Economía Autónoma
edición virtual
ISSN 1989-5526

Nº 7 (junio - noviembre 2011)

EL TERRORISMO ISLAMISTA Y EL CHOQUE DE COSMOVISIONES


Carlos Escudé *


ISLAMIC TERRORISM AND THE CLASH OF COSMOVISIONS

 

 

 

Resumen

Occidente no siempre padeció de sus debilidades actuales. Hasta la Segunda Guerra Mundial, y quizás hasta esa terrible equivocación histórica que fue la Guerra de Vietnam, Occidente tuve el coraje moral de acudir a los métodos más contundentes y sangrientos para asegurarse la victoria en sus guerras y posguerras. La política de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial fue de tierra arrasada, todo lo opuesto de lo que fue la política norteamericana en la guerra de Irak de 2003, y la respuesta israelí al terrorismo del Hamas desde la Franja de Gaza. ¿Terrorismo? Es una cuestión semántica. Si definimos el terrorismo como una metodología por medio de la cual se siembra el terror entre los civiles para alcanzar un objetivo político, entonces el terrorismo es necesario para asegurar la derrota de posguerra de la inicua Proposición N, enunciada anteriormente. Para destruir al nazismo, cuyo objetivo estratégico era genocida, las fuerzas de las democracias más vigorosas del planeta apelaron a tácticas genocidas terroristas. Cuando se adoctrina con métodos tan eficaces como los que aplica el extremismo islamista, la cosecha de fanáticos es multitudinaria, y se usa implacablemente para intimidar a los occidentales que todavía adhieren a la Proposición A. Como en el caso del adoctrinamiento propiamente dicho, la eficacia de la intimidación se capta a través de ejemplos concretos, y hacia ellos dirigiremos ahora nuestra atención.

Palabras claves: Occidente, Miedo, Coacción, Muerte.

Clasificación JEL: F52

ISLAMIC TERRORISM AND THE CLASH OF COSMOVISIONS

Abstract

The Occident hasn't always been suffering from its present weakness. Till to WWII and may be to that terrible historic mistake, i.e.the Vietnam war, the Occident had the courage to resort to the most conclusive and bloody methods to guarantee itself a victory in its war and postwar periods. The allies' politics during WWII was to devastate the land, on the contrary of north american politics in the iraqui war and of Israel answer to Hamas terrorism from Gaza strip. Terrorism? It's a semantic question. If we define terrorism as a methodology to sow terror against the civilians to reach a political aim, so is terrorism necessary to guarantee the postwar defeat of the iniquitous N motion, as stated before. In order to destroy Nazism, the strategic objective that aimed at genocide, the armed forces of the most vigorous democracies in the world appealed to terrorist and genocidal tactics. When you are indoctrinated with as effective measure as those put in practice by islamic extremism, the crop of fanatics is multitudinous and is implacably used to intimidate the Westerners that still give their support to the A motion. As in the case of strictly speaking indoctrination, the efficiency of intimidation results from specific examples and we will now pay attention to them.

Key words: Occident, fear, coercion, death

 
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Introducción
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron un punto de inflexión en la historia mundial. A partir de ese momento, quedó claro que el análisis de la política internacional ya no podría reducirse a cuestiones económicas y geopolíticas, sino que la variable religión volvía a ser central, como lo fue durante el Medioevo. Aunque ya existían abundantes indicios que el mundo evolucionaba en esa dirección, los eventos de esa fecha confirmaron las presunciones en forma elocuentemente trágica y dramática. Específicamente, la versión extremista del fundamentalismo islámico se constituyó en un protagonista central de la política mundial, capaz de modificar tableros geopolíticos y de involucrar a la principal superpotencia del planeta en guerras costosísimas de dudoso resultado. En este marco, la cuestión central no es el terrorismo a secas, que es un método el cual ha sido conceptualizado en todos los tiempos de la historia humana, sino un terrorismo con nombre y apellido: el del extremismo islamista.

Por otra parte, este nuevo escenario se asemeja mucho a lo que Samuel Huntington profetizó en 1993 en la revista Foreign Affairs (ocho años antes de los atentados del 11 de septiembre) y presentó en forma más completa en su libro de 1996 (todo un lustro antes de aquellos infaustos sucesos). Lamentablemente, su acierto fue mayor que sus yerros, y cualquier enmienda que deba hacerse a sus elucubraciones es de orden secundario. No obstante, el progreso del conocimiento nos obliga a poner los puntos sobre las “íes”. Huntington se equivocó al conceptualizar el problema como un choque de “civilizaciones”. Las civilizaciones del mundo actual, en un sentido amplio, no están en conflicto. Se trata en todo caso de un conflicto entre concepciones opuestas acerca de lo que debe ser la relación entre el individuo, el Estado, y el ámbito de lo cultural y lo religioso. Este choque involucra sólo a algunos segmentos de las civilizaciones actuales. Pero estos segmentos son lo suficientemente proactivos como para marcar el rumbo de la historia presente.

