LA INFLUENCIA DEL PENSAMIENTO REPUBLICANO, JURÍDICO-POLÍTICO Y SOCIAL DE LUIGI STURZO Y HENRI DE MAN EN ÁNGEL OSSORIO Y GALLARDO: CRÍTICAS AL FASCISMO

Elena SÁEZ ARJONA

Resumen: El presente artículo aborda la influencia de Luigi Sturzo, León XIII y Henri De Man en la configuración del pensamiento jurídico-político y social de Ángel Ossorio y Gallardo, el «Papa de la juridicidad», y la resistencia al fascismo. Queremos calibrar la exacta irradiación de su penetración en los acontecimientos cruciales de su época, sin establecer conjeturas y, fundamentalmente, su influjo en la conformación de la Democracia cristiana en España. El presente estudio descubre la significación jurídico-política y social de un personaje complejo; un jurista de muchas facetas y resultados investigadores que cultivó una intensa actividad en diversos campos y que defendió la Segunda República española desde 1931 hasta su muerte en el exilio en Argentina el 19 de mayo de 1946. De ideología democristiana, Ángel Ossorio y Gallardo representó un duro azote para la Dictadura de Primo de Rivera y, desde el exilio, supo defender la libertad y los valores de la República por todo el mundo denunciando el régimen del General Franco. Jurisconsulto, político, hombre de elevado pensamiento y de acción. Su ideología política democristiana se concretó en la creación del Partido Social Popular inspirado en el Partido Popular Italiano fundado por Luigi Sturzo. La influencia que en Ossorio tuvo Luigo Sturzo quien, según aquél representó «función cristiana regeneradora, por los medios políticos, del movimiento democrático» fue predominante. Asimismo, se constata la importancia en el pensamiento de Ossorio y Gallardo del ideólogo y socialista belga Henri De Man con su propuesta de un modelo de economía dirigida con nacionalización de ciertos sectores productivos orientados a reactivar la economía nacional. Como católico, ocupará un destacado lugar la figura de León XIII, y, particularmente su encíclica Rerum Novarum en la crítica de la lucha de clases, del socialismo y de los excesos del capitalismo, en la condición de los trabajadores, sus derechos y deberes y la relación entre patronos y obreros. El presente estudio refleja su incansable lucha contra los regímenes fascistas que sojuzgan la dignidad y libertad del ser humano como una constante en la vida de este brillante abogado. En la abogacía alcanzó Ángel Ossorio la auténtica realización de sí mismo y forjó su espíritu.

Palabras clave: Ángel Ossorio y Gallardo, Luigi Sturzo, León XIII, Henri De Man, Democracia Cristiana, Partido Social Popular, Fascismo.

