Henry George, Progreso y Miseria, Editorial Comares, Granada, 2009, 387 págs.

Elena Sáez Arjona

El ensayo que en 1879 vio por primera vez la luz, ha sido publicado en 2009 en la “Colección Crítica del Derecho. Sección: Arte del Derecho” de la Editorial Comares. El presente libro, viene precedido de un magnífico estudio preliminar elaborado por José Luis Monereo Pérez, Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Granada, bajo el título de «Economía política de la desigualdad: progreso y miseria en Henry George», donde viene a resaltar la gran difusión que el pensamiento de George tuvo en España gracias a un grupo cualificado de georgistas, con destacadas figuras como Baldomero Argente, Joaquín Costa Martínez (1846-1911), Manuel Reventós i Bordoy (1888-1942) (1), Blas Infante Pérez (1885-1936) y, sobre todas ellas, el papel que desempeñó Antonio Albendín, fundador de la “Liga Española para el Impuesto Único”.

En este prólogo, una breve introducción con datos biográficos precede a un análisis de la influencia de Henry George (1839-1897) en el contexto de las políticas de reforma económico-social y de las claves de su ideario político, económico y social respectivamente. Con gran acierto, José Luis Monereo, nos revela cómo el pensamiento del autor cristalizó en Andalucía, Aragón y Cataluña gracias a su proposición de mejora de la cuestión agraria.

A ello hay que añadir la influencia que tuvo la teoría de la confiscación de la renta de la tierra a través de un impuesto sobre ésta, no sólo en el programa fiscal de José Canalejas, sino también durante la II República. Destacamos la claridad expositiva de esta preliminar disquisición del pensamiento georgista, que nos ayuda a comprender las razones que llevaron al autor de Progreso y Miseria, a la defensa de una reforma socio-económica «dentro de un orden liberal reformado» y, justamente por ello, sus marcadas diferencias con el socialismo, de su empeño en evidenciar la pobreza progresiva en el aumento de riqueza, o de su defensa del derecho a la tierra entre otras cuestiones.

Tras una breve introducción donde el autor subraya el interés que suscita en toda la obra el problema de la asociación de la pobreza con el progreso, la correlación que entre sí tiene el aumento de la riqueza y de la pobreza, y la solución que para dicho problema ofrece la economía política; su primer libro dedicado a los salarios y el capital, contraría la doctrina corriente que hace depender los salarios de la relación entre la cantidad de capital destinada a emplearse en trabajo y la cuantía de trabajo que busca empleo. Para dicha tarea, maneja con precisión el significado de los conceptos: salario, renta, riqueza, y fundamentalmente capital, todo ello en términos de economía política. Y parafrasea citas de maestros como Adam Smith (1723-1790), David Ricardo (1772-1823), John Ramsay McCulloch (1789-1864) o John Stuart Mill (1806-1873) con el fin último de formar al lector en dichos términos.

Los capítulos III, IV, V respectivamente, los dedica a construir su teoría bajo un axioma: si capital es riqueza empleada en procurar nueva riqueza no proporcionará ni adelantará los salarios, si no que éstos son la parte del producto del trabajo obtenida por el trabajador. De acuerdo con ello, recusa el teorema que establece los salarios provenientes del capital, porque –según George– éstos únicamente pueden proceder del producto del trabajo por el cual son pagados, y argumenta que el producto del trabajo constituye la recompensa natural que pertenece al trabajador, tal como lo había sido antes de la apropiación de la tierra y la acumulación de caudales.

El libro II lleva por título Población y Subsistencias. Sus capítulos están dedicados por entero al estudio de la teoría de Thomas Robert Malthus (1766-1834) según la cual «existe una tendencia natural y un esfuerzo constante de la población a aumentar más aprisa que los medios de subsistencia». La interpretación que de dicha teoría se prueba, hace ver en el autor de Progreso y Miseria, una reducción de los salarios conforme aumenta el número de trabajadores y por ello, es refutada bajo la prueba de los hechos.