Para comprender el predicamento humano en nuestro tiempo y el tipo particular de terrorismo blandido por el extremismo islámico, debemos ir más allá de los análisis periodísticos. Este terrorismo tiene un protagonismo descomunal no sólo debido a su inspiración mística y su disposición suicida y asesina, sino también como consecuencia de las debilidades culturales y morales del Occidente actual. Por cierto, el que padecemos es un colosal choque de cosmovisiones que se produce en dos niveles diferentes: en el interior de Occidente, por una parte, y entre el Occidente liberal-secular y el extremismo islamista, por la otra. Éste se enfrenta a un Occidente dividido, desconcertado y moralmente debilitado. Desde esta posición ventajosa, desencadenó un conflicto entre valores no negociables cuyas consecuencias son más peligrosas que las que provienen de intereses geoestratégicos y económicos divergentes.

Las díadas de la destrucción, fundamento del neo-modernismo

Para entrar en materia debemos comenzar por la dimensión intra-occidental del choque, que puede formalizarse en la siguiente díada de proposiciones contrapuestas y sus corolarios:

Proposición A, o liberal-secular: “Todos los seres humanos poseen un mismo conjunto de derechos emanados de su condición de individuos”. 
Corolario A: “Por lo tanto, todas las culturas no son moralmente equivalentes, porque hay culturas que no reconocen, ni siquiera en principio, la vigencia de tales derechos”.

Proposición B, o relativista: “Todas las culturas son moralmente equivalentes”.
Corolario B: “Por lo tanto, todos los individuos no están dotados de los mismos derechos humanos, porque hay culturas que adjudican a algunos hombres más derechos que a otros hombres y mujeres.”

Los intelectuales adeptos a la corrección política convencional prefieren optar por el camino fácil, afirmando simultáneamente que todos poseemos los mismos derechos y que todas las culturas son moralmente equivalentes. Sin embargo, basta con detenernos un instante en este lugar común de gente culta para comprender que las dos proposiciones son contradictorias. Díadas de enunciados como éstos sintetizan una cosmovisión y su conflicto con una concepción opuesta. La que antecede encapsula la tensión lógica entre dos grandes axiomas, ambos de origen occidental, acerca de cuál es el sujeto de derecho que debe prevalecer como razón-de-ser del orden político: el individuo o las macro-culturas de raigambre histórica que interactúan en el mundo. El primer enunciado es universalista, individualista y liberal cuyo origen se remonta a la Ilustración atravesando la modernidad, mientras el segundo se ancla en el relativismo cultural representando el espíritu postmoderno del multiculturalismo, el cual postula la equivalencia moral entre todas las culturas, aunque sus contenidos axiomáticos a veces se traduzcan en la lapidación de mujeres acusadas de adulterio.

Existen escasas alternativas lógicas a estas dos posturas. No suman más de siete y todas están potencialmente en conflicto entre sí. El universalismo puede ser individualista y liberal, como en el caso de la Proposición A, o colectivista e historicista. En el mundo real, el principal exponente de un universalismo historicista fue el marxismo, que perdió parte de su relevancia política con el colapso de la URSS. Es una doctrina que otorga prioridad a la dialéctica que presuntamente permitirá alcanzar su utopía igualitaria, sacrificando en el camino la libertad y otros derechos individuales. Enfrentada a la Proposición A, engendró la siguiente díada de conflicto ideológico:

Proposición M o marxista: “Si la dialéctica histórica conduce a una lucha de clases que inexorablemente desemboca en la sociedad sin clases (que no es sino el objetivo humanista supremo), entonces los derechos individuales deben subordinarse a los intereses del proletariado, para así alcanzar el Punto Omega de la justicia distributiva”.

Proposición A-2: “Si por el contrario, todos los hombres y mujeres poseen los mismos derechos esenciales, entonces un orden totalitario que pretenda anular estos derechos debe ser combatido, aunque se escude en fantasiosas leyes historicistas que supuestamente conducen a un paraíso social de la mano de la revolución”.

Esta díada de conflicto entre dos universalismos opuestos fue la fuente de la Guerra Fría. Aunque ya no es un motor de la historia, es útil recordar que el mundo estuvo a punto de estallar en una guerra nuclear apocalíptica para resolver la tensión entre un universalismo liberal y otro historicista. Cuando se contraponen en la primera línea de la competencia por el poder mundial, el conflicto inherente a estas díadas puede conducir al holocausto supremo. Complementariamente a estas concepciones universalistas pero opuestas entre sí, existe un conjunto de cuatro concepciones jerárquicas y particularistas (o supremaciítas). Ellas están basadas en la supuesta superioridad de un segmento del género humano sobre los demás. Diversas cualidades han sido usadas para justificar primacías:

1) La pertenencia a una raza o pueblo ‘superior’,
2) Una fe revelada,
3) La portación de un sexo, y
4) La adscripción a un estamento social.

