Revista OIDLES - Vol 1, Nº 2 (diciembre 2007)

Teoría y Práctica del Desarrollo Comunitario Rural Integrado

Por José Ramón Terry Gregorio§

 


INTRODUCCIÓN:

La noción de desarrollo rural se ha modificado en los últimos tiempos en el contexto latinoamericano como resultado de los cambios económicos, políticos, sociales y culturales producidos en el mundo en general y en la región en particular, hecho que ha generado transformaciones en las comunidades rurales, percibidas en estos tiempos como un fenómeno complejo y diverso que requiere de nuevas interpretaciones por parte de la sociología de la rural.

Los elementos enunciados han conducido, en Latinoamérica, a un proceso de reconceptualización en torno a lo rural, tratando de superar la aparente contradicción existente entre sector agropecuario y rural y el papel marginal que se le asigna a este sector en el desarrollo. El proceso enunciado aún contiene limitaciones de orden teórico y metodológico que impiden romper el estrecho paradigma económico en el que se sitúa el papel del sector rural.

Un análisis histórico sobre la noción de desarrollo rural permite apreciar que en la década del setenta del siglo XX se introdujo el enfoque de desarrollo rural integrado, interpretado como una etapa de maduración en la concepción del desarrollo que tiende a integrar todos los recursos existentes en la comunidad rural.

La asunción de este paradigma y sus estudio en profundidad constituye uno de los retos actuales para la sociología rural, a partir del replanteo de los componentes teórico/metodológica que exige el modelo en los tiempos actuales, entre ellos sobresalen, por su importancia, la necesidad de los estudios sobre el papel del Estado en el desarrollo rural, las investigaciones sobre acceso y participación de la población en la toma de decisiones para el desarrollo, las indagaciones sobre la visión micro del proyecto político y el modelo de desarrollo nacional, los análisis en torno a la relación entre la verticalidad de los programas nacionales y la horizontalidad de los proyectos locales y las reflexiones sobre las metodologías de intervención para el desarrollo rural integrado, entre otros.

En el caso de Cuba el desarrollo rural integrado alcanza mayor fuerza en la segunda mitad de los ochenta del siglo XX a partir de la complejidad económica, política, social y cultural que se vive en el país donde la comunidad ha devenido escenario estratégico por excelencia para encontrar soluciones a muchos de los conflictos presentes en las dimensiones señaladas.

En el presente documento se pone el énfasis en tres tesis fundamentales sobre las que es necesario reflexionar con la intensión de entender la importancia de reconsiderar el valor de la concepción del desarrollo comunitario rural integrado para favorecer el modelo de desarrollo nacional de un país. Partiendo de estas consideraciones se presta atención a los siguientes elementos:

• Los aportes teóricos y metodológicos de la sociología rural ha de permitir que el paradigma de desarrollo comunitario rural integrado se traduzca en la integración racional y consciente de todos los procesos, dimensiones y recursos presentes en la comunidad donde la interrelación dialéctica de los mismos, asumidos como sistema, formen parte de un proceso de aprendizaje colectivo y se conviertan en elemento sustantivo del modelo propuesto.

• En la solución progresiva de las nuevas tareas para el desarrollo comunitario rural integrado, resulta necesario transitar del modo de acceso al de participación popular, a través de la ampliación de los escenarios y los eventos comunitarios con la finalidad de potenciar el envolucramiento y protagonismo del sujeto popular en la toma de decisiones para el cumplimiento de los objetivos propuestos.

• La metodología propuesta, parte del supuesto que el desarrollo comunitario rural integrado tiene su origen en el reconocimiento de la participación activa y consciente de la población en todos los procesos del desarrollo, desde el diseño de una planificación acorde con las direcciones estratégicas del proyecto político, el modelo de desarrollo nacional y el marco jurídico hasta la utilización equilibrada y evaluación racional de los recursos puestos a su disposición como vías para lograr, desde la construcción colectiva, un desarrollo integrado.

DESARROLLO:

1. LA NOCIÓN DE DESARROLLO RURAL. APROXIMACIÓN A SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA.

Cualquier análisis en trono al desarrollo rural integrado debe implicar, en primera instancia, una reflexión sobre la noción de desarrollo rural, en ese sentido es necesario considerar la evolución de ambas concepciones de desarrollo.

“Cuando el desarrollo no se refiere al conjunto de una sociedad, sino que se centra en las áreas, sean rurales o urbanas, a las que se pretende mejorar el nivel de vida de su población a través de procesos de participación local mediante la potenciación de sus recursos propios, este se define como Desarrollo Rural o Urbano” (Sevilla Guzmán , 2004:4)

Sevilla Guzmán define la primera forma histórica de desarrollo rural como “una estrategia vinculada a las acciones agronómicas de extensión que pretendía generar formas autogestionarias de acción social colectiva para conseguir:

a) la aceptación de estilos de agricultura industrializada por parte de la población local;

b) incrementar el nivel de vida de la población o en los casos extremos satisfacer sus necesidades básicas; y,

c) Construir mecanismos de organización comunitaria para obtener la participación local en la maquinaria modernizadora de la administración estatal para transferir tecnologías externas y homogeneizar así el manejo de los recursos naturales, tornando con ello su naturaleza en industrial” (Sevilla Guzmán)

Las consideraciones anteriores constituye un punto de vista interesante en tanto el concepto permite develar elementos esenciales del modelo de desarrollo rural, entre los cuales sobresalen la presencia de la agricultura como actividad económica y la valoración de la autogestión como soporte de una acción social colectiva, aspectos que constituyen atributos esenciales que se establecen como regularidad en las propuestas metodológicas que se han estudiado por la sociología rural en el ámbito de la intervención comunitaria. En el concepto el autor introduce un elemento sustantivo, devenido objeto de reflexión y análisis para muchas generaciones de investigadores de diferentes disciplinas científicas y es el referido a la organización de la comunidad.

