Furio Semerari (Coord.,), Metropolitania. Aspetti e forme di vita della città postmoderna, Edizioni Ghibli, Milano, 2011, 392 págs.

Guillermo Hierrezuelo Conde

 

Resumen: Furio Semerari reseña en el Preámbulo del libro que ha coordinado, que el término que mejor califica a la ciudad postmoderna es el de "inhabitable". La metrópolis se presenta como un lugar de contaminación atmosférica, acústica y luminosa, pero también donde se desarrollan relaciones interpersonales y sociales. Michele Andrisani escribe sobre la ciudad estética y desterritorializada. La metrópolis moderna se ha convertido en una ciudad laberinto, en una ciudad plural y acéfala donde se unen elementos heterogéneos. La ciudad ha perdido su connotación de territorialidad, elemento que la identifica, y esta ciudad postmoderna se ha construido una nueva imagen de sí misma que necesita inventarse. Palma Di Gioia y Giuseppe Quarto analizan las distintas formas de agruparse en la ciudad moderna. Los medios de transporte son instrumentos irrenunciables en las modernas ciudades para toda la colectividad. Además, la postmodernidad en la ciudad ha fomentado la individualización, limitando la esfera pública. Monica Gigante analiza el compromiso civil del ciudadano de estas ciudades postmodernas. La fase del individualismo habría sido el germen de una nueva forma de capitalismo en el Estado moderno, que habría creado el "homo oeconomicus". Monica Gigante considera que para construir una comunidad humana universal y exclusiva serían necesarios dos elementos necesariamente: el ideal y el sentido de responsabilidad. Alberto Altamura ha disertado sobre el gobierno del territorio y el conflicto en la ciudad contemporánea. El autor parte de la idea de que la ciudad se puede presentar de muchas formas: la "megaciudad", la "tecnópolis", e incluso la "ciudad de tránsito", entre otras. En realidad, la metrópolis contemporánea es un reflejo de la singularidad multitudinaria y los sujetos sociales que componen la misma. Felicia L. Ferrigni escribe sobre los espacios urbanos en la era digital. El manejo de internet y, en concreto, las redes sociales y el correo electrónico, han facilitado la circulación de la información, creando la ciudad digital (city network). Esta realidad social ha permitido llegar a todos los ciudadanos y acercar más la democracia a todos. Otro aspecto que ha tratado Gabriella Falcicchio es la relación de la ciudad con los niños y los animales. En la ciudad postmoderna la periferia ha dejado de ser un lugar físico fácilmente identificable, aunque continúa presentándose como un lugar simbólico. La equiparación del niño al animal implica una degradación de las condiciones infantiles. Aunque las guarderías favorecían la socialización de los menores en edad escolar, debían ser costeadas por los padres. La política ambiental en la metrópolis es una de las cuestiones más importantes, que ha sido debatida por Andrea Russo, que llega a calificarla de "catástrofe ambiental" más que "crisis ambiental", hasta el punto que haría inhabitable la propia metrópolis. Por ello el gobierno debería intervenir en la construcción de la ciudad, para evitar llegar a una situación caótica. Tiziana Portoghese escribe sobre el silencio en la metrópolis. La clasificación del sonido puede establecerse en función de las características físicas (acústica), según el modo en que se perciban (psico-acústica), según su función y su significado (semiótica o semántica) o según las propias características emocionales o afectivas (estética). Algunos estudios de la Universidad de Pavía realizados en 2006 determinan que la música puede reducir el estrés. Furio Semerari estudia la marginalidad en la periferia de las ciudades y precisa que la ciudad policéntrica resulta ser una utopía. Angela Martiradonna analiza la multiculturalidad de la ciudad, y parte de la consideración de que el extranjero no tiene la consideración de ciudadano de la ciudad en la que vive, aunque haya contribuido a su existencia y a su transformación. La directiva europea 78/2000 ha establecido una distinción entre "discriminación directa" e "indirecta". Pero la ciudad postmoderna también genera pobreza, según Palma Di Gioia. Los modelos más representativos son: Nueva York, Tokyo, Londres, Hong Kong, Toronto, Miami y Sydney. En las ciudades se han creado zonas marginales, al tiempo que se ha generado una pobreza absoluta. Roberta Roca ha reflejado la importancia de la fotografía en la ciudad postmoderna. En realidad, las ciudades más fotografiadas han sido las de Nueva York y París, constituyéndose en el caso de la primera de ellas el icono de los rascacielos. Discipio se refiere a la ciudad en la noche, ya que la ciudad no duerme totalmente, sino que vive, actúa, se mueve, aunque más lentamente. Por ello, su autor llega a manifestar que «la ciudad vivirá o morirá en base a la colectividad». De hecho, en una parte del planeta la noche domina durante seis meses al año ese territorio, como ocurre en algunos países nórdicos.

