Economía Autónoma
edición virtual
ISSN 1989-5526

Nº 7 (junio - noviembre 2011)

TEORÍA GENERAL DEL TURISMO. REFERENCIA LAS ACCIONES BÉLICAS Y TERRORISTAS


Francisco Muñoz de Escalona *


GENERAL THEORY OF TOURISM: REFERS TO ACTS OF WAR OR OF TERRORISM

 

 

 

Resumen

El título puede parecer una boutade o una provocación pero no es ninguna de las dos cosas. Es lo que pretende el autor como consecuencia de la aplicación de su teoría general del turismo (TGT). La TGT se basa en la visión macroeconómica del turismo la cual establece la oferta como eje central del análisis, no la demanda o consumo, como hace la visión sociológica convencional. El trabajo expone en primer lugar dos formulaciones sociológicas, una enaltecedora del turismo y otra crítica destacando las anomalías de cada una de ellas. Pasa el autor a continuación a exponer la visión microeconómica, la única que permite identificar tanto el producto como la empresa turística de un modo objetivo y unívoco. Es su identificación lo que permite llevar a cabo la generalización del turismo que lleva a incluir en él los actos bélicos y las actividades terroristas, algo que no supone, en absoluto la aceptación de los mismos pues una cosa es la lógica científica y otra los sentimientos morales.

Palabras claves: crítica de la doctrina convencional, enfoques de demanda y de oferta, identificación objetiva del producto y la empresa turísticos.

Clasificación JEL: H56

GENERAL THEORY OF TOURISM: REFERS TO ACTS OF WAR OR OF TERRORISM

Abstract

The title may seem to be a boutade or a provocation, but it's none of them. The author means it as a result of application of his General Theory of Tourism (GTT). The GTT is based on a macroeconomic approach of tourism, That places offer in the very center of analysis, and not demand or consumption as sociological approach conceives it. First of all, this work states two sociological formulations, one of them extols tourism, and the other one criticizes the anomalies of each formulation. Then the author states the microeconomic approach, the only one that allows us to identify both the product and the tourist enterprise in an objective and univocal way. It's his identification that allows him to carry out a generalization of tourism that includes acts of war and terrorist activities, something that doesn't suggest at all their acceptance, because scientific logic and moral feelings don't always match.

Key words: criticism of conventional doctrine, approach of offer and demand, objective identification of product and of tourist enterprise.

GENERAL THEORY OF TOURISM: REFERS TO ACTS OF WAR OR OF TERRORISM

Résumé

Le titre peut paraître une boutade ou une provocation, mais n'est ni l'une ni l'autre. C'est ce que prétend l'auteur comme conséquence de l'application de sa théorie générale du tourisme (TGT). La TGT se fonde sur la vision macroéconomique du tourisme qui fait de l'offre l' axe central de l'analyse, et non de la demande ou de la consommation, comme dans la vision sociologique conventionnelle. Le travail expose en premier lieu deux formulations sociologiques, l'une qui exalte le tourisme et l'autre qui le critique en soulignant les anomalies de chacune d'entre elles. L'auteur passe ensuite à la vision microéconomique, la seule qui permette d'identifier d'une manière objective tant le produit que l'entreprise touristique. C'est son identification, permettant de mener à terme la généralisation du tourisme, qui conduit à inclure les actes de belligérance et les activités terroristes, ce qui ne suppose aucunement l'acceptation de ces derniers, car une chose est la logique scientifique et une autre les sentiments moraux.

Mots clé: critique de la doctrine conventionnelle, approche de l'offre et de la demande, identification objective du produit et l'entreprise touristique.

 
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Introducción (UNO)
A fines del siglo pasado hubo autores que no dudaron en sostener que el estudio de turismo es exotic and bizarre, calificativos que bien mirado no se adivina si obedecen a un rapto de irónico sarcasmo o a un trance de rabiosa sinceridad. Que cada cual se quede con la explicación que prefiera, pero de lo que no cabe la menor duda es de que, al calificar así al estudio del turismo, los autores fueron muy piadosos porque pudieron haber usado palabras más duras. Hoy, después de casi siglo y medio de ingentes aportaciones teóricas y de haber alcanzado volúmenes masivos de turistas, el turismo parece haber conseguido la apariencia de tres verdaderos hitos:

  • Disponer de cuantiosos medios de difusión
  • Tener una pléyade de estudiosos repartidos por todo el globo
  • Disfrutar de incontable centros dedicados a su investigación

Así lo reconoce un eximio antropólogo dedicado al turismo desde hace años, el sirio-americano Jafar Safari (2005),  el cual manifestaba su entusiasmo de una forma contundente como se expone con las citas que se incluyen a continuación:
Tal vez sean muy escasas las industrias que han experimentado cambios tan rápidos como el turismo, a pesar de sus viejos orígenes, sobre todo durante las últimas décadas. Cuando las comunidades y los países descubrieron sus ventajas económicas y unieron sus esfuerzos para aprovechar sus potencialidades, el turismo dio lugar, repentinamente, a vigorosos negocios, a cuantiosos intercambios internacionales y  a una verdadera mega industria global. El turismo se desarrolló en poco tiempo y enseguida pasó a ocupar el segundo lugar después del sector petrolífero para más tarde igualarlo y conseguir después rebasarlo, hasta el punto de que hoy es ya la primera industria del mundo. Al mismo tiempo, se hicieron esfuerzos para desarrollar un cuerpo de conocimientos con capacidad para comprenderlo y para orientar su planificación y desarrollo en todas las fases y en todos los ámbitos: en el local, en el regional y en el internacional. Con respecto a su cientificación, también experimentó un proceso muy rápido y hoy es una importante y legítima área de investigación en numerosas universidades del mundo.
Con la frase transcrita el autor ofrece muy sucintamente lo que a su juicio es un descomunal crecimiento de eso que convencionalmente se viene llamando industria del turismo para, a continuación, ofrecer una visión panorámica del no menos descomunal desarrollo experimentado por los estudios de la dicha industria, citando de paso a sus múltiples beneficiarios. Y lo hace con estas encendidas y entusiastas palabras:
Un conjunto de estrategias científicamente diseñadas y empíricamente contrastadas, basadas ahora en un apretado corpus de conocimientos, beneficia a todos aquellos que están directa o indirectamente relacionados con el turismo, es decir, a los empresarios y  los organismos públicos encargados de él, a los turistas  que gastan su tiempo de ocio y sus ingresos disponibles para conocer pueblos y lugares tanto cercanos como lejanos, a las comunidades humanas que ponen sus recursos a disposición de los turistas y a las numerosas industrias que los alojan y, finalmente, a las instituciones dedicadas a la investigación, a la enseñanzas en un proceso de continua mejora ubicadas en las universidades.
Con esta segunda frase laudatoria, Jafari enaltece sin el menor pudor una realidad que le parece excepcionalmente rica y dinámica alentada por un proceso de continua mejora que tiende a la excelencia como generadora de riqueza y como corpus de conocimiento.
Después de pasar revista a las diferentes plataformas o etapas por las que cree que han pasado los estudios de turismo:

  • la plataforma favorable, en la que los estudiosos consideraban que el turismo es siempre bueno,
  • la plataforma desfavorable, en la que se consideró que el turismo es siempre malo,
  • la plataforma conciliadora, caracterizada porque  el turismo no es ni bueno ni malo sino según el proyecto en cuestión)

Jafari llega a la que llama plataforma científica, la que se caracteriza por la búsqueda del porqué del turismo, es decir, por su investigación con criterios científicos. Y le dedica estas elogiosas palabras:
Las posturas sostenidas por las plataformas favorable, desfavorable y conciliadora están entre las principales condiciones y factores que han influido en el desarrollo del pensamiento en el turismo.
Primero: se reconoce que, en general, independientemente de lo que digan estas posturas, el turismo es una industria global de grandes dimensiones que atiende diariamente a millones de turistas y que, tanto el turismo como la industria, existen  y seguirán existiendo. 
Segundo: cualquier desarrollo, incluido el turismo, genera efectos deseables y consecuencias indeseables, pero lo que verdaderamente interesa es la relación entre costes y beneficios.
Tercero: los criterios de las plataformas favorable y desfavorable sobre los impactos y los de la plataforma conciliadora sobre las formas de desarrollo constituyen una visión parcial o limitada.
Cuarto: cuando el turismo se plantea como algo completo o integrado, es decir, como un sistema para la adecuada comprensión de sus estructuras básicas y de sus funciones, se configura un corpus de conocimiento científico sobre dicha materia. Al mismo tiempo van surgiendo valiosos desarrollos de constructos teóricos sobre un fenómeno del que se ocupa una institución global y se transforma en un negocio que es una mega – industria. Como consecuencia de estas ideas, interrelaciones, procesos y asimilaciones, durante la última década del siglo XX aparece una cuarta postura, la plataforma científica.
Esta última plataforma, formada sobre todo por profesores e investigadores de la comunidad universitaria, constituye por sí misma una verdadera aportación de naturaleza científica que no tiene relaciones con las tres primeras plataformas. Gracias a su enfoque equilibrado, el turismo se configura en esta plataforma como un corpus de conocimiento objetivamente configurado que tiende puentes de conexión, nunca ataduras, con otros enfoques. Esta plataforma, pues:

