Economía Autónoma
edición virtual
ISSN 1989-5526

Nº 7 (junio - noviembre 2011)

TERRORISMO, TURISMO Y ECONOMÍA
Consideraciones en torno al terrorismo: el 11 de septiembre y sus efectos Colaterales.


Maximiliano E. Korstanje*


 

 

"El 11 de Septiembre de 2001, el mundo dejó de ser el mismo cuando Afganistán se mostró ante él de una manera brutal y trágica. Los dicienueve terroristas suicidas que secuestraron cuatro aviones, y luego se lanzaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, y contra el Pentágono, en Washington, pertenecían a la organización Al Qaeda, dirigida por Osama Bin Laden … su objetivo era golpear tres cosas a la vez: el mundo heredero de la guerra fría, el punto neurálgico de la globalización y los supuestos esfuerzos por hacer de la tierra un lugar más seguro y mejor" (Rashid, 2002: 13)

 
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Durante el siglo I D.C. el Imperio Romano se constituyó como una de las potencias económicas y militares de Europa y casi todo el mundo conocido. Sus vías, o caminos, llegaban y conectaban a todas las provincias del Imperio en épocas de paz  y permitían una rápida presencia militar en la guerra. Asimismo, aquellos súbditos que se resistían al poder romano utilizaban a los viajeros (ciudadanos) como una forma eficaz de negociar contra su descontento. De esta forma, el viajero romano se constituía no solo como el mayor trofeo para un insurgente sino como un mensaje móvil de vulnerabilidad del propio Imperio frente a un “otro hostil”.  Si bien es cierto, que en ese entonces, no se le daba el nombre de “terrorista” a los rebeldes, mucho menos “turistas” a los viajeros, lo cierto es que la conexión entre turismo, movilidad y ataques terroristas viene desde hace muchos años. Comprender el terrorismo moderno, es adentrarse en cuestiones políticas e inextricablemente ligadas al Imperialismo.

Por otro lado, los eventos sociales parecen no depender tanto de como sucedan, ya que la mayoría del lego se mantiene ignorante en cuanto sus verdaderas causas, sino de su interpretación o la narrativa, siempre construida alrededor de ellos.  Desde los bombardeos a la base de Pearl Harbor que inició la entrada de los Estados Unidos a la segunda guerra hasta los atentados del 11 de Septiembre, los eventos mediáticos de gran envergadura hablan más por sus efectos que por sus causas, las cuales, dicho sea de paso casi siempre permanecen ocultas.   Dentro de este contexto, muchos estudios han enfocado su atención a las consecuencias que el terrorismo ha tenido para las industrias del transporte y sobre todo el turismo en los últimos años, pero poca relevancia ha tenido la influencia del turismo sobre el terrorismo.   Para algunos, el terrorismo simplifica un encuentro problemático entre Occidente y Oriente mientras para otros solo representa una de las tantas formas que adquiere el adoctrinamiento político y la violencia, o mejor dicho una forma en la cual el miedo político se transforma en adoctrinador social. Cualquiera sea el caso, el 11 de Septiembre ha obligado a repensar ciertos puntos en materia de seguridad por parte de los estados centrales y también los periféricos (Barro, 1991) (Pollins, 1989) (Abadie and Gardeazabal, 2003) (Phillips, 2008). Inmediatamente, luego del 11 de Septiembre Estados Unidos conformó una alianza con países cuyos contextos históricos habían tenido algo que ver con el terrorismo como fueron España e Inglaterra entre otros. La consternación generada por este evento despertó la indignación de gran parte de la opinión pública mundial. En este punto, Roberston sugiere que el terrorismo debe ser concebido como una de las amenazas más serias del siglo XXI (Robertson, 2002). Por el contrario. D. Altheide considera que es necesario definir críticamente ¿qué entendemos por terrorismo?.

Queda, entonces claro como el 11/09 tipifica dos corrientes antagónicas. Por un lado, están aquellos quienes argumentan que una rápida invasión a Medio Oriente es un mecanismo político para poner orden y que la “guerra preventiva”, si bien no soluciona el problema de fondo, por lo menos evita que ocurra “lo peor” (Fukuyama, 1989) (Huntington, 1993; 1997) (Kristol and Kagan, 1996) (Vargas-Llosa, 2002) (Rashid, 2002) (Kepel, 2002) (Keohane and Zeckhauser, 2003) (Susstein, 2005) (Pojman, 2006), a la vez que otro grupo de intelectuales sugieren que el WTC solo fue un pretexto (en términos de Baudrillard un espectáculo) cuyos intereses radican en manipular el miedo “a un nuevo episodio” con el fin de expandir la hegemonía de los Estados Unidos en el mundo (Somnez, 1998) (Hyndman, 2003) (Altheide, 2006; 2009) (Sontag, 2002) (Said, 2001) (Holloway and Pelaez, 2002) (Bernstein, 2006) (Baudrillard, 1995a; 1995b; 2006) (Gray, 2007) (Smaw, 2008) (Corey, 2009) (Wolin, 2010).  Por su parte, la manipulación de las imágenes transmitidas minutos después del atentando al WTC parecen presentar al fundamentalismo árabe como la mayor amenaza de Occidente cuando en realidad cuando en realidad debe definirse en forma más exacta los alcances del fundamentalismo inglés dentro de US. En los últimos años se ha construido alrededor del terrorismo una especie de arquetipo único cuyas características principales se explican por el temor y la violencia (Howie, 2009).    

