EL HOMENAJE AL JURISTA, PROFESOR UNIVERSITARIO Y CIUDADANO DE LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS Y DE LAS CIENCIAS SOCIALES ALFREDO RODRÍGUEZ GARCÍA, CON EL AÑADIDO DE LAS PARTICULARES CONSIDERACIONES Y REFLEXIONES DE GUILLERMINA MARTÍN REYES, ANTONIO GARCÍA LIZANA, MARÍA ENCARNACIÓN GÓMEZ ROJO Y STAMATIOS TZITZIS

Manuel J. Peláez *


 

Para citar este artículo puede utilizarse el siguiente formato:

Manuel J. Peláez (2012): “El Homenaje al jurista, profesor universitario y ciudadano de la República de las Letras y de las Ciencias Sociales Alfredo Rodríguez García, con el añadido de las particulares consideraciones y reflexiones de Guillermina Martín Reyes, Antonio García Lizana, María Encarnación Gómez Rojo y Stamatios Tzitzis”, en Revista europea de historia de las ideas políticas y de las instituciones públicas, n.o 4 (diciembre 2012), pp. 1-14. Puede verse en: http://www.eumed.net/rev/rehipip/04/alfredo-rodriguez-garcia.pdf.


RESUMEN: Presentación del homenaje al profesor Alfredo Rodríguez García, titular de Filosofía del Derecho, Moral y Política de la Universidad de Málaga, fallecido en agosto de 2012 en La Cala del Moral (Málaga). Hubo un acto de una extensión inferior a una hora en el que, con una muy nutrida asistencia de profesores universitarios de las Facultades de Derecho, Filosofía y Letras, Ciencias Económicas y Empresariales y Estudios Sociales y del Trabajo de la citada Universidad, intervinieron Carlos Rodríguez, hijo del finado, Juan Pérez Iruela, José Calvo González, Juan José Hinojosa (insigne e ilustre Decano de la Facultad de acogida del homenaje) y la rectora de la Universidad malacitana y presidenta de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas Adelaida de la Calle. Se resume el contenido y el sentido de los respectivos parlamentos. Además se hace referencia al homenaje in scriptis, en su doble versión on line y pasando por los tórculos de las nuevas imprentas, con colaboraciones de Bjarne Melkevik (catedrático de Filosofía del derecho y Metodología jurídica de la Universidad Laval, Québec), Stamatios Tzitzis (director adjunto del Instituto de Criminología de la Universidad de París II Panthéon-Assas, Francia, particularmente vinculado al homenajeado), Gábor Hamza (catedrático de Derecho constitucional y Derecho romano de la Universidad Eötvös Loránd y miembro de la Academia Húngara de las Ciencias, Budapest, Hungría), Marek Jan Lukaszuk (Uniwersytet Marii Curie-Sklodowskiej w Lublinie, Polonia), José Manuel Cabra Apalategui, Guillermina Martín Reyes, Antonio García Lizana, Patricia Zambrana Moral, María Encarnación Gómez Rojo y Manuel J. Peláez, todos estos últimos de la Universidad de Málaga.

PALABRAS CLAVE: Alfredo Rodríguez García, Adelaida de la Calle, Guillermina Martín Reyes, Antonio García Lizana, Juan José Hinojosa Torralvo, José Calvo González, Stamatios Tzitzis, Bjarne Melkevik, Patricia Zambrana Moral, Gábor Hamza, José Manuel Cabra Apalategui, Marek Jan Lukaszuk, María Encarnación Gómez Rojo, Enrique Tierno Galván, Carlos Rodríguez, Juan Pérez Iruela, Manuel J. Peláez, Filosofía política, Filosofía moral, Filosofía jurídica, Psicología infantil.

En el mes de agosto de 2012 fallecía en su domicilio de La Cala del Moral (provincia de Málaga, ayuntamiento de El Rincón de la Victoria), quien fuera estudiante valiosísimo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga, profesor agregado de Filosofía en Institutos Nacionales de Bachillerato, licenciado en Filosofía, licenciado en Psicología, licenciado en Teología y más tarde doctor en Derecho y profesor titular de Universidad por concurso oposición de la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga, en el área de conocimiento de Filosofía del Derecho, Moral y Política, reconvertida luego en área de Filosofía del Derecho1 . Además fue secretario general de la Universidad de Málaga, siendo rector Antonio Díez de los Ríos, que substituyó a otro gran rector José María Martín Delgado, que fue quien constitucionalizó la Academia malacitana.
El viernes 21 de diciembre de 2012 tuvo lugar, en el salón de grados de la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga, un pequeño acto de una hora escasa de duración, con una asistencia nutridísima de público, procedente en buena parte del profesorado de dicho centro docente, pero también de la Facultad de Filosofía y Letras y de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la mencionada Universidad.
El protocolo de dicho acto fue marcado por la Rectora de la Universidad malacitana, Adelaida de la Calle, que es actualmente también presidenta de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas, lo que daba especial realce a su intervención y al tono de su parlamento, que esta vez lo hizo cuasi maternal2 , cariñoso, sembrando flores, lo que los franceses llaman una acción de herborisation. Dio entrada al hijo de Rodríguez García, Carlos Rodríguez, quien, emocionado desde el principio, resaltó las cualidades de buen padre y buen esposo, que adornaron a su progenitor. Precisó que pertenecía a la primera promoción de la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga. La docencia, tanto en el Bachillerato como en la Universidad, fue el motor de su vida, «la droga que corría por sus venas», día a día como profesor, con la dignidad de quien no quiere ser tenido en cuenta.