Otro de los conceptos que recoge la literatura sociológica define al desarrollo rural “como un proceso mediante el cual se enfrenta la problemática de las zonas rurales en un esfuerzo de cambio para producir transformaciones sustanciales en las condiciones de vida de la población que vive en el campo, en las estructuras económicas, políticas y sociales que faciliten y hagan posible la plena incorporación del hombre rural a las actividades de la vida nacional. Lo concibe como una estrategia del desarrollo global del cual es un componente importante. Su objetivo puede resumirse a lograr que los beneficios del desarrollo lleguen equitativa y oportunamente a la población rural” (Medina , 1981:9)

Las definiciones enunciadas señalan que el desarrollo rural apunta hacia el mejoramiento de las condiciones o del nivel de vida de los habitantes de las comunidades rurales sin embargo el autor de este trabajo considera que éste debe centrarse en el mejoramiento de la calidad de vida como máxima aspiración de cualquier esfuerzo por el desarrollo si se reconoce al hombre como su esencia

En el concepto enunciado por Medina aparecen elementos que sustentan el desarrollo rural entre los cuales sobresalen por su importancia su reconocimiento como un componente esencial del desarrollo global del país lo que significa que no se puede entender como un fenómeno aislado sino que forma parte de la planificación del desarrollo nacional.

Aunque en términos teóricos se consideran que estos son presupuestos que deben estar presentes en la planificación del desarrollo, en el ámbito de la práctica la sociología rural latinoamericana debe orientar su trabajo hacia la búsqueda de experiencias que aseguren la articulación del proyecto político y el modelo de desarrollo nacional con el desarrollo rural.

El concepto introduce como elemento novedoso el reconocimiento de los componentes económicas, políticas y sociales como dimensiones sobre las que se debe actuar con la finalidad de alcanzar transformaciones en la ruralidad, sin embargo en el análisis se obvia la dimensión cultural que constituye uno de los elementos sustantivos que configuran la comunidad rural, entendiendo la cultura no como lo artístico literario sino como un fenómeno más general y complejo que facilita el establecimiento de relaciones identitarias que contribuyen al sentido de arraigo y partencia de los habitantes a su comunidad.

En el contexto Latinoamericano se produce, a partir de los cambios enunciados un debate teórico, que tiene su origen en una práctica sistemática, llamado la nueva ruralidad y que por su importancia para entender el modelo de desarrollo rural integrado merece la pena analizar.

2.- LA NUEVA RURALIDAD EN EL CONTEXTO LATINOAMERICANO.

Las concepciones del desarrollo rural se han ido modificando en la medida en que se percibe con mayor claridad la complejidad y diversidad de la realidad rural y se evidencian las restricciones que existen en el plano teórico/práctico para explicar su dimensión y alcance.

Entre los hechos que validan la actualidad del debate en la región latinoamericana se destacan la última reunión regional académica dedicada a las problemáticas rurales y agrarias sociales, realizada en Colombia en el año 2000, el último libro editado en el año 2001 por la Comisión de Estudios Rurales de la CLACSO, titulado "¿Una Nueva Ruralidad en América Latina?, la creación de centros de estudios sobre desarrollo comunitarios y eventos científicos organizados por altos centros de estudios académicos y los trabajos editados por organismos internacionales y nacionales especializados en agricultura.

La problemática de la nueva ruralidad ha sido abordada desde diferentes aristas en el campo de la sociología rural, las que requieren de un análisis particular por lo que aportan desde la perspectiva teórica a una metodología para el estudio de este modelo de desarrollo en la región.

“Las áreas rurales se enfrentan en la actualidad a grandes cambios, que están afectando a las bases mismas de sus estructuras y su organización social, económica y administrativa. De alguna manera, los límites de lo rural se están desdibujando y está apareciendo un nuevo escenario en el que se asiste a una reconceptualización de la ruralidad y a una reformulación de las políticas públicas y de las acciones privadas que le afectan” (Delgado , 2004:19)

Esta visión supera, en términos teóricos, el enfoque dicotómico de desarrollo rural defendido por Ferdinand Töennies y sus seguidores al no reconocer lo rural y urbano como polos opuestos y antagónica donde uno representa el desarrollo y el otro el subdesarrollo. Desde el punto de vista práctico, en la mayoría de los países latinoamericanos las políticas de desarrollo rural parten de esta noción dicotómica donde se interpreta lo rural como lo tradicional y lo urbano como lo moderno.

Edelmira Pérez en su trabajo “Hacia una nueva visión de lo rural” señala que “la nueva ruralidad abarca un conjunto de regiones y de zonas (un territorio) cuya población desarrolla diversas actividades o se desempeña en diversos sectores como la agricultura, la artesanía, las industrias pequeñas y medianas, el comercio, los servicios, la ganadería, la pesca, la minería, la extracción de los recursos naturales y el turismo, entre otros. Los asentamientos que hay en estas zonas, se relacionan entre sí y con el exterior y en los cuales interactúan una serie de instituciones públicas y privadas” (Pérez , 2001:17)

En la tesis planteada por Pérez se defiende la idea de que las comunidades rurales no se encuentran cerradas en sí mismas sino que se relacionan con el entorno inmediato y mediato a través de interconexiones que permiten hablar de una visión sistémica de este fenómeno.

Desde esta perspectiva lo rural trasciende lo puramente agropecuario y se inserta en la pluriactividad como condición esencial del desarrollo, presupuesto que rompe con la concepción tradicional de lo rural, complejizando el modelo y anunciando que para su estudio se requieren de nuevos planteamientos teóricos que propicien un repensar de las metodologías de intervención en las comunidades rurales.

En el mismo debate, pero desde otra perspectiva de análisis, María Nazareth Baudel Wanderley, al referirse a la ruralidad brasileña señala: “Cuando estoy hablando del mundo rural me refiero a un universo socialmente integrado al conjunto de la sociedad brasileña y al contexto actual de las relaciones internacionales. No estoy por lo tanto suponiendo la existencia de cualquier universo aislado, autónomo en relación al conjunto de la sociedad y que tenga lógica exclusivas de funcionamiento y reproducción. Pero considero que este mundo rural mantiene particularidades históricas, sociales, culturales y ecológicas que la reporta como una realidad propia de la cual forma parte, inclusive de la propia forma de inserción en la sociedad global”(Baudel , 2001: 32)

La concepción anterior reafirma la idea que el desarrollo rural, como proyecto, no se encuentra al margen del proyecto de desarrollo nacional sino que lo complementa tributando al cumplimiento de los objetivos propuestos y ese proyecto de país no puede obviar lo que ocurre a nivel mundial sobre todo en un mundo globalizado.

Para Baudel la historia, lo social, cultural y ecológico constituyen elementos esenciales que son necesarios considerar con la finalidad de lograr un avance en el desarrollo rural por lo que aportan a los factores identitarios y al sentido de arraigo y pertenencia de los habitantes a su localidad.

