Cuadernos de Educación y Desarrollo

Vol 3, Nº 31 (septiembre 2011)

FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS Y SOCIOLÓGICOS DE LA EDUCACIÓN. REFLEXIONES PARA LA CONSTRUCCIÓN PARTICIPATIVA DE LOS VALORES PROFESIONALES SOCIOCULTURALES


Inés de la C. Valdés González (CV)
Profesora auxiliar
Metodóloga. Vice rectoría de Formación del Profesional. Universidad Agraria de la Habana (UNAH)
ledia@isch.edu.cu
Elizabeth L. López T. (CV)
Profesora auxiliar
Facultad de Medicina Veterinaria. Universidad Agraria de La Habana (UNAH)
elopez@isch.edu.cu




RESUMEN

El presente artículo expone algunos de los fundamentos filosóficos y sociológicos necesarios para conocer los valores profesionales de los especialistas en los estudios socioculturales. Diferentes autores, entre ellos Báxter, Martínez Llantada, Fabelo, Blanco, han abordado la temática de la formación de valores en los estudios superiores. El objetivo del artículo es reflexionar sobre estos fundamentos teóricos que permiten una propuesta metodológica de los valores profesionales para los estudios socioculturales en el contexto de la identidad habanera.

Palabras clave: Valor, valores profesionales socioculturales, fundamentos filosóficos y sociológicos, estudios socioculturales.

INTRODUCCIÓN

“La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado (…)” (Marx, 1981).
La tesis marxista con la que comienza este trabajo, tesis tres de Marx sobre Feuerbach, adquiere mayor relevancia en la actualidad dado el  contradictorio mundo por el que transita la humanidad. La educación de los hombres encierra disímiles complejidades, en correspondencia con el desarrollo alcanzado por las sociedades contemporáneas y los diferentes sistemas políticos que gobiernan las mismas, pero, es esencialmente fundamental comprender cómo influye el capitalismo neoliberal representado por el poder de las transnacionales, así como las difíciles relaciones norte-sur y el grado de marginación de poblaciones autóctonas, entre otras causas, en el estudio del fenómeno educativo.
Sin embargo a pesar de estas condicionantes, desde los orígenes mismos del hombre su posibilidad de subsistencia y perpetuación ha estado influenciada, por su capacidad de transmitir y asumir las experiencias acumuladas de una generación a otra, de transmisión de culturas, es en ese sentido que la educación es parte de la vida y componente de la práctica social. (Martínez, et. al, 2004). 
Como componente de la práctica social, la educación puede abordarse desde dos planos diferentes e interrelacionados, en su sentido más amplio como proceso de formación y desarrollo del sujeto para insertarse a vivir en una sociedad determinada, no seleccionada por él. Y en su sentido más limitado como proceso de enseñanza aprendizaje, sujeto a normas de determinadas instituciones docentes. De todo ello surgen diferentes variantes de análisis en las que predomina la educación como proceso de socialización, de formación y desarrollo de la personalidad, como resultado o fin, como actividad en tanto agente educativo, aquí se involucran disímiles actores sociales (padres maestros, líderes comunitarios, entre otros) y como profesión (maestros, profesores) (Martínez, et. al, 2004).
Si se considera lo expuesto anteriormente, el presente trabajo comparte estos puntos de vista, pero dadas las peculiaridades del contexto socioeconómico, cultural y político actual, nacional e internacional, donde se requiere acciones más dinámicas en busca de soluciones de carácter, muchas veces inmediatas, se sugiere la ampliación de la concepción de la educación como profesión, por cuanto el protagonismo del estudiante y el profesor también cambia de acuerdo a su accionar en diferentes escenarios comunitarios. 
Desde las consideraciones anteriores un enfoque general de la educación tiene en cuenta los factores económicos y clasistas que inciden en la misma, como fenómeno en constante transformación y con variadas funciones sociales, por lo que hacen de la misma un fenómeno complejo “sujeto a múltiples interpretaciones que han dado lugar a diversas ciencias específicas, denominadas Ciencias de la Educación” (Valera, 1999). 
En tal sentido juegan un papel relevante en el estudio del fenómeno educativo la filosofía y sociología de la educación, factores necesarios que aborda el presente trabajo para el análisis de estos presupuestos en la construcción participativa de los valores profesionales socioculturales, aunque se proponga, por el momento, como objetivo general del mismo explicar cómo  influyen dichos presupuestos, tal vez, los más importantes desde la óptica de la autora, en ese proceso de construcción participativa en la formación y en la práctica de la profesión.