De estos cuatro principios particularistas, sólo uno aspira a la supremacía en la actualidad. En efecto, el racismo y el elitismo han sido eliminados como opciones ideológicas falsas por la historia de los últimos dos siglos, mientras que el sexismo sólo sobrevive como opción válida para algunas culturas en conjunción con las aspiraciones hegemónicas de un fundamentalismo religioso: el islámico. La dimensión ideológica de toda la historia del conflicto humano puede reducirse a estas siete grandes proposiciones trascendentes, que se derivan de tres grandes principios generativos: universalista, supremaciíta y relativista. Por otra parte, todas las doctrinas derivadas de postulados particularistas son absolutistas. En términos lógicos están opuestas tanto a la concepción relativista de la Proposición B como a las dos doctrinas universalistas que compitieron durante la Guerra Fría. Cuando las partes comprometidas en un conflicto por el poder mundial conforman una díada en que un axioma supremaciíta se enfrenta a uno universalista, nos encontramos frente a una conflagración potencial devastadora. La Segunda Guerra Mundial fue el resultado de la siguiente díada:

Proposición N o nazi: “Si existe una raza de señores, entonces todos los individuos no poseen los mismos derechos esenciales, porque los miembros de la raza superior deberán señorear sobre la humanidad entera en virtud de su adscripción étnica.”

Proposición A-3: “Si por el contrario, todos los individuos poseen los mismos derechos esenciales, no existe tal cosa como una raza de señores, porque el señorío de cada individuo dependerá de su capacidad, patrimonio y atributos personales.”

Fue necesario sacrificar sesenta millones de vidas humanas para zanjar la disputa entre este enunciado particularista y su contraparte universalista, eliminando así la perversa utopía nazi. El actual choque entre el extremismo islámico y el Occidente liberal y secular deriva de una díada de características similares:

Proposición I o islamista: “Si el Corán es la única Escritura revelada y el medio al que acudió Dios para legislar sobre los asuntos humanos, entonces Alá debe gobernar sobre los hombres, los fieles señorear sobre los infieles y los varones regir sobre las mujeres. Todo orden alternativo subvierte el mandato divino y debe ser oportunamente derrocado.”

Proposición A-4: “Si, por el contrario, todos los individuos están dotados de unos mismos derechos esenciales que incluyen la libertad religiosa y la igualdad ante la ley, entonces toda doctrina que apele a métodos violentos para imponer el predominio de una fuente religiosa y una jerarquía teocrática es intrínsecamente perversa y debe ser reprimida.”

Por supuesto que el primer enunciado no es atribuible a la totalidad de los musulmanes sino sólo al minoritario segmento extremista. Pero por su capacidad de intimidación, es éste el que tiene la iniciativa en nuestro tiempo. Aunque en el pasado el cristianismo aportó sus propias versiones de la Proposición I, éstas han perdido vigencia desde los tiempos de las guerras religiosas entre católicos y protestantes. Pero el fundamentalismo fanático tiene plena actualidad en poderosos segmentos del islam chiíta y wahhabita, que cuentan con incalculables fortunas provenientes del petróleo iraní y saudí para financiar el terrorismo del Hamas en Israel, el embate violento del Hezbollah en el Líbano, la red-de-redes de al-Qaeda y las madrazas que adoctrinan a la población musulmana de Europa.

El síndrome occidental de inmunodeficiencia cultural adquirida, frente al embate del terrorismo islamista
Por cierto, la díada de axiomas contrapuestos que hoy empaña a la política mundial es más grave que las anteriores por tres motivos:

1) Responde a un ámbito no negociable;
2) A diferencia de la Segunda Guerra Mundial, que se desencadenó antes de la invención de la bomba atómica, se presenta en una era de proliferación de armas de destrucción masiva, y
3) Viene acompañado del conflicto que, en el interior de Occidente, libra el relativismo contra el universalismo liberal.

En verdad, hoy los cultores de la relativista Proposición B son aliados tácticos del extremismo islámico, a pesar de que estratégicamente son enemigos de todos los axiomas particularistas. Obsérvese que nada hay tan radicalmente igualitario como la Proposición B, que a fuer de relativista a todo lo iguala. En consecuencia, nada hay tan absolutista como la Proposición I, que pretende imponerle al mundo un orden teocrático. Sin embargo, en la actualidad se plasma una alianza implícita entre ellas. La consecuencia es que Occidente padece de una suerte de síndrome de inmunodeficiencia cultural adquirida. Si a esto se agrega la amenaza de las armas de destrucción masiva, las perspectivas de la especie humana en su conjunto no son buenas.

