Observatorio Iberoamericano de la Economía y la Sociedad del Japón
Vol 1, Nº 3 (septiembre 2008)

Un trabajo mejor para la mujer

MIYAMOTO Michiko
Es doctora en Sociología por la Universidad de Ochanomizu. Ha sido profesora de la universidad de Chiba. En la actualidad es profesora de la Universidad del Aire. Es autora, entre otras obras, de Posutoseinenki to oyako senryaku (Post adolescencia y estrategias entre padres e hijos) y Jinko gensho shakai no seikatsuzo (Imagen de vida de una sociedad con una población en retroceso).



 

Han pasado casi 20 años desde la entrada en vigor de la Ley de Igualdad de Oportunidades de Empleo, pero las mejoras en la situación profesional de las mujeres trabajadoras no acaban de llegar. La contribución media de las esposas japonesas a los ingresos de la casa son del orden del 10%, una cifra ostensiblemente baja en comparación con otros países altamente desarrollados. Aunque la economía esté mejorando, muchas familias se ven incapaces de mantener un estilo de vida sin preocupaciones económicas contando sólo con los ingresos del marido. La falta de ingresos fijos adecuados resulta especialmente llamativa entre los jóvenes que se acercan a la edad de casarse y las familias que están criando a sus hijos. Al mismo tiempo, las dificultades de las empresas japonesas para contratar personal suficiente están fomentando una sensación de crisis. No obstante, la sociedad japonesa muestra pocas señales de abandonar una estructura que considera al marido como fuente de sustento, y tampoco ha podido desembarazarse de esta sensación de impás, mientras que la generación más joven se ha quedado estancada.

Si Japón no abandona drásticamente este statu quo para adoptar una estructura social modelada alrededor de hogares con doble fuente de ingresos, el país no podrá salir de este impás. La manera más eficaz de conseguirlo es promover el empleo femenino con un programa que diversifique unos modelos laborales capaces de reflejar la progresión natural de la vida de las mujeres. A continuación analizaré la efectividad de un cambio de estas características y valoraré los problemas asociados con el rígido sistema de empleo actual.

Problemas laborales de las mujeres y los trabajadores jóvenes

A diferencia de otros países avanzados, el empleo temporal en Japón no ha generado oportunidades de ascenso o mejoras salariales, y la diferencia entre los empleados fijos y los temporales equivale a una diferencia de status social. Aunque esta disposición se considera injusta, hace años que dura sobre la premisa de que los trabajadores temporales son principalmente amas de casa que trabajan para complementar el presupuesto familiar y que las empresas deben pagar un salario digno solamente a sus empleados fijos masculinos, considerados como principal sustento de sus familias.

En la década de los 90, cuando las finanzas públicas y el rendimiento de las empresas empezaron a empeorar, empezó a escasear la mano de obra debido al descenso de la natalidad, la crítica de la opinión obligó a efectuar cambios importantes en las políticas gubernamentales que significaron mayores ventajas especiales, para las amas de casa. El sistema de bienestar social, por ejemplo, experimentó reformas que permitían a las personas inscribirse en él independientemente de su estado civil. Pero el mercado laboral está todavía muy lejos de permitir a las mujeres ganarse la vida como actores económicos independientes. Las pocas mujeres que obtienen puestos con futuros profesional no pueden fundar familias porque trabajan las mismas largas horas que los hombres, y un gran número de estas mujeres lo dejan. Al mismo tiempo, la tendencia en las empresas de pasar de empleo fijo a temporal ha afectado inexorablemente a muchas trabajadoras.

