Economía Autónoma
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Nº 3 (junio - noviembre 2009)

LA PERPLEJIDAD Y SU RELACIÓN CON LAS CIENCIAS SOCIALES. UN APORTE REFLEXIVE

José Fernando Saldarriaga Montoya *


PERPLEXITY AND ITS RELATION SHIP WITH SOCIAL SCIENCES. A REFLEXIVE CONTRIBUTION

 

 

 

El ejercicio de nuestras perplejidades es fundamental para identificar los desafíos que vale la pena responder. A la postre , todas las perplejidades y desafíos se resumen en uno solo : ¿en que condiciones de aceleración de la historia, como las que vivimos hoy en día, es posible poner la realidad en su lugar sin correr el riesgo de originar conceptos y teorías fuera de lugar?

Boaventura de Sousa Santos.

De la mano de Alicia .Lo social y lo político en la posmodernidad

Resumen:

Las ciencias sociales y construcción de paradigmas en los entornos de la modernidad del siglo XIX, fueron determinantes para el pensamiento occidental. Desde allí se establecieron las primeras bases empíricas para la comprensión del mundo. Pero las circunstancias históricas han hecho que la modernidad, por menos en términos históricos y sociológicos, cambie de escenario. Cambio que subyacen también unas posturas metodológicas diferentes.

Palabras claves: Ciencias sociales, perplejidad, poder, modernidad, razón, dogmatismo escepticismo.

PERPLEXITY AND ITS RELATIONSHIP WITH SOCIAL SCIENCES. A REFLEXIVE CONTRIBUTION

ABSTRACT

Social sciences and paradigm construction in the settings of the XIX century modernity were decisive in the occidental thought. From then on, the first empirical bases were established in order to understand the world. But, historical circumstances have changed modernity’s scenario –– at least in the historical and sociological terms. This change also brings different methodological stances.

Key words: Social sciences, perplexity, power, modernity, reason, dogmatism, skepticism.  

 
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Introducción

Este corto análisis, pretendo esbozar la evolución de las ciencias sociales y su relación en la sociedad, partiendo de la premisa de que las ciencias sociales presuponen unas dinámicas culturales e históricas que subyacen toda una producción analítica y quedan cuenta, y por lo tanto, recrean y representan situaciones epistemológicas que han evolucionado. En este sentido la evolución de las ciencias sociales introduce el concepto de unidad racional, como lo estableció la modernidad del siglo XIX. Sin embargo esta disposición analítica en nuestros tiempos no juega un papel determinante para la comprensión del mundo, sino más bien la diferencia analíticas del sujeto causadas por circunstancias históricas, que junto con las perplejidades han cuestionado esta unidad moderna. De esta manera, Josetxo Beriain, en la presentación del libro “Complejidad y modernidad. De la unidad a la diferencia” del sociólogo Alemán Niklas Luhmann, expresa que “en efecto, el tema por antonomasia del pensamiento occidental ha sido la unidad como principio y final del todo discurso. Y cuando, con el transito de la modernidad, la unidad ya no pudo entenderse como sustancia, entro en su lugar la subjetividad” ( Beriain, 1998. p 9).

De esta manera, retomare el concepto de las perplejidades y su relación con las ciencias sociales en los contextos reflexivos a través de los l sociólogos Boaventura de Sousa Santos, Emmanuel Wallerstien, Herbert Marcuse, Alain Tourraine y Niklas Luhmann y el historiador Carlos Aguirre.

1. La modernidad cambia de escenario. Un punto de partida

Sin duda alguna, uno de los puntos de partida, para entrar a analizar la evolución y los debates sobre el lugar que ocupan las ciencias sociales en los cambios históricos, son los siglos XVIII y XIX. La importancia, de proporcionarle un estatuto científico a las ciencias sociales, con el modelo de las ciencias naturales, marcaría el inicio discursivo del siglo XIX. Adecuadamente desde la teoría positiva, fundada por Augusto Comte, se intento utilizar el método de la física social como paradigma para explicar los desordenes sociales, creando una identidad estructural y racional que pretendía influir en los análisis en las ciencias sociales, que exigirían, a su vez, una explicación racional y metódica.