            Desde una perspectiva preliminar, Goldblatt y Hu (2005) definen al terrorismo como “cualquier uso ilegal de fuerza o acto de violencia con intereses políticos que vulneren los derechos de los ciudadanos y/o sus propiedades”. No obstante, dicha definición adolece de cierta profundidad y por lo laxo de sus alcances merece ser reformulada. Para R. Bernstein, el terrorismo no necesariamente depende de la organización política del país huésped, sino que parece ser más una cuestión de dogmatismo político que de religión. Existen países de amplia tradición democrática como los Estados Unidos el cual puede unilateralmente autorizar invasiones, como la de Iraq sin el consentimiento internacional generando tanto terror y caos en la misma medida que los grupos terroristas (Bernstein, 2006). Los esfuerzos por combatir al terrorismo por medios no diplomáticos terminan legitimando su propia fuerza como una especie de virus.   Es cierto, por otro lado que en los últimos años la globalización ha jugado un papel importante en la expansión del terrorismo y su manifiesto resentimiento hacia la forma de vida que Occidente representa. Altos niveles de desigualdad social, exclusión y otros problemas que el mercado global genera son tierra fértil para generar resentimiento y odio en el corazón de cualquier pueblo (Del Bufalo, 2002) (Connolly, 1993).

            Por el contrario, Jean Francois Revel se interroga sobre el papel protagónico de los Estados Unidos en materia de política internacional y el resentimiento o resquemor que eso ha generado no tanto en los países árabes sino en Europa, Francia a la cabeza donde se ha acuñado y desde donde se ha fagocitado el “anti-americanismo”. A diferencia de otros autores, para Revel el antiamericanismo no es un producto de políticas “imperialistas” sino de las propias proyecciones autoritarias de Francia. Su democrático estilo de vida, su amplio respecto por las libertades individuales parece más de lo que los países antiestadounidense pueden soportar. Según el argumento de Revel, el discurso acuñado post-Septiembre 11 fue un error por parte del gobierno estadounidense al intentar erradicar el terrorismo siguiendo su propia lógica hecho que alimentó una escalada de violencia sin precedentes. La innegable dependencia cultural del mundo respecto a Estados Unidos, ya sea por la expansión de su idioma o la acción de los mas-media han hecho de este país una superpotencia, (híper-potencia luego de la caída de la Unión soviética). Con errores y aciertos, Revel asegura que el sentimiento antiestadounidense es la culpa Europea no asumida por haber generado una hiper-potencia luego de dos guerras mundiales. Siguiendo esta manera de razonar, uno se da cuenta por sus propios medios Estados Unidos cumple la función y el costo de ser “la policía” mundial simplemente porque Europa no asume directamente las consecuencias de poner orden en un mundo cada vez más revuelto (Revel, 2002). En algún punto Revel ha sido ampliamente criticado por su apoyo incondicional a la potencia americana. Si bien su perspectiva parece fundada en un sentimiento extremo de admiración de una ingenuidad inusitada, su visión es aguda respecto al rol secundario que juegan las potencias europeas a nivel mundial.  Sociológicamente hablando el autor se encuentra preocupado por estudiar al idolatrismo como forma de relación en la política internacional. Los ídolos, construcciones culturales consensuadas, enfatizan la propia limitación humana por medio de la proyección (antropomorfismo). Los dioses, por ejemplo, no solo son imitaciones de aquellos quienes los crean, sino representan la realización de todas las limitaciones personales (son inmortales, poderosos etc). No obstante,  los ídolos juegan un rol ambiguo en la vida de los seres humanos puesto que son sacrificados en determinados momentos. Por regla general, cuando el vulgo necesita de un culpable para evitar el costo de las acciones propias. Los líderes políticos, en este sentido, incluso el mismo Estados Unidos son admirados y criticados según las propias limitaciones de quienes no asumen su responsabilidad por el proceso mundial. ¿Es el terrorismo acaso ese sacrificio?.

