Paolo Becchi y Lorenzo Scillitani, coords., Fiducia e sicurezza. Un confronto pluridisciplinare, Rubbettino Editore, Bari, 2012, 359 págs.

Guillermo Hierrezuelo Conde



Resumen: Esta obra colectiva analiza distintos aspectos de la confianza y desde distintas perspectivas. Niklas Luhmann ha planteado el análisis de esta institución desde la familiaridad, la confianza y la seguridad. Sin embargo, considera que, para recuperar la confianza, hay que acudir a otras instituciones como las relaciones de amistad o las relaciones de clientela. Además, hay que evitar confundir familiaridad y confianza, ya que mientras la primera debe crearse en las relaciones humanas de confianza, la segunda debe conseguirse en el seno de un mundo familiar. Otro problema que se plantea hoy día es que existe una confusión entre lo familiar y lo no familiar. Alessandro Baratta se refiere a la distinción entre el Derecho a la seguridad y la seguridad de los derechos. Este autor analiza los dos posibles modelos: el modelo dominante en Europa y el de los Estados Unidos, aunque ilegítimo, sería aquel modelo represivo que tiende a la política de prevención y de seguridad, mientras que el segundo es el modelo legítimo, orientado a la prevención y seguridad, pero dentro de una política integral de protección y de realización de los derechos. Por otro lado, señala que en Europa sería impensable hoy en día una gestión comercial de las instituciones penitenciarias como la que existe en otros países como Estados Unidos de América. Salvatore Abbruzzese estudia el conflicto y la confianza en las instituciones. Al referirse al conflicto surge de forma inmediata la dimensión religiosa. De hecho, el autor considera que se está asistiendo a un estancamiento de la esfera política en favor de la religiosa, humanitaria y educativa. Abbruzzese considera que en Italia la Iglesia es la institución que goza de mayor confianza respecto a las demás instituciones. Salvatore Amato se ocupa de la vigilancia de los ciudadanos y el Derecho a la libertad de los ciudadanos. Considera que los nuevos desarrollos tecnológicos en la biometría y la neurociencia han propiciado que se planteen numerosos interrogantes. Además, hay que establecer mecanismos administrativos y judiciales para corregir los eventuales abusos. Rosangela Barcaro y Paolo Becchi se centran en analizar la confianza en la relación entre médico y paciente. En esta relación se plantean numerosos conflictos éticos. El médico tiene la obligación profesional de establecer una relación de confianza, secreto, información personal y de reserva con el cliente que a la vez es paciente. Hay cuatro principios éticos en la práctica médica: la autonomía, la beneficencia, la bondad y la justicia. A Raffaele De Giorgi le preocupa la confianza en la propia confianza y el grado de incertidumbre que pueda darse o generarse. La confianza en la propia confianza es un mecanismo reflexivo, y una forma de asegurar, de certeza subjetiva, que pretende controlar la posible imprevisibilidad en la comunicación social. En consecuencia, no se puede establecer una identificación entre confianza y poder. Pero la confianza en la propia confianza no es una confianza mejor, sino que es una confianza referida a sí misma. Es una confianza en la que los presupuestos de la propia confianza funcionan como presupuestos de la continuación de la comunicación social. Bruno Del Vecchio se centra en el tema de los abusos sexuales a menores, en la medida en que suponen una violación de la confianza. En concreto, analiza ese tema cuando el autor es un sacerdote. Hay que tener en cuenta que el Derecho canónico contiene normas de Derecho penal que son aplicables no sólo a las personas consagradas (sacerdotes, religiosos, etc.), sino también a los fieles laicos. Pasquale Ferrara trata el tema de la democracia y el «gobierno del terror». Este problema se agravó con los atentados del 11 de septiembre de 2001, y supuso un nuevo planteamiento global de la cuestión. Considera Ferrara un error pensar que la estabilización en el norte de África y en Oriente Medio sea la consolidación de la democracia. Por el contrario, considera que la democracia es un riesgo calculado y que no tiene que proporcionar mayor seguridad, ni eliminar la incertidumbre. Guido Gili filosofa sobre la credibilidad, la confianza y el riesgo en las relaciones sociales, así como la forma de asumir la inseguridad. La actual crisis económico-financiera ha creado un espacio de inseguridad en