Enlazando los capítulos precedentes, y con ánimo de descubrir la causa que acentúa la pobreza de la clase inferior, Henry George pretende demostrar en el Libro III, cómo la ley de la renta, la ley del salario que es el corolario de la anterior y, a su vez, la ley del interés, son las verdaderas leyes que rigen la distribución de la riqueza.

Especial significación revisten los libros IV al IX respectivamente. En ellos, destacamos el exhaustivo análisis llevado a cabo con el objeto de descubrir el efecto del incremento de la población sobre la distribución de la riqueza, y del mismo modo, hallar la causa que explica el efecto del progreso material sobre dicha distribución y el origen de las crisis industriales periódicas, a las que representa a través de la especulación de los valores de la tierra debido a un aumento de la renta y del poder productivo. Llegados a tal extremo, el remedio a la resistencia de la pobreza, en medio del aumento de la riqueza, lo encontramos en el Libro VI y siguientes.

Produce cierta aflicción en el autor comprobar que los remedios propuestos por las diferentes corrientes de pensamiento –examinados en conjunto en este ensayo–, devienen ineficaces para mejorar la desigual distribución de la riqueza. Circunstancia oportuna que es aprovechada por el autor para poner de manifiesto la idea que preside todo su pensamiento, a saber: la sustitución de la propiedad privada de la tierra en propiedad común. El reconocimiento de la propiedad de la tierra es observado como subversión de los principios del Derecho natural, porque para Henry George no existe ningún derecho de propiedad salvo aquél nacido del trabajo.

En un mismo orden de cosas, y siguiendo la estructura de los capítulos, se pone de manifiesto la conveniencia de indemnizar a los propietarios como medida de justicia. Seguidamente, repasa el sistema de propiedad privada a lo largo de la historia con especial referencia a los Estados Unidos hasta encontrar el procedimiento para convertir la tierra en propiedad común gracias a la supresión de todos los impuestos excepto el relativo al valor del suelo.

En base a ello, los dos últimos capítulos del Libro VIII, los dedica a analizar los preceptos tributarios que hacen practicable la idea de impuesto único o concentración de todas las contribuciones sobre el valor de la tierra, cuyos efectos sobre la producción o la vida social entre otros, advertimos en ulteriores capítulos. Se detiene luego en la pobreza entre las clases trabajadoras, la inmovilidad del capital, la reducción de los salarios conforme aumenta el progreso material. El Libro X lleva a examen la ley que empuja el progreso humano con la sola idea que vincula todo su trabajo que es la conversión de la tierra en propiedad común.

Una reflexión conclusiva acerca del problema de la vida individual pone fin a esta obra de indudable interés para afrontar algunos de los problemas sociales de nuestro siglo XXI, aunque no son pocos los teóricos de la realidad social que se han mostrado muy escépticos sobre la viabilidad y conveniencia de poner en práctica las ideas de George. [Recibida el 27 de julio de 2010].

NOTAS

1. Lamentablemente José Luis Monereo Pérez se olvida de los cientos de páginas que a Manuel Reventós i Bordoy le ha dedicado María Encarnación Gómez Rojo, quien también prestó atención al georgismo dentro del pensamiento social y económico de Reventós. Ver tan sólo las tres publicaciones más importantes de Gómez Rojo al respecto: El pensamiento político, económico y social de Manuel Reventós i Bordoy, Barcelona, 1993; Gómez, “La historiografía política y económica de Francia, España y Gran Bretaña en el siglo XIX en la obra de Manuel Reventós: su pensamiento monetarista y su historia del dinero”, en Storia e civiltà, Roma, año XIII, n.º 3-4 (1997), pp. 221-254 y Historiografía Jurídica y Económica y pensamiento Jurídico-Público, Social y Económico de Manuel Reventós i Bordoy (1888-1942), Málaga, 2001 (este último es un libro muy amplio que supera las quinientas páginas).


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