En el ámbito familiar, Alfredo Rodríguez García manifestó con hechos que su mujer, sus hijos, la felicidad de estos y su bienestar familiar, estaban antes que él. En los últimos meses de vida lo patentizó de una forma encomiable. No dio trabajo, no fue el enfermo quejoso y malhumorado que todo lo rechaza, y que responde con un insulto a quien le ofrece una rosa.
Humilde, sencillo, respetuoso, no quiso sin embargo que los demás percibieran que, en su fragilidad, había virtud, y su sonrisa se deslizaba como bálsamo reparador ante los sinsabores y tristezas que en los últimos momentos acumulaban su mujer, sus dos hijos, su nieta, sus amigos más íntimos 3.
Alfredo Rodríguez hablaba poco, escuchaba más, consciente de que es mejor escuchar que hablar más de la cuenta, o como decía el clásico Keine Antwort ist auch eine Antwort.

El antiguo delegado de Educación en Málaga Juan Pérez Iruela conoció a Alfredo Rodríguez García cuando ambos eran profesores numerarios de Institutos de Bachillerato. En aquella época Andalucía atravesaba por momentos durísimos. Había una tasa de analfabetismo que casi alcanzaba el 15%. Alfredo Rodríguez, que fue profesor por oposición de los Institutos de Carretera de Cádiz y de El Palo, pasó a ser secretario de la Delegación de Educación. Los problemas eran muchos. España no se había democratizado todavía en sus esquemas mentales y sobrevolaba un maloliente franquismo sociológico, que aniquilaba las estructuras e impedía los cambios necesarios. La delegación antes de la llegada de Alfredo Rodríguez era una boule-de-neige très particulière et bruyante. Ya no se podían aguantar más Españas imperiales, ni el sonido de la trompetita de la O.J.E., ni de gente que había malgastado su juventud indoctrinándose en los campamentos que promovía la Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista.
Rodríguez García, desde la delegación, se ocupó de la racionalización escolar, que entonces acumulaba turnos de mañana, tarde y noche, de los comedores escolares, de la integración de deficientes, de la sanidad, etc. Para Juan Pérez Iruela, «Alfredo Rodríguez fue un hombre justo». Presuponemos que el conferenciante lo entiende en el sentido veterotestamentario del término (que es uno de los máximos calificativos que pueden aplicarse al ser humano), yashar, no exactamente aunque coincidente con el δίκαιος griego. Además, Alfredo Rodríguez tuvo «la curiosidad de acercarse a nuevos retos, admiración por lo nuevo, con la empatía que le hacía ponerse en lugar de otro».
Prosiguió luego una disertación del catedrático de Filosofía del Derecho, director adjunto de la presente publicación donde recogemos este pequeño homenaje. Literariamente perfecta, con los recursos italianos del Trescientos, que con tanta agilidad mental maneja José Calvo González, su perorata académica subía y bajaba, hablando de acabamiento, olvido y más olvido, y de la ingeniería de la fantasía del «vivere post mortem». Para Calvo, «recordar es vivir hacia atrás», «pensar es olvidar las diferencias», pues «cada cosa ocupa su lugar».
Según J. Calvo González, «Alfredo [Rodríguez García] tuvo fidelidades en empeños académicos». Bien que lo sabemos algunos. Sin embargo, «no recibió gratitudes». Enseñó y escribió sobre «una Filosofía del Derecho de los filósofos, y no de los juristas». Para Calvo no era un filósofo del Derecho, sino un científico de la Ética y de la Filosofía política. De ello nos atrevemos a afirmar, yendo más allá de lo que especificó J. Calvo, que Rodríguez García dejó huella con su selecta pero sólida obra escrita en esas dos ramas del conocimiento que apunta Calvo González.
Tras doctorarse y luego superar con cinco votos el concurso de profesor titular de Universidad, Alfredo Rodríguez, como hemos precisado al principio, pasó a desempeñar tiempo después el altísimo cargo de secretario general de la Universidad y, tras abandonarlo por cuestiones de salud (un infarto terrible, que él sospechaba cual era el origen de su mal, tal como tuvo oportunidad de comunicarnos a algunos y, en particular, a Francisco de Paula Vera, que no dejó de ir a visitarle ni un solo día mientras estuvo internado en el Hospital Clínico Universitario), recondujo sus expectativas científicas en la dirección de tesis doctorales de Pedagogía y de Psicología.
Su generosidad en este campo fue grande. Aún recuerdo a aquel doctorando brasileño, a quien una norma desacertada le impidió defender su tesis doctoral en la segunda quincena del mes de julio. Hubo de permanecer en Málaga, sin recursos económicos. Alfredo lo hospedó, alimentó y animó hasta la defensa de su memoria y vuelta a su país. Recuerdo al citado doctorando, ya talludito, encorbatado, junto a dos profesoras brasileñas más que habían venido a defender en España sus tesis doctorales. Varios lo hicieron con Rodríguez García y Ángeles Gervilla.
Pero regresando al discurso, como dirían los italianos marmellato y turbinóso al mismo tiempo, de José Calvo, allí oímos como «su falta de envanecimiento era palpable». Pasó por ser «hombre discreto, raro, sin destemplanzas, sin artificios», que con el presente homenaje trata el autor de esta crónica de sacarlo de lo que José Calvo González calificó como «desmemoria cotidiana». Intuimos, pero no sabemos si es así, que el modelo de hombre justo en el que Calvo González ubica a Alfredo Rodríguez García es más alegórico y próximo a la diosa Θέμις que a los parámetros de la Biblia.
Por otro lado, Alfredo Rodríguez era consciente de que el águila no caza moscas, pero eso no le impedía atender a todo el mundo, a los avaros y ambiciosos del insustancial poder universitario y al alumno repetidor y revoltoso, y lo hacía sin dobleces en su comportamiento. Rodríguez García no era de los que se sentaba en dos sillas, pero su perspicacia y sentido común alcanzaban a distinguir la perfidia púnica que adornaba a algunos y a algunas.
