Albert Estrada-Rius, El desafío de la moneda falsa en la Barcelona de Felipe III (1598-1621), Sabadell, Editorial Ausa, Primera edición en lengua española, 2012, 411 págs.

Elena Sáez Arjona


 

RESUMEN: Es una recensión del libro sobre el desafío de la moneda falsa en la Barcelona de Felipe III de Castilla y II de Aragón. En esta obra se analiza, con una exposición ordenada de las fuentes, el fenómeno falsario en el contexto económico y monetario del primer cuarto siglo XVII. La evolución monetaria, la lucha llevada a cabo por las autoridades contra la falsificación de la moneda. La respuesta criminal, policial, judicial, entre otras. Las relaciones entre Cataluña y la Corte Real en el marco de la política monetaria.

PALABRAS CLAVE: Albert Estrada-Rius, Felipe III de Castilla, Política monetaria, Falsificación de moneda, Cataluña, Consejo de Ciento, Casa de la Moneda de Barcelona.

La presente monografía describe el papel esencial que como categoría histórica tuvo la falsificación de la moneda durante el reinado de Felipe III de Castilla y II de Aragón (1598-1621). Justamente es en el contexto de desorden económico y monetario del primer cuarto del siglo XVII donde se extiende de modo más desproporcionado el fenómeno falsario. El autor no se ha conformado con observar la problemática monetaria de dicho periodo desde un enfoque económico, sino que testimonia el interés por la lucha contra la falsificación de la moneda desde puntos de vista diferentes y complementarios: tecnológico, criminal, policial, judicial. Con esta finalidad, se centra en ámbitos tales como: el conjunto de circunstancias a través de las cuales se manifestó la falsificación; la multiplicidad de medidas que adoptaron las autoridades encabezadas por los consellers de Barcelona y el lugarteniente o virrey para hacer frente al problema; quienes, a la sazón, garantizaban la fabricación de la moneda de curso general; y, la correlativa reacción falsaria en la Cataluña de Felipe III. Al respecto, destaca el papel relevante que la política monetaria ocupó en las relaciones entre Cataluña y la Corte Real; sin obviar la posición de preeminencia que ocupó la ciudad de Barcelona en esta materia y los notables privilegios de los que se sirvió la corporación municipal.
Los capítulos del presente trabajo se ordenan mediante una profusa correlación de epígrafes en los que el autor, desgrana el papel que tuvo la falsificación como factor protagonista en sí mismo y objeto preferente de persecución por el poder público.
Cuestión medular de la primera parte es la articulación del propio sistema monetario catalán durante el reinado de Felipe III de Castilla y II de Aragón. El autor se adentra y profundiza en algunas de las problemáticas falsarias individualizadas y las acciones gubernativas con las que estuvieron ligadas. Se ponen de relieve las manipulaciones de la moneda en las casas de moneda; la situación en los talleres monetarios locales; la falsificación de moneda gruesa de curso general y de curso local; y, el cercenamiento de la moneda, más extendido por la facilidad de su comisión que la falsificación propiamente dicha.
En los tres siguientes capítulos el autor dirige su atención hacia la normativa monetaria nacida como reacción frente a la falsificación. En primer lugar, procede en su análisis desde un punto de vista formal. A continuación, se centra en el papel de la especulación e interpretación teórica de los expertos; esto es, la doctrina de los doctores de la Real Audiencia –o jurisprudencia doctrinal–, y en su tarea supletoria de primer orden en la integración del ordenamiento jurídico catalán. Así también, la acción judicial –la jurisprudencia– de los tribunales en la materia. En este punto debemos tener presente que la jurisprudencia judicial no fue reconocida en el sistema de fuentes del derecho catalán aprobado en las Cortes Generales de Barcelona de 1599.
