Observatorio Iberoamericano de la Economía y la Sociedad del Japón
Vol 4, Nº 14 (mayo 2012)

 

UN ACERCAMIENTO A LAS RELACIONES ECONÓMICO-COMERCIALES Y DE COOPERACIÓN ENTRE JAPÓN Y AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Yunyslka González Vaguéz
CIPI
 


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Introducción

Al hablar de las relaciones económico-comerciales entre Japón y América Latina y el Caribe, debemos partir de la idea de que nos referimos a dos partes heterogéneas intra y extraregionalmente, no solo desde el punto de vista de la cultura, sino también desde su geografía, sus procesos políticos, económicos, su realidad social y demográfica 1.

A pesar de que la región no es una prioridad para Japón, como sí lo es Asia, en los últimos años se han incrementado los vínculos con la misma, impulsados sobre todo por la necesidad de la nación asiática de encontrar nuevos proveedores de recursos naturales y diversificar sus mercados. Además, la creciente presencia de China en la región ha servido de estímulo al gobierno nipón en su intención de tener un mayor protagonismo a nivel mundial.

Las oportunidades que América Latina ofrece a Japón también incluyen mano de obra barata, joven y dispuesta a la capacitación; políticas macroeconómicas y financieras favorables a la inversión extranjera; un mayor número de economías abiertas comprometidas con el libre comercio y la integración regional; e instituciones democráticas que fomentan nuevas formas de participación para un desarrollo sostenible. A su vez, nuestra región podría beneficiarse del conocimiento y la experiencia japonesa en áreas como la innovación, la eficiencia energética, el comercio y el cambio climático.

A partir de lo antes expuesto, este trabajo tiene como objetivo caracterizar las relaciones económico-comerciales entre Japón y nuestra región desde la posguerra hasta la actualidad. El estudio se hará desde el punto de vista de cómo han fluctuado los vínculos de Tokio hacia América Latina y el Caribe y no en sentido contrario.

Antecedentes

Entre América Latina y Asia existieron contactos físicos y comerciales desde que el imperio español se expandió a Filipinas y a la Cuenca del Pacífico. Los vínculos entre estas regiones surgen fundamentalmente desde el ámbito privado, con los comerciantes que desde México intercambiaban productos como el oro y la plata, a cambio de la seda de Manila y especias. Cuando los países latinoamericanos lograron su independencia, ya existía un tráfico privado habitual con Asia, específicamente con China, Filipinas y la Indonesia holandesa. Se sumaron más tarde Australia, Nueva Zelanda y las colonias francesas en el Pacífico.

No existía otro interés que no fuera el comercio. Los países de América Latina estaban concentrados, principalmente, en sus relaciones entre ellos, con Europa y EE.UU. El mundo asiático no era percibido como relevante dado que, del siglo XVI en adelante, fueron las economías del Atlántico las que dictaron el curso de la historia hasta bien entrado el siglo XX. A ello se añadió la lejanía, los altos precios de los fletes marítimos y las diferencias culturales, que de una manera u otra generaron desconfianza y falta de conocimiento. De ahí la carencia de políticas definidas desde Asia hacia América Latina y viceversa.

Los primeros contactos entre Japón y América Latina se remontan a principios del siglo XVII, pues las incontrolables tormentas marítimas no pocas veces hicieron perder el rumbo a los navíos que en aquellos tiempos hacían el trayecto desde México (llamado Nueva España en esa época) hasta Manila, en las Filipinas. El naufragio del Capitán General y Gobernador de las Filipinas, Rodrigo de Vivero, en su viaje de regreso a Nueva España, dio origen a las relaciones oficiales y comerciales con el Shogunato, así como también el despacho de la misión de Tsunenaga Hasekura conformada por sesenta samurais y cerca de ciento treinta mercaderes con destino a Europa a través de Nueva España. Muchos miembros de esa comitiva tuvieron que quedarse esperando en Acapulco y otros en Sevilla, España, mientras regresaban allí los miembros principales de la misión, después de viajar a Roma. De ahí que algunos de ellos se casaran con mujeres locales y tuvieran hijos.

La historia de las relaciones entre el Japón moderno y América Latina se inició cuando el primero había puesto fin a su aislamiento internacional en 1868 bajo la presión de las potencias occidentales. Hacía medio siglo que los países latinoamericanos habían conseguido su independencia.

En esa época se inició en Japón el período de la Renovación Meiji (1868-1912). El país se encontraba en un proceso de modernización que trajo consigo cambios como la reforma agraria y la modificación de las relaciones socioeconómicas de los nuevos dueños de la tierra y los campesinos. Muchos terratenientes no pudieron sostener sus propiedades debido al aumento de impuestos por la tenencia de la tierra, pasando de dueño a jornalero en un breve período de tiempo.

Los cambios tecnológicos que generó la modernización hicieron que la mayoría de los pequeños propietarios cayeran en desventaja competitiva y, finalmente, en bancarrota. Dichos acontecimientos derivaron en una aguda radicalización al interior de la sociedad japonesa, que, a su vez, provocó la emigración a ciudades como Tokio y Osaka.

El movimiento migratorio obligó a que el gobierno japonés optara por enviar al exterior sus excedentes de población. La migración se inició como una estrategia para solucionar el problema del desempleo y las fricciones sociales derivadas del crecimiento desmedido de las ciudades. El primer movimiento migratorio se realizó en la tercera parte del siglo XIX, en específico hacia Hawai. A finales del mismo siglo, la migración se extendió a Estados Unidos y Canadá. Dichos países pusieron restricciones a los migrantes japoneses provocando que América Latina comenzara a figurar como una región de interés para el gobierno de Japón, que puso un mayor énfasis en la migración hacia México, Brasil y Perú.

A nivel mundial, en América Latina y el Caribe es donde vive el mayor número de inmigrantes japoneses y sus descendientes. Actualmente, la mayoría se encuentra en Brasil, Perú, Argentina, Paraguay, Bolivia y México, donde las segundas y terceras generaciones están desplegando sus actividades en diferentes campos, como ciudadanos de dichos países.

En 1973, Japón estableció relaciones diplomáticas con Perú, convirtiéndose en el primer país latinoamericano en establecer vínculos de este tipo con la nación asiática. En 1996, el comercio de Perú con los países  de APEC representaron el 51% del total (exportaciones más que importaciones), siendo EE.UU el mayor socio comercial de Perú a esa fecha, seguido por Japón, que luego fue desplazado por China2 .