DESARROLLO

Aproximación al tema desde los fundamentos filosóficos

En la actualidad diferentes teóricos de la filosofía de la educación, Martínez y Blanco (2003) plantean que aunque es una ciencia joven pues sus inicios se consideran hacia finales del siglo XlX, ya en las reflexiones filosóficas de La República de Platón hay indicios de estos estudios.
Es válido recordar que el referente teórico de esta ciencia está en los diferentes presupuestos filosóficos de corrientes y escuelas desde la antigüedad hasta hoy. No obstante, para el trabajo en cuestión las premisas del enfoque filosófico de la filosofía de la educación, que metodológicamente constituyen su paradigma, son los principios, leyes y categorías de la filosofía dialéctica materialista marxista leninista.    
La naturaleza del objeto de estudio de la filosofía de la educación es controvertida, polémica y sumamente diversa. “En la actualidad se muestran posiciones que consideran que la filosofía de la educación ha dejado de ser una reflexión dentro de la filosofía sobre la educación o una aplicación de la primera sobre la segunda para convertirse en estudio desde el interior de la práctica y la investigación de la educación hecha por los educadores mismos” (Follari, 1996); “dicha disciplina es la brújula orientadora y la guía teórica necesaria que ofrece “la unidad de pensamiento que tiene que dar coherencia a las diferentes respuestas que se ofrezcan a todas las esferas del proceso educativo” (Chávez, 2003).
Para Ramos (2008) la filosofía de la educación es un instrumento efectivo en la comprensión y transformación de la actividad educacional desde el enfoque filosófico, a lo cual ha llamado los fundamentos filosóficos de la educación, entendidos como el análisis filosófico de la educación, y en particular del proceso de enseñanza-aprendizaje que allí tiene lugar, que ofrece un conjunto de instrumentos teórico-prácticos (metodológicos) que permiten desenvolver la actividad educacional de un modo eficiente y esencialmente sostenible.
Pero, lo cierto es que la filosofía de la educación necesariamente se vincula a la pedagogía, por ser esta última el núcleo rector de las ciencias de la educación, y tiene ante si varias interrogantes que responder, problemas lógicos de los constantes cambios del fenómeno educativo, preguntas tales como: ¿qué involucra la educación?, ¿qué es exactamente enseñar?  (Moore, 1998). Respuestas todas complejas que no se rigen por  un modelo o paradigma único y que necesitan ser evaluadas desde diferentes aristas, entre ellas los contextos educativos locales.
La educación toma de la filosofía la reflexión y el punto de vista de la totalidad para esclarecer los problemas relativos a la pedagogía. Así, viendo la educación como un todo, reflexionando acerca del hecho o fenómeno educativo desde sus presupuestos fundamentales, podrá el educador tener una mayor conciencia de su labor educativa y saber que su práctica descansa sobre temas que se imbrican con la humanidad y su práctica más inmediata.
Se comparte el criterio de Mantovani (1983) que independientemente de que existen variados problemas objetos de investigación para la filosofía de la educación, hay tres que son de reflexión necesaria en el objeto de estudio de esta ciencia. El primer problema al cual se enfrenta es al tipo de ser humano que se desea formar. Este problema, que se ubica en el ámbito de la antropología filosófica, parte desde las inquietudes socráticas por el ser. Esta problemática es fundamental por cuanto si la educación tiene como propósito la transformación del individuo a través del conocimiento, una filosofía de la educación debe partir de la idea de ser humano y el teórico de la educación debe consultar a la filosofía la doctrina en torno al hombre. (...) Toda pedagogía es, previamente, ciencia profunda del hombre” (Mantovani, 1983).
El segundo problema a resolver por la filosofía de la educación, según Mantovani, es el dirigido a los medios, cómo alcanzar ese ser humano que ya se ha definido en la primera pregunta. Este problema se halla en el ámbito de la axiología, por cuanto a través de ciertos valores, estrategias y técnicas se puede lograr la consecución del hombre deseado. Es este referente donde se encuentra particularmente el fundamento metodológico para la propuesta de construir los valores profesionales socioculturales que asume el presente trabajo.
