DELOS: Desarrollo Local Sostenible
Vol 5, Nº 14 (Junio 2012)


DIÁLOGO, COMUNICACIÓN Y ÉTICA AMBIENTAL DESDE LA COTIDIANIDAD

 

 

Niurbis La Ó Lobaina (CV)
nlao@ismm.edu.cu
Noralis Columbié Puig (CV)
ncolumbie@ismm.edu.cu
ISMM "Dr. Antonio Núñez Jiménez"


 

 

RESUMEN

En este trabajo se expone una modesta reflexión sobre cómo enfrentar del modo más comprensivo posible la problemática ambiental existente como consecuencia del acelerado desarrollo científico-técnico al que se expone la humanidad. Se pretende llamar la atención sobre los efectos negativos que está generando el uso inadecuado del conocimiento científico en  los modos de vida del hombre común, lo que genera la pérdida de los valores más intrínsecos de la especie humana y provoca una relación bestial del hombre con la naturaleza.

La propuesta reflexiva que aquí desarrollamos se apoya en algunos sustentos teóricos  que abordan el diálogo y la comunicación como mediadores en la adquisición de nuevos saberes que modelen una conducta social favorable en la relación hombre-naturaleza y también la dimensión ética como una de las principales para el tratamiento a la problemática medioambiental en el contexto global actual.

Palabras clave: desarrollo científico-técnico, diálogo de saberes, ética ambiental, conocimiento científico, cotidianidad.


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INTRODUCCIÓN

Es evidente el auge de conocimientos que ha tenido lugar  a partir del desarrollo científico-tecnológico provocado por el hombre, los que han sido generados por los nuevos cambios socioculturales a los que han tenido que exponerse las diversas sociedades. Quiere decir, que existe una relación dialéctica entre el conocimiento que se genera desde las ciencias y el conocimiento que se genera en los grupos culturales y sociales influenciados por los aportes de la ciencia.

En este ámbito el lenguaje se convierte entonces, en un arma mediante la cual, se defiende y expone  el cúmulo de informaciones, inquietudes, creencias, satisfacciones e insatisfacciones que envuelven a la humanidad, la que siendo cada vez más compleja en sus relaciones internas, favorece el uso de la lengua oral y escrita como un modo de vaciar el conocimiento científico y de lo cotidiano que se genera desde diferentes contextos socioculturales. El lenguaje adquiere un carácter especial en el ámbito de las relaciones humanas que se establecen en una sociedad sometida al riesgo y la destrucción por el uso inapropiado del conocimiento científico.

El comportamiento del hombre ante la naturaleza a partir del desarrollo científico-técnico deviene preocupación para la humanidad, lo que puede conducir, según Delgado (2007), “a un tránsito de una sociedad del conocimiento, como se le ha llamado a la era actual, a una sociedad del riesgo”, dado por  la aplicación, pudiéramos decir irresponsable que se hace de la ciencia por determinados grupos de la sociedad. Lo anterior permite comprender que es inminente hacer uso del lenguaje y la comunicación para producir conocimientos que se dirijan al logro de la responsabilidad social, la ética y los valores que tanto necesita la humanidad.

Desde este punto de vista hay que pensar con profundidad en el valor de la información que se genera y se expone mediante las diferentes vías de acceso al  discurso público y la implicación de esta en la regulación de los modos  de actuación de los hombres y su conducta ante la naturaleza, dejando claro que la actitud irresponsable ante ella lo conduce a su propia desaparición como especie humana.

La agudización de las políticas de guerra y de posesionamiento que invaden a todo el universo en este sigloXXI y el acelerado auge del conocimiento y saberes universales,  exigen un diálogo permanente y profundo entre las sociedades; un diálogo que se dirija  el desarrollo creciente de las relaciones humanas desde una perspectiva holística, pero donde se tomen en consideración las diferencias de culturas y valores que caracterizan a las comunidades, sin querer imponer las ideologías, políticas, costumbres y creencias de unos en otros; es esta sed de apoderamiento y visión del equilibrio lo que conduce a la destrucción de la humanidad.

La sociedad debe organizarse y funcionar en la órbita de un sistema de valores instituidos y reconocidos oficialmente. Es necesario que se contribuya a reforzar la conciencia ambiental en los individuos, llamados a formar una personalidad socialmente activa, consciente y altamente moral que no retroceda en circunstancias difíciles, sino que actúe de modo racional y adopte decisiones correctas en defensa del medio natural.
Por lo pronto, la humanidad necesita  de una comunicación que vaya más allá del conocimiento científico para acceder a la cotidianidad y la espiritualidad; se han de remover las luchas sociales en defensa de lo propio, de lo particular y lo singular para detener la exclusión y la marginalidad creada por el propio hombre en busca de una falsa equidad.
La incoherencia entre el discurso y el comportamiento moral, merece un marco propicio que consolide los saberes pertinentes ante el contexto actual, en buena medida, el origen de las contradicciones y ambigüedades del comportamiento de los seres humanos con su medio, han tenido como base la carencia de un diálogo profundo y de acercamiento a las realidades a las que se exponen los hombres en su contexto habitual.

