Observatorio Iberoamericano de la Economía y la Sociedad del Japón
Vol 1, Nº 5 (mayo 2009)

 

LA NATURALEZA EN LA POESÍA CLÁSICA JAPONESA Y SU UTILIZACIÓN EN LAS AULAS DEL IMPERIO DEL SOL NACIENTE: UNA APUESTA INTERDISCIPLINAR

 

Fernando Cid Lucas (CV)
Asociación Española de Orientalistas
Universidad Autónoma de Madrid
 

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Toda enseñanza cabe en una flor

Maestro Zen japonés

0. RESUMEN

Que la Naturaleza y los fenómenos de la Naturaleza ocupan un lugar importante en las artes y en la cultura japonesa es algo que los numerosos estudios realizados hasta el momento no dejan lugar a duda , sobre todo para los lectores y los investigadores occidentales. Con este artículo, meramente expositivo y elaborado desde una perspectiva analítica, se pretende dar apenas unas pinceladas sobre esta cuestión, a la vez que se muestra cómo esta raigambre de la Naturaleza en sus letras y en su arte ha servido también como herramienta ideal en las aulas del Imperio del Sol Naciente.

ABSTRACT

Studies carried out assert that Nature and all its phenomena play an important role within the Japanese arts and culture, as readers and western investigators state. This article, merely explanatory and compiled from an analytic point of view, tends to show several ideas on this topic, while nature’s own influence on its arts was used as an ideal tool of learning within the Empire of the Rising Sun.

PALABRAS CLAVE: Ecologismo, haiku, hanami, Interdisciplinaridad, Naturaleza, Zen.

KEY WORDS: Environmentalism, haiku, hanami, Interdisciplinary, Nature, Zen.

1. BREVE INTRODUCCIÓN A LA FLORA JAPONESA

Datos relativamente reciente (del año 2002) señalan que el bosque cubre aproximadamente el 68% del territorio total japonés. En dicho espacio tan abigarrado podremos encontrar más de 17000 especies botánicas diferentes. Al sur del país toparemos con un bosque subtropical formado por especies tan características como el árbol de la camelia, la magnolia o la encina. Mientras, el bosque templado abarca el norte de la isla de Honshū, el sur de Hokkaidō y las tierras altas de las regiones meridionales. A las coníferas, como el cedro japonés (sugi) o el ciprés (hinoki), se les suman abundantes especies de hoja perenne, como robles, hayas, fresnos, arces, abedules, el árbol del alcanfor, castaños y la tan empleada planta del té (sobre todo la variedad camellia sinensi). En la isla de Honshū, por su parte, predominan los cerezos (shakura) muy apreciados por el pueblo japonés, de los que existen numerosas subespecies y en los que el pueblo nipón cree que habitan sus dioses.

Flores típicas de este país asiático son la peonía, el loto, la azalea, el gladiolo, diversas variedades de lilas y el crisantemo (flor nacional del Japón y escudo de armas de los emperadores nipones). Elementos homogeneizadores del paisaje japonés son tanto los altos bosques de bambú como los campos de arroz, que se encuentran difundidos por toda la superficie del Imperio del Sol Naciente.

2. EL PENSAMIENTO JAPONÉS Y LA NATURALEZA: ELEMENTOS RELIGIOSOS Y MORALES

La tradición religiosa japonesa (tanto shintōísta como budista) se ha mostrado desde sus orígenes extremadamente respetuosa hacia los diferentes elementos que conforman la Naturaleza. Mencionemos que los preceptos del Shintō (religión autóctona japonesa) basan sus dogmas en que todo lo que constituye la tierra -y aún el universo- se encuentra habitado por un espíritu (kami), con mayor o menor poder, al que se le deben donar plegarias y ofrendas. Así, pues, el venerar a esta divinidad es también venerar al árbol, a la flor o a la montaña que encarna, lo mismo que a los poderes invisibles de la tierra, del mar o del aire que lo acogen.

Por lo que se refiere al Budismo (hablaré ahora refiriéndome sólo a la vertiente japonesa denominada Zen ), dota de gran importancia la contemplación silenciosa de la Naturaleza, ya que el análisis de ésta es la contemplación del orden (orden que debe estar presente en todo observante que aspire a llegar a la iluminación o satori). En el Budismo Zen todas las cosas son divinas y su trascendencia está en la percepción del hombre que recibe dicha iluminación.

Buen ejemplo del respeto entre el ser humano y la Naturaleza en Japón sería cualquier historia que tuviese como protagonista al monje Zen Ryokan (1758-1831), como la que cuenta cómo, notando que un tronco de bambú trataba de hacerse paso a través del suelo de su humilde cabaña, no dudó en arrancar las tablas que lo formaban para que la vida se abriese paso entre ellas, y tampoco vaciló luego en practicar un agujero en el techo cuando la planta tuvo la altura apropiada para que siguiese creciendo libremente.