  • estructura de un modo sistemático el estudio del turismo
  • le anexiona varios campos de investigación o disciplinas
  • determina su lugar en el amplio contexto multidisciplinario que lo genera y acomoda
  • examina sus funciones a nivel personal, sectorial, empresarial, gubernamental y sistémico
  • identifica los factores que lo condicionan y que son condicionados por él

Todo lo cual quiere decir que contribuye a un tratamiento holístico del turismo, no solo al estudio de sus impactos formas. El principal objetivo alcanzado es la formación de un verdadero corpus de conocimiento científico del turismo.
Con un desarrollo como este, que se comporta como un proceso en general simultáneo; las primeras definiciones del turismo, generalmente basadas en la distancia viajada, los motivos del viaje y el dinero gastado (que son los criterios manejados por la plataforma favorable), se encuentran en un proceso de continua transformación. El cambio se está dando hacia definiciones de naturaleza holística que incluyen, entre otras cosas, sistemas emisores y receptores de turistas y su interdependencia en el contexto global que los pone en funcionamiento.
El turismo se define como el estudio del hombre y la mujer fuera de su hábitat usual, de las redes y del aparato turísticos en el país en el que reside de ordinario y también en los países en los que no reside ordinariamente y que visita (países turísticos) y de sus relaciones dialécticas. Esta definición, e incluso otras más recientes y similares, se basa en las primeras nociones, las que se proponían medir el flujo turístico y sus magnitudes económicas desde el punto de vista de un sistema completo, pero incluyendo la economía solo como una más de las dimensiones que lo configuran. La orientación sistémica será sin duda la que se seguirá durante el siglo XXI, apoyada en nuevas definiciones revisadas y en el tratamiento holístico del turismo considerado como materia de investigación. En la actualidad, esta postura se encuentra en fase de consolidación pues quienes trabajan en la plataforma científica lo están consiguiendo gradualmente.
Jafari concluye su entusiástica evaluación del proceso seguido por el turismo con un diagnóstico contundente: hoy es evidente que ya se ha conseguido poner en marcha el ansiado proceso de la cientificación del turismo. La conclusión se basa en las siguientes premisas:

  • El turismo es hoy una boyante disciplina universitaria
  • Existe una igualmente boyante industria editorial dedicada a la publicación de ingentes cantidades de revisas especializadas, trabajos de investigación, libros, monografías y manuales para la enseñanza
  • Existen numerosos organismos nacionales e internacionales, públicos y privados dedicados al turismo
  • Todos los años tiene lugar un sinfín de congresos, seminarios y mesas redondas en los que se debate el turismo en casi todos los países y en las principales lenguas del mundo
  • Existen numerosos centros de investigación, formación y enseñanza a todos los niveles en la mayor parte de los países tanto desarrollados como en vías de desarrollo.

Todo ello configura a juicio de Jafar Jafari una envidiable realidad en el presente y perfila, a su juicio, un futuro verdaderamente prometedor del turismo como materia de conocimiento y como actividad generadora de empleo y de riqueza para la humanidad, de manera que no cabe la menor duda de que, asevera:
Hoy, cuando el nuevo siglo comienza, es absolutamente evidente que en el turismo está por fin surgiendo una postura científica entre los investigadores y en los ámbitos universitarios. Todo indica que la tendencia continuará en el futuro hacia la conquista de nuevas fronteras de conocimiento. Esta evolución realzará el estatus del turismo entre las instituciones formales y su importancia social. Pero la consecución del objetivo de cientificación dependerá del apoyo y de la influencia ejercida por la misma comunidad científica, las grandes instituciones, los organismos gubernamentales, las asociaciones y la industria del turismo. Dice un proverbio chino que un viaje de miles de millas empieza con un simple paso. Obviamente, el turismo es ya un viaje científico claramente en progreso después de los primeros pasos, está alcanzando nuevas fronteras y ensancha sus horizontes.
     Jafari no puede resistir apuntar que él mismo es uno de los principales artífices de las metas conseguidas y declara:
El perfil científico del turismo ya está diseñado y así se ha puesto de manifiesto con motivo de la celebración de los 25 años de éxito de la revista Annals of Tourism Researcha y con la publicación de Encyclopedia of Tourism, entre otros acontecimientos.
    Y termina coronando sus enaltecedoras palabras con estas otras:
Los primeros que se aprovecharán de sus logros serán la industria del turismo y los gobiernos que, en pro de sus intereses, capitalizan y utilizan las continuas aportaciones de conocimientos teóricos y aplicados del turismo en beneficio de todos, pero sobre todo del sistema completo de hospitalidad. La investigación políticamente realizada y las estrategias de actuación – que apuntan al futuro pero que se elaboran en el presente por medio de proyectos globales localmente desarrollados – facilitan los principios necesarios, las prácticas y los criterios que guían el proceso. El sector es consciente de que su proceso de cientificación es un viaje, no un destino. La meta sigue siendo el desarrollo de un corpus de conocimiento que esté temáticamente organizado y coherentemente sistematizado, que defina y ponga en valor ese fenómeno singular que combina conceptos y actuaciones en el campo de la teoría y la práctica que se llama turismo.

DOS
No debería pensarse que las citas del trabajo de Jafar Jafari son excesiva, aunque lo parezcan. Interesa dejar constancia de una valoración del turismo, como realidad y como pensamiento, tan altamente positiva formulada por un experto tan prestigioso. Nos hubiera gustado encontrar valoraciones que fueran simétricas a las de Jafar Jafari tan negativas como positivas son las suyas. Lo más seguro es que no existan y mucho menos expresadas de una manera tan sistemática por expertos de prestigio similar al de Jafari.
Rastreando por aquí y por allí cabe la posibilidad de encontrar juicios sobre el turismo no solo negativos sino incluso despreciativos. No pertenecen a la plataforma desfavorable de Jafari porque son emitidos por quienes no cultivan el turismo. El turismo, que tan excelso es, en general, para la comunidad de expertos, fuera de ella es una materia que se ve como frívola, poco seria y hasta risible. Cuesta creerlo pero no cabe duda de que sea así.
Nuestra postura personal está muy lejos de quienes bromean a costa del turismo pero también de quienes, como Jafari, lo valoran con palabras tan encendidas que rozan la hagiografía y lo propagandístico. Jafar Jafari, como hemos visto, está inequívocamente convencido de que el estudio del turismo ha conseguido recientemente, (¡por fin!, le habría quedado por decir) encauzarse por la brillante senda de la cientificación, una meta que habría sido conseguida gracias, en su opinión, a la aplicación a su estudio de la teoría de sistemas. La teoría general de sistemas (TGS), o más brevemente teoría de sistemas, es un enfoque analítico de orden interdisciplinario que trata de desentrañar ciertas realidades especialmente complejas  (llamadas por ello sistémicas) las cuales suelen suscitar el interés de diferentes disciplinas académicas. La idea se atribuye al biólogo austriaco Ludwig von Bertalanffy, que fue quien acuñó, a mediados del siglo XX, el nombre por el que se le conoce. La aplicación de una herramienta como la dinámica de sistemas al conocimiento del turismo implica muy claramente confirmar el consabido que le reconoce al turismo de tener una extremada complejidad, una característica tenida por incuestionable pero que invito al lector a cuestionar de momento y sin complejos. La cuestión que planteo, por consiguiente, es la de averiguar si tal estatus es procedente y si no habría otros enfoques con los que fuera posible alcanzar el conocimiento del turismo sin necesidad de recurrir a una metodología importada desde un campo como la biología, sin duda muy diferente al turismo. Porque, de ser así, la plataforma o etapa científica que Jafari cree que se ha iniciado recientemente gracias a la aplicación de la TGS tendría que ser relativizada o, al menos, enjuiciada de forma menos positiva.
Por decirlo de forma sucinta: también en el turismo debería seguirse el sano criterio de la navaja de Occam, el cual, como se sabe, sostiene que, entre dos teorías alternativas, la menos compleja puede ser también la más adecuada. Porque no cabe duda de que la dinámica de sistema es un método que, como ya se ha dicho, supone considerar que el turismo se conceptúa como una realidad extremadamente compleja. Con la aplicación al estudio del turismo de un método como la DGS importado de la biología se están admitiendo similitudes entre ambas disciplinas. La primera, ya lo hemos apuntado, es la complejidad.   Pero se admiten otras similitudes que no están claras ni mucho menos. Entre ellas que el turismo no es como la vida una realidad física sino social. La DGS aplicada al funcionamiento de los seres vivos parte de que sus diferentes componentes se relacionan entre sí en virtud de una leyes naturales mientras que las partes que configuran el turismo se relacionan obedeciendo a la voluntad de los múltiples sujetos que se ocupan de ellas. Esta es una disimilitud tan seria que debería haber llevado a quienes piensan que la DGS es aplicable al turismo. Pero es que, además, la DGS se aplica wen biología para ofrecer un panorama creíble del funcionamiento de la vida mientras que en el turismo no basta con exponer su funcionamiento, caso de que fuera posible con este método, sino de operarlo, es decir, de conocer cómo se lleva a cabo.
Durante las últimas décadas se han abierto diversos frentes entre los investigadores del turismo. A los ya existentes (económico, sociológico, psicológico, geológico y de marketing) se han unido otros nuevos (antropológico, filosófico y epistémico) sin olvidar los basados en el moderno análisis cluster o incluso los ecológicos o medioambientales y los culturales (a mediados del siglo XX hubo quien sostuvo que el turismo ha de ser estudiado desde la sociología de la cultura, opinión que se basaba en que la motivación hegemónica de los turistas era entonces la visita de monumentos de la antigüedad) y arquitectónicos. De esta forma, los estudios primigenios, centrados en el estudio de lo que los tratadistas de los países alpinos (Suiza, Alemania, Austria, Italia, Serbia y Francia) llamaron Fremdenverkehr (flujo de visitantes) y Fremdenindustrie (industria para visitantes), incorporaron nuevos aspectos o, mejor dicho, añadieron nuevas cuestiones tanto de orden académico (como las definiciones del turista basadas en la búsqueda del placer o la mera curiosidad, definiciones que se basaron en un sinfín de notas diferenciales mediante las que se aspiraba a distinguirlo del viajero) o de naturaleza industrial (como los hoteles, los restaurantes y los medios de transporte turístico).