   La figura de Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946) conocido como el «Papa de la juridicidad»1 es de una extraordinaria importancia histórica y una enorme significación jurídica. En él se encarna el anhelo de los mejores espíritus de su generación por la civilidad que duramente llegaría a cuajar en España.
   Intelectual independiente, jurista poliédrico, orador brillante, de ideología política democristiana, defensor de la legalidad. Ángel Ossorio y Gallardo fue un prohombre de Estado comprometido con su país y uno de los guardianes más ardidos de las esencias republicanas y democráticas. Defendió la República desde 1931 hasta su muerte en el exilio en Argentina el 19 de mayo de a1946.2
   Ángel Ossorio y Gallardo figura entre los juristas y políticos de más ancha vena creadora cultivando distintas disciplinas3. Asimismo, sus intervenciones4 como intelectual disponen de considerable pertrecho y cobertura doctrinal que hacen temeraria su damnatio memoriae. Con indudable olfato político la etopeya que hiciera Manuel Azaña demuestra el profundo conocimiento de su entrañable amigo: «Ossorio es un caso de estudio. Inteligente, se tropieza pronto en él con la terquedad. Íntegro, de buena intención con el grano de malicia para no caer en el papanatismo. Chistoso, mordaz, pronto al apasionamiento. Con fuertes nociones conservadoras sobre el Estado, la autoridad, el Gobierno, etc., y ganoso de popularidad. La busca, y a veces la encuentra, precisamente por el contraste de su conservadurismo oficial y de abolengo con una manera de democratismo a la madrileña, declarado siempre con desparpajo y llaneza»5.
   Una mente insigne de jurista como Ángel Ossorio comenzaría su vida pública por casualidad, «asomado» a la política a pesar de no ser ésta su vocación: «una parte considerable de los abogados entramos después en política de la misma manera, es decir, sin convicciones6, sin fe, sin ilustración, sin más propósito que el de exhibirnos y hacer carrera». No obstante, leídos sus discursos y escritos permítasenos afirmar, parafraseando a Michael Oaskeshot que su política fue de fe y no de escepticismo7.
   Ossorio defendió la Segunda República negando a radice toda posibilidad de restauración monárquica acusando a la Corona de superar los límites del derecho al apoyar el autoritarismo del Directorio de Primo de Rivera8. La Corona consintió por el desmandamiento de la fuerza centrípeta de la Historia dejarse arrastrar por la cuenta de pérdida y ganancias. La Monarquía se había convertido en un Régimen que actuaba a legibus solutus.
   Durante la guerra civil Ossorio y Gallardo ocupó tres embajadas (París, Bruselas y Buenos Aires). Al terminar la contienda marchó al exilio argentino por su defensa de la «legalidad republicana». Se afincó en Buenos Aires. En 1945 José Giral Pereira fue nombrado Presidente de un Gobierno republicano del exilio, en el que Ossorio formaría parte como Ministro sin cartera. Continuó en el Gobierno hasta su fallecimiento.
   Su momento decisivo llegó en 1907 cuando Antonio Maura integró a Ossorio y Gallardo en su equipo nombrándole Gobernador Civil de Barcelona9 asumiendo con alto deber de Estado el problema político más grave de aquellos tiempos, el movimiento de Solidaridad Catalana. Sus vivencias de este cruento episodio10 que fue la explosión de la Semana Trágica, es testimoniado en su obra Barcelona, julio de 1909 (Declaración de un testigo), obra publicada en 1910.
   1913 y 1916 fueron los años en los que se situó Ossorio y Gallardo en el primer plano de la vida política nacional. «En 1913 el partido conservador perpetró su traición colectiva contra D. Antonio Maura» y, restituido Maura en el Gobierno, en abril de 1919 fue de nuevo llamado al Poder; Maura le honró con la cartera de Fomento11. «La postura de Ossorio y Gallardo en el seno del maurismo no era sino la concreción española de un fenómeno acontecido en Europa, con carácter general, en todos los grupos políticos de inspiración y de tradición cristiana»12. Sin embargo, a partir de esta fecha se periclita el casco de la nave maurista y el desmandamiento con el maurismo se torna inevitable13 en 1922 en pos de un gran proyecto político partidista; esto es, su propuesta de democracia cristiana española: el Partido Social Popular (PSP). Precisamente de 1919 proviene la afición –tomamos la denominación del propio Ossorio y Gallardo– por la doctrina democristiana. La democracia necesita encontrar refugio en la única doctrina que santifica y estatuye el amor al prójimo (el amor, no la cooperación, ni la asistencia, ni la filantropía) –precisaba Ossorio– que es por definición la cristiana14. Es manifiesto, en efecto, la trabazón lógica de un acervo ideológico que, imantado por el individualismo y el liberalismo, debía necesariamente impulsarse hacia una doctrina social que se inspirara, in medio virtus, que decían los clásicos, en valores del espíritu, sustentada en la ley natural y el respeto a la libertad15. El Partido Social Popular surge con el objetivo de implantar en España la Democracia Cristiana tomando como modelo el Partido Popular Italiano fundado por Luigi Sturzo16. La influencia que en Ossorio tuvo Luigi Sturzo quien, según aquél representó «función cristiana regeneradora, por los medios políticos, del movimiento democrático» se dejará sentir con gran significación en forma de sibilas de su pensamiento. Ossorio le dedicó un libro17; asimismo, mantuvo una significativa correspondencia durante la guerra civil española por el compromiso político adquirido por Sturzo para encontrar una solución internacional que trajese la paz negociada a las dos Españas y contrastar la justificación de los católicos de apoyar o no la República o el bando nacional durante el conflicto civil armado18. El programa de los populari italianos que describe Ossorio en el libro que dedica al abate Sturzo encuentra sus paralelismos con los populares españoles, a saber: libertad religiosa y libertad de enseñanza sin monopolio del Estado, asistencia social, defensa de la pequeña propiedad, voto femenino, defensa de la pequeña propiedad, etc. Junto con el Partido Social Popular, el segundo proyecto democristiano fue la creación de la Sociedad de Estudios políticos, Sociales y Económicos. Ambas instituciones eran en esencia –precisa el propio Ossorio– la misma cosa: «un núcleo de hombres de temperamento conservador, pero bastante avanzados en materia social» con la grandeza intelectual y moral de contribuir a la educación política y administrativa de los españoles de su época19. El alcance de estos empeños políticos y sociales fracasó. El PSP evidenció ser «un partido de aluvión» donde convergerían sensibilidades políticas que desembocarían en discrepancias más que en acuerdos20. Para más inri de desventuras, el 13 de septiembre de 1923 el Capitán general de Barcelona, o por mejor decir, el propio Rey, representado por Primo de Rivera, disolvía las Cortes «de una patada» imposibilitando toda forma de hacer política y el 19 de diciembre de 1923 se produce la escisión del PSP. En las obras que Ossorio publicó en la Sociedad de Estudios Políticos, Sociales y Económicos formada por «unos cuantos que no quisimos ir detrás del verdadero garrote que tundió las costillas de España en 1923»21 los ataques de Luigi Sturzo (1871-1959) contra Mussolini22 eran reproducidos justemilieu contra Primo de Rivera23.
   Es lástima grande que figuras conservadoras como Ossorio, Sánchez Guerra, Burgos Mazo o Bergamín, encabezaran la paradoja en la lucha contra la Dictadura en España24. Por su parte, en Italia, a la altura de 1923 el fascismo lo era todo y, confundido con la patria, actuaba como aglutinante nacional. Frente a esa concepción afrentosa para la dignidad humana encarnada no sólo en Mussolini sino también en Lenin, se alzó la voz del abate Sturzo. «Una Humanidad vendida al vasallaje fascista o soviético (es decir, a la ciega obediencia de un colectivismo), no sería tal humanidad –manifiesta Ossorio–, ni encontraría luego los caminos de la liberación». Y arrostrando a la irracionalidad y despotismo dictatorial Ossorio respondería con el Derecho, un «Derecho por propia naturaleza democrático. La limitación de los hombres y su inclinación egoísta llevaría a cada uno a inventar un Derecho para su propio provecho»25. Asentadas estas premisas, en una línea confluyente de pensamiento Ossorio nos muestra las realidades y paralelismos entre el fascismo italiano y el bolchevismo ruso y, reproduciendo las argumentaciones de Sturzo señala gráficamente que «El grito de guerra “todo el poder para el fascismo” es idéntico en su significación y en su alcance a aquel otro “todo el poder para los soviets”». «[…] entre Rusia e Italia no hay más que una verdadera diferencia, a saber: que el bolcheviquismo o dictadura comunista es el fascismo de la izquierda, mientras que el fascismo o dictadura conservadora es el bolcheviquismo de la derecha […]»26.
