Observatorio Iberoamericano de la Economía y la Sociedad del Japón
Vol 1, Nº 2 (mayo 2008)

Japón: una sociedad conmocionada

Yunier Rojas Bazail
Universidad de la Habana, Cuba
 

¿En qué medida el año 1991 tuvo una significación trascendente para la sociedad japonesa o fue simplemente un acontecimiento económico que no cambió substancialmente un proceso estatal - desarrollista que más temprano que tarde o viceversa mostraría elementos de declive mas no de resignación?.

Las respuestas pueden ser diversas, no obstante, el análisis que se haga demuestra que los factores significativos del cambio ya estaban dados. Es por tal motivo que 1991 fue un tiempo límite para la sociedad japonesa, de igual forma que debió serlo para otras en el mundo. Y no sólo porque se rompiese la continuidad de un proceso social que bien pudiéramos considerar equitativo, sino porque ésta al menos momentáneamente se vio estremecida, salió de sus carriles y se enfrentó a situaciones que, por lo general los cientistas sociales no recogen, porque supuestamente no poseen una escala de trascendencia reveladora. Pero esos dilemas han sido esenciales para las personas, principales animadores de la historia que la están viviendo o padeciendo. Evidentemente la sociedad vista a través del prisma de la economía resulta compleja y solo es comprensible por medio de una visión plural y múltiple. La crisis social es, entonces, una categoría mucho más compleja, pues está relacionada con la época en que se produce el paso hacia niveles diferentes de desarrollo.

Se vieron alterados a partir de 1991, sin excepción, todos los espacios y marcos del buen desenvolvimiento que hasta ese entonces había tenido una nación que por años constituyó un “modelo de bienestar general”. Sin embargo, no es difícil encontrar en la escasa literatura que trabaja el fenómeno social criterios que carecen de fundamentos, pero encasillados todos en trasmitir que la dimensión y alcance del asunto se percibía desde el primer lustro de los años ochenta en tanto, desde esos años ya el país mostraba serios problemas, como por ejemplo el del empleo, que afectaban a su homogénea sociedad. Tal consideración carece por completo de sentido común por cuanto los niveles de crecimiento económico del archipiélago eran todavía satisfactorios.

1991- 1993 terminó con muchos mitos relacionados con la clase obrera japonesa. Con la quiebra de grandes asociaciones y compañías aumentó considerablemente la tasa de desempleo que en 1998 alcanzó la cifra histórica de 4,1% y en el 2002 aumentó a un 5,2%. Ello condujo a una drástica caída en la demanda de bienes y servicios con grandes efectos sobre el sector productivo. A la par se agotaron los pilares de oro del sistema y con él todos lo derechos sociales que en la nación estaban estrechamente vinculados a las empresas como sanidad y jubilación. Refiriéndome al primero hay que decir que la cobertura sanitaria ha dejado mucho que desear, escasez de camas y cierres de hospitales y por si fuera poco se decretó a partir de 1991 que un enfermo por grave que estuviera sólo podía permanecer hospitalizado catorce días. El asunto sanitario se fue agravando poco a poco a lo largo de la década hasta llegar a su punto extremo en junio de 2000 cuando las estadísticas demostraron que más de 2,5 millones de familias no podían pagar su seguro médico. Por su parte, el gobierno aprobó en 1998 un aumento de los costes que deben pagar las familias al sistema nacional de salud. Desde esa fecha y hasta el momento actual la familia nipona ha tenido que pagar el 30% del coste total de su tratamiento médico. Debemos valorar esta medida en el marco de una década en la que el gobierno trata por todos los medios de aumentar los impuestos.