Occidente no siempre padeció de sus debilidades actuales. Hasta la Segunda Guerra Mundial, y quizás hasta esa terrible equivocación histórica que fue la Guerra de Vietnam, Occidente tuve el coraje moral de acudir a los métodos más contundentes y sangrientos para asegurarse la victoria en sus guerras y posguerras. La política de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial fue de tierra arrasada, todo lo opuesto de lo que fue la política norteamericana en la guerra de Irak de 2003, y la respuesta israelí al terrorismo del Hamas desde la Franja de Gaza. Por cierto, los alemanes derrotados en 1945 casi no recurrieron al terrorismo para intentar expulsar a las fuerzas de ocupación, porque sabían por experiencia que los Aliados eran capaces de todo. Recordemos los ataques con bombas incendiarias a ciudades alemanas, científicamente planeados. El bombardeo de Dresden, realizado en febrero de 1945, después de la Conferencia de Yalta, cuando la contienda estaba en la práctica ganada, y luego repetido dos veces en abril, es un buen ejemplo. La ciudad fue arrasada con bombas incendiarias contra la población civil con el objetivo de ganar la posguerra, enviando un mensaje tan elocuente que posteriormente ningún alemán osara atacar a las fuerzas de ocupación.

Primero se lanzaron grandes cantidades de bombas de alta capacidad explosiva que arrancaron los techos de las casas, poniendo al descubierto las maderas, fácilmente inflamables. Luego vinieron las bombas incendiarias, junto con otras bombas altamente explosivas que frustraban todo intento de apagar los incendios. Cuando el fuego hubo cubierto una gran superficie urbana, se desató una tormenta de fuego auto-sustentada, con picos de temperatura superiores a los 1500º. El aire caliente de la superficie, más liviano, se disparaba hacia arriba, siendo reemplazado abajo por vendavales de aire menos caliente, proveniente de la superficie contigua al incendio. Así se generó un infernal ventarrón huracanado que chupaba a la gente y la lanzaba al fuego.

Similar fue el anterior bombardeo de Hamburgo, llevado a cabo por la Royal Air Force con el apoyo de la Fuerza Aérea del Tercer Ejército de los Estados Unidos, el 27 de julio de 1943. En este sentido, W.G. Sebald nos cuenta que:
“Comenzando a la una de la mañana, diez mil toneladas de altos explosivos y bombas incendiarias fueron lanzadas sobre las zonas residenciales altamente pobladas al Este del Elba (...). Primero todas las puertas y ventanas fueron arrancadas de sus marcos, luego los pisos de los altillos se encendieron con mezclas incendiarias livianas y, simultáneamente, bombas de fuego de hasta quince kilos cayeron sobre los pisos inferiores. A los pocos minutos gigantescos incendios devoraban toda la zona, que cubría unos veinte kilómetros cuadrados, y se fusionaron tan rápidamente que apenas un cuarto de hora después de la caída de las primeras bombas, todo el espacio aéreo era un mar de llamas que llegaba hasta donde los ojos podían ver. Unos cinco minutos más tarde (...) se desató una tormenta de fuego de una intensidad que nadie antes había supuesto posible. El fuego, que ahora ascendía dos mil metros hacia el cielo, capturaba oxigeno de una manera tan violenta que las corrientes de viento alcanzaron fuerza huracanada (...). El fuego ardió así durante tres horas. (...) Detrás de las casas que se derrumbaban, las llamas (...) rodaban por las calles como olas de maremoto a velocidades de más de ciento cincuenta millas por hora, y cruzaban sobre plazas abiertas con extraños ritmos, como cilindros de fuego. El agua de algunos canales estaba incendiada. (...) Distritos residenciales tan grandes que su longitud total de calles ascendía a unos doscientos kilómetros fueron totalmente destruidos. (...) Los refugiados, un millón y medio, se dispersaron por todo el Reich, llegando hasta sus fronteras externas.”