J. F Revel considera que las medidas de los Estados Unidos, que algunos detractores consideraron como deplorables como la censura informativa, fueron necesarias para desactivar las acciones de los grupos terroristas dentro del territorio. Asimismo, ello no representa un intento del Estado por cercenar las libertades individuales, sino un intento por proteger la seguridad interna y de sus ciudadanos. El filósofo francés desconoce que el Estado se apropie del temor de sus ciudadanos para llevar a cabo sus propios intereses (Revel, 2002).

El profesor E. del Búfalo de la Universidad de Miami, analiza la doble cara de la globalización en primera instancia como una forma hegemónica e ideológica la cual genera dependencia económica y a la vez una re-territorialización física elusiva. En efecto, mientras por un lado la doctrina del libre comercio promueve la libre transacción entre países “desarrollados y subdesarrollados”, por los otros los Estados Nación desarrollados establecen rígidas barreras étnicas y nacionales a la entrada de inmigrantes y trabajadores temporarios de las zonas periféricas. En ese contexto, surgen nacionalismos y movimientos de reivindicación en los diferentes países donde existe una alta tasa de pobreza o deprivación material. Heredero del mercantilismo y posteriormente de la colonización, el cinismo neo-liberal asume que las fallas económicas de los países emergentes corresponden a malas políticas nacionales internas mientras que los beneficios de la globalización a la circulación “del libre mercado de capitales” (del Búfalo, 2002).

No obstante, no basta con ser un pueblo marginado y musulmán para convertirse en un lugar de entrenamiento para supuestos “terroristas”. En este sentido, el profesor Schmid explica que el terrorismo es la continuación de la guerra pero por otros medios en donde se inscribe un mensaje político construido en base a 5 binomios principales a) terrorismo/política, b) terrorismo/estado de guerra, c) terrorismo/comunicación, d) terrorismo/crimen, e) terrorismo/fundamentalismo religioso. El derecho Romano se constituye en base a dos preceptos principales, MALA PROHIBITA la cual hace referencia expresa a aquello lo cual no es permitido porque es “malo” y MALA PER SE que es el mal en sí mismo. Mientras la primera clasificación obedece a un acto criminal, la segunda no tiene causa ni explicación posible y debe ser extirpada de la sociedad. En la actualidad, la narrativa del terrorismo parece verse inscripta dentro de una lógica de mal en sí sin explicación que la anteceda (Schmid, 2004). En este contexto, no es extraño observar como los Medios Masivos de Comunicación, tras un atentado en donde existe una gran cantidad de muertos y heridos, enfatizan en los niños y las mujeres. Para la sociedad capitalista tanto las mujeres jóvenes como los niños representan su recurso más preciado, atentar contra ellos es en parte atentar contra todo el andamiaje legal y simbólico los cuales terminan legitimando el “show del desastre”.

En un interesante trabajo titulado “Economía mundial y América Latina después del 11 de Septiembre”, Jaime Estay propone un esquema de análisis por demás particular. El autor sugiere la idea que el 11 de septiembre no solo ha modificado y afectado sustancialmente a las actividades o industrias relacionadas con el turismo y la hospitalidad (al incrementar el temor a utilizar medios de transporte públicos), sino que además ha trastocado en gran parte la economía a nivel mundial. En ese contexto de cambio, la situación América Latina, región que ya se encontraba atravesando su propia crisis financiera (1990-1999), requiere un minucioso trabajo de revisión. Según el autor, los atentados al World Trade Center tendrán un mayor impacto en las economías de los países sub-desarrollados debido a la fuga de los inversores internacionales que se repliegan ante escenarios con escasa previsibilidad, pero sobre todo por las barreras migratorias impuestas por los países desarrollados a los ciudadanos provenientes del tercer mundo. Por lo general, la industria de las remesas permite la subsistencia de miles de familias en África, América Latina y El Caribe; en consecuencia, el 11 de Septiembre no ha sido un hecho aislado sino toda una estrategia discursiva de corte hegemónico en donde Estados Unidos se juega la posibilidad de reactivar la industria bélica con miras a un objetivo geo-político más amplio por medio de la manipulación del miedo, la incertidumbre y la falta de señales económicas positivas (Estay, 2002).

            Por lo expuesto, el 11 de Septiembre de 2001 y el terrorismo han sido recientemente un atractivo campo de estudio para las Ciencias Sociales; lo que hacen en perspectiva más terrible a WTC de Pearl Harbor es que las víctimas eran civiles (Kepel, 2002). Por ese motivo entonces reconocemos que el ataque a civiles desarmados e indefensos genera un mensaje hacia el Estado Nación por parte de grupos que han tenido un contacto histórico con el Estado-Nación a quienes dicen combatir. Y en ese contexto también es claro que el Estado aprovecha el miedo político para generar un fuerte lazo generado por el temor que lleve a todos sus ciudadanos por territorios conocidos. Fue precisamente, el caso del turismo y la hospitalidad en donde se cerraron luego del WTC clásicos circuitos turísticos en Oriente Medio.

