz: 1998,4ª de forros).

Conviene recordar de manera sucinta algunos de estos referentes históricos:

Póros, nombre griego (en latín Porus) dado al rey indio Apuraba (+ c.317 a. J. C.) vencido por Alejandro (326). (El pequeño Larousse Ilustrado, 2001:1605).

Alejandro Magno (Pela, Macedonia, 356 -Babilonia 323 a. de J. C.), Rey de Macedonia,[326-323], hijo de Filipo II y de Olimpia. Discípulo de Aristóteles, sometió a la Grecia rebelde, se hizo nombrar jefe de los griegos contra los persas y atravesó el Helesponto. Venció a las tropas de Darío III en el Gránico (333), y ocupó Tiro y Egipto. Fundó Alejandría y más tarde atravesando el Eúfrates y el Tigris derrotó a los persas entre Gaugamela y Arbelas (331). Se apoderó de Babilonia y Susa, quemó Parsa (persépolis) y alcanzó el Indo (El pequeño Larousse Ilustrado, 2001:1089).

Existe una versión al español que recupera una selección de pasajes y capítulos de la famosa obra
“The Anatomy of Melancholy” publicada por Espasa Calpe (Colección Austral) en 1947; la traducción es de Antonio Portnoy. Dicha selección incluye el pasaje que nos concierne, como uno de los que configuran el apartado titulado Causas particulares (no congénitas) de la Melancolía, lleva por subtítulo: La mala alimentación.

En este apartado Burton discurre sobre los diferentes hábitos alimenticios y costumbres que pueden resultar nocivos o tolerables según los climas y las culturas. Algunas páginas después se
ocupan del pasaje en cuestión:

Mitrídates bebía veneno sin sentir molestia alguna, como resultado de un hábito ligeramente arraigado, que Plinio menciona como hecho maravilloso. Igualmente Curtius se refiere a una doncella, enviada por el rey Poro al gran conquistador Alejandro de Macedonia, la cual se había acostumbrado a ingerir dosis de veneno desde su más tierna infancia. Los turcos —dice Belloni— beben opio en cantidad mucho mayor que la suficiente para causar la muerte a cualquier otro europeo (Burton: 1947,103).

El caso de Mitrídates participa de una fuente primordial: la posibilidad de que un ser humano se alimente con venenos sin que estos le causen la muerte. Esta cuestión es medular tanto en Paz como en Hawthorne. Mitrídates es hombre. Beatriz no fue enviada a nadie para procurar su muerte. Beatriz vive en un jardín interior que es una suerte de isla artificial. Las circunstancias son distintas pero, como puede observarse, las fuentes viajan siglos atrás de la era cristiana y se pierden en las más antiguas tradiciones orales.

Regresemos a La hija de Rappaccini. En el prólogo de su cuento, Hawthorne refiere a un dudoso texto titulado Beatriz o la bella ponzoñosa. Un guiño por demás ingenioso para el lector. En el terreno de las intertextualidades, Hawthorne presenta un falso prólogo que es más bien un juguete literario en el que el autor se autopresenta al lector de habla inglesa, como si su obra fuera la traducción de los trabajos de un escritor francés de apellido Aubépine, es decir, Espino o Espinosa, o sea, Hawthorne en inglés. El nombre del autor pertenece al reino vegetal. Así pues, el Sr. Espino presenta como ya escrita en otra lengua, una obra narrativa que, con esta argucia, aparece introducida por primera vez al público de letras inglesas.

Transtextualidades, palimpsestos, un falso texto que de facto funciona como verdadero texto introductorio sobre un cuento jamás escrito en francés por un tal Aubépine, que en realidad es nuestro Hawthorne. Argucias, divertimentos, estrategias y contrasentidos temporales. Es el mismo procedimiento que años más tarde empleara con frecuencia Jorge Luis Borges para introducir sus cuentos. Párrafos eruditos, llenos de datos y de información enciclopédica que igual generan una atmósfera de incertezas respaldada en vastas referencias históricas y abrumadoras referencias bibliotecarias. Por distintos caminos volvemos a Borges, los laberintos suelen tener pasadizos que confluyen reiteradamente.

