Bjarne Melkevik, Tolérance et modernité juridique, Les Presses de l’Université Laval, Québec, 2006, 147 págs.

Guillermo Hierrezuelo Conde


 

ABSTRACT: Otro nuevo libro del catedrático de Filosofia del Derecho de la Universidad Laval, el noruego Bjarne Melkevik, formado en París. No necesariamente se tiene que coincidir con la idea de tolerancia que nos presenta Melkevik, habida cuenta que tolerar es admitir el error, darle carta de naturaleza, y no son pocos los que son partidarios de que con lo que no es verdad cabe el diálogo, pero no darles la razón. Cuestión diferente es la tolerancia religiosa de la tolerancia política.

PALABRAS CLAVE: Bjarne Melkevik, Tolerancia, Multiculturalismo, Derechos humanos, Thomas Hobbes, John Locke, Pierre Bayle, Martin Niemöller.

La tolerancia hace referencia a la expresión de las opiniones, de las creencias y de las acciones relativas a la conciencia individual. Sin embargo, en las sociedades modernas democráticas y pluralistas a lo largo de los tiempos ha sufrido un proceso de ampliación del concepto y de las esferas y de la tolerancia, que han quedado patentes en determinadas actitudes como la disolución de la familia, la aparición del concubinato y otras conductas. En realidad, la intolerancia ha quedado reflejada en nuestra sociedad. La dificultad de estudiar la tolerancia desde el punto de vista de la Filosofía del Derecho estriba en las distintas acepciones de la misma. Por otro lado, con la modernidad (a partir del siglo XVI) aparecía el problema de la tolerancia tal y como lo entendemos hoy en día. Con la modernidad también se instauraron los regímenes absolutistas. Pero los primeros sistemas de pensamiento de la tolerancia, como son los de Bayle, Hobbes, Spinoza y el mismo Locke, fueron anti-absolutistas (p. 17). Este último, que escribió sobre la tolerancia religiosa, alcanzó a comprender esta tolerancia como un paradigma también aplicable a la tolerancia política. De hecho, la preocupación principal del liberalismo era la de fundar instituciones justas, es decir, instituciones que no favorecieran a personas en detrimento de otras. El ideal de la neutralidad tendría como objetivo proteger las libertades individuales. Desde esta concepción, la tolerancia se presentaría como una lógica abstracta, normativamente universal y casi “científica” (p. 24).

El filósofo calvinista Pierre Bayle (1647-1706) fue el primero en ofrecer una concepción moderna de la tolerancia. La estrategia empleada por Bayle era la de insistir sobre el hecho que la conciencia se encontraba sometida a la jurisdicción del hombre y de Dios. En esta sentido, elaboró su teoría de los privilegios de la conciencia, que se fundamentaba en que los derechos de la conciencia estaban directamente ligados al Dios mismo y, en consecuencia, todos los intereses de una sociedad civilizada debían ceder ante la jurisdicción divina. De estas afirmaciones, se deducían que las autoridades civiles y terrenales no tenían competencia propiamente dicha en materia de blasfemia y herejía. Pero la cuestión de la libertad de actuar según su propia conciencia estaba estrechamente relacionada con los privilegios de la consciencia. Sin embargo, el poder real fue, en parte, reconocido por Bayle en su carácter de absoluto. Pero para P. Bayle el Estado no podía ser neutral, en la medida en que debía aceptar voluntariamente una religión. Bayle prometía la tolerancia universal, es decir, la supremacía del principio universal de la tolerancia sobre todas las creencias no violentas y pacifistas. Pero esta posición de tolerancia entre cristianos, Pierre Bayle la trasladó también a las religiones monoteístas de los judíos y los musulmanes (que llamaba mahometanos, en el sentido no aceptado con frecuencia dentro del mundo islámico, de que la religión era de Mahoma, no de Allah). El teórico alemán Martin Niemöller (1892-1984) rompió en 1934 con la Iglesia del Reich, siendo arrestado en 1937 y encarcelado en el campo de concentración de Sachsenhausen. Años más tarde, en 1945, fue liberado.

En realidad, los Derechos humanos se han considerado como un compromiso por la tolerancia. De hecho, el multiculturalismo se ha presentado como un elemento de una cultura de tolerancia. Hay que tener muy presente en este ámbito la Declaración de los principios sobre la tolerancia de la UNESCO. La tolerancia se confirmaba para todo individuo como el derecho a decir “no”. El Derecho internacional de las minorías, tras la II Guerra Mundial, ha construido un modelo abstracto de los Derechos del hombre. De hecho, la nueva tendencia del Derecho internacional de las minorías pasaría por un doble tratamiento normativo a las minorías: la universalidad, por un lado, y por otro el reconocimiento de un privilegio a la identidad cultural (p. 77). Melkevik afirma que el Derecho de las minorías ha servido para justificar una de las guerras más sangrientas y más crueles de la historia de la humanidad. El art. 27 del Pacto internacional de los Derechos civiles y políticos de 1966 reconocía como novedad un Derecho de las minorías. También hay que tener muy presente la Convención 107, de 1957, relativa a las poblaciones aborígenes y tribales de la Organización Internacional del Trabajo (pp. 82-83). Es evidente que una persona construía su identidad en un proceso evolutivo en el que existirían irremediablemente crisis y rupturas. Bjarne Melkevik nos recalca la idea de que el reconocimiento de la identidad y del privilegio de la identidad favorecía la negociación. B. Melkevik destaca que el privilegio de la identidad participaba en una profunda reestructuración de nuestra comprensión del Derecho internacional. La Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano de 1789 recogía de este modo la estatalización, ideológica y política, de los Derechos humanos en detrimento de un posicionamiento adecuado del individuo. En este punto nos permitimos no coincidir con Melkevik.

Burke ha mantenido que los Derechos del hombre en la Declaración francesa eran moral y políticamente falsos, en la medida en que no hacían ninguna referencia a una concepción moral o política metafísicamente superior (p. 104). Por ello, distinguía entre los falsos Derechos humanos, aquellos promulgados por la Revolución francesa, de los verdaderos Derechos del hombre, que serían resultado del common law, o mejor, de la experiencia concreta y moral de las personas en el ejercicio de sus libertades concretas.

La crítica marxista a los Derechos humanos ha sido sutil y multidimensional. Marx siempre ha sostenido que la victoria de la noción de los Derechos del hombre tuvo lugar con la eliminación efectiva de la noción política representada en la sociedad civil. Esto se constató, según Marx, con la disolución de la sociedad feudal como sociedad política.

Bjarne Melkevik, Doctor en Derecho por la Universidad de París II y Profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad Laval, cuenta en su haber con una amplia bibliografía en Filosofía del Derecho, epistemología y metodología jurídicas. Entre sus obras más recientes destacan: Horizons de la philosophie du droit (1998 y 2004), Réflexions sur la philosophie du droit (2000) y Considérations juridico-philosophiques (2005). [Recibido el 31 de octubre de 2010].


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