Cuadernos de Educación y Desarrollo

Vol 3, Nº 30 (agosto 2011)

EL DESARROLLO DE LA COMUNICACIÓN ORAL EN EL PROCESO DE ENSEÑANZA APRENDIZAJE


Félix Lázaro Huepp Ramos (CV)
Dr. C.P. Prof. Auxiliar
Universidad de Ciencias Pedagógicas “Frank País García”. Santiago de Cuba
felixh@ucp.sc.rimed.cu
Miladis Fornaris Méndez (CV)
MSc. Prof. Asistente
Universidad de Ciencias Pedagógicas “Frank País García”. Santiago de Cuba
mfornaris@ucp.sc.rimed.cu




INTRODUCCIÓN

El niño desde que nace es un ser social. El proceso de su transformación en hombre, en ser humano, no es posible fuera del contexto social, en el que se apropia de toda la experiencia histórica – cultural acumulada, y que le es trasmitida por los adultos. Es, en ese proceso, que la actividad y comunicación constituyen un eslabón fundamental, que hace posible su conversión en ser humano.

La comunicación es una categoría que está intrínsicamente ligada a la concepción de la personalidad, tiene un papel esencial en el desarrollo de la vida psíquica del sujeto, como personalidad integral. Es un proceso en que cada sujeto se manifiesta y se desarrolla como individualidad. El desarrollo del individuo, señaló Carlos Marx, está condicionado por el de todos los demás individuos con quienes él se halla en comunicación directa o indirectamente. Marx apuntó que precisamente en la comunicación el hombre se crea física y espiritualmente, es el desarrollo de las personas y por las personas, su formación recíproca como sujetos sociales.

De lo anteriormente analizado González Rey plantea:

"El proceso de comunicación es una vía esencial del desarrollo de la personalidad, que tiene su especificidad con relación a la actividad objetal concreta, tanto por sus características como por la forma en que el hombre se incluye en calidad de sujeto en uno u otro proceso… ".

La necesidad de comunicación tiene un carácter específicamente humano y se forma y desarrolla en cada sujeto mediante las relaciones que establece con aquellos que le rodean, durante la actividad que realiza, de ahí que las raíces de la comunicación se encuentran en la misma actividad vital, material, de los individuos. Las relaciones del hombre, tanto personales como sociales se ponen de manifiesto y se realizan en la comunicación.

La comunicación debe considerarse como un proceso complejo donde el lenguaje ejerce un papel primordial. El lenguaje es un instrumento social, que forma un sistema mediante el cual nos comunicamos y mediatizamos nuestra relación con las demás personas.

El lenguaje hace posible que las ideas y la información se transmitan de una persona a otra, ofreciendo el medio para que el pensamiento se pueda expresar, refiriéndose a experiencias ocurridas en el pasado o prever los acontecimientos que aún no han ocurrido.

Desde el punto de vista ontogenético el niño se comunica inicialmente a través del grito, luego mediante la mímica, más tarde comienza a reproducir elementos aislados del lenguaje y se desarrolla la comunicación mediante la entonación y, por último, al final del primer año de vida comienza a desarrollarse la comunicación mediante los fonemas. En la medida en que él domina los medios de la lengua, establece formas más complejas de comunicación.

La necesidad de comunicación con sus semejantes, que aparece tan tempranamente en el ser humano y lo caracteriza como tal, hace que el niño, desde su incorporación al grupo familiar, vaya desarrollando sus potencialidades expresivas y comunicativas en general.

La estimulación que puede proporcionar la familia en este sentido es muy importante para el desarrollo de la personalidad. Dentro de ella se van consolidando patrones de comunicación interpersonal a partir del propio estilo de relación que existe dentro de la dinámica familiar, que se van trasladando a otros contextos en que posteriormente se incorpora el niño.

La escuela es continuadora de esta tarea y cobra en ella un especial papel, ya que está encargada específicamente de poner al niño en contacto con la cultura de su tiempo y de propiciar, entre otros aprendizajes importantes, el del dominio de su lengua y de formas de comportamiento que aseguren una adecuada inserción y participación social en el futuro.