            Si bien el terrorismo ha sido una práctica, casi milenaria, el 11 de Septiembre creó un estado de pánico y paranoia que llevó a muchos investigadores a relacionar dos temas los cuales hasta el momento parecían disconexos, el terrorismo y el placer o el turismo. Se adopta, entonces, la teoría de la percepción del riesgo como  una de las cuestiones más importantes a la hora de medir el grado de peligrosidad de un destino turístico (Weber, 1998) (Domínguez, Burguette and Bernard, 2003) (Kuto and Groves, 2004) (Aziz, 1995) (Castaño, 2005) (Robson, 2008) (McCartney, 2008) (Schluter, 2008) (Floyd and Pennington-Gray, 2004) (Paraskevas and Arendell, 2007) (Sackett y Botterill, 2006) (Essner, 2003) (Araña y León, 2008) (Bhattarai, Conway and Shrestha, 2005) (Goldblatt and Hu, 2005) (Tarlow, 2003) (Hall, 2002) (Prideaux, 2005) (Kozak, Crotts and Law, 2007) (Yuan, 2005).  Sin embargo, cabe preguntarse en este punto ¿es el turismo una víctima del terrorismo o simplemente su condición primera?. En el siguiente trabajo, precisamente, discutiremos no solo hasta qué punto es el turismo el que genera los atentados terroristas, sino también que el turismo es el terrorismo pero por otros medios.

            Producto del avance tecnológico en materia de movilidad el turismo se ha consolidado y crecido gracias a tres pilares, la maduración material producto del capitalismo, la guerra como industria, y los avances técnicos en materia de locomoción. En este sentido, P. Virilio sostiene que es por demás importante analizar el papel de la imagen en la modernidad y como esta afecta, de alguna u otra manera, la vida cotidiana de los hombres. Aun cuando ambos partan de análoga preocupación, diferentes serán sus correspondientes desarrollos en cuanto a la causa del problema sobre el cual meditan. Dos obras son de capital importancia para continuar o mejor dicho ejemplificar cual es la relación de Virilio con la mobilidad y la guerra: El Arte del Motor y Ciudad Pánico.
           
En El Arte del motor, Virilio sostiene que los medios masivos de comunicación industriales ejercen un poder ejemplificador sobre la población en general que raramente puede ser controlado. Cualquier intento por censurar la información transmitida por estos medios es vano, como así también las omisiones en las cuales estas grandes cadenas comerciales caen para modelar la opinión pública acorde a sus intereses. En uno de sus párrafos el autor dice “cuando la cuestión no consiste tanto en saber a qué distancia se encuentra la realidad transmitida, sino a qué velocidad viene a mostrarse su imagen sobre nuestras pantallas, es posible preguntarse, en efecto, si los medios industriales no alcanzaron un umbral de tolerancia que sería menos deontológico que etológico“ (Virilio, 1996: 17). En efecto, el autor reconoce en el hombre una capacidad natural para comunicarse con otros, como así también una habilidad para adaptarse y sobrevivir a su entorno. La distinción entre lo que creemos real de aquello que no lo es implica la acción de ponerse en lugar del otro; esta proximidad audiovisual une a los hombres dentro de un mismo territorio, con signos compartidos y experiencias comunes. Empero, la mediatización de la imagen a través de las cadenas de consumo industriales produce el efecto inverso, masifican la heterogeneidad en cuanto a un solo espectador; sin ir más lejos, en el teatro comenta el autor, cada espectador ve su propia obra mientras que en el cine todos ven e interpretan lo mismo. En consecuencia, para Virilio no puede hablarse de información sino de complejo informacional. Estas constantes sobrecargas de virtualidad generan en el hombre soledad, reclusión y malestar. El acercamiento de las distancias y la revelación del secreto, inventan a un otro enemigo. La naturalización de lo real y su imposición crean hegemonía y control; pero, ¿porqué afirmar que demonizan al otro?, o ¿no debería generar un efecto contrario? si la distancia conserva la historia y las costumbres, es decir, los pueblos más lejanos aún se parecen más extraños y “congelados en el tiempo“, entonces el acercamiento hará que los hombres se crean más contemporáneos que ciudadanos. Las gacetas y los diarios íntimos de viajes han dado lugar los periódicos y cadenas informativas; de la crónica privada se ha pasado la publicación masiva. A la vez que se tecnologizan y aceleran los tiempos de las publicaciones también lo hacen los transportes y la forma de viajar; por lo tanto, en Virilio desplazamiento espacial y transmisión informacional son anverso y reverso de un mismo problema.