La doctrina convencional del turismo se terminó configurando así una materia de formación verdaderamente aluvial habida cuenta de que ha ido adquiriendo añadidos a tenor de las necesidades del negocio o de las exigencias de comprensión del fenómeno a medida que cambiaba en el tiempo pero sin reconsiderar la pertinencia del enfoque original, el cual se siguió manteniendo contra viento y marea y así se mantiene. Ese carácter aluvial de contenidos y métodos ha terminado, finalmente, por darle a la materia la complejidad a la que aluden todos los estudiosos con lo que se da la impresión de que se trata de una profecía autocumplida. Se pasó por alto desde el principio que el turista es un viajero como se desprende de su etimología, pero no se aclaró debidamente a efectos analíticos que el turista no es un viajero sin más, sino un viajero que “va y vuelve”, un matiz que se ha pasado por alto  sistemáticamente dando lugar a complejos debates bizantinos. Este significado es el que estuvo presente desde que los hablantes dieron en usar tour para referirse a un viaje circular, y turista para designar al viajero que sale pasajeramente de su lugar de residencia porque sale para volver. No hacían falta más especificaciones. Estamos en las décadas centrales del XIX, tiempos en los que los viajes por tierra habían quedado ya muy facilitados gracias a las cuantiosas inversiones que se estaban haciendo en ferrocarriles, tanto en Europa como en América.

Sería interesante datar cuándo se empezó a reservar el término turista para referirse a quien hace viajes de ida y vuelta por placer o por curiosidad. Todo hace pensar que tuvo que ser después de 1836, fecha de la publicación de Memoires d’un touriste de Stendhal, ya que el turista, en esta obra, no es todavía un viajero por placer sino un viajero en general y por negocios en particular ya que se trata de un quien “escribe” el diario es un representante de productos de ferretería, un dato que olvidan los expertos que no han leído a Stendhal. Sin embargo, diez años más tarde, en 1846, Charles Dickens, en su obra Pictures from Italy, ya usa la denominación de turista para referirse a quienes como él iban a Italia por placer o por curiosidad. Podría decirse, por tanto, que fue a mediados del siglo XIX cuando los hablantes dieron en llamar turistas, exclusivamente, a estos viajeros, y viajeros a quienes hacían viajes de ida y vuelta por otros motivos. Los primeros estudiosos hicieron suyo el significado con el que los hablantes usaban el término turista, el cual, como se sabe, dio origen al término derivado turismo cuando el flujo de turistas era ya de tal cuantía que se hizo necesario utilizar un término para designar el nuevo fenómeno social.

De aquí que, antes de la década de los noventa del siglo XX, lo usual haya sido reservar muy celosamente el sustantivo turista para quienes viajan por placer, con lo que los estudiosos hicieron suyo el significado que le dan los hablantes. Hubo, es cierto, estudiosos que en los años treinta propusieron dos conceptos de turista, uno estricto, viajero por placer, y otro lato, viajero por cualquier motivo. La propuesta fue radicalmente desechada por la comunidad de expertos de un modo muy drástico que luego se ha vuelto en su contra. Como es sabido, esta cuestión se enconó durante demasiados años hasta convertirse en un bizantinismo que no quedó superado hasta la Conferencia de Ottawa de 1991, en la que se estableció que también los viajeros de negocios son turistas. Aun así esta consideración lata no pa pasado de las manifestaciones de la OMT ya que lo cierto es que aun quedan muchos estudiosos que siguen aferrados a la definición tradicional y que continúan considerando que el turismo es el flujo masivo de viajeros por placer o curiosidad con lo que siguen apegados a la idea vulgar. Porque este es el significado que la inmensa mayoría de los estudiosos dan todavía, y con la aquiescencia implícita de la comunidad internacional de investigadores, a los términos turista y turismo.

Al mismo tiempo, se ha establecido con fuerza una serie de convicciones relativas tanto al fenómeno social del turismo como a la forma más conveniente de conocerlo. Se dice una y otra vez, repetimos, que el fenómeno turístico es una realidad extraordinariamente compleja. Se sostiene, en consecuencia de forma generalizada que, debido a tan extrema complejidad, la realidad turística no puede ser perfecta e íntegramente conocida con ayuda de una sola disciplina científica sino que lo procedente es aplicarlas y al mismo tiempo. Es decir, que el estudio del turismo es una materia multidisciplinar o interdisciplinar. Incluso hay quien sostiene que el turismo es ya una ciencia autónoma e independiente de todas las demás, aunque, eso sí, que toma de todas las demás sus aportaciones tanto conceptuales como metodológicas para ser aplicadas al conocimiento de la realidad sui generis, el turismo, que es lo que le justamente le confiere sus estatus de ciencia independiente y autónoma, como pretendía el geógrafo yugoslavo Zivadjn Jovicyc bautizándola con la denominación de turismología, un término que ha está teniendo fortuna en Latinoamérica. Los autollamados turismólogos rechazan sistemáticamente que el turismo sea una realidad simplemente económica. Admiten que es un acto de consumo y como tal lo estudian pero desde la sociología o incluso la antropología y siempre con una dimensión geográfica (territorial). El turismo es considerado como una disciplina social que se ocupa básicamente de la otredad y del encuentro (pacífico) entre pueblos diferentes, unos en su territorio natural y otros desplazados a ese territorio. Incluso hay quien tiene al turismo como el instrumento más eficaz del que dispone el hombre para lograr la tan ansiada convivencia pacífica en el Globo Terráqueo. Puede que sea así, aunque obviamente aun no ha conseguido tan ansiada meta. En cualquier caso, si lo fuera, desbordaría el marco de lo científico para instalarse en otro muy  diferente, el de lo político un marco que no es descartable en absoluto, por supuesto, pero que de ser asumida nos alejaría de su estatus admitido. Tanto los turismólogos como todos los demás estudiosos del turismo enfocan, desde hace al menos un siglo, su estudio como un singular fenómeno social, el que se manifiesta por medio de flujos masivos de visitantes movidos por el placer o la curiosidad con cuya presencia en lo lugares que visitan dan lugar a numerosos efectos entre ellos la de un mejor conocimiento entre visitantes y visitados.

No descartan “los jurisperitos mejor intencionados” que entre los efectos de la estadía de los visitantes se encuentren los derivados de sus gastos en el sistema productivo de los lugares visitados pero tales efectos son para ellos menos significativos que los demás efectos, los de naturaleza psicosocial, cultural medioambiental y pacifista. Pues, como es sabido, los fenómenos, sean sociales o naturales, solo es posible conocerlos por sus efectos sobre otras realidades. Entre esas realidades se encuentran las que ya señalaron en 1942 Walter Hunziker y Kurt Krapf: la salud, la técnica, la economía, la política y la sociedad, realidades todas ellas con las que interactuaría el turismo. Es obvio que, así visto, estaríamos ciertamente ante una realidad extraordinariamente compleja y, por ende, de complicado manejo, razones por las cuales no cabe la menor duda de que también su adecuado conocimiento sería extraordinariamente intrincado.