 

DESARROLLO CIENTÍFICO–TECNOLÓGICO
El desarrollo científico–tecnológico ha generado paralelamente un apremiante debate en torno a las implicaciones de este en la vida. Nuevos conceptos se introducen, se evalúa la responsabilidad científica, el alcance del conocimiento y su objetividad. El conocimiento que se genera en este contexto se ha alejado de las formas comunitarias de vida y se ha convertido en una herramienta para el dominio de lo humano y lo natural por algunos hombres. La vida desde la cotidianidad se subvierte de tal modo que conduce a la estandarización y a la pérdida de la sociodiversidad lo que produce efectos indeseables y destructivos.
“[…] a partir de la Revolución Científico-Técnica, el saber científico y tecnológico – los modos de ser, conocer y actuar de la ciencia y la tecnología- , han subvertido el mundo del hombre en tres direcciones fundamentales: el conocimiento humano, la vida cotidiana como proceso natural y esta como proceso espiritual” (Delgado, 2007).  
La crisis ambiental que vive actualmente la humanidad es una crisis social provocada por el modelo de desarrollo productivo tecnológico y hegemónico que se basa en la lógica de la explotación y del mercantilismo, este modelo de desarrollo actual va contra los principios de la vida y al respecto expresa Galano (2005) “[…] es una crisis de civilización. Es la crisis de un modelo económico, tecnológico y cultural que ha depredado a la naturaleza y negado a las culturas alternas. El modelo civilizatorio dominante degrada el ambiente, subvalora la diversidad cultural y desconoce al otro (al indígena, al pobre, a la mujer, al negro, al Sur), mientras privilegia un modo de producción y un estilo de vida insustentables que se han vuelto hegemónicos en el proceso de globalización. […] Se hace imperioso sacudir el yugo impuesto por el conocimiento omnipotente y occidentalocéntrico, macerado en el Paradigma Simplificador, expresión del pensamiento científico de la Modernidad y su racionalidad instrumental”.
Lo antes expresado permite comprender que el proceso de desarrollo de la ciencia y la tecnología se ha convertido en un poderoso medio de dominación y explotación en manos de los grandes centros de poder. La idea de que el desarrollo tecnológico todo lo puede y todo lo resuelve es un error, el cuestionamiento a esto estriba en cómo debe usarse y con qué finalidad; le corresponde a la humanidad hacer un uso correcto, pensado, de esos avances alcanzados, con un verdadero sentido humanista para garantizar un futuro mejor.
Ambas, tecnología y ciencia, están influenciando en el desarrollo de medios y herramientas capaces de satisfacer las necesidades humanas y de la vida en general. Constituyen hoy un poderoso pilar del desarrollo cultural, social, económico y de la vida en general y uno de los resultados de la actividad creativa del hombre que ha logrado cambiar algunos de los patrones y modelos culturales de los diversos grupos de habitantes; no siempre con resultados positivos para la humanidad pues algunas sociedades ya sufren de aislamiento y absorbencia cultural.
La ciencia y la tecnología se han convertido en una fuerza productiva inmediata de la sociedad actual, es decir, en un factor necesario del proceso de producción que ejerce una creciente influencia no sólo sobre los elementos materiales y hasta espirituales de las fuerzas laborales, sino que alcanza también a todas las esferas de la actividad humana.
Esta transformación económica como resultado de la lógica del industrialismo ha provocado un control sobre la naturaleza en la búsqueda de abundancia material, donde la confianza ilimitada en la ciencia y la tecnología como elementos que pueden dar solución a los problemas que enfrenta la humanidad no les deja reflexionar sobre los límites de sus acciones, acciones que pueden conllevar a la desaparición del planeta. Se habla de un actuar de carácter depredador guiado por la lógica del consumismo que no ha parado en todos estos siglos y que aún signa nuestra contemporaneidad.
Lo que ha provocado que el ambiente mundial haya cambiado más aceleradamente en los momentos actuales que en cualquier otra época comparable con la historia. Una de las principales causas de estos peligrosos e irreversibles cambios en algunas regiones, se debe a la negativa interacción del ser humano con la naturaleza. Por tanto la problemática ambiental se ha convertido en una de las principales preocupaciones y ocupaciones para el hombre.
Fidel Castro Ruz en el año 1992 como respuesta a esta situación plantea “Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo (...) páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre”.
Al reelaborarse nuevas propuestas en defensa de la naturaleza es determinante, según lo planteado, un análisis no solo desde el plano económico, científico, cultural, sino también desde la dimensión ética, valorada como uno de los problemas de mayor importancia en este nuevo siglo. Se hace inminente llegar a los espacios más cotidianos y contextualizados en los que el hombre se desarrolla y expresa su relación directa con el medio ambiente y formar valores y conocimientos alrededor de un comportamiento responsable y comprometido con él, con los otros y con su medio, para lo que se necesita una comprensión de lo global y lo particular como parte de un todo, que es la naturaleza.
La ética proviene según Aristóteles de éthos (costumbre), es una rama de la filosofía cuyo objeto de estudio es la moral, entendida esta como el conjunto de normas, usos que el hombre percibe como obligatorias en la conciencia; es objeto de la ética su estudio.
La moral es un tipo de conducta, la ética es una reflexión filosófica acerca de la moral, desde el punto de vista de la moral, hay que tomar una decisión práctica; desde el punto de vista de la ética, ha de formarse la conciencia en el hábito de saber decidir moralmente. En ambos casos, se trata de una tarea de fundamentación moral.