En igual dirección Luis Llambí aporta ideas básicas para el debate en torno a la nueva ruralidad latinoamericana al introducir, al menos, dos tesis esenciales:

“Tesis 1. Globalización y desarrollo rural son proyectos políticos.

Tesis 2. Globalización y desarrollo rural son procesos sociales” (Llambí , 2000: 1,2).

El acercamiento a la primera tesis introduce un elemento interesante para el debate sobre la nueva ruralidad al reconocer que globalización y desarrollo rural son proyectos políticos. A criterio del autor de este trabajo cualquier aproximación al tema implica el estudio de los elementos que relacionan a ambos procesos como proyectos políticos y al mismo tiempo los factores diferenciadores, considerando que la globalización provoca un impacto que pasa primero por el modelo de desarrollo nacional.

Al referirse a este aspecto se ha señalado que “es notable la escasez de análisis sobre los efectos de la globalización en las áreas rurales. Los teóricos de la globalización han tendido a marginar lo rural, reduciéndolo a un mero espacio territorial. No existen estudios sobre la cambiante posición de las áreas rurales y sobre la influencia de estos cambios en las actividades económicas y sociales que se desarrollan en las mismas. No se dispone de suficiente investigación empírica para asegurar que la emergencia de las nuevas corrientes de cambio en las áreas rurales esté siguiendo las mismas pautas que se observan a nivel global” (Delgado, 2004:40).

El autor de este trabajo considera que los argumentos anteriores anuncian, para la sociología rural, la necesidad de detenerse en el estudio de un tema que tiene presencia protagónica si se asume a la comunidad rural como un fenómeno que no marcha al margen de lo que ocurre a nivel mundial y que los cambios en la economía, la cultura, la demografía, la ecología, etc, mundiales tienen una repercusión en las áreas rurales.

La segunda tesis planteada por Llambí intenta desplazar el sistema de relaciones y de factores diferenciadores entre globalización y desarrollo rural hacia lo social sin embargo a criterio del autor de este trabajo sería oportuno añadir al término globalización la palabra neoliberal que es como se manifiesta este fenómeno en Latinoamérica y en ese sentido si algo tiene de social es la socialización de las diferencias entre ricos y pobres y la fragmentación/ segmentación de las comunidades rurales.

En el trabajo titulado “El desarrollo excluyente en el campo en la América Latina” Cristóbal Kay llega a una conclusión que avala este criterio al señalar lo siguiente:

“En este artículo hemos mostrado cómo se ha transformado la economía y la sociedad rurales latinoamericanas en las últimas décadas, a consecuencia del creciente desarrollo capitalista de la agricultura y de su mayor integración a la economía mundial. La economía latinoamericana ahora es parte integral del nuevo régimen mundial de alimentos. La modernización y globalización agroindustriales han cambiado profundamente las relaciones sociales y técnicas de producción en el área rural” (Kay , 2001:885)

Una mirada a la realidad Latinoamericana demuestra que los cambios ocurridos en las últimas décadas no han favorecido el desarrollo rural sino que han acelerado el subdesarrollo aspecto que condiciona la necesidad de una superación teórica, por parte de la sociología rural, de los presupuestos tradicionales de esta concepción de desarrollo donde se hace imprescindible un pensamiento global para actuar desde lo local de manera integrada.

3.- APROXIMACIÓN TEÓRICA A LA NOCIÓN DE DESARROLLO RURAL INTEGRADO.

En las últimas décadas se ha estado imponiendo, a escala internacional, una serie de denominaciones para asumir el desarrollo con la intensión de centrar la atención cada vez más en el hombre pero no siempre las propuestas han dado los resultados esperados, sin embargo han generado una base teórico conceptual interesante, acompañada de una amplia bibliografía al respecto.

Una de estas concepciones es el desarrollo rural integrado modelo sobre el cual resulta necesario reflexionar con la finalidad de repensarlo, ajustándolo al contexto actual en el cual se desenvuelve en Latinoamérica y el Caribe.

En su trabajo “El Agente de Desarrollo Funciones y Perspectivas, Antonio González Rodríguez señala”:

“La referencia más remota al desarrollo integrado y endógeno, tuvo su origen en un programa de promoción del Valle de Tennessee (Estados Unidos), iniciado en el año 1934 a propuesta de la T.V.A. (Autoridad del Valle del Tennessee), organismo público creado por el congreso de los EEUU. Con la mediación de la T.V.A. y, a lo largo de 10 años, el Valle alcanzó un elevado nivel de desarrollo. Pero lo insólito de esta iniciativa no consistió tanto en los resultados, como en el hecho de que fuera la población del Valle, la que tomara a su cargo una parte considerable de las acciones de desarrollo” (González ,2004: 3)

Esta idea anuncia los postulados más remotos del desarrollo integrado en tanto su verdadera visibilidad ocurre en la década del 60 del siglo XX a partir de determinadas condicionantes que le dieron origen y que estuvieron vinculadas a los macromodelos de desarrollo.

La propia complejidad del desarrollo rural integrado ha generado que los sociólogos rurales no hayan llegado a consenso en torno a su definición, sin embargo se han realizado estudios significativos, devenidos en aportaciones teóricas relevantes. En ese sentido sobresale el trabajo realizado por Miren Etxazarreta que recoge en un volumen una serie de artículos, sobre todo de experiencias europeas, que constituyen un referente obligado para emprender cualquier investigación en este campo.

“El Desarrollo Rural Integrado consiste esencialmente en potenciar esquemas de desarrollo en el ámbito rural que tienen como objetivo la mejora del nivel de vida de la población del área implicada y no el crecimiento económico indiscriminado de un país. Para ello, se estimula el establecimiento de esquemas de actividad económica de base territorial, descentralizados y con un fuente componente de decisión local, que movilice a la población en la prosecución de su bienestar mediante la máxima utilización de sus recursos propios, humanos y materiales (Etxezarreta , 1988:80).

Un análisis profundo del concepto permite definir algunos de los elementos que caracterizan a este enfoque de desarrollo. Entre ellos sobresalen, por su importancia, los siguientes:

• Superación del enfoque tradicional del desarrollo donde el componente económico devenía factor protagónico en detrimento del resto de los componentes, a saber, el social y cultural.

• Reconocimiento de la influencia de las decisiones locales en la terminación de los esquemas de desarrollo y superación de la visión sectorial del mismo.

