DELOS: Desarrollo Local Sostenible
Vol 6, Nº 17 (Junio 2013)


LA EDUCACIÓN AMBIENTAL COMUNITARIA EN LA ACCIÓN

 



Francisco Javier Conde González
jabierconde@gmail.com
Universidad Latina

 



RESUMEN
En el presente artículo presentamos una experiencia de educación ambiental que se despliega en la acción transformadora de una comunidad en la orilla oriente de la Ciudad de México, con la colaboración del Centro de Investigaciones en Diseño Industrial de la Universidad Nacional Autónoma de México.
La acción reflexiva de ambos actores sociales, evidencia la necesidad de una educación que se involucre en la solución de los problemas ambientales mediante acciones específicas, por medio de las cuales,  los sujetos participantes accedan a niveles más elevados de comprensión teórica de la crisis ambiental  y se movilicen para plantear y ejecutar alternativas de solución, creando un círculo virtuoso de reflexión-acción en el que la creatividad, la solidaridad, y la voluntad de cambio contribuyan para la recreación de las prácticas de educación ambiental.
Palabras clave: Educación Ambiental, Medio ambiente, Comunidad, Alfabetización Ecosófica.

ABSTRACT
In this paper we present an environmental education experience that unfolds in the transforming action of a community on the eastern edge of Mexico City in collaboration with the Center for Research in Industrial Design (CIDI) of the National Autonomous University of Mexico (UNAM).
The reflexive action of both social actors, highlights the need for education to get involved in solving environmental problems through specific actions so that the participating subjects access higher levels of theoretical understanding of the environmental crisis and mobilize in order to propose and implement alternative solutions that can create a virtuous cycle of reflection and action in which creativity, solidarity, and the will to change contribute to the recreation of practices of environmental education.
Keywords: Environmental Education, Environment, Community, Ecosophic Literacy


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  • LA ALFABETIZACIÓN ECOSÓFICA.

Las prácticas de educación ambiental (EA) se encuentran en permanente tensión debido a dos posturas aparentemente contradictorias. La primera  más institucional, académica y escolarizada y otra postura, que pugna por la transversalidad de los procesos de EA y el desbordamiento de lo escolar para incidir de una manera más directa en los ámbitos más amplios de la vida social. Consideramos en este artículo que ambas posturas son valiosas y que en vez pugnar entre sí, deben realimentarse mutuamente, porque si bien, a la educación escolarizada le caracteriza un elevado nivel de sistematización y tratamiento didáctico de los que puede aprender la EA comunitaria, ésta última es la que sale al encuentro de los problemas ambientales, las necesidades y las alternativas de solución en el ámbito de la vida cotidiana de las comunidades, adquiriendo un dinamismo y una creatividad que pueden ayudar a recrear los procesos de EA escolarizados.
Desde esta postura, concebimos la EA como los procesos intencionales y sistemáticos que transforman la relación del ser humano con su medio ambiente llevándola a niveles más elevados de equilibrio y cuidado, en el que es posible la continuación de la vida humana y la vida de los ecosistemas que hacen posible su existencia. Estos procesos pueden desplegarse a un nivel molecular, buscando la toma de conciencia y el actuar de individuos y pequeñas comunidades o bien, a nivel macro social, incidiendo en el posicionamiento y en la actuación de organismos, instituciones y  sociedades en su conjunto ante los problemas ambientales.
La experiencia que aquí describimos se inscribe en una propuesta más amplia de EA que un equipo de educadores y vecinos han sostenido desde hace dos décadas en la colonia Miravalle, una zona de alta marginación  y pobreza situada en la orilla oriente de la Ciudad de México en la Delegación Iztapalapa.
Bajo la denominación de “Promoción de Ecología Social”, a principios de 1990  este equipo inició una valiosa experiencia de educación en una hectárea de la reserva ecológica Sierra de Santa Catarina. Este proyecto vinculó  el cuidado, la preservación de la naturaleza y el desarrollo social de la comunidad. Sus primeros proyectos giraron en relación a la agricultura urbana, el compostaje de residuos orgánicos y la reforestación.
En el año 2007 el proyecto tomó un nuevo impulso con la propuesta de Alfabetización Ecosófica (Conde, 2011). En ella se vinculan tres fuentes teóricas con alto potencial transformador: la propuesta alfabetizadora de Paulo Freire (2002) quien entiende la alfabetización como el ejercicio que permite al ser humano la interpretación crítica de su mundo y le mueve a participar en su transformación; la propuesta de alfabetización ecológica de Fritjof Capra (2009), para el cual, estar alfabetizado ecológicamente significa comprender los principios de organización de los ecosistemas y utilizar dichos principios para crear comunidades humanas sostenibles; y finalmente, la propuesta ecosófica de Félix Guattari (1996) con la que convoca a los forjadores de la liberación social a construir una relación sabia del ser humano con su propio cuerpo, con su comunidad social y con su medio ambiente, es decir, la religación del ser humano con su hábitat subjetivo, social y biológico.
Bajo esta perspectiva teórica, Conde (2011) y los educadores en Miravalle, entienden la alfabetización ecosófica como los procesos intencionales y sistemáticos que religan al ser humano con su propio cuerpo (buscando la autoafirmación personal), con su comunidad de vida (buscando la emancipación comunitaria), y con el medio ambiente (buscando la sustentabilidad ambiental).