¿Terrorismo? Es una cuestión semántica. Si definimos el terrorismo como una metodología por medio de la cual se siembra el terror entre los civiles para alcanzar un objetivo político, entonces el terrorismo es necesario para asegurar la derrota de posguerra de la inicua Proposición N, enunciada anteriormente. Para destruir al nazismo, cuyo objetivo estratégico era genocida, las fuerzas de las democracias más vigorosas del planeta apelaron a tácticas genocidas terroristas. Sin embargo, desde la desafortunada Guerra de Vietnam, Occidente ha perdido confianza en su calibre moral. A partir de entonces cundió el relativismo y se encumbró entre nosotros la debilitante Proposición B. Y esta es la vulnerabilidad profunda de la que se aprovechan los cultores de la funesta Proposición I, que acude al suicidio místico asesino como su arma más potente. El terrorismo del Hamas, por ejemplo, hace un eficiente uso de escudos humanos lanzando misiles hacia Israel desde mezquitas, hospitales y escuelas de Gaza. Pero si Israel contraataca bombardeando los edificios de donde salieron los misiles, para el criterio ético arraigado en Occidente a partir de la Guerra de Vietnam comete crímenes de lesa humanidad. En el trasfondo de esta paradoja subyace un choque de cosmovisiones que se sintetiza en el conflicto entre nuestras Proposiciones I y A-4, y el conflicto paralelo, intra-occidental, entre las Proposiciones A y B.

El recurso del método: cómo se incuba la cultura terrorista del suicidio místico asesino.
El suicidio místico “asesino”, que es la sofisticada y mortífera arma desarrollada por el extremismo islámico, hace de éste un enemigo más peligroso que ninguno de los enfrentados hasta ahora (por la moralmente debilitada civilización occidental). A diferencia de los fanáticos seculares, la disuasión no puede funcionar con quienes están felices de suicidarse, seguros de que serán premiados en un Más Allá que sensorialmente se parece mucho al más acá. Y a diferencia de otros tiempos, Occidente no puede apartarse de sus altos estándares morales en el trámite de librar la guerra. Su cultura ética ya no le permite arrasar ciudades enteras con bombas incendiarias. O puesto en otros términos, mientras Occidente tiene la bomba atómica pero su relativamente nueva cultura de derechos humanos no le permite usarla, su enemigo extremista islamista ha calibrado una bomba humana aterradora y se permite emplearla con mística alegría para consumar el triunfo de la Proposición I. Por cierto, como solía alardear el difunto Nizar Rayyan, un brillante estratega militar, líder espiritual del Hamas y profesor de la Universidad Islámica de la ciudad de Gaza: “Si nos matáis, nos convertiremos en mártires, los más amados de Dios y del pueblo palestino, y triunfaremos. Si os abstenéis de matarnos, sea por temor, oportunidad política o consideraciones morales, sólo habremos cimentado nuestra victoria. (...) Para ganar, lo único que debemos hacer es sobrevivir.”

La gran incógnita es, ¿cómo lo consiguen?, ¿cuál es la ingeniería cultural que les permite que multitudes enteras estén dispuestas al martirio terrorista?. Para esbozar una respuesta parcial analizaremos los contenidos de una serie representativa de la televisión del Hamas. El caso no es único ni excepcional. Es análogo a lo que se hace, con métodos diversos, en muchas madrazas, incluso europeas, que están inspiradas en versiones extremas del wahhabismo saudí y son financiadas por sus petrodólares. Pero el caso es especialmente significativo porque se trata del adoctrinamiento oficial impartido por un gobierno: el que detenta el poder en la Franja de Gaza. En un episodio típico, la apenas púber anfitriona Saara se dirige a otra jovencita con la que habla por teléfono: “Sanabel, qué ¿harías tú por la causa de la Mezquita Al-Aqsa?” Una tímida vocecilla contesta desde el otro lado de la línea: “Yo dispararía”. Entonces, engalanado con moño y traje de etiqueta, tercia con voz aflautada un ratón de felpa hecho a imagen y semejanza de Mickey: “Sanabel, ¿qué debemos hacer si queremos liberar…?” La voz en off de Sanabel interrumpe: “Queremos combatir”. Pero el ratón insiste: “Sabemos eso. ¿Qué más?” Sentada a una pequeña mesa, la animadora apunta desde el tubo telefónico: “Queremos…”. Entonces la titubeante Sanabel da con la respuesta y afirma con firmeza: “Aniquilaremos a los judíos”. Pero Saara le incita a llegar más lejos: “Estamos defendiendo Al-Aqsa con nuestras almas y nuestra sangre, ¿no, Sanabel?” Y con este acicate, la niña del teléfono llega a su determinación final: “Yo cometeré martirio”.