El tercer problema de análisis para la filosofía de la educación es la valoración de los fines en la educación. La acción educativa es un sistema coordinado de medios para influir en dirección a un fin determinado. “Educar es mirar hacia un fin y procurar su realización. Por ello resulta débil una pedagogía constituida exclusivamente por medios educativos. (Mantovani, 1983).
Para los estudios socioculturales, estos argumentos son tan importantes como pudieran ser para otros estudios sociales y humanistas, sin embargo dadas las peculiaridades de la ciencia de estos tiempos que tiende a la transdisciplinariedad, el análisis filosófico del fenómeno educativo en esta esfera de la realidad social, colinda y necesariamente se relaciona con esferas de estudio de la  comunicación social, la psicología y la sociología, fundamentalmente, pero también aborda los fenómenos medio ambientales, y objetos de otras ciencias que no son las sociales, lo cual hace más compleja la investigación y los resultados esperados.
Ello requiere de un estudio integral, multifactorial de lo que llamamos sociocultural. Investigar desde la óptica sociocultural “posee status epistémico de donde emanan problemas éticos específicos. Si se dice que el científico ha de investigar tal o más cual aspecto de la realidad y que ha de producir conocimientos que tenga determinados atributos, esto a la larga es también una solicitud ética (…) los estudios socioculturales tienen como correlato empírico fundamental la noción de “sociocultural”. Este término alude ya sea una realidad que se constituye en la articulación entre “lo social” y lo “cultural”, o a un enfoque de los fenómenos sociales y los fenómenos culturales, que precisamente toma en serio aquella articulación (Freyre, 2002).
Es importante aclarar que en este proceso de articulación entre lo social y lo cultural es vital el carácter protagónico real de los diferentes actores sociales, en este caso estudiantes y graduados; el  protagonismo visible.  (Aroche, 2008) lo definió como “la capacidad de los sujetos para  formar parte activa en actividades conjuntas que persigan un fin común en una comunidad determinada. La participación se manifiesta en el diseño y ejecución de estrategias e iniciativas que permitan transformar las adversidades”; por lo que el carácter dinámico de los contextos locales comunitarios  necesitan  muchas veces soluciones específicas y novedosas.
En correspondencia con lo anterior, el debate actual sobre los estudios socioculturales adquiere dimensiones insospechadas y en los marcos de la globalización (desarrollo de la industria cultural, pérdida de identidades, transnacionalización de capitales, entre otros) la necesidad de una recontextualización de estos fenómenos es indispensable, se manejan términos que clasifican a estos estudios como espacios de articulación entre disciplinas, concebido este como un área común de conocimientos para las mismas, pero, además se asocian a los mismos formas diferentes de producción de conocimientos con características locales, comunitarias.  
Una vez definido el status epistémico de lo sociocultural, se hace necesario analizar la arista axiológica de estos estudios y en especial los valores profesionales socioculturales. Para ello hay que ir a los antecedentes de la temática y recordar algunos presupuestos teóricos qué ofrece la ciencia filosófica desde la academia cubana sobre esta temática, pero antes es conveniente recurrir a algunos antecedentes del concepto valor, que si bien ha sido tratado desde la antigüedad por filósofos foráneos como Platón y Aristóteles, así también es concebido desde una posición subjetivista con la filosofía de Kant y replanteada la temática en los neokantianos Windelband y Rickert, entre otros que de diferentes escuelas filosóficas conformarían una gran lista bajo el signo de la axiología o teoría de los valores, terminología que se le adjudica al francés Lapié y posteriormente utilizada en los Grundriss der Axiologie de Eduard von Hartmann (Fabelo, 2003)
Ya en el siglo XlX en Cuba la temática axiológica era asumida desde posiciones pedagógicas en las escuelas y universidades, con un marcado sentido patriótico reflejo de las luchas independentistas contra el régimen español y bajo la influencia de la filosofía de la ilustración de la Europa de ese siglo.
El proceso revolucionario actual es resultado de este legado y de la etapa neocolonial que se caracterizó por luchas estudiantiles y obreras en contra de los gobiernos de turno al servicio norteamericano, ello desde el punto de vista socio político y desde la academia el pensamiento axiológico es abordado a partir de la corriente filosófica positivista propia de la nueva etapa capitalista que se afianzaba en este modo de producción.