• Incorporación de la población como elemento sustantivo potenciador de la optimización de los recursos humanos y materiales presentes en la localidad con la finalidad de mejorar el nivel de vida.

En términos cualitativos el concepto refuerza la idea de la presencia del componente económico no como un factor protagónico del desarrollo lo cual, a criterio del autor de este trabajo, permite reconocer que los factores culturales y sociales no pueden ser preteridos. En igual dirección se hace énfasis en la presencia de las decisiones locales como elemento sustentador de la descentralización administrativa y la organización popular, aspectos esenciales en una estrategia coherente para el desarrollo rural integrado.

Por su parte Guillermo Medina al referirse a la temática en el área latinoamericana señala que “el Desarrollo Rural Integrado se concibe como un proceso socioeconómico, político y cultural de las poblaciones rurales, con vistas a mejorar sus condiciones de vida. Este proceso se realiza a través de la participación consciente y crítica de las poblaciones de zonas rurales en el análisis de sus problemas, de sus necesidades y de sus intereses; en el planteamiento de soluciones, en las decisiones y en la actuación para transformar su situación y superar los problemas de su comunidad…”(Medina , 1981: 9,10).

En su concepción, Medina precisa en detalles, cuatro elementos fundamentales que deben estar presentes en cualquier análisis sobre desarrollo rural integrado, a saber, político, económico, social y cultural. La percepción de que esta noción de desarrollo es un proceso político le da una connotación diferente al enfoque, convirtiéndolo en un fenómeno más complejo que tiene que ver con algo más general que es el proyecto de país y la afirmación de esta tesis articula con la que había anunciado Llambi y en ese sentido no se está ante un fenómeno aislado sino ante un componente de este modelo de desarrollo que se comienza a ver como regularidad.

Desde los presupuestos anteriores los planificadores del desarrollo rural integrado tendrían que hacerse los siguientes cuestionamientos básicos: ¿En qué medida se pueden aplicar los principios fundamentales del Desarrollo rural Integrado bajo las condiciones del proyecto político existente, como proyecto de sociedad deseada y posible? ¿En qué medida puede cambiarse las condiciones políticas existentes para hacer viable la aplicación de los principios básicos del Desarrollo Rural Integrado?

Otro aspecto relevante que aporta el concepto es el énfasis que pone en la participación consciente y crítica de la población rural en la identificación de problemas y en la toma de decisiones para su solución. Si se hace un análisis histórico sobre los conceptos enunciados se podrá apreciar que la participación ya había sido reconocida como un elemento de importancia sin embargo Medina para destacar su verdadero valor señala que esta tiene que ser crítica y consciente y estos términos marcan la diferencia entre una y otra forma de participación .

Visto desde esta perspectiva en la propuesta de Medina se observa una marcada intencionalidad social que se corresponde con la situación en la región latinoamericana y caribeña, a diferencia de este mismo enfoque en los países europeos donde el énfasis se pone en lo económico aunque sus beneficios deben tener una repercusión e los social y cultural.

Una aproximación renovadora de ambos conceptos anuncia la necesidad de una superación de las finalidades que se proponen en cuanto a mejoramiento de las condiciones y modo de vida para asumir indicadores con mayor peso en lo cualitativo, orientados al mejoramiento de la calidad de vida.

El desarrollo rural integrado, como otros modelos, ha recibido críticas de orden teórico, metodológico y práctico, asociadas fundamentalmente a la imposibilidad de solucionar totalmente la problemáticas que le dieron origen. Sobre estos presupuestos se ha señalado lo siguiente:

“En cuanto a las críticas recibidas por este enfoque destacaron su falta de precisión operativa como instrumento de planificación (hacía una buena identificación de problemas, pero no dejaba claro como resolverlos); el temor a que esta continua producción primaria, basada en tecnologías intensivas en mano de obra, pudiera conducir a una perpetuación del retraso económico y público: la falta coherencia teórica de los distintos argumentos presentes en este enfoque y los obstáculos políticos internos existentes, como la oposición de los terratenientes y la élites burguesas de los países”(Delgado, 2004:156)

A juicio del autor de este documento el desarrollo rural integrado, por la importancia que tiene para la consolidación de un modelo de desarrollo nacional, por su alcance para el mejoramiento de la calidad de vida de la población del mundo rural y por lo que tributa la creación de un escenario donde se interconexionan dimensiones como la económica, social, cultural, medioambiental, etc. no puede ser planificado de manera operativa sino estratégica.

4.- EL DESARROLLO RURAL INTEGRADO EN EL CONTEXTO CUBANO.

El Desarrollo Comunitario Integrado como concepción de desarrollo toma fuerza en Cuba en la segunda mitad de los ochenta del siglo XX, sin embargo un análisis minucioso sobre los presupuestos teóricos y metodológicos que lo sustenta en el contexto internacional en general y latinoamericano en particular justifica la tesis que en el país se fueron preparando las condiciones para la introducción de este enfoque desde 1959, idea que aunque estaba presente en la práctica no se explicita en la teoría. Para entender este fenómeno es preciso acercarse a una propuesta de periodización que permita caracterizar cada una de las etapas del desarrollo rural en Cuba.

I Etapa 1ero de enero de 1959 – 1975: Conceptualización y ordenamiento del desarrollo comunitario rural.

Una de las aportaciones que revolucionó la concepción de desarrollo rural existente en el país fue el diseño y aplicación, a partir del 1ero de enero de 1959, de un proyecto político fundamentado en los principios de unidad y democracia como vías para lograr justicia social, el cual generó un modelo de desarrollo nacional basado en los postulados esenciales del desarrollo humano.

En este momento se promulga la primera y segunda Ley de Reforma Agraria (17 de enero de 1959 y el 3 de octubre de 1963), hecho que provocó profundas transformaciones políticas, económicas, sociales, culturales, etc. concretadas, entre otras, en la liquidación de los latifundios y terratenientes y entrega de las tierras a los campesinos, liberación de los campesinos arrendatarios de la presión que producía el arrendamiento en efectivo, ascendente a 10 mil pesos, así como de los pagos de la renta en especies que se encontraban entre el 40 y el 50 % de las cosechas, incremento de las fuentes de empleo y diversificación de las actividades productivas, introducción de la tecnología con la finalidad de humanizar el trabajo en el campo e incrementar la producción y la productividad.

