JACQUES MARITAIN, GRAN PENSADOR CATÓLICO, TEÓRICO DEL ESTADO, PROFUNDO DEFENSOR DE LA DEMOCRACIA Y ENEMIGO DEL FRANQUISMO ESPAÑOL Y DEL FASCISMO ITALIANO

Cristina TOLEDO BÁEZ


Para citar este artículo puede utilizarse el siguiente formato:

María Cristina Toledo Báez (2015): «Jacques Maritain, gran pensador católico, teórico del Estado, profundo defensor de la democracia y enemigo del franquismo español y del fascismo italiano», en Kritische Zeitschrift für überkonfessionelles Kirchenrecht, n. 2 (febrero de 2015). En línea puede leerse en el siguiente sitio: http://www.eumed.net/rev/rcdcp/02/ctb2.html

Resumen: Reflexiones llevadas a cabo en el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Estrasburgo sobre el pensamiento de Jacques Maritain en los años treinta del pasado siglo que ha dado lugar a un libro aparecido en junio de 2015 publicado por la editorial Les Indes Savantes de París bajo el rótulo La Liberté à l’époque de Jacques Maritain, 1931-1939, con planteamientos filosóficos, políticos, jurídicos, canónicos y teológicos.

Palabras clave: Jacques Maritain, Libertad, Democracia, Ernst Böckenförde, Jean-Louis Clément, Guillaume Payen, Vittorio Posenti, Agnès Graceffa, Pierre-Yves Kirschleger, Manuel J. Peláez, Philippe Vallin, Jerónimo Molina, Michel Fourcade, Raphaël Dominique Kling, Jean Chaunu, Michel Emmanuel, Ludovic Laloux, Luc Perrin.

Ha constituido un acierto notable la publicación por Jean-Louis Clément de una obra colectiva sobre Jacques Maritain en los años treinta del pasado siglo, que constituyeron un momento significativo anterior a la segunda guerra mundial, que tuvo su ensayo en la guerra civil española, donde los nazis y los fascistas se posicionaron en defensa de los generales levantados contra el poder legítimo de la República, mientras que otra serie de países del mundo incentivaron las Brigadas Internacionales que vinieron a defender la constitutición de 1931 y a los partidos republicanos que habían triunfado de forma clamorosa en las elecciones de febrero de 1936.

La obra se centra en los años 1931 a 1939. Abre el volumen la intervención de Aldo Giordano que, en el momento en que se celebró este encuentro sobre Maritain, era el Observador permanente de la Santa Sede ante el Consejo de Europa y actualmente ha trasladado sus actividades diplomáticas a un país difícil como Venezuela, donde está al frente de la Nunciatura apostólica. Hizo una corta presentación ocupándose de algunos asuntos en los que la puesta en práctica de la religión ha chocado con el principio de laicidad propia de algunos estados. El Tribunal europeo de derechos humanos de Estrasburgo sentenció en 18 de marzo de 2011 que no era competencia suya pronunciarse sobre un asunto de la República Italiana, que ya había sido resuelto referente a la presencia de los crucifijos en las escuelas. Pasó luego Giordano a ocuparse de otra sentencia del mismo tribunal de 9 de febrero de 2012 sobre materia de libertad sexual y pedofilia en Suecia.

Vittorio Possenti, catedrático de la Universidad de Venezia contrastó las ideas que sobre la política y la libertad habían sido puestas de relieve por Jacques Maritain y Ernst Böckenförde, deslizando ideas interesantes en torno a la obra de Francis Fukuyama y los cambios que se han producido en la relación entre hombre y mujer. A la vez resalta que nada menos que Jürgen Habermas ha sido bien explícito a la hora de distinguir “la neutralidad ideológica del Estado” de la “generalización de una visión política laica del mundo” (p. 22).

Se ocupa Manuel J. Peláez del concepto de la libertad en España desde 1931 a 1939, coincidiendo con la República y el término de la guerra civil, precisando lo que supuso para Cataluña, tras la caída en manos de los nacionales y haciendo particular referencia a Ángel Ossorio y Gallardo, Ángel Galarza Gago, Manuel Azaña Díaz, Fernando de los Ríos Urruti y Luis Jiménez de Asúa, todos ellos destacados juristas republicanos, dos de ellos del Partido Socialista Obrero Español, y a las relaciones de De los Ríos con Jean Longuet, el nieto de Carlos Marx, a la vez que con Tony Sender, Vincent Auriol (el que fuera presidente de la IVª República francesa), Wilbour Cross, Boris Mirkine-Guetzévitch (el prestigioso constitucionalista francés), Harold Laski (laborista y comunista), mencionando la famosa entrevista de De los Ríos con Nikolaï Ivanovitch Boukharin y luego con Lenin, con aquella deslumbrante a la vez que errática frase de Lenin: “la libertad para qué”.