El interés por los problemas relacionados con los NEET (jóvenes que «no se educan, no trabajan y no se forman») y los «freeters» (furita, jóvenes que pasan de un trabajo temporal a otro) ha aumentado estos últimos años, pero poca gente es consciente de que el 60% de los freeters son mujeres. Este fenómeno queda eclipsado por el problema de los freeters en general, tapando los problemas singulares que afectan a las mujeres. El crecimiento del empleo temporal entre las mujeres y los jóvenes puede ser parte de la diversificación de los modelos laborales, pero se trata de una diversidad limitada que consiste en proteger los «derechos adquiridos» de los empleados fijos masculinos, y que no encaja con la realidad. El sistema de empleo japonés solía caracterizarse por la contratación colectiva de jóvenes recién licenciados, empleo indefinido y pagas por antigüedad, pero este sistema se está abandonando. Y la estructura de «salarios familiares» y «bienestar corporativo», que proporcionaba a los empleados masculinos salarios suficientes para mantener a una familia y les apoyaba con planes de ayudas globales está derrumbándose.

El modelo típico de empleo femenino solía iniciarse con la incorporación a un trabajo fijo justo después de finalizar la enseñanza secundaria o superior, la interrupción del trabajo al casarse o tener un hijo, y el regreso al mundo laboral como trabajadora temporal después de haber criado a los hijos. Por edades, el empleo femenino trazaba una curva en forma de M, dos picos con una bajada en picada en el centro (gráfico 1). Sin embargo, últimamente las mujeres ya se casan más tarde y vuelven al mundo laboral antes, y el número de trabajadoras solteras ha crecido, lo que ha producido una curva descendente menos pronunciada. No obstante, la proporción de solteras de más de 25 años que trabajan como freeters, con contrato limitado o como personal temporal sobrepasa de mucho a los hombres. Las mujeres y los jóvenes se ven relegados a puestos de empleo temporal que han surgido en distintos niveles, diferenciados del empleo fijo. Además, los trabajadores se enfrentan al problema de no poder en gran parte elegir un tipo de empleo específico adaptado a sus propias circunstancias.

En cualquiera de los grupos de edad analizados, las personas con empleo temporal se sitúan en la porción de ingresos más bajos, como demuestra el repentino aumento en los últimos cinco años del número de hombres que ganan menos de 3 millones de yenes anuales y de mujeres que ganan menos de 2. Además, estos trabajadores tampoco pueden disfrutar de los beneficios de bienestar social que suele generar el empleo fijo. Cuando empeoró la situación de las finanzas públicas a partir de la década de los 80, los pagos individuales que exigía el sistema de bienestar social aumentaron, y las prestaciones se redujeron. Este proceso causó una importante erosión en el sistema de seguridad social entre los jóvenes y los pobres. Más de la mitad de las personas de entre 20 y 25 años del país no están pagándose un plan de pensiones, lo que podría traducirse en una alta proporción de jubilados japoneses sin pensiones en el futuro. Las mujeres son las que acaban aterrizando en el empleo temporal; cuanto más tiempo siguen solteras, más peligra su seguridad financiera a largo plazo, sin la garantía de escapar a esta inseguridad casándose.

El número de jóvenes que no pueden casarse debido a la inseguridad laboral o a ingresos inestables también está aumentando. Según KOSUGI Reiko, investigadora del Instituto Japonés de Políticas y Formación Laborales, los ingresos anuales más altos se encuentran entre los hombres casados. Los grupos en que la proporción de casados sobrepasa el 50% son los que disfrutan de ingresos superiores a 5 millones de yenes entre hombres de 25 a 29 años, y las personas con ingresos anuales superiores a los 3 millones de yenes se sitúan en la franja de los 30 a los 34 años. Estos datos indican que si los hombres no consiguen un cierto nivel de ingresos, no se casan o no pueden casarse (ver gráfico 2). Entre las mujeres, las diferencias no son tan marcadas, pero una mayor inseguridad laboral se corresponde con un matrimonio más tardío. El aumento de la inseguridad laboral está haciendo que la gente se case más tarde o no se case, y las perspectivas matrimoniales han quedado ligadas al status social.