Palabras clave: Metrópolis, Ciudad postmoderna, Segunda mitad siglo XX, Nueva York, París, Londres, Toronto.

   En el Preámbulo (pp. 11-19), Furio Semerari señala que el término que mejor califica a la ciudad postmoderna es el de "inhabitable". Sin duda, existe una asociación entre ciudad e Historia, máxime cuando la ciudad postmoderna atrae por la posibilidad de las relaciones humanas, de bienestar, etc., que se pueden crear en la misma (pp. 11-12). Semerari califica a la metrópolis como un lugar de contaminación atmosférica, acústica y luminosa, pero también de relaciones interpersonales y sociales para el desarrollo donde se ha excedido en la construcción y donde se ha producido el caos arquitectónico. Además, la ciudad se presenta como un lugar donde reina la inseguridad, pero también donde se plantean además discusiones públicas relativas a cuestiones de interés común.
Michele Andrisani (pp. 23-42) escribe sobre la ciudad estética y desterritorializada. En efecto, la ciudad postmoderna es el reflejo de una sociedad del exceso, de una proliferación ilimitada de materiales que se encuentran en todos los ámbitos de la realidad, y donde se ha producido una saturación. La metrópolis moderna se ha convertido en una ciudad laberinto, en una ciudad plural y acéfala donde se unen elementos heterogéneos. Si en el mundo antiguo la ciudad se presentaba como el emblema del orden y de la forma frente al caos natural, en la modernidad la dimensión del laberinto y del desorden en todo momento están presentes en el espacio urbano metropolitano. El hombre postmoderno se caracteriza por ser consumista y antiestético, ya que el aspecto más significativo de la ciudad postmoderna es el consumo compulsivo. En efecto, la ciudad pierde su connotación de territorialidad, que se presenta como el elemento que la identifica, su propia alma, su identidad. Pero el espacio de la ciudad actual se configura como un espacio mediático, artificial, fundamentado en la necesidad estructural de producir sucesos, eventos, noticias y cambios. En realidad, la ciudad postmoderna necesitaría inventarse y construir una nueva imagen de sí misma.
   Palma Di Gioia y Giuseppe Quarto describen las distintas formas de agruparse en la ciudad moderna (pp. 45-70). Desde sus orígenes, la ciudad ha presentado una gran complejidad motivada, entre otros factores, por la fluidez de las relaciones internas. En la misma, ha existido una combinación de expresión y de represión, de tensión y de colaboración (p. 46). En esos primeros momentos, la ciudad se presentaba como multitudinaria, diversa y con una tensión constante. El espacio físico de la ciudad ha sufrido a lo largo del tiempo numerosas y sustanciales transformaciones, en relación con el poder del gobernante, en la economía y en la expansión geográfica. En las modernas ciudades los medios de transporte representan un elemento fundamental, ya que son instrumentos irrenunciables e imprescindibles para la colectividad. Sin embargo, en la postmodernidad la ciudad ha fomentado la individualización, limitando la esfera pública.
Monica Gigante escribe sobre el compromiso civil del ciudadano de estas ciudades postmodernas (pp. 73-95). En esta tipología de ciudades la ciencia se presentaba como la única divinidad, que no admitía forma alguna de pluralismo; además, la matemática se convertía en el lenguaje universal de todas las naciones. La fase del individualismo habría sido el germen de una nueva forma de capitalismo en el Estado moderno, que habría creado el "homo oeconomicus". Lo privado llega a invadir lo público, de forma que el narcisismo del hombre posmoderno llegaría a monopolizar el debate público. Monica Gigante considera que para construir una comunidad humana universal y exclusiva serían necesarios dos elementos necesariamente: el ideal y el sentido de responsabilidad, refiriéndose este último a los derechos, deberes, tareas y posibilidades.
    El gobierno del territorio y el conflicto en la ciudad contemporánea han sido analizados por Alberto Altamura (pp. 97-124). Afirmar la metamorfosis del espacio-tiempo significaría reconocer que la ciudad se puede construir de muchos modos (p. 100). En la actual fase de globalización, la ciudad ocuparía un área equivalente tan sólo al 3% de la superficie terrestre total. En realidad, la ciudad se puede presentar de muchas formas: la "megaciudad", la "tecnópolis", la "ciudad de tránsito", entre otras. El conflicto urbano se ha considerado, más que como una crítica del sistema de producción capitalista, como expresión de una reivindicación de espacios para gestionar autónomamente. La metrópolis contemporánea representa la singularidad multitudinaria y los sujetos sociales que componen la misma.
