ÁNGEL GALARZA GAGO (1892-1966), MINISTRO DE GOBERNACIÓN DE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA, DEL REPUBLICANISMO RADICAL SOCIALISTA AL SOCIALISMO Y AL EXILIO

Fernando Jesús HERNÁNDEZ RUIZ

Resumen: A lo largo del presente artículo nos adentraremos en la figura histórica de Ángel Galarza Gago, un jurista y político del que no se conocen demasiadas cosas salvo que fue Ministro de la Gobernación y Fiscal General de la República. Trataremos de ahondar en su actuación al frente de la Dirección general de Seguridad y, sobre todo, en el desempeño de su misión en el Ministerio, así como ofreceremos igualmente información sobre el papel que llevó a cabo durante el exilio republicano.

Palabras clave: Socialismo, Radicalsocialismo, Izquierda Republicana, Exilio Republicano, Ángel Galarza, Ministerio de la Gobernación.

1. Ángel Galarza Gago y el origen del Partido Republicano Radical Socialista

No es posible iniciar un estudio sobre la figura de Ángel Galarza Gago (Madrid, 4 de noviembre de 1891 – París, 26 de julio de 1966) sin remontarnos a los orígenes del Partido Republicano Radical Socialista. Dicho partido surgió a raíz del estrepitoso pronunciamiento de Sánchez Guerra del año 1929 contra la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, el cual tuvo como desencadenante principal que numerosos miembros de Alianza Republicana, un medio o instrumento creado por diversos partidos políticos para propiciar el establecimiento de la república en España, acabaran en prisión. Entre estos miembros encontramos Ángel Galarza, a Marcelino Domingo Sanjuan y a Benito Artigas, entre otros. Pues bien, Galarza, Domingo y Artigas acordaron fundar un nuevo partido político mientras se encontraban en prisión1, pero no siendo realidad hasta el 14 de Julio de 1929, en el Hotel Calero de Madrid, donde un selecto conjunto de intelectuales de izquierdas, el cual incluía a los personajes anteriormente mencionados, crean el partido político que posteriormente sería conocido como el Partido Republicano Radical Socialista2.

El Partido Republicano Radical Socialista contaba con un ideario más izquierdista que la línea ideológica que seguía el Partido Republicano Radical y la propia Alianza Republicana, de ahí la escisión del Partido Republicano Radical Socialista de dicha plataforma. Según el periodista Luis de Armiñán, era «un partido de cualidades remarcables, de las que su anticlericalismo y el sentido laico del Estado conformaban su médula»3, es decir su principal principio rector y determinante en buena parte de sus planteamientos. En el manifiesto del Partido Republicano Radical Socialista4, suscrito por personalidades como Ángel Galarza, Marcelino Domingo y Lluís Companys Jover (el que luego llegó a ser presidente de la Generalitat de Catalunya), se considera como un «partido de izquierdas republicano..., que no solo proclame lemas republicanos, sino que afirme soluciones republicanas y no sienta en la acción vacilaciones ni veleidades girondinas», por referencia a los diputados del grupo girondino francés, dando la impresión que se ubicaban más en línea jacobina. Además, en dicho manifiesto, recogen que el partido se regirá por la democracia parlamentaria y no por la dictadura del proletariado. En definitiva, buscaban ser un partido socialista pero alejado de la doctrina marxista, y a la vez republicano, laicista y revolucionario.

Junto con el manifiesto mencionado anteriormente, se creó una comisión organizadora compuesta por Ángel Galarza Gago, Álvaro de Albornoz Liminiana, Marcelino Domingo, Benito Artigas Arpón, Juan Botella Asensi, José Salmerón y Félix Gordón Ordás, de la cual emanaron normas de organización del partido y de colaboración con otras fuerzas de corte republicano cuyo fin tuviese el objetivo de establecer una república en España. Resulta importante mencionar que en dichas normas también se recogía la apremiante necesidad de preservar la identidad del partido al margen de cualquier tipo de colaboración sobre todo por lo que pudiera referirse a quienes se habían declarado monárquicos .

A tenor de lo anteriormente dicho, la comisión organizadora, en una nota de prensa en el diario El Sol5, se dirigió a todas las fuerzas de corte izquierdista para converger en dos puntos, el Parlamento y la República.

Nos remontamos ahora al 17 de agosto de 1930, a una reunión que tuvo lugar en San Sebastián, convocada por Alianza Republicana, a la que asistieron representantes de los distintos grupos republicanos, los cuales conspiraban contra la monarquía, y fueron los siguientes6: Fernando Saiain, alcalde de San Sebastián, por Alianza Republicana acudió el viejo republicano Alejandro Lerroux conocido por el mérito de haber hecho todos los exámenes de la carrera de Derecho en un solo día, el 22 de septiembre de 1922, por Izquierda Republicana hizo acto de presencia Manuel Azaña, por el Partido Republicano Radical Socialista se presentaron Ángel Galarza, Marcelino Domingo y Álvaro de Albornoz, por la Derecha Liberal Republicana acudieron Niceto Alcalá Zamora y Miguel Maura, por Acción Catalana vino Manuel Carrasco Formiguera (que generó una actitud nada predispuesta hacia él por parte de Alcalá-Zamora), por Acció Republicana Catalana acudió Macià Mallol Bosch, por Estat Català hizo acto de presencia Jaume Aiguader, por la Federación Republicana Gallega fue Santiago Casares Quiroga y a título personal Indalecio Prieto (del Partido Socialista Obrero Español), el catedrático de Derecho civil de la Universidad Central Felipe Sánchez-Román y Gallifa y Eduardo Ortega y Gasset, hermano del filósofo y que estudió en el Colegio de El Palo de la Compañía de Jesús en Málaga y fue diputado electo en varias ocasiones por el distrito de Coín. No se levantó acta por escrito de los temas que se trataron pero sí quedó constancia de una Nota oficiosa publicada en el diario El Sol en la cual se recoge la unanimidad en “diversas resoluciones” y se hace un llamamiento a otras fuerzas políticas y obreras (haciendo referencia al PSOE y a la UGT, ya que ni el partido ni el sindicato acudieron) para que hicieran «sumar su poderoso auxilio a la acción que sin desmayos pretenden emprender conjuntamente las fuerzas adversas al actual régimen político».

Tuvo activa participación Ángel Galarza en el recién creado Partido Republicano Radical Socialista en su Primer Congreso nacional, celebrado los días 24, 25 y 26 de septiembre de 1930 y previamente convocado mediante una nota de prensa7. En dicho congreso se aprobó el Comité ejecutivo nacional del que formaron parte tanto Galarza como otros políticos de verdadero fuste republicanista como Álvaro de Albornoz, Juan Botella, Marcelino Domingo, Félix Gordon, José Salmerón y Eduardo Ortega y Gasset. También se desarrolló el Ideario del Partido Republicano Radical Socialista8, el cual recogía la posición del partido con respecto a temas como Administración Pública, Organización del Estado o Legislación obrera y social. Durante este congreso, la ponencia de Ángel Galarza se enfrentó a la de Gordon Ordás y a Marcelino Domingo Sanjuan para establecer la estructura que luego tendría el partido, siendo finalmente aprobada la del primero, con algunas enmiendas9.

Poco después del llamado “Pacto de San Sebastián”, Maura, acompañado por Ángel Galarza, se desplazó a Barcelona para reunirse con los líderes de la Confederación Nacional del Trabajo en busca de un pacto de colaboración con el movimiento revolucionario que venía gestándose por parte de las fuerzas republicanas10. El sindicato anarquista había sido perseguido durante la dictadura de Primo.

Tras la sublevación de Jaca, celebrada de forma estrepitosa y tres días antes de lo previsto, son detenidos y ejecutados los capitanes Galán y García Hernández. Después de estas ejecuciones, el Gobierno manda la inmediata detención de una serie de importantes personajes republicanos entre los que se encuentran Miguel Maura, Manuel Azaña, Marcelino Domingo, Niceto Alcalá Zamora, Rafael Sánchez-Guerra, Indalecio Prieto, Álvaro de Albornoz y Ángel Galarza, siendo estos dos últimos detenidos en Alicante11.

Galarza compareció ante el Consejo Supremo pero fue separado del proceso judicial (aun cuando firmaba como los demás formar parte del Gobierno republicano clandestino). El Consejo se dirigió contra Maura, Fernando de los Ríos Urruti, Francisco Largo Caballero, Álvaro de Albornoz y Niceto Alcalá-Zamora. El motivo de dicha separación fue «que el gobierno quería llevar al Consejo Supremo los menos procesados posibles: solamente los ministros republicanos no en rebeldía, o sea los presos, sometidos a aquella jurisdicción por el cargo de consejero de Estado. Hubo pues, una delimitación políticamente clara pero jurídicamente arbitraria»12.

2. Ángel Galarza Gago de Fiscal General de la República a Director General de Seguridad

Con el triunfo de las candidaturas republicanas en las grandes ciudades con ocasión de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 y la posterior proclamación de la República, el gobierno “clandestino” republicano pasó a ser el Gobierno Provisional de la República.

En cuanto a Ángel Galarza, fue nombrado Fiscal General de la República el 16 de abril13 por un breve periodo de tiempo. De su etapa como fiscal, lo más remarcable es la querella que impuso contra Juan March, acusado de contrabando que se quedó en nada, aun cuando Galarza la consideraba un asunto muy importante para la República14. Después de la “quema de conventos de mayo”, Galarza pasaría a ser Director General de Seguridad el 16 de mayo de 193115, creando el cuerpo de seguridad denominado Guardias de Asalto.

La actuación de Galarza al frente de la Dirección General de Seguridad fue cuanto menos variopinta. Tuvo muy mala fama al reprimir con dureza las protestas obreras siendo además miembro del Partido Republicano Radical Socialista.

Una de sus primeras medidas fue colocar a Olaguer de jefe de la Policía de Sevilla para frenar una serie de motines sindicalistas y anarquistas, causando un gran alboroto ya que éste estaba muy mal visto por las autoridades hispalenses, habiendo cometido una irregularidad que le costó un tribunal de honor. Galarza se justificó, ante los diputados sevillanos que le reclamaban un cambio de puesto, indicando que lo que provocó Olaguer era “cosa antigua” y que su conducta posterior era “intachable”16. Después de este nombramiento los motines ya mencionados siguieron ocurriendo y, ante la falta de policía en la que poder confiar, Galarza da el nombre de cuatro comisarios desconocidos en el país para que espíen y descubran a los responsables.