las relaciones sociales, que ha llevado a una crisis de credibilidad-confianza. Considera que una forma de reducir el riesgo intrínseco en las relaciones fiduciarias sería a través de la subjetividad, en cuanto que aumenta la capacidad reflexiva de los sujetos que intervienen en las relaciones fiduciarias. Este problema de la credibilidad ha sido consecuencia de un problema cultural relativo a las motivaciones, los valores y los objetivos de cada agente particular. Giuseppe Mininni se refiere a la palabra y a la retórica psicosocial de la confianza como medio de proteger la existencia humana a través de la verdad y la confianza. En efecto, la palabra es la afirmación intersubjetiva de cualquier confianza. Esta confianza, como forma sana de connivencia, se opone a la indiferencia. Baldassare Pastore escribe sobre la interrelación entre la desconfianza y el comportamiento de confianza. En efecto, ambas instituciones se formulan en condiciones de incertidumbre. Pastore llega a afirmar que «la confianza es un bien público que crece con el uso y que se deteriora con el desuso». Por ello, concluye que es más fácil destruir la confianza que crearla. Vittorio Pelligra reflexiona sobre la reputación, la información y las relaciones interpersonales en la confianza. Para ello considera necesario comprender los mecanismos individuales y sociales que producen y hacen que desaparezca la confianza, facilitando y obstaculizando los comportamientos cooperativos. Además, hay que tener en cuenta las motivaciones psicológicas y morales de los sujetos. Angelo N. M. Recchia-Luciani escribe sobre la relación entre la medicina y las relaciones fiduciarias. En la actualidad, existe una crisis en las relaciones de confianza entre el médico y su paciente, ya que resulta primordial el parámetro de la calidad percibida por el paciente. Quizás un instrumento cognitivo que se pueda utilizar para resolver numerosos interrogantes en esta cuestión sería la metáfora. Gildas Richard nos ofrece un análisis filosófico de la confianza. La misma se presenta como una forma de seguridad inmediata. Simone Sassu hace un planteamiento antropológico-jurídico de la confianza, y la presenta como factor cultural condicionante de otros factores de relevancia jurídica. Las variables económicas y sociales deben asociarse a los fenómenos culturales para poder comprender las relaciones y las normas sociales existentes en una comunidad particular. Pierre Schlag estudia esta institución en su relación con el Derecho, ya que todas las instituciones políticas encuentran su fundamento en la Constitución. La Constitución establece la estructura jerárquica del Estado, e interpreta su organización estructural. Pero esta Constitución debe considerarse como una combinación de un texto o una estructura y una Carta fundacional del Estado. Lorenzo Scillitani se refiere a la reciprocidad sin obligaciones y a la obligación sin reciprocidad, y estudia la relación de la confianza con la donación y el amor. En opinión de Scillitani, sería admisible una reciprocidad sin obligaciones. De hecho, la confianza procede de una obligación incondicionada, es decir, sin reciprocidad. Y esa confianza nos llevaría a otra figura que responde a un impulso, que se llama amor, sin el cual la confianza estaría incompleta. La seguridad y la conflictividad en las relaciones internacionales han sido estudiadas por parte de Emilio Tirone. A partir de la Segunda Guerra mundial, el término Derecho bélico ha sido sustituido por el de Derecho humanitario internacional de los conflictos armados. A las crisis internas de los Estados se ha unido el integrismo islámico, de carácter transnacional, que algunos han calificado como el Tercer conflicto mundial. Barbara Troncarelli plantea varias cuestiones: el riesgo, la seguridad y la confianza en la sociedad de la información. En la actual sociedad, la información ha crecido exponencialmente. Y la principal preocupación que surge es la cuestión de la seguridad, a consecuencia de las emergentes tecnologías. De hecho, la seguridad genera confianza en el ámbito de las relaciones sociales. Patrick Watier se refiere a la confianza y la desconfianza. Desde el punto de vista de la sociología, la confianza permite explicar cómo es posible una sociedad o cómo es posible una asociación. En realidad, las teorías sociales contribuyen a construir el mundo social y no se limita sólo a describirlo.

Palabras clave: Confianza, Seguridad, Derecho, Filosofía, Sociología, Italia.