Los cambios producidos condujeron a que la comunidad se percibiera desde otra perspectiva y se centrara la atención en la creación de una infraestructura a ese nivel en sectores clave para el desarrollo como la economía, la educación, la salud, la cultura, prestándosele especial interés a la electrificación, la construcción de caminos y carreteras en zonas de difícil acceso favoreciendo el mejoramiento de los servicios que necesitaba la población rural.

Las motivaciones por favorecer el desarrollo rural partieron de los intereses del Gobierno y el Estado por mejorar la calidad de vida la población que se encontraba en condiciones precarias lo que propició la creación de comunidades formadas, en su mayoría, por edificios multifamiliares que si bien mejoraron considerablemente las condiciones de vida, rompieron con la tradición rural al no respetar la forma de asentamiento, y construcción, afectando la conciencia o memoria histórica de sus pobladores. Estos cambios alteraron muchas de las tradiciones culturales campesinas, hecho que tuvo un efecto negativo sobre la identidad cultural local.

Unido a estos cambios la Revolución creó un grupo de organizaciones sociales y de masas que comenzaron a desempeñar un papel relevante en la orientación de la población en torno a importantes programas económicos, sociales y culturales relacionados con la satisfacción de las necesidades básicas.

En este período se realizó el I Congreso del Partido Comunista de Cuba , evento que sentó aputas tácticas y estratégicas orientadas hacia el desarrollo rural cubano Entre los lineamientos de trabajo relacionados con está temática, “pasaron a ser cometidos principales la intensificación y la mecanización de la agricultura, la introducción de métodos científicos, la elevación del rendimiento por hectárea de los cultivos agrícolas y la producción de ganado” (Saráev , 1988:128).

Una valoración en torno a esta etapa permite definir los rasgos esenciales que la tipifican, caracterizada por los siguientes elementos:

• Presencia de una política orientada hacia el desarrollo rural, promovida por el Gobierno y el Estado, centrada en la justicia social como principio sustantivo y con una amplia base democrática. Este elemento justifica la interrelación entre proyecto político, modelo de desarrollo nacional y micromodelo de desarrollo rural, interconexión que tiene una presencia protagónica en la estructura de la propuesta metodológica que se hace en el capítulo II de este documento.

• Aplicación de la Primera y Segunda Ley de Reforma agraria que entregó las tierras a los campesinos y los convirtió en actores de su propio desarrollo.

• La comunidad se convirtió en escenario estratégico del desarrollo rural amparada por la voluntad política que propició la articulación, en ella, de todas las dimensiones esenciales del desarrollo.

• Entrada de nuevos actores sociales en el escenario comunal rural, aspecto que redimensiona a la comunidad imprimiéndole un dinamismo que facilitó la creación de un tejido social, asociativo e institucional que garantizó la introducción de la pluriactividad concepción de desarrollo.

En este contexto es preciso examinar alguna de las limitaciones presentes en la concepción del desarrollo rural cubano:

Desde le punto de vista metodológico, el micromodelo el desarrollo rural tuvo un enfoque exógeno lo que condicionó que la planificación de sus principales procesos se realizará desde fuera, fundamentalmente, por agente externo que no siempre consideraron en su justa medida los intereses, necesidades y motivaciones internas de la comunidad objeto de transformación, aspecto que limitó la participación popular para la toma de desiciones y limitó el papel protagónico que tenía la comunidad en la planificación de su desarrollo.

Este enfoque de desarrollo fue potenciado en Latinoamérica a partir de la introducción de proyectos de intervención asistencialistas promovidos por organismos internacionales y gobiernos nacionales que no valoraron las características socioeconómicas y culturales internas de las comunidades.

II Etapa 1976- 1990: Consolidación del modelo de desarrollo rural cubano.

Esta etapa se caracterizó por los siguientes elementos esenciales:

• Aplicación del proceso de institucionalización que contempló, entre sus acciones fundamentales la redefinición de las funciones del sistema institucional cubano y la creación de nuevas instituciones ajustadas a las nuevas necesidades de la población.

Este proceso tuvo repercusión en la realidad rural al dar origen a nuevas instituciones que ampliaron y diversificaron los servicios, potenciando la idea de pluriactividad como condición necesaria para el desarrollo rural y reduciendo las fronteras campo/ciudad

• La ejecución de la división política- administrativa que propició un reordenamiento territorial en el país que produjo cambios administrativo con una repercusión en lo económico, social, cultural, etc. con influencia en las comunidades rurales. La medida estuvo encaminada a la reducción de las diferencias existentes entre la ciudad y el campo y las desigualdades económicas territoriales, buscando un equilibrio a nivel nacional que propiciara la integración y autonomía de lo territorios.

La medida partió de una necesidad objetiva pero sus diseñadores no siempre tuvieron en cuenta los factores histórico/culturales asociados a los principios identitarios de las comunidades y sí el componente económico, hecho influyó en migraciones a partir de una perdida del sentido de arraigo y pertenencia a las localidades.

• Aplicación gradual de un Sistema de Dirección y Planificación de la Economía a partir del establecimiento de un conjunto de métodos, procedimientos y técnicas que facilitaran la gestión económica.

• Incorporación de las tierras de los campesinos a los complejos agrarios o empresas estatales con el objetivo de integrarlos al sector socialista de la economía, aspecto que presupuso la organización de los mismos en las formas cooperativas, movimiento que partió del principio de voluntariedad de cada campesino.

Estos tipos de organización se definieron como Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) y de Producción Agropecuarias (CPA) y fueron creadas con el propósito de elevar la calidad de vida de los campesinos y familiares atendiendo especialmente al mejoramiento de la vivienda, alimentación e ingresos, salud, educación y cultura; servicios que se prestaban de forma gratuita.

El proceso favoreció la cooperación como elemento clave para la articulación de todas las dimensiones y recursos presentes en la comunidad, complejizó las estructuras socioeconómicas, políticas y culturales e introdujo cambios a partir de las innovaciones productivas e institucionales que condujeron a la maduración de los actores que participaban en la cooperación, necesidad percibida ahora por sus miembros.

La ruralidad cubana se vio favorecida en este período por un sistema de fortalezas entre las que sobresalen, por su importancia, las siguientes:

• Presencia de una voluntad política orientada hacia la consolidación del desarrollo rural como elemento sustantivo que tributa al modelo de desarrollo nacional y al cumplimiento del proyecto político basado en la justicia social.

