Observatorio Iberoamericano de la Economía y la Sociedad del Japón
Vol 4, Nº 13 (enero 2012)

 

RESEÑA CRÍTICA. ANTIGUOS MITOS JAPONESES

 

Héctor Gómez Pinos
hgomezp@uoc.edu  


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Resumen: Reseña analítica sobre la obra de Nelly Naumann Antiguos Mitos Japoneses. El libro aborda el estudio de las dos fuentes principales sobre shintoísmo, la religión nacional de Japón, a través de las cuales vemos el nacimiento del propio Japón y las acciones de sus dioses principales para establecer el orden, significado en el nacimiento de una dinastía imperial que continúa hasta nuestros días. Sin embargo, el estudio de la autora no se detiene ahí y analiza la intencionalidad política oculta tras este ordenamiento mitológico.

Palabras clave: Japón, religión, shintoísmo, mitoligía, Naumann.

                                                
DATOS BIBLIOGRÁFICOS

Hablamos en este artículo de Antiguos Mitos Japoneses de Nelly Naumann, obra publicada originalmente en Alemania en el año 1996 y en España en 1999 por la editorial Herder (bajo cuya edición se encuentran varias obras más referidas a la mitología y la simbología) y con la traducción de Adan Kovacsics. El libro consta de 226 páginas divididas en 3 capítulos, según los dioses que los protagonizan, más un cuarto capítulo relacionado con el devenir histórico del shintoismo y  una introducción y un apéndice con varios subapartados.

En cuanto a su autora podemos decir analizando su trayectoria que nos encontramos ante una persona más que capacitada para escribir el libro que nos ocupa, e incluso afirmar que probablemente sea una de las personas europeas más doctas en la materia. Naumann, nacida en Alemania en 1922 y fallecida en el año 2000, estudió niponología, sinología, filosofía y etnología, estudios que sin duda combina en sus obras, y escribió su tesis, "The horse in legend and customs of Japan", precisamente sobre leyendas y costumbres de Japón. A ello le siguió el reconocimiento académico y de la comunidad científica, así como la publicación de numerosos escritos sobre su campo de estudio, ya fueran libros ya fueran artículos de revista.

Entre sus obras podemos citar Die Mythen des alten Japan (1996) ,Yama no kami: la divinidad de la montaña (1995) y Die einheimische Religion Japans (1994) por decir sólo algunas de las más recientes.

RESUMEN

Antiguos mitos japoneses comienza con una introducción en la que se nos ofrecen varias definiciones de especialistas en el tema acerca de lo que entendemos por mito, como base para que comprendamos de forma más profunda el significado de la temática del libro. Continúa la introducción con una explicación histórica absolutamente imprescindible de las dos fuentes principales en esta materia, el Kojiki, y el Nihonshoki (en adelante Nihongi): principalmente vemos cómo era la sociedad de la época en la que se escribieron y a la intención de quién responden estas recopilaciones, pero también vemos su desigual suerte, el Kojiki fue prácticamente abandonado por su complejidad hasta el XVIII cuando su estudio se revitalizó, como el shintoismo en general, gracias a  la “Escuela Nacional” en general y a Motoori Norinaga (figura clave en los estudios religiosos japoneses) en particular.

Pasamos entonces a los capítulos propiamente dichos en los que se sigue siempre una estructura similar, esta es presentar un extracto del Kojiki seguido de uno paralelo en el Nihongi con el fin de pasar al estudio de su significado y de sus, algunas veces notables, diferencias. Así en el primer capítulo, con el nombre de “Teogonía, cosmogonía, cosmología”, vemos la formación del mundo y el cosmos desde su estado primigenio y, sobre todo, asistimos a las acciones de Izanagi e Izanami, los dos dioses encargados de dar forma al mundo hasta que el testigo es cedido  a “los Tres Niños Augustos”. El acontecer de Izanagi e Izanami se torna fundamental no solo en tanto que dan forma a las islas que componen Japón y son padres de dioses de suma importancia (sobre todo Izanagi del que surgirán Amaterasu y Susa no Wo) sino porque, además, con su divorcio a las puertas del yomi (acto ya de por si llamativo tanto por el divorcio como por el hecho de que los dioses “mueran”) marcan el ritmo de nacimientos y fallecimientos en este mundo.