¿Es el acercamiento geográfico y psíquico una forma de declinar la imaginación?. En efecto, si lo es; y entonces Virilio afirma “la prensa ejercerá así un control casi absoluto sobre la industria del libro, tendrá sobre las artes, las letras, el pensamiento, una influencia que ningún príncipe … se ha atrevido a pretender hasta entonces, escribiría Luis Veuillot, quien afirmaba que las revistas terminarían por matar al libro. No serán las revistas o los premios literarios amañados los que lo matarán, y la literatura de las grandes distancias se agotó al mismo tiempo que las distancias geográficas, con el efecto de empequeñecimiento provocado por la aceleración de las técnicas de transmisión y transporte” (virilio, p. 57). Los progresos en materia de comunicación verbal, audiovisual y física transformaron la manera de comprender el desplazamiento. Ya no existe la idea de un aquí para un allí, sino de un ser ahí y un no ser ahí. Las incomodidades del viaje de hace siglos, se transforman en una gradual pérdida de sensaciones; hoy día una película (generalmente de moda) reemplaza el tránsito y las sensaciones que se pueden experimentar por parte del viajero. El hombre continúa viajando por medio de la mirada, pero ese paisaje es puesto a voluntad por un motor virtual.

            En este sentido, Virilio sugiere que ese ser-en-el-tiempo de sobra es utilizado en ocupaciones inútiles, alienantes, y absurdas. El exceso de velocidad implica un sentimiento de inferioridad y de angustia por el cual se recurre a la idea de poder “dominar el propio destino” por medio de mecanismos que distorsionan la propia realidad (como por ejemplo la droga). La partida es análoga a la vida y la llegada a la muerte, la aceleración constante las confunde; y así, a partir de ahora ya no se sube, se cae, escribe elocuentemente Virilio al referirse a las nuevos deportes extremos practicados por cada vez más turistas; pero entonces ¿qué papel juega el miedo y cuál es su relación con la velocidad y lo vertiginoso?, ¿es una superación del super-hombre nietzscheano?. El tiempo dedicado a lo alienante, es ocupado por los medios de la información y en ese contexto, la democratización del acceso a esa velocidad genera anomia, desocupación, desolación y miseria. “Turistas de la desolación” es el nombre que P. Virilio les da a estos “errantes viajeros”. Finalmente, existe un pasaje del “super hombre” hacia un “hombre excitado”; esto se traduce en la frase “cuanto más aumenta la velocidad más se incrementa el control”. La información reemplazará en un futuro no muy lejano al mundo de los transportes, anulando el mundo de los sentidos, y en consecuencia del vínculo; de repente “todo llega” sin que sea necesario partir.
           
Existe una relación estrechamente observable entre el turismo y el terrorismo. Para algunos, el primero es la concatenación lógica donde se desemboca el odio de algunos grupos por las inequidades de Occidente y su expansión hegemónica. Para otros, el turismo es el tendón de Aquiles por el cual un Occidente que se presenta asimismo como todopoderoso se hace en-sí vulnerable. Esta dicotomía nos lleva a la siguiente observación. Los medios de transporte que han hecho del turismo una oferta masiva, son una derivada de los procesos tecnológicos que han sido históricamente sustituidos luego de la guerra. Ésta en tanto que ciclo productivo funda las bases jerárquicas de cada sociedad, sus estatutos, valores y cultos como así también los medios técnicos que llevan a la movilidad en épocas de paz. Dentro de este contexto, se inserta el trabajo del profesor Paul Virilio titulado La Inseguridad del Territorio la cual es una antología de dos conferencias dadas en 1969 y 1975. Preocupado por la forma en que los hombres co-habitan en un proceso de paz total que sobrevino luego de la Segunda Guerra, Virilio nos explica que la idea de inseguridad urbana es el fin del Leviatán Hobbesiano. Partiendo de la base que el Estado garantizaba en el pasado las relaciones humanas previniendo “la guerra de todos contra todos”, su declinar es producto de una homogeneización que se da externa a la comunidad y subvierte el temor hacia dentro de los límites de la ciudad.

En este escenario, podemos afirmar que Virilio se encuentra preocupado por la organización territorial y la influencia del ejército en dicho proceso tanto en épocas de paz como de guerra. A diferencia de Foucault quien sostenía que la política en tiempos de paz era la guerra pero por otros medios, Virilio considera que la paz total no es otra cosa que una guerra total camuflada en donde se construye un enemigo interior al cual temer y segregar. Si en el pasado, las murallas de las ciudades hablaban de un límite finito entre el afuera y el adentro por el cual se sustentaban los procesos de pertenencia e identidad, la modernidad y la saturación del mundo tecnológico subvierte esa relación homogeneizando y estandarizando la vida fuera de las murallas. Como resultado, al miedo al otro que caracterizó la vida en las grandes urbes se transforma en terror al propio ciudadano. El miedo al enemigo en la guerra es el miedo al ciudadano en la paz. A la vez que mayor es la dependencia del sujeto a su la imagen panóptica del exterior mayor es el temor interno.  La tecnología del desplazamiento no solo se encuentra al servicio de los militares, sino que es ella misma producto de la guerra. A cada período de paz le antecede un periodo de guerra en donde se ensayan y ponen en práctica los adelantos tecnológicos que se utilizarán luego de finalizada la guerra para el comercio y el turismo.