Por su parte, el sistema educacional ha atravesado por el peor momento de su historia. Entre los especialistas que se han dedicado a estudiar el tema educacional del país está el chileno radicado en Japón Arturo Escandón, este es uno de los que piensa que el sistema educacional japonés tras la crisis es un total fracaso. Pienso que los motivos que han llevado a Escandón a manifestarse de esa forma son varios, en primer lugar está el adelgazamiento constante que se dio a partir de 1993 en el presupuesto educativo en el contexto de la crisis económica, tal situación implicó que las escuelas públicas negociaran cada vez más con el sector privado en tanto, los gobiernos locales, sin excepción, recortaron los fondos destinados a la educación anualmente durante todos esos años entre un 10 y un 20% e incluso hasta en un 30%. Otra de las razones que, en mi criterio, lo llevaron a formular tal idea está en el hecho de que en las escuelas japonesas existen rígidas regulaciones y además son bastante estresantes comparadas con las escuelas Occidentales, se estudia más tiempo y los profesores son más controladores, por lo cual el rechazo escolar, el vandalismo y el suicidio de niños ha primado en estas.

Pero la educación en el Japón actual no debe ser valorada al margen de la política neoliberal que se empezó a aplicar finalizando los años ochenta, pero que no cobraría auge hasta 1995. En ese año una asociación representante de algunas compañías económicas, Keizai – Doyukai publicó un informe titulado: Escuelas para el siglo XXI: de la escuela a las aulas integradas, el documento recomendaba la reforma escolar. Sugería de manera radical la privatización educativa en términos de adelgazar el dominio público educativo y agrandar el privado. Además exhortaba a dividir las escuelas en tres aulas: la primera era la básica, era el lugar donde los niños aprenderían lengua y aritmética así como la identidad nacional e historia de Japón. Este salón sería el único administrado por el sector público. La segunda, el aula libre, que sería administrada por el sector privado y en ella los escolares aprenderían ciencias naturales, estudios sociales y arte y el tercer aula el de la experiencia también dirigida por corporaciones privadas, en ella los estudiantes se formarían deportes.

Pero la educación superior también estuvo sometida a los cambios, en octubre de 1999 el Primer Ministro Obuchi Keizo planteó la privatización de noventa y nueve universidades nacionales.

Analizando el panorama educativo japonés de los noventa llegamos a la conclusión de que la ideología neoliberal ha permeado las políticas de elaboración de los planes de estudio, pero a pesar del intento del Ministerio de Educación de hacerlas efectivas lo más rápido posible la mayoría de los padres, maestros y funcionarios de las juntas locales rechazan el engendro neoliberal que destruye la igualdad de oportunidades y lo que muchos llaman: “la democracia de la educación japonesa”. Es por tal razón que en más de una oportunidad no se pudo aplicar.

Uno de los aspectos de no menos trascendencia que forma parte de la crisis social y que, en mi criterio, es uno de los elementos más agudos del sistema y que también ha sido generado por la contracción financiera es la prostitución infantil, las redes de meretricio se diversificaron con la bonanza material de la burbuja económica de los ochenta y en ellas se comenzó a utilizar la tecnología de punta. La década asistió a la apertura de clubes de conversación erótica y servicios de búsqueda de compañeros sexuales que aprovechaban complejas centrales telefónicas automáticas. En este mercado sexual que ha proliferado ostensiblemente las adolescentes que cursan la secundaria o el bachillerato, entre los 15 y los 18 años son las más perjudicadas en tanto están dispuestas a una competencia sexual desenfrenada. Un ejemplo que ilustra lo anterior es el siguiente: las jóvenes llaman a los servicios de búsqueda operados por proxenetas de la mafia japonesa a través de los que se contactan con hombre mayores quienes alquilan un cubículo telefónico en el mismo club o pagan la conexión desde un lugar remoto para concertar una cita en cualquier sitio. La relación las puede llevar a ganar entre 20 y 40 mil yenes lo que equivale a una cifra que oscila entre los 140 y 280 dólares.

Por otra parte, cada vez más existen en el archipiélago espacios de violencia pública como los terrenos deportivos y las discotecas. No obstante pienso que eso cambia de una sociedad a otra. En otras palabras: no debemos presentar a la sociedad japonesa finisecular como un bloque monolítico lleno de desesperanza porque no es así, esta está compuesta por clases, capas, sectores y grupos que no sufren los efectos de la crisis de igual manera, incluso sus recepciones y respuestas dependen mucho del lugar que ocupen dentro de ella.