Con el triunfo de la revolución de 1959 el país comienza un proceso de transformación radical en todas las esferas, la necesidad de una nueva mentalidad proletaria para construir una sociedad diferente en condiciones de subdesarrollo le han impuesto al ciudadano actual retos difíciles y dilemas morales que necesitan un tratamiento diferente desde la ciencia filosófica.
En la actualidad son muy diversos los estudios sobre valores que brindan importantes aportes a la educación y al desarrollo de una personalidad acorde con estos tiempos, es así que encontramos valiosos trabajos que lo demuestran como la propuesta psicopedagógica de Esther Báxter que refiere en su libro: La formación de valores, una tarea pedagógica,  al plantear: “La formación de valores tiene una gran importancia para el desarrollode la personalidad socialista, para lograr que los jóvenesasuman una participación correcta dentro de las luchas que caracterizanla etapa de construcción de una nueva sociedad. Se trata de losvalores que deben regir el comportamiento general de la juventud,los que orientan su conducta y determinan consecuentemente susactitudes, sus formas de actuar” (Báxter, 1989)
En diferentes estudios realizados en Cuba por filósofos, psicólogos, pedagogos, sociólogos, antropólogos, entre otros, sobre la temática, existe el consenso de que valor (…)”Es todo objeto, idea o concepción que tiene una significación socialmente positiva para un sujeto o grupo y sociedad determinada, cuya concreción represente un progreso social “(…) surgen sólo en la relación sujeto-objeto, en la cual el objeto o fenómeno resulta significativo para el hombre y sus necesidades” (Fabelo,1989)
Es decir, que si las valoraciones  pueden ser positivas y negativas  como reflejo subjetivos de la significación social, los valores solo pueden ser positivos, pues ellos están vinculados al sujeto, al hombre y están determinados por las necesidades humanas, son expresión del ser social. Un fenómeno puede ser significativo para uno, pero solo es valor en relación con el hombre. La diferencia está en el carácter subjetivo de la valoración y el carácter objetivo del valor. Por ello distingue tres dimensiones fundamentales para los valores: dimensión objetiva, subjetiva e instituida. Criterio que es compartido por el presente trabajo.
En la dimensión objetivase plantea a losvalores como parte de la realidad social, como una relación de significación entre los distintos procesos o acontecimientos de la vida social y de las necesidades e intereses de la sociedad en su conjunto. Cada objeto, fenómeno, conducta, idea o concepción, cada resultado de la actividad humana desempeña una función determinada en la sociedad e influye de forma positiva o negativa en las personas. Este sistema de valores es dinámico, cambiante, condicionado por el contexto histórico concreto
Ladimensión subjetiva se refiere a la forma en que los valores objetivos son reflejados en la conciencia individual o colectiva, lo que tiene que ver con el lugar que ocupan los sujetos en el sistema de relaciones humanas, donde median las influencias educativas y culturales, las normas y principios que prevalecen en la sociedad y que están condicionadas, a su vez, por factores como la escuela los medios de comunicación, las tradiciones familiares y comunitarias, lo que explica su carácter histórico-social.
En cuanto a los valores instituidos, estos son impuestos por grupos que ostentan el poder al resto del universo social de que se trate, mediante la conversión de su escala de valores en oficiales, puede ser el resultado de una de las escalas subjetivas existentes o de la combinación de varias de ellas. Si el marco de referencia es el Estado, el sistema institucionalizado de valores se expresa a través de la ideología oficial, la política interna y externa con su sistema de normas jurídicas.
Con la tesis anterior se resume la importancia de los presupuestos filosóficos y su función metodológica para las investigaciones axiológicas socioculturales, pero ello no basta se necesita un estudio multidisciplinario propio de las características de este campo de estudio, en ese sentido el presente trabajo también incursiona en los aportes que brinda la sociología como ciencia de la sociedad, especialmente los diferentes argumentos que podemos encontrar en la sociología de la educación.

