Observatorio Iberoamericano de la Economía y la Sociedad del Japón
Vol 1, Nº 2 (mayo 2008)

Aproximación metodológica para el análisis de los vínculos bilaterales Nipo-estadounidenses en la década del 80 del siglo XX

 

Ulman Carmona Ramos
Universidad de La Habana, Cuba
 

Marco Teórico

1. La política exterior de todo país está vinculada a su política interior y debe estar en función de esta última, por ser la expresión o vía de realización de los intereses nacionales del Estado, es decir, de la clase que detenta el poder en un momento determinado, analizándolo desde una óptica marxista.

En los siglos XIX y XX, en opinión del teórico Williams Hazleton, se configura una percepción de las relaciones internacionales “estado céntricas”, fundadas en el Estado y realizadas por él como un ente impersonal.

“Al utilizar un modelo estratégico, racional, - escribe Hazleton -, los Estados eran retratados como entidades que tratan de maximizar sus objetivos, sus necesidades eran dictadas por circunstancias históricas, geográficas, políticas, económicas y técnicas”. (1)

2. La política exterior es expresión de la capacidad soberana de los Estados para actuar en el escenario internacional, sin límite que el respeto a la soberanía de los demás Estados, con arreglo al Derecho Internacional vigente.

3. La política exterior de un Estado se compone de múltiples dimensiones, entre las que cuentan de modo esencial, la economía, la política, la cultura, la religión y la geografía, entre otras. A su vez incide en la posición internacional, la seguridad nacional y el desarrollo interior.

4. La percepción de las relaciones exteriores se configuran a partir de escuelas de pensamiento que formulan modelos teóricos explicativos de dichas relaciones.

Por tres importantes debates ha atravesado el desarrollo teórico de las relaciones internacionales, a saber:

El primero, entre idealistas y realistas referentes a la esencia de la realidad internacional. El segundo entre los tradicionales (idealistas y realistas) y los cientificistas, a finales de la década del 50 y principios del 60, basado en una discusión más bien política, centrada en problemas metodológicos. El tercer se realiza entre los neo-realistas y los interdependentistas, comenzando en la década del 70 se mantiene hasta nuestros días. Aunque se han establecido como paradigmas el realista, la interdependencia y el marxista, las escuelas que prevalecen en los últimos dos siglos son la realista y la liberal.

La escuela del paradigma liberal sostiene que las relaciones internacionales deben regirse por el ajuste de intereses sobre la base del Derecho, mediante la creación de mecanismos para la solución de controversias, donde prevalezca la cooperación sobre la confrontación y el reconocimiento del derecho de todos los Estados a una convivencia civilizada, sin detrimento de sus intereses respectivos. Fue este el modelo de organización mundial que, después de la Primera Guerra Mundial, promovió el presidente norteamericano Woodrow Wilson mediante la Sociedad de Naciones.

Por el contrario, el paradigma realista enfatiza en que las relaciones internacionales “son”, en lugar de cómo “deben ser”. Atribuyen un alto valor a la autoconservación de los Estados, si han de sobrevivir, deben tratar de maximizar su poder de acuerdo con sus intereses nacionales. La característica esencial de este paradigma es la acción del balance del poder, del que se derivan las polaridades (mundo unipolar, bipolar, etc.), y las relaciones entre las naciones en razón de su poder, económico y militar, en los años de la guerra fría prevaleció este enfoque de la política mundial.

5. Las relaciones internacionales, al expresarse en la relación entre los diferentes actores (Estado, Organismos Internacionales, Corporaciones Trasnacionales y ONGs), deben tener en cuenta tres factores esenciales:

 Cada actor internacional desarrolla una política exterior que no necesariamente coincide con los demás, y muchas veces se contrapone.

 Los contactos mutuos que necesariamente se establecen crean tipos específicos de relaciones, ya sean de equidad, interdependencia, dependencia o hegemonía.