En estos acontecimientos, el vigor modernista del siglo XIX, pretendía organizar y racionalizar el cambio social y darle un estatuto de legitimidad a las ciencias sociales para convertirlas en espacios representativos para el entendimiento y la interpretación social e individual humano. En este sentido, las ciencias sociales inician un proceso de independencia y legitimidad, que trae como consecuencia, la institucionalización de las disciplinas con método propio, explicando nuevas realidades fundadas por los cambios políticos y económicos del siglo XIX.

De esta manera, Emmanuel Wallerstein en su libro “Abrir las ciencias sociales” (Wallerstein,1996), examina tres líneas que hacen que la modernidad cambie de escenario: la primera la ubica entre el estudio del mundo moderno/ civilizado, es decir, en particular Wallerstein denomina el campo de las ciencias sociales nomotéticas, junto con el estudio del mundo no moderno, como la antropología y los estudios orientales. La segunda, entre el pasado-historia- y el presente. Y la tercera, ubica el estudio del mercado, como la economía, el Estado- la ciencia politica- y la sociedad civil como objeto de análisis de la sociología. Así mismo, este momento de la modernidad, no solo vivió un proceso de democratización, sino, que las ciencias sociales ocuparían un lugar paradigmático como constancia de un período político y social.

Para Wallerstein este precepto, que nace en los debates del siglo XIX, es dilucidado. A partir de 1945, con los acontecimientos de la segunda guerra mundial y el reordenamiento del mundo, asistido por parte de las potencias victoriosas Estados Unidos y Rusia, permitió que la definición de la modernidad entrara a otros escenarios políticos que incidieran en la trasformación de las ciencias sociales. El concepto de “Estudios del área”, por ejemplo, ocuparía un lugar distinguido en esta etapa de las ciencias sociales. Por eso, Wallerstien. (1996), esboza como esta ruptura, que experimenta la modernidad, del siglo XIX, cambia de escenario. Los países, como los Estados Unidos, Rusia y la Europa Oriental, comprometidos con el nuevo papel político en la dimensión mundial, necesitaban conocer y, por lo tanto, tener especialistas acerca de las realidades actuales de otras regiones, especialmente en el momento en que esas regiones tenían cada vez más actividad política.

Los programas de estudios de área, como lo enfatiza Wallerstein se diseñaron con la idea de proyectar especialistas, para entender la joven geopolítica, fruto de la negociación de los países que ganaron la segunda guerra mundial. Lo anterior, produce unas rupturas socio-políticas muy profundas, entre socialismo y capitalismo, entre revolución y reforma que por ser tan importantes, se inscribieron en la tradición de las ciencias sociales (Sousa Santos, 1998).

En este sentido, las ciencias sociales se institucionalizan en dos aspectos Uno, para analizar los escenarios del poder y el control de los Estados y, en particular, de los Estados enemigos. Y Dos, para refundamentar otras teorías que dieran espacio a la critica de la relación entre tecnología y poder. Es así que, en la “guerra fría”, las investigaciones, en ciencias sociales, dieron un giro paradigmático. Ese es caso de algunos intelectuales, como los de la de la Escuela de Frankfurt, exiliados en los Estados Unidos, quienes desarrollaron investigaciones contra el fascismo alemán y en particular asumiendo argumentos analíticos en contra la dominación de las sociedades, en el contexto de las nuevas tecnología de guerra, cuyas consecuencias venían trasformando todos los aspecto de la vida social e individual.