  • EL DESAFÍO AMBIENTAL Y LA TERMOFUSIÓN DEL POLIETILENO DE ALTA DENSIDAD.

En el año 2007, en la colonia surgió la Asamblea Comunitaria Miravalle (ACM),  una organización civil que aglutina a un conjunto de actores locales (educadores, vecinos, promotoras comunitarias de salud, etc.) y externos (colectivos, académicos, organizaciones no gubernamentales y organizaciones defensoras de derechos humanos) que han impulsado un ambiciosa agenda de transformación social, con proyectos relativos a la alimentación, la salud, la promoción cultural, el trabajo, la educación, las tecnologías de la información y la ecología.
Entre los aspectos de mayor preocupación para la ACM y su Centro de Capacitación y Educación Ambiental Miravalle (CECEAMI) ha sido el manejo responsable de residuos sólidos orgánicos e inorgánicos. Para el manejo de los residuos orgánicos, desde 1992 se creó una planta de compostaje utilizando la técnica de vermicomposta. En el caso de los residuos inorgánicos en el año 2007 inició un proyecto de acopio de envases plásticos que tenía tres objetivos principales:

  • Concientizar a la población respecto al problema de los residuos sólidos en la ciudad y su manejo responsable.
  • Brindar oportunidades de empleo para jóvenes en situaciones de vulnerabilidad (pobreza, adicciones, violencia, etc.)
  • Disminuir el impacto ambiental de los residuos plásticos en la colonia.