México fue el siguiente país con el que se iniciaron las relaciones diplomáticas. Al abrir sus puertas al exterior por la presión de las potencias occidentales, Japón se vio obligado a aceptar tratados no igualitarios con esos países, aunque deseaba suscribir un tratado igualitario con algún país extranjero a fin de que sirviera de precedente jurídico para renegociar y replantear cláusulas sobre bases de igualdad con los países occidentales. 

México, por otra parte, se interesaba en el comercio con Asia y después de un año de negociaciones en Washington, firmó en 1888 el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre México y Japón, el primero suscrito en términos de igualdad por los japoneses. Aunque la firma de este Tratado igualitario fue un acontecimiento extraordinario, no jugó el papel preponderante que se proponía Japón, pues en los tratados renegociados en 1894, tanto con Gran Bretaña como con Estados Unidos, sólo se modificaron en parte los artículos no igualitarios. A partir de entonces, Japón continuó acercándose a otras naciones latinoamericanas, dando inicio a las relaciones diplomáticas con Argentina en 1898.

Las relaciones de posguerra.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los vínculos entre ambas regiones cobraron particular intensidad. La región latinoamericana constituía una oportunidad para satisfacer parte de las necesidades de la economía nipona pues, durante esa etapa, la mayoría de los países de nuestra área siguieron una estrategia de industrialización por sustitución de importaciones, como vía para la expansión y la diversificación productiva. Esta estrategia tenía una marcada orientación hacia el mercado interno y privilegiaba al Estado como agente responsable del desarrollo económico y social. Como resultado de esa política, se logró una expansión de los niveles de producción industrial, un mayor dinamismo en el crecimiento del producto y la obtención de importantes avances sociales, como el aumento de la expectativa de vida, la disminución de la pobreza crítica, entre otros.

Japón había quedado completamente destruido al finalizar la Guerra, pero logró, en un período histórico relativamente breve, reconstruir su economía y convertirse en una de las naciones industrializadas más importantes del mundo actual.

En ese contexto, las relaciones entre Tokio y nuestro continente se intensificaron. Durante los años cincuenta, América Latina proveía a Japón con el 9,8% de sus importaciones, fundamentalmente materias primas. A su vez, el 9,2% de las exportaciones japonesas estaban dirigidas a la región (Cobarrubias, 2005).

También en los años cincuenta, los países de América Latina constituyeron el destino de una proporción significativa de la Inversión Extranjera Directa (IED) de Japón. Esto coincidió con la primera etapa del proceso de industrialización de la economía nipona, que se caracterizó por la utilización intensiva de mano de obra. Las grandes compañías comerciales (sogo- shosha) 3 fueron los principales agentes de esta primera oleada de inversión japonesa en la región. Estas empresas se encargaron de asegurar la provisión de recursos naturales a las empresas manufactureras niponas y de garantizar también los mercados para sus exportaciones.

Durante los sesenta, el comercio con Japón creció en un 15% y el balance resultó superavitario para la región, en tanto se mantenía como importante proveedora de materias primas y productos básicos. Ya en los años `70, Japón se había convertido en el país más industrializado de Asia y en la segunda potencia económica mundial. Esta condición, por una parte, y el fuerte crecimiento industrial propiciado por la estrategia de industrialización por sustitución de importaciones, por la otra, condujeron a que América Latina se convirtiera en un importante mercado para los bienes de capital provenientes de Japón.

En esta época, se combinaron otros factores que también impulsaron las relaciones entre ambas partes, e incluso que se llegara a mencionar la “carta japonesa”4 , a pesar de no desplegarse nunca con profundidad. Ejemplo de estos factores son: la Guerra Fría, la unificación gradual de Europa y su proyección en el área con prudencia y el carácter pasivo de China, entre otros.

La disminución de los vínculos económico - comerciales  como consecuencia de las crisis en los años´80 en Latinoamérica y de los ´90 en Japón.

De los países asiáticos, Japón fue el socio comercial y de inversión con mayor estabilidad en América Latina. México era el país que tenía los mayores vínculos con Tokio. Sin embargo, perdió relativa importancia en los años `80, debido, entre otros factores, a que EE.UU. y Europa no aceptaban dicha relación. Es entonces cuando Brasil y Panamá pasan a ser los principales socios del país asiático en la región.

Igualmente, durante ese período, los países latinoamericanos tuvieron que enfrentarse a la triple dificultad planteada por el escaso crecimiento económico, la alta inflación y la acumulación de la deuda externa. Esto provocó un decaimiento del ímpetu que prevalecía en las relaciones económicas entre Japón y la región.

A partir de la reversión de la dinámica de crecimiento del área, el comercio con Japón creció sólo un 2% en los ochenta y la participación del comercio con esta economía en el total regional descendió al 4,5%. También se redujo el déficit comercial con respecto a la economía nipona. (Cobarrubias, 2005).

En cuanto a la inversión, algunas compañías japonesas, los mayores inversores asiáticos ¨overseas¨, se retiraron de Latinoamérica, dadas las pérdidas ocasionadas por las condiciones existentes en la región. Dichas compañías se vieron obligadas a reorganizar sus subsidiarias en sentido, tanto de mayores, como de menores encadenamientos, e incluso, algunas se convirtieron en simples importadoras de productos terminados. De esa manera, comenzaron a buscar las contrapartes de su comercio e inversiones en el Sudeste de Asia, en China y Corea, que se encontraban geográficamente más cerca.

Desde principios de los años `90 se iniciaron en los países de América Latina una serie de dinámicos movimientos de renovación, como por ejemplo, la adopción de una política exterior pragmática, basada en la concertación internacional y la cooperación interregional, promoviendo activamente la democratización y las reformas económicas.

Tales acciones contribuyeron tanto a la estabilidad económica como política, lo que hizo a la región más atractiva para el resto del mundo. En este contexto, las relaciones bilaterales con Tokio comenzaron a mejorar, a pesar de que la nación asiática estaba inmersa en una profunda depresión económica.

Durante la primera mitad de los noventa, se registró una expansión importante de las exportaciones niponas a la región latinoamericana, mientras se estancaban las importaciones, lo que afianzó la situación de superávit favorable a Japón. Lo anterior estuvo asociado, entre otros factores, a la emergencia de la crisis económica en Japón y a la liberalización de los flujos de comercio en América Latina, como parte de las reformas neoliberales.