Al margen de los propios inconvenientes que pueda ocasionar el tema financiero, están por otro lado, dos graves problemas interrelacionados: la baja natalidad que guarda estrecha conexión con la disminución de la tasa de fecundidad - una pareja japonesa en la actualidad sólo tiene un hijo, las razones por las cuales se da este fenómeno son varias: en primer lugar el matrimonio siente que no hay condiciones como más centros de cuidados de niños o casas infantiles, más descanso pre y post natal por parte de las compañías y poco espacio en las casas - y el aumento del número de personas de la tercera edad. Ambos índices inciden en la disminución de la fuerza laborar activa y en el incremento, al mismo tiempo, de gastos en pensiones para jubilados dentro del sistema de seguridad social, carga que ya está siendo onerosa para la economía nipona. Producto de esto el país ha entrado en una época de retroceso demográfico que conlleva a que sean cada vez menos los trabajadores jóvenes que hoy se cuentan como fuerza activa en el mercado laboral. Evidentemente ello tiene mucho que ver con el cambio de mentalidad que hoy se percibe en la juventud de ese país. La mayoría de los “frescos” como se le llaman a los irreverentes de menos de 25 años viven lejos de la casa paterna en forma independiente y, en casi su totalidad, son los que vienen de provincias a las grandes ciudades. Aunque reciben dinero de sus familias para su manutención trabajan a la par que estudian para pagar sus gustos personales como celular, ropa, diversión y viajes.

Por otra parte, hay una tendencia creciente de muchos a no trabajar toda la vida en una sola compañía sino de laboral algún tiempo en un lugar y luego cambiar de labor. Esto lo hacen especialmente los que se gradúan de la escuela secundaria y tiene que ver, como es lógico, con los cambios en la economía y en el método de ocupación. Ahora se trata de promocionar la habilidad incluso si se es más joven para sobrevivir en un mundo cada vez más competitivo. Asimismo un número creciente de adolescentes y jóvenes piensan que no dedicarán toda la vida a una empresa porque bajo las nuevas circunstancias esta no es lo importante, el lugar que antes tenía la fábrica lo ocupa en su pensamiento el individuo y su familia.

Otro componente interesantísimo de la sociedad que asistió a la crisis económica tiene que ver con la elevación constante de las tasas de ahorro ante la difícil realidad cotidiana. Una manera de impulsar este ahorro fue a través de las oficinas de correos repartidas por todo el país, actuaban como bancos recibiendo el dinero del público. Las principales causas que motivaron a la población japonesa a depositar parte de sus ganancias en estas agencias y no en los bancos hay que buscarlas en las ventajas seguras que ofrecían, entre las que se destacan, que estaban en todos los lugares del archipiélago, atendían más horas al día y la más importante es que ofrecían una tasa de interés mayor que los bancos lo cual significaba mucho para una ciudadanía dispuesta a recortar todo tipo de gastos ante la inseguridad futura más inmediata. Elementos como estos dan fe de que desde el plano social incluso, es difícil la recuperación económica de la nación.

Por otra parte, es importante destacar que en la sociedad actual la formación académica ya no garantiza una ocupación permanente y estable. Los individuos admitidos en universidades prestigiosas o en escuelas de medicina son los que ven recompensados sus resultados con un empleo estable. Sin embargo, los que ingresan en escuelas menos selectivas tienen grandes posibilidades de acabar como freeters y sufrir una y otra vez la ausencia de estímulo por sus esfuerzos. El efecto de esta desigualdad se deja notar en las colegios superiores y medios y da paso a la diferenciación entre estudiantes motivados y desmotivados.

A la par del fenómeno freeters están los neet, jóvenes que no trabajan ni estudian y se aíslan de la sociedad. Los asuntos de discordia familiar y la falta de comunicación en el seno del hogar y en el vecindario son factores que hacen que proliferen constantemente.