Niklas Luhmann escribe sobre la familiaridad, la confianza y la seguridad (pp. 9-21). La confianza no ha representado el tema central de la sociología, ni siquiera para los autores modernos. En general, se suele confundir el tema de la confianza o desconfianza en política y suele acabar en las relaciones de liderazgo, o de las instituciones políticas; con la alienación; con la esperanza o con el temor; e incluso, con la solidaridad o participación. Hay que señalar que en la familia y la sociedad surge un lazo de confianza incondicionada que no es extrapolable automáticamente a la sociedad. Por tanto, para reconstruir la confianza son necesarias instituciones sociales específicas: las relaciones de amistad y las relaciones de clientela son claros ejemplos de tal adaptación. Hay que evitar la confusión entre "familiaridad" y "confianza". La confianza debe conseguirse en el seno de un mundo familiar, y en las relaciones familiares del mundo deben crearse relaciones humanas de confianza. En efecto, los símbolos nacieron como sucesores del mito, sustituyéndolos con la interpretación simbólica y más tarde con el símbolo puro. El riesgo es otro elemento de la vida que está presente en la vida cotidiana, pero que no tiene necesariamente un significado cosmológico o religioso. La confianza podría ser posible sólo en una situación en la que el daño eventual pueda ser mayor a la ventaja que se aspira (p. 12). La distinción entre confiar y confianza depende sólo de nuestra capacidad de distinguir entre peligro y riesgo, ya sea remoto o inmediato. Pero no depende de la probabilidad o improbabilidad, sino de la posibilidad de una decepción, dependa o no de nuestro comportamiento precedente. Además, el concepto de familiaridad ha cambiado a lo largo de los siglos con la invención de la escritura (p. 15). A día de hoy, es posible acumular una enorme cantidad de nociones que podrían no ser familiares a un individuo, mientras que para otros sí. Esto podría generar una tensión social creciente, máxime cuando existe una confusión entre lo familiar y lo no familiar, ya que la técnica religiosa de distinguir lo no familiar de lo familiar mediante la simbolización ha perdido su eficacia. Luhmann señala que la falta de confiar y la necesidad de confianza podrían formar un círculo vicioso (p. 17). Un sistema, tanto económico, como legal o político, ha necesitado de confianza como condición inicial. Sin ella no podría estimular la actividad en una situación de incertidumbre o de riesgo, ya que la falta de confianza podría conducir al sentimiento de alienación.
Alessandro Baratta analiza la distinción entre el Derecho a la seguridad y la seguridad de los derechos (pp. 23-37). La seguridad es una necesidad humana y una función general del sistema jurídico. Pero desde una teoría antropológica e histórico-social la necesidad de seguridad es accesoria, es decir, secundaria, respecto a todas las demás necesidades, básicas o reales, que podrían considerarse como primarias. En el sistema jurídico, la necesidad se presentaría en la forma del Derecho. Pero también en este caso la necesidad de seguridad no sería una necesidad primaria, sino accesoria a todas las demás necesidades reconocidas. Desde un punto de vista abstracto, la política de seguridad podría adoptar dos direcciones opuestas: podría estar orientada al modelo del "derecho a la seguridad" o al modelo de la "seguridad de los derechos". El modelo dominante en Europa y en los Estados Unidos sería el primero de ellos; pero el segundo de los modelos es una opción legítima y posible, aunque improbable. Una política integral de la protección de todos los derechos humanos y fundamentales sería un modelo posible, aunque improbable, alternativo al que existe (p. 25). Habría dos posibles modelos: el primero de ellos, ilegítimo, sería aquel modelo represivo que tiende a la política de prevención y de seguridad hoy dominante en Europa y en los Estados Unidos, mientras que el segundo es el modelo legítimo, que tiende a la prevención y seguridad pero dentro de una política integral de protección y de realización de los derechos. También hay que distinguir entre un gobierno tecnocrático y un autogobierno democrático del bien de seguridad, que se fundamenta en la distinción entre una concepción privada y una concepción pública de este bien. La política criminal, en el primer caso, se corresponde con el modelo neoliberal radical de la economía y de la política. Por otro lado, en Europa sería impensable una gestión comercial de las instituciones penitenciarias como la que existe en Estados Unidos y además con frutos positivos (p. 31).
Salvatore Abbruzzese se refiere al rechazo del conflicto y a la confianza en las instituciones (pp. 39-56). La dimensión religiosa en la sociedad contemporánea ha sido objeto de conflicto, y en particular, la teoría de la secularización o laicidad. Abbruzzese considera que se está asistiendo a un estancamiento de la esfera política en favor de la religiosa, humanitaria y educativa (p. 43). De hecho, se puede observar una correlación directa entre la práctica religiosa y la participación asociativa tanto en grupos religiosos o eclesiales, como en cuanto a organizaciones humanitarias o caritativas. También hay que señalar que la valoración de los practicantes en Italia varía respecto a los no practicantes. De hecho, entre los practicantes existe una visión menos pesimista. A modo de conclusión, señala Salvatore que la Iglesia católica goza de mayor confianza en Italia que las demás instituciones públicas. Es cierto que Italia se caracteriza por ser un país de elevada sensibilidad religiosa con una fuerte tradición católica.