También en este período, las exportaciones de América Latina a Japón seguían concentrándose en materias primas, mientras se importaban mayoritariamente productos industriales. En aquel momento, se señalaba un doble desafío para la región: ampliar el volumen de las exportaciones a Japón y modificar su composición, incorporando mayor valor agregado (Cobarrubias, 2005).

Hasta 1993 las inversiones japonesas acumuladas en Latinoamérica fueron de 50 000 MMD y continuaron ascendiendo hasta 1994, sobre todo en la industria manufacturera. Este incremento se explicó por el significativo aumento de las inversiones automotrices (terminales y de autopartes) y de electrónicos en México y Argentina. Además, por el fuerte proceso inversionista en Brasil, en las producciones de hierro y metales no ferrosos y los capitales que recibieron los sectores financieros y de seguros, junto al sector de transportes5 .

Durante 1994 los inconvenientes financieros y cambiarios de México6 no favorecieron el flujo de esas inversiones a la región, cayendo su participación al 7,6% en 1995. En este último año, sólo el 5,5% de las filiales de compañías japonesas operando en el exterior estaban localizadas en América Latina (941 casos), mayoritariamente en Brasil (33%), seguido por México (16%), Chile (5%) y la Argentina (poco más del 3%)7.

A partir de 1996, el volumen de las exportaciones de bienes de América Latina con destino a Japón tuvo un comportamiento en tendencia decreciente (Gráfico 1). Hasta el 2002, estas exportaciones registraron un deterioro significativo al contraerse en un 5,1% como promedio anual. Este comportamiento difiere con el dinamismo mostrado por las exportaciones totales de América Latina, las cuales se expandieron en este período en un 6,2%, fundamentalmente por el dinamismo de los envíos mexicanos en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
Sin embargo, las exportaciones de Japón hacia la región, mostraron un dinamismo superior, con una tasa de crecimiento promedio anual de 4,9% entre 1996 y 2002. Esta dinámica superior, implicó que el déficit comercial que presentaba la región con respecto a Japón en 1996, se triplicara para el 20028 .

En términos de inversión, durante 1996, Latinoamérica recuperó parte del terreno, localizándose más del 75% de la IED nipona en los denominados paraísos fiscales como Panamá, Islas Vírgenes, Islas Caimán, Bermuda y Bahamas 9.

No obstante, exceptuando a México con el programa de maquilas, el resto de los países latinoamericanos no formaron parte de los sistemas de producción integrada establecidos por los inversores japoneses. Estas compañías prefirieron invertir en los que constituían sus principales mercados: América del Norte, Europa y Asia. Es así como, en 1999, del total de IED de Japón en el sector de manufacturas, el 46% se ubicó en América del Norte, el 37% en Europa, el 10% en Asia y sólo un 6% en Latinoamérica (CEPAL, 2000).

Una de las características fundamentales de la IED recibida por Latinoamérica fue su alta concentración en pocos países. El receptor por excelencia lo constituyó las Islas Caimán, que recibió el 34,5% del total en 2001, el 70,2% en 2002 y el 40,4% en 2003 (Cobarrubias, 2005). Panamá fue el segundo destino en importancia, seguido por Brasil y México; mientras que Chile recibió una proporción comparativamente menor (Cobarrubias, 2005). Mientras en 1990 los productos primarios exportados a Japón desde la región, constituían un 44,1%, y las exportaciones industriales un 55,1% de las ventas totales, en el 2005 los porcentajes correspondientes eran de 74,8 y 25% respectivamente (cálculos de CEPAL sobre la base de cifras oficiales) 10.

En general, para Japón, la región latinoamericana se convirtió en un espacio para la valorización de sus capitales a través de la instalación de bases de producción debido a la mayor competencia de otros productores asiáticos en el mercado latinoamericano y a la necesidad de Tokio de asegurarse fuentes de abastecimiento de materias primas energéticas y de alimentos, pensando en su autosuficiencia alimentaria futura, que se encontraba en niveles críticos.

Asimismo, Latinoamérica era importante por la mayor tasa de ganancia garantizada por los mercados domésticos en los principales países del área, como consecuencia del ¨efecto riqueza¨ producto de los planes de estabilización implementados y el dinamismo de los procesos de integración regional que, como el MERCOSUR, garantizaban bases de producción de relativa buena calidad -en un amplio sentido- en el marco de reglas jurídicas que se iban armonizando en la medida que los intereses generales se anteponían a los individuales.

El año 2004 como punto de partida de un mejoramiento de las relaciones entre Japón y América Latina y el Caribe.

A partir del 2004, las economías de ambas regiones comenzaron a dar indicios de recuperación económica. A partir de ello, se inicia la ampliación de los lazos económicos en momentos en que Japón exploraba nuevas oportunidades de inversión y comercio global, mientras América Latina buscaba mayor liberalización comercial, integración regional e insertarse en la economía global.

Japón fortalece sus vínculos con los países latinoamericanos, apoyando sus políticas diplomáticas sobre la base de tres pilares11 :

Reconoce la importancia de Latinoamérica dado que es una región que se encuentra en fase de gran transformación histórica, con lo cual su escala económica es enorme. Sus 560 millones de habitantes (CEPAL, 2010) se equiparan a la población  de ASEAN, y es un mercado potencial gigantesco no sólo para el comercio sino también para la inversión12 .
América Latina y el Caribe tiene la mayor capacidad del mundo para proveer a largo plazo los recursos energéticos, minerales y alimenticios que, al iniciarse el siglo XXI, es uno de los temas más inquietantes para la humanidad. Japón depende de la importación13 procedente de los países latinoamericanos en casi 20% de su mineral de hierro, 50% del cobre, 52% de la plata, 68% de su molibdeno, 70% de su café y 20% de su soja14 . La tasa de autoabastecimiento de alimentos del Japón es apenas de 39% y la de energía es únicamente de 4%. De allí la importancia vital de asegurarse los recursos alimenticios y energéticos15 .

Por otra parte, América Latina es muy activa para promover la integración regional, contando con marcos multilaterales de integración, tales como el MERCOSUR, la CAN (Comunidad Andina de Naciones), el SICA, el CARICOM, etc. que prometen un progreso económico estable y dinámico. México no pertenece a ninguno de esos grupos subregionales, pero refuerza sus vínculos con Estados Unidos y Canadá a través del NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) y ahora se acerca también al MERCOSUR.