Se ocupa Peláez tangencialmente de la entrevista, sin embargo no se hace eco de la Ley Fundamental de la Unión de Repúblicas Soviéticas de 1977, que en su Preámbulo precisaba: «La Gran Revolución Socialista de Octubre, consumada por los obreros y campesinos de Rusia bajo la dirección del Partido Comunista que encabezaba V. I. Lenin derribó el poder de los capitalistas y terratenientes, rompió las cadenas de la opresión, estableció la dictadura del proletariado y creó el Estado soviético, Estado de nuevo tipo, instrumento fundamental para la defensa de las conquistas revolucionarias y para la construcción del socialismo y del comunismo. Inicióse el viraje histórico universal de la humanidad del capitalismo al socialismo. Después de alcanzar la victoria en la guerra civil y de rechazar la intervención imperialista, el Poder soviético realizó profundísimas transformaciones socioeconómicas, puso fin para siempre la explotación del hombre por el hombre, a los antagonismos de clase y la enemistad nacional». Han pasado unos cuantos años desde que esto fue escrito.

En España Amadeo de Fuenmayor Champín hizo en 1942, en la parte conceptual de su memoria de oposiciones a cátedra de Derecho civil, un elogio de la obra y de los ideales de Jacques Maritain, que en años anteriores había demostrado y en posteriores evidenciaría aún más su mentalidad antifascista y antifranquista.

Michel Winock, en su conocida obra Le siècle des intellectuels (1997 y 1999), obra capital para la comprensión del pensamiento en el siglo XX en Francia, donde se señala la presencia de André Malraux en España, también se ocupa de los debates en que interviene Jacques Maritain distanciándose de ciertas formas conservadoras del pensamiento católico expuestas en Francia. Sobre Maritain ver pp. 197, 228, 233, 234, 235, 236, 254, 255, 328, 329, 330, 368, 373, 375, 376, 378, 397, 444, 471 y 472, aunque lógicamente para Winock, el intelectual francés más significativo de la segunda mitad del siglo XX es Jean-Paul Sartre.

Agnès Graceffa estudia el concepto de libertad que tuvieron diversos medievalistas franceses en sus libros publicados entre 1930 y 1939, en concreto Ferdinand Lot, Roger Limouzin-Lamothe, Pierre Vaillant, Maxime Gorce, Marc Bloch, o Étienne Gilson. Por otro lado, Pierre-Yves Kirschleger, de la Universidad Paul-Valéry de Montpellier, se ocupa de la libertad dentro de los debates del protestantismo francés en los años treinta.

El profesor de Teología católica de la Universidad de Estrasburgo Philippe Vallin centra su atención en el Magisterio católico y la idea de libertad desde León XIII a Pío XI. Considera como relevantes las ideas de Émile Mersch, Henri de Lubac, Jacques Maritain, Georges Bernanos, Paul Claudel y François Mauriac.

Desde la Universidad de Murcia viajó a Estrasburgo Jerónimo Molina Cano para ocuparse de Jacques Maritain y Raymond Aron, del humanismo integral de Maritain, de la Teología política de Álvaro d’Ors, de Emmanuel Mounier, de Carl Schmitt, defendiendo la posición del realismo político. Michel Fourcade, de la Universidad Paul-Valéry, hace una serie de reflexiones a partir de una conferencia de Maritain de 1939 sobre el crepúsculo de la civilización y la verdadera y la falsa democracia.

Raphäel Dominique Kling es profesor del Instituto Santo Tomás de Aquino de Toulouse y en su ponencia se ocupó de la filosofía tomista de la libertad que fueron unos cursos impartidos en el Instituto católico de París por Jacques Maritain entre 1936 y 1939, digresionando sobre la libertad de elección, la libertad de espontaneidad, la libertad terminal, la libertad inhumana basada en la raza, y los malos caminos a través de los cuales fue conducido el pensamiento moderno con el concepto del optimismo absoluto de Jean-Jacques Rousseau sobre la naturaleza humana.