Salvatore Amato hace un estudio de la vigilancia de los ciudadanos y el Derecho a la libertad de los ciudadanos (pp. 57-70). Es innegable que existe una estrecha relación entre la libertad y la seguridad. Montesquieu formuló perfectamente el enunciado del concepto de la libertad política como unido a la base de nuestro Estado de Derecho. Los nuevos desarrollos tecnológicos acaecidos en la biometría y la neurociencia han planteado numerosos interrogantes sobre las cuestiones planteadas. Se puede reforzar la privacidad, garantizando en ciertas circunstancias y en ciertas condiciones una mayor tutela a través del reconocimiento de un derecho al anonimato de los datos. De esta forma, se pueden establecer mecanismos administrativos y judiciales para corregir los eventuales abusos. La confianza implica tener confianza en otro, y ofrecer una parte de la vida propia. De este modo, una sociedad democrática puede construir un modelo siempre más amplio y complejo de solidaridad entre extraños, estableciendo un equilibrio natural. Por otro lado, la confianza absoluta en la posibilidad de dominar el mundo generaría una desconfianza institucional.
Rosangela Barcaro y Paolo Becchi estudian la confianza en la relación entre médico y paciente (pp. 71-108). La confianza aparece ante todo en el debate político-institucional y económico-financiero. Pero pueden aparecer situaciones de conflicto entre la ética profesional del médico y algunos pacientes decididos a terminar con su vida. Tanto el abogado como el médico, tienen la obligación profesional de prestar una relación de confianza, secreto, información personal y de reserva que el cliente y paciente tiene. La confianza no se reduce únicamente al ámbito de la aplicación de la disciplina sobre el conflicto de intereses, sino que debe relacionarse con el principio deontológico de la profesión. Los autores consideran que se ha producido una "despersonalización" de las relaciones médico-paciente. Pero la relación entre médico y paciente ha sufrido una profunda transformación en el curso de los últimos cincuenta años. En particular, en los países occidentales, el reconocimiento del derecho del enfermo ha atribuido una mayor autonomía del enfermo en el ámbito sanitario. Hay que tener en cuenta que hay cuatro principios éticos en la práctica médica: la autonomía, la beneficencia, la bondad y la justicia; mientras que de la aplicación de la norma se derivan los siguientes principios: la verdad, el respeto de la privacidad, la discreción y la fidelidad. Los estudiosos llaman "paternalismo moderado" a la obligación moral de los médicos de defender los mejores intereses de los pacientes. Pero no se puede pasar del paternalismo del médico a la voluntad absoluta del paciente, sino que por el contrario la citada relación debe ser pensada en el respeto recíproco de ambos actores. Pero la confianza del paciente se encuentra objetivamente traicionada cuando el médico se preocupa más de obtener temas indispensables para su investigación más que de su salud. Es evidente que en este caso el paciente sería tratado más como un instrumento del médico, ya que queda en un segundo plano la recuperación de su salud, cuando el único objetivo es la experimentación clínica. Pero en caso de que el paciente sea intervenido sobre su propio cuerpo es necesaria su previa aprobación. Además, la confianza se vería comprometida si en la relación médico-paciente el enfermo confiase ciegamente en el médico.
Raffaele De Giorgi escribe sobre la confianza en la propia confianza y el grado de incertidumbre en esta cuestión (pp. 109-120). Comienza manifestando que en el Príncipe se puede tener confianza en la medida en que su poder se presenta como manifestación del poder divino. El término confianza es un término de origen hebreo que aparece en la Biblia y se refiere a la idea de la estabilidad, pero este término también hace referencia a la protección. En esta colaboración su autor estudia la confianza en la propia confianza como un mecanismo reflexivo, y como una forma de asegurar, de certeza subjetiva, con tendencia a reducir y controlar la posible imprevisibilidad en la comunicación social (p. 110). En realidad, la confianza en Dios no sería una confianza en el poder, sino en el poder divino, aunque no en el poder soberano. En consecuencia, no podemos identificar confianza y poder. La confianza en Dios no emana de una renuncia, sino de la conciencia y de un proceso cognitivo. En el ámbito del poder, la confianza implica obediencia, pero también racionalidad, y siempre supone un rechazo a la violencia. El concepto moderno de confianza tiene en cuenta el riesgo, en la medida en que la confianza moderna trasfiere el riesgo a los propios aspectos. Este riesgo implica un cierto grado de incertidumbre. A los específicos problemas del riesgo, la confianza pretende ofrecer una solución (p. 117). Pero la confianza en la propia confianza no es una confianza mejor, sino que es una confianza referida a sí misma. Es una confianza en la que los presupuestos de la propia confianza funcionan como presupuestos de la continuación de la comunicación social.