Siguió luego la intervención del Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga Juan José Hinojosa Torralvo, catedrático de Derecho financiero y tributario y doctor en Derecho4 por la primigenia Universidad de Bolonia, quien en un tono pausado, sin estridencias y sin leer lo que tenía escrito, que lo apartó por razones que entendimos los que allí estábamos, recordó al docente y al amigo, siempre dispuesto a escuchar a la gente que fuera a verle por el rectorado y solucionar las dificultades que se le presentaran, naturalmente cuando fueran justas, legales y entraran dentro de sus competencias, no prevaricando como hacen un selecto pelotón de políticos, de hombres dedicados a la res publica. «Ayudó a la gente –dijo J. J. Hinojosa– sin pedir nada a cambio». Como secretario de la Delegación de Educación también hizo favores a tirios y troyanos, siendo una persona sincera y extraordinaria.
Juan J. Hinojosa puso de relieve en su disertación el buen talante conciliador no sólo de Alfredo Rodríguez, sino también suyo, sin estridencias, ni salidas de tono, y sin el espíritu disgregador de las camarillas, lo que es objeto de casi general reconocimiento dentro del universo jurídico malagueño, quizás en contraste con los dos decanos que precedieron al bolonio, dentro de las bondades que estos últimos estuvieron ornados, que también las hubo y las demostraron.
Sin embargo, el Dr. Hinojosa es todo lo contrario de un hombre que practique el pirobolismo (tampoco lo practicó, salvo ocasionalmente, Alfredo Rodríguez) y está desprovisto de empaques cesarianos o dogmáticos, pero al mismo tiempo eso es compatible con que sí sea sanamente pirandón.
Cerró el acto la Rectora de la Universidad de Málaga, con un discurso bien medido, pero a la vez tierno y afectuoso, dirigido a los presentes, pero en particular a la familia y a los más íntimos y cercanos del finado. Resaltó una idea que es más un desiderátum que una realidad en el mundo universitario, tan lleno a veces, otras no, de celotipias que con frecuencia parten de los ágrafos de la turpis mediocritas. Con bondadoso acogimiento, Adelaida de la Calle precisó que «las familias, las comunidades, los amigos se reúnen. Los que aprendemos e investigamos juntos, también».
A veces evidentemente se producen vacíos, «huecos que generan los que ya no están». No quiso entrar en la urdimbre del pensamiento de Rodríguez García y si concebía el Derecho como médium o como institución, si era partidario de Hans Kelsen o de Jürgen Habermas, si era un filósofo del Derecho o lo fue de la Moral.
De la Calle puso de relieve además que Alfredo Rodríguez no solo fue bueno como profesor y gran docente, sino que fue «amigo de sus amigos», «el amigo que escucha, comenta, habla y quiere». De esta forma, «todos los que le conocíamos le respetábamos». Fue «silencioso en su forma de hacer las cosas», pues Alfredo Rodríguez no era de los que entraba bajo palio en la Universidad, ni le gustaba que utilizaran con él el botafumeiro. Aborrecía la lisonja y no combatía de manera lisofórmica a los que le desagradaban, contradecían o criticaban decisiones del equipo rectoral.
Coincidiendo con lo que dijo algún otro en aquel memorable acto, Adelaida de la Calle incidió en su condición de «hombre justo en el sentido más alto». Ella lo conoció como compañero de su equipo de gobierno: Adelaida de la Calle era vicerrectora de Investigación y antes había sido adjunta al Vicerrector de Investigación, cuando ocupaba el rectorado José María Martín Delgado.
Alfredo era el secretario general cuando lucía la birreta negra Antonio Díez de los Ríos, al que hemos mencionado líneas atrás, quien incentivó la creación de infinitas plazas de profesores titulares de Escuela y de Universidad y de catedráticos de Universidad en Málaga, y a quien –como ya he repetido en, al menos tres lugares, por escrito– pocos ¡poquísimos! fueron los que, asentados sus reales en sus poltronas, supieron agradecérselo ni entonces, ni luego.
La Rectora hizo una confidencia al público que guardaba en su corazón, la entrañable sonrisa con que le miraba Alfredo, la forma con que se dirigía a ella: «¿Qué tal, la niña?». Para Doña Adelaida ese es el mejor recuerdo del hombre sencillo, tenaz y cumplidor de sus deberes que fue Alfredo Rodríguez García.
El acto fue seguido de un aperitivo con el que el decanato de la Facultad de Derecho de Málaga obsequió a los asistentes, lo que propició las felicitaciones a unos y otros, y también alguna reprimenda caritativa, sin ironías, a alguno de los participantes activos.
Paralelamente y antes del acto de los 58 minutos, algunos profesores ajenos a la Facultad de Derecho de Málaga quisieron dejar constancia por escrito de su aprecio y reconocimiento a Alfredo Rodríguez García. Tal es el caso de los catedráticos de la Universidad de Málaga. Guillermina Martín Reyes y Antonio García Lizana, que ahora están bajo la férula del área de Economía Aplicada, pero que en realidad son de Estadística y Econometría la primera, y de Política Económica (y de Economía Política, de lo que ahora me entero) el segundo. Guillermina Martín estuvo en el mismo equipo de gobierno de la Universidad malacitana que Alfredo Rodríguez, Adelaida de la Calle y Pedro Rodríguez Oliva (también presente en el homenaje), y Antonio García Lizana era amigo de Alfredo Rodríguez, con el que tuvo oportunidad de discutir y parlamentar sobre muchos asuntos. La mistad la han mantenido, y tal vez incrementado, con el paso del tiempo, tras haber cesado D. Alfredo y D.ª Guillermina en sus competencias académicas en el rectorado en las que desmotraron, a juicio de no pocos, un notable acierto, que lógicamente no compartirán todos, pues el reconocimiento nada tiene que ver con la gratitud ni con la ingratitud, pero lamentablemente es así. El contenido del escrito de Guillermina Martín Reyes y de Antonio García Lizana (han profundizado en el pensamiento y la trayectoria académica, ideológica y vital de Alfredo Rodríguez García) es el siguiente:

[I]. Profesor del Área de Filosofía del Derecho, Moral y Política, encarnó en su vida personal los conocimientos que a lo largo de su vida docente transmitió a sus alumnos. Hizo de su propia trayectoria vital la mejor muestra de sus enseñanzas. Su actitud ante la enfermedad final fue todo un ejemplo de sabiduría, en el pleno sentido de la palabra. De paciencia, serenidad, comprensión, cercanía y amistad, de lo cual podemos dar testimonio.
[II]. Su rectitud y fidelidad a los principios del derecho los conjugaba con una particular sensibilidad hacia los problemas humanos, nacida de su profunda concepción ética, hasta el punto de sufragar de su propio bolsillo los gastos de matrícula de algún alumno con dificultades para continuar sus estudios, cuando ocupaba el puesto de Secretario General de la Universidad.
[III]. Ambos criterios le impulsaban a adoptar una posición tal ante las cuestiones concretas que pasaban por sus manos, cuando ocupó puestos de responsabilidad, que llegaron a echarle en cara que «parecía abogado de la parte contraria», tan ecuánime, autocrítico y objetivo pretendía ser.
[IV]. Sus principios éticos y sus convicciones le llevaron a adoptar posiciones profundamente críticas que no le beneficiaron; e, incluso, cuando ya sentía próximo su final, a romper su militancia política, por entenderla incompatible con la línea de conducta que siempre encarnó, al contemplar la deriva que había tomado en los últimos tiempos, y no querer morir sin adoptar una posición firme en este sentido.
[V]. Tal forma de ser, el calor humano que desprendía, su actitud de servicio y su cercanía personal con quienes le rodeaban, despertó el cariño y la admiración de profesores, alumnos y personal de administración y servicios, así como de los amigos que fue conquistando a lo largo de su existencia. A todos transmitió, comenzando por su propia familia, tal sentido de la vida, estilo de relaciones y preocupación por los problemas de la sociedad.
[VI]. No es de extrañar que todo ello se reflejara en su trabajo como investigador, ocupándose de cuestiones vinculadas estrechamente con la visión ética de la política (como su propia tesis doctoral, sobre la figura de quien consideró su maestro, Enrique Tierno Galván), la docencia o los derechos de la infancia, reconociendo en este último caso la importancia de pasar de la concepción de una infancia de las necesidades a una infancia de los derechos; hermanando, así, derecho, educación, virtudes cívicas, compromiso político y preocupación por los más vulnerables desde un punto de vista social.