DESARROLLO

Resulta convincente la concepción histórico – cultural desarrollada por L. S. Vigotsky, que plantea el papel de la actividad y la comunicación en la socialización del individuo desde una posición dialéctica – materialista. Estas ideas consideran que los seres humanos se desarrollan en una formación histórica cultural dada, creada por la propia actividad de producción y transformación de su realidad y es por medio de la actividad humana que se produce el desarrollo de los procesos psíquicos y la consiguiente apropiación de la cultura, por lo cual la actividad humana es siempre social e implica, la relación con otras personas, la comunicación entre estas, siendo en esta interacción donde surge el mundo espiritual de cada uno, es donde surge su personalidad.

La comunicación en el proceso de enseñanza aprendizaje

La significatividad del lenguaje en el proceso de desarrollo de los escolares, requiere ser altamente valorada por los docentes. El lenguaje se considera una de las condiciones humanas más importantes, ya que permite que el hombre evolucione, por lo tanto, el hablar de un modo claro y comprensible, constituye un requisito fundamental para la vida útil.

El no contar con esta posibilidad para comunicarse con los semejantes, puede limitar muchos aspectos de la cotidianidad. Por tanto es básico tomar conciencia de la importancia del lenguaje oral como instrumento por excelencia, utilizado por el ser humano para establecer comunicación con sus iguales.

En el desarrollo histórico de la escuela como institución social, los vínculos entre educación y comunicación se han hecho cada vez más explícitos y gana terreno el carácter participativo e interactivo de ambos procesos.

En el proceso pedagógico se manifiesta una gama de relaciones interpersonales, que en los variados matices que adopta la comunicación, ejerce influencias específicas en el desarrollo de la personalidad de los educandos.

Este proceso exige que cada uno esté preparado para comprender a los demás y hacerse entender.

Para estudiar el lenguaje en el proceso de enseñanza aprendizaje es preciso tener en cuenta:

 Que el proceso enseñanza aprendizaje consiste esencialmente en acciones comunicativas, específicamente verbales que tienen lugar al planificar y programar el trabajo, compartir información, establecer discusiones, solucionar aspectos de orden psicológico y social y evaluar el proceso de enseñanza aprendizaje.

 El lenguaje no solo es una relación de símbolos y signos que actúan para servir de instrumentos de expresión del pensamiento, sino que es sobretodo un proceso de interacción y comunicación del niño con el mundo, con otros niños, con los adultos y consigo mismo.

 El niño no se limita a recibir pasivamente los estímulos, sino que construye sus conocimientos y habilidades de una manera activa. El lenguaje es ante todo comunicación. En este proceso el niño capta las reacciones de las personas que le rodean, asimila los acontecimientos en el contexto en referencia a lo que él dice y va modificando su conducta para buscar mejores niveles de comunicación.

 La capacidad para comunicarse está relacionada con aspectos tales como: motivación o necesidad de comunicarse; percepción de las palabras que influyen en la conducta de los demás; habilidad para escuchar y para iniciar la conversación, y sentimiento de seguridad y confianza del niño en sí mismo. Según Goodman (1989) el lenguaje está impulsado desde adentro por la necesidad de comunicación y está moldeado desde afuera según las normas sociales que interactúan en el proceso de comunicación.

 Resulta de interés considerar que el lenguaje se encuentra presente en toda la vida psíquica del individuo, en estrecha relación con el pensamiento y la actividad cognoscitiva y como regulador de la conducta y la actividad general del hombre.

 El lenguaje tiene un papel fundamental en la adquisición y desarrollo de los conocimientos, es un vehículo de relación social del individuo y desempeña un rol principal en la formación de la personalidad del mismo. Sin el lenguaje, la producción social y la sociedad misma serían imposibles.

Estas consideraciones nos enfrentan al problema que debemos abordar en la enseñanza de la lengua en los primeros grados: la dimensión pedagógica del lenguaje, que plantea los modos de actuar sobre ella para facilitar su dominio y que cumplan ampliamente las funciones de expresar y comunicar.

En la medida en que el niño comienza a participar del medio social que funciona fuera de su hogar y su vida de relación trasciende lo familiar puede comprobar que son otras las exigencias; el expresarse bien constituye una necesidad para comunicarse con sus pares e integrarse.

