Gérard D. Guyon, Le choix du royaume. La conscience politique chrétienne de la cité (Ier-IVe siècle), con Estudio preliminar de Roland Minnerath, Ediciones Ad Solem, Ginebra, 2008, 454 págs.

María Cristina Toledo Báez


 

ABSTRACT: En el libro de Gérard D. Guyon, prologado por Roland Minnerath, el autor estudia los tres primeros siglos de existencia de la religión cristiana durante el Imperio romano (del año 30 al 330) con la particularidad de que aboga por la irreductibilidad de los vínculos entre la fe y la política y muestra de qué forma el cristianismo transformó el principio de legitimación del poder en la Antigua Roma. A pesar de que la organización del contenido resulta complicada, la línea argumental expuesta por Guyon es muy clara: la conciencia cristiana, basada en sus inicios en una “elección del Reino” celeste y espiritual que cuestionaba los valores de la sociedad pagana romana, aceptó con el paso de los años un reino terrenal.

PALABRAS CLAVE: Gérard D. Guyon, Religión cristiana, Imperio romano, Legitimación del poder, Fe y política.

El estudio de los tres primeros siglos de existencia de la religión cristiana durante el Imperio romano (del año 30 al 330) se centra en los aspectos histórico-políticos de la sociedad de la época y, de forma errónea, aísla la fe en Cristo de su contexto de poder y de religión (p. 14). Sin embargo, la obra que nos ocupa, Le choix du royaume. La conscience politique chrétienne de la cité (Ier-IVe siècle), aboga por la irreductibilidad de los vínculos entre la fe y la política y muestra de qué forma el cristianismo transformó el principio de legitimación del poder en la Antigua Roma.

Su autor, Gérard D. Guyon, profesor emérito de la Universidad Montesquieu de Burdeos IV (Francia), es un exponente del catolicismo intelectual en la Francia laica. Lleva años colaborando en España en diversas publicaciones periódicas, homenajes, etc.

El libro, prologado por Monseñor Roland Minnerath, arzobispo de Dijon y profesor emérito de la Universidad de Estrasburgo, se estructura en tres partes principales: una primera en la que se ponen en tela de juicio los valores del mundo romano; una segunda en la que se indaga en la búsqueda de la identidad política cristiana y, por último, una tercera en la que afirma y confirma la unidad jurídica de la Iglesia. Completan la obra una introducción, un apartado de conclusiones, una lista de abreviaturas, un apartado de bibliografía general, un índice de nombres de autores antiguos, Padres de la Iglesia, Emperadores y Papas y, como colofón, un índice temático. Hemos de señalar, no obstante, que, a nuestro juicio, la organización de la obra es bastante peculiar, ya que los 25 capítulos, de extensiones muy dispares, se encadenan sin que haya quedado definido el criterio de división.

No obstante, la línea argumental expuesta por Guyon es muy clara. La conciencia cristiana, basada en sus inicios en una «choix du royaume» o “elección del Reino” celeste y espiritual que cuestionaba los valores de la sociedad pagana romana, aceptó con el paso de los años un reino terrenal gracias, por un lado, al emperador Constantino (272-337), que reconoció el cristianismo como religión privilegiada, y, por otro, al emperador Teodosio (347-395), que posteriormente le concedió el estatus de religión oficial. Aunque, ¿cómo se produjo esta evolución de secta judía perseguida a ulterior religión de Estado? ¿Se vio obligado el cristianismo a renegar de sí mismo para estrechar lazos con el poder imperial? ¿O, por el contrario, fue el Imperio el que claudicó en beneficio de la religión de Cristo?