En este punto coincidimos con Daniel Weissben quien ha tenido el acierto de dedicar un apéndice entero a precisar algunos de los nexos e influencias de la obra de Browne en el escritor sudamericano. Me refiero al Apéndice E que aparece al final de la versión al español de la obra Sobre Errores Vulgares y lleva por título: Borges: admirador, traductor, expositor y parodista de Browne. El lector interesado podrá encontrar en esas páginas un rastreo minucioso de las referencias, influencias, y simpatías que el lector sudamericano dedica a Sir Thomas Browne a lo largo de toda su obra.

 Pero las coincidencias entre estos autores es muy afortunada en otros sentidos. Justamente tanto Browne como Hawthorne merecen un escrito individual en las obras completas del escritor argentino. Otras inquisiciones, título de la obra de Borges, escrita en 1952, es en cierto sentido un reconocimiento explícito al trabajo de inquisición realizado por Browne. Así, al final de su e x p l o r a c i ó n p o r e l c a m i n o d e l a s transtextualidades, Gérard Genette confiesa:

Esta duplicidad de objeto, en el orden de las relaciones textuales, puede representarse mediante la vieja imagen del palimpsesto, en la que se ve, sobre el mismo pergamino, como un texto se superpone a otro al que no oculta del todo sino que lo deja ver por transparencia. Pastiche y parodia, se ha dicho justamente, “designan la literatura como palimpsesto: esto debe entenderse más generalmente de todo hipertexto, como ya Borges lo decía acerca de la relación entre el texto y sus “avant-textes” (Genette: 1989,495).

Unas líneas más abajo se lee una cita a la que llama Genette en el texto anterior y que resulta, para el caso, igualmente oportuna:

“He reflexionado que es lícito ver en el Quijote ´final ´una especie de palimpsesto, en el que deben traslucirse los rastros —tenues, pero no indescifrables— de la previa escritura de nuestro amigo” [Ficciones, p.58; se trata evidentemente de nuestro amigo, y colega, Pierre Ménard] (Genette: 1989,495).

En el referido texto, Borges lleva el juego de las hipertextualidades hasta uno de sus límites, un ejercicio en el que Menard reescribe literalmente a Cervantes, y sin embargo, el texto es otro, porque el lector y el escritor son otros.

Al final de su vigoroso ejercicio de literatura en segundo grado, Gérard Genette premia al lector con algunas confesiones gratificantes:

Por mi parte, quizá, confesar lo que más de uno habrá adivinado desde hace tiempo: que este libro —no Finnegans Wake, sino el que has decidido, infatigable lector, tener entre tus manos— no es otra cosa que la transcripción fiel de una pesadilla no menos fiel, ella misma salida de una lectura apresurada y, me temo, fragmentaria, a la luz sospechosa de algunas páginas de Borges, de no sé qué Diccionario de las Obras de todos los Tiempos y de todos los Países (Genette: 1989,489).

De modo que este ejercicio “lúdico” y “lúcido” de hacer una literatura que en nomenclatura de Genette constituye los hipertextos, tablas atrás cala hondo en las letras de Borges:

El hipertexto es una mezcla indefinible, e imprevisible en el detalle, de seriedad y de juego (de lúcido y lúdico), de producción intelectual y de divertimento (Genette: 1989,496).

Y es en este punto donde me parece cobra sentido no sólo para Genette, sino para el investigador, para el lector, para el estudioso serio, para el hombre curioso, para la gente de teatro, en suma, para el otro que hace posible el circuito virtuoso e inagotable de la recreación, sacrificar tinta y vista en aras de compartir letras, circunstancias y realidades vitales.

La literatura es comprendida por Genette a la manera de Borges, como el ruiseñor de Yeats, como una voz que es a la vez toda las voces, la esfera de Pascal, todos los tiempos y todos los espacios juntos, la historia de la literatura enunciada como la historia de las distintas entonaciones que cobran unas pocas metáforas fundamentales, pocas, pero inagotables; la literatura comprendida como un solo libro infinito escrito por todos los hombres en todos los espacios y todos los tiempos posibles. Y claro, un libro leído en todas las lenguas por todos los lectores posibles.

La Beatriz de Paz y la Beatriz de Hawthorne, la doncella de Browne y la doncella de Burton; y aquella supuesta Beatriz que alguna vez fue enviada para conquistar al conquistador, son variaciones de una gran metáfora: inquisiciones, ensayos, errores, ejercicios, recreaciones, presentes...