En este sentido hay que buscar la corrección del lenguaje en cuanto acomodación de los impulsos excesivos del niño en la recreación de los signos y esquemas adquiridos por imitación de los que oye en el seno de la vida familiar, a la norma culta que rige fuera de esos límites, haciéndolo capaz de formular clara y correctamente su pensamiento hablado o escrito; y de comprender también el pensamiento ajeno.

En la enseñanza de la lengua resulta fundamental no perder de vista que su objetivo no se limita a dotar al alumno sólo de conocimientos lingüísticos y de carácter normativo, como tradicionalmente se ha propuesto, sino que su alcance es mayor, pues debe estar orientada hacia el logro de la competencia comunicativa, que implica poder comprender y construir significados, en diferentes situaciones comunicativas, en dependencia de la intención comunicativa que se tenga.

La escuela tradicional incurrió en errores de método, y creó en definitiva una didáctica de muy pocos resultados. Basta reflexionar en cómo subvertía el orden natural de la adquisición y el perfeccionamiento del idioma y en cómo se olvidaba lo esencial, desplazado por lo secundario y artificioso. Se desnaturalizaba la esencia misma del lenguaje, por la imposición fría de conceptos gramaticales y expresiones de estructura formal.

En la última década con el desarrollo de la psicolingüística y la sociolingüística el problema de la comunicación y su importancia en todos los ámbitos de la vida del hombre ha requerido el retorno hacia el estudio del papel social del lenguaje, con lo que se ha abierto el camino de las investigaciones orientadas a su análisis en las condiciones concretas en que el hombre la produce.

De lo anterior se desprende que la enseñanza de la lengua, para que sea efectiva, debe propiciar el análisis de tales hechos, su descripción en las situaciones en las que el hombre participa con diferentes propósitos y descubrir el valor y funcionalidad de los recursos expresivos empleados. Supone, además, colocar al alumno en situaciones comunicativas más complejas y enfrentarlo a disímiles textos a fin de que se percate de la necesidad de elegir el código adecuado al estilo de la comunicación y de construir de manera efectiva.

Como nueva forma de organizar la terapia del lenguaje, se le da prioridad al valor comunicativo de los elementos del lenguaje y no al aspecto puramente lingüístico y formal. Es decir, que de una didáctica de la lengua hemos transitado a una didáctica del habla, que se centra en el problema de la comunicación, o sea, en lograr que nuestros alumnos se conviertan en comunicadores eficientes capaces de comprender y construir textos de forma coherente, en dependencia de las necesidades comunicativas que se les presentan en las diferentes situaciones comunicativas en las que habrán de interactuar. A esa nueva concepción la denominamos enfoque comunicativo de la lengua.

El objetivo fundamental del enfoque comunicativo es contribuir al desarrollo de la competencia comunicativa del alumno, entendida esta como el conjunto de habilidades comunicativas requeridas para el ejercicio eficiente de las funciones de una profesión u ocupación dada.

No es ocioso insistir en que el lenguaje, se adquiere y se perfecciona de la misma manera en que el niño se adiestra en ella y se hace con ella: oyendo, imitando, reproduciendo lo que la gente dice, expresando lo que el siente, relatando hechos ocurridos, de ahí la importancia del buen ejemplo y los buenos modales.

Las relaciones de comunicación no siempre favorecen el establecimiento de un estado futuro superior del desarrollo psíquico. El sujeto debe tener éxito en sus contactos comunicativos y puede no tenerlos. Si analizamos que, en virtud del logro de relaciones comunicativas desarrolladoras, el niño debe aprender cómo hacerlas, entonces nos moveríamos en el plano de cómo propiciar que el niño construya determinadas formas y maneras de establecer una comunicación y por qué realizarlas para sentirse bien, para obtener lo que desea, para que los demás lo evalúen bien, para que lo acepten.

El maestro debe propiciar en sus clases que el niño hable a los demás que le diga sus experiencias de su vida: narraciones de hechos, de recuerdos, de reflexiones e inquietudes íntimas, aspiraciones. En todas las ocasiones, el maestro, deberá estimular y no censurar, mostrar complacencia ante las virtudes expresivas de la lengua hablada, exaltar el mérito de la claridad, sencillez y naturalidad.