• Desarrollo y consolidación de una infraestructura institucional que respondiera a las necesidades básicas de la comunidad a partir de la solución del acceso y la participación para la toma de decisiones. En este sentido se fue construyendo un tejido institucional formado por la escuela, el consultorio médico, las casas de cultura comunales, las minibibliotecas, los campos deportivos rústicos, los correos, las instituciones de servicios a la población como barberías, peluquerías, talleres de enseres menores, etc.

• Nivel de instrucción de los recursos humanos, alcanzada a partir de la política asumida por la Revolución, orientada hacia la elevación del nivel de instrucción de los habitantes de la comunidad al proponerse como meta capacitar y escolarizar a los campesinos y los miembros de sus familias.

• Presencia y articulación de un tejido de organizaciones sociales y de masas, mejor preparadas, con un propósito común; potenciar el desarrollo social desde la participación popular en los principales acontecimientos que ocurrían en el ámbito de la comunidad.

Como resultado este esfuerzo y de las orientaciones emanadas por la máxima dirección del país los organismos de la Administración Central del Estado diseñaron lineamientos generales de trabajo que encontraron en los programas nacionales uno de los métodos idóneos para la concreción de acciones de alcance estratégico, generando una multiplicidad de enfoques metodológicos que no siempre articularon coherentemente en la comunidad como escenario propicio para el desarrollo rural, aspecto que limitó la utilización optima de los recursos a ellas asignados.

Aunque la visión de programas partió de un enfoque de descentralizador, resultado de la que se experimentaba en el país y daba cierta autonomía a las provincias, a nivel de comunidad, este proceso tenía una asimilación más lenta porque se había creado una cultura de dependencia al municipio, que limitaba su capacidad de respuesta para la autogestión y autosuficiencia.

A pesar de lo anterior en esta etapa se aprecia una maduración de la concepción de desarrollo rural y de los factores que tributan a su enfoque integrado a partir de una toma de consciencia sobre la necesidad de realizar aportaciones teóricas que sirvieran como retroalimentación de la práctica que se realizaba. En ese sentido las universidades se convirtieron no sólo en instituciones académica donde, desde la docencia, se transmitía un conocimiento sobre los principales enfoques y tendencias relacionadas con la problemática, sino que fundaron centros de investigación con una visión interdisciplinaria que propiciaron la intersectorialidad y organizaron eventos provinciales, territoriales, nacionales e internacionales dedicados a promover el intercambio de las mejores experiencias.

III Etapa 1990 – 2005: Reconceptualización y reordenamiento del desarrollo rural cubano:

Esta es una etapa caracterizada por la ocurrencia de una serie de acontecimientos en el contexto nacional cubano, entre los cuales sobresalen los siguientes:

• El paso del país al “Período Especial” en tiempo de paz hecho que se tradujo en la introducción de mecanismos de control estatal con la finalidad de asegurar el uso racional de los recursos en todos los sectores del territorio nacional,

• Introducción de un proceso de descentralización en los organismos de la administración central del Estado y las organizaciones políticas, sociales y de masas que se tradujo en una reformulación de sus estructuras y funciones, más ajustadas al momento histórico concreto que vivía el país con la finalidad de otorgarle a los territorios, incluyendo las comunidades mayor autonomía para la autogestión y el autogobierno.

• Diseño de una nueva política agraria en correspondiera con la realidad socioeconómica del país con la finalidad de minimizar los efectos provocados por la profunda crisis funcional/estructural que afecta el sector lo cual condujo a que en 1993 se proclamara lo que se ha dado en llamar la tercera Ley de reforma agraria que revolucionó todas las dimensiones de la vida rural. El eje central en torno a cual giro este diseño fue la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativas (UBPC), surgidas sobre la base de antiguas empresas estatales. Esta modalidad les permitía a sus miembros el usufructo de la tierra sin que mediara renta alguna, convirtiéndolos en propietarios colectivos de la mayor parte del equipamiento y la maquinaria pertenecientes a las antiguas empresas y en propietarios de su producción.

En este contexto se crea el Consejo Popular como eslabón de gobierno que significó una oportunidad única al convertirse en un escenario privilegiado para estimular la participación popular en la toma de decisiones, asegurando la presencia de una gerencia social comunitaria con enfoque participativo, grupal y socializador.

Los objetivos esenciales se centraron en el mantenimiento de las conquistas históricas alcanzadas por la Revolución, traducidas en el mejoramiento de la calidad de vida de la población a través del logro de la eficiencia, eficacia y efectividad que permitiera elevar la producción agropecuaria, el incremento y estabilización de la fuerza de trabajo y la diversificación de la actividad productiva, entre otros.

En esta etapa se aprecia, en el plano teórico, la necesidad percibir la comunidad en su totalidad e integralidad con el propósito de optimizar los pocos recursos existentes a ese nivel y en ese sentido se consolida la idea de un cambio en la concepción del desarrollo comunitario que permitiera interpretarlo a partir de las nuevas complejidades. El nuevo enfoque se definió como desarrollo comunitario integrado.

Existen varios aspectos que justifican la presencia del modelo y que lo diferencia de la manera en que fue asumido en los países latinoamericanos y europeos. Estos son, entre otros, los siguientes:

• Una población mejor entrenada y con mayor madurez política para asumir los retos de la participación para la toma de decisiones en escenarios más diversificados y exigentes que reclamaban nuevas funciones para el sujeto popular.

• Articulación más dinámica y coherente, a partir de la experiencia acumulada, entre la gerencia social comunitaria, las instituciones y organizaciones sociales y de masas en los principales eventos de la que ocurren en la comunidad.

• Presencia de promotores, animadores o gestores del desarrollo comunitario rural con mayor cualificación y con un pensamiento más integrativo a partir de las propias necesitadas locales y de la complejidad social.

• Presencia de un marco legal que respalda, desde el punto de vista jurídico, el desarrollo comunitario integrado.

• Realización de investigaciones, desarrollo de eventos y ediciones de publicaciones que se tradujeron en la socialización de las mejores experiencias y en su evaluación con la finalidad de conocer las limitaciones y alcance del desarrollo comunitario integrado.

• Presencia de los Grupos de Trabajo Comunitario Integrado a nivel de país, provincia, municipio, consejo popular y comunidad y de lineamientos básicos para el cumplimiento de sus objetivos, centrados en ubicar la integración como elemento sustantivo del desarrollo.