Bruno Del Vecchio analiza los delitos de abusos sexuales a menores como una violación de la confianza (pp. 121-131). En las sociedades occidentales existe una mayor sensibilidad afectiva y cultural respecto a los niños y adolescentes, mostrando un fuerte rechazo social a crímenes como la pedofilia, sobre todo cuando el autor es un sacerdote o un pastor protestante. De hecho, la Iglesia católica es hoy día la institución que en Italia tiene mayor confianza, en relación a otras instituciones. Y ello se aplica también a los demás países europeos. La Congregación para la Doctrina de la Fe ha calificado como crimen pessimum estos delitos. El Derecho canónico recoge una serie de normas de Derecho penal aplicables a las personas consagradas (sacerdotes, religiosos, etc.), así como a los fieles laicos. Pero para infringir una pena, generalmente debe celebrarse un proceso. El Derecho, aunque sea el canónico, impone comportamientos, sanciones a las violaciones, y con su constante aplicación crea mentalidad y modelos a seguir. El ordenamiento canónico impone a los eclesiásticos (y, en teoría a todos los bautizados) a guardar silencio sobre los abusos sexuales cometidos en el interior de los propios muros. Pero la obligación de denunciarlos a la autoridad civil no contraviene el ordenamiento canónico.
Pasquale Ferrara trata el tema de la democracia, el "gobierno del terror" y la transición árabe-israelí (pp. 133-138). La situación política generada a partir del holocausto creó una sensación de terror e inseguridad en la sociedad avanzada. Esta situación alcanzó su máximo exponente con los atentados del 11 de septiembre de 2001. A esta situación de enfrentamiento se le sumaría el calentamiento global que supone un auténtico peligro para la supervivencia del medio ambiente existente. Por tanto, el planeta está sometido a decenas de peligros. Esta situación ha implantado en la sociedad actual lo que Ferrara denomina "gobierno del terror" o "cosmoterror". Pero este gobierno del terror no se puede eliminar solamente con un universalismo democrático, una "pandemocracia", que limite o suprima las reacciones radicales o violentas. De hecho, en el norte de África y en Oriente medio han surgido unas nuevas y frágiles democracias emergentes, que han cambiado profundamente la región. La crisis del norte de África en realidad ha supuesto una crisis estructural de los sistemas políticos europeos. El "gobierno del terror" impuesto en esos países representa una nueva forma de participación política desnaturalizada, que en realidad tiene limitaciones a cualquier crítica y propuesta. La sociedad del "cosmoterror" es una sociedad de la confianza generalizada. En particular, la tesis que identifica el fundamentalismo o integrismo de carácter religioso o antioccidental es un claro ejemplo de "radicalismo islámico" o de "jihadismo militante". Pero estas expresiones son impropias. Considera Ferrara un error pensar que la estabilización en el norte de África y en Oriente Medio sea la consolidación de la democracia; por el contrario, precisa que la democracia es un riesgo calculado (p. 138). En efecto, supone un error pensar que la transformación institucional en democracia pueda proporcionar mayor "seguridad" y eliminar la incertidumbre.