Para documentar la trascendencia de este proyecto en el contexto de los problemas ambientales que enfrenta la Ciudad de México, baste señalar que la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal (2010), informó que en el año 2010 el volumen diario de residuos sólidos generados en la ciudad ascendía a 12,589 toneladas. En ese mismo año, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)1 dio a conocer que la ciudad contaba con una población de 8,851 080 habitantes; con estos datos podemos concluir que en promedio cada habitante de la ciudad genera 1.5 kg. de residuos diarios. Si consideramos que en el año de 1950 un mexicano promedio generaba 300 gr. de residuos al día 2 podemos tomar conciencia de la gravedad del problema cuando a estos datos sumamos la dinámica ascendente en número de habitantes que tiene la ciudad y el país.
Con el sugerente título de “Una solidaridad que se recicla”, la ACM concibió y ejecutó un proyecto que a grandes rasgos consistió en la creación de una red de contenedores de envases plásticos en la colonia, en algunas escuelas públicas y privadas, rutas de acopio y transportación del material a un taller en el que se pudiera clasificar, triturar, lavar, secar, empacar el material, y finalmente, vender el plástico triturado. El proyecto tuvo esta dinámica de trabajo desde el mes de principios del año 2007 hasta el mes de octubre de 2010.
En junio de 2010, la ACM recibió el galardón internacional Urban Age 2010 por parte del Deutsche Bank por sus valiosos procesos de formación  y participación ciudadana, transformación urbana y educación ambiental. Este galardón dio una amplia visibilidad a las acciones de la ACM y algunas organizaciones decidieron apoyarla de manera más decidida. Entre esos valiosos apoyos, el Goethe-Institut Mexiko ofreció trasladar al artista plástico alemán Gerhard Bär, para que enseñara la técnica de la fabricación de objetos de uso cotidiano mediante la termofusión de los envases de polietileno de alta densidad (HDP).
La propuesta del artista fue otorgarle un valor adicional a los materiales, de manera que fuese posible la sustentabilidad ambiental pero también la sustentabilidad económica. Gerhard Bär está interesado en darle a la gente la posibilidad de trabajar con el HDP, que él denomina “el recurso del futuro, porque llena el paisaje, está en todos lados y crea muchos problemas medioambientales”. La idea es darle a este material un valor adicional, al trabajarlo con una tecnología muy sencilla y hacer lo que dicte la creatividad de los participantes, mediante diseños que él llama “vernáculos”, porque pueden usar como base cualquier objeto que esté disponible en el entorno. En sus proyectos de arte social, Gerhard Bär sigue una idea dominante, "obtener algo valioso a partir de las cosas sin ningún valor" y reflexiona de manera permanente en la realidad ciudad – medio ambiente.
Un primer taller se llevó a cabo del 12 al 25 de noviembre de 2010. Gerhard trasladó desde Alemania,  las planchas de termofusión, dos planchas rectangulares de aluminio de 50 cm. de ancho y 1 m. de largo, con un voltaje de 220 y con capacidad de elevar la temperatura de los materiales hasta los 240oC. Entre esas planchas se coloca una tela teflón y en su interior las botellas cortadas o trituradas de HDP, cuyo material se coloca según los patrones de colores que se quieran obtener, se calientan los materiales y al fundirse, forman una placa que mientras está caliente es maleable y con ella se pueden modelar cuantos objetos surjan de la creatividad de los participantes y de la disposición de moldes. En dicho taller participaron de manera constante cuatro jóvenes de la colonia, y al finalizar la experiencia, habían concluido sus primeras producciones: sillas, mesas, balanzones, macetas y pantallas para lámparas.
Dado el éxito de ese primer taller y la constancia de algunos de los jóvenes participantes, el Goethe-Institut generó los vínculos con el Centro de Investigaciones en Diseño Industrial (CIDI) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para comenzar la valiosa experiencia de intercambio y de educación ambiental en la acción que a continuación describiremos.
De mayo de 2011 a la fecha, se han realizado cuatro cursos interinstitucionales entre el taller de termofusión de la ACM y el CIDI. En ellos han participado aproximadamente 60 jóvenes estudiantes de diseño de la UNAM y 15 jóvenes estudiantes de la preparatoria Iztapalapa III de Miravalle (que depende del Instituto de Educación Media Superior del Gobierno del Distrito Federal).  Estos cursos se han convertido en una valiosa experiencia de intercambio de saberes. La ACM ha podido compartir su experiencia de organización comunitaria para el manejo responsable de residuos sólidos (con énfasis en los envases plásticos) y la técnica específica de termofusión del HDP. En tanto que el CIDI ha abierto sus talleres y laboratorios para que los jóvenes de Miravalle conozcan diversas herramientas, maquinarias, técnicas y procedimientos para trabajar los materiales plásticos bajo un enfoque de diseño industrial. Los frutos de dichos talleres han sido diversos. Entre los productos tangibles podemos señalar la elaboración de percheros, contenedores, basureros, bancos, sillas, lámparas, lapiceros, mesas de centro, piezas de joyería.
Pero junto a esos resultados tangibles, podemos señalar la adquisición de un conjunto de saberes igualmente valiosos, porque son los que permiten el despliegue de la creatividad y la fabricación de los productos. Entre estos saberes se encuentran los siguientes:

  • La apropiación de la técnica de la termofusión en todas sus fases: acopio de los envases de HDP, desetiquetado, corte, lavado,  secado, triturado, diseño de los objetos a construir, elaboración de moldes, selección de colores, preparación en las planchas de fusión, fusionado, moldeado, acabado y venta.
  • A nivel de conciencia ambiental podríamos señalar los siguientes alcances: el manejo responsable de los residuos sólidos urbanos, especialmente los residuos plásticos; la importancia de reúso y el reciclaje de materiales considerados como “basura” pero que no son tal, y que pueden ampliar su ciclo de vida útil y adquirir un valor agregado; la dimensión ética en el diseño de objetos, ya que entre los diseñadores hay una tendencia orientada al uso de materiales convencionales y nuevos para el diseño de sus objetos; en los cursos se insistió en la toma de conciencia respecto al impacto ambiental generado por el uso de algunos materiales, y se exhortó a revisar las amplias posibilidades que actualmente se están desarrollando en el campo del reúso y el reciclaje. Por ejemplo ciertos modelos ícono en diseño como la “silla panton” son muy apreciados, pero son muy costosos a nivel ambiental cuando es elaborada con materiales nuevos. Desde la perspectiva ética ambiental, siempre que se pueda, es preferible utilizar materiales cuya carga ambiental sea menor.

Con el esfuerzo de ambas instituciones se está logrando la generación de una actividad productiva con un alto potencial creativo y artesanal,  que poco a poco encontrará nichos de posibilidad en el mercado mexicano, en relación con las compras responsables con el medio ambiente.
El CIDI  de la UNAM se ha visto enriquecido mediante la vinculación comunitaria que ha abierto nuevas posibilidades para sus labores de servicio social. Entre los jóvenes estudiantes han surgido inquietudes  grupales e individuales para diseñar mobiliario urbano y escolar que quede al servicio de comunidades marginales utilizando materiales de reúso. A partir de este intercambio, el taller de materiales plásticos de este CIDI ha comenzado a separar, limpiar, clasificar y reutilizar la “basura”. Los académicos están a punto de proponer una materia optativa que tentativamente se llamará “Reciclado y diseño comunitario”. La satisfacción por el proceso desarrollado y por los logros alcanzados han motivado a algunos de los académicos del CIDI para   replicar la experiencia con otras comunidades en los Estados de Oaxaca y Campeche.
La ACM ha visto enriquecido un proyecto cuyo dinamismo era insospechado en su génesis, y que solamente ha sido posible calibrar a lo largo del tiempo. La vinculación con el CIDI ha logrado las siguientes contribuciones:

  • La adquisición de nuevas técnicas para el trabajo de termofusión, modelaje y diseño de los plásticos.
  • El perfeccionamiento de la técnica de termofusión bajo los métodos y las técnicas profesionales del diseño industrial.
  • La permanente exploración de materiales y técnicas ha permitido un gran despliegue creativo en el trabajo con el plástico. Estas posibilidades conforman un rico abanico  que ha transitado desde la elaboración de grandes objetos hasta el minucioso y detallado trabajo de piezas de joyería.
  • Los coordinadores del taller de termofusión han ampliado su comprensión de todo el proceso de la producción de los objetos, el ciclo que va desde el diseño hasta la comercialización de los productos.
  • El taller de termofusión del HDP y el trabajo de educación ambiental de la ACM han adquirido una mayor visibilidad y han fortalecido su vinculación con la Universidad y con la Sociedad en general. Baste decir que durante los meses de septiembre y octubre de 2012, varios de los objetos producidos en estos valiosos intercambios fueron expuestos en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) y en una exposición temporal en una estación de metro de la Ciudad de México.
  • EDUCAR DESDE LA ACCIÓN.