Fundamentos sociológicos. Apuntes para un debate

Antes de analizar los presupuestos sociológicos de la educación, es importante acercarnos a los referentes teóricos que aporta la sociología como ciencia y como concepción metodológica de la primera. Existen tantas imágenes, conceptos o definiciones de Sociología como sociólogos y teorías sociológicas. No obstante hay algunos puntos sobre los cuáles existe un amplio consenso: que es una ciencia, en la que su campo de reflexión, estudio, y debate, busca un conocimiento sobre la sociedad, o más bien sobre “lo social”,  se investiga la sociedad como un todo, en su totalidad. Una totalidad objetiva, pero una totalidad social que no depende ni de nuestra conciencia ni de nuestra voluntad. A la Sociología le interesan los condicionamientos e impactos sociales de todo lo que se siente, se cree, se hace y trata de explicar, prever, y evaluar las estructuras sociales que se forman, cómo funcionan esas estructuras, así como la dinámica, los cambios, y las tendencias de la sociedad con sus respectivos métodos de investigación
Surge con el filósofo Augusto Comte (1798-1857), de origen francés que desde finales del XIX decía que la Sociología es la verdadera ciencia sobre la sociedad, dando al traste con las teorías utópicas de cómo debe ser la sociedad y no de cómo realmente es. Para Emile Durkheim (1858-1917), otro clásico de la Sociología, ella constituye una ciencia que estudia los hechos sociales como cosas independientes del hombre y que ejercen una influencia decisiva en él. Entre los hechos sociales que estudio Durkheim están, la vida religiosa, la educación, el idioma, los movimientos de la población, entre otras.
Es importante mencionar que la sociedad que defendían estos teóricos era la sociedad moderna capitalista, donde el Estado Nacional como entidad política determina las pautas del comportamiento social, y donde se idealiza la propiedad privada, el consumismo, el mercado, la modernización, la industrialización, la ciencia, la tecnología, y la urbanización. “Por eso se dice que la Sociología es la autoconciencia de esa sociedad, representa esa utopía moderna, tanto capitalista como socialista, trata de explicar y prever sus cambios, y resolver sus problemas, desgracias, flagelos, y contradicciones sociales (Giddens, 1994).
Pero no es hasta el surgimiento del marxismo donde adquiere la sociología su status de ciencia independiente, recogida en los trabajos de Carlos Marx del período comprendido entre 1844-1847, entre ellos los Manuscritos Económico-Filosóficos, La Sagrada Familia, La Ideología Alemana y Miseria de la Filosofía. Según Lenin, la aplicación del materialismo al campo de los fenómenos sociales superó los principales problemas de las teorías anteriores a Marx, estas teorías no consideraban las causas de los móviles ideológicos en la actividad histórica de los hombres, dadas en las leyes objetivas que rigen en la producción material, así tampoco consideraron las acciones y enfrentamientos de las masas de la población como muestra de que la historia de las distintas sociedades ha sido la historia de luchas entre clases sociales (Lenin, 1976).
Los trabajos citados de Marx exponen con gran genialidad los fundamentos de la concepción materialista de la Historia, se argumenta el concepto de formación económico-social, que resultaría esencial para toda la Historiografía, demostrando desde la aplicación del método dialéctico, la sujeción del progreso histórico-social a leyes objetivas que regulan la transición de un régimen social a otro, teniendo en cuenta la contradicción entre el grado de desarrollo de las fuerzas productivas materiales de la sociedad y las relaciones sociales de producción que establecen los hombres. Con los aportes de Marx la Sociología se separó definitivamente de la Economía, la Filosofía, la Antropología y la Historia, y se establecen las bases metodológicas para el estudio científico dialéctico materialista de la sociedad.
Un esbozo de la concepción dialéctico materialista de la historia aparece en la carta de Marx a Annenkov, fechada el 28 de diciembre de 1846, en la que escribe: "¿Qué es la sociedad, cualquiera que sea su forma? El producto de la acción recíproca de los hombres. ¿Pueden los hombres elegir libremente esta o aquella forma social? Nada de eso. A un determinado nivel de desarrollo de las facultades productivas de los hombres corresponde una determinada forma de comercio y de consumo. A determinadas fases de desarrollo de la producción, del comercio, del consumo, corresponden determinadas formas de constitución social, una determinada organización de la familia, de los estamentos o de las clases; en una palabra una determinada sociedad civil. A una determinada sociedad civil, corresponde un determinado orden político (état politique) que no es más que la expresión social de la sociedad civil” (Marx, 1973)