Si se crea en las actividades escolares y extraescolares, un clima favorable de sinceridad, de esfuerzo o deseo de progreso, de respeto y afición por el idioma, no será difícil que los alumnos, narren, describan y expongan libremente sus opiniones y juicios.

Teniendo en cuenta que la forma de expresarnos revela mucho de nuestra personalidad, debemos propiciar en cada actividad que se realice con el niño, que se exprese espontáneamente, sin el empleo de palabras ajenas, repitiendo expresiones aprendidas como clichés.

Las expresiones primeras del niño tan creativas y originales, van siendo muchas veces reprimidas por excesivas correcciones, orientadas todas sólo a la perfección del códigos; por otro lado la expresividad es frenada por inadecuados modelos estereotipados, vacíos, o en el mejor de los casos no son estimuladas por un maestro que no exige, no busca, no se apoya en la imaginación y fantasía infantil. Cada vez le hacemos más difícil al niño expresarse. Cada vez tiene menos cosas que decirnos de su cosecha, pues los ejercicios que le proponemos no tienen nada que ver con su mundo. Los estudiantes, en ocasiones, se sienten incompetentes, incapaces de producir, de hacer un cuento, porque sienten que tienen que hablar con palabras ajenas.

Es obligada la referencia a los elementos motivacionales orientados al aprendizaje del lenguaje y la comunicación. El niño debe sentir la necesidad de utilizar bien el lenguaje, de conocerlo, pero debe enfrentarlo como un recurso útil para su comunicación con los demás y no sólo como una materia escolar que se termina en un curso con la calificación de su maestro.

El análisis realizado de las interacciones verbales maestro – alumno durante las clases indican que los maestros llevan “la voz cantante" y son los que hacen uso de la palabra durante casi todo el tiempo. El porciento de la clase en que los alumnos hablan es mínimo y casi siempre dedicado a responder preguntas que hace el maestro; existen pocas posibilidades para que ellos expresen ideas y sus puntos de vista; la mayor parte de las preguntas que se realizan en las clases son de respuestas limitadas, no de elaboración personal, que le sirva al maestro para saber, por ejemplo, si memoriza algo que funciona como conocimiento propedéutico para un nuevo aprendizaje, o un cálculo para realizar bien una operación o preguntas cortas para ver si siguen el curso de su explicación.

Pocas veces se pide al alumno que haga valoraciones personales, que diga su juicio acerca de un suceso, que se refiera a cómo lo ha impresionado un hecho, que describa sus vivencias frente a determinada situación. Muchas veces planteamos que nuestros alumnos se expresan mal, que no saben comunicarse, pero no le damos las posibilidades para que se expresen libremente, para que aprendan a hacerlo. No siempre organizamos la clase contando con su participación en un sentido más de intercambio, de aporte, de escuchar lo que tienen que decirnos, pensando que sólo somos nosotros, los maestros, los que tenemos cosas que decir y que ellos solo pueden participar en la medida que sean capaces de responder a nuestras preguntas.

Para el logro de la interacción en el proceso de enseñanza – aprendizaje desarrollador, es necesario el establecimiento de una adecuada comunicación interpersonal.

El Dr. Emilio Ortiz en su libro La comunicación pedagógica, plantea: "El desarrollo de un diálogo individual y grupal, exige del uso de interrogantes y su consiguiente conversión en preguntas que no se limiten a exigir respuestas reproductivas o evidentes, sino que exijan pensar, reflexionar, a partir de la explotación de las contradicciones que ofrece el contenido de enseñanza".

El desarrollo de las posibilidades comunicativas de nuestros alumnos requiere de una educación menos autoritaria, de un modelo de comunicación menos verticalista, más dialogado, que valore las posibilidades de formas más interactivas y novedosas de enseñanza como vías para lograr una mayor motivación y mejores resultados en el aprendizaje.