Nuestra pseudo-civilización materialista no produce más que anti-objetos. Las civilizaciones precedentes eran civilizaciones del desentrañamiento; la nueva civilización mundial lo es del extrañamiento, es decir, odia los objetos de sus deseos. Esta psicosis dirige toda su política de producción: las primeras industrias en los Estados Unidos fueron el automóvil y el cine, después la guerra ocupó ese lugar. Y aquí no se trata de una elección racional, funcional o útil: la elección es enteramente psicológica, o, más bien, psicópatica; proviene del desprecio y del abandono de toda relación productiva con el medio ambiente: toda la inversión se hace en vistas a evadirse de él. (p. 35). En perspectiva, el transporte nos hace esperar. Estar-en la espera es relacionarse de alguna forma. La velocidad del transporte vehicular ha crecido exponencialmente en las últimas décadas hasta el punto de desdibujar la tradicional espera. Sin espera, no hay viaje y sin viaje la velocidad hace del movimiento su contralor el no-movimiento. Según Virilio, no será extraño observar a los viajeros postmodernos viajar sin moverse. Asistimos, sin lugar a dudas, a una aristocracia de la velocidad que se mueve en el campo del transporte de la misma forma que lo hacen en el semiótico del mensaje. Al igual que el viaje, el mensaje tiene un interlocutor y un receptor –salida y destino- por el cual se relacionan mutuamente, se conectan. No obstante, en el mundo del mensaje total transmitido 24 horas al día sobre cualquier hecho de significación planetaria, la conexión con ese-otro que nos asusta se desvanece, y el mediador, en este caso la maquina se transforma en receptor y emisor a la misma vez.

“El día que el aparato supersónico, al igual que el aparato fotográfico, nos permita tomar cualquier instantánea  del mundo, nos convertiremos en una película sensible que nada puede develar, un rollo fotográfico en el que las sobreimpresiones volverán incomprensible la imagen. ¿Qué espera nos espera para cuando ya no tengamos necesidad de esperar para llegar?” (p. 191). De esta manera, la tesis central en el trabajo del profesor Virilio es que el ciudadano del mundo se transforma en utopía ya que no habita más que en un eterno trasbordo, las ciudades se hacen lugares de tránsito, aeropuertos, salas de espera o lugares de aglomeración transitoria. Los ciudadanos del tránsito ocupan el lugar del aire en vez del territorio.

            Para J. Holloway and E. Pelaez, el terrorismo es una consecuencia de la acumulación capitalista. Comenzar una guerra es una forma de atentar contra la dignidad del ser-humano. En el mercado, dos empresas no son competidoras directas entre sí sino más bien para adoctrinar internamente a sus miembros y dirigir sus esfuerzos a la propia acumulación capitalista. Al respecto los autores afirman “en una guerra los estados luchan por intereses particulares, exactamente como lo hacen las empresas en la competencia. Sin embargo el resultado más importante no es la victoria de una empresa u otra, de un estado u otro, sino la re-estructuración de las relaciones sociales que se impone a través de la competencia o de la guerra, a espaldas de los actores …es la guerra la que conduce a una destrucción masiva del capital constante, a un aumento brutal de la tasa de plusvalía, a un disciplinamiento general de toda la sociedad y al refuerzo de todos los valores de hombría, disciplina y nacionalismo que son esenciales para el mantenimiento del orden capitalista” (Holloway y Pelaez, 2002: 162). Cualquiera sea el resultado, lo que subyace en el mercado no es la competencia directa, sino la propia restructuración de la empresa en vistas a la posibilidad de acumular mayor volumen de capital. “Churchill quería vencer a Hitler pero no fue por el estado de bienestar de la posguerra por lo que estaba luchando. Después de todas las guerras, los hombres armados preguntan horrorizados, ¿fue por eso que peleamos? Y claro que no fue por eso, porque el resultado de las guerras no depende de las armas y las bombas. Depende de procesos mucho más profundos, de los cuales nosotros y nuestro grito somos parte activa” (Holloway y Peláez, 2002:165).

En este sentido, los autores sostienen que -desde una perspectiva superficial- en una guerra existen dos ejércitos o bandos enfrentados, sin embargo si nos adentramos profundamente en el análisis, nos daremos cuenta que se trata de un conflicto que tiene como objetivo re posicionar el papel hegemónico de los Estados-Nación y en consecuencia del capital en contra de la gente. Todo Estado que se precie de tal experimenta una serie de subversiones internas que intentan desestabilizar la estructura capitalista. Esta supuesta guerra contra el “terrorismo” es un intento de los Estados por imponer el orden institucional en forma interna, dirigir las solidaridades individuales hacia “el sentimiento nacional” y en contra de un “enemigo externo” a la vez que consolida económicamente la reproducción capitalista. Una de las tantas formas de insubordinación que los Estados occidentales no han podido controlar en épocas de paz, ha sido la migración ilegal, precisamente atraída por los grandes aglomerados de capital, la migración ilegal se ha transformado recientemente en prioridad de los Estados desarrollados bajo pretexto de promover la seguridad interna. 