   Felicia L. Ferrigni escribe sobre los espacios urbanos en la era digital (pp. 127-152). La creciente complejidad de las transformaciones del sistema socio-económico y de la política ha quedado patente en la realidad urbana. En las ciudades se ha establecido un espacio basado en los flujos, ya sean financieros, tecnológicos, informativos, etc., y al mismo tiempo ha surgido la cuestión de las formas de gobierno y el diseño de la geometría de estas nuevas urbes. De esta forma, a las nuevas metrópolis se le suman nuevas dimensiones como la electrónica y la física. Los nuevos retos digitales presuponen una cooperación entre los distintos centros, infraestructuras y mercados y podrían potenciar los espacios electrónicos públicos, aunque también privados, superando los límites institucionales. El uso de internet, principalmente de las redes sociales y del correo electrónico, ha contribuido a la creación de un espacio colaborativo on line que haga eficaz la circulación de la información. La ciudad digital (city network) pretende introducir importantes cambios de la información a través del acceso telemático como internet gratuito. El uso de los instrumentos informáticos ha permitido llegar a todos los ciudadanos y acercar más la democracia a todos.
    La relación de la ciudad con los niños y los animales ha sido tratada por Gabriella Falcicchio (pp. 155-187). El ser humano ha sido reconocido como el "animal cultural por excelencia". La complejidad de las relaciones existentes en la ciudad hace más difícil su análisis. Por otro lado, los gatos y perros no esterilizados podían contagiar enfermedades. En la ciudad postmoderna es difícil distinguir entre centro y periferia, ya que la periferia dejaba de ser un lugar físico fácilmente identificable, aunque continuaba presentándose como un lugar simbólico. Rosa Luxemburgo (1871-1919), la gran revolucionaria polaca, apuntaba la parábola entre el búfalo apaleado y un niño, ya que en las ciudades los niños eran tratados como animales. De hecho, en el lenguaje cotidiano se utiliza el término "animal" peyorativamente. De forma que tratar al niño como al animal hace pensar en la degradación de las condiciones infantiles. En efecto, tanto los niños como los animales tenían el estatus de inmaduros. Estos niños en edad preescolar debían estar en guarderías, costeadas por los padres, favoreciendo al mismo tiempo la socialización de los mismos.
    La política ambiental en la metrópolis es una de las cuestiones más importantes, que ha sido debatida por Andrea Russo (pp. 191-211). Desde el 700 y 800, el género humano ha intentado construir y mantener el hábitat metropolitano en la medida en que el ambiente ha constituido un elemento fundamental de relevancia estratégica. De esta forma, para la construcción tanto de un ambiente natural como artificial era necesaria una intervención del gobierno. Andrea Russo habla de "catástrofe ambiental" más que "crisis ambiental", hasta el punto que haría inhabitable la propia metrópolis.
    Tiziana Portoghese escribe sobre el silencio en la metrópolis (pp. 215-250). La revolución industrial provocó un cambio absoluto en la ciudad, modificando el ritmo noche-día y la propia superación de la máquina sobre el hombre. Además, la revolución eléctrica ha impuesto el ruido permanente en la misma ciudad. El sonido se puede clasificar según las características físicas (acústica), según el modo en que se perciban (psico-acústica), según su función y su significado (semiótica o semántica) o según las propias características emocionales o afectivas (estética) (p. 221). Pero el ruido también ha sido utilizado como arma de guerra, ya que recientemente el ejército americano se ha aprovechado del ruido como forma de tortura de los prisioneros. El 90% de la población europea está soportando el ruido del tráfico y el 1'7% del tráfico ferroviario y el 1% del aéreo; además, entre 1996 y 2010 se ha incrementado el volumen del gráfico de mercancías y el aumento del tráfico aéreo en un 180%. Existen estudios de la Universidad de Pavía en 2006 que determinan que la música puede reducir el estrés. Además, la sensibilización por el ambiente debería iniciarse en la escuela primaria, y fomentarse con la escritura y la lectura.
    Furio Semerari estudia la marginalidad en la periferia de las ciudades (pp. 253-283). A partir de los años 50-60 del pasado siglo XX, la ciudad y, sobre todo, la metrópolis llegaron a convertirse en el centro de estilo consumista. En Italia, en los años 80, Pier Paolo Pasolini había utilizado el término "mutación antropológica" para referirse a la difusión totalitaria de la ideología consumista. Semerari considera que «la periferia en sentido espacial puede considerase el centro en sentido social, el centro en sentido espacial puede ser periferia en sentido social» (p. 260). Pero al mismo tiempo considera que la ciudad policéntrica es una utopía (p. 261). Por supuesto, la periferia presenta condiciones de abandono y de degradación social y ambiental, que hay que combatir de forma urgente. Esta degradación de los espacios hace necesaria la demolición selectiva de los edificios.