Desde los argumentos expuestos anteriormente, ya existen las condiciones para  analizar qué estudia la sociología de la educación, y cómo  se relaciona con la pedagogía al reconocer su carácter rector dentro de las ciencias de la educación, pero sobre todo la contribución de aquella en la comprensión del lugar y papel de los estudios socioculturales en determinada sociedad, argumento este de gran importancia para la construcción participativa de los valores profesionales que plantea el presente trabajo.
Según Blanco (1977) Arthur Meier, uno de los más reconocidos autores en el campo de la Sociología de la Educación, elabora su propia visión del objeto de estudio de la ciencia, en la que trata de distinguir entre lo general y lo particular; o como él denomina, lo central y lo periférico, de los objetivos en los que se relacionan la Sociología y la Pedagogía para dar lugar a una nueva disciplina científica. Paralelamente Meier pretende destruir lo que considera barreras artificiales creadas entre ambas ciencias generales, que perjudican la comprensión cabal de las dimensiones sociales de la Educación.
Para Meier "una sociología de la enseñanza (sociología de la enseñanza y de la educación) marxista leninista en un sentido amplio - tiene por objeto la investigación sociológica de las regularidades de la educación como proceso social, como fenómeno y como función social en todos los niveles en el contexto de los efectos del conjunto de la sociedad (…) en un sentido más estrecho tiene por objeto la investigación sociológica de la enseñanza, en tanto que organismo social consecuente, de sus funciones sociales, sus estructuras y condiciones sociales, y de aquí pasa al análisis sociológico de los procesos educativos periféricos en las demás esferas de la vida social” (Meier, 1984)
Propuestas más actuales continúan este enfoque y lo enriquecen, es el caso de la apreciación de Carabaña (1993) sobre lo social, muy atinada para entender el enfoque sociológico de los estudios socioculturales. “Si entendemos lo social como el modo en que los seres humanos se organizan para lograr cooperativamente determinados fines y donde se adoptan comportamientos diferentes (agresividad frente a los extraños, comunicación, paz, altruismo, egoísmo, etc.) y lo cultural como el lenguaje como reflejos de las percepciones subjetivas en un medio ínter subjetivo que transmite a través suyo la experiencia acumulada sobre el mundo natural y social, entonces, podríamos interesarnos en el problema de saber si una organización o medida social responde a la cultura de sus miembros”
Según Anthony Giddens (1994), sociólogo norteamericano contemporáneo “nadie que tenga conocimientos sociológicos puede ser inconcientes de las desigualdades sociales que existen en el mundo de hoy, la falta de justicia social en muchas situaciones sociales o las privaciones sufridas por millones de personas. Sería extraño que los sociólogos no tomaran posición sobre cuestiones prácticas, y sería tan ilógico como poco práctico intentar prohibirles que recurrieran a su conocimiento sociológico al hacerlo”. Estos juicios son perfectamente aplicables a todas las ciencias en general y al campo de los Estudios Socioculturales en particular.
En las condiciones actuales, donde el fenómeno de la globalización concierne a todos, la relación entre cultura y educación es muy controvertida y ha sido trabajada por diferentes autores involucrando en ello los estudios socioculturales. Entre estos autores se encuentra Pierre Bourdieu, que fundamenta el sustento principal del ejercicio de la violencia simbólica en la acción pedagógica, desde la imposición de la arbitrariedad cultural, la cual se puede imputar por tres vías: la educación difusa, que tiene lugar en el curso de la interacción con miembros competentes de la formación social en cuestión (un ejemplo del cual podría ser el grupo de iguales); la educación familiar y la educación institucionalizada (ejemplos de la cual pueden ser la escuela) (Bourdieu, 2005).