Guido Gili estudia la credibilidad, la confianza y el riesgo en las relaciones sociales, así como la forma de asumir la inseguridad (pp. 139-156). El binomio credibilidad-confianza indica la posibilidad de creer y de ser creído. La credibilidad es un "riesgo" y una "promesa". La relación de credibilidad-confianza está sometida a la condición de depender de la diferencia psicológica-individual. La crisis económico-financiera (aunque también social y política) de los últimos años ha creado un espacio de inseguridad en las relaciones sociales, que se ha manifestado en una crisis de credibilidad-confianza. El concepto de riesgo resulta un elemento fundamental en la interpretación de la condición humana en la sociedad actual. En las relaciones del grupo primario o comunitario, la credibilidad-confianza se fundamenta esencialmente sobre relaciones interpersonales consolidadas. El problema hoy es la credibilidad de personas extrañas, anónimas, de las cuales sabemos poco o nada. De esta forma, se crea una situación permanente de credibilidad "condicionada" y de suspensión de la confianza. Las relaciones credibilidad-confianza tienen ciertos límites: la reputación (credibilidad probada y basada en su historia personal), la reducción calculada del riesgo, el recurso a las opiniones de los expertos y a certificados de la credibilidad, y la autorregulación como garantía del pacto comunicativo (pp. 142-148). Un elemento fundamental en las relaciones fiduciarias es la subjetividad, en cuanto que la confianza internacional se refiere siempre a la credibilidad personal y a las intenciones y motivaciones de los individuos. Gili considera que una forma de reducir el riesgo intrínseco en las relaciones fiduciarias sería a través de la subjetividad, en cuanto que aumenta la capacidad reflexiva de los sujetos que intervienen en las relaciones fiduciarias. Al mismo tiempo, considera que el problema de la confianza y de la crisis de la confianza en nuestra sociedad no es un problema que pueda simplificarse a la reducida capacidad de funcionamiento de los sistemas sociales, sino a un "problema cultural" relativo a las motivaciones, los valores y los objetivos de cada agente particular (p. 150).
Giuseppe Mininni estudia la palabra y la retórica psicosocial de la confianza (pp. 157-174). En efecto, la palabra pretende proteger la existencia humana del riesgo de su desaparición basándose en la "verdad" y en la "confianza". La palabra es la afirmación intersubjetiva de cualquier confianza. Además, no existe suficiente acuerdo sobre qué deba entenderse por confianza, desde el momento en que existen distintos modos de interpretar cuál sería el núcleo conceptual más consolidado sobre la base de las diversas fases evolutivas de los vínculos entre las personas. A través de la palabra se consigue ser escuchado. De esta forma, las personas y las organizaciones reconocen a la confianza un alto poder activador de vínculos, puesto que este proceso psicológico se fundamenta en la palabra. Pero señala Mininni que la confianza, como forma sana de connivencia, se opone a la indiferencia.
El comportamiento de confianza y la desconfianza son instituciones que están relacionadas según Baldassare Pastore (pp. 175-195). En efecto, la confianza y la desconfianza son instituciones que se formulan en condiciones de incertidumbre. En ambas existen aspectos cognitivos y emocionales intrínsecos que varían en grado de intensidad. Desde el punto de vista cognitivo, ambas instituciones se encuentran en una zona intermedia entre la total ignorancia y la completa consciencia. Tales aspectos intervendrían sobre la incertidumbre y la sustituirían con una forma de certeza "interna". Confianza y desconfianza representarían tipos de relaciones sociales que se desarrollan en un contexto de interacción que influyen en las estructuras de carácter psíquico y social. Confianza significa confiar en la fiabilidad de una persona o de un sistema (organizaciones, reglas sociales o instituciones) en relación a determinados resultados o eventos. Una de las limitaciones de la confianza es que el ser humano se caracteriza por las limitaciones cognitivas que hacen que no se pueda conocer con anticipación la reacción de los demás. Por este motivo, B. Pastore llega a afirmar que «la confianza es un bien público que crece con el uso y que se deteriora con el desuso» (p. 177). Por tanto, es más fácil destruir la confianza que crearla. El aumento de la complejidad social conduce a una generalización de la confianza, que se extiende de los ámbitos interpersonales al sistema y a las instituciones. El Estado de Derecho ha considerado la necesidad de vigilancia para que se vuelvan a restablecer los criterios de confianza establecidos a los ciudadanos.
Vittorio Pelligra hace algunas reflexiones sobre la reputación, la información y las relaciones interpersonales en la confianza (pp. 197-222). Es importante comprender los mecanismos individuales y sociales que producen y hacen que desaparezca la confianza, facilitando y obstaculizando los comportamientos cooperativos. Analiza el altruismo "familiar" (Kin Altruism) o regla de Hamilton; el altruismo recíproco elaborado por Robert Trivers (1971); la reciprocidad indirecta de Robert Sugden (1986) y el altruismo como señal de calidad. Adam Smith sugirió que la cooperación no es más que el resultado no querido del provecho personal o egoísmo recíproco (p. 208). Por tanto, hay que tener en cuenta las motivaciones psicológicas y morales de los sujetos.