Otro episodio a destacar al mando de la Dirección General de Seguridad fue el que Galarza mantuvo con el general Francisco Franco, del que se sospechaba que no era leal a la República. A través de las Memorias de Azaña conocemos que Galarza tenía vigilado al general17.

El día 21 de agosto de 1931, Azaña se reunió con Franco y le comunicó que le encantaría usar sus servicios, a lo que Franco le contestó «¡y para utilizar mis servicios me ponen policía que me sigue a todas partes en automóvil! Habrán visto que no voy a ninguna parte»18. Azaña visiblemente molesto le encomendó a Galarza que le quitase la vigilancia a Franco, pues había sido una tontería haberlo hecho de forma tan descarada.

Galarza también sospechaba que Sanjurjo y Pardo iban a dar un golpe de Estado, siendo enterado a través de una visita de protocolo que le hicieron estos dos militares. Los indicios de Galarza se limitaban a haber escuchado a Pardo decir lo siguiente: «No, no, mi general; las cosas hay que plantearlas sin rodeos»19. Presumiblemente después de estos acontecimientos, Galarza se dirigió al general Caballero para preguntarle si apoyaría un golpe de estado contra la República a lo que el general respondió que él no sería manejado ni por Sanjurjo ni por nadie20.

Aun no siendo Fiscal General de la República, Galarza no olvidó jamás su fijación con March. Siendo Director de Seguridad encargó a la policía la vigilancia de la casa de Guerra del Río para ver si se reunía y colaboraba con March. Y al llegar el asunto a las Cortes y verse acorralado por los diputados, Galarza, lejos de mostrarse nervioso y con una templanza poco natural en él se limitó a afirmar que había enviado a la policía para aportar datos que eliminaran cualquier tipo de sospecha sobre Guerra, en cuya inocencia creía. Azaña afirmó ante estos hechos que «con esto y con adelantarse a declarar que le parecía mal el dictamen, o que pudo costarle la dimisión le ha valido aplausos». Posteriormente Galarza le contó a Azaña que quería hundir a Guerra al que lo veía cómplice de March21.

El 7 de diciembre de 1931, Galarza viajó a París con una mecanógrafa de la Dirección general de Seguridad, a la que Lerroux denominaba como “su querida”, para reunirse con su homónimo francés, Chiappe. Lerroux comentó que Galarza hizo el ridículo porque ni entendía a Chiappe ni hacía nada por hacerse entender. Además, Lerroux le comentó a Azaña que Galarza le había dicho a Danvila que iba a París a vigilarle a él (a Lerroux) y que Danvila se lo comentó a éste inmediatamente. Lerroux despreció este acto y se dirigió a Galarza como «ese botarate de Galarza»22. Al volver, Galarza le contó su viaje a Azaña y lo que dijo coincidía totalmente con lo que Lerroux le comentó.

El día 18 de diciembre, Galarza dimite y deja su puesto de Director General de Seguridad, tomando el cargo Ricardo Herráiz Estevez. Galarza pasaría a ser subsecretario del Ministerio de Comunicaciones.

Siendo subsecretario del Ministerio de Comunicaciones mantuvo una relación muy estrecha con Julián Besteiro, socialista, y presidente del Congreso. Un episodio que ocurrió estando Galarza en el cargo tuvo lugar cuando el abogado Emilio Fernández Cadarso se dirigió el 29 de julio de 1932 por correspondencia a Julián Besterio para que éste le encomendase a Galarza su ruego de aumentar las plazas de oposiciones a Telégrafos para que su hijo tuviese opción a una de estas plazas. Galarza le respondió el día 26 de diciembre de 1932 a Julián Besteiro, comunicándole que habían sido ampliadas las plazas de seis a siete. Es el típico caso de corruptelas que tanto se dio en la Restauración como en la Segunda República y durante el franquismo23.

3. Ángel Galarza, de parlamentario radical socialista a socialista

El día 27 de Mayo, el Partido Republicano Radical Socialista celebró su 2º Congreso Nacional, en el cual se votó el nuevo comité ejecutivo nacional. Ángel Galarza quedó excluido de dicho comité debido a su actuación como Director general de Seguridad, que «lo hizo impopular en el partido, por no considerarse aceptable que un radical socialista tuviera el mismo concepto del orden público que el ministro Miguel Maura»24.

No obstante, para las inminentes elecciones de junio de 1931, Galarza fue designado como candidato por la Agrupación Republicana de Zamora25 y luego fue elegido diputado por Zamora, dirigiendo el grupo parlamentario del Partido Republicano Radical Socialista ya que había sido elegido presidente de la Federación de Izquierdas Republicanas Parlamentarias Españolas, nacida a consecuencia de un acuerdo entre los principales grupos republicanos. Durante esa legislatura encabezó el grupo, pero sin mucho éxito, al no ejercer un verdadero control sobre éste y permitir que dicho grupo parlamentario quedase fragmentado26.

Durante los debates para la elaboración de la Constitución de 1931, el Partido Republicano Radical Socialista se opuso al sufragio femenino, conforme a la tradición republicana radical socialista francesa, mientras los políticos galos de inspiración socialcristiana eran partidarios del sufragio femenino. El jurista de Estado de la tercera República Adhémar Esmein era contrario a conceder el voto a la mujer. Lo mismo cabe decir de quien fuera presidente del Consejo de Ministros Jules Ferry o el líder radical-socialista Léon Gambetta. En cambio Maurice Hauriou, socialcristiano, era partidario de conceder el sufragio activo y pasivo a las mujeres. Galarza afirmó que era un error contener este asunto en la Constitución, ya que esto debía reservarse a las leyes ordinarias para que pudiesen ser reformadas27.

Con la celebración del 2º Congreso Extraordinario del Partido Republicano Radical Socialista, se decidió expulsar a Galarza (siendo en este momento director general de Seguridad) debido a que en una de las manifestaciones celebradas durante el debate del artículo 26 de la constitución (el encargado de regular la cuestión religiosa), los guardias, a las órdenes de Galarza, detuvieron y maltrataron a una de las secciones de distrito del partido, y aunque los responsables fueron sancionados, Galarza no dio ninguna explicación a la agrupación28. La expulsión de Galarza fue acordada por 118 votos contra 31, pero el comité ejecutivo nacional desautorizo el acuerdo29.

Poco más se conoce acerca del primer mandato parlamentario de Ángel Galarza, pero sabemos que cuando el Conde de Romanones elevó su voz en su discurso en defensa del ex-rey Alfonso XII, le tocó a Galarza sostener a acusación y, según cuenta Azaña, lo hizo de una forma espantosa: «Galarza, que siempre ha de estar en todo, se levantó a sostener la acusación. Sabiendo lo que iba a ocurrir, me marché del salón. Al poco rato, los pasillos del Congreso se llenaban de diputados. Venían huyendo de Galarza. Era voz unánime que estaba haciéndolo muy mal. Pasó una hora, y Galarza seguía hablando. Yo no volví al salón hasta que terminó»30.

Durante el IV Congreso del Partido Republicano Radical Socialista, Galarza defendió una alianza con los socialistas, ya que según él «era necesaria una colaboración para llevar adelante políticas de izquierdas debido a la falta de ciudadanía de las clases medias»31, pero desde el sector derechista del Partido Republicano Radical Socialista, encabezado por Félix Gordon Ordax, se veían más cercanos al Partido Radical de Lerroux.

En junio de 1932 crea la “Editorial La Mañana S. A.” y el 28 de agosto lanza su diario La Mañana que pronto dejaría de publicarse debido a su poco éxito, transformando su imprenta en una cooperativa y creando un nuevo diario La tarde que se consideraría como el instrumento de expresión del Partido Republicano Radical Socialista Independiente32.

Decir que en cuanto al Partido Republicano Radical Socialista Independiente, fue una formación política creada por un sector descontento con el Partido Republicano Radical Socialista a consecuencia de la ruptura que se generó en el 3º Congreso Extraordinario de dicho Partido Republicano Radical Socialista, en el cual Galarza se enfrentó a Gordon, acusándole de que gracias a una “coalición extraña” que estaba manteniendo el Partido Republicano Radical Socialista con los radicales y hasta con los monárquicos no hacían otra cosa que dejar el camino expedito para una nueva restauración de la monarquía. Además, el gobierno de Lerroux, con el incumplimiento de la Ley de Términos municipales, provocó que, en varios pueblos, los salarios correspondientes a los jornales de la vendimia se redujeran a la mitad. Galarza sería miembro del comité ejecutivo nacional del nuevo Partido Republicano Radical Socialista Independiente, el cual trataría de buscar acuerdos y acabar fusionándose con Izquierda Republicana33.

En las elecciones de noviembre de 1933, Galarza no es elegido diputado por Izquierda Republicana, partido que surgió como consecuencia del vuelco electoral hacia las formaciones de centro-derecha, derecha y extrema derecha. Siendo este partido constituido por la unión de los partidos Acción Republicana, Partido Republicano Radical Socialista Independiente y la Organización Republicana Gallega Autónoma. Galarza se integra en el Partido Socialista Obrero Español, ubicándose como un personaje muy próximo a las tesis de Francisco Largo Caballero, tras el estrepitoso fracaso en las elecciones para Izquierda Republicana34.

El 16 de febrero de 1936, Ángel Galarza es elegido diputado del PSOE por la provincia de Zamora. En esta legislatura su discurso se radicalizó hasta extremos significativos.