Guillermina Martín Reyes
Antonio García Lizana
Catedráticos de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga

 

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Samuel Pufendorf, junto a Huig de Groot, fue objeto de gran admiración y estudio por parte de Alfredo Rodríguez

María Encarnación Gómez Rojo, profesora titular de Historia del derecho y de las instituciones de la Universidad de Málaga, tuvo oportunidad de tratarlo y ha deseado dejar constancia de su recuerdo y admiración a esa noble alma y buen compañero universitario que fue Alfredo Rodríguez, un hombre que no era propicio a las camarillas, ni dado al vilipendio:

[I]. No quisiera dejar pasar la oportunidad de participar, siquiera en una breve nota, en el homenaje al Dr. Rodríguez García al que conocí, una vez que ingresé como ayudante en el área de Historia del derecho y de las instituciones de la Universidad de Málaga, allá por el curso académico 1991-1992, a través de las palabras del que a la postre y por aquel entonces ejercía las funciones de director de mi memoria de licenciatura, Dr. D. Manuel J. Peláez.
[II]. Poco años más tarde, no en aquel momento, Alfredo Rodríguez García entró a formar parte del organigrama directivo de la Universidad de Málaga como Secretario General y en ocasiones en las que sus funciones como tal le dejaban hueco acudía a su despacho de la Facultad de Derecho y a otras dependencias comunes donde era frecuente encontrarlo, con su habitual discreción, y yo me atrevería a decir que hasta timidez, compartiendo unas palabras con éste o aquel miembro del profesorado o del personal de administración y servicios.
[III]. Mi relación con él siempre fue cordial y distendida, antes, cuando y después de que asumiera sus responsabilidades en el rectorado; todavía recuerdo cómo me preguntaba habitualmente por D. Manuel, al que apreciaba y respetaba bastante, especialmente cuando estaba pendiente de la publicación de algún que otro resultado de sus investigaciones o esperaba ser científicamente contestado en los Cuadernos informativos de Derecho histórico público, procesal y de la navegación, revista que en sus veinte números llegó a contar con doscientos cuarenta y cinco colaboradores de dieciséis países en siete lenguas distintas, de periodicidad semestral, que funcionó como plataforma de comunicación de resultados científicos relevantes en las materias histórico-jurídicas recogidas en su título y que, a partir de diciembre de 1996, desgraciadamente desapareció del panorama intelectual por razones presupuestarias, aunque muchos aún la recuerdan y otros la sigamos citando en nuestros artículos.
[IV]. El afecto y sincero reconocimiento que el Dr. Rodríguez López profesaba al director de los citados Cuadernos, queda reflejado en la dedicatoria que estampó con su letra en el ejemplar que le entregó de su monografía titulada Enrique Tierno Galván: la actualidad de su pensamiento. legado ético y político del viejo profesor, que recoge los principales resultados de su tesis doctoral leída y defendida ante los catedráticos Elías Díaz y Raúl Morodo (ahora prologuista del libro), entre otros. Voces más autorizadas que la mía han incidido científicamente sobre los diferentes aspectos, unos más meritorios que otros, de la citada memoria. A la que suscribe únicamente le corresponde, si cabe, hacer notar, desde el punto de vista iushistórico, el intento, del ya doctor Rodríguez López, de rescatar de la memoria para hacerlas muy presentes, las principales líneas intelectuales, filosóficas y éticas de unos años muy marcados políticamente en España, a través del hilo conductor excepcional de la figura compleja y carismática de Enrique Tierno Galván, hombre de apariencia afable y tranquila, como la de Alfredo Rodríguez García, que supo llevar con encomiable dignidad, prudencia y sensatez los avatares derivados de la enfermedad. Vaya para él mi sincero recuerdo. Descanse en paz Alfredo Rodríguez García.

María Encarnación Gómez Rojo

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Desde la capital de Francia, Stamatios Tzitzis, actual director adjunto del Instituto de Criminología de la Universidad de París, ha querido colaborar en este homenaje con un artículo en su memoria, precisamente sobre el argumento en torno al que debatió científicamente con Alfredo Rodríguez en su momento5 .


Hugo Grotius o Huig de Groot, referente primigenio máximo del Derecho internacional y del iusnaturalismo racionalista

Tzitizis nombró a Alfredo Rodríguez García miembro del consejo internacional, en representación de España, de la Revue Internationale de Philosophie Pénale et de Criminologie de l’Acte, que con el tiempo fue cambiada por otra publicación editada por la Dalloz de París titulada Essais de philosophie pénale et de criminologie.
Cuando Alfredo Rodríguez accedió al consejo científico en representación de la ciencia criminológica española, otros profesores europeos y americanos compartían con él dicho comité; eran todos extranjeros reconocidísimos en sus respectivos ámbitos. Se pudo recurrir a otros, pero en España se eligió a Alfredo Rodríguez, no a ningún catedrático, ni profesor titular de Derecho penal. El resto son los siguientes: Virginia Black (Nueva York, Estados Unidos de América), Yvonne Bongert (París, Francia), George C. Christie (Durham, Estados Unidos de América), Paulo Ferreira da Cunha (Oporto, Portugal), Thomas Gil (Stuttgart, Alemania), Alessandro Giuliani (Perusa, Italia), Joseph Melèze-Modrjewski (París, Francia, director de la revista jurídica en estos momentos más antigua de Francia), André Normandeau (Montréal, Québec), Henri Pallard (Sudbury, Canadá), Renato Rabbi-Baldi Cabanillas (Buenos Aires, Argentina) y Jean-Marc Trigeaud (Burdeos, Francia).