   En España la férrea oposición de Ossorio a la dictadura le llevó incluso a ser encarcelado por Primo de Rivera por «difundir especies y rumores atentatorios a la disciplina militar»27. En Sus Memorias Ossorio y Gallardo evidencia de modo irrefragable que los generales que se sublevaron aquel 13 de septiembre eran, por definición, enemigos de todo español liberal y demócrata28.
   Otro gran influjo en el pensamiento de Ángel Ossorio y Gallardo será León XIII (1810-1903). Precisamente el Grupo de la Democracia Cristiana en España y el Partido Popular Italiano bebían de las mismas fuentes, esto es, en León XIII y en especial su Encíclica Rerum Novarum (de 15 de mayo de 1891). Es necesario prestigiar de nuevo la concepción de la democracia consiste en valorar al individuo, para entender como hemos señalado ut supra, que para Ossorio no habiendo doctrina que impusiera el amor al prójimo debía buscarla en la religión. Y de aquí lo de cristiana. No tendrá reparos en baldonar la labor social desarrollada por las escuelas católicas del siglo XIX (representadas en el conde Albert de Mun) con un sentido estrictamente de protección y caridad hacia aquellos a los que «sólo incumbía callar y obedecer»29. Es León XIII quien corrige el error al enseñar que el problema no era sólo de caridad sino sustancialmente de justicia30. En una de sus obras esboza la cuestión en los siguientes términos: «Querrá saber quién sostiene este programa que a mí me seduce. Pues la escuela de la democracia cristiana, ya adivinada en los tiempos de Wilhelm Emmanuel von Ketteler (1811-1877)31, y criada luego al calor de la Encíclica Rerum Novarum. En todas partes va tomando auge. En España, muy poco todavía. ¿Por qué?»32. El contenido de la Encíclica Rerum Novarum es asumido por Ossorio en la crítica de la lucha de clases, del socialismo y los excesos del capitalismo, en la condición de los trabajadores, sus derechos y deberes y la relación entre patronos y obreros. Para ilustrar mejor esta afirmación baste la argumentación de Ángel Ossorio sobre el particular que transcribo y gloso: «Las aspiraciones de los trabajadores son de derecho suyo, no de merced ajena […]. La paz social ha de lograrse no por el encono de la lucha de clases, sino por los derroteros del bien. El trabajo no es una mercancía […]. No basta pagar el salario económicamente aceptable, sino el moralmente justo. El que trabaja tiene derecho –derecho– no sólo a la remuneración bastante para sostenerse, sino también a la necesaria para su familia, para su cultura y para sus lícitos esparcimientos»33. Piensa Ossorio que sin las injusticias del capitalismo, no hubiera habido necesidad de que se elaborasen los conceptos rectificadores de León XIII34. Asiste a la razón a Ossorio cuando afirma tajantemente que ni todos los rusos creían en el comunismo, ni todos los italianos en el fascismo, ni los alemanes en el nacionalsocialismo. Pero lamentablemente, sojuzgaron a millones de hombres derribando los fundamentos de la sociedad civil e impidiéndoles toda resistencia y hasta la simple contradicción sin otro derecho que el del puño35.
   Ejercerá asimismo influencia la Encíclica Cum multa (8 de diciembre de 1882) y la Encíclica Inmortale Dei36 (1 de noviembre de 1885) de León XIII. Entre sus criterios y principios se establece la no identificación a un partido con la fe católica, ni pretender hablar desde uno de ellos en nombre de la Iglesia o dejar de tener a los otros por católicos. En este sentido Ángel Ossorio en su obra dedicada al abate Sturzo recuerda la insensatez de crear en España partidos católicos a aquellos que los proponen por dos razones, a saber, en primer lugar porque «el catolicismo debe ser luz que alumbre y no bandera para luchar en las cosas terrenales»; en segundo lugar «porque es ofensivo y deprimente fisgonear en las intimidades de la conciencia y exigir profesionales de fe para actuar en los negocios públicos que de suyo son expuestos a provocar flaquezas y pecados»; y en tercer lugar «porque no cabría táctica más torpe que la de dividir en católicos y no católicos a un pueblo como el español donde proceden en católico… hasta los que no lo son»37.
   En una conferencia impartida en el Ateneo de Madrid el 9 de enero de 1933 titulada Crisis de la libertad individualista y la democracia Ángel Ossorio proclamaba la idea de que sólo es concebible un «Estado digno de alabanza» cuando asuma como principio fundamental el respeto a la individualidad. Porque para todo liberal, el Estado representa la soberanía popular; y no la ley que imponga uno solo38. Continúa su argumentación precisando que la libertad no es sinónimo de anarquía, sino ordenación no abstracta, esto es, una «ordenación disciplinada que no sea impuesta por el arbitrio del mandarín sino por la ley, trazada y administrada según el acuerdo de los ciudadanos»39. Lo cual conlleva a aseverar que «la herramienta de la libertad no es otra sino la democracia»40. Comoquiera que la libertad no es anarquía «desde la circulación hasta la Constitución todas las actividades tienen normas, todas las libertades tienen freno»41. En esta dirección de pensamiento, Ossorio entiende que es compatible el fenómeno de poder ser liberal –como el mismo se define– y partidario de la llamada «economía dirigida» porque la libertad es una acción dirigida por el cuerpo social a través de sus órganos de representación legítimos. Asentadas estas premisas, Ossorio niega que el sistema liberal haya defendido nunca una economía sin dirigir tomando como referencia explícita la escuela fisiocrática, el liberalismo manchesteriano y los postulados de Adam Smith. Por ello aboga por la defensa de una determinada dirección económica toda vez que haya sido libremente discutida y votada por los órganos legislativos sin ningún tipo de imposición42. Adviértase la influencia y valoración de las tesis del ideólogo belga Henri De Man43 (1885-1953) en el pensamiento de Ossorio concretamente su «Plan de acción», adoptado por el Partido Socialista belga en su Congreso de fines de 1933 por 563.451 votos contra 8.500 abstenciones con el objetivo general44 de transformación económica y política del país. También Ossorio defendía en su conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid el 9 de enero de 1933 la posibilidad de crear una nueva economía porque «un liberal de hoy por muy liberal que sea, no aboga por la economía individualista desenfrenada, sino que reconoce la necesidad de ir entregando el instrumental económico a los productores y sustrayéndole a los meros rentistas […]. Los pensadores más moderados propugnan la condenación de la tierra como instrumento de renta, la limitación de las ganancias del capital, el obligatorio cultivo adecuado, la participación de los trabajadores en el gobierno y en los beneficios de la producción, la consideración primordial para el factor trabajo, las limitaciones de la propiedad por motivos de utilidad social, y tantas otras innovaciones sin entrar en el área colectivista»45.
   El Plan económico de Henri De Man posee indudable trascendencia social y económica, porque señala el comienzo de una nueva etapa en la trayectoria del reformismo socialista en toda Europa46. Para Henri De Man el capitalismo se había convertido en un monopolio detentado por el capital financiero, entrando en una fase regresiva donde la competencia había cedido al monopolio; la iniciativa patronal al dominio de la banca; y, la formación del mercado mundial a una permanente guerra económica entre los capitalismos de Estado47. No obstante, el régimen capitalista concretamente el capital, desempeñaba para Ossorio un papel indispensable que debía, velis nolis, «quedar reducido a sus límites justos, consiguiendo un rédito equitativo, pero no absorbiendo la plusvalía íntegra de los productos»48. [Recibido el 2 de febrero de 2015].