Herbert Marcuse, uno de los pensadores más representativos de esta escuela, trabajo, entre 1942 y 1945, para diversas dependencias del gobierno de los Estados Unidos .En particular en las oficinas de inteligencia de la segunda guerra mundial. Este filósofo alemán realizó varios escritos sobre el fascismo alemán. Su trabajo, en la década de los cuarenta, proporciona una sólida base histórica-emprica para la trasformación de las ciencias sociales. Su percepción del fascismo y las fuertes críticas a las sociedades industrializadas, dieron un cambio a los diversos análisis y métodos utilizados en las ciencias sociales. En suma, la génesis de los textos de Marcuse, de la década de los cuarenta, reveló, con importancia analítica, que las nuevas tecnologías, unidas a la guerra y el fascismo, darían diversas formas de totalitarismo. (Marcuse, 2001 ).

En esta nueva etapa de las ciencias sociales, diseñaron otros horizontes analíticos y encuentros con otras disciplinas. Por ejemplo, en Francia el estudio de las ciencias sociales estuvo a cargo de la escuela de los Annales. El consenso entre sociología, historia, antropología y economía y análisis de la vida cotidiana, en la historia, señalaron el paso a una interdisciplinariedad de la ciencias sociales. En realidad,- como lo argumenta Wallerstein- la búsqueda de cooperación estrecha e incluso mezcla entre la historia y parte de las ciencias sociales tuvo incidencia y fue muy notoria en la década de 1960. (Wallerstein, 1996).

De igual manera, añade Wallerstein, que el empleo de conceptos analíticos y enfoques teóricos en si, era una forma de expresar posición al paradigma “historicista” establecido, que acentuaba enfoques hermenéuticos y de lenguaje mas cercanos posibles a las fuentes (1996, P 47). De esta manera, el universalismo, pensamiento único, y la racionalidad técnica, consecuencia del positivismo del siglo XIX, ocupan un segundo lugar en esta etapa de las ciencias sociales. Entonces - analiza el historiador Carlos Antonio Aguirre- y fundamentalmente durante su primer ciclo de vida, que abarca los años de 1929 hasta 1968, esta corriente francesa de los Annales va a consolidar ese proyecto antipositivista de una historia critica e innovadora, que es la que ha edificado, tanto su enorme fama planetaria, como también su implantación y presencia dentro del mundo entero. (Aguirre, 2002. 79).

Dentro de esta perspectiva, es importante destacar las investigaciones que realizó Michel Foucault sobre el poder y el saber. Sus finalidades filosóficas y políticas están muy distinguidas por la epistemología francesa de los años sesenta. Casi toda su producción intelectual e investigativa esta atravesada por una revisión clara desde el excluido, desde es el otro, desde el disfuncional que la modernidad olvidó. Por ejemplo, en su trabajo denominado “Saber y verdad” realiza una serie de oposiciones de poder que se establecen desde las instituciones, como el Estado hasta en las relaciones cotidianas, como por ejemplo la oposición del poder del hombre sobre la mujer, la de los padres sobre los niños, la de la psiquiatría sobre la enfermedad mental, la de la medicina sobre la población, la de la administración sobre la forma de vivir de la gente. Sin embrago, analiza que no basta con plantear que son simples relaciones autoritarias y les da unas categorías analíticas.

En este sentido acude al concepto de “las luchas trasversales”, son, lo explica el mismo Foucault, otras formas de contra -poder que contrarrestan los poderes de la medicina, de la siquiatría, de los hospitales mentales y las ideologías. Es decir, no están confinadas a la política o a la economía. Por otro lado, “los efectos del poder en si”, es decir, el poder y el control que ejerce la medicina sobre el cuerpo, el control de la salud la vida y la muerte. Y finalmente, “Las luchas inmediatas”, es decir como la sociedad debate las instancias de poder y de las ideologías, a través de movimientos propios de la cultura política y no como producto de la ideologías. Toda esta forma de poder, surge en nuestra vida cotidiana y establecen simbolizaciones al individuo y a la sociedad misma.