Prueba de ello es la famosa intervención que pronunció en el Congreso el día 1 de julio de 1936, en su turno para discutir sobre la política agraria que había llevado a cabo el Partido Republicano Radical y la Confederación Española de Derechas Autónomas. Galarza comenzó su parlamento afirmando que su alocución era «en cumplimiento de un deber» y acto seguido empezó a entrelazar una serie de denostaciones en contra el Partido Agrario, por su incompetencia para solucionar los problemas que ocurrían en el campo, tomando la voz de uno de los labradores que le habían pedido que interviniese por ellos: «¿Es que las derechas creen que el único modo de que no se pueda hablar de anarquía en el campo consiste en mantener la miseria del campesino con la Guardia Civil al lado de los grandes terratenientes, de los grandes propietarios del campo? Porque cuando la fuerza pública no está al servicio de ellos, sino que adopta una actitud neutral en nuestras luchas, para las derechas hay anarquía en el campo, y en cambio para los agrarios no existía anarquía en el campo en los años 34 y 35 en los cuales no se cumplió ni una sola de las bases de trabajo que estaban entonces en vigor, ni la de jornada»35.

Poco a poco Galarza comenzó a subir el tono en su discurso, aclarando primero que hablaba bajo su «exclusiva y única responsabilidad» y diferenciando su voz de la de su grupo parlamentario, comenzó a atacar a José Calvo Sotelo, acusándolo de haber colaborado con la Dictadura de Primo de Rivera, cosa cierta por las responsabilidades que tuvo de Director general de Administración local y luego ministro de Hacienda desde el 3 de diciembre de 1925 hasta la caída de Primo de Rivera en enero de 1930. Llegó al punto de decir que «no podemos permanecer inactivos cuando vemos que se utilizan esos escaños para surgir, nacer, desarrollarse y progresar quien quiere ser jefe del fascismo, quien quiere terminar con el Parlamento, quien quiere terminar con nuestros partidos, no por voluntad popular, sino por la fuerza bruta, por la violencia; quien escribió en un periódico que en España sobraban o sobrábamos quince mil familias, que si un día triunfara nos destinaría a los campos de concentración o a las cárceles»36. Acabó su perorata con la siguiente afirmación: «Pues bien: yo digo una cosa, lo digo bajo mi exclusiva responsabilidad: mi partido, las organizaciones obreras que siguen a mi partido, han condenado siempre la violencia individual; la condenaron siempre, la condenaremos siempre. ¡Ah!, pero yo proclamo una cosa: la violencia...»37 y quedando no reflejado lo siguiente en las actas de las Cortes por orden del Presidente: «la violencia contra el jefe del partido monárquico no sería un delito»38 (siendo el jefe de dicho partido José Calvo Sotelo). El Presidente de las Cortes Diego Martínez Barrio le replicó a Galarza: «La violencia, Sr. Galarza, no es legítima en ningún sitio, pero si en alguna parte esa ilegitimidad sube de punto es aquí. Desde aquí, desde el Parlamento, no se puede aconsejar la violencia. Las palabras de S[u] S[eñoría], en lo que respecta no constarán en el Diario de Sesiones». Galarza, no solo no se calló, sino que volvió a replicar: «Yo me someto, desde luego, a la decisión de la Presidencia, porque es mi deber, por el respeto que le debo. Ahora, esas palabras, que en el Diario de Sesiones no figurarán, el país las conocerá, y nos dirá a todos si es legítima o no la violencia»39.

Galarza también se enfrentó con José María Cid Ruiz Zorrilla, también diputado por Zamora, el cual le recriminó que no se acordase de que Zamora existía hasta que pensó en obtener un acta de Diputado por esa provincia. Además Cid le contestó lo siguiente: «Tenéis que saber que el Sr. Galarza se crio y educó en Zamora en plan de perfecto burgués, con familia burguesa, con colonos y demás, y que entonces no tenía esas inclinaciones socialistas actuales… no era defensor entusiasta de esos colonos, sino que estos le pagaban la renta. Cuando se vendieron esas tierras la venta se hizo a personas distintas de los colonos, y no solo esto, sino que se metió en un pleito de mayor cuantía a los pobres colonos por cuestión de lindes y por celemín más o menos».

Después de esto, Galarza afirmó que nunca había tenido tierras y Cid le aclaró que no se refería a él, sino a sus familiares más próximos. Galarza, en su turno de intervención le contestó «comprometiendo en ello mi honor que ninguno de mis familiares próximos ‒y entiendo por familiares próximos a padres y hermanos, de los demás no tengo porque saber nada‒, ninguno de mis familiares próximos ha vendido tierras que hayan producido pleitos». Cid, sin darse por vencido en la dúplica le retó a que se acordase de Almaraz (lugar en el que supuestamente estaban dichas tierras) y encomienda a Galarza a demostrar la existencia de esos pleitos con la presentación de certificaciones. Galarza, acorralado, llegó a afirmar que el no conocía de la existencia de dichas tierras y que si existiesen él no estaba enterado, y contratacó a Cid con la acusación de que la Compañía eléctrica que pertenecía a la familia de Cid no solo habría cobrado una tarifa injusta durante la dictadura, sino que una vez que fue anulada por el gobierno republicano, fue restablecida a los pocos meses de ser Ministro el mismo Cid, otorgándole a sus familiares grandes beneficios40. Cid Ruiz Zorrilla estuvo al frente de dos ministerios, el de Comunicaciones en tres gobiernos y el de Obras públicas en un gobierno. No obstante, su paso por esos cargos no se extendió mucho en el tiempo, pues solo tuvo carteras ministeriales desde el 16 de diciembre de 1933 al 3 de abril de 1935.

El 3 de julio, durante el debate en el que se discutía sobre la Ley de Amnistía, Galarza se mostró a favor de extender dicha amnistía a los delitos que tuvieran su origen en la lucha de clases entre patronos y obreros y tuviesen un móvil político o social y llamó “miserable”41 al diputado Sánchez Ventura, siendo respondido en términos similares por el aludido, dando lugar a protestas por los diputados debido al nivel de falta de respeto al que estaban llegando Galarza y Sánchez Ventura. El Presidente, forzado a intervenir, mandó a los diputados corregir sus palabras ya que consideraba que, agrediéndose de esa manera, colocaba a todos en una actitud de violencia verbal casi inevitable, que podía degenerar en tensiones y enfrentamientos graves42.

4. Ángel Galarza, Ministro de la Gobernación

Como bien es sabido, el día 17 de julio de 1936 se produce el golpe de estado que daría consecuencia a una cruenta y larga guerra civil. Dicho golpe fue planeado el día 8 de marzo de 1936 por varios generales en casa de un amigo de Gil Robles. Entre estos generales se encontraban Emilio Mola, Francisco Franco y Luis Orgaz Yoldi entre otros.

Fue Mola quien tomó la dirección de este movimiento en contra de la república, consiguiendo comprometer en dicho movimiento a multitud de guarniciones. Con el apoyo financiero prestado por Juan March (recordemos que fue querellado por Galarza en su etapa de fiscal de la república y denunciado en las Cortes por el ministro de Hacienda Jaume Carner Romeu43) comienza la guerra tras el asesinato de José Calvo Sotelo el día 13 de julio.

De este asesinato, decir que se produjo como una represalia por el asesinato del teniente de la Guardia de Asalto y militante socialista, José Castillo, por unos falangistas según señala, entre otros muchos, Gabriel Jackson44. Los asesinos de Calvo Sotelo quisieron ir primero por Gil Robles, pero como se encontraba de vacaciones, fueron a por Calvo Sotelo, quién sabe si alimentados espiritualmente por las violentas palabras de Galarza en su famosa intervención ante las Cortes del 1 de julio de 1936.

Comenzada la guerra civil, Sebastián Pozas es nombrado Ministro de Gobernación por José Giral siendo sustituido por Ángel Galarza a partir del 4 de septiembre de 1936. Durante su etapa de Ministro de Gobernación, tomó medidas para acabar con los “paseos” y rebajar el nivel de violencia en las calles45.

De acuerdo con lo que dispone la Causa general, durante la guerra civil, Galarza introdujo las checas en España, una institución que fue utilizada por el bando republicano para detener, interrogar y juzgar a los sospechosos de simpatizar con el bando nacional46. Prueba de ello es un documento que aparece en la Causa general firmado por Galarza que acredita la iniciativa y responsabilidad del Gobierno del Frente Popular en la creación y actividades criminales de la checa de Fomento.

Hemos de decir que la checa de la calle del Marqués de Riscal, nº 1 de Madrid, que luego continuaría en la checa de Santa Úrsula de Valencia47, dependía directamente del ministro de la Gobernación, Galarza, siendo éste tratado con “gran familiaridad” por los dirigentes de la checa48 y siendo acompañado por estos como “guardia personal”.

Se sabe que Galarza aprovechó su posición al frente de gobernación para vengar una antigua enemistad política y personal con los hermanos Luis y Rosendo Calamita Ruy-Wamba49 y que mandó al capitán Alberto Vázquez transportar desde Madrid a Barcelona unas «maletas con valiosísima carga, directamente confiada a Vázquez por el Director de Seguridad; pero en Barcelona las patrullas de control de la CNT detuvieron a Alberto Vázquez y a sus milicianos y los despojaron de sus maletas»50.

Según Paul Preston, Galarza no puso ningún interés en acabar con la existencia de las checas aunque fuera instado a ello por la Junta de Defensa de Madrid51.

La actuación de Galarza, por su política de orden público, fue muy criticada52 (no opinando lo mismo Francisco Largo Caballero, que calificaba de injusto el descredito de Galarza)53. No solo por el asunto de las checas, sino por las escasas e inútiles medidas que tomó. El día 16 de septiembre creó mediante decreto las denominadas Milicias de Vigilancia de Retaguardia con la función de «regular los servicios de orden en la retaguardia». Dicho decreto fusionó a todas las milicias gestionadas por los sindicatos y partidos en un único cuerpo armado y calificando como “faccioso” a «cualquier otro grupo autónomo que continuara desempeñando funciones de seguridad atribuidas a la MVR». Además, como aliciente para que todas las milicias se integrasen en la MVR, se prometió que los que estuvieran dentro de éstas tendrían prioridad para incorporarse al cuerpo de Policía. Esta medida fue efectiva a corto plazo, pero no consiguió que hubiese algunos grupos que siguieron operando al margen de la MVR y no logró rebajar los niveles de violencia54.

El día 6 de octubre, Galarza se reuniría con Ogilvie-Forbes, el ministro de Interior británico y le comunicó que no podía evitar las matanzas que se producían en las cárceles, ya que necesitaba emplear a la Guardia de Asalto en el frente y de la seguridad de las cárceles se encargaban las milicias55.