Debemos detenernos en este punto para reflexionar acerca de esto último, ya que si bien es  Izanami la que provoca “mil muertes cada día”, es decir, al igual que en tantas otras religiones es la mujer la que trae la desgracia o condena a los humanos, hay que resaltar el papel de Izanami, en tanto que es él quien rompe el tabú de no mirarla y por tanto el que desencadena todo el acontecimiento. Por otro lado, es obligado destacar la presencia del número 8, muy presente a lo largo del relato y del que Naumann nos confirma su valor cosmológico y representativo, este número abarca la totalidad y no sólo su valor numérico propiamente dicho. En cualquier caso Izanagi tras su purificación decide retirarse dejando paso a la siguiente generación divina.

Llegamos entonces al capítulo titulado “El orden mítico del cosmos” en el que Amaterasu quedará como divinidad más destacada como soberana del cielo (su hermano se encargará de la noche), y un hijo de Susa no Wo pasará a ocuparse del mundo terrenal. Vemos aquí las difíciles relaciones de la “Diosa Sol” con su hermano, tachado de violento e incluso malvado, al cambiar la naturaleza benigna con la que había sido concebido (más tarde será purificado) y querer marchar con su madre al mundo de los difuntos. Los acontecimientos llevarán, entre otras cosas, a una configuración más compleja y completa de nuestro mundo, a la ocultación temporal del Sol con el consiguiente castigo para el culpable Susa no Wo y a sus acciones por la tierra de los humanos; quedando como más destacado la lucha contra la serpiente de ocho cabezas y su matrimonio con Kushinada, de cuya compleja descendencia acabará naciendo Ohonamuji, el cual, tras superar 3 pruebas del propio Susa no Wo y casarse con su hija, recibirá el encargo de dominar el “País Central”.

El acontecer mítico de este capítulo es de suma importancia para el shintoismo ya que quedan definidas muchas cosas, como dice Naumann: “el orden cósmico está concluido, no sólo la Alta Planicie, sino también el País Central (…) han encontrado a sus respectivos soberanos”. Se prepara así el sometimiento definitivo del país a manos del ascendiente de la familia imperial y, estrechamente relacionado con ello, hacen aparición los tres tesoros divinos que dan fe del carácter divino de la familia: la espada kusanagi (cuya historia no está exenta de contradicciones en el Kojiki y el Nihongi), el espejo Yata y las joyas Yasakani.

El tercer capítulo (último en lo que a mitología se refiere), lleva el significativo título de “El mito político”. De esta parte, si bien encontramos bastantes divergencias entre las dos fuentes, podemos decir que destacan por encima de los demás Ninigi y Kamu-Yamato. El primero era nieto de Amaterasu y acaba recibiendo el encargo de gobernar el mundo de los humanos (sorprendiendo la abdicación de Ohokuni-nushi por cuanto introduce la posibilidad de este acto), mientras que el segundo, descendiente de Ninigi, lo conquistará de forma definitiva fundando un reino y dando lugar a una dinastía imperial que, sin embargo, será mortal, y que, al menos desde el punto de vista mítico, gobierna Japón hasta el día de hoy. Así, con Ninigi “concluye la era de los dioses y se inicia la historia de los emperadores humanos”.

Las últimas páginas de este capítulo reflexionan sobre la más que evidente intención política del mito, en la que profundizaremos un poco más adelante, y enlazan con el último capítulo, dedicado a la historia y el devenir del shintoismo, tanto en su versión religiosa como en su versión estatal, sobre todo su relación con el budhismo y su vinculación con los sucesos de finales del XIX hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Finalmente se señala que algunas prácticas imperiales aún continúan ajustándose al shinto de estado y que hay algunos intentos de reforzarlo.

En otro orden de cosas, se ve durante todo el libro como algo llamativo las divergencias entre los dos textos (e incluso las diferentes versiones del Nihongi), ni siquiera subsanadas en fechas más tardías; probablemente la mayor transigencia del shintoismo en lo que a culto se refiere respecto a otras religiones tuviera algo que ver con esa falta de homogeneidad. Pero, sobre todo, resalta lo rebuscado de algunas cosas, caso del elevado número de dioses cuya aparición no pasa de su nombramiento, o de determinadas prácticas que, muchas veces, ni siquiera parecen guardar relación con lo narrado; el relato que empieza en la p. 131 es muy significativo de lo dicho, se dan tantos nombres que es realmente difícil no perder el hilo conductor.