1 Sobre la figura de este insigne jurisconsulto madrileño encontramos los excelentes trabajos de Patricia Zambrana Moral, El epistolario jurídico y político andaluz de Ángel Ossorio y Gallardo (1927-1935), Barcelona, 1997, 156 pp.; P. Zambrana, “El epistolario (1929-1936) de Ángel Ossorio y Gallardo con los Ministros, Jefes de Gobierno y Presidentes de la Segunda República”, en Cuadernos informativos de Derecho histórico público, procesal y de la navegación, nº 19-20 (1996), pp. 5533-5599; P. Zambrana, “El Feminismo y el elemento femenino en el pensamiento del jurista Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946)”, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, julio 2009, en www.eumed.net/rev/ccss/05/pzm.htm pp. 1-46; P. Zambrana, “El jurista y político madrileño Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946) y Aragón a través de su correspondencia de los años veinte y treinta del pasado siglo”, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, abril 2010, en www.eumed.net/rev/cccss/08/pzm.htm pp. 1-78; P. Zambrana, “Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946)”, en Diccionario crítico de juristas españoles, portugueses y latinoamericanos (hispánicos, brasileños, quebequenses y restantes francófonos), Zaragoza y Barcelona, 2006, vol. II (M-Va), tomo 1º, nº 720, pp. 240-244; Patricia Zambrana y M. J. Peláez, “El Ministro de la Monarquía y de la República del exilio Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946) y Cataluña a través de su correspondencia de 1930 a 1936”, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, febrero 2009, que puede verse en línea en www.eumed.net/rev/cccss/02/zp.htm pp. 1-54; Miriam Seghiri y M. J. Peláez, “Ángel Ossorio Gallardo (1876-1943), advocat e intel·lectual catòlic, ambaixador i ministre de la República a l’exili: defensa de les institucions, el drets i els valors de Catalunya (1910-1946)”, en Revista de dret històric català, en Homenatge a Josep Maria Mas i Solench, vol. VI (2006) [2007], pp. 195-209; Miriam Seghiri y Manuel J. Peláez, “Ángel Ossorio Gallardo (1873-1946), abogado e intelectual católico, embajador y ministro de la República en el exilio: defensa de las instituciones y de los valores republicanos de 1931 a 1946”, en Cuadernos Republicanos, Centro de Estudios e Investigaciones Republicanas, Madrid, nº 64 (2007), pp. 47-63; Patricia Zambrana y M. J. Peláez, “El Ministro de la Monarquía y de la República del exilio Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946) y Cataluña a través de su correspondencia de 1930 a 1936”, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, febrero 2009, que se puede consultar en línea en www.eumed.net/rev/cccss/02/zp.htm pp. 1-54; Manuel J. Peláez, “A vueltas con el Feminismo en el pensamiento del jurista Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946): sobre la instrucción de la mujer y sobre el divorcio, en opinión coincidente con el Presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora y Torres (1877-1949)”, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, junio 2009, en www.eumed.net/rev/cccss/04/mjp2.htm pp. 1-23; Manuel J. Peláez, “Tres juristas universales, latinos y poliédricos de ambos hemisferios: Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946), Amedeo Giannini (1886-1960) y Alejandro Guzmán Brito (n. 1945). Tres hombres políticamente hablando republicanos aristodemocráticos”, en Estudios en homenaje a Alejandro Guzmán Brito, Alessandria, 2013, vol. III, pp. 455-471; Manuel J. Peláez, “Democracia cristiana, catolicismo social y Confederación de Obreros Católicos: relaciones entre los intelectuales y líderes sindicales en 1921: Maximiliano Arboleya, Emérico Puigferrat, Santiago Leoz y Ángel Ossorio y Gallardo (en torno a unas misivas)”, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, diciembre de 2009, en http://www.eumed.net/rev/cccss/06/mjp3.htm; Manuel J. Peláez, “De nuevo sobre el ministro de la Monarquía y de la República del exilio el jurista Ángel Ossorio y Gallardo (1873- 1946) y Cataluña a través de su correspondencia de los años veinte y la que faltaba de los treinta”, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, abril 2009, en www.eumed.net/rev/cccss/04/mjp.htm pp. 1-23; Manuel J. Peláez, “De Ángeles de la guarda de la República a Demonios del Movimiento Nacional. Las relaciones de dos grandes abogados republicanos Ángel Galarza Gago (1892-1966) y Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946): la fácil entente de dos ministros con tres ideologías diferentes (la demócrata cristiana, la radical socialista y el socialismo largocaballerista)”, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, marzo 2009, en línea, www.eumed.net/rev/cccss/03/mjp.htm pp. 1-28; Manuel J. Peláez, “Juristas democristianos, conservadores y republicanos de centroizquierda en 1931 ante la Comisión Jurídica Asesora durante la Presidencia de Ángel Ossorio y Gallardo”, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, enero de 2010, en línea http://eumed.net/rev/cccss/07/mjpa.htm.