Se necesita por tanto, no solo una relación positiva entre los hombres, sino también entre estos y la naturaleza donde florezcan los valores humanos y se le preste atención priorizada a la forma en que interactúa con ella, de tal manera que sus acciones no sean destructiva para que la posibilidad de vida en el futuro sea posible.
Lo anterior nos obliga a reconsiderar que los animales, las plantas, el medio natural en general necesitan nuestro respeto y el propósito es definir cuál es la responsabilidad que se tiene con el medio ambiente. Esto implica una visión integradora  para fomentar una cultura ambiental  donde no se pueden omitir como mediadores y facilitadores  al lenguaje y la comunicación por ser base esencial en las relaciones sujeto-sujeto y sujeto-objeto.
El alcance transdisciplinario de la relación del hombre con su medio, al mismo tiempo debe promover el lugar de la comunicación como valor cultural de los seres humanos, que recobra  sentido como mediadora de  la nueva visión unificadora del pensamiento humano; como proceso deviene factor de incalculable trascendencia para el desarrollo sociocultural del hombre, es innegable, así, su significación cuando de transformación y enriquecimiento de la cultura ambiental se trata.
Por medio del lenguaje las personas interactúan, se informan, convencen, se  relacionan con  el mundo y con ellos mismos. La capacidad intelectual de los miembros de una comunidad toma sentido a partir del lenguaje, pues este representa un modo específico de concertar al individuo con medios simbólicos de relación y comprensión de la realidad, al respecto Prigogine (2005) plantea que “Hoy en día, casi a finales del siglo, seguimos siendo incapaces de prever adónde nos llevará este nuevo capítulo de la historia humana, pero podemos estar seguros de que, con él, se abre un nuevo diálogo entre el hombre y la naturaleza”.
Por ello se impone trabajar por una educación ambiental que responda a intereses de transformación de la realidad donde los mayores beneficiados son los seres humanos, según Leff (1994), “Es la lucha de toda la comunidad por un derecho que no sólo es a la alfabetización y a la educación básica, sino a estar al día en el estado del conocimiento que es patrimonio de la humanidad, al desarrollo de habilidades que capacite a todos los seres humanos del planeta para una vida plena en armonía con la naturaleza. El derecho a la educación es el derecho de ser y de saber; de aprender a aprender, de aprender a pensar, a discernir, a cuestionar, a proponer; es el entrenamiento para llegar a ser autores de nuestra existencia, sujetos autónomos, seres humanos libres”.
Para lograr un nuevo estilo de vida capaz de solucionar o aliviar cualquier problema de esta índole es necesaria la aprehensión de un diálogo de saberes en torno a las culturas de los pueblos, sus ideosincracias, modos de vida, costumbres, todo alrededor de un marco ético-ambientalista que conduzca al logro de una conducta respetuosa y solidaria hacia la  sostenibilidad del universo y con mejores condiciones para todos los seres vivientes en él.
Es necesaria entonces,  una educación ambiental que llegue a crear valores universales desde un enfoque constructivo, interactivo, participativo y contextualizado, respetuosa de la individualidad, de la diversidad, del ambiente; crítica de las tecnologías, de la ciencia, de la política, de la cultura, de los medios y al mismo tiempo debe ser sistémica, generadora del cuidado del ambiente, gobernada por el principio de precaución, evaluadora del costo-beneficio de las acciones de los seres humanos.
La relación directa naturaleza-sociedad, para su armonía, debe tener en cuenta que la educación ambiental en la conservación del medio se convierte en parte indispensable de lo cognoscitivo de un ser social. Esta dimensión en el proceso educativo, a través de la instrucción, se expresaría en un sistema de conocimientos que cultive un pensamiento revolucionario entre los seres humanos, la naturaleza y la sociedad, basados en los aportes de la ciencia y la tecnología, el arte y la literatura en función de mitigar los elevados consumos de naturaleza a los que conducen el uso subversivo de conocimientos y tecnologías que emergen en la época actual.
La responsabilidad de este encargo social, no es solo de las instituciones educativas, es de todos, de la familia, científicos, de los medios de comunicación, centros de investigación, en su conjunto se deben buscar estrategias y acciones que permitan generar el desarrollo sobre base sustentable. Es apremiante para todos el apoyar aquellos programas multidisciplinarios que tengan como objetivo despertar el interés y la comprensión de la conservación del medio ambiente desde una visión humanista.
No es menos cierto que un compromiso titánico lo tiene el sector educativo, al encargarse de preparar ciudadanos comprometidos con el cuidado y protección del medio ambiente y de formar una cultura ambiental que promueva el desarrollo productivo, pero a la vez potencie el uso de los recursos naturales sin menoscabo para poder asegurarles a las generaciones que están por  venir un futuro habitable.
Lo que apremia ahora, según lo expresado es el principio fundamental de nuestro pensamiento, es necesario abandonar la idea de posesión de la naturaleza; lo que está en riesgo es la humanidad. El respeto no debe imperar solamente entre los hombres, es inaplazable el respeto profundo hacia la vida en general y urge un nuevo diálogo alrededor de los saberes que emergen por el auge del conocimiento científico y su repercusión en los modos de sentir, pensar y actuar del hombre desde la cotidianidad.
Se hace oportuno manejar la creatividad en la producción de nuevos conocimientos para formar en los ciudadanos una conciencia moral que les permita comprender la fragilidad del universo y de la vida en él; hay que trabajar en función de qué conocimientos necesita con urgencia la humanidad; el valor y lugar de estos en el proceso de vida del hombre.