    Angela Martiradonna analiza la multiculturalidad de la ciudad (pp. 287-300). El extranjero no tiene la consideración de ciudadano de la ciudad en la que vive, aunque haya contribuido a su existencia y a su transformación, pero sin participar en las decisiones que se adoptasen en la misma. Es un espacio al que no pertenece y que tiene intención de abandonar lo antes posible. La ciudad hospeda al extranjero, pero éste sólo vive en un espacio reducido, no ocupando todo el espacio de la ciudad. En muchas ciudades italianas los extranjeros no habitan en la periferia, ya que es un espacio reservado a la actividad popular. La directiva europea 78/2000 ha establecido una definición precisa de "discriminación" distinguiendo entre "discriminación directa" e "indirecta" (p. 293). La discriminación y el racismo son el resultado de la mediocridad y de la banalidad, que encuentra su fundamento en la propia globalización que pretende eliminar la especificidad y la diversidad, regulando la homogeneidad.
    Pero la ciudad postmoderna también genera pobreza, según Palma Di Gioia (pp. 301-324). Las megápolis globales más importantes son, entre otras, Nueva York, Tokyo, Londres, Hong Kong, Toronto, Miami y Sydney. En todos estos casos la organización de las mismas no se encuentra adaptada a los vecinos que la habitan. La ciudad postmoderna se ha convertido en centro de la industria de servicios. Las capitales de los países en vías de desarrollo, con elevadísima densidad de población, como Río de Janeiro o Estambul, han establecido un sistema de apropiación abusivo de la tierra (p. 306). En las ciudades se han creado zonas marginales, al tiempo que se ha generado una pobreza absoluta. En el contexto urbano se ha creado una visión competitiva, que ha generado un entorno hostil y con grandes diferencias entre ricos y pobres.
    Roberta Roca ha recogido la importancia de la fotografía en la ciudad postmoderna (pp. 327-344). Las ciudades más fotografiadas han sido las de Nueva York y París. En concreto, en esta última ciudad las imágenes fotográficas, a finales de los años ochenta, representaban principalmente los boulevards y sus iglesias. Gran parte de la fotografía urbana de los años ochenta revelaba un sentido fuertemente fragmentado de la percepción del espacio que le rodeaba. Por otro lado, Nueva York se ha concebido como el icono mismo de los rascacielos, de las líneas verticales que se levantaban sobre el cielo, convirtiéndose en todo un símbolo. De hecho, Joel Meyerowitz fue un representante fuertemente ligado a la fotografía de finales de los años sesenta, y que impartió el primer curso de fotografía a color en la prestigiosa Cooper Union de Nueva York. Por otro lado, el planteamiento intelectual de un grupo de fotógrafos italianos de los años ochenta era totalmente distinto, ya que utilizaban sus armas de trabajo para denunciar una situación existencial de nuestro tiempo. Además, hay que tener muy presente que el espacio no se presenta como caótico, sino marginal, y que el tiempo no es instantáneo sino desacelerado.
    En la última colaboración, Domenica Discipio se refiere a la ciudad en la noche (pp. 347-387). En efecto, durante la noche, la ciudad no duerme totalmente, sino que vive, actúa, se mueve, aunque más lentamente. Aunque el hombre no está adaptado para la noche, en la ciudad durante las horas vespertinas trabajan miles de obreros. El hombre ha construido su ciudad y ha de vivir adaptándose a ella. Discipio llega a manifestar que «la ciudad vivirá o morirá en base a la colectividad» (p. 348). Además, hay que tener en cuenta que en una parte del planeta la noche domina durante seis meses al año ese territorio, como ocurre en algunos países nórdicos. De hecho, el tiempo atmosférico determina el modo de ser del hombre nórdico, que tiene un modo peculiar de vivir y de construir. Domenica Discipio considera que la ciudad postmoderna manifiesta una tendencia masoquista a la autodestrucción (p. 355).
   Furio Semerari ha coordinado esta obra colectiva, y cuenta en su haber con numerosas publicaciones, entre las que caben destacar las siguientes La fine della virtu: Gracian, La Rochefoucauld, La Bruyere (1993) y Il gioco dei limiti: L'idea di esistenza in Nietzsche (1993). [Recibida el 20 de octubre de 2013].


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