2 Notable importancia y peso tuvo la emigración intelectual española llegada a Buenos Aires después de la guerra civil. Junto a Ossorio y Gallardo recordamos algunos nombres de gran relieve como el también jurista y Presidente de la Comisión elaboradora de la Constitución de 1931, Luís Jiménez de Asúa (1889-1970), el sociólogo Francisco Ayala, el insigne historiador Claudio Sánchez Albornoz, el poeta Rafael Alberti, o el escritor Ramón Gómez de la Serna.

3 Destacan sus trabajos de Derecho civil: Cartas a una muchacha sobre temas de Derecho civil, Madrid, 1926; El Contrato de Opción. (Boceto de una monografía jurídica), Madrid, 1915, 118 pp.; “El hecho generador de las obligaciones (contribución al estudio de la responsabilidad sin culpa)”, en Revista General de Legislación y Jurisprudencia, vol. 164 (1934), pp. 257-298; “El derecho social en relación con el derecho civil en materia de propiedad” en Revista General de Legislación y Jurisprudencia, vol. 168 (1936), pp. 545-565. Obras de deontología jurídica, referidas al ejercicio profesional de la abogacía: El alma de la toga, Madrid, 1920, 270 pp.; Los hombres de toga en el proceso de Don Rodrigo Calderón, Madrid, 1918. Sobre la historia de Cataluña referente no sólo a la etapa que le tocó vivir directamente como gobernador de Barcelona sino también su evolución política: Barcelona, Julio de 1909 (Declaración de un testigo), Madrid, 1910, 71 pp.; Historia del pensamiento político catalán durante la guerra de España con la República Francesa (1793-1795), Madrid-Barcelona, XX+271 pp. En el pensamiento político democristiano: Un libro del Abate Sturzo, Madrid, 1928, 258 pp. En Derecho Mercantil: La crisis de la democracia en Derecho mercantil. Observaciones sobre las sociedades anónimas, Madrid, 1917; Legislación mercantil terrestre: compilaciones de las Leyes vigentes, Madrid, 1896, VII+664 pp. Derecho Procesal: Acción de nulidad en el testamento. Recurso de casación por infracción de Ley contra sentencia pronunciada por la Audiencia de Madrid, Madrid, 1928, 63 pp.; Bases para una reorganización judicial, Madrid, 1929, 236 pp.; La justicia poder, Madrid, 1927, 195 pp. De Teoría del Estado y de la Política y Derecho Constitucional: Parlamento y gobierno (tres Proyectos de Ley), Madrid, 1930, 159 pp.; Una política de derechas, Madrid, 1921, 28 pp.; Una posición conservadora ante la República, Madrid, 1931, 30 pp.; Del momento político. Un discurso y tres artículos, Madrid, 1914, 79 pp. Derecho y Estado, Madrid, 1928, 203 pp. Entre sus numerosísimos artículos destacan los publicados en la mencionada Revista General deLegislación y Jurisprudencia, en la etapa en la que fue Director. Destacamos entre otros: “Un jurista mártir”, vol. 152 (1928), pp. 129-165 y “La evocación”, vol. 145 (1924). pp. 372-381. En el exilio en Buenos Aires reeditó alguna de sus obras como El alma de la toga o El contrato de opción; y destaca muy singularmente la elaboración de los Anteproyectos de los Códigos civiles de Bolivia y Argentina adquiriendo gran predicamento en Hispanoamérica hasta el punto de que sus obras fueron objeto de estudio en sus principales Universidades, así, La reforma del Código Civil argentino, Buenos Aires, 1941, 335 pp.; Anteproyecto de Código Civil boliviano, Buenos Aires, 1943, 738 pp. Igualmente destacan trabajos de claro contenido autobiográfico como La España de mi vida, autobiografía, Buenos Aires, 1941, 240 pp.

4 L’avenir de l’Espagne, discurso pronunciado el día 22 de febrero de 1937 en la Maison de la Chimie, Paris; [texto en Catalán] L’esdevenidor d’Espanya, la meva fé en la victòria, text de la confèrencia pronunciada a París.

5 Manuel Azaña, Memorias políticas y de guerra, Madrid, 1981, vol. 4, pp. 86-87. Las valoraciones de la personalidad de Azaña por Ángel Ossorio y Gallardo son innumerables, muchas de ellas han sido recogidas (no en toda su extensión) por Elena Martínez Barrios, “Opiniones sobre Manuel Azaña de R. H. Mac Gregor y Ángel Ossorio y Gallardo en 1935”, en Cuadernos Republicanos, 39 (1999), pp. 65-69; vid.Ossorio y Gallardo, Mis memorias, Madrid, Tebas, 1975, espc. pp. 201-204, donde estampará un juicio encendidamente laudatorio de la figura de Azaña, de su elevado concepto de las funciones de gobernante. Dice al respecto: «Azaña es un hombre de talento. De enorme talento. Exclusivamente de talento. Pero no es un psicólogo ni conoce bien la vida. Todo en él es cerebro […]. Era en todo modesto y sencillo. Lo mismo que su oratoria era su proceder. Llegar a sus alturas y ser en ellas un hombre llano era quizá el más raro de sus merecimientos».

6 Ángel Ossorio con su talento descriptivo y aticismo extracta el siguiente diálogo no exento de tacha: «Hace una docena de años, me festejaban con una cena los abogados de una pequeña capital. Como suele ocurrir en tales casos, la conversación, de temas profesionales en un principio, derivó hacia la política, y yo festejé, a cuenta de la posición de cada cual, embromando a liberales y conservadores, carlistas y republicanos. Al final, seriamente les dije:/ Antes de separarnos, quiero excusarme ante ustedes por si, dejándome llevar de mi carácter alegre, me he excedido en la crítica o en la chanza. Conste que a todos respeto, y que no he querido herir las convicciones de nadie./ A lo cual, el Decano, con igual seriedad repuso: /¡Calle usted, por Dios! ¡si aquí ninguno tenemos convicciones!». Puede leerse en El sedimento de la lucha, Madrid, M. Aguilar Editor, 1933, p. 27.

7 Michael Oaskeshot, La política de fe y la política de escepticismo, México, 1996. No compartimos algunas de las reflexiones críticas realizadas por Pedro Carlos González Cuevas en el proemio del excelente estudio de Antonio M. López García, Ángel Ossorio y Gallardo. Sus proyectos políticos, Madrid, Centro de Investigación y Estudios Republicanos, donde define a Ossorio como el representante de un contradictorio conservadurismo arbitrista, cuyos proyectos políticos tuvieron más de intención que de fuerza y realidad política (Ibidem, pp. 8-17).