Después de un corte, el roedor anuncia: “Mis queridos jovencitos, estamos de regreso en su programa semanal ‘Los Pioneros del Mañana’, donde juntos asentamos los cimientos de un mundo gobernado por islámicos (…) Y recuerden que para convertirnos en los amos, debemos ante todo estar contentos con nuestro idioma árabe, que una vez gobernó este mundo”. Sigue entonces una sesión de burla de la lengua inglesa y de glorificación del papel histórico del islam en la civilización mundial. Este es apenas un extracto de uno de los capítulos de un programa aireado por la televisión palestina para adoctrinar a los niños en la yihad, el odio a los judíos y el terrorismo por vía del suicidio místico asesino. Se puede acceder a varios de sus segmentos desde el sitio de Internet de MEMRI, una prestigiosa ONG dedicada a los medios del Cercano Oriente. Por mucho tiempo su principal protagonista era el heroico pero infame Ratón Farfur (a veces transliterado Farfour). Debido a una lluvia de críticas internas, en junio de 2007 se eliminó al roedor. Los objetores adujeron que no se debía recurrir a un personaje del occidental Walt Disney para una causa tan loable como la de predicar la guerra santa entre los niños. En el episodio final, el simpático y valiente Farfur fue asesinado a golpes por un vil funcionario israelí. Éste exigía la entrega de las escrituras de propiedades en Tel Al-Rabi, o sea Tel Aviv, legadas al ratón por su abuelo. El Mickey palestino defendió los títulos de su heredad con orgullosa vehemencia, acusando de terrorista a su victimario. Farfur murió y se convirtió en venerable mártir y ejemplo para la niñez. Pero su ausencia de las pantallas no llegó a sentirse, ya que en el episodio siguiente se presentó ante Saara un primo del ratón, la abeja Nahul, una creación original sin contaminación foránea. Proclamó en falsete ante la aniñada y deslumbrada animadora: “Quiero estar en cada episodio contigo, como Farfur. Quiero continuar en su camino - el del islam, el del heroísmo, el del martirio y el de los mujaidines. (…) Nos vengaremos de los enemigos de Alá, asesinos de los profetas y de los niños inocentes, hasta que Al-Aqsa sea liberada de esa roña.” Regocijada, Saara contestó dulcemente: “Bienvenido, Nahul”.

No obstante, algunos meses después, Nahul también murió. Ante la desesperación de sus padres y parientes, que sin resultados le administraron respiración artificial, la abeja infanto-terrorista expiró en febrero de 2008, víctima de una enfermedad de la que no pudo ser curada debido a la discriminación padecida por los niños palestinos en la distribución de medicamentos. Por ello, y porque el martirio tiene muchas caras, Nahul también fue proclamado mártir. Entonces fue reemplazado por su hermano el conejo Assud, ansioso como sus predecesores de encontrar el camino al martirio. Cuando un niño le preguntó por qué, siendo un roedor de orejas largas, porta un nombre que significa león, Assud respondió que los conejos suelen ser cobardes, pero que él terminará con los judíos, comiéndoselos con la ayuda de Alá. 

Eventualmente, en enero de 2009, también llegó la gloria del martirio para Assud. Los israelíes habían advertido que la estación televisiva que emite su programa sería bombardeada, pero él no dio crédito a la noticia porque la emisora tiene una sala infantil frecuentada por los niños para instruirse y divertirse. ¡Ni siquiera los israelíes serían tan malvados! Entonces Assud fue a la estación para rescatar libros infantiles y juguetes cuando ¡un proyectil asesino cayó cerca de él!. Su vida expiró en el Hospital Shifa donde, agonizante, tuvo su última entrevista con Saara: “Recuerda a los niños que tenemos una tierra adonde regresar (…). Diles que Assud murió como un héroe, como un mártir. (…) Saara, te lo imploro… te confío el legado de proteger a Jerusalén, la mezquita de Al Aqsa y la bendita tierra de Palestina. Óyeme Saara: soy testigo de que no hay otro dios que Alá y que Mahoma es su Mensajero.

Assud muere mientras Saara musita. “Assud… Assud… No, Assud… No te mueras…” Entonces la joven y dulce animadora mira hacia la cámara y proclama ante la infantil audiencia: “La victoria está cerca. Los soldados de ‘Pioneros del Mañana’ crecerán. Alá mediante, seguiremos el mismo camino (…). Oh, Palestina, liberaremos tu tierra de la mugre de los sionistas. La purificaremos con los soldados de ‘Pioneros del Mañana’”. Con ésta y otras técnicas, el Hamas forma futuros terroristas en los territorios palestinos. Como se sabe, esta organización, fundada en 1987, se arraigó popularmente gracias al establecimiento de hospitales, escuelas y otros servicios sociales, financiados con dinero saudí e iraní. En las zonas en que está activa, la alfabetización ha aumentado. Como contrapartida de la educación gratuita que imparte, el Hamas exige que los padres le juren lealtad.