Los cursos que se han impartido en el CECEAMI han tenido una orientación más clara a la educación ambiental por los elementos que a continuación describiremos.
El CECEAMI está dentro de la Reserva Ecológica Sierra de Santa Catarina, que es una de las áreas naturales protegidas con las que aún cuenta la Ciudad de México. La posibilidad de ingresar a ella, de percibir la frontera entre la urbe y el área natural, permite que los participantes cobren conciencia de la presión que la primera ejerce sobre la segunda. Y un elemento de primer orden en dicha presión, es aquella que se ejerce por el mal manejo de residuos sólidos que tardarán cientos de años en degradarse.
El artista alemán Gerhard Bäer, ha hecho especial énfasis en la toma de conciencia respecto al problema ambiental y la contribución que podemos hacer desde nuestros campos de acción para disminuir la presión que ejercemos sobre los recursos naturales.
En el CECEAMI los participantes de los cursos han podido observar un conjunto de acciones de cuidado ambiental que probablemente puedan servir de inspiración y aliciente para aquellos que se muestran más sensibles hacia el problema ambiental. Algunas de estas acciones son el compostaje de residuos orgánicos, prácticas de agricultura urbana, técnicas de captación de agua de lluvia, alternativas de construcción utilizando materiales de reúso, sanitarios secos, cultivo y aprovechamiento de plantas con usos ornamentales y medicinales.
Es interesante observar como en este tipo de proyectos es difícil hacer una distinción entre los medios de producción y los recursos didácticos. Las planchas de termofusión, tijeras, escalpelos, tinas de lavado, sierras de corte, moldes de madera, trituradores de plástico, guantes, gafas, cubrebocas, etc. fueron a la vez medios de producción que permitieron la transformación de la materia y materiales didácticos que permitieron la apropiación de la técnica. Técnica que contribuyó a la toma de conciencia respecto a la relación entre sociedad y ambiente.
En sí mismos, dichos cursos se configuraron en una acción de contención del deterioro ambiental si podemos pensar en la cantidad de plástico que no llegó al relleno sanitario y cuya vida útil está ampliada en nuevos objetos de uso cotidiano, cuyo valor agregado servirá para mejorar las condiciones económicas de algunos jóvenes de una de las regiones más pauperizadas de la Ciudad de México.
Un proceso educativo puede ser evaluado de acuerdo a las finalidades que busca alcanzar, en coherencia con los aprendizajes que promueve y los procesos que genera. Al valorar el devenir del proyecto en todo su conjunto, podemos hacer algunas valoraciones tanto cuantitativas como cualitativas. Comencemos por las cuantitativas:

  • En el periodo que va del año 2006 al 2012, se tiene el registro de aproximadamente 500 toneladas de material plástico que han sido procesadas y reutilizadas en lugar de ser enviadas al relleno sanitario.
  • Alrededor de 120 familias han sido concientizadas en el manejo responsable de los residuos sólidos y participan activamente en esta alternativa ambiental. Si tomamos en cuenta el efecto multiplicador en integrantes de las familias, entre los estudiantes de las escuelas que están acopiando y entre los jóvenes participantes en los talleres la cantidad de personas que han escuchado o han atestiguado del reciclaje de plásticos asciende a una cantidad cercana a los 9,000.
  • Aproximadamente 30 jóvenes han sido beneficiado con una opción de empleo temporal, en una zona económica con muy bajas posibilidades de acceso a un empleo.

El lector podrá valorar la importancia de este proyecto en cuanto a su impacto ambiental y su ámbito de influencia social, sabiendo que ha sido impulsado desde la ciudadanía a través de una organización como es la ACM.
Para un proceso de educación en la acción como el que propone el presente proyecto, tan importantes son los resultados cuantificables como el conjunto del transformaciones que se ubican en el ámbito de la subjetividad y de las dinámicas sociales, los aprendizajes alcanzados, los valores descubiertos, las potencialidades emergentes en individuos y colectivos, las percepciones modificadas. Si bien, es un ámbito mucho más difícil de ser evaluado, podemos presentar  algunas conjeturas a partir de actitudes y conductas manifiestas:

  • Los jóvenes participantes de los cursos interinstitucionales y del trabajo en el taller de termofusión han mostrado un gran interés en el proceso. La creatividad desplegada, el surgimiento de iniciativas personales para continuar su participación en el proceso, muestran un grado de responsabilidad creciente. La autonomía de acción es uno de los mayores logros a los que puede aspirar un proceso educativo en cualquier campo de la vida social.
  • La comunidad de Miravalle, en colaboración con los actores externos que se han vinculado a su trabajo ambiental, ha alcanzado mayores capacidades para incidir en su transformación socioambiental. A través de la ACM cuenta con un conjunto de potencialidades hasta antes inexistentes para el manejo responsable de una parte de sus residuos sólidos.
  • Desde que inició el proyecto aquí descrito hasta el momento presente, podemos afirmar que el nivel de sustentabilidad ambiental en Miravalle es mayor. Una comunidad que ha aprendido a separar sus residuos sólidos, que se responsabiliza de la sensibilización de sus vecinos para participar en esta acción, que tiene una alternativa viable para el tratamiento de los mismos es una comunidad que ha alcanzado mayores niveles de sustentabilidad.