Según este autor todas las culturas cuentan con arbitrariedades culturales, que se adquieren en el proceso de socialización y en una sociedad dividida en clases coexisten distintas culturas. El sistema educativo contiene sus propias arbitrariedades culturales, las cuales son las arbitrariedades de las clases dominantes. Bourdieu explica la implicación de la idea de la arbitrariedad cultural para la enseñanza. Toda enseñanza, en la escuela o en el hogar, descansa en la autoridad. La gente debe aceptar el derecho de aquella persona que tiene autoridad a hacer o decir cosas, o de otro modo esta autoridad se desvanece.
Pero, si bien la obra de Bourdieu es una sociología de la cultura, plantea Canclini, sus problemas básicos no son "culturales". Las preguntas que originan sus investigaciones no son: ¿cómo es el público de los museos? o ¿cómo funcionan las relaciones pedagógicas dentro de la escuela? Cuando estudia estos problemas está tratando de explicar otros, aquellos desde los cuales la cultura se vuelve fundamental para entender las relaciones y las diferencias sociales. Cabe aplicar a Bourdieu lo que él afirma de la sociología de la religión de Weber: su mérito consiste en haber comprendido que la sociología de la cultura "era un capítulo, y no el menor, de la sociología del poder", y haber visto en las estructuras simbólicas, más que una forma particular de poder, "una dimensión de todo poder, es decir, otro nombre de la legitimidad, producto del reconocimiento, del desconocimiento, de la creencia en virtud de la cual las personas que ejercen la autoridad son dotadas de prestigio". (García, s.f)
Para García Canclini la preocupación por el fenómeno sociocultural y su campo de investigación resulta de la multiculturación, de dependencias mutuas y hasta de deudas con el injusto proceso de colonización a que fueron sometidos los pueblos más humildes en siglos pasados. Considera la hibridación un proceso  sociocultural donde las estructuras o prácticas discretas, que existían en forma separada, se combinan para generar nuevas estructuras, objetos y prácticas. A su vez, cabe aclarar que las estructuras llamadas discretas fueron resultado de hibridaciones, por lo cual no pueden ser consideradas fuentes puras. Un ejemplo: hoy se debate si el “spanglish”, nacido en las comunidades latinas de Estados Unidos y extendido por Internet a todo el mundo, puede ser aceptado, enseñado en cátedras universitarias, como ocurre en el Amherst College de Massachusetts.
Se contrapone al marcado reduccionismo artístico que caracterizó el campo de los estudios socioculturales al plantear que la crítica sociológica y de los estudios culturales fue útil para deshacernos del idealismo estético. “Reconocemos, así, que una parte de los bienes y mensajes artísticos puede ser conocida con los mismos instrumentos que usamos para cualquier otro proceso cultural. Pero, ¿qué hacer con el excedente de sentido, la densidad semántica no capturada por esa estrategia culturalista o sociologizante? Algunos autores conjeturan que ese plus estético tiene algo que ver con formas de construir la distinción y la diferencia en las sociedades, y con la posibilidad de pensar críticamente en la sociedad (…). Retoman así una corriente de larga duración que ha hablado del arte como lugar de trasgresión e innovación, exasperación de los imaginarios sociales e individuales. (…) de relaciones más profundas, radicales o complejas con la naturaleza, con la sociedad, con la muerte, esos temas artísticos mayores de todas las épocas. Es un territorio resbaladizo, cargado de riesgos, pero si tomamos en cuenta las críticas al idealismo estético podemos ir construyendo un espacio para pensar estas cuestiones. (…)Se trata de un campo de análisis e investigación importante para superar las homogeneizaciones fáciles del mercado y construir alternativas políticas desde un pensamiento crítico” (García, s/f).
No hay dudas de la importancia de estos presupuestos para los estudios en cuestión y de la clara convicción de que en la base de la solución de los problemas sociales el factor económico y su reflejo en la clase que está en el poder juegan un papel fundamental, aunque no exclusivo “(…) el factor que en última instancia determina la historia es la producción y reproducción de la vida real (…) Pero también desempeñan su papel (…) las condiciones políticas, y hasta la tradición” (Engels, 1974)