8 En Mis memorias, Madrid, Tebas, 1975, con pluma expeditiva y lenguaje desembarazado, Ossorio afirmaba «Sin la majadería de Primo de Rivera, la vida de España también habría sido enteramente distinta. Al advenir la dictadura advertí (como había advertido Maura) que ella derribaría la Corona. Acertamos» (p. 72).

9 Relevante documentación del papel desempeñado por Ángel Ossorio en estos trágicos sucesos como Gobernador de Barcelona nos ofrece Joaquín Romero Maura, La Romana del Diablo. Ensayos sobre la violencia política en España, Madrid, Marcial Pons, Historia Estudios.

10 Ossorio llegó a Barcelona el 30 de junio de 1907. Al día siguiente le dijo a la Cierva: «No me he encontrado en ella tantos escándalos como me habían dicho. Está hoy en general compuesta, no de malhechores, sino de pobres diablos que no saben por dónde andan. Si hubiera de hacerse justicia seca, habría que dejar cesantes a todos (y habría que ir tomando medidas». Ossorio a La Cierva, 31 de enero de 1907 (Archivo La Cierva, Murcia), publicado por Joaquín Romero Maura, La Romana del Diablo. Ensayos sobre la violencia política en España, Madrid, Marcial Pons, Historia Estudios, p. 64.

11 El resto del Ministerio contaba con relevantes figuras políticas: Ministerio de Estado presidido por Manuel González Ontoria (1878-1954); Ministerio de Guerra, Luis de Santiago y Aguirrebengoa; Ministerio de Marina, Augusto Miranda y Godoy (1855-1920); Gobernación, Antonio Goicoechea Cosculluela (1876-1953); Ministerio de Hacienda presidido por Juan de la Cierva y Peñafiel (1864-1938); Instrucción Pública presidido por César Silió y Cortés (1865-1944) y Abastecimientos, José Maestre Pérez (1866-1933).

12 Cfr. Javier Tusell Gómez, La derecha española contemporánea. Sus orígenes: el maurismo, Madrid, Espasa Universidad, 1986, p. 364.

13 En diciembre de 1922 con ocasión de la constitución del Partido Social Popular, Ossorio explica los motivos de su ruptura con el Maurismo: «…desde el maurismo acá se ha desencadenado la guerra europea y ha triunfado en todos los países una revolución que, no por ser incruenta, ha dejado de someter a revisión todos los valores. El que se encastille en la torre de sus principios inmutables será petrificado. Las nuevas necesidades han traído nuevos documentos a nuestro archivo y nuevas soluciones a nuestro ideario. Lo mismo que los tradicionalistas, hemos venido aquí sin abandonar nuestros principios; lo que hacemos es que, al ver la insuficiencia de nuestros medios, nos superamos a nosotros mismos, porque la vida lo exige». Publicado por Antonio M. López García, Ángel Ossorio y Gallardo. Sus proyectos políticos, Madrid, Centro de Investigación y Estudios Republicanos, p. 71.

14 Ángel Ossorio y Gallardo, El sedimento de la lucha, Madrid, M. Aguilar Editor, 1933, p. 155.

15 Ángel Ossorio y Gallardo, El sedimento de la lucha, pp. 157 y ss.

16 En 1919, además de divulgar la noticia de la fundación del Partito Popolare Italiano, El Debate invitaba a los católicos españoles a seguir el ejemplo italiano, siendo a finales de 1922 cuando se constituiría el Partido Social Popular. «…este sacerdote menudo, débil y bastante pasado de la cincuentena, representa una doctrina del Estado y del Gobierno profundamente meditada, una creencia indefectible en la función cristiana regeneradora, por los medios políticos, del movimiento democrático. Profesor de Filosofía y de Sociología, alcalde de Caltagirone, fundador de la “Obra nacional de los huérfanos de la Guerra”, creador del partido popular italiano, necesariamente había de ser la víctima del fascismo unilateral y absorbente». Ángel Ossorio y Gallardo, Un libro del abate Sturzo, Madrid, Estudios Políticos, Sociales y Económicos, núm. 2, pp. 9-10. Pensiero antifascista, Torino, Piezo Gobetti, 1925; Italia e fascismo, Roma, Edizioni di Storia e Letteratura, 1926, son dos opera magna donde Sturzo aporta un valiosísimo elemento de juicio para el conocimiento de los sucesos más peraltados y el estímulo a cuantos defienden el Derecho como regulador insustituible en las sociedades democráticas.

17 Ángel Ossorio y Gallardo, Un libro del abate Sturzo, Madrid, Estudios Políticos, Sociales y Económicos, núm. 2, 1928.

18 Véase el volumen de Alfonso Botti, Luigi Sturzo e gli amici spagnoli. Carteggi (1924-1951), Modena, Soveria Mannelli, Rubbettino Editore, 2012, que recoge la correspondencia que intercambió el sacerdote italiano, intelectual antifascista y fundador del Partido Popular Italiano desde 1924 a 1951 con «gli amici spagnoli» Ángel Ossorio y Gallardo, Severino Aznar, Maximiliano Arboleya, Mendizábal, Ruiz Manent, entre otros muchos intelectuales y políticos europeos de su tiempo; et etiam Francesc Vilanova, “Luigi Sturzo i la guerra civil espanyola, a través de la seva correspondència”, en VVAA, Fe i teologia en la història. Estudis en honor del Prof. Dr. Evangelista Vilanova, Barcelona, 1997.

19 Las publicaciones de la Sociedad de Estudios Políticos, Sociales y Económicos fueron las siguientes entre otras: Blas Vives, La política arancelaria de España, Madrid, 1928; Los problemas previos a la estabilización de la peseta, Madrid, 1930; Carlos Ruiz del Castillo, El conflicto entre el comunismo y la reforma social, Madrid, 1928; Antonio Lleó, Las realidades, las posibilidades y las necesidades forestales de España, Madrid, 1929; F. Romero Otazo, Sentido democrático de la doctrina política de Santo Tomás, Madrid, 1930; Pascual Carrión, La reforma agraria, Madrid, 1931; Ángel Ossorio y Gallardo, Un libro del abate Sturzo, Madrid, 1928; Bases para la reorganización judicial, Madrid, 1929; Civilidad, Madrid, 1930; Antonio Maura, Salamanca, 1928; Incompatibilidad, Gobierno y Parlamento (tres proyectos de Ley), Madrid, 1930; Una posición conservadora ante la República, Madrid, 1931.

