Observatorio Iberoamericano de la Economía y la Sociedad del Japón
Vol 5, Nº 18 (septiembre 2013)

LA PARADOJA DE ABE

Reynaldo Senra Hodelin (CV)
reynaldo@ciem.cu


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Japón vuelve a crecer y parte de esa evolución se debe a las políticas del primer ministro Shinzo Abe. Aunque su nueva reforma estructural o estrategia de crecimiento no está completamente lanzada, algunos de sus aspectos ya son conocidos. Entre ellos está la ligera apertura a la inmigración calificada y la promoción de Japón como destino turístico. A pesar de esa voluntad, hay varios elementos que podrían afectar la plena consecución de los objetivos. Entre ellos están los conflictos territoriales, barreras fuertes a la entrada a los inmigrantes, los sentimientos antiinmigrantes del país y, lo que es peor, las mismas posturas de Abe.

Palabras clave: Estrategia de crecimiento, inmigración calificada, turismo, disputas territoriales, barreras migratorias  

Japón experimenta una clara expansión económica bajo el Gobierno de Shinzo Abe. Al parecer,  el anuncio de sus dos primeras flechas alcanzó el objetivo (hasta ahora), más allá de la cierta polémica que las estrategias han generado en círculos académicos.

Aunque la tercera flecha no haya sido completamente clarificada, algunos de sus elementos son identificados ya, considerando los recientes movimientos del Gobierno. En este trabajo se abordarán dos de ellos que están interrelacionados (en cierto grado): la ligera apertura a la inmigración calificada y la promoción de Japón como destino turístico.

En ambas apuestas surgen varios elementos positivos. Uno es que ambos ya fueron incluidos en la Estrategia de Crecimiento lanzada por el Partido Demócrata en 2010. Por ejemplo, el objetivo de 25 millones de turistas en 2020 no difiere mucho del de 18 millones en 2016 bajo la administración de Abe. Esto revela que la promoción de Japón como el destino turístico es una prioridad más allá del partido gobernante.

El envejecimiento es considerado, ampliamente, la mayor amenaza para la economía de Japón y de otros países ricos. Muchos de ellos han encarado el problema con relativo éxito gracias a la inmigración. Esa política ha jugado un papel importante en el alcance de un crecimiento favorable en economías avanzadas (independientemente de las particularidades, el origen y el nivel educativo), aunque algunos políticos y especialistas (conservadores generalmente) minimicen este hecho y destaquen los inconvenientes que la inmigración implica. Indudablemente, es necesario explorar otras vías para enfrentar el envejecimiento, pero hasta el presente estas son menos seguras, mucho más complicadas y, por consiguiente, inciertas.

Japón implementó varias políticas durante 15 años y los resultados fueron decepcionantes. La historia de Japón mostró un potencial casi ilimitado de innovación y superación de adversidades. Sin embargo, los deseos de alcanzar posiciones de liderazgo en materia de ciencia y tecnología, producción de vehículos, maquinaria y fuentes de energía renovable parecen “pequeñas cosas” ante los retos del envejecimiento.

En 2010, Alemania registró 10,59 millones de personas nacidas en el extranjero (13 % del total), los Estados Unidos (39,92 millones y 12,9 %), Canadá (6,78 millones y 19,9 %) y Reino Unido (7,06 millones y 11,5 %), según datos de OCDE. La citada fuente no dispone de estadísticas recientes para Japón y en 2000 había 1,29 millones (sólo 1 % de la población japonesa), y los datos más actualizados (de otras fuentes) muestran a 2 millones de ellos. El porcentaje sólo era más bajo en Corea del Sur y México, entre países de OCDE.

Es conveniente indicar que muchos países con elevada inmigración han confrontado graves problemas del racismo (Estados Unidos y Alemania, por ejemplo). Sin embargo, ambos han atraído a emigrantes de casi todas las regiones del mundo y mantienen alto atractivo por aquellos que quieren emigrar. El refuerzo de leyes de inmigración como la de Arizona en los Estados Unidos no ha reducido el deseo de mexicanos de emigrar. Asimismo, los hombres de negocios en Estados Unidos siguen contratándolos.