Como habíamos afirmado al principio de nuestro artículo, para Fritjof Capra (2009:307) ser ecoalfabeto es comprender los principios de organización de los ecosistemas y utilizar dichos principios para crear comunidades humanas sostenibles. La comunidad de Miravalle está utilizando dichos principios para su transformación socioambiental de la siguiente manera:

  • A partir de los proyectos aquí descritos (y de otros que nos es imposible describir por la limitación de espacio) la red de relaciones de la comunidad se ha ampliado en su interior y con actores externos. Todos estos vínculos están orientados a la transformación socioambiental en una interconexión e interdependencia cada vez más compleja.
  • El carácter cíclico de los procesos descritos están orientadas a cerrar el círculo de la producción, la distribución, el consumo y la disposición final de los bienes de consumo. La limitación de recursos impide extender su ámbito de influencia, pero están demostrando que mediante la voluntad y la participación ciudadana se pueden alcanzar importantes beneficios para el medio ambiente de la ciudad.
  • La asociación como un rasgo fundamental de los proyectos ambientales de la ACM, que están sostenidos a sus vez por pequeños equipos de trabajo, que como vigorosas células con poder de decisión, generan acciones modestas en su génesis pero que son portadoras de la cimiente del cambio y la transformación personal, colectiva y ambiental. En más de una ocasión, estas modestas acciones han alcanzado un dinamismo insospechado como lo hemos atestiguado en esta narración.
  • La flexibilidad de los proyectos de alfabetización ecosófica, ha quedado de manifiesto puesto que las múltiples variables que intervienen en su desarrollo, requieren de una permanente atención a los cambios que se generan en el contexto local y externo y tomar las medidas pertinentes para dar viabilidad a los proyectos y alcanzar los objetivos trazados aunque los medios sean diferentes.
  • La diversidad de los actores participantes, de los proyectos desarrollados, de los temas abordados, de las estrategias utilizadas pueden contribuir a la fortaleza de esta comunidad en la búsqueda de la justicia social y la sustentabilidad ambiental.

Ciertamente la alfabetización ecosófica es un modelo pedagógico en construcción que prefigura el porvenir de la praxis educativa que entiende los desafíos del hábitat subjetivo, social y medioambiental del ser humano. Aún en su carácter inacabado podemos identificar los rasgos esenciales de una educación ambiental comunitaria que en breve tiempo ha logrado delinear sus escenarios,  sus ámbitos de acción, objetivos, métodos, contenidos, actores, estrategias, experiencias, aprendizajes y recursos. Alcanzar su madurez dependerá de todos aquellos que conociéndola, estén dispuestos a continuar su construcción a través de procesos educativos creativos, audaces y esperanzados.
Si en cada colonia de nuestras ciudades hubiese educadores dispuestos a iniciar proyectos de educación en la acción como los aquí descritos, probablemente la realidad medioambiental de nuestras urbes estaría caracterizada por la autoafirmación de sus habitantes, la emancipación de sus comunidades y la sustentabilidad de su medio ambiente.
REFERENCIAS
CAPRA, FRITJOF (2009). La trama de la vida. Una nueva perspectiva de los sistemas vivos. Anagrama, Barcelona.
CONDE GONZALEZ, FRANCISCO JAVIER (2011). Alfabetización ecosófica. Tesis doctoral, FFyL – UNAM, México.
FREIRE, PAULO (2002). La educación como práctica de la libertad. Siglo XXI, México.
GUATTARI, FÉLIX (1996). Las tres ecologías.  Pre-Textos, Valencia.
SECRETARÍA DEL MEDIO AMBIENTE (2010). Inventario de residuos sólidos del Distrito Federal. México: Gobierno del Distrito Federal.

Recibido el 18 de Marzo de 2013
Aceptado el 6 de Mayo de 2013
Publicado en Junio de 2013

1 Información consultada en: [http://cuentame.inegi.org.mx/monografias/informacion/df/poblacion/default.aspx?tema=me&e=09] el 20 de septiembre de 2012 a las 20:30 hrs.

2 Información consultada en: [http://app1.semarnat.gob.mx/dgeia/informe_2008/00_intros/pdf.html] el 21 septiembre de 2012 a las 20:00 hrs.

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