Se comprende, pues, que la visión fenoménica haya llevado a probar todas las posibilidades cognitivas que ofrecen las diferentes disciplinas sociales existentes y también a probar la fundación de una nueva ciencia específicamente dedicada a ello, la ya citada turismología. Ha sido así como ha tenido lugar el complejo proceso de formación del conocimiento del turismo que ha tratado de resumir Jafari en la obra tan ampliamente citada más arriba. Un conocimiento que multidisciplinar asumido por todos los miembros sin exclusión los cuales creen que hoy ha su cenit. Porque hay un profundo consenso entre todos los estudiosos con respecto al corpus de la disciplina y también en que la economía por sí sola es absolutamente incapaz de aportar el adecuado conocimiento del turismo, un conocimiento que tendría que ser holístico, como propugna no solo Jafar Jafari sino, en general, todos los estudiosos. La economía estaría sistemáticamente desaconsejada para estudiar el turismo porque no solo no agota todas sus ricas facetas sino que podría entorpecer su correcto conocimiento.

TRES
Ya hemos dicho que procedería hacer referencia a las opiniones de los expertos críticos. Porque hay autores que son críticos con el turismo como interpretación teórica aunque a la postre lo sean sobre todo con su práctica y sin llegar nunca a un rechazo comparable a la hagiografía que llevó a cabo Jafari en 2005. 
Citamos un reciente trabajo del argentino Maximiliano Emmanuel Korstante (M. Korstanje 2011) escribe el párrafo que transcribimos a continuación:
De Kadt cuestionó seriamente las bases del desarrollo turístico como una forma de mejoramiento en la calidad de vida de aquellos pueblos que incursionaban por primera vez en este rubro. En concordancia, con la tesis de la periferia, de Kadt sostiene que en aquellos países los cuales han tenido un pasado de subyugamiento y dominación colonialista, tendrán menores posibilidades de experimentar “el desarrollo turístico” en forma positiva; en comparación con aquello quienes no experimentaron ningún lazo de dominación. (Kadt, 1992). Para el caso de Turner y Ash, el turismo era simplemente una forma más de dominación ideológica capitalista. Los grandes centros de acumulación del capital, se conformaban como los centros emisores de turistas e inversionistas, quienes a su paso hacían uso del consumo como su principal característica. Los países “no desarrollados” sólo cumplían un rol pasivo en albergar a estas verdaderas “hordas doradas” (turistas) las cuales agotaban todo recurso disponible a su alrededor. (Turner y Ash, 1975) (Jiménez Guzmán, 1986). Esta postura (corriente) crítica dio como origen la noción de Turismo Sustentable, el cual a diferencia de su predecesor (el turismo convencional) tenía como objetivo el cuidado del medio ambiente, y el desarrollo de la población anfitriona. La planificación (como instrumento de la racionalidad humana) sería capaz de organizar y articular los diferentes componentes del sistema turístico para paliar las consecuencias negativas del mismo. (Acerenza, 1991) (Boullon, 1985) (Jafari, 2005)
Hay en este párrafo algunas ideas que procede comentar.
Cuestionar las bases del desarrollo turístico no tiene por qué suponer una crítica al turismo sino a determinados proyectos de turismo. Estaríamos con ello en la segunda plataforma de Jafari, la plataforma la negativa, y habría que referirla a aquellos proyectos públicos y privados y políticas gubernamentales cuyos efectos sociales, culturales y medioambientales no sean respetables con los derechos de los pueblos nativos, es decir, con su identidad cultural, con la conservación de sus recursos naturales o con su dignidad como pueblos. Hay que separar estas formas de proceder del turismo en sí mismo. Incluso aunque sea la forma habitual de proceder tanto por parte de los inversores foráneos como de los gobiernos locales.
M. Korstanje escribe como conclusión:
En los últimos años, el turismo se ha concentrado como una actividad promisoria en el campo económico y a la vez se han abierto diferentes cátedras, materias, estudio de grado y postgrado cuyo interés principal es el estudio sistemático del turismo. No obstante, en parte por la falta de un corpus teórico con identidad propia, en parte por falta de método, pero lo que es más importante por la falta de un espíritu crítico, el turismo ha aceptado los paradigmas más polémicos y contradictorios de las Ciencias Sociales. En este contexto, mi humilde esfuerzo por demostrar las fallas metodológicas y conceptuales de la turismología para materializarse como una disciplina académica independiente.
Aquí sí se hace una crítica al turismo, crítica que se dirige sin ambages nada menos que al corpus teórico de la disciplina a la que se acusa nada menos que de carecer de identidad propia e incluso de disponer de un método propio. Adelantaré que coincido con Korstanje en una valoración tan extremadamente negativa del turismo como corpus científico aunque habría esperado que hubiera explicitado las razones que le asisten para ella. En lo que no estoy en absoluto de acuerdo con Korstanje  es en la segunda parte de su frase, en que el turismo haya “aceptado los paradigmas más polémicos y contradictorios de las Ciencias Sociales” porque hay en su juicio una descalificación tan sumaria que hace pensar en que la misma es más de naturaleza ideológica que científica.  El mismo experto (Korstanje, 2008) recoge aportaciones de diversos autores entre los que figuran Aparicio, Marc Augé, Paul Virilo y otros que han investigado un aspecto que concierne a la demanda de turismo cual es el miedo al viaje que sufren individuos que residen en países ricos y desarrollados. Se trata de averiguar si el miedo al viaje pudiera deberse a un exceso (sic) de modernidad aunque sin aclarar qué se entiende por exceso o sobre modernidad. Dice Korstanje que
Augé, en su obra El viaje imposible: el turismo y sus imágenes dirige su crítica hacia las formas estereotipadas de viaje que genera el turismo, ficcionalizando el mundo y creando personas en espectáculos. En este sentido, “El viaje imposible es ese viaje que nunca haremos más. El viaje que habría podido hacernos descubrir nuevos paisajes y nuevos hombres, que habría podido abrirnos el espacio a nuevos encuentros.
Pero realmente, como Augé, los demás autores citados por Korstanje vuelcan sus críticas a formas de turismo pervertidas, no al turismo como tal. Ellos están haciendo crítica social, no científica. Habría que recordar la crítica que Leon Walras hizo en su obra capital (1873 – 78) a la definición de la economía que dio Adam Smith en 1776. Para Smith, la economía es la ciencia que persigue dos objetivos, facilitar a la gente ingresos para que puedan vivir y también al Estado recursos para que pueda prestar servicios públicos. Walras escribió que esos objetivos son verdaderamente muy valiosos pero  su consecución no es precisamente el objeto de la economía como ciencia. Lo mismo cabe decir de la crítica al turismo que hace Augé. La crítica de las formas estereotipadas de viaje que puede ofrecer el turismo no puede verse como una crítica al turismo sino a esas formas. Hay expertos que son críticos no con las prácticas o formas del turismo sino con sus bases teóricas. Es lo que hacen Marcelino Castillo y Alexandre Panosso (2011) quienes sostienen que:
En el caso del turismo se analiza la construcción del conocimiento ofreciendo una panorámica que muestra sus orientaciones y sesgos, sobre todo de una investigación crítica.
Es cierto lo que dicen estos expertos en términos generales pero sin duda olvidan el caso aislado de Muñoz de Escalona, experto del que citan un trabajo de 2004 pero ignoran los precedentes (1988, 1991, 2003). Panoso y Castillo añaden para centrar el objeto de su trabajo:
La reflexión se hace en el marco de la perspectiva crítica que combina la reflexión filosófica y el análisis pragmático.
Una combinación sin lugar a dudas harto singular por lo que merece la pena seguir con la lectura del mismo: Ya en la introducción, en el trabajo se invoca un filósofo harto peculiar, P. K. Fayerabend (1924 – 1994), cuyo pensamiento experimentó un proceso que le llevó desde el primer popperimo al antirrracionalismo empirista y a continuación al antiempirismo seguido de un antipositivismo rabioso para llegar al relativismo, y siempre desde una postura hipercrítica y anarquista para terminar siendo el padre del anarquismo epistemológico. Su postura queda reflejada en su creencia de que la ciencia cambia pero nunca mejora. El antipositivismo de Fayerabend no parece, pues, el visado más recomendable para utilizarlo como fundamento de la crítica de la doctrina del turismo. Por ello no debe sorprender que quienes lo hacen lleguen a escribir que
La producción del conocimiento del turismo, su tratamiento ha caído en una perspectiva cietificista enmarcado en un tipo de explicaciones unívocas (de rigor, sistematicidad, logicividad, exactitud y medida positivista) que, por novedosas, ha transpuesto modelos y métodos de ese corte así como perfeccionando sus bases en neopositivismos, neoestructuralismos y neofuncionalismos para dar sentido a dichas explicaciones y justificar aplicaciones en su vertiente tecnológica
Porque ellos abogan contra estas depravaciones científicas por
Rebasar una investigación de tipo causal-explicativa para adentrarse a una de tipo reflexivo-interpretativa que permita penar y repensar esto que se llama turismo, tanto para la producción de su saber específico como para la conducción de las actividades relacionada con él.
Creemos que Castillo y Panoso han intentado llevar a cabo una crítica a la totalidad del turismo como disciplina académica pero también creemos que no solo no lo han conseguido sino que, y esto es lo más singular, han rozado posturas anticientíficas en su afán por dar a la materia el nivel formal que no tiene pero tampoco lo necesita, como veremos más adelante. En la frase que transcribimos ahora laye una grave descalificación de la disciplina que los autores debería haber apoyado con argumentos de peso:
La investigación del turismo ha obviado las implicaciones ha obviado las implicaciones epistemológicas ad-hoc a los objetos investigados y, sobre todo, la importancia que tiene la reflexión filosófica más allá de plasmar ‘explicaciones teóricas’ que derivan de observaciones y sensorialidades de los objetos manifiestos llámense estos desplazamientos de turistas, impactos sociambientales, política turística o invención tecnológica, por mencionar solo algunos.
(porque), la reflexión que se plantea en este artículo no implica proponer al turismo como ciencia; más bien mostrar que otras perspectivas de investigación, apoyadas en la reflexión filosófica, permite esclarecer el término ciencia como no privativo del canon de la cientificidad moderna, no restringido a la respetabilidad nomológica de sus procesos, principios y argumentos, sino la plausibilidad de entender la ciencia en el turismo como la producción de un conocimiento con la rigurosidad que permite el enjuiciamiento de sus aporías (contradicciones y opuestos inherentes a lo social del turismo) mediante los argumentos que sustenten sus discursividades.
No parece necesario aportar más citas de este singular trabajo de Castillo y Panoso. O no han logrado expresarse con la necesaria claridad o habría que pensar que formulan una revisión de la disciplina que va más allá de lo razonable. Más tarde volveremos sobre este asunto, sin duda relevante. Pero da la impresión de que los autores han llevado aun más lejos los planteamientos ya excesivamente academicistas que lastran la imprescindible operatividad que debería exigirse a la teoría del turismo.