Y aquí es donde entran las explicaciones que Nelly Naumann ofrece durante todo su libro y que, como ella misma nos dice, obedecen básicamente a la intencionalidad con la que fueron escritos. Esta intención era claramente política, no en vano el encargo de la recopilación partía de los emperadores, sobre todo de Temmu con el Kojiki. Lo que se pretendía no era sólo justificar y consolidar la dinastía imperial mediante una vinculación divina, sino unificar las costumbres y tradiciones de todas las familias importantes, así como de determinadas prácticas populares para dar mayor cohesión al imperio y, de gran importancia, regular las prácticas desde la corte mediante la oficina de culto, o lo que es lo mismo, controlar las actividades de la población. A este respecto cabe citar como ejemplo los intentos de creación de un calendario festivo estatal bajo Temmu y sus inmediatos sucesores. Pudiera parecer un dato menor, pero lo cierto es que, tal y como nos dice Naumann, fue una de las medidas adoptadas por los han y de hecho a lo largo de la Historia encontramos muchos más casos de estos intentos de “apropiarse del calendario”, principalmente cada vez que se quería instaurar un orden nuevo. En cualquier caso, este control del culto por parte del estado, que pasa a justificar el poder y a estar regulado, no se encuentra excesivamente alejado de algunas formas de pensamiento chinas, caso del confucianismo, que, aunque menos preocupadas por el orden cosmológico y divino en si, también apostaban por una decidida vinculación entre la religión y el soberano con el fin de fortalecer el edificio político.

Es también es llamativo el contraste que presenta el shintoismo respecto al universalismo de las religiones monoteístas. Incluso el judaísmo, que también habla de un pueblo elegido, permite las conversiones a su credo, todo lo contrario que el shintoismo y su marcado carácter etnicista, pese a no tener una doctrina y unas normas totalmente fijas y cerradas.

CONCLUSIONES

La valoración sobre el libro no puede ser más que positiva, ya que no sólo analiza la mitología japonesa sino que reproduce pasajes completos de las dos fuentes del shinto haciendo su lectura muy interesante e incluso abierta, ya que al tener los pasajes presentes siempre se pueden comparar las impresiones que nos produce su lectura con las explicaciones de la autora.
Es, por tanto, un gran estudio que a través de los textos indaga en las costumbres de la época (por ejemplo en el caso de los enterramientos) y ofrece explicaciones históricas que nos permiten entender el contexto en el que se forjaron los textos, ver qué prácticas están íntimamente ligadas a la religiosidad (como el significado de las ofrendas), el carácter eminentemente agrícola de esta sociedad e incluso reflexionar sobre el muchas veces supuesto aislamiento de Japón a lo largo de su Historia y su uniformidad cultural: no sólo vemos la influencia china (caso de la espada imperial, y de la propia palabra shinto, del chino shen tao) y la importancia de Corea como vía de penetración, sino que además se ponen muchas leyendas en relación con otras partes del continente asiático, sobre todo Indonesia. Todo esto hace del libro una obra a tener presente para el que quiera conocer Japón y con una enorme capacidad de relectura conforme se profundiza en estos estudios.

Finalmente, y para rematar el contenido, en las últimas páginas del libro hay un amplio apartado bibliográfico con explicación de algunas obras, (tal vez se echan en falta más estudios propiamente japoneses) y se incluye un interesante, y casi necesario, glosario de términos japoneses y chinos; si bien se echa de menos un listado con una breve explicación de algunos de los dioses más importantes, ya que el nombre de muchos de ellos puede resultarnos en exceso complicado e incluso llegan a recibir varias denominaciones.

Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Gómez Pinos, H.:  “RESEÑA CRÍTICA. ANTIGUOS MITOS JAPONESES " en Observatorio de la Economía y la Sociedad del Japón, enero 2012. Texto completo en http://www.eumed.net/rev/japon/

 

 

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