3. LA NATURALEZA EN LA POESÍA JAPONESA

Desde el momento mismo del nacimiento de la poesía en Japón ésta se impregna con humildad del numen de la Naturaleza. No miento al afirmar que todas las formas poéticas, la mayoría de los poemas y las muchas generaciones de poetas llevan implícitos la marca inefable de la Madre Naturaleza. Para el bardo japonés resulta muy difícil renegar de la flora, de la fauna o de los elementos de su país, ya que renegar de éstos sería renegar también de sí mismo. Hagamos ahora un pequeño análisis de las principales estrofas a través del tiempo, en las que podremos ver la marca inefable de la Naturaleza.

3.1. TANKA

Tanka o waka es el poema de 31 sílabas japonés. Es una de las formas poéticas niponas por excelencia, ligada a la vida relajada de las cortes Heian. Se estructura en cinco versos de cinco, siete, cinco, siete y siete sílabas respectivamente.

Gran compositor de tankas fue el cortesano Kakinomoto no Hitomaro (c.660-c.708), uno de los poetas más amados y respetados de la larga tradición poética japonesa, quien nos legó alrededor de 75 tankas. También fue excelente autor de tankas el monje Saigyō (1118-1190), sin duda otro de los poetas más queridos del Japón, quien, retirado voluntariamente de la vida palaciega, parte hacia un errar que le hará reflexionar sobre el orden del universo, sobre el alma del hombre, la fugacidad de la vida y sobre la función de la Naturaleza en la creación. En uno de sus tankas escribe, aún emocionado por la visión del paisaje:

El invierno marchitó

toda la hojarasca de la montaña:

Su desolación

ahora es su dignidad; su belleza

la fría pureza de la luna .

Y en otro de sus poemas nos dice:

Un arbolillo era este pino

que vi hace años en el jardín:

Corpulento, sus altas

ramas musitan que pasa

el tiempo, llega la tormenta .

Con la aparición y el rápido éxito del haiku a mediados del siglo XV el tanka caerá en un progresivo desuso, aunque será a finales del siglo XIX cuando otro gran poeta, Takuboku (1885-1912), se encargue de resucitar esta vieja forma poética, dándole otra vez el brillo y el porte de los siglos pasados. En uno de sus tankas escribe:

Un balón de tristeza,

azul, cristalino

por almohada.

Y la noche entera

oyendo al aire en los pinos .

3.2. HAIKU

Como indicaba antes, posterior cronológicamente al tanka y, sin duda, deudor de él, el haiku está formado por tres versos de cinco, siete y cinco versos respectivamente (constatamos que coincide con la estructura de los tres primeros versos del tanka). Según algunos estudiosos , el haiku ideal ha de mostrarnos dos ideas contrastadas: una sería la de trasmitirnos el lugar o el momento en el que se realiza la acción (kigo) y la segunda lanzarnos un breve y profundo concepto filosófico o moral para la reflexión después de su lectura.

Son muchos los compositores de haiku que han tenido a la Naturaleza como modelo, desde el mismo Matsuo Bashō hasta el genial Shiki Masaoka (1867-1902).Uno de los primeros creadores de haikus fue Arakida Moritake (1473-1549), sacerdote shintōísta quien en una de sus composiciones nos dice:

¿Estoy viendo flores caídas

que retornan a la rama?

¡Es una mariposa!

Como afirma el profesor y japonólogo Fernando Rodríguez-Izquierdo, estamos ante una finísima metáfora en la que, para la aguda mente del poeta, la flor caída (ya sin vida) que retorna a la rama vuelve ahora como mariposa (materia viva), alimentando la idea de que en Japón todo en la Naturaleza participa de todo.

En un tono más burlesco nos habla Sooin (activo a principios del s. XVII), quien escribe:

Por contemplar las flores

me duele

el hueso del cuello .

Y de la tinta del gran creador de haikus anteriormente citado, Matsuo Bashō (1644-1694), son los siguientes dos poemas, inspirados por diferentes elementos de la Naturaleza y conjugados con recónditas reflexiones del alma:

Montaña y jardín a una

se van adentrando

hasta la habitación en verano .

Pasa la primavera:

Lloran los pájaros

y son lágrimas los ojos de los peces .

Y de Shiki, renovador y revitalizador del haiku, es la siguiente composición:

Luna de tarde;

sobre el koto se desparraman

flores de ciruelo .

Flores de ciruelos que no son más que las manos delicadas de una intérprete de koto iluminada por la luz de la luna y que sirven para unir la música del instrumento con el silencio eterno del astro.