Esta publicación se editaba en Chlorofeuilles éditions de Nanterre. Aparte de su colaboración escrita, he aquí dos recuerdos de Tzitzis hacia Alfredo Rodríguez García al enterarse de su deceso:

[I]. Mon très cher Manuel,
Quelle triste nouvelle ¡ J’en suis vraiment désolé. Veuille presenter à sa famille mes plus sincères condoléances ¡
Bien sûr que j’écrirai un article que je vais consacrer à la mémoire du Professeur Rodríguez-García.
Il portera sur la philosophie morale et juridique de la Grèce classique. Dis-moi s’il te plaît la date limite.
Avec tout mon amicale affection.
Stamatios [Tzitzis] [Institut de criminologie, Paris, 14 décembre 2012]

[II]. Très cher Manuel,
D’abord mes meilleurs vœux pour le nouvelle année. Santé et prosperité pour toi et pour la famille !
Comme promis je t’envoie ci-joint l’article pour la mémoire du professeur Rodríguez-García. J’espère que cela te conviendra.
Avec ma fidèle amitié.
Je t’embrasse
Stamatios [Tzitzis] [Institut de criminologie, Paris, 7 janvier 2013]

Stamatios Tzitzis

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Patricia Zambrana Moral ha escrito la colaboración más larga de este homenaje, lo que no era de extrañar pues sin duda había dedicado la valoración más extensa puesta por escrito dedicada a las teorías de Alfredo Rodríguez García 6, contrastándola con las contribuciones a la Ética del catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas Antonio Millán Puelles y al libro Ética de Leonardo Polo Barrena, catedrático jubilado que lo fue de las Universidades de Granada y de Navarra.
Allí ponía de relieve Zambrana las carencias bibliográficas de estos tres autores en un momento, en 1996, donde no existía ese surtidor relevante de citas científicas que ahora nos facilita hasta cierto punto la red. El artículo de Alfredo Rodríguez precedía en esa misma sede al de Zenon Bankowski, sobre “¿Positivismo jurídico internacional?”7 , traducido por José Calvo y Felipe Navarro Martínez y complementado con un añadido del propio Calvo González. Lo que nadie explica de dicho artículo es quiénes son las dos mujeres que aparecen fotografiadas en la p. 5271, y de dónde son profesoras –¿acaso de la Facultad de Derecho de la Universidad de Edimburgo?– y cuál es su aportación al positivismo jurídico, al iusnaturalismo de estricta observancia o al iusnaturalismo racionalista.
La Facultad de Derecho de la Universidad canadiense de Laval (Québec) ha querido estar presente en este recuerdo en forma de pequeño homenaje, con un artículo elaborado por el catedrático de Filosofía del derecho y de Metodología Jurídica, el noruego formado en París con Michel Villey, Bjarne Melkevik, director de la muy reconocida colección de libros Dikè, de la Universidad Laval, financiada por el Conseil des Arts du Canada y por la Société d’aide au développement des entreprises culturelles du Québec.
Gábor Hamza no se ha resistido a no participar en el homenaje a Alfredo Rodríguez García. Hamza es catedrático de la Universidad Eötvös Loránd y miembro de la Academia Húngara de las Ciencias, cuenta con centenares de publicaciones aparecidas hasta en un total de catorce lenguas, lo que constituye sin duda una llamada de atención a aquellos juristas españoles que solo han publicado en castellano, y además algunos de ellos cuando utilizan latinismos con frecuencia yerran en su expresión, sin darse cuenta de que no expresan aquello que se proponen postular.


prof. dr. Hamza Gábor

De notable envergadura es el estudio del pensamiento de Rodríguez García que ha escrito José Manuel Cabra Apalategui, tutelado por Don Alfredo, tras su entrada en la Universidad. Hombre correoso y con una sólida formación adquirida en diversas Facultades de Derecho españolas, y formado en distintas escuelas iusfilosóficas y sociológico-jurídicas, Cabra Apalategui ha querido igualmente estar presente en el homenaje a un hombre bueno, para contribuir entre otras cosas a que no se pierda el recuerdo de su paso por la Filosofía política y moral, porque si ya estuvo apartado y ausente por su grave enfermedad, ahora con su muerte no se cumpla el adagio del clásico «absentia longa et mors aequiparantur». Ya nos ocuparemos algunos amigos suyos, entre los que siempre me encontré desde el primer momento, de que esto no suceda.

Recibido el 17 de enero de 2013 y aceptado el 25 de enero de 2013.