20 Este argumento exige largas y cuidadas investigaciones en un trabajo que vas más allá de los límites concernientes a un simple testimonio.

21 Vid. Ángel Ossorio y Gallardo, El sedimento de la lucha, Madrid, M. Aguilar Editor, 1933, p. 188.

22 Luigi Sturzo retrata a Mussolini como un hombre sin convicciones ni escrúpulos: «Hombre de cultura general y de formación política mediocre, Mussolini posee brillantes cualidades de improvisador. No tiene los escrúpulos ni las fidelidades de la convicción. De las violencias revolucionarias y de la irreligión blasfematoria, ha pasado al conservatismo y al clericalismo. De antimilitarista, hostil a las expediciones coloniales, negando hasta el deber de defender la patria, ha venido a ser intervencionista a todo trance e imperialista. El programa fascista de 1919, su obra personal, desbordante de demagogia subversiva, se cambió, al ser aplicado, en una brutal experiencia reaccionaria. El espíritu simplificador del duce no se ata a ninguna fórmula. Puede pasar de una teoría a otra, de una posición a otra rápidamente, sin continuidad, sin tristeza, sin remordimiento. La conquista del xito mediante el llamamiento a la imaginación y a la sensibilidad, constituye el único objeto constante de su juego. Así sus discursos adoptan el tono que place al público y su vocabulario se modifica según el auditorio». Ángel Ossorio y Gallardo, Un libro del abate Sturzo, Madrid, 1928, pp. 44-45.

23 En un discurso pronunciado por Ossorio y Gallardo en el Ateneo de Zaragoza, el 4 de mayo de 1930, intitulado Incompatibilidad y publicado en la Sociedad de Estudios Políticos, Sociales y Económicos, nº 10, Madrid, 1930, su autor no niega sistemáticamente la legitimidad y utilidad de las dictaduras que autojustifica sic et simpliciter toda vez que están determinadas por estos tres conceptos: materia concreta, tiempo limitado y rendición de cuentas. Consignado esto, entiende que «se presentan muchas veces en los pueblos algunas necesidades tan angustiosas que no permiten tramitarlas por los procedimientos ordinarios de la legalidad, y entonces la voluntad honrada de un hombre suple a la intervención del país». Y concluye Ossorio lamentando que no fuera este el caso de la dictadura española sino que «La dictadura española [la del General Primo de Rivera] fue, primero, un régimen de absolutismo, porque establecía las leyes que quería; pero después fue un régimen de arbitrariedad, porque no respetaba ni las leyes que dejaba en pie ni las que ella misma creaba» (pp. 18-19). Vid en un mismo sentido, Ángel Ossorio y Gallardo, “Concepto de la Dictadura”, en Criterio, nº 1 (1928), p.144.

24 Ibidem, pp. 100-108. Ángel Ossorio fue el primero en «plantar cara» a la Dictadura en un buido artículo publicado en el Liberal, el 18 de septiembre de 1923, justamente dos días después del Golpe de Estado. Artículo que, aun censurado inicialmente, fue autorizado por Primo de Rivera porque Ossorio le interpelaba a dialogar con tan fina ironía «de varón a varón», en clara alusión a aquel primer manifiesto de Primo de Rivera –de tan torcida pedagogía añadimos nosotros– donde apelaba como razón suprema a una «masculinidad completamente caracterizada».

25 Vid. Ossorio y Gallardo, Derecho y Estado Real, Discurso de apertura del curso 1928-1929, Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, V. LXXVIII, Madrid, 1928.

26 Ángel Ossorio y Gallardo, Un libro del abate Sturzo, Madrid, Estudios Políticos, Sociales y Económicos, núm. 2, 192, p. 71, y especialmente pp. 213 -258.

27 Publicado en ABC, 11 de septiembre de 1924. Cfr. Fernando Díaz-Plaja, El siglo XX, Dictadura… República (1923-1936), Madrid, 1964, p. 40.

28 Ángel Ossorio y Gallardo, Mis memorias, Madrid, Tebas, 1975.

29 Concluye Ossorio su crítica con la ironía corrosiva tan imantada por su pluma: «Más hicieron, para arraigar y envenenar la lucha de clases, esos bonismos varones con su torpeza que todos los marxistas con sus doctrinas». Ibidem, pp. 156-157.

30 Ángel Ossorio y Gallardo, El sedimento de la lucha, pp. 156.

31Anton Lutterbeck, An den Herrn Bischof von Mainz, Wilhelm Emmanuel von Ketteler, Giessen, J. Ricker, 1860; Otto Pfuelf, Buch Bischof von Ketteler (1811 - 1877): Eine geschichtliche Darstellung von Otto Pfülf, Mainz, F. Kirchheim, 1899; Analouise C. Bolten, Watch, pray, fight: Wilhelm Emmanuel Ketteler as priest-politician, Ann Arbor, Michigan, Univ. Microfilms Internat., 1983; Christoph Stoll, Wilhelm Emmanuel Freiherr von Ketteler: eine Bibliographie, Mainz y München, Hase & Koehler, 1995.

32 Ángel Ossorio y Gallardo, Cartas a una señora sobre temas de derecho político, Madrid, 1932, pp. 31 y sigs.

33 Ángel Ossorio y Gallardo, el sedimento de la lucha, Madrid, M. Aguilar Editor, 1933, p. 156.