 El escenario internacional tiene en cada momento características específicas que pueden ser: la existencia de un sistema estable de relaciones de poder unipolar, bipolar o multipolar, o por el contrario, un Estado anárquico y caótico, todo lo cual incide en las posibilidades del Estado para realizar su política exterior.

6. La política exterior de los Estados tiene un carácter transicional, pues aún cuando se conservan rasgos estables, cada época tiene sus necesidades y posibilidades, las cuales están condicionadas tanto por la situación como por la internacional.

7. Al enfocar las relaciones bilaterales, como es el caso de Japón y EE UU, es necesario prestar especial atención a las diferencias histórico-culturales de ambos países, que devienen condicionantes imposibles de obviar.

Aspectos específicos para Japón

Elementos determinados en la configuración de la política exterior de Japón en los años 80.

En primer lugar sus condiciones naturales, por ser Japón un archipiélago carente de recursos naturales esenciales (materias primas, energéticos) para el sostenimiento y desarrollo de una economía moderna. Tanto es así, que a lo largo de su historia este problema sustentó, en parte, la idea del expansionismo. Tal estrategia argumentó que la economía japonesa dependía de los mercados exteriores que se encontraban en poder o amenazados por sus rivales. De 1926 a 1937, por ejemplo, las materias primas abarcaron el 57,3% del total de las importaciones anuales (2), problema que era considerado intolerable para las elites militaristas, las cuales elaboraron sus argumentos para justificar el expansionismo. De aquí parte el origen del “Memorándum Tanaka” y de la “Esfera de Coprosperidad en Asia” o la Doctrina “Asia para los Asiáticos”, todas las cuales tuvieron en común tratar de justificar el expansionismo nipón. El teórico del nacionalismo japonés Ikkikita escribía al respecto en 1919 que

“El Estado tiene derecho a hacer la guerra para proteger al país. El Estado tiene derecho a declarar la guerra a aquellas naciones cuya extensión territorial sea demasiado grande…” (3)

Hoy por hoy, la necesidad de asegurar fuentes exteriores estables de suministros, constituye uno de los problemas esenciales de su seguridad nacional. Por solo citar un ejemplo, Japón incrementó sus importaciones de petróleo de 9 millones de kl, en 1955 a 288 millones en 1973 (4), lo que representa el 90% de su consumo y hace que la dependencia de los mercados exteriores continúe siendo el talón de Aquiles de la economía japonesa.

En segundo lugar, la posición que ocupa dentro del sistema internacional actual. Japón devino potencia de rango mundial a partir de la recomposición de poderes mundiales que se produce entre fines del siglo XIX y principios del XX, cuando el sistema basado en el poder de los Estados europeos fue sustituido por un sistema de poderes mundiales, al emerger Alemania, EE UU y Japón como potencias imperialistas en crecimiento. El ascenso casi simultáneo de estas dos ultimas frentes a las viejas potencias europeas, virtuales dueñas del mundo colonial, configuró una situación nueva, caracterizada en dos dimensiones; los enfrentamientos entre las viejas y nuevas potencias por el dominio económico de un mundo ya repartido y, paralelamente, la confirmación entre estas nuevas potencias por el control de determinadas esferas de influencia.

Los resultados de las dos guerras mundiales y la recomposición del sistema internacional, trajeron para Japón el reto histórico de conservar y ampliar su condición de potencia mundial, propósito atemperado, cuando no condicionado, por el liderazgo estadounidense dentro del mundo capitalista y por el carácter peculiar de las relaciones entre las dos naciones, que puede identificarse como de coexistencia de dos vertientes; concertación y confrontación.