En América Latina y el Caribe radican más de 1 millón y medio de japoneses y sus descendientes, o Nikkeis, representan un 60% del número total en el mundo. A su vez, 350 mil latinoamericanos de origen japonés se encuentran en Japón.
 
América Latina cuenta con 33 países independientes (17,2% del mundo) y sigue aumentando su peso relativo dentro del ámbito global. Por lo tanto, se reconoce cada vez más la importancia de esta región del mundo como socio en la comunidad internacional, existiendo un amplio espacio para trabajar juntos en asuntos globales como el cambio climático, la crisis económica y financiera mundial y la reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas 16.

Japón fue el primer país asiático que se convirtió en miembro pleno de la CEPAL (1976) con el objeto de contribuir tanto a promover la cooperación económica y técnica con los países latinoamericanos, como también al desarrollo estable de la región. Al mismo tiempo, desempeña un papel activo para estrechar los lazos entre América Latina y Asia, aprovechando los foros de APEC (Foro de Cooperación Económica Asia -Pacífico) y de FOCALAE (Foro para la Cooperación América Latina - Asia del Este), además del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En los últimos cinco años, América Latina y el Caribe fue el destino de las exportaciones japonesas que más creció porcentualmente en el mapa mundial. Un incremento similar se observó en las importaciones del Japón, donde la región ocupó el segundo lugar. Aunque en términos de montos no se encuentra entre los primeros lugares, el comercio exterior del Japón con América Latina y el Caribe viene creciendo a un ritmo acelerado (Tablas 1 y 2). (CEPAL, 2010).

Se espera que esta tendencia se fortalezca en el transcurso de los próximos años, sobre todo con la recuperación de la economía japonesa y de la región. Algunos estudios de la Organización de Comercio Exterior de Japón (JETRO) revelan que América Latina y el Caribe presenta una amplia gama de nuevas oportunidades de negocios —como el envasado de productos alimenticios en Chile y la industria aeronáutica en México—, que podrían hacer crecer la actual “canasta” inversionista e importadora del Japón.(CEPAL, 2010).

Con respecto a las inversiones, tanto el sector privado como el Gobierno de Japón coordinan sus esfuerzos en pos de una alianza público-privada que busca aprovechar las oportunidades en la región. En los últimos años, la atención del sector privado nipón se ha dirigido sobre todo a los recursos naturales y energéticos de la región, a lo que se están los sectores de infraestructura y seguridad alimentaria.

En 2008, la IED japonesa en el sector minero casi cuadruplicó la del año anterior, convirtiéndose así en el motor de la inversión nipona en América Latina. Se incrementó la inversión en Brasil, donde un grupo de empresas siderúrgicas japonesas participó (conjuntamente con la mayor siderúrgica coreana) en la compra de acciones del 40% de NAMISA por un monto aproximado de 3.120 millones de dólares. La pequeña proporción de inversiones japonesas en el sector manufacturero de la región también se concentra en Brasil (CEPAL, 2010). Este país y México han sido los grandes receptores de IED japonesa en la región 17.

A mediados de 2008, Japón anunció la utilización estratégica de sus tratados bilaterales de inversión, una de las alternativas adoptadas por este país en esa esfera. Japón tiene tres tratados de ese tipo en la región latinoamericana: con México y Chile, a través de sus respectivos acuerdos de asociación económica y el último fue firmado con Perú, en diciembre de 2009. Colombia actualmente se encuentra en las negociaciones y en la lista de candidatos están Argentina, el Estado Plurinacional de Bolivia y la República Bolivariana de Venezuela.

A fines de 2008 comenzó a funcionar el Consejo18 para la Estrategia de la Inversión Extranjera. En este contexto, la alianza público-privada del Japón ha venido estudiando las dificultades que existen para fomentar la inversión en América Latina y el Caribe, así como otros países de la región asiática, el Cáucaso, Federación de Rusia, Europa central y Europa oriental.

Para el sector privado japonés, el ambiente de negocios en América Latina y el Caribe presenta una serie de problemas, sobre todo de carácter institucional (doble tributación, incumplimiento de las normas sobre propiedad intelectual y falta de transparencia en los trámites administrativos, entre otros).

Por el lado empresarial, las grandes empresas de comercio general (sogo shosha) siguen al frente, acompañadas de otras empresas japonesas. Durante el año fiscal 2010, las sogo shosha realizaron una inversión mundial por un monto total de más de 27.500 millones de dólares, una cifra que apunta a ser su récord histórico, lo cual podría ser aprovechado por la región latinoamericana, a la hora de atraer capitales.(Tabla 3)

Las empresas japonesas han comenzado a expandir sus negocios en la infraestructura. Según un informe de la CEPAL (2009-2010), se vaticina que en el corto plazo América Latina y el Caribe sea la región que más compita con los socios de Japón en Asia, con el objetivo de obtener inversiones y oportunidades de negocios en ese sector.

Actualmente, Japón está dando asistencia de créditos para proyectos de infraestructura en las cercanías de las minas de metales escasos, que también incluyen la asistencia para estudiar la viabilidad de dichos metales. A mediados de 2009, tres de los siete proyectos de este tipo se estaban ejecutando en América del Sur (en Argentina, Chile y Perú), colocando a América Latina y el Caribe en primer lugar, por encima de otras regiones geográficas.

Dentro de la infraestructura, son varios los negocios que tienen gran demanda en América Latina y el Caribe. Ejemplo de ellos son el agua, la generación eléctrica relacionada con el carbón, transmisión eléctrica, energía nuclear, ferrocarriles, reciclaje, industria espacial, entre otros 19.

La estrategia nipona en términos de seguridad alimentaria también beneficia al sector agropecuario latinoamericano. Japón tiene establecidos los lineamientos para promover sus inversiones a nivel bilateral en esa esfera, dado que es un país de escasos recursos alimenticios, que abastece sólo un 40% de su demanda interna (basado en calorías).

Desde la perspectiva japonesa, una forma de contribuir a la solución del problema de la seguridad alimentaria sería fortalecer la producción agropecuaria mundial. De ahí que su estrategia incluya la sostenibilidad de la agricultura en los países receptores de inversiones, el aseguramiento de la transparencia, el respeto a la normativa jurídica, la consideración apropiada de los agricultores y ciudadanos de las distintas regiones, así como la consideración de la dimensión ambiental y el suministro de alimentos (CEPAL, 2010).