* Catedrático de Historia del derecho y de las instituciones. Universidad de Málaga.

1 Este cambio en la denominación del área de conocimiento se produjo por los buenos oficios de Gregorio Peces-Barba, cuando era rector de la Universidad Carlos III, pero no en época de gobiernos socialistas, sino del Partido Popular. El área de Filosofía del Derecho, Moral y Política fue suprimida el 10 de diciembre de 1996, dando lugar a otras dos áreas, una la de Filosofía del Derecho y otra la de Filosofía Moral (heredera de las antiguas cátedras de Ética). La Filosofía Política desapareció del mundo de los saberes oficiales.

2 Se recuerdan otros discursos suyos combativos en defensa de una mejor financiación de las Universidades públicas, contrastándolo además con la financiación de las Universidades en Brasil, país emergente en las encuestas internacionales de calidad científica, donde a diferencia de España que ha caído, en la más reconocida de las baremaciones, de 16 universidades en 2003 a 10 en 2012, Brasil sin embargo despega con una fuerza inusitada. Solo en el ranking de Webometrics, España aventaja notablemente a Brasil, colocando 43 universidades entre las 1000 primeras del mundo, mientras que Brasil solo cuenta con 29. Pero no es del todo de fiar, porque esa medición está hecha en España por el CSIC, y favorece de modo descarado a los centros docentes superiores de nuestro país. Lo que sí es cierto es que las Universidades privadas y concordatarias españolas (excluida la de Navarra) son considerablemente peores que las públicas. Se le ha ocurrido a dos universidades privadas intentar aterrizar en la provincia de Málaga y hacen gestiones con la Junta de Andalucía. Pero no viene precisamente ni Yale, ni Oxford, tratando de instalar un campus, sino la Universidad Católica San Antonio de Murcia, que ha degradado al santo (no sabemos que estará pensando en el paraíso de estos tejemanejes y, si antes era de los santos con mejor imagen del santoral católico, ahora desde Murcia, habrá mucha gente que a la vista de lo que ve dejará de encomendarse a su poderosa intercesión), pues dentro del índice mundial Webometrics la San Antonio es la 61 de España y la 2.528 del mundo. Animados también no se sabe por quién hacen igualmente sus gestiones desde la Universidad Europea de Madrid para establecerse en Málaga; ésta es la 57 de España y 2.090 del mundo. Casualmente la tradicional y pública de Málaga ocupa el nº 426 del mundo (no obstante, ha retrocedido bastantes puestos respecto a la medición anterior). Cualquiera sabe que toda Universidad que no esté dentro de las mil primeras del mundo es poco de fiar, máxime en un continente como el europeo, y a partir del número dos mil ya la desconfianza científica sobre esa institución universitaria alcanza un notable grado de alarma entre gente medianamente entendida de qué van las cosas. Encima, a un alcalde inteligente, de sólida formación y de largo recorrido en la política, no se le ocurre otra cosa que no documentarse previamente y dice tonterías y una política, paradigma de la desilustración, incurre en torpezas profiriendo afirmaciones propias de una colegiala de primero de secundaria. Pero lo más sorprendente es que semejante carencia de lo más elemental de latines y biologías, no le impidió acceder al Ministerio de Sanidad, siendo la peor titular desde que se creó la cartera en la segunda República, aunque no le ande a la zaga Leire Pajín Iraola, que además fue diputada en el Congreso con veinticuatro años. Salvadas las ideologías, ¡qué diferencias entre la primera del Partido Popular y la segunda del Partido Socialista Obrero Español, en comparación con Federica Montseny Mané, ministra de Sanidad y Asistencia Social desde el 4 de noviembre de 1936 al 17 de mayo de 1937!.

3 Cfr. Prov, III, 33, IV, 18, IX, 9, X, 6 y 7, XI, 9, XII, 13, XVI, 11, XX, 7, XXIV, 16 y XXXI, 27; Gen, VI, 9; Deut, XVI, 18 y 20, XXV, 15 y XXXII, 4; Job, XII, 4; Ecc, VII, 15; Isa, XXVI, 7; Eze, XVIII, 5 y 9; Amos, V, 12; Lev, XIX, 36; Hab, II, 4; Zeph, III, 5.