Esta interrelación dual explica situaciones aparentemente contradictorias, tales como el dictat de Estados Unidos sobre Japón a fines de la Segunda Guerra Mundial (Pax Americana) y, el hecho de que podamos hablar de una política exterior propia de Japón, con independencia de los efectos de su alianza militar con Estados Unidos, o que podamos remitirnos a contradicciones reales o identidades notables (Pax Consortia en el vocabulario político japonés), en un mismo lapso de tiempo. Los innumerables beneficios que obtuvo Japón de su relación especial con Estados Unidos fueron favorecidas por:

Los objetivos de contención del comunismo, después de la adopción de la famosa Resolución 68 del Consejo de Seguridad Nacional, en la segunda mitad de los cuarenta, que consideró a la URSS como la amenaza potencial del sistema capitalista, así como la vulnerabilidad económica de Occidente, se combinaron con la necesidad de organizar los nuevos mecanismos sobre los que funcionaria esta hegemonía, como partes integrantes de la política que asumiría EE UU, con sus aliados en la lucha en estos dos niveles frente al comunismo. (5)

La convergencia de los valores, tanto de Europa como de EE UU, con los sustentados por Japón, hizo posible su opción por la economía de mercado y el sistema democrático-liberal.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en la que Japón queda en una posición subordinada respecto a EE UU, se distingue una etapa, de 1945 a 1954, en que su política exterior se subordina plenamente a la estrategia estadounidense de la guerra fría, sin participar directamente de los conflictos de la región; guerra de Corea, crisis del estrecho de Taiwán, pero beneficiándose ampliamente con todo ello por ser el principal receptor de los pedidos militares.

A partir de 1955 se produce un importante viraje en su política exterior, al propiciar una plataforma, denominada en el discurso político oficial, de “paz y neutralidad”, de distanciamiento y esquivas frente a conflictos y crisis en que participaba su principal socio y aliado, EE UU. No obstante, ello no le impide aprovecharse de los beneficios económicos que le propicia la agresión norteamericana contra Viet – Nam, a través de compras y gastos por operaciones logísticas desde su territorio. Esta política, en realidad, no cuestionaba la asociación estratégica con aquel, simplemente expresaba los matices con que el gobierno japonés percibía su papel dentro de esa relación.

Esto permite comprender el sentido que tiene el artículo 9 de su constitución, que rechaza la política de guerra y afirma la vocación de paz del Estado japonés. En este mismo sentido se inscriben los principios proclamados en materia de armas nucleares y las declaraciones del premier Sato en 1967, sobre la negativa a vender, exportar o instalar armas japonesas en el exterior.

En estos años Japón se orienta hacia la doctrina de la diplomacia multilateral con activas relaciones en todas direcciones, sin anteponer consideraciones ideológicas o de otro tipo, e incrementando sus vínculos con los países socialistas y del tercer mundo, hasta el punto que el 60% de sus inversiones privadas exteriores se encontraban precisamente en estas últimas regiones. Tal política no implicaba, en el fondo, el abandono de su relación especial con el gobierno estadounidense, sino una actuación con un margen más amplio de maniobra, donde el comercio y los negocios se priorizan a la participación activa en conflictos armados que, por otra parte, podrían generarle problemas de gobernabilidad.

En cuanto a su política de seguridad Japón hace a comienzos de los ´70 y a principios de los ´80. Algunos de los factores directos que aceleran el cambio en 1970 son:

1. Nixon y Kissinger estimulan el período de comienzo de la devolución de Okinawa.

2. La nueva tendencia de la Agencia de Defensa Japonesa dirigida por Nakasone y por Sakata a comienzos de los ´70.

Cuando el Presidente Nixon se encontró con el primer Ministro Sato, en 1969, acordaron que la devolución de Okinawa garantizara no sólo la seguridad de Japón, sino la de todo el este asiático. En esta ocasión, Kissinger subrayó que: “el gobierno EEUU estimuló a Japón a jugar un mayor papel político en Asia y hacer moderados incrementos en su capacidad defensiva, sin ejercer presiones sobre él, para el desarrollo sustancial de sus fuerzas armadas”. (6)

Tanto Nakasone como Sakata jugaron un papel importante como directores generales de la Agencia de Defensa. Nakasone, en la primera edición sobre el Libro Blanco de la Defensa, formalmente titulado “La defensa de Japón”, publicado en octubre de 1970, consideró a qué nivel debía incrementarse el poder ofensivo y en qué medida el presupuesto nacional podía contribuir a la defensa. En este documento se aprecian planteamientos contradictorios, pues mientras que una parte señala con énfasis que Japón no se convertiría en una gran potencia militar, ilustraba al mismo tiempo el ejemplo de varias naciones, que siendo neutrales, estaban fuertemente armadas, y por otra parte hace un enfoque ambiguo en cuanto a la existencia o no de amenazas reales contra la seguridad del país.