En una situación en que los hombres se enfrentan a unas cargas financieras tan pesadas, la inestabilidad laboral está haciendo que retrasen el momento de contraer matrimonio, y este retraso está afectando también a los mujeres. En el pasado, cuando los hombres tenían grandes ingresos fijos para mantener a su mujer y a sus hijos, las mujeres podían buscar refugio en el matrimonio, pero esto ya no es así. Y el número de mujeres consciente de esta realidad está creciendo.

Mejorar la capacidad económica de las mujeres

Entre las generaciones más jóvenes de japoneses, el porcentaje de solteros ha continuado creciendo en todos los grupos de edades, pero esta tendencia resulta especialmente pronunciada entre el grupo de 30 a 34 años, en donde un poco más del 40% de los hombres y un poco menos del 30% de las mujeres siguen solteros, lo que representa un aumento de 10 puntos porcentuales para ambos sexos en comparación con 10 años atrás. Y cerca del 70% de estos solteros viven con sus padres. La tasa de matrimonios está cayendo porque, con las inestables condiciones laborales, los hombres y mujeres adultos están optando por vivir con sus padres en lugar de pasar a ser financieramente independientes y fundar su propio hogar. El motivo de esta elección es que todavía no se ha producido un cambio radical en las relaciones de género.

Según un sondeo del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, el 70% de las mujeres dejan de trabajar al dar a luz a su primer hijo. Algunos años después casi la mitad se reincorpora al trabajo, pero suele ser como trabajadoras a tiempo parcial o similar y mal pagadas. De esta forma, con las condiciones actuales, en que las opciones laborales susceptibles de encajar con el modelo de vida de las mujeres son extremadamente limitadas, los inconvenientes de tener un hijo son absurdamente enormes. Además, como baja el poder adquisitivo de los hombres pero se sigue creyendo que son ellos los principales responsables de poner el pan sobre la mesa, ahora se muestran cautelosos ante el matrimonio.

*Los ingresos se indican por cifra inicial; por ejemplo, el punto 1 (millones) incluye a las personas con ingresos anuales de al menos 1 millón de yenes pero con menos de 1,5 millones de yenes, que es el siguiente punto del gráfico.

Los hombres casados entre 20 y 39 años tienen ingresos medios más altos que sus coetáneos solteros, pero sus niveles de ingresos están disminuyendo también. A causa del descenso de los ingresos y el aumento de la inseguridad laboral, las mujeres que se han casado y han tenido hijos están regresando a su puesto de trabajo más pronto y en mayor número que antes. Sin embargo, los empleos que suelen aceptar son de tipo temporal, y su contribución al presupuesto del hogar es limitada. Si las mujeres tuviesen la oportunidad de aumentar su capacidad laboral y progresar en sus profesiones, las familias seguramente disfrutarían de un mayor desahogo financiero.

Con el aumento del número de hogares que no encajan en el paradigma del hombre como mantenedor de la familia, como los de mujeres solteras o divorciadas con hijos, las prácticas laborales actuales con la protección de los derechos adquiridos de los trabajadores masculinos fijos ya no se ajustan a la realidad de los cambios en los tipos de familia. La tasa de divorcios también está creciendo, especialmente entre los jóvenes y durante sus primeros cinco años de matrimonio, y puede llegar a los niveles que se dan en Occidente.

Los modelos laborales deben diversificarse para reflejar la progresión natural de las vidas de las mujeres, para que las mujeres que deseen trabajar puedan encontrar empleos que les permitan contribuir al sustento del hogar. El Instituto Nacional de Investigación sobre Población y Seguridad Social estima que dentro de 10 años el 15 % de las mujeres entre 40 y 49 años seguirán solteras, mientras que otro 9% adquirirá la condición de soltera por divorcio o viudedad, lo que significa que una de cada cuatro mujeres japonesas de este grupo de edad no tendrá marido que las sustente. Mejorar la capacidad económica de las mujeres es una tarea muy urgente.