Una aproximación a los valores profesionales socioculturales

La carrera de Estudios Socioculturales fue concebida para formar profesionales de nivel superior especializados en el trabajo sociocultural en comunidades. Se espera que estos profesionales estén en condiciones de potenciar el desarrollo social autogestionario de las comunidades, a partir de realizar un modo de actuación que se despliega en actividades de detección, investigación e intervención de índole sociocultural, capaces de realizar trabajo social comunitario, asesorías, investigación social, promoción, animación y gestión cultural y turística e incluso labores de formación docente y de extensión en las esferas social, cultural, político - ideológica y del turismo.
Se comparte el criterio de Arana (2006) que define los valores profesionales como “aquellas cualidades de la personalidad profesional que expresan significados sociales de redimensionamiento humano (…) contextualizados en la profesión (…) constituyen rasgos de la personalidad profesional que contribuyen a asumir una concepción y un sentido integral de la profesión”.  Importante para una carrera de sólo una década de existencia y con antecedentes a modo de espacios en países como Inglaterra, Estados Unidos y España por citar los más conocidos.
El trabajo defiende la propuesta dialéctica materialista que sobre los valores profesionales socioculturales tiene en cuenta la interrelación de las tres dimensiones filosóficas antes declaradas, y que metodológicamente incluyen no sólo los fundamentos sociológicos aquí expuestos, sino también otros factores, como los psicológicos, que serán tratados en otro trabajo. Por lo que en el contexto de la construcción de estos valores se debe considerar las experiencias adquiridas en la práctica del ejercicio de la profesión y las condiciones reales del accionar de estos profesionales, proceso que se auto enriquece en la medida que se transforma esa realidad y cambia el contexto socioeconómico.
Teniendo en cuenta lo antes expuesto, se puede particularizar esta concepción considerando la importancia que tienen los nuevos escenarios de esta profesión. Los valores profesionales socioculturales deben ser aquellos que como resultado de las tradiciones humanistas revolucionarias y en correspondencia con el proyecto político económico de la sociedad cubana actual (instituidos), estarían conformados por las particularidades del contexto histórico y socioeconómico de las comunidades (objetivos), construidos desde las experiencias locales de diferentes actores sociales, así como, profesionales en formación y graduados en el ejercicio de la profesión (subjetivos). De esta forma se cumple con la tesis marxista que demuestra que es un proceso activo donde sujeto y objeto interactúan  “la vida social es, en esencia, práctica. Todos los misterios que descarrían la teoría (…), encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica” (Marx, 1981)

A modo de conclusiones

La filosofía de la educación aporta a los estudios socioculturales los presupuestos necesarios para la explicación teórica metodológica de los valores profesionales socioculturales, que nacen del proceso de formación de estos profesionales, de la práctica en el ejercicio de la profesión y otros actores sociales.
La sociología de la educación aporta a los estudios socioculturales la esencia dialéctica materialista en el análisis de la sociedad y en correspondencia con las peculiaridades económicas y sociales de los escenarios comunitarios.
Los valores profesionales socioculturales deben ser aquellos que como resultado de las tradiciones humanistas revolucionarias (instituidos) estarían conformados por las particularidades del contexto histórico concreto de nuestras comunidades (objetivos), construidos desde las experiencias locales de diferentes actores sociales y el ejercicio propio de la profesión (subjetivos) y en correspondencia con el proyecto político económico de la sociedad cubana actual.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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