Los elementos señalado permiten conceptualizar el Desarrollo Comunitario Rural Integrado como un “modelo a través del cual se busca la interrelación dialéctica entre los componentes esenciales del desarrollo humano de los miembros de las comunidades rurales con la finalidad de mejorar su calidad de vida, potenciando la autogestión y el autogobierno local y el aprovechamiento de todas las ventajas que proporciona el entorno, tributando así al desarrollo nacional” (Terry , 2005: 9)

Esta definición se diferencia de las anteriores al entender el desarrollo comunitario rural integrado no como un proceso sino como un modelo que incluye varios procesos interrelacionados entre si de manera sistémica y dialéctica. Como todo modelo parte del respeto a un conjunto de principios que lo convierten en un referente teórico – metodológico. Entre ellos sobresalen los siguientes:

Principio de la totalidad.

El concepto parte de entender a la comunidad rural como un tipo de totalidad compleja, integrada por partes interrelacionadas entre sí de manera dialéctica asegurando la develación gradual de los vínculos internos que se dan entre sus partes y procesos lo cual asegura entender la unidad dialéctica que existe en el modelo.

Principio de la complejidad.

El desarrollo rural integrado se presenta hoy como un fenómeno complejo por la manera en que se manifiestan las relaciones individuales y colectivas de los habitantes de la comunidad, por las conexiones que se establecen entre las institucionales existentes, por la forma en que son percibidos los eventos económicos, sociales y culturales, por el entramado de interrelaciones que se establecen entre los escenarios que configuran la comunidad rural y por la forma de gerenciar los procesos de desarrollo.

Principio de Integralidad.

Este modelo de desarrollo al centrar la atención en las personas con la finalidad de mejorar su calidad de vida potencia la integración de todos los procesos, dimensiones y recursos presentes en la comunidad lo cual supone tener una visión global de la realidad en cuestión.

El desarrollo rural integrado es por naturaleza multidimensional e interdisciplinaria al permitir el abordaje de diversas dimensiones como la económica, social, cultural, medio ambiental, etc., desde diferentes disciplinas científicas, reflejando el sistema de conexiones que se establecen entre ellas y su repercusión sobre la sociedad.

Principio de contextualidad.

“En el diseño de un programa de desarrollo rural integrado cada país debe formular sus políticas y planear sus programas que mejor se adapten a sus necesidades particulares, teniendo en cuenta su nivel de desarrollo, sus recursos, su sistema político vigente, su estructura institucional y sus necesidades más acuciantes. La estrategia a seguir para alcanzar el desarrollo rural variará por tanto de país a país, de acuerdo con las características de su desarrollo” (Leupolt , 1988:97).

La idea anterior justifica la necesidad del análisis del contexto como condición imprescindible para garantizar que la implantación de este modelo de desarrollo tenga una aplicabilidad eficiente, eficaz y efectiva en las comunidades rurales al ajustarse a cada realidad concreta.

Los objetivos esenciales del nuevo modelo de desarrollo comunitario rural integrado son los siguientes:

• Conseguir el mejoramiento de la calidad de vida de los miembros de la comunidad en consideración a los aspectos esenciales del desarrollo humano.

• Capacitar los recursos humanos y utilizarlo como recurso estratégico de desarrollo, potenciando su visión anticipativa para la gestión eficiente, eficaz y efectiva de todos los recursos puestos a su disposición.

• Favorecer los procesos de participación popular en todos los escenarios de la vida comunal para la identificación de problemas y la toma de decisiones para su solución.

• Reforzar la identidad cultural, favoreciendo la consolidación de los sentimientos de arraigo y pertenencia y en ese sentido la participación popular en los procesos de desarrollo comunal.

• Tributar al desarrollo nacional a partir de la articulación de desarrollo comunitario rural con el municipal, provincial y nacional.

5.- LA METODOLOGÍA INTEGRACIONAL DE INTERVENCIÓN COMUNITARIA EN EL CONTEXTO DEL DESARROLLO RURAL CUBANO.

Como intervención comunitaria se entiende aquí a la actuación consciente y sistemática sobre un proceso comunal en marcha con la finalidad de prevenir, corregir o resolver problemas que afectan el curso normal del desarrollo integral de la comunidad y en ese sentido influye sobre los procesos, dimensiones y recursos presentes en ella. Esta acción la logran los miembros de la comunidad a través de la utilización de la metodología como soporte teórico.

Cualquier valoración sobre las metodologías de intervención comunitaria debe partir de considerar el momento histórico concreto donde se desarrollan y de las condicionantes políticas, sociales y culturales que le dieron origen, en ese sentido es oportuno detenerse en algunas consideraciones sobre el tema realizadas por destacados investigadores:

Ander Egg hace una reflexión interesante sobre los métodos tradicionalmente empleados en el trabajo social desde la perspectiva de caso, grupo y comunidad, considerando que estos tres niveles se interrelacionan a partir de que en la realidad no se dan separados. Al desarrollar el análisis concluye que los mismos parten de una estructura común y la define de la siguiente manera:

1. “Estudio- diagnóstico.

2. Programación.

3. Ejecución (tratamiento)

4. Evaluación” (Ander Egg ,1977: 129).

Un análisis de las metodologías de intervención existente demuestra que esta estructura ha sido tomada como referente teórico por muchos planificadores del desarrollo sin embargo en el contexto actual para lograr un desarrollo comunitario rural integrado estos presupuestos son limitados, no tienen un alcance estratégico.

En la misma línea de pensamiento se encuentra la propuesta elaborada por el Grupo Nacional de Trabajo Comunitario Integrado de Cuba al considerar que el trabajo comunitario en Cuba tiene tres fases bien definidas, a saber, diagnóstico, elaboración y ejecución del plan de acción y Seguimiento y evaluación del proceso y del plan de acción.

En el trabajo titulado Comentario del libro Planificación social y organización de la comunidad de los autores Marco Marchioni y Daniel Torres se hace una propuesta metodológica que aunque desde el punto de vista terminológico difiere, en esencia, el enfoque coincide con el anterior. En el se plantea como fases del trabajo comunitario la de estudio y conocimiento de la realidad, la de escucha e individualización de los problemas, la de intervención inicial, la de intervención ordinaria

Por su parte Alexia Sainz reafirma que existe una metodología única para los proyectos de desarrollo rural y reconoce que se ha logrado un consenso en torno a las fases fundamentales que configuran ese proceso, definiéndolas como recogida de datos, análisis y diagnóstico, definición de la estrategia, diseño de un plan. Los proyectos de acción, selección y gestión de proyectos, realización y evaluación.