Respuesta a la escasez de mano de obra

Aunque ya no se puede considerar al marido como único mantenedor de la familia, se han hecho pocos progresos porque no se ha modificado el concepto masculino de trabajo. La diversificación de estilos de empleo que se da en la actualidad impone preservar derechos adquiridos de los trabajadores masculinos fijos, mientras que obliga a las trabajadoras y a los jóvenes a optar por el empleo temporal. Así, los cambios drásticos en la vida familiar aparecen como un fenómeno lejano.

Para proteger los intereses de los hombres de mediana edad con familias que mantener, las empresas consideran necesario contratar en puestos bajos a empleados temporales que utilizan como amortiguadores para ajustar el tamaño de su fuerza laboral, reservando las pagas altas y la seguridad laboral para sus empleados fijos. Pero los trabajadores masculinos fijos suelen tener que trabajar tantas horas que no les queda tiempo para pasar con su familia. Muchas de las trabajadoras que se ven obligadas a trabajar las mismas horas que los hombres acaban abandonando. Entre las mujeres casadas, un gran número de ellas pasa a trabajar en empleos temporales mal pagados y sólo pueden contribuir de forma limitada al presupuesto familiar. Esta inflexibilidad del sistema laboral está contribuyendo a crear grandes desigualdades entre los trabajadores, y a la inversa, hace que los trabajadores masculinos fijos tengan que soportar el estrés de largas horas de trabajo, la presión de mantener a una familia, y la inquietud de la inestabilidad financiera. Los cambios que se están produciendo en el sistema laboral del país han provocado la exclusión de las mujeres y los jóvenes, e incluso empiezan a afectar a los hombres de mediana edad.

Cuando la economía empiece a recuperarse, las empresas pequeñas y medianas tendrán dificultades para encontrar trabajadores, y muchos de estos trabajadores que al final pueden contratar acabarán abandonándoles después de recibir la formación pertinente. Esto también sucede en empresas más grandes. A diferencia de la primera época del crecimiento económico, las grandes empresas están teniendo dificultades para contratar selectivamente sólo a los mejores empleados. Esto se debe a la amplitud de horarios y a la exigencia de resultados, características de los puestos de trabajo que no sólo las mujeres sino también los hombres jóvenes suelen evitar.

Encontrar la mejor manera de utilizar a las trabajadoras es un tema urgente para las empresas. En el mercado laboral actual, algunas empresas están creando políticas específicas en la contratación de mujeres. Pero aunque muchas empresas se mueven para atraer a las candidatas más preparadas, no podrán atraer a personal femenino si no idean formas de utilizar a estas mujeres cuando ya estén contratadas. No obstante, cada vez son más las empresas que se quedan sorprendidas cuando las mujeres ya contratadas y formadas deciden marcharse.

El primer motivo por el que las empresas no pueden contratar a empleadas es que el horario laboral extremadamente largo, y sencillamente incompatible con el estilo de vida de las mujeres, se ha convertido en una característica cotidiana del empleado en Japón. El segundo motivo es que pocos empresarios se interesan o han diseñado políticas específicas para utilizar a trabajadoras de forma efectiva, y las mujeres pierden interés por su trabajo y se marchan.

El gráfico 3, donde aparece la proporción de participación de la fuerza laboral potencial de las mujeres, y que incluye el número de mujeres que están trabajando en la actualidad más el número de mujeres que dicen querer trabajar si se diesen las condiciones correctas, se parece a un trapezoide y es comparable a las proporciones de participación de la fuerza laboral femenina en Estados Unidos de América (EUA) o Suecia. La solución para el problema de la escasez de mano de obra en Japón parece bastante clara: las pequeñas y medianas empresas que se esfuerzan por encontrar personal deberían crear entornos laborales en que las trabajadoras se sintiesen cómodas.