A la realidad del texto teatral corresponde un infinito de posibilidades de representación en las que se convierte toda cristalización lograda de una puesta en escena. La inagotable gama de matices y variantes posibles de representación encuentran una encarnación concreta y cambiante a su vez, cada instante que en un aquí y ahora la representación cobra vida ante la mirada milagrosa del indispensable espectador, de los otros, de nosotros... vez por vez, en el incesante movimiento de las cambiantes caras de la esfera.
 


BIBLIOGRAFÍA

BORGES, Jorge Luis, (1974): Obras Completas, EMECE. Buenos Aires.

BURTON, Robert, (1974): The Anatomy of Melancholy, Espasa Calpe (Colección Austral), traducción de Antonio Portnoy.

CARBALLIDO, Emilio, (1971): Crónica de un estreno remoto, Revista Iberoamericana, v. 37, núm. 74 (enero-marzo).

CHÁVARRI, Raúl, (1979): Fantasías, mitos, símbolos y poéticas en el teatro de O. P., Cuadernos Hispanoamericanos, num. 343-345 (enero-marzo).

DAUSTER, Frank, (1979): La hija de Rappaccini: dos visiones de la fantasía. Revista Tramoya número 16 (julio-septiembre).

DE PALMA, Daniel, (2001): Upanisads. Siruela, Madrid, (1ª ed. 1995), 3ª ed.

FÉRAL, Josette, (1988): La teatralidad. Investigación sobre la especificidad del lenguaje teatral, (Traducción de Francisco Beverido Duhalt, 1997). Poetique núm. 75. Francia.

GENETTE, Gérard, (1989): Palimpsestos, Taurus, Madrid.

GRAVES Robert, (1989): Los mitos griegos,(2 vols.), Alianza Editorial, México.

GUTIÉRREZ VEGA, Hugo, (1998): en Bazar de Asombros, Domingo 26 de abril, La Jornada.

UNGER, Roni, (1981): Poesía en voz alta in the theather of Mexico, University of Missouri Press, Columbia London.

LAL. P., (1964): Great Sanskrit Plays (In modern
Translation) , A New Directions Book (1957), Tercera edición.

HAWTHORNE, Nathaniel, (1987): Nathaniel Hawthorne´s Tales Edited by James McIntosh. University of Michigan. A Norton Critical Edition.

HOFFMAN-JEEP Lynda, (1996): Plotting a
Misogynistic Path to Christian Dior´s Poison, Wester
Folkor 55 (Fall):281-296.

MARTÍNEZ, José Luis, DOMÍNGUEZ MICHAEL, Christopher,(1985): Literatura mexicana del siglo XX, CNCA, México.

ORENSTEIN, FEMAN Gloria, (1975): A new surrealist mythology: O.P. Julio Cortázar, Teófilo
Cid. En The theatre of the marvelous: Surrealism and the Contemporary Stage. New York: New York
University Press.

PAZ, Octavio, La hija de Rappaccini (1990): Ediciones Era, México.
Obras completas. Vol.11, F. C. E. México.
El arco y la lira. F. C. E., México, 1956.
La estación violenta, F. C. E.
Lecturas mexicanas 42, 1958, Segunda reimpresión, 1982 (“El Cántaro roto”) 48-55 (“Piedra de Sol”) 56-83.

QUIRARTE, Vicente, (1993): Peces del aire altísimo. UNAM, El equilibrista, México.

ROSS, Alexander, (1951): Arcana Microcosmi, 2ª ed, Versión electrónica Universidad de Chicago.

UBERRSFELD, Anne, (1989): Semiótica teatral, Ediciones Cátedra, España.

VERANI, Hugo, (1983): Octavio Paz: bibliografía crítica, UNAM, México.
200

OBRAS DE CONSULTA

BERISTÁIN, Helena, (1985): Diccionario de retórica y poética, Porrúa, México.

CIRLOT, Juan Eduardo, (1988): Diccionario de símbolos, Barcelona, Ed. Labor.

CUSATELLI Giorgio y otros. Dizionario Garzanti della lingua italiana, Garzanti editori, Italia, ( XXI ed.1982).

(2000): Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española. (Vigésima primera edición), Espasa Calpe, España.

(1972): Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado (en ocho tomos),Reader's Digest, México.

(1987): Longman Dictionary of Contemporary English, 1978, Reprinted with corrections, Peprinted.