Basándose en estos principios, varios países de América Latina y el Caribe, entre ellos Argentina, Brasil y Paraguay, se encuentran en la lista de candidatos de Japón para fortalecer la cooperación en la seguridad alimentaria. No obstante, ello depende del mejoramiento de las condiciones en estos países referidos al ambiente de negocios, que faciliten tanto las inversiones como la cooperación japonesa.

Los Acuerdos de Asociación Económica que ha firmado Japón en la región latinoamericana, forman parte de la nueva estrategia de inserción internacional de Tokio, como una vía para hacer frente a la competencia mundial y para ubicar sus productos en una mejor situación, teniendo en cuenta que, sus principales competidores en Asia, ya tienen pactos de este tipo con algunos países de nuestro continente.

A través de ellos, se ha incrementado el comercio entre las partes firmantes. Tales son los casos de México y Chile. El pacto con Perú fue firmado en mayo de 2011, del que se esperan los mismos resultados. En el marco de estos acuerdos, se ha buscado una mayor integración de las empresas de ambas partes, en la cadena de valor global, el desarrollo de economías de escala y el incremento de la productividad.

En el caso de México, cuyo acuerdo fue firmado en el 2005, en el primer año de la entrada en vigor el volumen total del comercio entre las partes aumentó un 38,4%, mientras que en el segundo año creció en 76,3% (CEPAL, 2010). El pacto incluyó el comercio de bienes, provisiones de servicios de áreas como el acero y los combustibles, inversión, coordinación de políticas de competición, mejoras al ambiente de negocios, entrenamiento de recursos humanos y apoyo para las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES).

Con dicho acuerdo, Japón tenía como objetivos conseguir un mayor acceso al mercado mexicano y con ello asegurar una plataforma de exportación hacia los mercados de América del Norte y América del Sur a través de la red de tratados de libre comercio de la nación latinoamericana y eliminar las desventajas comparativas (en aranceles, servicios, inversiones, compras gubernamentales y demás) de las empresas japonesas frente a sus competidoras de América del Norte y Europa por no tener un acuerdo comercial.
Para México, el TLC con Japón, el primero en Asia, era una vía para expandir y diversificar el comercio y las inversiones en esa región. Así, completaba la lista de acuerdos con los principales países industrializados. Igualmente, México esperaba fortalecer la producción de productos de alto valor agregado en el país, atraer más capitales y utilizar varios mecanismos para aprovechar los beneficios de la liberalización y la apertura del mercado de mercancías, servicios y capitales a través de la cooperación.

En términos generales, los resultados del Acuerdo con México han sido positivos. En los primeros cinco años de vigencia (2004-2008), las exportaciones japonesas se incrementaron un 60%, impulsadas especialmente por el sector automotor y los productos de acero. Por su parte, las exportaciones de México al país asiático aumentaron un 50%. Pese a dichos resultados, hasta el 2008, la balanza comercial de México continuaba siendo deficitaria.

El Acuerdo con Chile fue el primero de su tipo firmado con un país de América del Sur y, en el caso de Chile, se sumó a la serie de tratados firmados con otros países de Asia como Corea (2004) y China (2006).

Las  importaciones chilenas de productos nipones durante el primer año de vigencia del Acuerdo totalizaron los 2 222,5 millones de dólares, mostrando una tasa de crecimiento de 72%, respecto al período anterior. Prácticamente se duplicaron las compras nacionales por bienes japoneses en relación a lo registrado anteriormente. Las exportaciones alcanzaron los 7.669 millones de dólares, un 20% superior a las ventas realizadas a este socio comercial antes del pacto (2006).

En general, el dinamismo durante ese primer año fue de 8,9%, representando un 11% de las exportaciones chilenas totales al mundo. De esa manera, Chile tuvo una balanza comercial superavitaria con Japón que superaba los 5 000 millones de dólares. 

Los bienes chilenos exportados a Japón se encuentran bastante concentrados. Durante el período julio de 2007 y junio de 2008 veinticinco productos representaron el 93,9% del total, destacándose los minerales de cobre y sus concentrados (56,7%),

En general, el crecimiento comercial entre Chile y Japón se ha incentivado por las rebajas arancelarias otorgadas entre ambos países en el marco del Acuerdo 20. Igualmente, el pacto ha facilitado la incorporación de nuevos  productos chilenos hacia Tokio.21
Hay que destacar que a pesar de los resultados positivos en el intercambio comercial de México y Chile como consecuencia de la firma de los TLC con Japón, estos acuerdos tienen numerosas desventajas para las naciones de América Latina.

Primeramente, hay una distribución desigual de los beneficios de la liberalización comercial y financiera, dado que las partes que se incluyen en el pacto presentan profundas asimetrías en cuanto a, desarrollo científico-tecnológico y productivo, grado y modo de inserción en la economía mundial, niveles de vida, etc.

Asimismo, la realización de un acuerdo de este tipo entre países con estructuras productivas tan divergentes, como es el caso que se analiza, fomenta, en mayor medida, el intercambio comercial interindustrial. Es así como, los términos del TLC, acentúan el carácter complementario del intercambio entre las partes implicadas, manteniendo la especialización de los países latinoamericanos en los renglones de menor contenido tecnológico.

Asimismo, aunque el TLC es una oportunidad para las empresas, no todas pueden aprovecharla de la misma manera, lo que ocasiona una gran diferencia en el sistema empresarial, donde, ante la pérdida de competitividad de las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES), estas pueden quebrar o ser absorbidas por las empresas más grandes.

En cuanto a las inversiones, siempre los mayores beneficios se van a concentran en las empresas japonesas. Estos beneficios se basan en la aplicación de los principios de nación más favorecida, trato nacional, libertad garantizada para las transferencias financieras, prohibición de requisitos de desempeño, entre otras, que les garantizan una actuación prácticamente libre de restricciones y limitan los espacios para establecer una política propia de desarrollo sectorial y/o regional.