El capítulo quinto aborda la aplicación del Derecho: el peso de la justicia sobre la materia. Se reserva un primer epígrafe a la competencia jurisdiccional y los órganos judiciales. A tal efecto, el autor explica cómo el conocimiento del crimen de falsificación quedaba reservado a la máxima instancia jurisdiccional en Cataluña: la Real Audiencia. En este punto, se añade un particular énfasis en el carácter garantista del sistema jurídico de Cataluña; donde, como es asimismo notorio, el crimen de falsedad era materia vinculada a la regalía y aunque reservada de manera general a la competencia de la Real Audiencia, ello, no empeció –como ha quedado demostrado– que las curias locales de las bailías reales, municipales o señoriales conociesen en este periodo de casos de falsificación de moneda que la historiografía considera reservados a la jurisdicción real como objeto de regalía. Participaron de este modo en capturar a los reos, dictar y ejecutar sentencias.
Así también, especial consideración hace el autor respecto del ejercicio de una jurisdicción de carácter especial que sobre la materia criminal se desarrolló en unas pocas poblaciones encabezadas por la ciudad de Barcelona: juí de prohoms. De igual manera, resalta la trascendente polémica relativa a la inmunidad y reconocimiento del asilo en sagrado.
En lo tocante al proceso criminal, el lector podrá observar que el modelo procesal que juzgaba el crimen de falsificación procedía en última instancia del derecho común; pero sobre todo era tributario del Derecho procesal canónico aquilatado en su ordo solemnis. Todo un corpus jurídico de inmejorable calidad técnica que perseguía la verdad objetiva. Queda constatado que, a partir de 1604, la imposición la pena de muerte fue frecuente en Cataluña; aplicándose por colgamiento en la horca y sólo a los plebeyos. El autor enumera con algunos ejemplos la rica praxis judicial ilustrando entre otras: la condena a servir en galeras del rey, deportación, extrañamiento o relegación a una isla, incluso la confiscación de los bienes del falsificador, la venganza pública, etc.
Finalmente, el capítulo dedicado a la justicia sobre la materia falsaria culmina con tres epígrafes dedicados al dictamen, ejecución de sentencia; los recursos y la vía de gracia. Y al respecto, cabe añadir –aun de forma somera– la seguridad jurídica y el rigor frente al arbitrio judicial en la labor desarrollada por la Real Audiencia.
Las medidas de naturaleza policial que se establecieron en el reinado de Felipe III para perseguir la falsificación de moneda, se centraron en la creación de las Uniones y germandats de armas. El capítulo sexto aporta interesantes datos del papel crucial que jugaron los hombres de la Unión con base en los capítulos constitutivos, donde se estipulaba el compromiso de las partes, la temporalidad y estatutos. Resulta harto significativo el aumento de procesos en materia de falsificación que se incoaron, fruto de la presión policial. Se describe la finalidad de dicha institución, que no fue otra que capturar a los falsarios y conducirlos ante la justicia ordinaria; su constitución como milicia armada y su estructura jerarquizada y militarizada; o la persecución del bandolerismo como fenómeno de alcance que garantizó su constitución. El estudio continúa con un examen de la introducción de la fabricación mecánica de moneda en la Casa de la Moneda de Barcelona por impulso de las autoridades municipales. Respondiendo así, a la deficiente calidad de moneda acuñada por el sistema de fabricación a martillo que facilitaba la falsificación. La documentación inédita permite al autor un esmerado análisis de la mecanización de la fabricación por el sistema de molino en la Casa de la Moneda. Se describe el proceso de preparación de los dos molinos documentados en Barcelona. A continuación se analiza el caso excepcional de Vic (Osona, Barcelona) a partir de 1611 y su carácter difusor de esta tecnología –también con documentación inédita– a partir de 1641 hacia Olot (Garrotxa, Girona) y Puigcerdá (Cerdanya, Girona). Así las cosas, si bien el primer testimonio numismático conocido de la producción del molino arranca el año 1610 en forma de pruebas o piedforts de dineros y de ardites que ostentan esta fecha en la leyenda; la consolidación generalizada del sistema en Cataluña, no se produjo sino a partir de 1641.
El capítulo octavo se enmarca en la fundación del Banco de Barcelona en 1609 fruto de la acción de los consellers de Barcelona contra las especulaciones con la moneda cercenada y falsa de los banqueros privados. A tal efecto, las autoridades municipales a lo largo del reinado se valieron de dicho instrumento financiero; y mediante la tabla de Cambio de la Ciudad, consiguieron que la banca privada entrase en una fase de crisis hasta asistir a su quiebra en cadena en 1615. No obstante, sin pretender otorgar mayor preeminencia, el autor pone de relieve una corriente de pensamiento que, a la sazón, era contraria al monopolio conseguido en 1615 por el Banco de la Ciudad; siendo máximo defensor el doncel y doctor en Derecho Francesc Soler.