De acuerdo con Guyon, el recorrido del cristianismo obedece a una continuidad prolongada en el tiempo y toma como eje central un concepto clave para comprender la evolución de la religión de Cristo: el valor de la “utilitas communis” (p. 28), del bien común, el cual incluye no únicamente elementos religiosos (el culto, la liturgia, la organización interna, la disciplina, la representación de la comunidad, etc.), sino también aspectos públicos, políticos, sociales y culturales que están impregnados de la finalidad espiritual. Por mor de la “utilitas communis”, los cristianos, considerados como un “tertium genus” o tercer género, rechazan del Imperio su “Respublica” o preocupación por el interés público al contener un principio de legitimación basado en valores sociales y políticos que despiertan la hostilidad de los cristianos. Dicha hostilidad se traduce en la oposición a la subordinación de la “utilitas reipublicae” y a sus valores más señeros: el paganismo, el evergetismo, el clientelismo, la inmortalidad del Imperio o “Roma aeterna”, la obediencia al poder legítimo, la guerra, el servicio militar, entre otros.

De este modo, dos actitudes generales dominan los tres primeros siglos del cristianismo en lo que concierne a la vida pública. En la primera actitud se acepta el estatus jurídico del universo romano so pena de la siguiente condición: «Quae sunt Caesaris Caesari et quae sunt Dei Deo». Nótese que esta sentencia aparece en la portada del libro, lo cual refrenda su relevancia en la obra. Esta afirmación supone una ruptura total con la tradición, la historia y las mentalidades romanas donde lo político y lo religioso coexisten como elementos necesarios para la “civitas”. Para los cristianos, los poderes políticos deben rendir cuentas a Dios, lo cual implica la aparición de nuevas relaciones entre la política y la ética en una politeia en la que Dios precede al poder (p. 89). La segunda actitud se basa en un sentimiento dualista que separa radicalmente el pueblo de Dios y el mundo, de ahí que surja una conciencia común de cristiandad cuyas bases escatológicas son el advenimiento del Mesías, la eliminación del Anticristo y el Juicio Final.

No hemos de obviar, sin embargo, que ciertas circunstancias históricas favorecieron la expansión del cristianismo. Nos referimos a la crisis del Imperio, que, en la segunda mitad del siglo III, beneficia a la Iglesia dado que su mensaje de salvación y su visión del Reino son mejor recibidos en la adversidad que en la prosperidad (p. 275). Además, la necesidad de restaurar la unidad moral del Imperio llevada a cabo por Diocleciano (244-311) y luego por Constantino sobre bases cristianas refuerza la visión cosmopolita del cristianismo. Consideramos oportuno remarcar que, si bien el giro constantiniano aportó armonía jurídica y política a la cristiandad, al mismo tiempo llevó aparejadas dos perspectivas que, según Guyon, cabría tildar de errores (p. 391). De una parte, el “error cultural”, mediante el cual se concibe el cristianismo como el crisol de todos los valores heredados de civilizaciones anteriores, de forma que constituiría una construcción moral superior y síntesis de filosofías y cultos antiguos. De otra parte, el “error del constantinismo”, el cual defiende que la nueva teoría del poder cristiano no sería más que el resultado de la construcción jurídica y política de un pacto que uniese la fe al poder. Esta última visión ignora los beneficios que aportaría la aceptación del Estado para el consecuente beneplácito de la nueva cosmópolis cristiana.

A juicio de Guyon, el comportamiento modelo para los primeros cristianos con respecto a Roma consiste en mantener las distancias, pero, al mismo tiempo, seguir en contacto con el medio religioso, político, social y jurídico que les rodea. Tal y como se especifica en la Carta a Diogneto, los cristianos son para el Imperio «lo que el alma para el cuerpo. El alma está encerrada en el cuerpo, pero lo sostiene: también los cristianos sostienen el mundo» (capítulos V y VI). La Iglesia cristiana, ni amedrantada por el Imperio ni confundida con él, se presenta como distinta al mundo terrenal, pero consagrada a transformarlo. De este modo, a pesar de que pasen siglos y se den en circunstancias históricas diferentes, el objetivo sigue siendo el mismo y sólo ha cambiado el medio. Independientemente de que el poder político lo persiga o lo mime, el cristianismo ha de ser fiel a su vocación de testimonio y lograr hacer llegar a la pólis una politeia de un cariz distinto: el Reino de los cielos. [Recibido el 26 de noviembre de 2010.]


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