Otro episodio digno de mención fue las Matanzas de Paracuellos del Jarama, donde encontramos posturas enfrentadas con respecto al papel que jugó Galarza durante dichas matanzas. Según algunos autores, Galarza sería uno de los responsables directos56, mientras que otros estudiosos señalan que no tuvo responsabilidad alguna57.

El día 5 de marzo de 1937, Galarza recibió una carta58 de Largo Caballero en la que le comunicaba que se les había retirado el pasaporte a dos alemanes que llegaron a Valencia desde Euskadi y que gracias a averiguaciones de la Dirección General de Seguridad se descubrió que uno de ellos era el Jefe del espionaje alemán en España y que había dado órdenes a la Dirección General de Seguridad de que se abstuviera de dar documentación a los que la solicitasen por la Delegación del gobierno de Euskadi, de la que se sospechaba que estaba facilitando documentación a personas desafectas a la república, las cuales estaban trasladando noticias y datos confidenciales al bando nacional. En dicha carta, Largo Caballero encomendaba a Galarza hacer oídos sordos de cualquier tipo de queja sobre las órdenes que había dado a la Dirección General de Seguridad y que entendiera su decisión de cerrar las fronteras para que solo los autorizados por el Ministro de la Guerra pudieran salir al extranjero.

Poco antes de ser destituido, Galarza es instado a mediar en un conflicto entre la Federación Provincial Socialista de Jaén y el Gobernador Civil de la misma provincia, José Piqueras Muñoz. Dicho conflicto vino a consecuencia del tratamiento agresivo y autoritario que Piqueras estaba dando a los miembros socialistas de dicha Federación, los cuales decidieron destituirle. Así las cosas, la federación remitió un escrito al Ministro de la Gobernación para que corroborase su decisión. No fue Galarza el que respondió, sino la Comisión Ejecutiva Nacional, la cual puso en conocimiento de la Federación Socialista de Jaén que los motivos que alegaron no tenía suficiente importancia para ser elevados a una autoridad superior. Además, alegaron que conocían muy bien a Piqueras y que era un fervoroso defensor de la causa socialista59.

Otro asunto, que es importante relatar, es que Galarza, por su propia iniciativa, mandó arrebatar las Memorias de Niceto Alcalá Zamora. Dichas Memorias acabaron en las manos de un comunista que luego se incorporó al gobierno de Giral y Martínez Barrio60. Las mencionadas memorias, como de todos es sabido, han aparecido hace unos pocos años intentando ser vendidas por sesenta mil euros por quien las tenía en su domicilio, en la ciudad de Valencia.

Galarza fue destituido del cargo de Ministro de la Gobernación el día 16 de Mayo de 1937, siendo sustituido por Julián Zugazagoitia Mendieta. Este cambio en gobernación vino a consecuencia de los Sucesos de Mayo en Barcelona y de la ulterior caída del gobierno de Largo Caballero. Poco después de la citada destitución, Galarza se dirigió mediante una carta61 al vicesecretario de la Comisión Ejecutiva de la Unión General de Trabajadores, Pascual Tomás, para solicitar una reunión con su ejecutiva a fin de dar cuenta de su gestión en el gobierno, ya que según el mismo comentaba en dicha carta se sentía más vinculado al sindicato que al partido.

Fue el tesorero de la Unión General de Trabajadores, Felipe Pretel, el que respondió a la carta indicándole a Galarza de que «no tenía ninguna obligación de informar al Comité General de la Unión», ya que no había trabajado en el Gobierno como representante directo de la Unión General de Trabajadores.

Aun no siendo Ministro de la Gobernación, Galarza siguió muy próximo a Largo Caballero, el cual le encargó el día 5 de julio de 1937 recibir al Secretario de la Internacional Obrera Socialista para tratar unos «asuntos muy importantes» y conseguir cumplir «una misión» en España62.

5. Ángel Galarza, republicano exiliado en México

A pesar de no haber trascendido como otros personajes de su época, Ángel Galarza ejerció un papel muy importante en la oposición al franquismo desde el exilio. En 1939 se exilia a Francia63 y más adelante, en 1944 a México. Encontrándose en México pronunció varios discursos y se integró en el Grupo Parlamentario Socialista64 al igual que hicieron muchos otros exiliados del PSOE elegidos diputados en 1936.

Uno de los acontecimientos que mejor relatan lo que sucedió mientras estuvo exiliado en Francia es el discurso que Galarza pronunció el 15 de noviembre de 1944, como «homenaje a los españoles que luchan en los Ejércitos de las Naciones Unidas y en solidaridad con el pueblo español»65.

Galarza comenzaba el mencionado discurso volviendo a utilizar una expresión que iba muy en la línea de su intervención del 1 de julio de 1936: «soy miembro del Partido Socialista Obrero Español y soy diputado de la minoría socialista. Pero no me atribuyo indebidamente, audaz y osadamente, ni la representación del Partido en este acto, ni el mandato de la minoría socialista. Vengo con mi exclusiva responsabilidad, con mi modestia...» «No comprometeré ni al Partido Socialista ni a la minoría del Parlamento español» y luego afirmaba que, aun conociendo que iba a hablar un representante del Partido Comunista (partido con el que tuvo un encontronazo por la destitución de Largo Caballero), no iba a ser un «títere rencoroso» sino «un político español y un ciudadano español». A pesar de esto, Galarza no se corta y aprovecha el momento para decir que salió del Gobierno porque «una alianza del Partido Comunista con una parte del Partido Socialista encabezada por Prieto, traicionó y expulsó del Poder a Francisco Largo Caballero» para luego afirmar que «no le guardaba rencor a ningún partido español aunque hayan tenido diferentes puntos de vista, que ya se encargarán de responder ante su partido y ante la historia».

Ya centrándose en el homenaje a los soldados españoles, Galarza afirmaba que no homenajear a los soldados que han derramado su sangre por la democracia y por la República es cometer un crimen, a pesar de la propaganda que hizo el bando nacional del ejército republicano español, tachándolo de “horda”. Relata además que cuando llegaban los españoles a Francia buscando acogida, la gendarmería francesa los metía en campos de concentración a culatazos y que cuando Francia se levantó contra el general Pétain, los soldados españoles lucharon al lado del pueblo francés en lugar de alzarse en armas contra las autoridades francesas.

Más adelante, y haciendo gala de un cinismo asombroso, Galarza dice que los refugiados españoles «no hemos traído aquí el oro de nadie, tenemos que demostrar que no hemos venido a disfrutar haciendas ajenas. Los que tenemos las manos limpias, que somos la enorme mayoría, y los que no las tienen ya no las tendrán nunca, pero tampoco son emigrados españoles, son unos ciudadanos de un mundo de malicia, que pueden ir buscando pasaportes distintos al de la República española». Es cuanto menos curioso que Galarza, el mismo hombre que encargó años atrás al capitán Alberto Vázquez que transportara desde Madrid a Barcelona unas «maletas con valiosísima carga» venga años después dando discursos de honradez. Pero no es solo eso, también declaró que «no podremos perdonar a los que de la guerra española han hecho un negocio» y que él mismo había cumplido sus deberes para con la república y había salido “limpio” por la frontera de España, es decir, “pobre”.

Poco después, el discurso comienza a tener otro enfoque y recomienda al Partido Comunista unirse al Partido Socialista en contra del franquismo y la Falange y a que sean leales a la Constitución de 1931 y que no piensen que España necesita un Tito, sino una Constitución y un Gobierno, que España no es Yugoslavia y que son casos totalmente distintos.

El día 25 de noviembre de 1945, Galarza pronunció otro discurso66 junto con Ramón Lamoneda, José Rodríguez Vega, Julio Álvarez del Vayo y Juan Negrín en el teatro de los cinematografistas. Esta vez es un discurso en el cual Galarza defiende el gobierno de Negrín en el exilio, el cual venía siendo muy criticado ya que Negrín era acusado de secuestrar y retener el Poder desde su posición. Galarza sostuvo que Negrín «no defendía las disidencias, sino la unidad. Y es el único político que consigue esa unidad en el mes de agosto en México, a los pocos días de llegar» y critica muy duramente el hecho de no habérsele encargado formar un gobierno a Negrín, el cual pretendía crear un Consejo de ministros donde estuviesen representadas todas las minorías parlamentarias, todos los grupos y todos los sindicatos y en lugar de eso se le hubiese encargado formar gobierno a Giral. Siguiendo con su crítica, Galarza se remonta al periodo de consultas para la elección del jefe de Gobierno, del cual recela al observar que se da el encargo de realizar dichas consultas a una persona distinta al anterior jefe de Gobierno. Luego, para mayor escándalo, se manda formar gobierno a la misma persona que ha fracasado en el cumplimiento del mandato, esto es a Giral, en lugar de darle el encargo a otra persona o de «apelar al patriotismo de los españoles» y formar un Gobierno de unidad. Después de todo esto, se les ofreció al grupo parlamentario del PSOE la posibilidad de que Negrín ostentara la vicepresidencia del Consejo además de un puesto al frente de un Ministerio, oferta que fue rechazada ya que en palabras del propio Galarza «cuando existen dos políticas que marchan por caminos distintos, no pueden estar unidas más que a condición de estar quietas. Y nosotros, para no hacer nada, no podíamos ir al Gobierno».

Poco después, Galarza alaba el Gobierno de Largo Caballero (del cual formó parte) y comparándolo por como tuvo que haber sido el gobierno de Giral: «Caballero no elige unos grupos o unas fracciones o unos amigos, Caballero se encara con España, con el pueblo español, y ve la enorme misión de nuestra guerra. Y Caballero, al que se le acusaba de dividir al Partido Socialista, se dirige a las dos matizaciones del Partido. Y le dice a Prieto: ‘Tú y dos ministros de los que estén en vuestra línea en el Partido, al gobierno’ y llama a la CNT y llama a todos los grupos republicanos y forma un Gobierno de Unidad Nacional, Gobierno de resistencia, de lucha, no de pacto».