 

CUATRO
La entrada de estudiosos académicos en la investigación  del turismo que tuvo lugar en las primeras décadas del siglo XX desplazó a los estudiosos que desde el negocio hotelero llevaban años aportando sus conocimientos a la interpretación del fenómeno del turismo. Los estudiosos académicos aportaron formalización al corpus naciente pero a la vez lo sometieron a un tratamiento teorizante en el peor sentido de la palabra. Es verdad que ellos se limitaron a denominarlo doctrina del turismo (Fremdenverkehrlehre) pero en el sentido que tiene el vocablo alemán, que no es otro que el de las reglas a las que parecía atenerse un flujo de forasteros por motivos autónomos que no hacía más que aumentar. De ahí a las pretensiones de darle estatus científico hay un trecho que no se debió recorrer. Pues fue esa inadecuada pretensión la que terminó abriendo las puertas a las veleidades que aspiran a plantear el turismo con ayuda de instrumentos de gran calado como la epistemología y la filosofía.
Urge que los estudiosos del turismo se convenzan de que una cosa es la ciencia, otra el arte y otra la ética. Leon Walras, en su Elements d’economie politique pure (1873 – 1877) se planteó la necesidad de distinguir la ciencia del arte y de la ética de cara a la economía, disciplina que entonces aun no había logrado el nivel que hoy tiene. Se basó en el pensamiento de Charles Coquelin (1802 – 1852) expresado en la siguiente frase:
El arte consiste (…) en una serie de preceptos o reglas que deben cumplirse; la ciencia en el conocimiento de ciertos fenómenos o relaciones observadas o descubiertas. El arte aconseja, prescribe, dirige; la ciencia observa, describe, explica. Cuando un astrónomo observa y describe el curso de los astros hace ciencia; pero cuando de sus observaciones, una vez realizadas deduce reglas aplicables a la navegación está haciendo arte. Por tanto, observar y describir los fenómenos reales es ciencia; dictar normas, prescribir reglas es arte.
Es esencial insistir en la distinción que acabamos de hacer, porque si bien es cierto que la ciencia y el arte tienen numerosos puntos de contacto, no lo es menos que sus radios y circunferencias se encuentra lejos de ser idénticos.
Sin embargo, a pesar de tanta clarividencia, Walras se da cuenta de que Coquelin no llegó a una nítida distinción entre ciencia y arte. Se basa en que se hizo las siguientes preguntas:

¿Es la riqueza el objeto de la ciencia económica o lo es la industria? ¿por qué se ha considerado la riqueza como el objeto de estudio de la economía y no la industria?
¿Cuáles fueron las consecuencias de esta confusión?, se pregunta Walras, para responder de inmediato que el error de Coquelin estuvo en
Señalar que la economía es una rama de la historia natural de la humanidad y (agrega Walras): Es imposible llegar más lejos en el error tras hacer precisiones tan certeras. Es suficiente un instante de reflexión para convencer a cualquiera que se encuentra libre de prejuicios sectarios de que existe una teoría de la riqueza, es decir, del  valor de cambio y del intercambio, la cual es una ciencia, y una teoría de la producción de riqueza por medio de agricultura, la industria manufacturera y el comercio, la cual es un arte porque aplica las verdades obtenidas por la ciencia de la riqueza.

Y así hemos podido llegar no solo a clarificar la distinción entre ciencia pura y arte sino, también, a preguntarnos por la naturaleza del turismo con el fin de averiguar si el corpus que se ha venido conformando durante el último siglo es una ciencia como postula la comunidad de expertos o es más bien un arte como lo son la agricultura, la industria transformadora y los servicios, es decir, los tres componentes básicos del sistema productivo. En el trabajo ya citado de M. Korstanje (2009) se afirma que
Los enfoques existentes sobre la filosofía del turismo descansan sobre tres elementos: el turista, el medio de locomoción y el anfitrión que lo recibe.
Es decir, diríamos nosotros: los tres elementos de la filosofía del turismo son:

  • en el sujeto que se desplaza desde el lugar en el que tiene su residencia permanente a otro lugar en el que estará como pasajero para regresar al origen,
  • los medios técnicos que facilitan el doble desplazamiento y la estadía y
  • la comunidad anfitriona con todos sus recursos tangibles e intangibles

Ahora bien, de ser así cabe preguntarse qué diferencia hay entre la filosofía y la economía del turismo. Porque la economía del turismo tiene dispondría de los mismos elementos que según Korstanje tiene la filosofía del turismo por lo que es ocioso involucrar una materia tan egregia en los prosaicos menesteres del turismo. Porque se da la circunstancia de que la humanidad hace turismo y se interesa por el turismo porque le es útil (los ciudadanos en general) y porque puede ser una fuente de ganancias (los gobiernos y los empresarios), y son precisamente estas circunstancias las que lo convierten en un objeto susceptible de ser tenido en cuenta por la ciencia económica sin que ello sea obstáculo para que otras disciplinas se ocupen de él de acuerdo con sus específicas preocupaciones.

Llegados a esta contundente conclusión, que el turismo puede y debe ser estudiado por la economía es imprescindible indagar en qué condiciones puede hacerlo. Porque es igualmente obvio que la economía no puede hacer mucho por el turismo de mantenerse el enfoque convencional, enfoque que no es otro que la de su consideración como una actividad de consumo. La economía como ciencia de la riqueza derivada del intercambio de bienes y servicios en el mercado se ocupa de la actividad productiva, que es la que ofrece los bienes y servicios con destino al mercado. El consumo no es en puridad una actividad económica sino más bien aquella a la que está destinada la riqueza, bien para generar más riqueza (inversión) o para satisfacer las necesidades sociales y vitales.

El turismo, entendido como el fenómeno social materializado por los flujos de viajeros por placer, pone todo el énfasis en esos viajeros como consumidores finales de bienes y servicios en los lugares visitados. Walter Hunziker (1942) definió el turismo como un conjunto de relaciones entre los visitantes y los residentes en los lugares que visitan, relaciones entre las que destacó las de compraventa. Por eso, para él,
Las relaciones económicas son tan evidentes que se podría intentar la consideración del turismo como una categoría económica.

A renglón seguido manifiestó que hacerlo así sería incorrecto y reduccionista, opinión que responde a concibió el turismo como todas las relaciones, no solo las de compraventa (enfoque sociológico), razón por la cual estableció que no es posible estudiar el turismo como mera categoría económica.

Michelle Troisi, profesor de la Facultad de Economía y Comercio de la Universidad de Bari en la Italia fascista, lo expresó con absoluta claridad en su obra La rendita turistica (1940): En la medida en que el turista adquiere en los lugares que visita un heterogéneo conjunto de bienes y servicios en dichos lugares se ofrece ese mismo conjunto de bienes y servicios. Es al valor monetario de esa oferta a la que Troisi llamó renta turística, una magnitud obviamente agregada y que forma parte de la macromagnitud a la que la economía llama producto interior bruto correspondiente al sistema productivo del lugar en el que se producen esas relaciones de compraventa.