El principio de trato nacional (compromiso de tratar a los productores y vendedores extranjeros como a las empresas nacionales), será aplicable también en el caso del comercio y la inversión en el sector de servicios y en las compras gubernamentales, lo que implica una desventaja sobre todo para las empresas latinoamericanas, al quedar expuestas a la competencia con empresas de un país de mayor desarrollo relativo, que además, han demostrado ser muy competitivas.

La cooperación de Japón hacia América Latina y el Caribe.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Japón siguió la llamada Doctrina Yoshida, que no fue otra cosa que concentrarse en los asuntos económicos y dejar la seguridad en manos de EE.UU.

En este contexto, la cooperación internacional, especialmente la destinada al desarrollo, se transformó en el principal instrumento utilizado por la nación asiática para sus relaciones internacionales. La política de cooperación internacional de Japón comenzó en 1954 y para 1989 ya era el primer donante en el mundo de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD).

Los AAE propuesto por Japón parten de la premisa de que el libre comercio no es suficiente y que es necesario complementar la liberalización comercial con la cooperación. Así, la AOD japonesa se transformó en un importante factor para el desarrollo social-económico de la nación asiática y como fenómeno de las relaciones amistosas con los países receptores.

De ahí que la AOD japonesa tenga un papel importante dentro de la cooperación en el marco de los TLC, pero esta cooperación se concibe en un contexto más amplio, que tiene como común denominador la cooperación técnica. Si bien las áreas en que se coopere dependen del resultado de las negociaciones, aquí se incluye también la colaboración a través de gobiernos regionales, de diversas instituciones gubernamentales, de universidades y de centros de investigación, entre otros.

Según Ross (2008), y con lo cual coincido, diversos autores estudiosos del tema concuerdan en que la AOD de Japón en América Latina y el Caribe ha tenido un rol secundario a través de la historia. Ello se evidencia en que en el período 1975-1990 la cooperación japonesa se concentró en Asia, con un promedio de 68,1% del total. El Medio Oriente recibió 9,8%; África 9,9; y América Latina sólo un 7,1%. No obstante, en los años ´80 hubo un aumento notable del porcentaje de la AOD destinada a los países latinoamericanos, siendo 5,6% en 1975 y en 1991 superaba el 9,6%.

La AOD nipona se ha estructurado en función del nivel de renta de los países. A los países con una renta per cápita media-alta ha sido mediante la concesión de préstamos en yenes y de colaboración técnica, sobre todo en el campo del medio ambiente. Los países con una renta per cápita baja, como son los países centroamericanos y Bolivia, obtienen una alta proporción de las ayudas en forma de donación de fondos y de ayuda técnica. 

Desde mediados de los ochenta, se observó un incremento de la cooperación japonesa con los países que poseían una deuda importante, donde se destacan México y Brasil. Japón colaboró con este problema fuera de la AOD y en el marco del llamado Plan Brady, donde contribuyó con varios países, como México (1.900 millones de dólares), Venezuela (600 millones de dólares) y Argentina (900 millones de dólares)22 .

Dentro de América Latina, la cooperación japonesa dirigida a Centroamérica  y el Caribe ha tenido mayor peso por lo general. En el período 1992-2003, Honduras fue el país que recibió más proyectos, con un total de 83 (37, 2%), seguido por Guatemala con 39 (17,4%) y por Nicaragua con 34 (15,2%). El Caribe recibió sólo el 13,0%, con sólo 3 países receptores, destacándose la República Dominicana, con 21 proyectos, para un 9,42% del total23 .

En América del Sur, en igual período y en proporciones variadas, 10 países fueron receptores de la cooperación japonesa. Los más beneficiados fueron Perú con 58 proyectos (27,6%), Argentina con 39 proyectos (18,5%) y Bolivia con 21 (10,0%). La distribución de la AOD japonesa en Perú es atribuible al peso de la inmigración nipona a ese país y la consideración que ese dato tiene en la política exterior japonesa.

En el ámbito de la cooperación productiva, asociada al comercio e inversiones japonesas en la región, se sigue manteniendo una relación de asimetría complementaria, donde Latinoamérica abastece de recursos naturales a Tokio y este a su vez es proveedor de bienes manufacturados. Como sectores adicionales se encuentra la cooperación asociada a dar certeza a los negocios, como son: la elaboración de información confiable mediante estudios sobre desarrollo económico, profundización de  la institucionalidad democrática, como los proyectos de apoyo a los gobiernos y, desarrollo de obras públicas, especialmente en aquellos países de desarrollo económico y social más precario.

Desde la administración del Primer Ministro Junichiro Koizumi (2000-2006) hasta la actualidad, Japón ha reimpulsado las relaciones con América Latina sobre la base de la cooperación y el intercambio económico. Promueve programas de cooperación horizontal aprovechando la alta tecnología y experiencia de Argentina, Chile, Brasil y México, que consiste en enviar a  través de ellos asistencia técnica a terceros países en situaciones más desventajosas. A través del BID, la ONU y el Banco Mundial, Japón presta colaboración a países de América Latina; de hecho es el que más aporta a los fondos extra regionales, con un fondo especial para América Latina en el BID.

Es evidente que América Latina y el Caribe necesita de la AOD japonesa, no solo para su desarrollo económico y social, sino también para impulsar la innovación y el desarrollo científico y tecnológico con miras a una mejor inserción en la economía mundial. No obstante, en los últimos años, la demanda de asistencia de préstamos ha bajado debido a que algunos países de la región hoy son más prudentes con los préstamos del exterior24 .

En la región, la AOD japonesa se ha concentrado en cuatro áreas principales: desarrollo sostenible, protección del medio ambiente y cambio climático, reducción de la pobreza, y cooperación triangular y macroregional, siendo esta última la más novedosa. La cooperación triangular tiene como fin promover la cooperación Sur-Sur con cuatro países de la región: Argentina, Brasil, Chile y México.

La cooperación macroregional opera para un determinado grupo de países o marco de integración regional. Una de las iniciativas de esta modalidad se está ejecutando en Centroamérica (El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y la República Dominicana) para elevar el nivel de la enseñanza de matemáticas en las escuelas primarias. Desde 1989 se han preparado materiales de enseñanza y textos para los estudiantes y se ha ejecutado un programa de entrenamiento para que los profesores usen los nuevos textos. Entre otros proyectos, se destaca: uno para fomentar el turismo del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y otro para desarrollar la pesca y la silvicultura en la Comunidad del Caribe (CARICOM).