El adoctrinamiento escolar se complementa con transmisiones de radio y televisión que emiten populares engendros como el de Farfur, Nahul y Assud. Recientemente, la televisión del Hamas mostró a niños que egresaban de un jardín de infantes de Gaza. Los párvulos marcharon en formación militar con ametralladoras que dejaron caer sobre el suelo, para luego arrastrarse sobre sus estómagos y llegar a su meta jurando convertirse en yihadistas cuando sean grandes. Esta socialización no es sólo el producto de la perversión de una organización terrorista que gobierna parte de los territorios palestinos y arrasó en las elecciones de marzo de 2006. Se sostiene con un fuerte apoyo financiero proveniente de países importantes. Como se dijo, en algunos otros Estados hay fenómenos similares. Y es gracias a adoctrinamientos de este tipo que pudieron perpetrarse los grandes atentados suicidas lanzados en años recientes en Estados Unidos, Europa, Asia, África y América del Sur. Mientras Israel y Occidente se sigan ateniendo a su superior ética humanitaria, con estas tácticas la batalla está ganada de antemano por el extremismo islamista. Basta con que una organización como el Hamas convenza al 80 por ciento de su pueblo de que el martirio es deseable, glorioso, y premiado en el Más Allá, para que resulte imposible atacar las instalaciones desde donde lanzan sus cohetes sin violar los “derechos humanos” de los escudos humanos con que sagazmente se protegen.

De tal manera, la ética relativista de la Proposición B se combina patológicamente con la cultura de los derechos humanos para dejar inerme a un Occidente que rápidamente claudica frente al embate incontenible de la Proposición I.

La intimidación islamista
Cuando se adoctrina con métodos tan eficaces como los que aplica el extremismo islamista, la cosecha de fanáticos es multitudinaria, y se usa implacablemente para intimidar a los occidentales que todavía adhieren a la Proposición A. Como en el caso del adoctrinamiento propiamente dicho, la eficacia de la intimidación se capta a través de ejemplos concretos, y hacia ellos dirigiremos ahora nuestra atención. Comencemos por las consecuencias del proceso para-judicial contra el islam llevado a cabo en marzo de 2011 en la Florida norteamericana. Una treintena de personas asistieron al “juicio” en un centro religioso de Gainesville, en el que un imán de Dallas ofició de abogado defensor, siendo el fiscal un converso al cristianismo proveniente del islam. Después de seis horas de deliberaciones, la “corte” falló contra la religión musulmana, encontrándola culpable de varios crímenes. Como Florida es un Estado con pena de muerte, el Corán fue sentenciado a la hoguera. El 21 de marzo, el pastor Terry Jones, que había oficiado de juez, supervisó la quema del libro sagrado del islam, ejecutada por el pastor Wayne Sapp, que en la ocasión ofició de verdugo.

De esta manera, el controvertido pastor Jones cumplía con su promesa de establecer un “Día Internacional de Queme-un-Corán”. El año pasado había anunciado que lo celebraría en el aniversario de los atentados del 11 de septiembre, pero luego lo suspendió, quizá influido por las súplicas de autoridades nacionales, militares y religiosas. Éstas estaban consternadas ante las posibles consecuencias de semejante gesto, especialmente para las fuerzas norteamericanas destacadas en países musulmanes. Su intención entonces había sido quemar una pira entera de libros sagrados islámicos, pero recapacitó y llegó a la conclusión de que sería injusto llevar a cabo la ejecución sin juicio previo, conforme a derecho. Además, limitó el auto-de-fe a un solo ejemplar del Corán. Consumada la ejecución, el pastor Jones ahora promete someter a juicio ni más ni menos que al profeta Mahoma.

Las consecuencias son conocidas. En Afganistán fueron asesinadas por lo menos una veintena de personas. Las violentas protestas, efectuadas en diversas regiones del país, duraron varios días e incluyeron el ataque a un complejo de las Naciones Unidas en la ciudad de Mazar-i-Sharif, donde mataron a doce personas: cuatro nepaleses, cinco afganos, un sueco, un noruego y un rumano. También atacaron varias instalaciones de propiedad estadounidense, y profanaron una iglesia cristiana. A su vez, en Paquistán, numerosos cristianos fueron amenazados y algunos debieron abandonar sus hogares. Waris Masih, por ejemplo, un enfermero de la ciudad de Multan, criticó severamente la quema del Corán perpetrada por Jones pero tuvo la mala idea de agregar que también están mal los reiterados ataques contra iglesias cristianas, perpetrados en Paquistán por extremistas islámicos desde 1979. Eso desató violentas amenazas de parte de sus compañeros y superiores. Fueron hechas extensivas a su familia, que debió huir de la ciudad. Casos parecidos se produjeron en Lahore, donde trabajadores cristianos de la salud solicitaron la habitual reducción del horario de trabajo durante Cuaresma (que es equivalente a la que se realiza con los musulmanes en Ramadán). Las autoridades se encolerizaron y responsabilizaron a los cristianos por lo ocurrido en la Florida, aumentando su carga laboral de ocho a diez horas diarias, a modo de sanción.