Angelo N. M. Recchia-Luciani estudia la medicina y la confianza en el profesional sanitario (pp. 223-245). En la actualidad, existe una crisis en las relaciones de confianza entre el médico y su paciente, ya que resulta primordial el parámetro de la calidad percibida en la utilización por el paciente. Por ello, hay que tener muy presente la distinción que René Descartes hacía en su dualismo cartesiano entre la res cogitans o realidad psíquica y la res extensa o realidad física. La psicología comparada ha elaborado la capacidad de "construcción conceptual de clases" en diversas especies de simios, en los chimpacés, así como en la especie humana, tanto en la infancia como en la vida adulta. Un instrumento cognitivo que utilizan los humanos, aunque dependiendo de su capacidad oratoria, sería la metáfora (p. 238).
Gildas Richard nos ofrece un análisis filosófico de la confianza, texto que ha sido traducido por Lorenzo Scillitani (pp. 247-257). La confianza se muestra como una forma de seguridad inmediata, presentándose con la apariencia de un saber positivo y cierto. Pero ello no excluye la incertidumbre, que debe ser considerada como subjetiva y objetiva (pp. 248-249). G. Richard llega a afirmar que «la confianza es la mejor relación que podría establecerse con la libertad» ya que a un ser libre se le podría dar confianza. La confianza es el modo de relacionarse con un ser libre en cuanto tal (p. 253). Además, la confianza está considerada como una especie de garantía más o menos incierta en el futuro.
Simone Sassu hace un planteamiento antropológico-jurídico de la confianza (pp. 259-270), y la presenta como factor cultural que condiciona otros factores de relevancia jurídica. Es necesario asociar los fenómenos culturales a las variables económicas y sociales, para poder comprender las relaciones y las normas sociales existentes en una comunidad particular. Además, para intentar comprender las implicaciones antropológico-jurídicas de la confianza es necesario reflexionar sobre las interrelaciones entre los conceptos de confianza, de "símbolos" y de "rituales" (p. 265). De hecho, los símbolos se relacionan con la autoridad y con las instituciones mediante un sistema (socialmente construido) de "prácticas" y de "rituales". Por tanto, habría que establecer una distinción entre "confiar" y "confianza". De modo, que en un juez sólo se puede confiar, pero en un mediador se puede establecer cierto grado de confianza en la medida en que intenta llegar a un acuerdo con la parte contraria.
Pierre Schlag estudia esta institución en su relación con el Derecho, cuya traducción ha corrido a cargo de Salvatore Stefanelli (pp. 271-297). Todas las instituciones políticas encuentran su fundamento en la Constitución. Existen numerosas cuestiones que se plantean en torno a la Constitución. Schlag considera que es difícil argumentar por qué la Constitución se presenta como el presupuesto de cualquier fundamentación, y sin embargo, no es más que la unión de varios poderes y de los respectivos límites y privilegios. La Constitución establece la estructura jerárquica del Estado, e interpreta su organización estructural. No se puede considerar la Constitución como un simple texto o una estructura o bien una Carta fundacional del Estado, sino como una combinación de distintos modos de argumentación jurídica (p. 282). Se plantea el autor si la Constitución es más un documento escrito o más parecido a uno también orgánico de principios (pp. 292-293).
Lorenzo Scillitani se refiere a la reciprocidad sin obligaciones y a la obligación sin reciprocidad, y a la relación de la confianza con la donación y el amor (pp. 299-312). La relación contractual se califica como jurídica en la medida en que implica dimensiones de simetría como la "equivalencia" y la "equidad", que imponen un orden de "justicia" en el interior de un sistema jurídico, político y ético. Para Hénaff, el tránsito de la reciprocidad a la mutualidad se lleva a cabo como tránsito de la "donación a la confianza" (p. 302). En opinión de Scillitani, una reciprocidad "sin" obligaciones sería en principio admisible.
Algunos autores han defendido que la sociedad humana se presta a ser representada, en el plano antropológico, como un tejido de relaciones interpersonales, que se realizan en alianzas y en relaciones de filiación. En realidad, la confianza procede de una "obligación incondicionada", es decir, sin reciprocidad. Y esa confianza nos llevaría a una figura que responde a un impulso, que se llama "amor". De hecho, para Karl Jaspers, «el amor es el fundamento de la confianza», en la medida en que la gratuidad absoluta del amor es un indicio inequívoco de la libertad con la cual se dona, al tiempo que se permite que la otra persona se oponga al amor que se entrega. En realidad, una confianza sin amor, estaría incompleta y le faltaría algo.