El trabajo de Holloway y Palaéz de una enorme profundidad intelectual nos permite comprender una parte del problema (la que hace a lo estructural) en donde emerge la imposición del temor como mecanismo profiláctico para evitar los grandes flujos migratorios de los cuales el turismo es parte. Siguiendo esta misma línea de análisis, el miedo se presenta como un instrumento útil a la construcción hegemónica, en dos sentidos principales: por un lado como ya lo ha indicado Hobbes, somete al individuo a la obediencia civil interna mientras por el otro prohíbe y circunscribe a la extranjería fuera de las fronteras geopolíticas pre-existentes. En ese contexto, también ciertos flujos turísticos se ven afectados (como veremos a continuación). En realidad, podemos decir que “son re-adaptados a destinos específicos cuya seguridad inspira y reproduce la transacción capitalista. La simbolización de un evento como divino o catastrófico depende de las circunstancias y la contextualizad política; y en eso sencillamente se han de diferenciar el 11 de Septiembre con Hiroshima; mientras el primero es el comienzo de un proceso, el segundo es el cierre.

El profesor M. Grosspietsch de la Universidad de Munster (Alemania) analiza la ola de ataques en Bali (para ser más exactos en los balnearios de Jimbaran y Kuta) en Octubre de 2002 donde murieron 32 personas, hecho que representó una serie amenaza para la actividad turística en ese país. Como otros investigadores, el autor sugiere que los “atentados terroristas” tienen como objetivo en la mayor parte del mundo lugares turísticos. Según el especialista, el Corán no es contrario a la idea de conocer otros lugares y costumbres bajo el signo de la hospitalidad que podrían suponer sea al turismo objetivo de grupos “fundamentalistas”. Pues, entonces ¿Por qué el turismo es objeto de atentados?. Como ya hemos analizado, la explicación no se encuentra en las raíces religiosas. Los cambios que trae apararejado el turismo traen consigo algunos efectos no deseados, como la pérdida de lazos familiares, el abuso y consumo de drogas, el crimen, la explotación infantil y la prostitución entre otros. En ocasiones estos cambios pueden amenazar ciertos valores culturales y religioso aunque no queda claro si es por ese motivo que el turismo se presenta como un objetivo para grupos reaccionarios. En efecto, el autor sugiere comprender el turismo y su adaptación en las sociedades receptores siguiendo el modelo de la “burbuja”. Una combinación de efectos económico-sociales negativos como ser la presencia de multinacionales extranjeras que ofrezcan bajos salarios, en combinación a la expropiación territorial, el uso y consumo de sustancias no permitidas por los valores culturales de la sociedad que los recibe como así también niveles altos de frustración moral, pueden llevar a considerar al turismo como un arma de dominación de las potencias occidentales y explicar el caso de Egipto; pero sin embargo no existe evidencia que pruebe que las mismas variables puedan considerarse en el caso de Bali. Por lo tanto el profesor Grosspietsch considera un análisis caso por caso para arribar a una explicación de mayor alcance sobre el fenómeno (Grosspietsch, 2005).

Por otro lado, Jonathan Essner analiza el caso de Egipto considerando una hipótesis contraria a Grosspietsch; los terroristas eligen centros turísticos de gran concurrencia por la atracción que ello genera de puertas al mundo occidental. La tesis central del autor, no va -en realidad- orientada a los destinos turísticos, sino más a la nacionalidad de las víctimas. En este sentido, los grupos fundamentalistas no eligen los destinos turísticos en sí mismos, sino aquellos a los que concurren americanos, europeos cuyas naciones se encuentran políticamente enemistados con la suya. Obviamente, la posibilidad de que los países con escasos recursos como Kenia sufran un revés mayor en su economía producto del “terrorismo” en comparación con Estados Unidos parece evidente pero a la vez polémica. En primer lugar debido a que el autor no clarifica si se está refiriendo a la demanda internacional del país o a la demanda interna. Segundo, los indicadores –de revisión histórica- que presenta para medir ese impacto son espurios; mediante la construcción de un modelo que clasifica en a) terrorismo de baja, media y alta densidad, el autor supone una correlación entre los atentados, la atención recibida y el daño potencial a la economía local (Essner, 2003).