Distintos estilos de empleo

Una vez pasada la época de la producción en masa, la ventaja competitiva la obtendrán las empresas que encuentren y contraten a trabajadores capaces de crear valor añadido. Estas empresas, y sociedades, que sean lo suficientemente flexibles para utilizar el talento no sólo de los hombres sino también de las mujeres, personas de la tercera edad y trabajadores extranjeros, serán las que acaben destacando. Las empresas empiezan a darse cuenta de que mientras sigan ignorando el potencial desaprovechado de la mano de obra femenina no podrán tener esperanzas de crecimiento. Pero utilizar este potencial satisfactoriamente requerirá aplicar algún tipo de innovación.

Las mujeres que pasan por el matrimonio, el embarazo, el alumbramiento y la cría de los hijos no pueden construir su profesión sobre los modelos laborales que se han desarrollado para los empleados masculinos fijos. Por eso se necesitan modelos laborales diversificados que reflejen la progresión de la vida de las mujeres. Por ejemplo, una opción de reducción de jornada durante el embarazo y cuando los hijos son pequeños, después de lo cual la mujer podría regresar fácilmente a la jornada completa, facilitaría el éxito profesional de las mujeres. Tal vez algunas continuarían trabajando en la misma empresa, pero también tendrían la opción de cambiar. Si los modelos laborales disponibles aumentasen, las mujeres cuidarían mucho más activamente su capacidad profesional, y los ingresos de un hombre ya no sería el requisito número uno en el que fijarse a la hora de buscar marido. El cuidado de los niños pequeños acaba pronto, y las mujeres son capaces de trabajar como profesionales a jornada completa en la edad adulta.

Del mismo modo que sacude el orden social establecido, la misión de diversificar los modelos de trabajo para acomodar en ellos las fases de la vida de las mujeres no está libre de riesgos. Sin embargo, también conlleva los méritos descritos anteriormente, y lo esencial ahora es determinar cómo ampliarlos todavía más. Hacer que el trabajo sea más flexible y diverso representa una gran oportunidad para las mujeres, cuyo modelo de vida exige ese tipo de cualidades. La sociedad japonesa cuenta con más de un 40% de la mujeres cursando educación superior, y esa cifra acabará sobrepasando la de los hombres pronto. Ignorar la realidad del potencial de la mano de obra femenina no nos hará ningún bien.

Diversificar los estilos de empleo no es sólo en beneficio de las mujeres. En los últimos años, el paro ha aumentado incluso entre los hombres de mediana edad, un sector que consideraba seguro su trabajo. Crear un mercado laboral en donde sea fácil cambiar de trabajo fomentará su reubicación. Mientras tanto, a medida que vaya desapareciendo la práctica de contratar a recién licenciados, los jóvenes, que cada vez más cambian de empleo o lo abandonan, necesitan una oportunidad para estudiar el tipo de carrera mejor para ellos. Las rígidas prácticas del actual mercado laboral les dejan poco margen para el fracaso.

Incluso en muchos países europeos donde los empleados fijos llegaron a recibir enormes prestaciones, los Gobiernos más que la seguridad del empleo promueven iniciativas para mejorar la especialización de los trabajadores y desarrollar estructuras que permitan una mayor movilidad laboral. Si esa movilidad aumenta, también aumentará la exigencia de habilidades técnicas, así como el deseo de mejorar esas habilidades.

En la sociedad actual, donde es difícil hacer planes en firme respecto al futuro, también es difícil sobrevivir con los ingresos y bienes de un único miembro de la familia. Si queremos mantener las condiciones de vida actuales y garantizarnos un futuro estable como país, debemos aspirar a una sociedad en la que todo aquel que desee trabajar lo pueda hacer. Si este es de verdad nuestro objetivo, lo primero que debemos hacer es idear un modelo que permita recurrir a las capacidades de las mujeres de la mejor manera.


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Miyamoto, M.:  “Un trabajo mejor para la mujer" en Observatorio de la Economía y la Sociedad del Japón, septiembre 2008. Texto completo en http://www.eumed.net/rev/japon/

 

 

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