Finalmente, amparándome en los análisis de Suriana Aparisi, en donde dice que:

“Después de catástrofes como Auschwitz o Hiroshima, ya no es posible ser modernos, ni racionalistas, sin una buena dosis de perplejidad. Este detenimiento en el concepto de perplejidad, no supone entregarse a la irracionalidad, sino, simplemente rechazar una razón con mayúsculas. La razón es limitada y frágil, es razón con minúsculas. Por ello cabe desconfiar tanto del irracionalismo como de los racionalismos excesivamente ambiciosos, (.Siuriana, Aparisi http://www.mercaba.org/DicPC/P/perplejidad.htm P 1 )

2. Los métodos, deben ser apuestas

Si las humanidades no pueden mostrar resultados similares, entonces se asume que esto es por que tiene una identidad diferente

Niklas Luhmann. Complejidad y modernidad. De la unidad a la diferencia

La crisis de la racionalidad moderna, generada por la Segunda guerra mundial, puso en consideración la objetividad científica, en el campo de lo social y lo político. La desolación y el desencanto en la posguerra significaron, no sólo una refundación de las ciencias sociales, sino, de todos sus métodos. En consecuencia, la necesidad de reconquistar el sujeto político, indujo a que se examinara cual es el lugar de los científicos sociales y sus métodos en este periodo de desencanto social y político. De esta manera, los discursos intelectuales, empezaron a tomar cimiento en las realidades en que los rodea, como insiste Wallestein, pero sin pretender desconocer los paradigmas de la cientificidad social, que inauguraron el pensamiento de la modernidad. Los métodos en ciencias sociales deben establecer una dialéctica entre pensamiento y realidad.

La soberanía de la objetividad, que tanto operó en el positivismo, ubico al sujeto social como simple objeto de análisis sin modificar, o clarificar o interpretar las estructuras sociopolíticas que la acompañan. Es por lo que, bajo la lectura de Aristóteles Victoria Camp, insiste que conocer la realidad para cambiarla sigue siendo el cometido de la filosofía y muy en especial, de la filosofía práctica (Camp, 2001, p 9). La excesiva racionalidad, que llevó a un cientificismo paradójico hizo que los métodos se distanciaran de la realidad. La critica que realiza Wallerstein en su texto “las incertidumbre del saber” hace notar que el cientificismo se ha convertido en una ideología mas .Se dice, argumenta Wallerstein, que los científicos manipulan los datos y que , por ende, manipulan la credibilidad del público. En la medida en que esas acusaciones tengan sustento, pondrían a los científicos en el banquillo en el que deberían escuchar los mismos juicios críticos que ellos han hecho escuchar a los demás (Wallerstein, 2005., p 15).

Para Wallerstein, el científico social no es aquel que guarda distancia con sus escenarios socioculturales, estableciendo una barrera entre el investigador y el sujeto. Por el contrario, el debate que, en la actualidad asiste, es la refundación de unas ciencias sociales frente al nuevo escenario sociopolítico, la recuperación del sujeto social como trasformador de la realidad. Como lo argumenta Alain Tourraine; “ La idea de sujeto, es indispensable si se quiere descubrir las condiciones de la comunicación intercultural y la democracia; y en esta perspectiva, adquirir una significación política” (Touraine,2000,P 68)

En este enfoque, para, Wallerstein y Touraine, las ciencias sociales no solo son un sistema exclusivo , como lo pretendían los primeros positivistas. Es contraproducente para el presente sostener única y exclusivamente este método. Es por eso que, la propuesta que realiza Wallerstein, es determinante y necesario que las ciencias sociales realicen un consenso metodológico entre enfoques. Al respecto Argumenta;

“las ciencias sociales siempre se han fundado en el supuesto de que percibimos la realidad social, a través de lentes que construyen socialmente. Hasta los científicos más nomotéticos aceptan ese supuesto, aunque sea de manera implícita y tratan de superarlo por que lo consideran una limitación. Los otros científicos, en cambio, aceptan la supuesta limitación como una realidad constante, que de hecho proporciona una comprensión mas acabada del mundo. Al hacer hincapié en esta cuestión, los estudios culturales se han ubicados de lleno dentro del campo de las ciencias sociales y con ello, han contribuido a eliminar la falsa dicotomía entre ciencia y humanismo” ( Wallerstien,2005, P52).