4. LITERATURA, NATURALEZA Y ENSEÑANZA EN JAPÓN

Como podrá intuir el lector, tal respeto mantenido de forma inalterada durante siglos hacia la Naturaleza se ha conseguido inculcándolo desde una edad temprana en los niños japoneses. En las escuelas y en los institutos del país es un tema frecuente en asignaturas tales como Ciencias de la Naturaleza o Educación Ambiental, pero también en las de Moral, Ética o en la de Literatura. Así, para los escolares japoneses se organiza a lo largo del año más de una excursión para contemplar una caída de flores de cerezos o algún árbol centenario. Estas excursiones, para ir de hanami (lit. “a ver flores”), alcanzan más allá de los estudiantes nipones, y no será raro ver a familias enteras comiendo o merendando sobre manteles, a la sombra de grandes robles o cipreses en determinadas épocas del año, disfrutando de las vistas y sintiéndose ellos mismos parte de la Naturaleza, caminando descalzos por las arboledas o respirando profundamente un aire puro, tan distinto al de las megalópolis como la asfixiante Tokyo.

Centrándonos ya en el ámbito estudiantil, que es el que principalmente nos ocupa aquí, tendremos que señalar algunas ventajas probadas ya del sistema educativo japonés en cuanto a estos menesteres se refiere. Por ejemplo, es fácil encontrar en las aulas de las escuelas una o más plantas de la que cuida con cariño toda la clase; que tiene nombre y a la que los niños dibujan o describen en sus redacciones. Tan importante llega a ser para ellos que llegan, incluso, a sentir que es un miembro más de grupo, al que saludan por la mañana y despiden por la tarde.

Dentro de la esfera de la enseñanza de la literatura japonesa existe más de un recurso didáctico en donde confluyen ambas materias: Literatura y Naturaleza. Pienso ahora, por ejemplo, en los mazos de cartas (uta-karuta) ilustrados con los retratos de los principales poetas del país a los que se acompaña con uno de sus poemas más famosos y que, en muchas ocasiones, suele tener un tinte ecologista, como el que acompaña en una de estas barajas al retrato de Yosa Buson (1716-1783):

La camelia en el suelo

ha vaciado de ayer

el aguacero .

O este otro, muy conocido en el Imperio del Sol Naciente, que aparece junto a la efigie de otro gran poeta nipón, Uejima Onitsura (1660-1738). Dice así:

Día de primavera,

gorriones en el jardín

bañándose en la arena .

Estos naipes son de obligatoria memorización en Japón y son también un juego de mesa común aún en nuestros días, tanto para adultos como para pequeños. Dichas barajas llegan a tener cientos de cartas, lo que constituye un número considerable de poemas a memorizar y un buen conocimiento de su poesía clásica, máxime si tenemos en cuenta que en España, por ejemplo, con nuestro sistema educativo vigente, los estudiantes ni si quiera llegan aprender un sólo soneto de Lope de Vega o de Quevedo.

Otro ejercicio frecuente en las aulas niponas es el de la composición de haikus por parte de los más pequeños, los cuales deben hacer alusión (imitando los de los grandes maestros) a los fenómenos de la Naturaleza. Con esta práctica se han logrado bonitos poemas que luego sirven para adornar las paredes de las clases. Pongo como ejemplo el expresivo poema del niño Natsui Toyokawa, de tan sólo doce años:

Se reflejan

en los ojos de la libélula

Andrómeda .

Con estos breves mensajes ecologistas se ha conseguido motivar a los alumnos en esta práctica y les han enseñado a valorar su rico medio ambiente; además, a muchos de ellos se les ha logrado inculcar el gusto por la poesía. Aprovechando estos poemas los escolares aprenden las estaciones (tan presentes en la poesía nipona), los fenómenos atmosféricos, que les son enseñados en su primera educación usando este soporte literario, etc. Así, el profesor de Literatura es un guía por entre los bosques de cerezos recién floridos o por las playas de fina arena, como la de Takasago, que tantos poemas y obras de teatro ha inspirado.

5. CODA

Para terminar, solo querría señalar que la japonesa es una sociedad extremadamente sensible, que ha creado una cultura en la que la Naturaleza está presente en todas sus vertientes (sumi-e, ikebana, etc.). Hay en este país muchos dichos que identifican al hombre con ella, como el que reza: “El hombre crece como un árbol”, acercándolo y considerándolo un elemento más de la creación, pero sin que se sienta un ser supremo dentro de ella. Es desde ese humilde lugar desde donde contempla sereno las aguas, los astros o los animales, como iguales, con respeto; y desde allí, aún en estos días de exacerbado tecnicismo, con toda naturalidad, con ellos se funde.

6. BIBLIOGRAFÍA

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WATTS, Alan, (1990). El camino del Zen, Barcelona: Edhasa.

ILUSTRACIONES

1. Geishas y maikos jugando al utai-karuta (fotografía coloreada).

2. Carta de la poetisa Ise (¿872?-938) con un poema suyo en la parte superior.


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Cid Lucas, F.:  “La Naturaleza en la poesía clásica japonesa y su utilización en las aulas del Imperio del Sol Naciente: una apuesta interdisciplinar" en Observatorio de la Economía y la Sociedad del Japón, mayo 2009. Texto completo en http://www.eumed.net/rev/japon/

 

 

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