La cooperación financiera no reembolsable y la cooperación técnica registraron un monto acumulado de 12.081 millones de dólares en 200825 . Desde la década pasada, Japón ha figurado como el principal donante de 27 de los 33 países de la región, incluidas las economías más grandes. En 1994, México estuvo, por primera vez, en la lista de los diez países que reciben más AOD japonesa en todo el mundo, ubicándose en el sexto lugar (183 millones de dólares). Al año siguiente pasó al séptimo lugar, pero con un monto mayor al anterior (288 millones de dólares), cifra que significó el 79% de toda la AOD que recibió este país en ese año. (CEPAL 2010)

Esta postura contrasta con la de Brasil, que hasta hace poco, Japón era su principal donante y aportaba la mitad de la AOD total que recibió en 2003. Hoy sigue recibiendo préstamos de Japón y asistencia en las demás áreas de la AOD, y en 2008 fue el país que recibió más asistencia japonesa de este tipo en toda América Latina y el Caribe26 .

A pesar de las cifras positivas, la AOD japonesa hacia la región latinoamericana se ha reducido gradualmente. En 1999 la región recibía 814 millones de dólares en el marco de la AOD japonesa y llegó a menos de un tercio en 2008. (CEPAL, 2010). Ello es producto de la “reforma estructural” que el gobierno nipón ha llevado a cabo en su AOD debido, principalmente, a restricciones fiscales que lo han obligado a reducir el monto de su asistencia a nivel mundial y a concentrarse en otras regiones y en ciertas temáticas donde se destacan la ayuda para el comercio27 y el cambio climático.
En el sector de la infraestructura, América Latina y el Caribe recibe asistencia y cooperación financiera no reembolsable. Esto se ha materializado en proyectos relacionados con la infraestructura en carreteras, puentes, aeropuertos y puertos en la región.

En cuanto a la cooperación en asuntos globales, el cambio climático, ocupa un lugar importante. La iniciativa de Japón llamada “Programa de Promoción “Cool Earth” cuenta con el apoyo de muchos países latinoamericanos y caribeños. Además, Japón ha estrechado la cooperación con la región en vistas al establecimiento del marco Post Kyoto que supuestamente debe regir a partir del 2013.

De igual modo, se previó en el 2010 que ambas partes crearan en el 2011, un fondo de cooperación técnica para fomentar políticas industriales limpias28 . El Fondo de Cooperación Japón-América Latina debía comenzar a operar a principios esa fecha, pero la iniciativa se vio frenada por el terremoto de marzo de 2011 ocurrido en Japón. El fondo pretende mejorar las políticas industriales sostenibles de los países latinoamericanos y apoyar la transferencia o creación de tecnologías favorables para la protección del medio ambiente.

Reflexiones finales

Fuentes consultadas.
- (1de julio de 2006). Estudios Internacionales. Relaciones entre Chile y Japón: un siglo de acercamiento. (Ampliación de las perspectivas de la política exterior chilena).En: http://business.highbeam.com/165656/article-1G1-154866447/relaciones-entre-chile-y-japon-un-siglo-de-acercamiento. Consultado (Noviembre 2011).
- (1 de junio de 2011). Asia y América Latina suman nuevos TLC. En: http://www.urgente24.com/noticias/val/9243/asia-y-america-latina-suman-nuevos-tlc.html. Consultado (Octubre 2011).
- (11 de mayo de 2004). Japón y América Latina estrechan lazos. En: Banco Interamericano de Desarrollo, http://www.iadb.org/es/noticias/articulos/2004-05-11/japon-y-america-latina-estrechan-lazos,2048.html. Consultado (Octubre 2011).
- (12 de noviembre de 2010). Calentamiento Global. En: Banco Interamericano de Desarrollo. http://www.iadb.org/es/noticias/comunicados-de-prensa/2010-11-12/bid-jbic-calentamiento-global,8595.html. Consultado (Noviembre de 2011).
- (14 de noviembre de 2010). Japan-Peru Summit Meeting (Overview). En: Ministry of Foreign Affairs of Japan. http://www.mofa.go.jp/region/latin/peru/apec2010_sm.html. Consultado (Noviembre 2011).

- (26 de octubre de 2010). Japan-Mexico Bilateral Meeting. En: Ministry of Foreign Affairs of Japan. http://www.mofa.go.jp/announce/announce/2010/10/1026_01.html. Consultado (Noviembre 2011).
- (Septiembre de 2008). Evaluación de las relaciones comerciales entre Chile y Japón al primer año de la entrada en vigencia del AAE. Departamento de Estudios e Informaciones de la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.
- (31 de marzo de 2011). México envió más ayuda a Japón que toda América Latina. En: http://www.informador.com.mx/mexico/2011/281841/6/mexico-envio-mas-ayuda-a-japon-que-toda-america-latina.htm. Consultado (Octubre 2011).

1 En Asia Pacífico viven 2.500 millones de personas, es decir el 60% de la población mundial, mientras que en América Latina vive sólo el 9%. En cuanto al producto interno bruto (PIB), Asia Pacífico aporta el 20% al PIB mundial, mientras que Latinoamérica aporta sólo un 6%. Ver: (14 de Septiembre de 2010). Japón y América Latina: ¿Cómo reforzar la relación y cooperación económica?.En: Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.http://asiapacifico.bcn.cl/noticias/relacion-economica-japon-america-latina.Consultado (Octubre 2011).

2 Neghme, V. (24 de julio de 2007). Vinculaciones América Latina-Asia: presente y futuro. P.15. http://asiapacifico.bcn.cl/columnas/vinculacion_asia_latinoamerica_vneghme/vinculacion_asia_latinoamerica_versioncompleta/at_download/documento. Consultado (Noviembre 2011).

3 Las sogo shosha tradicionalmente han tenido cuatro funciones básicas: comercio, financiamiento, información económica y organización. Estas empresas, que realizan operaciones en casi todo el mundo, se desempeñaron como “exploradores de avanzada” cuando Japón comenzó a invertir en América Latina y el Caribe entre los años ´50 y ´60 (CEPAL, 2010). Hoy actúan, sobre todo, como si fueran bancos de inversión y participan en forma directa en la administración de las empresas donde invierten.