Japón permanece como una de las sociedades más cerradas. Hay sentimientos anti inmigrantes serios, pruebas de suficiencia de japonés casi inalcanzables, barreras legales y el país persiste como una sociedad muy estresante. Además de la brecha de salario entre extranjeros y japoneses étnicos, las mujeres sufren uno de las más amplias entre países de OCDE. Y Japón necesita muchas enfermeras, por ejemplo.

Japón puede intentar relajar estas fuertes barreras y hasta conseguirlo. Pero varios elementos adicionales gravitan negativamente sobre esta "buena voluntad". Algunos de ellos no dependen del interés de las autoridades ya que implican asuntos muy sensibles y complejos. Muchos problemas serían solubles sólo en el largo plazo.

Las tensiones territoriales son uno de ellos. Años atrás, la intensificación de las disputas fue seguida por la calma. Sin embargo, las actuales disputas pueden representar la explosión definitiva del problema. Ahora, hay 3 países poderosos que parecen darse cuenta que el mantenimiento de las diferencias territoriales en un nivel inferior reforzaría el actual status quo en cuanto a los territorios. Cada país parece decidido a clarificar estas disputas ahora, porque será menos realista conseguir la transferencia de un territorio reclamado en el futuro.

Otro tema relevante es el nivel de precios en Japón, a pesar de años de deflación. De hecho, esta situación desestimula a miles de turistas internacionales a visitar Tokio.

Sin embargo, la preocupación más inquietante implica al gobierno de Abe. Este parece resuelto a la consecución de ambos objetivos, pero no pareciera dar los pasos decisivos. La actual administración puede promover la buena vecindad en Asia, pero las visitas al Santuario Yasukuni por políticos relevantes y ministros (cercanos a Abe) crean muchos problemas. Si se consideran las posturas de Abe en el pasado (en cuanto a la historia de Japón, las esclavas sexuales y sus visitas anteriores a Yasukuni, por ejemplo) los hechos son aún peores. Abe rechazó condenar públicamente las visitas por sus ministros, aunque tomó la decisión correcta sobre los comentarios de Toru Hashimoto sobre el régimen de las esclavas sexuales. En consecuencia, parte de la población China y Corea del Sur (dos grandes emisores de turismo y emigrantes) tiene la convicción de que la verdadera postura de Abe permanece oculta.

El aumento del sentimiento anti japonés es un hecho. Una reciente encuesta conjunta (entre los institutos Genron NPO de Japón y el Instituto de Asia Oriental de Corea del Sur) mostró que 80% de los surcoreanos tiene una imagen negativa de Japón y el 40 % de los japoneses comparte el mismo sentimiento hacia los coreanos, según The Japan Times (2013). Asimismo, 40% de los encuestados considera que su sentimiento ha empeorado en el último año. La encuesta también capturó la posible influencia de los medios ya que la mayor parte de las personas sondeadas solían informarse a través de medios nacionales. Esto indica que los medios de comunicación podrían estar complejizando los problemas inconscientemente o no. Más de 45 % de los japoneses es más cercano a Corea del Sur que a China, mientras sólo el 5 % mostró la inclinación contraria.

El rechazo entre sectores de los 3 países ha sido evidenciado con protestas que han tenido impacto de mediático y que incrementan las preocupaciones.

Si Abe sinceramente quiere promover el turismo y la inmigración, tiene que clarificar completamente su postura en cuanto al tema del pasado japonés. Aunque la postura oficial, respecto a las esclavas sexuales, es la adhesión a la Declaración Kono, Abe dijo durante su campaña que publicaría una declaración de reemplazo a la citada. Actualmente, él político está resuelto a modificar el 9no artículo. Esta modificación, puede ser defendida, sin invocar o estimular las rivalidades con vecinos. Sin embargo es inquietante que se intente la revisión del 9no artículo, negando el pasado guerrerista de Japón y permitiendo visitas a Yasukuni por ministros de su gabinete.