Continua su discurso Galarza afirmando que ellos van a respetar las instituciones republicanas, no «como hicieron algunos con el legítimo Gobierno presidido por el Dr. Negrín», pero que no pueden ni van a estar en un Gobierno (el de Giral) que no está haciendo una política que vaya a traer la República de nuevo a España. Asimismo, sostiene que no solo se van a limitar a decir lo que ha venido sosteniendo durante su discurso, sino que va a trabajar por la reinstalación de la República «que no es para nosotros una simple forma de Gobierno, es el único régimen capaz de reincorporar España, independiente, libre y señora de sus destinos, al mundo. Solo con República el español será un ciudadano, solo con República el poder civil mantendrá su rango, solo la República puede disolver un Ejército que es una casta incompatible con la libertad, y crear un Ejército que sea una muchedumbre de bayonetas populares dirigidas por una selección de espadas republicanas. Solo la República puede garantizar a cada español la libertad de su conciencia. Solo la República puede dar al campesino la seguridad de la tierra, para que no sea no solo su tumba, sino su riqueza. Solo con la República asistirá España, ausente tantas veces por culpa de sus reyes extranjeros, de los grandes sucesos de la Historia».

Finaliza su discurso señalando que «la República Española no puede someterse a ningún plebiscito porque está ya plebiscitada por el pueblo español, no solamente en las urnas sino en el campo de batalla» y que «los electores españoles que no han podido conservar su vida, no quieren que se los ponga en una opción entre Monarquía y República porque saben que la Monarquía en España no puede ser más que una de estas cosas: o una Monarquía militar, como es Franco; o una Monarquía diplomática, como estuvo a punto de ser la monarquía de José Bonaparte», en referencia al hermano mayor de Napoleón, Joseph Bonaparte.

Como ya veremos, el discurso de Galarza del 25 de noviembre se verá relacionado con las reuniones que mantuvieron los Jefes de Grupos parlamentarios de los días 1 y 7 de junio de 194667. En dichas reuniones participo Galarza como Vicepresidente del Grupo Parlamentario del PSOE y se enfrentó a Pedro Vargas (Izquierda Republicana), el cual propuso que las minorías pudieran designar nuevos representantes en las Diputaciones Permanentes para el caso del traslado a Francia, oponiéndose Galarza por considerar que iba en contra del Reglamento y de la Constitución, siendo apoyado por las demás minorías.

Otro de los asuntos en los que participó Galarza fue durante la discusión de los presupuestos. El Presidente de Gobierno, Giral, relató que el Gobierno solo disponía de cuatro millones de pesos, que era lo que quedaba de lo entregado por la Comisión Administradora de los Fondos para el Auxilio de los Republicanos Españoles. Terminada su participación, Giral concedió la palabra a los demás diputados y al ver que nadie pedía la palabra se dispuso a agitar la campanilla para cambiar de asunto, pero entonces Galarza pidió la palabra. Galarza afirmo que «era su propósito intervenir en un debate político seguro de que los grupos gubernamentales se iban a apresurar a felicitar al Jefe del Gobierno, pero que ante el silencio de todos se veía precisado a ser él quien plantease el debate» (de acuerdo con el cuestionario que previamente aprobó el grupo Parlamentario).

En primer lugar indicó que la Minoría Socialista, aunque «con tardanza que indicaba resistencia», volvía a figurar en el Gobierno, pero que era necesario constatar si los grupos que no estaban en el Gobierno «estaban ausentes por haberse negado a formar parte del mismo al ser invitados, o si no habían sido invitados porque otros se habían opuesto a ello» y al acabar de leer el cuestionario previamente mencionado, felicitó al Sr. Giral por su participación en el acuerdo del Sub-Comité del Consejo de Seguridad y «le alentó para que el Gobierno mantuviera una carga de intransigencia frente a cualquier solución que no fuese la restauración en España de la República».

Justo después de la intervención de Galarza, Pedro Vargas pidió la palabra pero Giral le rogó que le permitiese hablar a él para contestarle a Galarza, al que se dirigió en los siguientes términos: «El no estar representado el grupo al que pertenece el Sr. Galarza se debe, en efecto, a lo que él ha supuesto. Dos de los grupos que están en el Gobierno me cablegrafiaron que no aceptaban la presencia en el Gobierno de ese grupo socialista. Además, el Sr. Negrín había vuelto a manifestar su decisión de no formar parte del Gobierno» y añadió con respecto a la restauración republicana en España: «Declaro que las fuerzas de resistencia en el interior de España no son lo suficientemente fuertes para un alzamiento capaz de derrocar a Franco. La caída de éste sólo es posible conjugando la acción interior con la acción internacional, y añado que ésta solo puede ser, por si sola, suficiente, mientras que la interior no lo es. El Gobierno que patrocinado por Inglaterra se va a formar en el exterior de España será inmediatamente reconocido por Inglaterra y EEUU que romperán con Franco, aconsejarán la ruptura de las demás naciones y por una acción económica y moral esperan que Franco tenga que abandonar el Poder. Ese Gobierno entrará en España y hará las elecciones. Yo, aunque me quedase solo, continuare llamándome Gobierno legítimo de España» y con respecto a la vuelta de los exiliados a España anexó que «el problema de la vuelta a España de los refugiados en ese momento es un problema individual y de conciencia». Finalizó su intervención agradeciendo muy emocionado la felicitación de Galarza, agregando que no está muy acostumbrado a recibirlas.

Vuelve Galarza a intervenir afirmando que sería descortés no agradecer a Giral su contestación y añade: «Nosotros aplaudimos la decisión del Presidente del Consejo de mantener la legitimidad de la República y sus órganos frente a toda maniobra de otra índole. Pero al oírle que lo hará aunque se quede solo, tenemos sospecha de que el Sr. Giral teme desde ahora quedarse solo; y ello es porque mientras él ocupa firmemente, con firmeza republicana, su puesto, quienes le acompañan viajan en la plataforma, dispuestos a tirarse en marcha en cuanto desde fuera les hagan un guiño. Estamos seguros de que si todos estuviesen decididos a mantenerse intransigentes, no sería posible la formación de un Gobierno híbrido que se crea para burlar la auténtica voluntad española. Nosotros desde ahora declaramos que no aceptamos ese Gobierno y que ninguna de sus disposiciones tendrá para nosotros autoridad por carecer de ella el órgano de que emanan, y que, dentro o fuera de España, ésta será nuestra actitud. No comparto el criterio de que el regreso a España sea un problema individual; sobre ello el Gobierno debe influir con sus decisiones, estímulos y orientación».

Nos remontamos a 1948, en concreto a un manuscrito del propio Galarza titulado Cada día más socialista68, en el cual Galarza habla sobre la situación del PSOE en el exilio y dentro de la política española. El texto comienza haciendo referencia a los “compañeros” que se marchan a otro partido, deseándoles suerte en esos partidos y que sean útiles en la causa común «que es la del proletariado y la de España»; ya que considera que los compañeros que se marchan no por un despacho ni por ambición merecen su respeto y que hacen bien abandonado un partido que no es afín a su ideología ya que así no perturban al propio partido. Justo después, Galarza afirmaba que cada día se siente más socialista y más encajado en el partido al que pertenecía antes de abandonar España, al PSOE, pero no por sentimiento ni por poder político, sino por razón, ya que considera que el PSOE continúa siendo socialista aunque lo nieguen algunos de los que luego lo han abandonado. Añade además que «para continuar en nuestro partido, no miro a las afueras, sino a mi patria. Y este no es el Laborista, ni el belga, ni el francés ni ningún otro, es el PSOE, el de los movimientos revolucionarios del 17, del 30, del 34 y el del coraje del 36. Es un partido de clase, de la clase proletaria, marxista, como quisieran sus fundadores, es un partido internacionalista, que elabora sus tácticas en sus Congresos; es un partido jerarquizado por el voto de cada afiliado, sin caudillos y sin personajes prefabricados». Como se desprende de sus palabras, el apego de Galarza al PSOE es mucho mayor del que demostró tener hacia al Partido Republicano Radical Socialista y no solo eso, sino que Galarza defiende que si el partido algún día no fuese lo que el anteriormente ha citado no saldría del partido, sino que lucharía para cambiarlo desde dentro.

Curiosa es la reflexión con la que continúa el escrito: «Ni dentro de las fronteras, ni fuera de ellas, el partido puede dejar de ser republicano», lo que evidentemente contrasta mucho con la situación del PSOE actual.

El escrito finaliza con una autocrítica del propio partido: «Yo encuentro que el partido de aquí, reconoce cual debe ser su conducta, pero no acierta a realizarla. Ni se concierta, para acciones precisas, con el partido comunista, ni evita la división de la UGT; ni hacer el uso debido de su posición parlamentaria; ni da a la resistencia aquella eficacia, que supone pasar del concepto a la acción; ni tiene el valor de enlazarse públicamente con los partidos extranjeros que todavía son marxistas; ni dejar de mendigar la atención de los que han dejado de oírlo; ni se atreve a proclamar, virilmente, nuestros verdaderos apoyos internacionales y a señalar nuestros adversarios de ese género» pero cuida también de distanciarse del Partido Comunista, alegando que pensar así no es ser un “comunistoide”, sino que es ser socialista, y que ser socialista no implica ser anti-comunista, anti-soviético y enemigo de la unidad obrera y que solo siendo “fanáticos” puede mantenerse al PSOE, haciendo de él «una reliquia que bajo el palio de nuestro entusiasmo pasearemos un día por los caminos de España, hasta depositarla en el ara democrática de nuestro primer Congreso en Madrid».

6. Ángel Galarza, republicano exiliado en Francia

Después de estar exiliado en México, existe constancia de que Galarza se trasladó a Francia en el año 1960, como así lo demuestra el boletín de cooperación con la Alianza Antifranquista Activa69 que recibió, cuyo objetivo era el de «organizar a todos los antifranquistas pertenecientes a la base de todos los partidos o agrupaciones, dispuestos a reimplantar la III República Española».

Para ello, está formación coincidió en crear un «Gobierno de Guerra, con representación en el interior», y en movilizar los recursos morales y materiales del destierro, así como comunicar a las potencias exteriores y a los Organismos internacionales, la formación y los propósitos del Gobierno de Guerra y por último, si no fuese posible crear este Gobierno de Guerra, crear de un “Comité de Liberación Nacional” encargado de defender las instituciones republicanas hasta la victoria final.