Evidentemente los problemas sociales fundamentales que vive el Japón actual están relacionados con las áreas básicas como el trabajo, la familia y la educación. A partir de ellos y relacionados con los mismos se abre todo un diapasón amplio en el que se engloban otros también visibles y preocupantes como los anteriormente mencionados.

Ahora bien, las diferencias de riqueza y oportunidades no implican en sí mismas una amenaza al orden social. Sin embargo, cuando la aparición de una desigualdad de situación propicia el crecimiento de una clase de personas que no espera ver premiadas sus energías, la sociedad se fragmenta, agota su vitalidad económica y pone en peligro el orden social.

Referencias.

1 Si se desea ampliar sobre el sistema de salud japonés y las medidas implementadas por el gobierno con el fin de aumentar el costo del seguro médico diríjase a: Cobo, Juana. “El final del modelo japonés”. http://www.elmilitante.org/149japonmodel.htm. Consultado el 23 de enero de 2003.

2 Sato, Mannabu. “La reforma educativa en Japón” . http://www.reformaeducativa.edu/artic.prom.htm. Consultado el 20 de junio de 2003.

3 Obuchi Keizo hijo de un rico industrial de la seda nació el 25 de junio de 1937 en Nakanojo, una población agrícola situada en la prefectura de Gamma. En 1958 ingresó en la Universidad de Waseda, en Tokio donde estudió Filología Inglesa y se licenció en 1962 en la especialidad de Literatura Inglesa. En 1959 fue que tomó la determinación de dedicarse a la política. Tras recorrer 38 países durante un año regresó a Japón en 1963, se presentó a las elecciones como miembro del PLD y obtuvo un escaño en la Cámara de Representantes por su distrito natal. En el momento de su elección tenía 26 años y se convirtió en el miembro más joven del Parlamento. Durante las tres décadas siguientes Obuchi fue ascendido en su partido y se forjó una reputación de hábil negociador. Ingresó por primera vez en un gabinete ministerial en 1979, al asumir al tiempo los cargos de director general de la Oficina del Primer Ministro y director general de la Agencia para el Desarrollo de Okinawa. En 1987, el entonces Primer Ministro Takeshita Noboru le nombró secretario jefe del gabinete, posición que aprovechó para trabajar en favor del consenso entre las diversas facciones del PLD. Fue designado secretario general del PLD en 1991, tres años más tarde ascendió a su vicepresidencia. En 1997 Obuchi fue designado Ministro de Asuntos Exteriores por Ryhutaro Hashimoto. El 30 de julio de 1998 paso a ser Primer Ministro. En la toma de posesión de su cargo prometió formar un gabinete para la reconstrucción económica y anunció que la prioridad de su gobierno sería adoptar una serie de medidas entre las que se incluyeron el recorte de impuestos, el aumento del gasto y la reforma del sistema bancario, a fin de favorecer la recuperación de la debilitada economía. El 2 de abril de 2000 fue sustituido interinamente al frente del gobierno por su ministro secretario del gabinete Mikio Aoki, debido a graves problemas de salud que le habían llevado a entrar en estado de coma, y dos días después el PLD escogió a Yoshiro Mori para sucederle al frente del partido y del gobierno. Falleció el 14 de mayo de 2000 en Tokio.

4 Sato, Mannabu. La reforma educativa . . . Ob. Cit

5 Escandón, Arturo. “La política japonesa se esfuerza por frenar la prostitución infantil”. http://www.nakamachi.com/escandon/prostinf.htm. Consultado el 17 de febrero de 2003.

6 Freeters: jóvenes sin empleo permanente

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Sato, Mannabu. “La reforma educativa en Japón” . http://www.reformaeducativa.edu/artic.prom.htm.
 


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Rojas Bazail, Y. :  “Japón: una sociedad conmocionada" en Observatorio de la Economía y la Sociedad del Japón, mayo 2008. Texto completo en http://www.eumed.net/rev/japon/

 

 

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