Jean Chaunu se ocupa de la libertad espiritual frente a los totalitarismos entre 1930 y 1940, centrándose en intelectuales como Nicolas Berdaiev, Waldemar Gurian, Luigi Sturzo, Eric Voegelin, Erik Peterson, Dietrich von Hildebrand, Étienne de Greeff, René Capitain, Marcel Prélot, Maurice Vausard, Ernst Robert Curtius, etc. Michel Emmanuel publica una curiosa comunicación titulada “«Il n’est pas thomiste, mais il sait pourquoi». Le regard de Jacques Maritain sur le rapport paradoxal de l’abbé Maxime Charles au thomisme” (pp. 157-171).

Georges Bernanos y su concepto de la libertad en el trienio 1936, 1937 y 1938 es lo que aborda Jean-Louis Clément, aunque lo inicia en el periodo de la denominada sociología contrarrevolucionaria de 1934 a 1936. También pone de relieve Clément la relación de Bernanos con la Falange Española en Mallorca y su crítica a Gil-Robles. Bernanos “aprobó la represión ‘preventiva’ de los rojos que se llevó a cabo antes de la llegada de los italianos a Palma de Mallorca el 26 de agosto de 1936” (p. 179). Sin embargo, se observa un cierto cambio en su obra Les Grands Cimitières sous la Lune. Luego rechazará al franquismo por el régimen de terror que había aplicado en diversos territorios de España.

De menos interés es quizás la colaboración de Ludovic Laloux, de la Universidad Michel Montaigne de Burdeos, sobre “La liberté d’entreprise à l’épreuve de la crise économique des années 1930: l’exemple de la restructuration sucrière” (pp. 199-206).

Guillaume Payen en su texto titulado “La liberté selon Martin Heidegger, philosophe aux marges du nazisme (1931-1939)” se ocupa de Heidegger, pero también de Joseph Goebbels y de su debatido tema de la tesis doctoral que llevó a cabo. Para Payen, Heidegger sostuvo una “concepción ontológica y anticristiana de la libertad” (p. 188). En la Universidad de Friburgo de Brisgovia aceptó al Führer y habló de sus grandes objetivos, y aplicó unas medidas enormemente restrictivas para judíos y marxistas desde el rectorado de esta Universidad. El 14 de abril de 1934 presentó su dimisión como rector, asegurando haber cumplido los objetivos selectivos políticos que el nazismo le había impuesto. Heidegger pudo tener sin embargo sus diferencias y no pequeñas con Goebbels.

Luc Perrin cierra el coloquio haciendo un resumen de las intervenciones y poniendo de relieve el fruto de la colaboración entre la Facultad de Teología católica y el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Estrasburgo.

No quisiéramos terminar estas líneas sin una referencia a la relación entre Henri Sonier de Lubac (1896-1991) y Jacques Maritain. En una carta dirigida desde Lyon el 22 de julio de 1937, Lubac acusa recibo a Maritain de su artículo titulado De la guerre sainte, publicado en la Nouvelle Revue Française, 1 de julio de 1937, donde Maritain argumentaba que la guerra santa había sido justificada indebidamente por algunos teólogos para dar apoyo a Francisco Franco. Da la impresión de que Lubac no comparte las ideas de Maritain al respecto: « Je me suis quelquefois, en mon for intérieur, trouvé en désaccord, ou en moindre accord avec vous. On vient de me faire lire, dans la Nouvelle Revue Française, votre article De la guerre sainte : je tiens à vous en remercier. Sans doute bien d’autres témoignages, plus autorisés que le mieu, vous apporteront l’assurance que votre langage est vraiment celui d’un chrétien, et que les vérités que vous rappelez sont eminemment opportunes et salutaires. Il n’en est pas mois permis, je pense, à l’un quelconque de vos lecteurs, de vous le dire aussi » (Cardinal Henri de Lubac y Jacques Maritain, Correspondance et rencontres, en volumen 50 de las Œuvres complètes de Lubac, Les éditions du Cerf, París, 2012, p. 45, carta nº 1). El artículo de Maritain es muy conocido, la respuesta de Lubac no ha sido puesta de relieve que sepamos. [Recibido 4 de abril de 2015].


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