El día 7 de Junio de 1960, Galarza recibió una carta70 de Emilio Herrera, el presidente del Consejo de Ministros de la República en la que agradecía los consejos que tanto Galarza como la Alianza Antifranquista Activa le brindaban para constituir el Gobierno. Entre otros consejos, se le instaba a rodearse de colaboradores que sean útiles en la tarea de liberar a España de la dictadura de Franco y de evitar “amigos inútiles”, “políticos fracasados” y «hombres que durante el exilio han permanecido indiferentes a nuestra lucha».

Así mismo, Galarza le había aconsejado prescindir de dos de los miembros del Gobierno anterior, calificándolos de “vitalicios fracasados” y proponiéndole como miembros otros dos antiguos políticos. Emilio Herrera le responde en su carta que «¿Por qué estos dos compañeros, cuyo trabajo durante años conozco perfectamente, pueden considerarse como fracasados? Porque no han conseguido derribar a Franco apoyado moral, económica y militarmente por los Estados Unidos, moralmente por la casi totalidad del resto del mundo y sin que la emigración les haya aportado la menor ayuda en su tarea?». Además, afirmaba que uno de los personajes de los que Galarza propone prescindir se ha encargado de la protección de los exiliados por las autoridades francesas y organizaciones benéficas, y que lejos de fracasar ha conseguido que las autoridades francesas se hayan adherido a la causa republicana. Por otra parte, afirmaba que el otro compañero se ha encargado de Asuntos Exteriores y de relacionarse con altas autoridades políticas francesas con el fin de obtener relaciones de simpatía con el Grupo Diplomático acreditado en Francia. Y, por estos motivos, iba a desoír el consejo de Galarza y no entraba en su cabeza prescindir de esos compañeros republicanos, a pesar de las críticas del propio Galarza y de la Alianza Antifranquista Activa.

En los años anteriores a su muerte, Galarza mantuvo mucho contacto por correo con Eugenio Arauz Pallardó (1894-1972), el cual se encontraba en México, con el fin de informarle de los asuntos que ocurrían en Francia y a través de las cuales podemos situarnos en el momento histórico en el que vivió Galarza.

En concreto, en la misiva que le mandó el día 31 de julio de 1961, Galarza le hablaba acerca de la difícil situación que vivía Francia con el presidente Charles de Gaulle, del que teme que establezca una dictadura militar en Francia: «Nada hay tan parecido a los meses de Junio y Julio del 36 en España, como lo que en la actualidad aquí ocurre. Una derecha heterogénea, apoyada en una parte del Ejército, que conspira contra el Régimen publica y descaradamente; unos activistas, convertidos en terroristas, que diariamente atentan ruidosamente contra todo lo que significa fuerza progresista, una política, de esos elementos, de provocación para crear un clima propicio a la Dictadura; una amenaza constante del orden republicano»71.

En la misma carta, Galarza hace referencia a otra carta que le entregó Don Jaime de Borbón y Battenberg a el Embajador de España en París, en la cual declaraba provisional el Régimen franquista, «sin otra misión esencial que la de obtener la reconciliación de los españoles» y afirmaba que ha llegado la hora de que Franco le devuelva la libertad al pueblo español para que disponga libremente de sus destinos o el pueblo la reconquistara en una nueva explosión de violencia. Galarza precisa que la carta de Don Jaime «no tiene desperdicio» ya que puede «tener una resonancia que nosotros no hemos sabido producir en el interior de España, ni en el ambiente internacional». Asimismo, Galarza le encomienda a Arauz que publique la carta en México.

En su intercambio epistolar con Arauz, con fecha 18 de agosto de 1961, Galarza se muestra muy crítico con Indalecio Prieto, el cual, aunque es tratado de “genial político”, dice que no es acreedor de ese culto porque «la persona que merece mi respeto por lo que fue, se ha transformado en el cáncer que corroe a la emigración. Si le suprimieran los medios económicos, de los que tuvo el talento de apoderarse, sería un responsable viejo solitario en una casa modesta, santuario por ser modesta, esperando la hora final. Ello no es posible; puede emplear cada año varios millones de francos para viajar, puede a través de Comités, que son disfraces, pagar viajes a familiares y amigos y criados; puede dedicar a correspondencia, taquígrafos y secretarios, cada día, lo que los demás necesitamos para vivir una semana»72. También hace referencia al Congreso VIII del PSOE, celebrado en Puteaux, el cual describe, con términos muy duros, a través de las «palabras de un socialista francés» (cuyo nombre no dice): «Esto no es un Congreso, sino un Guignol. Los personajes no son de carne y hueso, sino marionetas de cartón, movidas por hilos que maneja un solo hombre. Los temas tan viejos como lo es el Guignol. Los clásicos personajes; el viejo que se golpea el pecho, sacando ruidos de cartón piedra, el risible, que se cree trágico; el que recita, equivocándose, una lección; incluso los que se equivocan y aplauden allí donde el argumento acota silbidos. Concluida la representación, los muñecos son guardados en sus cajas, bien cargadas de naftalina, hasta una nueva farsa». Preguntándole Galarza al “socialista francés” sobre quien es el “triunfante” del Congreso, éste le responde que Franco y al preguntarle el porqué, el socialista francés le responde que Franco no tiene motivos de preocupación ya que los socialistas en el Congreso han acordado condenar la violencia y si el pueblo quiere elecciones, el mismo Franco se las dará y triunfará.

El día 15 de enero de 1962 Galarza le escribe a Arauz para comentarle acerca del asunto de Luis Jiménez de Asúa (1889-1970), el cual no estaba dispuesto a aceptar la Presidencia de la República debido a su interpretación literal de los preceptos constitucionales. Galarza establece en su carta el método a seguir para que Jiménez de Asúa acepte dicha presidencia. En concreto Galarza propone:

1.Dar en el plazo más breve posible con Jiménez de Asúa y conocer su decisión
Una vez establecido el contacto, hacerle saber que solo cabe una alternativa. Aceptación, pura y simple, de ocupar la Presidencia de la República, o renuncia a ello y por lo tanto, consecuencia fatal, dimisión del cargo de Vicepresidente primero de las Cortes.

2. Caso de aceptación por Jiménez de Asúa.

a) puede tomar posesión de la Presidencia o bien en la Embajada de México o bien viniendo a París. Aun cuando no es preceptiva la promesa, pues expresamente la Constitución guarda silencio sobre ello, y el cargo es interino, puede hacerlo –ya que no estorba‒ en un documento que sea enviado a todos y cada uno de los diputados.

b) cumplido el requisito, el General Herrera presenta la dimisión de su Gobierno y cargo. Lo hace aquí, en el caso que se hubiera trasladado el nuevo Presidente; lo hace por carta, si fuera en México donde se hiciera la instalación.

c) el Presidente forma el nuevo Gobierno adecuado a las circunstancias actuales y a su misión. Quiere ello decir: número muy limitado de Ministros; cargo considerado como “servicio”, por lo tanto sin sueldo (este solo puede ternerlo el Presidente de la República y el del Consejo y los dos o tres funcionarios que han de trabajar horas determinadas).

d) Constituido el Gobierno e instalado en México en el local de la Embajada, nombra un delegado, sin sueldo, en París, para hacerse cargo de la oficina. En ésta dos empleados pagados. Misión de la Delegación: mantener las relaciones con toda la emigración española en Europa: con los Diputados aquí residentes; defender ante las autoridades francesas a los refugiados, a los que lo son ya de derecho y a los que diariamente solicitan serlo; organización de la propaganda republicana entre los sesenta mil emigrantes que trabajan en Alemania y los doce mil que lo hacen en Suiza. Fuerzas estas importantísimas, por estar constituidas de gente joven, que vuelve, en parte, a España al finalizar sus contratos y que lo poco que se hace entre ellas da resultados magníficos.

e) El Gobierno estimula la constitución de un Comité Revolucionario, autónomo, que se encarga desde Europa, de organizar la acción en el interior, sin limitación de medios, pudiendo buscar las ayudas allí donde crea encontrarlas sin tener que dar cuenta a nadie de sus actos, aun cuando notificándolos al Gobierno una vez que ello no significa riesgo que lo impidiera.

3.-Caso de no aceptación de Jiménez de Asúa
Inmediata comunicación a Dolores, invitándola a ocupar la Presidencia y en el caso de su conformidad:
f) Notificación al Gobierno Francés del hecho, para saber si otorga al nuevo Presidente igual tolerancia de residencia de la que venía otorgando a Martínez Barrios.

Esto lo considero indispensable para poner al Gobierno de este país ante el problema y que lo resuelva con su responsabilidad total. Hay un 99% de probabilidades de que la contestación sea negativa, pero ello es necesario provocarlo para que la izquierda francesa no tenga pretextos que alegar el día de mañana.

g) Si por un milagro la contestación fuera favorable, Dolores se persona en París. Ante ella dimite el Gobierno y tramita la crisis. Deja aquí una Delegación en la misma forma ya explicada, y se traslada a México, donde Presidencia de la República y Gobierno deben instalarse.

h) Lo mismo que en el caso de Jiménez de Asúa, se constituye en Europa el Comité revolucionario.

i) En el caso en que ocurriera lo del apartado g) y que en cambio el Gobierno de México no otorgase a Dolores autorización de residencia, por ser Dolores, Presidencia y Gobierno estarían obligados a permanecer en Francia.

j) Si a Dolores ni Francia ni México, le dieran autorización de residencia, Presidencia y Gobierno se instalan en el país que lo autorice, cualquiera que sea su signo político y su hemisferio.

4.- Caso de no aceptación de ninguno de los dos vicepresidentes actuales.

El Gobierno actual da cuenta a todos los diputados de la situación creada y les invita a que en un plazo dado se reúnan en los diferentes países donde residen y hagan candidaturas para elegir un Presidente de las Cortes y cuatro Vicepresidentes. Ellas se remiten al Presidente del Consejo y este reuniéndolas las envía todas a los Diputados.

Estos votan, con su firma, una de ellas o una que resulte de las combinaciones de varias, y estos votos se remiten por duplicado: uno al Presidente del Consejo y otro al Embajador de España en México. Los que obtengan el mayor número de votos quedan proclamados en los cargos respectivos.