Es verdad que el turismo y la inmigración pueden llegar de otras regiones y la percepción de Japón es muy positiva en el resto del mundo, pero Corea del Sur y China son grandes emisores de ambos flujos. En adición, Asia permanece como la región más dinámica y aumentará su nivel de vida en los próximos años. La brecha entre Japón y otros países asiáticos se estrecha rápidamente. Este hecho afecta la capacidad japonesa de atraer a emigrantes en Asia, ya que surgen otros destinos atractivos para emigrar. Aunque este elemento favorezca el turismo, el envejecimiento poblacional quedaría gravitando sobre Japón.

Es imperativo enfatizar en la realidad actual de la sociedad japonesa. Está claro que hay un problema con las fuentes de inmigración del país. Esta depende fuertemente del Sudeste y el Este de Asia porque existen vínculos históricos, de comportamiento, culturales, étnicos y religiosos. Una afluencia significativa no pareciera posible desde Europa y parece poco realista la incorporación de miles de personas de África, América Latina y Oriente Medio. Estas regiones presentan diferencias notables respecto a la sociedad japonesa. Actualmente, algunos políticos, investigadores y parte de la población en muchos países desarrollados consideran que el multiculturalismo no funciona. Las dificultades de adaptación en Japón podrían ser más grandes que la experimentada por otras minorías en otros países.

Asimismo, las personas interesadas en migrar a Japón tienen que notar un clima favorable y un claro deseo del gobierno nipón en incorporarlos. Sin embargo, el nuevo régimen de visado (lanzado durante noviembre de 2012, antes del retorno de Abe) parece más bien una enorme barrera que un estímulo, como muchos especialistas han indicado. Si la migración calificada se considera una cuestión relevante para crecimiento de Japón, es necesario revelar un enfrentamiento genuino contra  los actos nacionalistas. Parte de la población asiática puede no percibir un esfuerzo creíble del gobierno de Abe en esa dirección.

Japón ha insistido que la migración que promoverá es la calificada. Sin embargo, es precisamente este tipo de flujo el que en mejores condiciones se encuentra para trasladarse y hacia donde mayormente se dirigen las políticas migratorias de países desarrollados. Esto indica que Japón enfrenta fuerte competencia en la captación de migrantes.

Consecuentemente, se necesita una reforma en la política migratoria que incorpore (al menos) apoyos adicionales. En este aspecto, Japón marcha distante de otros países avanzados. Varios de ellos (como Canadá) han puesto en práctica estrategias con resultados positivos incuestionables. La enorme deuda pública nipona obstaculiza la posibilidad de estímulos públicos o exenciones fiscales. Sin embargo, políticas de crédito y de alojamiento son claramente posibles.

Quizás el gobierno de Abe no considera seriamente la inmigración como una vía para enfrentar el envejecimiento. Pero, al menos, está urgido de encontrar alternativas alcanzables para contener los impactos negativos sobre la economía. De hecho, la migración ha sido el camino “mágico” adoptado por otros países, con resultados positivos a pesar de críticas marcadas por el nacionalismo y el rechazo a los extranjeros. Por lo tanto, Japón tendría que concebir lo que, prácticamente, nadie ha hecho.

Abe cuenta con un apoyo enorme en amplios y diversos sectores japoneses. Pero si no afronta con éxito los impactos del envejecimiento, la recuperación actual podría ser de corto plazo y Japón podrían completar una tercera década perdida. Para Abe, si el envejecimiento gana la batalla, la presente efervescencia podría desvanecerse. El político podría perder su segunda oportunidad, así como el visado para una tercera.

http://www.japantimes.co.jp/news/2013/05/08/national/bad-feelings-dominate-japan-south-korea-public-sentiment/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=bad-feelings-dominate-japan-south-korea-public-sentiment

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