CONCLUSIONES
La complejidad de la problemática ambiental en los momentos actuales permite comprender que:

  • Es necesario promover entre los hombres un conocimiento ambiental que aborde los problemas globales, para así, tomar  conciencia de sus problemas y de los problemas de los otros desde su contexto; que conozcan la identidad compleja que son como individuo y al mismo tiempo de su identidad común a todos los demás humanos.
  • Se tendrá que enseñar a trabajar desde cada uno de los espacios contextuales, estrategias comunicativas que permitan afrontar los riesgos, lo inesperado, lo incierto que se origina a partir del uso irresponsable del conocimiento científico y el auge de las nuevas tecnologías.
  • Las condiciones medioambientales a que está sometido el hombre en la actualidad conducen al desarrollo de un nuevo diálogo entre estos  y la naturaleza; un diálogo con perspectivas educativas desde la cotidianidad,  para lograr en el hombre común una conciencia moral socialmente útil y una aprehensión ética que conduzca a la sostenibilidad del universo.
  • Se considera importante desde esta reflexión considerar la repercusión del conocimiento científico en los estilos de vida, costumbres, creencias e ideologías de los pueblos de manera que se desarrolle una ética ambiental que considere el respeto por lo propio y lo universal.  .

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Castro Ruz, Fidel: Discurso pronunciado en  Río Janeiro por el Comandante en Jefe en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, el 12 de Junio de 1992. En El diálogo de civilizaciones. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana. 2007, p.15.
Delgado Díaz, Carlos: Revolución del saber, cambio social y vida cotidiana. Revista, Temas no 52:116-127.Octubre- Diciembre, 2007.
Leff, E. Ciencias Sociales y Formación Ambiental. (Ed.): Siglo XXI, México, D. F. 1994.
Prigogine, Ilya. Tan solo una ilusión. (Ed.): Tusquets. 2005, p.1  
Taller Preparatorio del 1er. Seminario Nacional de Educación Ambiental para el Desarrollo Humano Sustentable que fuera  realizado por la Red Nacional de Educación Ambiental para el Desarrollo Humano Sustentable los días 31 de octubre y 1° de diciembre del 2005. Documento en soporte digital.

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