(2000): Pequeño Larousse Ilustrado, Ediciones Larousse, Colombia.

SECO, Manuel, (1996): Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española. Espasa-Calpe. Madrid, (4ª Reimp. México 1997).

Simon and SCHUSTER´s International Dictionary, N.Y. U.S.A. Tana de Gámez. Editor in Chief.

DIRECCIONES ELECTRÓNICAS

www.ivestindia.com www.indianworld.co.in www.indianest.com www.uchicago.edu
Www.jornada.unam.mx

* Complemento a la nota 9 de la presente edición: Chapter 4
III. That some can take poison without hurt, is plain by the story of Mithridates, who could not be poisoned. Profecit poto Mithridates sxpe veneno,
Toxica né possint sxva nocere sibi.
This story is confirmed by Pliny, Gellius, Cxlius, and others. There is a story of the King of Cambaia's son, who by constant eating of poison, he had so invenomed his body, that the Flies which suckt his blood swelled and died. Solinus speak of a people called Ophyophagi, because they fed on serpents. Avicenna speaks of one in his time, whose body was so venomous, that whatsoever touched it died. I have read also in Aristotle, of a Maid who was nourished with poison. The like story is mentioned by Avicen. Alb. Magnus speaks of a Maid who delighted to eat Spiders. S. Augustine (de morib. Mon. S. 2. c. 8.) speaks of a woman who drank poison without hurt. Many other examples there may be alledged; but these may sufice to let us see, that either by Art or Nature men´s constitutions may be fortified against the malignity of poison, as well as other animals which feed upon poison, as Vipers do upon Scorpions, Stares on Hemplock, Ducks on Toads, Quails on Hellebor, Poultry and Monkies on Spiders. (…) Besides, men's complexions according to their ages doe vary, so that what hath been poisonable at one time, is not at another. Thus some that could not abide cheese in their youth, have eaten it in their age: We see also how costume becomes another nature: for hot Climates to Northern men at first, prove pernicious, but afterward by costume become familiar and natural: Therefore Dr. Browne (Book 7. c. 17.) hath no reason to reject that story of the Indian King, that sent unto Alexander a fair woman fed with poison, purposely to destroy him by breath or copulation; because saith he, that poisons after carnal conversion, are so refracted, as not to make good their first and destructive malignity. I answer, They are not so refracted, but that they leave behind them in the flesh, a venomous impression and quality: For if the ordinary food we take, is not so mastered by the stomach, but that by way of reaction (for omne agens naturale in agendo repatitur) it alters the body; much more must poisons, which are more active, [Ross: 1652; BookII,cap.4]
 


1 Ponencia presentada en el III Encuentro Nacional de Historia del Arte, efectuado en Morelia, Michoacán, en octubre de 2004.

2 Catedrático en la licenciatura en Historia del Arte de la Universidad Cristóbal Colón y Director del Centro Cultural Casa Principal, en la ciudad de Veracruz.

3 Ver en el sitio www.indianest.com

4 After a time Rakshasa sent to Chandragupta a beautiful maiden, who had secret orders to poison the king, but Chanakya deceived her and made her poison Parvataka instead. By this means that he foiled Rakshasa and, at the same time, rid himself to his troublesome barbarian ally. (Kincaid, Tales from the indian drama: wwwinvestindia.com).

5 In any case, the rasa of The Signet Ring is one which the fair sex is not expected to be concerned with; this not only explains why female roles are excluded, but helps in understanding why the story is so sinuously developed, why so much “brainy” dialogue takes place, why poison girls, spies, and other scoundrels are given what looks like honorable mention, (Lal: 1964, 191).

6 (...). The plan´s in motion, and we can only wait to see how it works. First we ewmovwd Parvataka, by getting him to sleep with a poison girl, and the blame got put on Rakshasa (...) (Lal: 1964,196).

7 CHANAKYA: Sarngarava!
SARGNARAVA enters.
Have the following announcement proclaimed throughout the city by Kalapasika and Dandapasika: “In the name of His Majesty Chandragupta, the Jain Monk Jivasiddhi, who on orders from Rakshasa murdered Parvataka with the help pf a poison girl, is hereby disgraced and exiled from the city, after he has publicly confessed his crime” (Lal: 1964, 201).