En concordancia, con lo anterior, esto implica que Wallerstein invita a una reestructuración epistemológica, fundamental en los diferentes campos del saber, donde el ámbito de las ciencias sociales será central.

Existe - explica - la necesidad imperiosa de que se produzca un debate intelectual del colectivo. Vivimos sabiendo que la que la incertidumbre, al menos la de largo plazo, es la única e inextricable realidad. Eso significa que las actividades de saber reflexivo no solo deben incorporarlas a sus haceres para ampliar nuestro conocimiento del mundo, sino estar dispuesta además a moverse de un nivel de análisis a otro en busca de explicaciones mas plausibles y a tomar decisiones mejor fundadas. (Wallerstien, 2005. P52).

3. Conclusión

Frente al discusión de las ciencias sociales y su con relación a los cambios históricos, existen fundamentos epistemológicos validos, pero deben ser dinámicos, en la medida que las circunstancias históricas y sociales pueden contrarrestar cualquier forma dogmática de saber. Hay dos elementos para destacar, en este corto ensayo.

Uno. Para muchos pensadores, ya mencionados , la perspectiva analítica del presente debe ir dirigida hacia una reflexión epistemológica critica, respecto de nuestros modos habituales de aprender las realidades sociales, en particular las que son sujetos de investigación, y mas en los contextos en los que se mueve un sistema económico cuyas bases son el mercado y la competencia. En consecuencia se hace necesario reconquistar el sujeto en sus entornos multiculturales y democráticos. Y dos; Las ciencias sociales, en los contextos de la perplejidad, no pueden ser, como lo afirma Aparisi Siuriana, ni dogmatismo ni escepticismo. Los dos extremos pueden conllevar situaciones irracionalidad. La primera defendiendo una ideología con efecto social preocupante y el segundo un escepticismo indiferente, que nos lleve aun conformismo automatizado.

Esto, para mi entender, estos son los retos mas importantes de la ciencias sociales en el presente, es decir esbozar un sistema reflexivo que constituya ha eximirnos contra ambas formas de intolerancia.

Bibliografía

• Aguirre Rojas, Carlos A. Antimanual del mal historiador. Desde abajo. Colombia 2002

• De Sousa Santos Boaventura. De la mano de Alicia .Lo social y lo político en la posmodernidad. Universidad de los Andes Bogota. 2000

• Marcuse, Herbert Guerra, tecnología y fascismo. Textos inéditos Fundacao Editora da UNESP Universidad de Antioquia 2001

• Luhmann, Niklas. Complejidad y modernidad. De la unidad a la diferencia Editorial Trotta Valladolid 1998

• Siuriana, Aparisi http://www.mercaba.org/DicPC/P/perplejidad.htm

• Tourraine, Alain, Podremos vivir juntos? Argentina, México. Fondo de cultura económica 2000

• Wallerstein, Emmanuel Abrir las Ciencias Sociales. Siglo XXI, México

• ----------------- Las incertidumbres del saber. Barcelona. Gedisa 2005

• ------------------La crisis estructural del capitalismo. Ediciones desde abajo. Colombia 2007

* Sociólogo y especialista en análisis político y del Estado de la Universidad Autónoma latinoamericana de Medellín Profesor de sociología jurídica de la misma universidad. Candidato Magíster en Estudios políticos de la Universidad Pontificia Bolivariana. Profesor en la escuela de Ciencia Política de la asignatura de cine y política en la misma Universidad

 
 
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