Otra cuestión: la seguridad y la conflictividad en las relaciones internacionales han sido desgranadas de la mano de Emilio Tirone (pp. 313-322). En el mundo occidental, el recurso a la guerra constituye no sólo un problema de consciencia sino también de razón, y supone una antinomia moral en el ámbito de las relaciones políticas internas y jurídicas en el ámbito internacional. A partir de la Segunda Guerra mundial, el mundo occidental ha considerado la guerra como una forma de violencia más o menos organizada, por lo que la comunidad internacional se ha dotado de complejos instrumentos, jurídicos y políticos.
De esta forma, se abandona el término "Derecho bélico" y se sustituye por el de "Derecho humanitario internacional de los conflictos armados" (p. 315). Paradójicamente, el temor al holocausto nuclear garantiza la paz de todos. Ha sido el orden bipolar el que ha evitado el apocalipsis de la tercera guerra mundial y la guerra en el mundo occidental. La caída del muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética permitieron la creación de nuevos escenarios, donde han proliferado las guerras civiles. A las crisis internas se le han unido el integrismo islámico, de carácter transnacional, que algunos han calificado como el Tercer conflicto mundial y que tuvo su máximo exponente en el ataque de 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York (p. 316). En un mundo globalizado, las violaciones de los Derechos humanos y la emergencia humanitaria están consideradas como elementos de tensión internacional que perjudican la seguridad colectiva.
Barbara Troncarelli plantea varias cuestiones: el riesgo, la seguridad y la confianza en la sociedad de la información (pp. 323-343). En la actual sociedad, la información ha propiciado el desarrollo de la tecnología y la información, creciendo exponencialmente la circulación de los bienes inmateriales formados por datos e información. Muchos de estos datos son de carácter personal, social, científico, cultural, político y, sobre todo, económico. Esta sociedad de la información se caracteriza por el rápido cambio, que paradójicamente se mantiene gracias a la inmutabilidad del precario equilibrio existente. Beck en el año 2000 habló de una sociedad de la información equiparable a la "sociedad del riesgo". Más tarde, Marini (2007), habla de una sociedad de la información como contexto socio-económico, integrada por mecanismos tecnológicos-informativos, funcionales para diversos intereses particulares e individuales. En la "sociedad de la comunicación", vigente en la Unión Europea, se aplican los términos de libertad y justicia, estando todos los datos interrelacionados. En la sociedad moderna la principal preocupación que surge es la cuestión de la seguridad, a consecuencia de las emergentes tecnologías. Troncarelli considera que la confianza y la seguridad son valores en recíproca implicación entre sí, en cuanto que la seguridad resulta, al mismo tiempo, causa y consecuencia de la confianza. De hecho, la seguridad genera confianza en el ámbito de las relaciones sociales.
En la última colaboración de esta obra colectiva, Patrick Watier se refiere a la confianza y la desconfianza; este artículo ha sido traducido por Rosaria di Folco (pp. 345-353). Ambas, confianza y desconfianza, forman parte de un repertorio común y estarían interrelacionadas. Desde el punto de vista de la sociología, la confianza permite explicar cómo es posible una sociedad o cómo es posible una asociación. Para explicar ambas figuras, se refiere a la mano invisible de Adam Smith que se basa en la armonía resultante de aquellos individuos que persiguen sus propios intereses personales. En realidad, las teorías sociales contribuyen a construir el mundo social y no se limita sólo a describirlo. En todo caso, los individuos deben comportarse respetando las obligaciones estipuladas, teniendo en cuenta no sólo la moral, sino también los valores religiosos de cada uno y la ética.

Esta obra es fruto de un proyecto de investigación, bajo la responsabilidad de Lorenzo Scillitani, junto con Guido Gili y Barbara Troncarelli, llevado a cabo en el Departamento de ciencia histórica, humana y social de la Universidad del Molise. Su publicación escrita ha sido coordinada por Paolo Becchi, que enseña Filosofía práctica y Bioética en la Universidad de Génova y por Lorenzo Scillitani, que enseña Derechos humanos y Filosofía del Derecho en la citada Universidad del Molise. [Recibida el 1 de noviembre de 2012].

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LA REVISTA CRÍTICA DE HISTORIA DE LAS RELACIONES LABORALES Y DE LA POLÍTICA SOCIAL, con ISSN versión on line 2173-0822 e ISSN versión impresa en papel 2386-6039, es una revista académica, editada y mantenida por Servicios Académicos Intercontinentales S.L.
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Director: Manuel J. Peláez
Editor: Juan Carlos Martínez Coll

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ISSN versión impresa en papel 2386-6039

 

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