El nuevo presidente de las Cortes toma posesión de la Presidencia de la República. Lo que después se hace es lo mismo que lo indicado para el caso de aceptación de Jiménez de Asúa73.

Al poco de proponer lo arriba mencionado, Galarza vuelve a escribirle a Arauz y le comunica que Jiménez de Asúa solo ha asumido la presidencia del Congreso, y solo actuar como tal. Galarza afirma que no lo acepta porque «es tanto como suprimir un órgano esencial de las Instituciones: la Presidencia de la República. Segundo es nombrar Jiménez de Asúa un Gobierno que no tiene que dar cuenta a nadie de su actuación ya que ni ha de dársela a quien le ha nombrado. Ese Gobierno es eterno, ya que solo estaría en crisis cuando sus componentes así lo decidieran», asimismo sostiene que es jurídicamente «un absurdo» porque «Besteiro solo asumió el rol de Presiente porque no había Constitución y porque las Cortes eran Constituyentes y estaban en funcionamiento permanente y porque los gobiernos así creados en cuanto no tenían mayoría Parlamentaria tenían que dimitir» y afirmando que con la situación así, esto solo podría beneficiar a Franco74.

El 2 de Abril de 1963, Galarza se dirige75 a Jiménez de Asúa, presidente del Congreso de los Diputados en el exilio, que entonces era catedrático de Derecho Penal en la Universidad de Buenos Aires, para darle su interpretación acerca de algunos preceptos constitucionales. En concreto, le encomienda que asuma el rol de la Presidencia de la República, que hasta entonces había ostentado Diego Martínez Barrio, y que como consecuencia de su muerte, había quedado vacante.

Galarza le recuerda la situación en la que se encontraban hace algunos años, ya que no tuvieron más remedio que «adaptar a las circunstancias los respetos que le debemos a la constitución» de forma que Martínez Barrios dejó de ser Presidente de las Cortes al no ejercer de Presidente de la República al dimitir Azaña, pero sí que ejercía las funciones del Presidente de la República, tanto las activas como las de representación, no solo siendo reconocido por los españoles que lo permitieron, sino por otros estados.

Así las cosas, Galarza le pide a Jiménez de Asúa (tal y como ya hizo en el entierro de Martínez Barrios) que deje de lado su “espíritu de jurista” y que aunque sea Presidente de las Cortes asuma también las funciones del Presidente de la República. Afirma además, que el hecho de eludir «con fórmulas ambigüas, serlo o aparentar que lo es» pone en peligro el prestigio de las instituciones republicanas, ya que está tan debilitado que «ni siquiera Franco se ocupa de pedir al Gobierno francés que no permita en su territorio la existencia del Gobierno. No solo este no le inquita ni le molesta, sino que es para él una garantía de tranquilidad». Por último, Galarza se despide y le pide que ponga remedio a esta situación o «la acción comenzará».

Unos días después, Galarza se crece y le dirige una carta76 nada más y nada menos que al General Franco, presentándose como Ministro que fue de la Gobernación de España. Dicha carta comienza recordando cómo se conocieron en la antesala del Presidente de Gobierno Provisional de la República, donde Franco esperaba para rendir pleitesía a Niceto Alcalá Zamora y a reiterarle la lealtad a la República y donde él, Galarza, esperaba para dar cuenta de las querellas que se habían presentado contra Juan March, siendo Galarza el primero en ser recibido por el Presidente debido a su jerarquía (Fiscal General de la República) y al salir, disculpándose con Franco por prolongar su espera. Continúa Galarza el escrito tachando ese encuentro de “simbólico”, ya que «fue el cruce de dos conductas, representadas por dos hombres de idéntica edad, jóvenes. La de Vd. con sus entorchados, que diciéndose portador de lealtad, había de cometer, pocos años después, el delito de perjurio y el crimen de rebelión militar, abriendo sobre la tierra española un millón de tumbas. La mía, que ponía los vuelillos de la Toga al servicio de un pueblo ansioso de justicia, que era ya hora se hiciera con un plutócrata delincuente. He continuado siendo leal a ese pueblo, y por ello me encuentro en el exilio».

A continuación, Galarza le reprocha a Franco que ha ascendido a Caudillo a través de un millón de cadáveres españoles, ayudado de sus “cómplices” Hitler y Mussolini y financiado por el traidor Juan March y le dirige unas muy duras palabras a consecuencia de la reciente noticia del fusilamiento de Julián Grimau: «Perduran en el anciano que Vd. es, la crueldad del que fue Jefe del Tercio, la inconsciencia del capitán que sacrificaba soldados españoles en busca de estrellas para su bocamanga, la villanía del aliado de dos grandes criminales, Hitler y Mussolini».

Finalmente, Galarza se ofrece a ser la “última víctima” del sadismo de Franco, disponiéndose a cruzar la frontera para ponerse a disposición del Consejo Supremo de Guerra y Marina y someterse a un juicio, considerando que sus funciones como Ministro de la Gobernación eran más importantes que las de Julián Grimau. Para someterse al juicio propone las siguientes condiciones:

«1.- Entraré en España acompañado por un abogado francés y seré recibido en la frontera, al poner pie en tierra española, por el Sr. Decano del ilustre Colegio de Abogados de Madrid, al que pertenecí 17 años.

2.- Acompañado por esas personas, inmediatamente me presentaré ante Magistrado designado, para ser juez de la causa, por el Alto Tribunal el cual podrá dictar mi encarcelamiento como procesado político.

3.- A los 15 días de que haya traslado a mi defensa el escrito de acusación y conclusiones provisionales del Sr. Fiscal, se celebrará la vista, que ha de ser pública.

4.- Como abogado que soy, se reconocerá mi derecho a defenderme a ejercer todos los derechos de la defensa y a pronunciar, sin limitación de tiempo el informe en apoyo a mis conclusiones.

5.- Asistirá a la vista el Decano del Colegio de Abogados de Madrid, no sólo para asistirme con su presencia si no para llamarme al orden si el creyese que faltaba a las normas que la toga impone. Ninguna otra limitación se pondrá a mi defensa.

6.- Publicarán mi defensa quienes quieran hacerlo y unida al informe del Fiscal me permitirá su distribución y circulación por toda España.

7.- Dictada y ejecutada la sentencia, se dictará una disposición con el carácter de Ley, que declarará prescritos todos los delitos, supuestos o reales, cometidos antes del 30 de Abril de 1939, aun cuando se denunciaran después. Esta disposición no sería aplicable a mi caso»77.

Como podemos ver, Galarza pretendía terminar su vida como un mártir, dando su vida a cambio del perdón de todos los demás exiliados. Hemos de señalar que no existe constancia alguna de que el general Francisco Franco respondiese a esta carta.

Dos años antes de fallecer, Galarza criticó muy duramente a las nuevas generaciones españolas, a las cuales no veía capaces de luchar contra el franquismo desde el interior. Las catalogó como «formadas en un ambiente mefítico, sometidas a las presiones deformadoras de una Iglesia arcaica, de unos principios reaccionarios, de falsedades fabricadas, que necesitan años para cambiar de piel»78.

También habló muy positivamente del turismo, el cual decía que había de ser fomentado, ya que de él vivían muchos españoles y entre todos ellos, muchos de clase trabajadora, y criticó muy duramente a la Iglesia ya que «con su jerarquía retrograda» estaba considerando mal al turismo como si fuese una «invasión demoníaca» y afirmaba Galarza que, si de la Iglesia dependiese, suprimiría el turismo. Literalmente dijo que la Iglesia «proclama venenosos a los turistas, la mayoría de los cuales no va a misa, entran a las iglesias medio desnudos, parejas enlazadas, muchachas sin “dueñas”, generosidad en la exhibición de las bellezas físicas»79.

Al mismo tiempo defiendo una “propaganda inteligente” consistente en hacer saber a los españoles que aunque Madrid gana en turistas a París, hay muchos más parisinos procedentes de todas las clases sociales, que salen de vacaciones viajando por carretera, en proporción de 50 a 1 y que no es casualidad, sino porque Francia es una democracia y los militares facciosos están en presidio y en España en el Gobierno.

Galarza falleció en el exilio francés en París el 26 de junio de 1966. La última carta de la que se tiene constancia es una que dirigió a Arauz el 18 de diciembre de 1964, poco después de ser operado de un ganglio del cuello. La carta, lejos de mostrar contenido político, se centra en explicar los detalles de su operación80.

Conclusiones

Si bien la figura de Ángel Galarza no ha adquirido todo el relieve histórico que merece, este artículo nuestro trata de arrojar algo de luz ante una figura que, a pesar de la importancia de los cargos que desempeñó, siempre ha pasado a un segundo plano y nunca ha sido objeto de un estudio exhaustivo.

Ángel Galarza era un hombre con más sombras que luces. Si bien fue un eminente jurista especializado en derecho penal y uno de los fundadores del Partido Republicano Radical Socialista, no hemos de olvidar que protagonizó lamentables episodios en su etapa de diputado, tanto por su forma de dirigirse hacia otros miembros de la Cámara como por el contenido extremista de éstos. Prueba de ello es el discurso que pronuncia días antes del asesinato de José Calvo Sotelo que, aunque no hay una relación directa entre su asesinato y la ponencia de Galarza, sí podemos decir que hay indicios de que es posible que sus palabras calaran en las personas que perpetraron dicho asesinato.

Su actuación al frente de la Dirección General de Seguridad fue desastrosa, no logrando resolver los problemas que se le planteaban y fracasando en tareas tan nimias como vigilar a Franco sin que éste fuese consciente.

Por los escritos de Azaña nos queda claro que Galarza era un hombre muy temperamental (al que el mismo Azaña calificó una vez como “niño estúpido” y otra como “Galarcita, ese hombre inquieto”), pero a la vez muy astuto. Reflejo de ello es la obsesión que tenía con March al que creía como uno de los males que la República había de combatir y que luego dicha obsesión se confirmó cuando Franco dio el golpe militar con su apoyo económico.

Si bien hay autores que le achacan cierta responsabilidad en las matanzas de Paracuellos, nada ha quedado demostrado a día de hoy. Pero lo que sí ha quedado registrado a lo largo de la Causa General, es que Galarza era el cabecilla de una de las checas, y que la utilizó para sus propios fines (asesinar por venganza a un viejo rival suyo). Y también que ordenó transportar maletines con una carga preciada (joyas y dinero, probablemente sacados de una de las cajas de seguridad de los bancos de Madrid, que fueron saqueadas) cuando vio que la España republicana iba siendo vencida por la España Franquista.