Sorprende que esta verdad, desvelada por Troisi hace nada menos que casi tres cuartos de siglo no haya sido tenida en cuenta, no ya por los sociólogos y geógrafos que se dedican al estudio del turismo y que incursionan en el campo de la economía cuando escriben o hablan de turismo sino, y estos es lo verdaderamente desconcertante, ni siquiera los economistas que se dedican al turismo. Simulan todos ellos que analizan el turismo desde la economía y aun no se han percatado que una macromagnitud no se puede estudiar como si fuera una micromagnitud. Si el turismo se enfoca como consumo lleva inevitablemente al conjunto de las actividades productivas del lugar en cuestión y por esta sencilla razón la economía tan solo puede aspirar a cuantificar el aumento de la demanda en dicho lugar. En puridad bastaría con hacer un ejercicio meramente contable. Si aplicáramos la  economía a la  demanda adicional que comportan los gastos del flujo turístico habría que ir más allá de la mera contabilidad y hacer uso del multiplicador keynesiano aplicado a dichos gastos. ¡Pero nunca resultará viable hablar de la oferta y la demanda de cada bien o servicio en sí mismo entre otras cosas porque ese análisis habría que aplicarlo a todos ellos, y eso ya se hace fuera del ámbito del turismo. Copiamos a continuación parte de lo publicado en el blog de Francisco Muñoz Escalona (www.boletin_turistico.com) con el título El turismo y los economistas

Entre los economistas viene al caso diferenciar entre los que saben de turismo y los que no saben más de lo que sabe cualquiera de esa, para algunos, ciencia moderna que se llama turismo. De los segundos nada voy  a decir, me voy a limitar a los primeros. Y lo primero que voy a decir de los primeros es que tienen a gala saber de turismo pero sin desviarse un ápice de lo que saben los demás incontables titulados que tienen a gala saber de turismo. Todos ellos, los economistas y los que no lo son, sostienen encantados y sin desmelenarse que el turismo es un moderno fenómeno social importantísimo especialmente complejo y que por ello su adecuado conocimiento integral se resiste a la aplicación de una sola disciplina científica en aislado, pero sobre todo si esa disciplina es la economía. Es más, incluso se ha llegado a decir que la economía obstaculiza el pleno conocimiento del turismo. ¿Por qué?, cabe preguntarse. Pues muy sencillo: porque, como se da por sabido, la economía es una ciencia harto limitada y sobradamente alicorta, la cual en el turismo no va más allá de las prosaicas e interesadas relaciones que se dan entre los consumidores de un lugar y los productores de otro, los primeros llevados por la aspiración a maximizar su satisfacción y los segundos por la maximización de sus beneficios. Vamos, que la economía no ve más allá de las narices de unos y de las antiparras de otros y por ello olvida de las verdaderas esencias del turismo, esa ciencia que estudia una industria sin duda excelsa, la que, como ya pontificaron los eximios suizos Hunziker y Krapf, está plenamente del lado del hombre, pero no del hombre en cuanto consumidor y productor, no, ¡qué vulgaridad!, sino del hombre en toda su inmensa e inefable integridad.

Creen, pues, los economistas que saben de turismo, como todos los que se jactan de saber de turismo, que estudiar el turismo desde la economía lleva a un deleznable economicismo, un peligro que hay que evitar a toda costa y cueste lo que cueste si queremos aspirar a su perfecto y adecuado conocimiento. Lo cual no quiere decir que haya que evitar hablar de las curvas de oferta y demanda, o del  mercado, o del producto y de los productos turísticos, ¡qué va! De eso no solo hablan los economistas que saben de turismo, sino también los geógrafos, los sociólogos, los ambientalistas y los antropólogos que también saben de turismo. Lo que pasa es que hay que hablar de esas cosas un poco como de puntillas y respetando muy cuidadosamente la indubitada e indubitable especificidad del turismo, algo que nunca debe cuestionarse so pena de caer en el grupo de los economistas que no saben de turismo y sin embargo osan hablar de turismo, incluso, ¡oh supremo atrevimiento!, a escribir sobre turismo. ¡Y hasta ahí se podía llegar! Concretamente, a quien esto escribe, como aviso a navegantes, se le ha acusado (hace poco aquí, en este mismo blog) nada menos que de atreverse a escribir de turismo sin exhibir la titulación (sic) que le faculta debidamente para hacerlo.

Voy a comentar a continuación una obra que refleja la postura de los economistas que saben de turismo para ejemplificar su actitud con respecto a la aplicación de la economía al estudio del turismo. Se trata de  la obra de dos economistas españoles que sin duda saben de turismo, además de ser excelentes economistas. Uno de ellos fue rector magnífico de la Universidad de Alicante y el otro es hoy director del prestigioso Instituto Nacional de Turismo. La obra se publicó en 1996 por la Editorial Civitas y se titula Introducción a la economía del turismo en España. Me refiero a Andrés Sánchez Pedreño, director, y a Vicente M. Monfort, coordinador. La obra fue y sigue siendo una obra de referencia.

El capítulo I de la obra citada lo escribe Andrés Sánchez Pedreño y se titula, muy significativamente, El turismo en el análisis económico. En él el autor reconoce la necesidad de “integrar el turismo de manera específica dentro de la disciplina metodológica del análisis económico” porque “sus peculiaridades (sic) nos obligan a otorgarle un status especial (sic) por sus características propias como actividad económica singular diferenciada”

El prof. Sánchez se muestra convencido de que “si las actividades productivas como son la agricultura y la industria transformadora han recibido un tratamiento pormenorizado dentro de la teoría económica y la economía aplicada como ramas de las ciencias económicas, también es de razón otorgar ese nivel académico al estudio del turismo como actividad creadora de riqueza, objetivo último del análisis teórico en esta campo científico”

No  creo que haya economista que no suscriba plenamente tan atinadas palabras.

Pero el prof. S. Pedreño añade a renglón seguido: “Si tratáramos de extrapolar, sin más, el esquema analítico de un manual introductorio de economía a este bien económico (sic) llamado turismo, el servicio turístico (sic), nos encontraríamos probablemente con limitaciones importantes, sesgos relevantes y aplicaciones no del todo correctas”

Traduciendo al román paladino: Según don Andrés, si bien es de razón estudiar el turismo aplicando el análisis económico, eso no es plenamente aconsejable. ¿Por qué? Pues, según Don Andrés, porque el método económico tiene importantes limitaciones para estudiar el turismo, y si lo empleamos obtendremos formulaciones incorrectas. Así: ni más ni menos que así. Cabe preguntarse por qué Don Andrés dirige una obra como esta, titulada nada menos que Introducción a la economía del turismo. No se entiende bien que en ella don Andrés recomiende la “necesidad de integrar el turismo (…) en la disciplina económica” por muy específica hagamos esa integración, habida cuenta de las limitaciones que dicha integración comporta.

De acuerdo con lo dicho, Sánchez Pedreño se muestra partidario de “adaptar los modelos teóricos formales) y limitar las recomendaciones prácticas del análisis económico convencional en función de aquellas singularidades que condicionan las previsibles conclusiones que se obtendrían del estudio concreto sobre un sector de los servicios como el turismo”

De aquí a decir que el turismo se debe estudiar aplicando el análisis económico siempre y cuando se tenga sumo cuidado de hacerlo con cuidado no vaya a ser que el método se aplique con todas sus consecuencias nos lleve a conclusiones sesgadas.

Sánchez Pedreño justifica esta singular forma de estudiar el turismo por medio del análisis económico en que “hay que aceptar el elevado componente interdisciplinar que afecta al conocimiento del complejo fenómeno turístico. La eliminación o la simplificación de todos aquellos factores que, formando parte del bien “turismo” , aun siendo ajenos al objeto primario del análisis económico, tengan relevancia en otras disciplinas científicas, puede distorsionar en buen grado las conclusiones y las sugerencias que se analizan desde una óptica meramente economicista”