Correlativamente, los escenarios de la falsificación y autores del crimen son los temas abordados en el capítulo noveno. Respecto de los escenarios, la documentación escrita y las referencias arqueológicas constatan que fueron utilizados espacios aislados en el bosque; concretamente lugares recogidos como grutas, abrigos, siendo las cuevas el lugar más emblemático de comisión del delito. Se documentan casos de talleres ubicados en núcleos urbanos y en el interior de algunas iglesias y recintos religiosos. Así también, era habitual la falsificación en un territorio de la moneda de un reino vecino. En cuanto a la autoría, a través del testimonio de las fuentes transcritas, se verifica que se trataba de un crimen cometido en cuadrilla, contando en algunos casos con la negligencia de las autoridades. Asimismo, fueron los banqueros barceloneses y los mercaderes extranjeros los colectivos marcados con el estigma de falsario. Se ha intentado establecer relaciones entre determinados oficios y la falsificación; siendo así que también estuvieron bajo sospecha los plateros, cerrajeros, herreros e incluso organeros. Se documenta la presencia de muchos franceses acusados de este crimen y de los moriscos en el reino de Valencia por más que en el caso de éstos últimos no se halla en los procesos una base documental firme. Con todo, el autor concluye afirmando que la implicación en las prácticas falsarias no conocía límites de oficio, porque fueron generalizadas y que a pesar de las gravísimas acusaciones repetidas en la documentación oficial coetánea, no consta ni un solo proceso incoado contra banqueros privados.
En el capítulo décimo dedicado al análisis del cuerpo del delito, se ha establecido –sobre el testimonio de las fuentes transcritas y los hallazgos arqueológicos– una aproximación numismática al problema de la moneda falsa en el reinado del Felipe III. En el primer epígrafe se analizan los instrumentos, materiales y técnicas de falsificación; en ellos se comprueba que los falsarios, utilizaron la acuñación, la fundición, sistemas de forrado, dorado o plateado y el laminado con molinos manuales. En el segundo epígrafe se catalogan algunas de las piezas falsas que se conservan en el periodo analizado.
La problemática monetaria durante el reinado de Felipe III –no sólo en lo referente a la falsificación sino también en su respuesta gubernativa– tuvo su reflejo en la literatura de caña y cordel del primer cuarto del siglo XVII. El presente trabajo culmina con un conjunto de piezas de este género narrativo agrupadas en dos acontecimientos independientes, o –como el propio autor señala– dos ciclos, a saber: el primero, generado en el entorno de la constitución de de la Unión de 1606; el segundo, en relación al abatimiento de la moneda, el pesaje del numerario cercenado y la introducción del molino en 1611. Se han incluido relatos y diarios: privados como el de Jeroni Pujades, e institucionales como el del Consejo de Ciento que reflejan la preocupación por el fenómeno falsario de la época. Las conclusiones aportan de forma resumida una visión general de todas las materias abordadas en el presente trabajo. Como cierre a un completo estudio destacamos una bibliografía cuidada donde no faltan las fuentes primarias manuscritas; así también un índice de ilustraciones, de tablas y gráficos y de equivalencias monetarias y metrológicas. Estrada-Rius ha logrado su objetivo que no es otro que analizar el fenómeno de la falsificación desde una perspectiva ambiciosamente caleidoscópica: acercar al lector la diversidad de vertientes del problema. Se ha utilizado información archivística proveniente de Barcelona y de sus veguerías adyacentes, así como colecciones documentales utilizadas por diversos autores. Y para concluir, como el propio autor nos enuncia en la introducción, aunque el trabajo no disponga de un apéndice documental propio, a lo largo del estudio se han reproducido fragmentos extensos de documentos –inéditos o ya publicados– que aportan al lector un valiosísimo testimonio documental. [Recibido el 14 de febrero de 2013].


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