Luchó feroz pero inútilmente contra el franquismo en el exilio, alentando a muchos diputados en el exilio a no ceder ni un ápice respecto a Franco, aunque ello conllevase utilizar la violencia. Al ser un hombre con gran experiencia en asuntos de Estado se permitía la libertad de aconsejar a otros que desempeñaban cargos más importantes que él.

Curiosa es la carta que le escribió a Franco poco antes de morir, en la cual se puede observar que Galarza trata de redimirse de alguna forma, intentando sacrificarse él mismo por el perdón de todos los demás exiliados republicanos.

En definitiva, podemos concluir este estudio sobre Ángel Galarza Gago diciendo que, aunque fuese un hombre bastante belicoso y temperamental, sí que tuvo razón en varios asuntos claves de la República como el contencioso de March y que, a medida de que su muerte estaba cerca relajó su tono (hasta el punto de tratar de ser un mártir) y pasó a dedicarse a tareas meramente intelectuales en el seno del Partido Socialista Obrero Español. En cualquier caso el que sea un personaje poco admirado y consecuentemente menos estudiado esto puede derivarse de que no ha habido mucho interés en poner de relieve algunas de sus actuaciones irresponsables y/o criminales.

No está nada claro ni que Santiago Carrillo Solares, ni que Ángel Galarza Gago tengan que ver con las denominadas matanzas de Paracuellos del Jarama (tal y como hemos precisado líneas arriba), aunque tiene más visos de ser exonerado el primero que nuestro personaje. El diplomático Félix Schlayer con su testimonio indicó que Carrillo tuvo conocimiento ulterior de las matanzas. Javier Cervera, el mayor especialista en el “Madrid en guerra”, ironiza sobre su entrevista a Santiago Carrillo, sobre sus memorias o sobre su falta de memoria, y sobre las fechas que da, aunque no se atreve a responsabilizarle. La negativa de Carrillo es taxativa en sus declaraciones y memorias. [Recibido el 22 de octubre de 2015].

1 Juan Avilés Farré, La Izquierda burguesa y la tragedia de la II República, Madrid, 2006, p. 44.

2 Eduardo de Guzmán, Historia Política, 1930, p. 100.

3 Luis Armiñán, La República… ¿es esto? Del retablo revolucionario, Madrid, 1933, pp. 250-251.

4 Miguel Artola, Partidos y programas políticos 1808-1936, vol. II, Manifiestos y programas políticos, Madrid, pp. 319-322.

5 El Sol, 13 de Marzo de 1930, p. 4.

6 Santos Juliá Díaz, La Constitución de 1931, Madrid, 2009, p. 129.

7 El Sol, 13 de septiembre de 1930, p. 3.

8 Miguel Artola, Partidos y Programas Políticos, 1808-1936, vol. II, pp. 329-333.

9 Juan Avilés Farré, La Izquierda burguesa y la tragedia de la II República, Madrid, 2006, pp. 350-360.

10 Ricardo de la Cierva, Acoso y Derribo de Alfonso XIII, Madrid, 1996, pp. 136 y 137.

11 Niceto Alcalá-Zamora, Memorias (Segundo texto de mis Memorias), Barcelona, 1977, p. 152.

12 Niceto Alcalá-Zamora, Memorias (Segundo texto de mis Memorias), Barcelona, 1977, p. 157.

13 Gaceta de Madrid, núm. 106, p. 200 (16 de abril de 1931).

14 Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra, Tomo I, Barcelona, Editorial Crítica, 1981, p. 451.

15 Gaceta de Madrid, núm. 134, p. 715 (14 de mayo de 1931).

16 Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra, Tomo I, Barcelona, Editorial Crítica, 1981, p. 57.

17 Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra, Tomo I, Barcelona, Editorial Crítica, 1981, p. 106.

18 Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra, Tomo I, Barcelona, Editorial Crítica, 1981, p. 121.

19 Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra, Tomo I, Barcelona, Editorial Crítica, 1981, p. 240.

20 Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra, Tomo I, Barcelona, Editorial Crítica, 1981, p. 241.

21 Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra,Tomo I, Barcelona, Editorial Crítica, 1981, p. 279.

22 Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra, Tomo I, Barcelona, Editorial Crítica, 1981, p. 325.

23 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AJB-241-6.

24 Juan Avilés Farré, La Izquierda burguesa y la tragedia de la II República, Madrid, 2006, p. 96.

25 Juan Avilés Farré, La Izquierda burguesa y la tragedia de la II República, Madrid, 2006, pp. 103-104.

26 Manuel J. Peláez, “Ángel Galarza Gago (1892-1966)”, en Diccionario crítico de juristas españoles, portugueses y latinoamericanos (hispánicos, brasileños, quebequenses y restantes francófonos), Zaragoza-Barcelona, 2012,tomo 4, pp. 193-196, nº 2.584.

27 Juan Avilés Farré, La Izquierda burguesa y la tragedia de la II República, Madrid, 2006, p. 128.

28 Juan Avilés Farré, La Izquierda burguesa y la tragedia de la II República, Madrid, 2006, p. 175.

29 El Sol, 20 de enero, 2 de febrero y 3 de febrero de 1932.

30 Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra, Tomo I, Barcelona, Editorial Crítica, 1981, p. 295.

31 Juan Avilés Farré, La Izquierda burguesa y la tragedia de la II República, Madrid, 2006, p. 250.

32 Antonio Checa Godoy, Prensa y partidos políticos durante la II República, Ediciones Universidad de Salamanca, p. 56.

33 Juan Avilés Farré, La Izquierda burguesa y la tragedia de la II República, Madrid, 2006, p. 251.

34 Pablo Villalaín García, “La Renovación parlamentaria en las Cortes republicanas de 1933”, en Cuadernos Republicanos, nº 70 (2009), p. 71.

35 Diario de Sesiones de las Cortes, nº 54, 1 de julio de 1936, p. 1793.

36 Diario de Sesiones de las Cortes, nº 54, 1 de julio de 1936, p. 1796.

37 Diario de Sesiones de las Cortes, nº 54, 1 de julio de 1936, p. 1796.

38 En el Diario de Sesiones de las Cortes, nº 54, 1 de julio de 1936, p. 1795 se lee lo siguiente «El final de la frase no se consigna por orden del Sr. Presidente».

39 Diario de Sesiones de las Cortes, nº 54, 1 de julio de 1936, p. 1795.

40 María Concepción Marcos del Olmo, “El socialismo castellano y leonés en las cortes de 1936”, en Cuadernos Republicanos, nº 82 (2013), pp. 34-35.

41 Diario de Sesiones de las Cortes, nº 54, 1 de julio de 1936, p. 1868.

42 María Concepción Marcos del Olmo, “El socialismo castellano y leonés en las cortes de 1936”, en Cuadernos Republicanos, nº 82 (2013), p. 26.

43 María Encarnación Gómez Rojo, “Jaume [Ramon Ildefons] Carner Romeu (1867-1934)”, en Diccionario de Juristas de Cataluña y del Rosellón, Madrid-Málaga, 2014, pp. 92-95. La frase famosa en esa oportunidad fue: «o la República acaba con March, o March acaba con la República» (p. 94).

44 Gabriel Jackson, La República española y la guerra civil (1931-1936), Barcelona, 1987, p. 211.

45 Javier Cervera, Madrid en guerra. La ciudad clandestina, 1936-1939, Madrid, 1998, pp. 68-72.

46 Hugh Thomas, La Guerra Civil Española, Barcelona, 1982, pp. 301-308.

47 La Causa General. La dominación roja en España, Madrid, 1944, pp. 149-151.

48 La Causa General. La dominación roja en España, p. 102.

49 Manuel J. Peláez, “Angel Galarza Gago”, en Diccionario crítico de juristas españoles, portugueses y latinoamericanos, tomo 4, p. 193.

50 La Causa General. La dominación roja en España, p. 150.

51 Paul Preston, El holocausto español, Barcelona, 2011, p. 462.

52 Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra, Tomo II, Barcelona, Editorial Crítica, p. 50.

53 Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra, Tomo II, Barcelona, Editorial Crítica, pp. 53-54.

54 Paul Preston, El holocausto español, Barcelona, 2011, p. 399.

55 Paul Preston, El holocausto español, Barcelona, 2011, p. 401.

56 César Vidal, Paracuellos-Katyn: Un ensayo sobre el genocidio de la izquierda, p. 223.

57 Ian Gibson, Paracuellos: cómo fue, Madrid, 2005, p. 86.

58 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AFLC-192-20.

59 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AH-10-47.

60 Niceto Alcalá-Zamora, Memorias (Segundo texto de mis Memorias), Barcelona, 1977, p. 478.

61 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AH-53-72.

62 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AH-53-72.

63 Manuel J. Peláez, Diccionario crítico de juristas españoles, portugueses y latinoamericanos,tomo 4, p. 195.

64 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AAVV-AJBS-153-30.

65 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia ARLF-171-42.

66 Por la República contra el Plebiscito, Biblioteca de “El Socialista”, México, 1945.

67 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia ARLF-169-7

68 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia ARLF-172-34

69 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia ALJA-404-34.

70 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia ALJA-403-34.

71 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AEA-152-8.

72 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AEA-152-8.

73 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AEA-152-8.

74 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AEA-152-8.

75 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia ALJA 409-4.

76 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AARD-380-1.

77 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AARD-380-1.

78 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AARD-380-1.

79 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AARD-380-1.

80 Archivo de la Fundación Pablo Iglesias, Universidad de Alcalá de Henares, Referencia AEA-152-8.


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Comentarios sobre este artículo:

Página: [1]
Por: Juan Carlos Rodriguez Rodriguez Fecha: 08 del 06 de 2017 - 16:46
Gracias por la excelente informacion sobre Galarza. Me gustaria saber donde esta enterrado Angel Galarza. Tambien me gustaria contactar con el autor de este articulo pero no aparece ningun correo de contacto.

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