He aquí las graves consecuencias de ignorar que si el turismo se concibe como un acto de consumo la aplicación del análisis al mismo como si fuera una actividad productiva específica no es posible. Para aplicar el análisis económico convencional al turismo es imprescindible comprobar si es viable concebir el turismo como una única actividad productiva objetivamente identificada. Y no fuera viable habría que admitir que la aplicación del análisis económico al turismo no es posible y además carece de sentido ya que si es hay que estudiar todas las actividades productivas una por una eso ya se hace fuera del ámbito del turismo.
CINCO
En un trabajo de 2010 enjuiciamos así las tesis de Jafar Jafari (2005):
¿Es una ciencia el turismo? ¿No es el turismo una ciencia? Vana discusión. Una discusión que cabe catalogar entre las bizantinas, es decir, entre las que, caso de tener, una respuesta, esta sería inoperante. Lo cierto y real es que hay toda una pléyade de centros de enseñanza cuyo número no deja de aumentar. Si fuera cierto, como cree Jafar Jafari, que cantidad es sinónimo de calidad podríamos decir que, uniendo el enorme volumen de centros al enorme volumen de publicaciones y congresos, el turismo es hoy una ciencia indiscutible, que acapara una gran atención mundial y por tanto cuenta a su servicio con una cantidad de recursos personales, materiales y financieros muy considerables. Pero lo cierto es que, desgraciadamente, la cantidad no es sinónimo de calidad, calidad que, por otra parte, nunca se va a alcanzar si se sigue estudiando el turismo como si fuera un remedo del mundo y de la humanidad cuando lo cierto y verdad es que el turismo no es más, ni menos, que una actividad productiva a la que se pueden dedicar inversiones que serán rentables si los que la gestionan conocen la tecnología de producción, los principios que garantizan una buena gestión empresarial y son capaces de basarlas en un perfeccionado conocimiento de la coyuntura de los mercados. Siendo esto así como es, ¿de qué puede servir seguir insistiendo en la inter, multi, trans o posdisciplinariedad aplicadas a una actividad que es de producción porque también es de consumo? (Turismo: del viejo saber popular a las modernas sofisticaciones academiscistas, en Turydes, vol. 3, nº 7 (abril, 2010) en www.eumed.net
¿A qué responde una frase tan contundente? Pues, ni más ni menos, a que desde 1988 llevamos sosteniendo que el turismo sí puede ser visto como una única actividad productiva objetivamente identificada. Para convencerse invito al lector a consultar El turismo explicado con claridad (www.librosenred.net o www.eumed.net) el vol. II de Autopsia del turismo (www.eumed.net), una obra publicada en 2003 basada en la tesis doctoral leída en la Universidad Complutense de Madrid con el significativo título de Crítica de la economía turística. Enfoque de oferta versus enfoque de demanda. La tesis es de muy sencilla formulación: El turismo es la actividad productiva que fabrica planes de desplazamiento circular por cualquier motivo. Dicho de otro modo: Turismo es la actividad productiva que se dedica a elaborar programas de visita cualquiera que sea su finalidad.

Esta novedosa y revolucionaria concepción consigue hacer del turismo una actividad susceptible de ser estudiada, interpretada, analizada y entendida por medio del análisis económico. Dicho esto procede averiguar si tal concepción refleja bien la realidad de los hechos y, además, si es viable. Para ello podemos proceder de dos formas. En primer lugar observaremos por qué se desplazan los seres humanos desde donde están permanentemente asentados, qué necesitan para desplazarse y para qué se desplazan a otros asentamientos, en estos pasajeramente. En segundo lugar observaremos qué es lo que consumen los seres humanos desplazados a enclaves transitorios.

 

Método 1

Consiste en observar lo que hace el  sujeto en su asentamiento permanente. La observación aporta estos resultados:

  1. ¿Por qué? Se desplazan porque sienten la necesidad de determinados bienes o servicios no disponibles en su asentamiento permanente
  2. ¿Qué necesitan? Un plan de desplazamiento más o menos detallado que fije la fecha de salida, el itinerario a seguir, los medios de transporte a utilizar, los servicios de hospitalidad en los que alojarse y refaccionar y la fecha de regreso.
  3. ¿Para qué se desplazan? Para consumir los bienes o servicios cuya necesidad sienten

 

El plan de desplazamiento circular puede ser fabricado por el mismo sujeto que necesita realizarlo (consumirlo), en cuyo caso estamos ante un caso de autoproducción. O puede adquirirlo en el mercado si hay empresas que lo fabrican para los demás, con lo que estaríamos ante un caso de alteroproducción.

Método 2

Consiste en observar lo que hace el sujeto en el asentamiento pasajero:

La observación permite darse cuenta de que el sujeto realiza una serie de actividades que estaban programadas y previstas en el plan de desplazamiento circular. Es decir, el sujeto desplazado consume (realiza) un programa de estancia o de visita.

El asentamiento pasajero al que se desplaza el sujeto puede estar en su mismo país o en el extranjero resolviendo el reduccionismo inicial de que solo existe turismo hacia fuera de la nación del sujeto. Además, el desplazamiento circular del sujeto obedece a cualquier motivo con lo que, igualmente, queda superado el reduccionismo inicial de que solo existe turismo si responde a motivos placenteros o de tiempo libre.

Citamos a continuación la opinión al respecto de un estudioso del turismo emitida en una fecha tan temprana como 1974:

Ni el turismo es únicamente turismo exterior ni la problemática que aquí se examina se origina totalmente en el tiempo libre. El turismo descansa hoy sobre “el desplazamiento en una gama muy amplia de motivaciones, hecho que aumenta considerablemente el campo de estudio tradicional (Joan Colls)

Pero es que, además, la nueva concepción del turismo abre aun más su campo de estudio al superar un nuevo reduccionismo, el de focalizarlo en el asentamiento pasajero (el llamado destino turístico) sometiendo a consideración la utilidad que reporta al sujeto desplazado. Amando de Miguel lo supo ver así en la fecha citada como queda de relieve en la cita de sigue:

 

Conviene superar el economicismo (sic) implícito en el hecho de considerar el saldo de divisas turísticas como una cifra en la que lo positivo es que los extranjeros (sic) entren en el país y no que salgan los nacionales. A partir de cierto nivel económico, lo positivo para un país es que lleguen ciudadanos de otros países pero, sobre todo, que los propios nacionales viajen al extranjero (sic). En este supuesto, el drenaje de divisas no significa de modo necesario un derroche económico (sic) un enriquecimiento de la población, un aumento del bienestar social
(Hemos llamado la atención sobre el uso por el autor de palabras como economicismo por ser un término que, a más de peyorativo es incorrecto, extranjero, porque lo correcto es decir forastero y económico porque basta decir derroche)

Quedan así puestos los fundamentos de la teoría general del turismo como consecuencia de:

  1. la generalización de las motivaciones de los desplazamientos circulares (de los placenteros a todos los posibles)
  2. la generalización del tipo de asentamientos pasajeros (de los ajenos (extranjeros) a los propios (interiores)

 

Y de una reducción, la consistente en abandonar el heterogéneo conjunto de todas las actividades productivas del sistema productivo que se deriva del enfoque convencional (centrado en el sujeto que se desplaza) a la una única actividad productiva objetivamente identificada como consecuencia del abandono de dicho enfoque y de la aplicación de un enfoque alternativo, el que se centra en el plan/programa de desplazamiento circular/ estancia o visita. Es esa reducción/identificación de la única actividad que puede ser llamada con toda precisión turismo la que permite aplicarle con absoluta propiedad a esta específica y ahora bien establecida actividad el análisis económico sin caer en el peligro de obtener conclusiones sesgadas o erróneas como advirtió en 1996 Andrés Sánchez Pedreño. De todo lo dicho se desprende una nueva convicción: la de que el turismo no es una ciencia en el sentido de pura que León Walras dio a la economía sino un arte, es decir, un corpus sistematizado de reglas prácticas destinadas a la producción y a la comercialización de planes de desplazamiento circular o programas de visita, es decir, de turismo.

 

SEIS
Turismo pues, es, desde el punto de vista de su condición de actividad productiva, una rama de la industria que se ocupa de la elaboración y venta de planes de desplazamiento circular cualquiera que sea la motivación, la distancia recorrida y el tiempo invertido. Se configura así esta rama industrial como la prestación de un servicio que, como cualquier otra mercancía, se obtiene consumiendo otros productos, en este caso también servicios. Procede hacer referencia a la obra de Piero Sraffa (1898 - 1983) titulada Producción de mercancías por medio de mercancías. En el caso del turismo se trata de la producción de un servicio por medio de servicios.
Los servicios con lo que se produce el turismo se puede agrupar en dos clases bien diferenciadas:

  • servicios incentivadores
  • servicios facilitadores

Ambas denominaciones resaltan la función que cada uno de ellos cumple en el proceso productivo. Los servicios incentivadores son fundamentales para la producción de turismo, se definen como el conjunto de bienes y servicios que necesita el sujeto que se desplaza y se localizan en los asentamientos pasajeros. Por su parte, los servicios facilitadores son todos aquellos cuya función es la hacer cómodo el desplazamiento al asentamiento pasajero y confortable la estancia en el mismo.
Las diferentes formas de turismo dependen de la necesidad originaria que llevó a sentir la necesidad derivada del desplazamiento/visita. Dicho de otro modo: del tipo de servicios incentivadores utilizados en su producción. Por ello es imprescindible proceder a la adecuada tipificación de las necesidades y de los servicios que las satisfacen.
Podemos clasificar las necesidades de desplazamiento en

  • autónomas, las que responden solo y exclusivamente a la libre decisión del sujeto
  • heterónomas, las que obedecen a cualquier misión o tarea que el sujeto se ve obligado a realizar

Los servicios incentivadores pueden ser tipificados en función de numerosos criterios, entre ellos el radio de influencia territorial del servicio (local, regional, nacional, continental y global). Para terminar tan solo queda llevar a cabo unos sencillos comentarios sobre los actos bélicos y las actividades terroristas a la luz de la exposición realizada en los cinco puntos precedentes. Empezaremos diciendo que los primeros desplazamientos circulares que realizaron los hombres fueron los que se llevaron a cabo para conquistar territorios ajenos, es decir, los actos bélicos. La guerra organizada surge en la historia de la humanidad a partir de la sedentarización de los pueblos. En el nomadismo la violencia era consustancial a los humanos pero carecía de organización. Organizar la guerra equivale a planificarla y por ello fue la primera forma de turismo conocida aunque decirlo pueda chirriar en oídos excesivamente castos. Una de las primeras guerras de la que se tiene noticias es la de Troya hace 3.200 años. Según su narración por Homero, los griegos dedicaron diez años a su planificación, más años de los que duró la conquista y destrucción de Troya. Después ha habido más guerra y las seguirá habiendo sin remedio pero no abundan los documentos que se ocupan de enumerar y describir las actividades destinadas a su planificación.