8 “I have been reading an old classic author lately”, said he, and met with a story that strangely interested me. Possibly you may remembered it. It is of an Indian prince, who sent a beautiful woman as a present to Alexander the Great. She was as lovely as the dawn and gorgeous as the sunset; but what especially distinguished her was a certain rich perfume in her breath richer than a garden of Persian roses. Alexander, as was natural to a youthful conqueror, fell in love at first sight with this magnificent stranger; but a certain sage physician, happening to be present, discovered a terrible secret in regard to her.”
“And what was that?” asked Giovanni, turning his eyes downward to avoid those of the professor.
“That this lovely woman,” continued Baglioni, with emphasis, “had been nourished with poisons from her birth upward, until her whole nature was so imbued with them that she herself had become the deadliest poison in existence. Poison was her element of life. With that rich perfume of her breath she blasted the very air. Her love would have been poison her embrace death. Is not this a marvelous tale?” (Hawthorne: 1987,202).

9 Hawthorne met with the story in Sir Thomas Browne's Vulgar Errors (1646), an “old classic” for New England readers, (Hawthorne: 1987,202).

10 A story there passeth of an Indian King, that sent unto Alexander a faire woman fed with Aconites and other poysons, with this intent, either by converse or copulation complexionally to destroy him. For my part, although the designs were true, I should have doubted the success. For, though it be possible that poysons may meet with tempers whereto they may become Aliments, and we observe from fowls that feed on fishes, and others fed with garlick and onyons, that simple aliments are not always concocted beyond their vegetable qualities; and therefore that even after carnal conversion, poysons may yet retain some portion of their natures; yet are they so refracted, cicurated, and subdued, as not to make good their first and destructive malignities, (Browne: 1964, Vol II, cap.XVII,537).

11 El texto completo en inglés podrá consultarse al final, para no fraccionar en exceso el presente capítulo.

12 “(...) we doubt the story, and expect not such success from the diet oh Mithridates” (Pseudodoxia Epidemica: Book 7 ch. XVII, 3, p.537)

13 Approximately six hundred years after the composition of “The Minister´s Seal,” the poisonous maiden appears in European literature in a collection of the allegedly secret correspondence between Alexander the Great and his mentor Aristotle that has been compiled in the Secretum Secretorum [Manzalaoui 1977:45-46] (Hofman-Jeep:1996,283-284).

14 Oh Alexander, remember the deed of the Indian queen, how she send you many beautiful gifts under the guise of friendship. Among them was the wonderfully beautiful maiden who had been fed with snake venom since childhood, so that her nature had been transformed into the nature of snakes, [Máller 1963:53-55], (Hoffman-Jeep: 1996,284).

15 The story of the encounter between Alexander and the poison maiden was also taken up in a collection of anecdotes, fables, and stories in Latin
that appeared for the first time in 1473 under the tittle Gesta Romanorum, [Swan 1871:vol,44-46], (Hoffman-Jeep: 1996,285).

16 (...) In the Gesta Romanorum the poisonus maiden “was considered so beautiful, that the sight of her alone afected many with madness”,
[Swan 1871:44], (Hofman-Jeep: 1996,285).
 


Nota Importante a Leer:

Los comentarios al artículo son responsabilidad exclusiva del remitente.

Si necesita algún tipo de información referente al artículo póngase en contacto con el email suministrado por el autor del artículo al principio del mismo.

Un comentario no es más que un simple medio para comunicar su opinión a futuros lectores.

El autor del artículo no está obligado a responder o leer comentarios referentes al artículo.

Al escribir un comentario, debe tener en cuenta que recibirá notificaciones cada vez que alguien escriba un nuevo comentario en este artículo.

Eumed.net se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios que tengan lenguaje inadecuado o agresivo.

Si usted considera que algún comentario de esta página es inadecuado o agresivo, por favor, pulse aquí.

Comentarios sobre este artículo:

No hay ningún comentario para este artículo.

Si lo desea, puede completar este formulario y dejarnos su opinion sobre el artículo. No olvide introducir un email valido para activar su comentario.
(*) Ingresar el texto mostrado en la imagen



(*) Datos obligatorios

 


Editor:
Juan Carlos M. Coll (CV)
ISSN: 1988-5245
EUMEDNET

Inicio
Acerca de ...
Números anteriores
Anuncios y Convocatorias
Otras Revistas de EUMEDNET
Universidad de Málaga > Eumed.net > Revistas > RUCC