            En un punto cabe aclarar que no es lo mismo afirmar que los turistas modernos son los victimarios y los terroristas las víctimas. Un argumento de este tipo volcaría una valoración moral precisamente donde no debe haberla. Este trabajo, por el contrario, enfatiza en las relaciones sociales en cuanto a hechos (sin valoración ética) conectados entre sí por causalidades cíclicas. Ello quiere decir que tanto turismo como terrorismo se encuentran innegablemente conectados por una simbiosis por demás particular. Lejos de ser, el primero la causa del segundo o viceversa, sino precisamente el turismo es la precondición para el surgimiento del terrorismo. Ambos son las dos caras de una misma moneda.

            Continuando con la hipótesis maltusiana, las civilizaciones se construyen gracias a dos componentes claros, la fertilidad y sus recursos naturales. Cuando la fertilidad genera una gran cantidad de brazos para el trabajo que los recursos locales no pueden tolerar, se producen las invasiones en busca de alimento y tierras. Por el contrario, la civilización tiene también la posibilidad de desacelerar su crecimiento poblacional pero ello implicaría un retroceso en su economía. Por ese motivo, la guerra se presenta como el mecanismo (casi perfecto) para sublimar y diezmar a parte de la población. De esta forma, los procesos de crecimiento económico son seguidos a su vez de una depresión y luego de una conflagración bélica cuyo fin es limpiar las imperfecciones del sistema económico acelerando o desacelerando la producción. La guerra, es en tanto sistema productivo, una importante industria para que la sociedad mantenga sus lazos de solidaridad vigentes. En consecuencia, afirmar que el terrorismo es una amenaza para la industria turística parece tan incompleto como decir que el turismo fomenta el terrorismo. Ambos fenómenos, como la guerra y la paz, están enraizados en el corazón de la dinámica social hecho por el cual estamos en condiciones de afirmar que el turismo es el terrorismo contenido pero por otras vías.

            Por lo expuesto, convalidamos la idea que turismo y terrorismo tienen convergencias innegables.

  1. Ambos hacen del sufrimiento humano, ya sea por indiferencia o uso de la violencia, su principal valor. Hace algunos años, un diario europeo publicó escandalizado la foto de un inmigrante muerto en las cosas de un balneario italiano mientras dos turistas tomaban sol alegremente con el cadáver a pocos metros. El turismo tiene la particularidad de transformar el sufrimiento de otros en un producto listo para ser consumido.
  2. Los sistemas de acumulación de capital en tiempos de paz, los cuales son destinados a cuestiones de transporte son recanalizados en la guerra como armamento. El turismo, de hecho, ha surgido como resultante de la segunda Gran Guerra en donde las automotrices que antes fabricaban tanques y aviones, comenzaron a crear nuevos diseños de automóviles.
  3. El tercer elemento en común es la violencia simbólica ejercida sobre la población. Mientras el terrorismo utiliza a la población civil como materia prima para coaccionar al Estado, el mercado y el turismo utilizan a la población civil como forma reificadas de consumo, en donde el consumidor se transforma en consumido (Bauman, 2007).
  4. Tanto turismo cómo terrorismo se sirven de los medios de comunicación, de transporte y de movilidad para lograr su reproducción.
  5. Ambos enfatizan en el show o en la estética del espectáculo como canales motrices para sus intereses personales.

La presente edición de la prestigiosa revista Economía Autónoma intenta orquestar una serie de trabajos, ensayos e investigaciones de pensadores cuya fama internacional no necesita presentación tales como Francisco Muñoz de Escalona (España), Carlos Escudé (Argentina), Peter Tarlow (Estados Unidos), Geoffrey Skoll (Estados Unidos), Prima-Vera Fisogni (Italia), Diken Bulent (Reino Unido), Otto Von Feigenblett (USA). Melissa Doerk (USA) y David Altheide (USA). Todos ellos preocupados por un tema en común (aunque desde diferentes perspectivas) fueron convocados con el fin de analizar causas y consecuencias del terrorismo a nivel mundial de una manera seria que sirva de plataforma a otros expertos en el tema. Esperamos que a juicio del lector la edición se pueda amoldar a sus expectativas. Por nuestra parte, hemos hasta aquí puesto lo mejor de nosotros para seleccionar lo que a nuestro parecer han sido los artículos de mayor calidad recibidos durante el proceso de envío de manuscritos. Es el terrorismo una seria amenaza para Occidente o simplemente una nueva formal cultural de entretenimiento de masas parece ser la dicotomía aún no resuelta, lo que parece evidente a la luz de los acontecimientos es la poderosa atracción entre terrorismo y turismo (como forma estereotipada del ocio moderno).
           

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* Ph.D. Departamento de Economia, Universidad de Palermo Argentina. Profesor de la Universidad de Morón, Argentina. Philosophical Society of England, UK Int. Society for Philosophers, UK. Correo electrónico: maxikorstanje@fibertel.com.ar.

 
 
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