4 El título de la memoria doctoral de Juan José Hinojosa, nacido el 14 de octubre de 1959, fue Aspetti fiscali e finanziari della trasformazione del territorio, Facoltà di Giurisprudenza, Università degli Studi di Bologna, anno accademico 1984-1985. La Universidad boloñesa, aparte de ser la más antigua del mundo, y donde se han doctorado varios profesores (entre los que son, los que lo han sido y los que ya han fallecido, y otro que se doctorará en breve, dicho sea de paso con una memoria mucho más extensa que la de todos los anteriores) de la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga, en las encuestas de calidad suele aparecer como la primera de Italia y entre las cien mejores del mundo, por encima de todas las Universidades públicas españolas y no digamos ya muy por encima de las privadas, las concordatarias y las eclesiásticas de nuestro país. No obstante, nos parece exagerada la ubicación que le da la citada Webometrics, como, igualmente e incluso mucho peor, está falta de lógica científica la contestada encuesta promovida en su momento por la antigua ministra Mariastella Gelmini, de uno de los gobiernos de Silvio Berlusconi, que situaba la citada Alma Mater studiorum italiana por detrás de centros de enseñanza superior insignificantes del citado país trasalpino, favoreciendo además descaradamente a los del norte de Italia y perjudicando a los del sur, en particular a las Universidades sicilianas, alguna de las cuales, la de Palermo, sí aparecía como universidad de calidad en la encuesta de las 500 mejores del mundo del Ranking de Shanghai. La Gelmini fue ministra de educación, investigación y universidades desde el 8 de mayo de 2008 al 16 de noviembre de 2011. Con el Decreto m. 17/2010 trató de clausurar algunas de las enseñanzas impartidas en las universidades italianas; particularmente peligroso iba a serlo para la de Bolonia, como pone del relieve el artículo “Decreto Gelmini: all’Alma Mater a rischio un centinaio di corsi”, en Il Resto del Carlino, Bolonia, 18 de enero de 2011. Afortunadamente Gelmini cesó en su cargo con la caída de Berlusconi. Dicho sea de paso, Mariastella Gelmini usufructuba un sillón ministerial que estaba muy por encima de su preparación y de sus méritos académicos. Así lo constataba Alessandra Arachi, “La sfida ministro-Bersani sul curriculum di laurea”, en Corriere della sera, 26 de noviembre de 2010, donde se recogen las declaraciones de Antonio d’Andrea, profesor de Derecho constitucional de la Universidad de Brescia, que fue el director de la tesis de laurea de Mariastella Gelmini, señalando al respecto: «Mariastella Gelmini había elegido una tesis con un título fascinante: “Referendum de iniciativa regional”. La temática era buena, pero ella la ha desarrollado de una forma verdaderamente descuidada y negligente... Por aquella tesis no quise darle ni siquiera un punto de más a la media de su expediente. No sólo por como estaba escrita la tesis, sino sobre todo por la forma en que Gelmini la defendió ante el tribunal» (p. 3). Pero, peor sin duda es el caso de la ministra alemana de Educación y Universidades, Annete Schavan, que ha tenido que dimitir del cargo por plagios en su tesis doctoral en Filosofía, que versó sobre la conciencia, defendida hace 32 años. También tuvo que dimitir de su puesto de Vicepresidenta del Parlamento europeo, Silvana Koch-Mehrin, desprovista igualmente de su doctorado, tras habérsele descubierto plagios. Su tesis en historia económica había sido defendida en la Universidad de Heidelberg en 2000 y se había publicado como libro en 2001. El barón zu Guttemberg, tras una encendida polémica mediática, dimitió de su puesto de ministro de Defensa, igualmente por plagios en su tesis doctoral y se quedó sin borla, birrete y muceta doctorales.

5 Ver “Alfredo Rodríguez García vs Stamatios Tzitizis (A propósito de eros y justicia en Platón)”, en Annals of the Archive of "Ferran Valls i Taberner's Library": Studies in the History of Political Thought, Political & Moral Philosophy, Business & Medical Ethics, Public Health and Juridical Literature, Barcelona, n.º 11-12 (1991), pp. 691-699 y también de Alfredo Rodríguez García, “ΕΥΔΙΚΙΑΤΕΥΧΟΣΙΑΘΗΝΑΙ 1991 (Έπιθεώρησητοΰ ΔιεθνούςΚέντρου Φιλοσοφίας καί Θεορίας τού Δικαίον)”, en Cuadernos informativos de Derecho histórico público, procesal y de la navegación, Barcelona, 15-16 (febrero-1993), pp. 3699-3709.

6 Ver Patricia Zambrana Moral, “Antonio Millán-Puelles, Alfredo Rodríguez García y Leonardo Polo Barrena (Derecho, Ética y Moral)”, en Cuadernos informativos de Derecho histórico público, procesal y de la navegación, 19-20 (diciembre 1996) [1997], pp. 5603-5668, con 323 notas a pie de página y más de seiscientos trabajos consultados. Allí Zambrana comentaba el denso artículo de A. Rodríguez, “Derecho y Moral”, en Cuadernos informativos de Derecho histórico público, procesal y de la navegación, 19-20 (diciembre 1996) [1997], pp. 5191-5252, en el que el profesor de la Universidad de Málaga resaltaba que «la moral penetra en el mundo del derecho pero no, al modo que lo entendían los positivistas y el propio Kelsen, a través de los operadores jurídicos que transforman pautas morales en deberes jurídicos, sino mediante un procedimiento en que principios y normas aparecen yuxtapuestos y parecen constituir un sistema coherente» (p. 5250).

7 Zenon Bankowski, “¿Positivismo jurídico internacional?”, en Cuadernos informativos de Derecho histórico público, procesal y de la navegación, 19-20 (diciembre 1996) [1997], pp. 5253-5276.


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