Sakata trabajó de manera muy activa para popularizar los problemas de la defensa japonesa, procediendo, a publicar una segunda edición del Libro Blanco, en 1976, a partir de esta fecha, orientó hacer nuevas ediciones anuales, así como la coordinación de encuentros más frecuentes a escala gubernamental entre ambos países. En consecuencia, se estableció un Forum de pensadores sobre la Defensa Nacional, de los que 12 miembros fueron seleccionados entre hombres personalidades representativas de diferentes sectores. Mientras que Nakasone enfatizaba la importancia de la política de seguridad japonesa relativamente independiente, Sakata señalaba la cooperación con Estados Unidos.

Entre los factores indirectos se encuentran:

1. La crisis del petróleo en 1973.

2. La desconfianza de Japón hacia EEUU como resultado del enfoque de la administración Nixon y la nueva política económica de este.

3. Los cambios operados en la situación mundial a mediados de los años 70, especialmente en Indochina y Afganistán, encausaron a la administración Carter a un reforzamiento del poderío militar para el país y sus aliados.

La crisis petrolera de 1973 ayudó a los círculos de poder nipones a comprender la importancia de la seguridad para favorecer sus intereses económicos. Las acciones llevadas a cabo por el gobierno estadounidense en su política exterior hacia China y en cuanto a su propia economía, hicieron que el gobierno nipón tomara e consideración que no podía depender totalmente de aquellos, para lograr su seguridad económica y política exterior. La derrota norteamericana en Viet Nam, además de la incidencia política-económica y militar en la región, marcó tanto a lo interno de la gran potencia como a sus aliados un profundo golpe moral a su estrategia de seguridad. La invasión soviética a Afganistán, en 1979, con el propósito de impedir a toda costa la caída del gobierno aliado a mano de fuerzas antisocialistas y que EEUU viniera en apoyo económico y militar a estos (7). Todos los factores en su conjunto operaron cambios en la situación mundial a mediados de los ´70 e incentivaron a Japón a preocuparse más profundamente por su propia seguridad.

En la década de los 80 ambos países se encaminaron al fortalecimiento de sus relaciones militares. La administración Reagan desarrollo la primera acción clara, aunque debe subrayarse que Japón comenzó a realizar promesas más concretas después del encuentro (8) en 1981 entre Reagan y Suzuki y acuerdan en un comunicado conjunto que Japón debía realizar mayores esfuerzos por incrementar su capacidad defensiva, siendo esta la primera ocasión en la que el primer Ministro Japonés se suscribía a tal condición. Más aún, Suziki plantea en el encuentro con Reagan en el Club Nacional de Prensa, que Japón sería capaz de defender, dentro de los límites constitucionales, tanto su territorio terrestre, marítimo, espacial y áreas circundantes, como las mil millas náuticas de sus mares adyacentes, con acciones concretas a favor de su autodefensa. Sin embargo, es de destacar que aún cuando por todas estas incidencias, el presupuesto de defensa aumentó, al analizar con profundidad los índices reales de este incremento constatamos que apenas alcanzó el 0,9% y es posible comprobar que, en la práctica y en consecuencia con nuestra hipótesis, echando a un viejo refrán “fue más ruido que nueces”.