34 Ibidem,p. 61.

35 La Encíclica Quod apostolici numeris (28 de diciembre de 1878) de León XIII que lleva por subtítulo Contra la secta de los socialistas, trata de restablecer los conceptos cristianos sobre Estado, familia y propiedad contra los ataques violentos de comunistas y nihilistas para tratar de derribar los fundamentos de la sociedad civil. En este sentido Ossorio manifiesta con sobresalto que «el que en Rusia no es comunista, ni en Italia mussolinista, o en Alemania hitleriano, ni siquiera tiene abrigo para tan trágico dilema [como en el caso del ejército derrotado en la guerra], sino que es perseguido, expoliado, desterrado, preso o asesinado sin que se le permita ampararse en diplomáticos negociadores ni en abogados defensores». Ángel Ossorio y Gallardo, El sedimento de la lucha, Madrid, M. Aguilar Editor, 1933, p. 58.

36 Esta encíclica es una de las fundamentales del cuerpo doctrinal político de León XIII, donde estructura el concepto de Estado en la filosofía cristiana, frente a las ideas que constituyen un orden político.

37 Ángel Ossorio y Gallardo, Un libro del abate Sturzo, Madrid, Estudios Políticos, Sociales y Económicos, núm. 2, 192, pp. 29-30. En la Encíclica Cum multa León XIII hace notar las siguientes líneas: «…Hay que huir la equivocada opinión de los que mezclan y como identifican la religión con un determinado partido político, hasta el punto de tener poco menos que por disidentes del catolicismo a los que pertenecen a otro partido. Porque esto equivale a introducir erróneamente las divisiones políticas en el sagrado campo de la religión […]».

38 Ángel Ossorio y Gallardo, Crisis de la libertad individualista y la democracia, aquí de qua vid. Centro Documental de la Memoria Histórica, Guerra Civil, Sección Político-Social, Madrid, legajo 745, p. 15.

39 Ángel Ossorio y Gallardo, Crisis de la libertad individualista y la democracia, p. 16.

40 Enfatizando que «un demócrata no caerá en el error soviético y fascista de creer que el hombre es para el Estado. Muy al contrario, siempre pensará que el Estado es creación de los hombres y, por tanto, para ellos, para su convivencia, par sus garantías recíprocas, para facilitar su desenvolvimiento, para poner a cubierto sus derechos e intereses» (Crisis de la libertad individualista y la democracia, p. 23).

41 Ángel Ossorio y Gallardo, Crisis de la libertad individualista y la democracia, p. 17.

42 Ibidem, pp. 20-21.

43 Henri De Man es autor de importantes obras como Au delà du marxisme, Bruxelles, 1927, 434 pp.; Au delà du nationalisme, Genève, 1946, 306 pp.; Socialisme constructif, Paris, Alcan, 1933, 249 pp.; L'Ère des masses et le déclin de la civilisation, Paris, Doullens, impr. de Dessaint, 1954, 299 pp.; Pour un plan d'action, Asnières, Itard, 1934, 33 pp.; L'Exécution du plan du travail, par Henri De Man et l'équipe du Bureau d'études sociales, Paris, Félix Alcan, 1935, 444 pp.; Après coup: mémoires, 4e édition, Bruxelles, Paris, Éditions de la Toison d'or y Bruxelles, impr. de H. Wellens et W. Godenne, 1943, 328 pp.; Cavalier seul 45 années de socialisme européen, Genève, les Éd. du Cheval ailé, 1948, 309 pp.; La Joie du travail. Enquête basée sur des témoignages d'ouvriers et d'employés, Fontenay-aux-Roses, impr. des Presses universitaires de France, 1930, 308 pp.

44 La parte programática del Plan se resume en estos tres puntos básicos: 1º) En instaurar un régimen de economía mixta que abarque, junto al sector privado, un sector nacionalizado que englobe la organización del crédito y las principales industrias ya monopolizadas de hecho; 2º) En someter la economía nacional así reorganizada a normas de interés general que tiendan al ensanche del mercado interior, con objeto de reabsorber el paro y crear las condiciones que encaminen hacia una prosperidad económica acrecentada; 3º) En realizar en el orden político una reforma del Estado y del régimen parlamentario que cree las bases de una verdadera democracia económica y social. Henri De Man, Pour un plan d'action, Asnières, Itard, 1934.

45 Ángel Ossorio y Gallardo, Crisis de la libertad individualista y la democracia, pp. 20-21.

46 En Francia fueron distintas las fuerzas socioeconómicas que en el periodo de entreguerras propugnaban un reforzamiento del ejecutivo y una representación organizada y no mediada de todos sus intereses, exigiendo un replanteamiento de la política económica francesa. Sobre el nuevo modelo económico y político diseñado tras la guerra, R. Kuisel, Le capitalisme et l’État en France, Paris, Gallimard, 1984. Precisamente, en Francia la tesis económica de Henri De Man ejercerá una influencia decisiva en la nueva corriente ideológica, los sindicalistas planistas, surgida en el seno de la CGT tras la separación de los comunistas y la creación de la CGTU y, encabezada por el secretario general Jouhaux y su adjunto Belin (autor de la Carta del Trabajo de Vichy) cuya idea era sacar al partido de la línea de Jaurès de apoyo al radicalismo. Para una revisión más detenida y matizada sobre la tesis de la planificación económica véase el testimonio de uno de sus protagonistas, G. Lefranc, Essais sur les problèmes socialistes et syndicaux, Paris, Payot, 1970; J. Amoyal, «Les origines socialistes et syndicalistes de la planification en France», Le Mouvement Social, núm. 87, 1974.

47 Por ello llega a afirmar que «una acción socialista que atacara la posición central del capitalismo, la de los monopolios financieros, encontraría muchas más adhesiones entre los técnicos, los universitarios y, en general, entre las categorías mejores pagadas de las clases medias que entre la gran masa de pequeños tenderos, de los modestos negociantes y hasta entre los “proletarios de cuello planchado”, cuyo nivel de vida no es a menudo muy superior al de la clase obrera» [Henri De Man, “Las clases medias y el Socialismo”, en Leviatán, Revista mensual de hechos e ideas, Tomo I (números I-IV), Madrid, mayo-agosto 1934, pp. 226-229].

48 Vid. Ángel Ossorio y Gallardo, El sedimento de la lucha, Madrid, M. Aguilar Editor, 1933, p. 144.


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