4 La carta japonesa daba facilidades para las inversiones, el intercambio y la tecnología, las cuales podrían llevarse a cabo sin condicionamientos políticos ostensibles y con fuerte pragmatismo diplomático

5 Girado, A. (1998). Los países de Este de Asia y Oceanía: características de su inversión en Latinoamérica. En: Revista Asia & Oceanía, Boletín Informativo Techint No.295, Julio/Septiembre.http://www.iadb.org/intal/aplicaciones/uploads/publicaciones/e_INTAL_IYC_14_2001_Gutierrez.pdf. .

6 Se trata del “efecto tequila” provocado por la crisis monetaria mexicana ocurrida a finales de 1994.

7Girado, A. (1998). Los países de Este de Asia y Oceanía: características de su inversión en Latinoamérica. En: Revista Asia & Oceanía, Boletín Informativo Techint No.295, Julio/Septiembre.http://www.iadb.org/intal/aplicaciones/uploads/publicaciones/e_INTAL_IYC_14_2001_Gutierrez.pdf.

8 Ídem.

9 Ídem.

10 Wilhelmy V, M. (1 de dicembre de 2008). América Latina y Asia en 2007: Elementos para un balance interregional. En: Anuario Asia-Pacífico. www.casaasia.es/boletines_hist/boletiniberoasia/0004.html.

11 Ministry of Foreign Affairs of Japan. Japan’s Foreign Policy by Region. Chapter 3: Latin America and the Caribbean.
 http://www.mofa.go.jp/policy/other/bluebook/2011/html/h2/h2_03.html. Consultado (Noviembre 2011).

12 Según el pronóstico de Goldman Sachs, Brasil seguirá creciendo a una tasa anual de 3,6% y su escala económica superará a la de Italia en 2025, a Francia en 2031 y a Alemania en 2036. Ver: Cuadernos de Estudio de las Relaciones Internacionales Asia-Pacífico – Argentina, N° 5, 2008. En: http://www.cari.org.ar/pdf/japon.pdf. Consultado (Octubre 2011).

13 La participación de América Latina en el monto total del comercio de Japón, tanto en la importación como en  la exportación, históricamente, no ha superado casi nunca un 10% del total. La mayor participación que América Latina ocupó en el comercio de Japón fue en la década de los años 1950s, cuando la importación de Japón desde América Latina ocupaba casi 10% de la importación total de Japón. Fuente: Ídem.

14 La soja de Argentina y Brasil, es esencial para elaborar el tofu, elemento imprescindible para  la elaboración de alimentos básicos de la dieta japonesa.

15 Cuadernos de Estudio de las Relaciones Internacionales Asia-Pacífico – Argentina, N° 5, 2008. En: http://www.cari.org.ar/pdf/japon.pdf. Consultado (Octubre 2011).

16 Los 33 votos de América Latina y el Caribe en diversos organismos e instancias internacionales otorgan a la región un peso relativamente importante desde la perspectiva japonesa

17 Según la CEPAL, Japón tiene en América Latina y el Caribe la mayor IED acumulada fuera de Asia

18 Este Consejo está liderado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Ministerio de Economía, Comercio Exterior e Industria, por el lado gubernamental y cuenta con la participación de las principales instituciones de asistencia a los sectores público y privado, como  la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) y el Japan Bank for International Cooperation (JBIC), entre otras. El sector privado está representado por Nippon Keidanren, el mayor gremio económico del país, y otras asociaciones empresariales relacionadas con la temática de inversiones. Ver: Cooperación y relaciones económicas entre el Japón y América Latina y el Caribe. Capítulo V. En: Panorama de la inserción internacional de América Latina y el Caribe (2009-2010). P.195.
http://www.eclac.cl/publicaciones/xml/5/40695/Cooperacion_relaciones_entre_Japon_America_Latina_Capitulo_V_vf.pdf. Consultado (Noviembre 2011).

19 Para ampliar ver fuente anterior.

20 Durante el año 2007, el 81,4% del monto exportado a Japón correspondió a mercancías libres de arancel, mientras que el 14,4% de los envíos realizados fue de productos clasificados con una desgravación a diez años. Ver: (Septiembre de 2008). Evaluación de las relaciones comerciales entre Chile y Japón al primer año de la entrada en vigencia del AAE. Departamento de Estudios e Informaciones de la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.

21 Hasta junio de 2008, Chile había exportado a Japón un total de 697 productos, experimentando un crecimiento de 11,2% en relación a lo registrado entre julio de 2006 y junio del 2007.

22 Según Ross, Japón desempeñó, a nivel general, una función  crucial en momentos  en que los países latinoamericanos tenían dificultades para obtener financiamiento en el extranjero a causa de la crisis originada por acumulación de deudas.

23 Ver tabla No.2. Centroamérica y el Caribe: Cooperación Japonesa (Nº de Proyectos Ejecutados por país). En: Ross, C. (2008). La cooperación japonesa hacia América Latina (1992-2003): una aproximación cuantitativa. P.14. En: Biblioteca Internacional del Conocimiento, http://www.bibliotecainternacionaldelconocimiento.cl/index2.php?option=com_sobi2&sobi2Task=dd_download&fid=54&format=html&Itemid=0

24 Dada esta contracción, la AOD japonesa en Asia concentra gran parte de sus recursos en la cooperación técnica. En 2008, China y los miembros de la ASEAN recibieron 265,22 millones de dólares y 345,72 millones de dólares, respectivamente, mientras que América Latina y el Caribe recibió 182,69 millones de dólares. (CEPAL 2010)

25 CEPAL, 2010.

26 En 2008, los países de esta región ocuparon nueve puestos entre los diez primeros receptores de cooperación técnica del Japón en todo el mundo. Esta lista está encabezada por China y le siguen Viet Nam, Indonesia, la República de Corea, las Filipinas, Tailandia, Camboya, Afganistán, la República Democrática Popular Lao y Bangladesh. Ver: CEPAL, 2010.

27 Japón es el líder mundial en ayuda para el comercio. En tres años, cumplió con el compromiso de un incremento de su AOD que, en un principio, se esperaba materializar en cinco años. En la sexta cumbre ministerial de la Organización Mundial del Comercio realizada en Hong Kong en 2005, los principales países donantes se propusieron la meta de incrementar sus montos de ayuda para el comercio antes de 2010. En 2008, Japón sobrepasó su meta inicial y contribuyó con un monto total de 13.500 millones de dólares.

28 (19 de noviembre de 2010). Japón y América Latina fomentan las políticas industriales limpias.


 

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