Partiendo de las características concretas de Cuba y de la introducción del modelo de desarrollo rural integrado como concepción renovada del desarrollo rural el autor de este documento propone la metodología integracional para asegurar un proceso de transformación en la realidad rural. La misma se define como una tecnología social que parte del reconocimiento y utilización racional y consciente de métodos procedimientos y técnicas que bajo el principio de la interrelación dialéctica y dentro de un proceso lógico, totalizador e integrador permite la actuación sobre la realidad comunitaria.

La propuesta se presenta como alternativa para el desarrollo comunitario rural integrado que viene potenciando el Gobierno y el Estado cubanos a través de las Secretarias de la Asamblea Nacional, Provinciales, Municipales del Poder Popular y de los Consejos Populares y del protagonismo de todos los actores sociales. Desde el punto de vista estructural la metodología consta de las siguientes partes esenciales:

1.- Definición del Equipo núcleo.

Desde este enfoque metodológico el equipo núcleo se fundamenta en los principios de la interdisciplinariedad y multisectorialidad y su constitución se promueve, fundamentalmente, por la gerencia social que es la responsabilizada, desde el punto de vista legal, con el desarrollo integral de la comunidad. La visión de equipo les propicia a sus integrantes una amplia base para el compromiso colectivo y mayor fuerza de cooperación, integralidad y rigor científico, así como una socialización de los conocimientos desde lo plural y democrático.

2. – Análisis de la realidad.

Se rompe con el principio del diagnóstico tradicional y se asume el de diagnóstico participativo, sin despreciar el aporte teórico y metodológico de los profesionales cualificados y comprometidos con el proceso de cambio, pero privilegiando la participación popular en la construcción colectiva del conocimiento sobre la realidad para la toma de decisiones y estableciendo una relación de intercambio entre esos profesionales y los habitantes de la comunidad con la intensión de lograr una aproximación real, eficiente, efectiva y eficaz de esa población a su proyecto de desarrollo. Entre los elementos a considerar en este momento se encuentran los siguientes:

a) Análisis del proyecto político y el modelo de desarrollo nacional.

b) Análisis del marco legal.

c) Definición del micromodelo de desarrollo.

d) Definición del enfoque de intervención.

e) Análisis de las dimensiones esenciales de la comunidad.

3.- Diseño de la situación objetivo.

La situación objetivo es un pronóstico social y en ese sentido involucra en sus análisis las dimensiones enunciadas en punto dos de la metodología. Se corresponde con el estado deseado por la comunidad.

4.- Determinación de los macrobjetivos.

Estos tienen un carácter multicausal y por su magnitud se diseñan para solucionar problemas que afectan a la comunidad como colectividad, ya sea táctica o estratégicamente por lo que su solución no puede enfrentarse de manera aislada sino a través de la acción coordinada e integrada de todos los factores locales.

Los macrobjetivos constituyen hilos conductores para la integración comunitaria al favorecer un nuevo enfoque para la solución de problemas que parte de lo interrelacional como propuesta, centrando la atención en la cooperación y aportando al proceso de aprendizaje colectivo al potenciar el trabajo en equipo.

5.- Diseño de objetivos estratégicos.

Se vinculan al desarrollo global de la comunidad, tributan al desarrollo integral por lo que su diseño no parte de la situación inicial sino de la situación objetivo, de la comunidad deseable porque los objetivos estratégicos son finalidades para la acción. Su formulación se sustenta en la búsqueda de consenso en torno factores clave que permitirán el desarrollo coherente de la comunidad

6.- Determinación de las estrategias de desarrollo.

Su formulación parte del análisis de los objetivos estratégicos convirtiéndose en facilitadores para su cumplimiento por lo que su alcance temporal y espacial es menor.

7.- Los proyectos integrales de desarrollo.

Las estrategias de desarrollo se concretan en proyectos integrales de desarrollo cuyo diseño parte de una planificación operativa que toca dimensiones específicas pero articuladas a una estrategia global de desarrollo y en ese sentido no pierden la noción de integración sino que la potencian.

CONCLUSIONES:

1. Los aportes teóricos y metodológicos de la sociología rural Latinoamérica permite el estudio del paradigma de desarrollo comunitario rural integrado asegurando que este se traduzca en para las comunidades en la necesidad de una integración racional y consciente de todos los procesos, dimensiones y recursos comunales donde la interrelación dialéctica de los mismos, asumidos como sistema, formen parte de un proceso de aprendizaje colectivo y se conviertan en elemento sustantivo del micromodelo propuesto.

2. El desarrollo rural integrado se presenta hoy como única alternativa para alcanzar un verdadero desarrollo humano a escala comunitaria en el mundo rural Latinoamericano y caribeño, considerando la preservación de la cultura, el reforzamiento de los valores identitarios, la reanimación de la economía con enfoque de pluriactividad, el progreso social y la sustentabilidad.

3. La metodología propuesta, parte del supuesto que el desarrollo comunitario rural integrado tiene su origen en el reconocimiento de la participación activa y consciente de la población en todos los procesos del desarrollo, desde el diseño de una planificación acorde con las direcciones estratégicas del proyecto político, el modelo de desarrollo nacional y el marco jurídico hasta la utilización equilibrada y evaluación racional de los recursos puestos a su disposición como vías para lograr, desde la construcción colectiva, un desarrollo integrado.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

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6. Llambi, L. Globalización y Desarrollo Rural. Ponencia presentada en el Seminario Internacional La nueva Ruralidad en América Latina, Bogotá 2000. En http://168.96.200.17/ar/libros/rjave/paneles.html

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9. Etxezarreta, M. El Desarrollo Rural Integrado. Editado: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Madrid, 1988.

10. Terry Gregorio, J. Desarrollo Rural Integrado: Un nuevo paradigma en el contexto contemporáneo. En http://www.gobernabilidad.cl/modules.php


§ Universidad de Ciego de Ávila, Cuba, terrymarilet@yahoo.es y pfr_terry@rect.unica.cu


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Comentarios sobre este artículo:

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Por: Alberto Galindo Fecha: 13 del 08 de 2013 - 22:00
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