Con el fin de la guerra fría, en 1989, numerosos factores de las relaciones internacionales se modificaron desapareció virtualmente el peligro de la confrontación nuclear, abriéndose nuevas perspectivas para Japón. De una parte puedo hacer énfasis en el desarrollo del país y potenciar su papel en el espacio económico Asia – Pacífico, de otro logró mayores márgenes de autonomía respecto a los compromisos político – militares con Estados Unidos, aunque no menos importante fue el ascenso a un primer plano de las contradicciones económicas con ese país:

En la agenda, la cuestión de la amenaza soviética, ya no está, pero ello da lugar una mayor agudización de los conflictos económicos con Japón. El primer saldo de la guerra fría en el Pacífico fue un beneficio neto para Japón, porque desapareció la amenaza de guerra nuclear entre EEUU y la ex–URSS y continúa el beneficio económico del bajo presupuesto militar y el acceso al mercado de EEUU. Un segundo saldo consiste en la transformación de la antigua integración política y económica del Pacífico, promovida por EEUU desde la posguerra, en un bloque económico y comercial que cuenta cada vez más con mayores grados de integración- subordinación a los grandes intereses de la zona, y en que la hegemonía estadounidense es desplazada por la japonesa. (9)

La política exterior de Japón se ha basado en dos principios fundamentales: una clara coincidencia de su pertenencia al campo capitalista y una vinculación prioritaria con la región Asia – Pacífico.

Rara vez en la historia un Estado, que no haya sido una potencia militar, se ha convertido en una potencia económica y este es el caso japonés. Con el fin de la guerra fría la aceleración de las tendencias a la globalización, donde se han intensificado los procesos de interdependencia y ha perdido importancia la conquista territorial, los aspectos de la defensa y la seguridad tienden a disociare de lo militar para vincularse cada vez más a lo económico y al control de las tecnologías. Configurando un escenario cualitativamente diferente al que determinó la relación histórica entre ambos países. Y no menos importante resulta que los procesos integracionistas tiendan a configurarse un mundo triádico y en conflicto por la hegemonía, donde el Tratado de Libre Comercio (TLC) y el Foro Asia – Pacífico buscan potenciar a ambos para poder enfrentar la competencia trasnacional.

Aspectos específicos para Estados Unidos de América

No es objeto de esta tesis hacer un análisis de toda la política exterior estadounidense, sino más bien dar aquellas dimensiones que afectan las relaciones con Japón. Esta nación, convertida hoy en la potencia económica y militar más poderosa del planeta, comenzó su ascenso después de su Guerra de Secesión y de la expansión territorial continental, condiciones que hicieron posible que a fines del siglo XIX surgiera como una potencia imperialista capaz de lanzarse a competir en el mundo con las viejas potencias. La Guerra Hispano – Cubano – Norteamericana – al decir de Lenin, es el hito histórico culminante de este proceso.

El siglo XX es testigo de su ascenso sostenido, que ya con la Primera Guerra Mundial asiste al reparto del mundo demandando de las potencias europeas las mayores concesiones posibles. En este sentido se inscribe la Conferencia de Washington, en la que arrebató a Gran Bretaña su hegemonía marítima y también logró la política de “puertos abiertos” en China, aplicada en detrimento de lo que Japón consideraba área de su exclusiva influencia.

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, deviene líder indiscutible del mundo capitalista; su territorio no sufre los efectos de esta conflagración y, por el contrario, sus empresas obtienen jugosas ganancias con los contratos bélicos. Las naciones europeas se endeudan con éstos y pierden áreas de influencia económico – comercial, mientras Estados Unidos queda en una ventajosa posición política. Por otra parte, la moneda norteamericana sustituye a la inglesa como referendo de cambio y el centro financiero internacional se traslada de Londres a Wall Street, quedando entonces en condiciones de elaborar y proyectar una estrategia de política exterior de alcance y efectos mundiales, tendente al restablecimiento de las posiciones del capitalismo, al interior de los países afectados por la contienda y a escala global y en capacidad de ejercer ciertos niveles de hegemonía sola condicionada por la existencia de una potencia socialista: la URSS.