En un trabajo de próxima aparición, titulado Los mitos del turismo, el autor detecta catorce mitos. Son los siguientes: El turismo

  • es incompatible con la guerra
  • es la primera industria mundial
  • es una realidad altamente compleja
  • es un dinamizador excepcional de la riqueza
  • es un instrumento muy valioso para la paz universal
  • es un sector económico transversal
  • es una industria sin chimeneas
  • es practicado por los nómadas
  • es una experiencia personal e intransferible
  • es un conservador del patrimonio cultural y natural
  • es tan antiguo como la humanidad
  • tiene como mucho algo más de medio siglo
  • es extremadamente importante
  • necesita que se dediquen cuantiosos recursos a su investigación

Transcribimos el desarrollo del primer mito. La guerra es incompatible con el turismo:
Las aguas están tan estancadas desde hace años en el estanque del turismo que no debe sorprender a nadie que estén ya científicamente putrefactas (con perdón). No podía ser otra la consecuencia de haber elevado a la categoría de científica las ideas vulgares apoyadas, exclusivamente, en el sentido común a pesar de que tuvieran perfiles creíbles y por ello sostenibles en su momento. El paradigma supuestamente científico resultante ha venido rigiendo tanto las políticas gubernamentales como las estrategias privadas de cara a la inversión y gestión de los llamados negocios turísticos. Es obvio que, a pesar de las insuficiencias científicas del corpus de conocimiento disponible, los resultados alcanzados en los ámbitos de actuación que constituyen el mix entre lo público (infraestructuras, promoción de destinos y actuaciones tendentes a restaurar recursos o a crear otros nuevos) y lo privado (negocios oferentes de servicios de transporte y de hospitalidad), no han sido desdeñables en el pasado. Lo que no se puede asegurar es que sigan siéndolo de cara al futuro ya que si no se produce una revisión del paradigma existente a las actuaciones venideras tan sólo les cabe insistir en la calidad a ultranza y en la promoción a toda costa.
Hoy demostraré que la guerra no es, como se cree, enemiga del turismo, ni, como se sostiene a menudo, incompatible con él. Quienes lo hacen se encasquillan en el reduccionismo sin bases del turismo como y mero simple vacacionismo.
La cobertura de las necesidades de la guerra obligó a los ejércitos a desarrollar en su propio seno la fabricación de programas de desplazamiento circular con medios de desplazamiento, alojamiento y recreación propios o ajenos para uso de las tropas.
En este sentido conviene reflexionar sobre la noticia que informaba de que el fundador del Cirque du Solei será el séptimo turista que irá a la Estación Espacial Internacional (ISS), estará en ella algunos días y volverá después a la Tierra. Es obvio que consumirá un plan de estancia pasajera fuera de nuestro viejo planeta, programa que habrá sido preparado (producido) por una agencia espacial de naturaleza militar. Este turista espacial pagará un precio que no está al alcance de cualquiera. El turismo, ahora en su variante cósmica, volverá a ser una forma de ostentación que había desaparecido antes de la socialización del turismo terrestre.

Uno de los grandes mitos del turismo es creer que la industria turística es incompatible con la industria militar. Quienes practican tan superficial creencia olvidan que sin industria militar no contaríamos con el desarrollo de los medios de transporte que facilitan los desplazamientos circulares por la faz de la Tierra. Como tampoco se dan cuenta de que los primeros que hicieron desplazamientos redondos o circulares fueron los guerreros. Y aún hay más: las fuerzas armadas tenían que prepararse sus propios programas de desplazamiento, incluyendo las actividades a desarrollar, la guerra el cerco del enemigo. El plan era preparado (producido) conjuntamente por el Alto Mando (estrategia) y por la intendencia (logística), es decir, contaban con disponer de servicios de transporte, restauración, alojamiento y recreación y, si no existían, tenían que dedicarse previamente a su producción. Esta realidad ha quedado olvidada como consecuencia de que hoy contamos con tan abundantes y baratos servicios para realizar desplazamientos (llevar a cabo actividades fuera de nuestro entorno habitual) que hacerlo está al alcance de una masa creciente de personas de todas las clases sociales.
El desarrollo del turismo cósmico nos está recordando cómo debieron ser los orígenes del turismo en la más remota antigüedad: la necesaria elaboración de un programa de actividades, una cuidadosa preparación del viajero antes de iniciar el desplazamiento y la la necesidad de disponer de recursos financieros para su ejecución, por lo que sólo los muy poderosos y ricos podían consumirlos, factores que hoy estamos volviendo a ver con motivo de las estancias pasajeras en la ISS. Comienza así, sin duda, una nueva era en la que el turismo, incluso en su forma de recreo, está volviendo a ser un signo externo de riqueza y ostentación sólo al alcance de selectas y adineradas minorías.
Espero que nadie se escandalice por lo que digo: la industria militar no sólo puso en marcha el desarrollo de los servicios facilitadores del turismo sino que, al mismo tiempo, al pacificar grandes territorios, creó las condiciones necesarias para que se generalizara la producción y consumición de turismo generado por un sinfín de necesidades (religiosas, de salud, deportivas, de aventura, de reposo, de distracción, de estudio, de investigación etc. etc.)
Como los actos bélicos, las actividades terroristas exigen desplazamientos que han de ser cuidadosamente planificados. Cabría la posibilidad de exponer algunos casos conocidos con cierto detalle pero no lo vamos a hacer. Basta con recordar los espectaculares actos terroristas del 11-S (2001) en USA para intuir que antes de ejecutarlo los terroristas tuvieron que planificar durante meses sus actos. Lo mismo cabe decir de los actos de terrorismo que tuvieron lugar en la ciudad de Madrid el 11-M (2004). Los actuaciones de gabinete previas son desconocidas en sus detalles pero a nadie se le oculta que tuvieron que ser minuciosamente planificadas incluyendo sus desplazamientos. Con motivo de la tregua de ETA y de la negociación entre el gobierno español y los terroristas se realizaron cerca de 100 encuentros de diversas ciudades europeas y es obvio que tuvieron que ser planificados detalladamente aunque en el más estricto secreto.
Porque es obvio que, tanto la guerra como el terrorismo, en la medida en que suponen desplazamientos circulares, razón por la cual, a la luz de la expuesta Teoría General son claras formas de turismo aunque su mera formulación resulte irritante para quienes, y son multitud, reducen el turismo a los desplazamientos vacacionales. Aun siguen quienes así piensan aferrados a las viejas y herrumbrosas ideas de los hablantes en todas las lenguas.
CODA (A modo de conclusión)
Frente al modelo convencional del turismo, de naturaleza sociológica y macroeconómica, el modelo alternativo, de naturaleza claramente microeconómica, tiene las siguientes ventajas:
1. tiene gran sencillez conceptual
2. se basa en la claridad expositiva
3. aporta reglas operativas
4. presenta un ordenamiento sistemático
5. no descarta ninguna motivación
6. practica el distanciamiento del investigador
7. hace innecesarias las desaconsejables exaltaciones
8. desalienta las visiones jocosas dando seriedad a la materia
9. impide caer en la falsedad de decir que es la primera industria global
10. and, last but no lest, aporta la imprescindible identificación objetiva del producto turístico.
El único inconveniente del modelo alternativo es el muy probable rechazo de quienes, imbuidos por la inercia del modelo convencional, se oponen a sus conclusiones si no admiten las premisas lógicas en las que se fundamente.


Referencias

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* Ph D. Científico titular del CSIC, Madrid, España. mescalafuen@telefonica.net.

 
 
ECONOMÍA AUTÓNOMA es una revista académica de la Universidad Autónoma Latinoamericana UNAULA, de Medellín, Colombia. La versión digital es editada y mantenida por el Grupo de Investigación eumednet de la Universidad de Málaga.

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