Aún peor es el caso del ataque contra la iglesia luterana de la ciudad de Mardan, efectuado el 9 de abril por medio de un explosivo puesto en un muro externo del edificio. La Iglesia Católica paquistaní, al igual que las autoridades de otros credos cristianos, está muy preocupada. La quema del Corán en la Florida agravó la violencia anti-cristiana crónica que se experimenta en ese país.

Las reiteradas condenas al pastor Jones de parte de los fieles cristianos y de las autoridades eclesiásticas paquistaníes de nada sirvieron para apaciguar la furia de los fanáticos, que aprovecharon la oportunidad para ejercer su extrema intolerancia de manera violenta. Los cristianos son acusados colectivamente de ser agentes norteamericanos. Y nadie da crédito a la idea de que, en Estados Unidos, un país donde es legal quemar la bandera nacional, la quema de un libro sagrado que pertenece a quien lo quema se encuadra en los derechos de todos los ciudadanos y no puede ser reprimida por Barack Obama. En mi opinión, la quema del Corán fue una barbaridad, pero las reacciones islámicas la superan con creces. Hay una enorme distancia entre una ofensa estúpida, y una criminalidad asesina que destruye vidas y bienes ajenos. El caso recuerda el de las caricaturas de Mahoma, producidas por Kurt Westergaard y publicadas en el diario danés Jyllands-Posten en septiembre de 2005. El más ofensivo de los dibujos mostraba al Profeta con un explosivo en el turbante. Aunque es posible tildar esta ocurrencia de insensata y lesiva para los musulmanes, la venganza de masas islámicas enardecidas incluyó crímenes monstruosos, a veces con embozado apoyo oficial.

Entre ellos, recordemos la muerte en 2006 de once personas en Benghazi (Libia), y también el incendio del consulado italiano de esa ciudad, desencadenado porque un ministro italiano había portado una remera con las caricaturas blasfemas. A eso hay que agregar el incendio de la embajada danesa en Beirut y de las embajadas danesa y noruega en Damasco, más otros ataques contra las sedes diplomáticas danesas en Viena y Teherán (2006); amenazas de muerte contra Westergaard y un atentado contra su vida en 2010, y finalmente una explosión en un hotel de Copenhague, perpetrada en septiembre de ese año. A su vez, esta sucesión de violentas hazañas intimidatorias consumadas por el radicalismo islámico tiene otro precedente de importancia: el brutal asesinato del cineasta holandés Theo van Gogh, perpetrado en 2004 por Mohammed Bouyeri, un musulmán holandés de origen marroquí. El pecado que llevó a la muerte a aquel sobrino nieto del pintor Vincent van Gogh fue haber filmado un documental sobre el tratamiento de las mujeres en los países islámicos, y otro sobre el asesinato en 2002 de Pim Fortuyn. Éste fue un político holandés que declaró que el islam es una cultura retrógrada, agregando que si fuera legalmente posible, él impediría la llegada de inmigrantes musulmanes a su país. La pena a que fue sometido, una muerte ejecutada por asesinato, no contribuyó a desmentir su diagnóstico.

Así, verso a verso y muerte a muerte, el extremismo islámico avanza en su campaña por ahogar nuestras libertades y derrotar a la noble Proposición A. La ironía reside en que, tanto la valiosa obra de un van Gogh como la innecesaria provocación de un Westergaard y la insensatez de un pastor Jones, sirven para poner de manifiesto el carácter retrógrado y asesino del segmento extremista del islam, que es telón de fondo del terrorismo islamista. Por cierto, los tres casos representan situaciones experimentales en el sentido más científico del término: frente a un estímulo “x”, el efecto es sistemáticamente “y”. La quema de un Corán genera multitud de muertes y atentados. Lo mismo ocurre con la publicación de caricaturas ofensivas, e incluso con la producción de buenos filmes que les disgustan. Si Occidente reaccionara escalando en forma proporcional, la quema de una embajada justificaría arrasar una ciudad. Dado el superior poder material y militar de Occidente, ¿qué sería entonces de esos pobres e ignorantes fanáticos? Su tenebrosa yihad no sobreviviría lo que un abrir y cerrar de ojos. Pero la combinación del relativismo de la Proposición B con la ética de los derechos humanos ha desarmado a nuestra civilización desde adentro, abriendo el paso al triunfo de la Proposición I sobre la Proposición A, con la eventual abolición de nuestras libertades y otros derechos cívicos. La moraleja es obvia y no debe explicitarse.

Referencias

Escudé, C. (1999). Estado del Mundo, las nuevas reglas de la política internacional vistas desde el Cono Sur. Buenos Aires, Ariel Editorial.

Escudé, C. (2007). La Guerra de los Dioses: los mandatos bíblicos frente a la política Mundial. Buenos Aires, Lumiére.

* Ph. D. CONICET – Universidad del Cema. E – mail: carlos.escude@gmail.com.

 
 
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