Muchos eran los retos. El descrédito de las elites burguesas de las antiguas potencias fascistas, incluida Japón, el prestigio alcanzado por la URSS en la lucha antifascista, el comienzo de la configuración del campo socialista y el despegue impetuoso de la lucha de liberación nacional en las colonias y países dependientes, elementos todos condicionantes de la política de guerra fría que marcaron el sistema de las relaciones internacionales. Solamente restableciendo las posiciones del sistema capitalista e impidiendo el ascenso de las fuerzas progresistas, podría EE UU erigirse una autentica hegemonía mundial.

Con relación Japón, su política transitó de la percepción de este país como enemigo, a la de subordinado, para más adelante asumirlo como aliado estratégico.

El lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, el 6 y 9 de agosto de 1945, constituye un hito fundamental en la relación bilateral. Este suceso, interpretado de las más diversas maneras, ejerció y aún ejerce un inconmensurable efecto psicológico y político sobre la nación japonesa. El supuesto de que tal acción estaba encaminada a la derrota de los militares japonés, como pretender hacer ver los norteamericanos, queda en un lugar secundario, al medirse los terribles efectos humanos que provocó y continúa provocando ese hecho, originó un fuerte sentimiento pacifista, aún vigente, y una actitud hacia EE UU que buscó y busca redimir al país de dependencias y ataduras.

Terminada la contienda, el territorio japonés quedó ocupado militarmente por EE UU, quienes impusieron una modernización de pretensiones a la manera occidental y el poder político fue puesto en manos de las mismas elites monopolistas, potenciando al Partido Liberal – Democrática (PLD) como continuidad histórica de los dos grandes partidos tradicionales, para actuar ahora como el partido de la burguesía monopolista que busca articular los intereses de todos los grupos con algún poder económico o político.

El respaldo político y la enorme ayuda financiera por EE UU a Japón constituyeron elementos de suma importancia dentro del proceso de restablecimiento posbélico y del “milagro económico” La política exterior japonesa quedó también condicionada a los requerimientos estratégicos de aquellos en los límites de la “guerra fría” y el establecimiento de bases militares norteamericanas en su territorio.

Con el fin de la guerra fría, y aún antes, se hizo evidente que EE UU no podía garantizar totalmente la seguridad de sus aliados, especialmente en el campo económico, elemento condicionante de posible distanciamiento entre ambos países.

NOTAS

1. Hazleton, Williams A. “Los procesos de decisión y las políticas exteriores”. En Mandred Wilhelmy (Compilador). La Formación de la política exterior. Los países desarrollados y América Latina. Ed. GEL, Buenos Aires, 1978 p. 16

2. Nakamua, Takafusa. El desarrollo económico del Japón moderno. Ed. Ministerio de Relaciones Exteriores del Japón, España, 1985. p. 54

3. Zischka, Antón. El Japón sobre el mundo. Ed. Claridad, Buenos aires, 1938. p. 90

4. Nakamura, Takafusa. Ob. Cit. P. 84

5. López Villafane, Victor. La nueva era del capitalismo: Japón y Estados Unidos en la Cuenca del Pacífico, 1945 – 2000. Ed. Siglo XXI, 1987, p. 145

6. Kissinger, Henry. White House Year. Ed. Little Brown, New York, 1979. p. 328

7. Vease: Ahmad, Eqbal, Richard J. Barnet. “Afganistán tribus y superpotencias”. En Revista: Papales para la Paz. Madrid. (34:8, 89.

8. Michitoshi, Takabatake. “Comunicado Conjunto del primer ministro Suzuki y el presidente Reagan”. En: Política y Pensamiento Político en Japón, 1926 – 1982. Ed. El Colegio de México, 1987. p. 491.

9. López Villafane, Victor. Ob. Cit. P. 197


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:

Carmona Ramos, U. :  “Aproximación metodológica para el análisis de los vínculos bilaterales Nipo-estadounidenses en la década del 80 del siglo XX" en Observatorio de la Economía y la Sociedad del Japón, mayo 2008. Texto completo en http://www.eumed.net/rev/japon/

 

 

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