El desarrollo de habilidades comunicativas requiere de tareas que planteen al alumno problemas a resolver, incógnitas a solucionar, para las cuales tengan que disponer de todos sus recursos intelectuales. Se trata no sólo de recurrir a su memoria y a su pensamiento, sino también a su imaginación y a su fantasía. Si para expresarse necesita no tan solo del conocimiento del código lingüístico, sino de su utilización de forma personal, entonces su aprendizaje será más creativo. Esta aspiración puede lograrse con tareas y juegos, en que las propias reglas, planteen restricciones a las soluciones habituales y que obliguen a salirse de los caminos trillados, para lo cual el alumno debe dar rienda suelta a su imaginación para llegar a la solución correcta.

Lo cierto es que por unas u otras vías el trabajo con el lenguaje debe representar para el niño una tarea, la cual no sólo necesita memoria, sino ingenio, imaginación y esfuerzo intelectual para su ejecución. El esfuerzo cognitivo, lejos de provocar rechazo, valoriza este aprendizaje. El hecho de plantear la tarea docente como un problema a resolver, hace que el estudiante vea en la producción de un texto propio, en la elaboración de un mensaje o en la expresión de sus ideas, una posibilidad de construir una solución acertada, tal como sucede en la solución de un cálculo matemático.

Otro elemento de análisis necesario, es la importancia del trabajo grupal para el aprendizaje, aún más en el caso que nos ocupa, ya que no hay marco mejor para crear necesidades de comunicación para ejercitar y probar nuestras posibilidades en este sentido, que la interacción social. No existe mejor laboratorio que vincular el aprendizaje de la lengua a formas más participativas y grupales. Al respecto se pueden organizar conversaciones entre los alumnos, sobre temas elegidos por ellos mismos o sugeridos por el maestro.

El grupo activo de la conversación tendrá oportunidad de ejercitarse no solo en la expresión cuidadosa, sino en la actitud y el comportamiento deseables, de consideración y deferencia entre interlocutores, asimismo los alumnos que constituyen eventualmente el auditorio, se habituarán a escuchar en actitud correcta, y a intervenir oportunamente cuando llegue el momento hacer comentarios y críticas.

Esta práctica se puede realizar en actividades docentes, extradocentes y extraescolares, donde se pueden incluir la forma de comunicación entre dos, la conversación de mesa redonda, comentarios y discusiones de acontecimientos nacionales e internacionales, comentario de algún libro, relato de algún hecho y otras formas en correspondencia con las posibilidades de los alumnos, su entorno y las exigencias escolares.

Los maestros pueden promover el intercambio entre los estudiantes mediante la utilización de técnicas de debate y discusiones abiertas, como formas de profundizar en el análisis de cuestiones de interés y actualidad, respondiendo y satisfaciendo las necesidades de comunicación en el grupo a que pertenecen y como forma de influir en la formación de la personalidad.

La total expresión a que se aspira con la palabra hablada no se cumple solo en la mera pronunciación, sino que se completa y refuerza por el ritmo, las entonaciones, el énfasis, los gestos y otros elementos expresivos. Elementos que se ejercitan y perfeccionan en las representaciones teatrales, en recitaciones. En estas actividades, se tienen en cuenta las inflexiones de la voz, los acentos, las pausas, el ritmo, y la pronunciación correcta.

Otro elemento de gran importancia es la decisiva influencia del ejemplo del maestro en el mejoramiento del lenguaje de sus alumnos. El maestro ha de procurar expresarse de manera que pueda ofrecerse como modelo a los alumnos. Es condición esencial. No se puede pretender que los alumnos se inclinen a hablar bien y el maestro desentona grita, habla apresurado, pronuncia mal, y usa palabras impropias y construye frases con descuido. Así como habla el maestro tenderá a hablar el alumno.

Hablar bien, ni más ni menos de lo debido, sin precipitación, con tono natural, con la pronunciación cuidadosa, sin afectación, con natural claridad y llaneza en la construcción, con palabras que el alumno entienda o pueda entender. Esa es la regla.

La adquisición y el perfeccionamiento de la lengua, se lleva a cabo en un proceso continuo; nuestra lengua se va construyendo y mejorando desde la infancia, y durante toda la vida, por modos en general constantes y uniformes. Sería artificial hacer en esta enseñanza una división y distribución de prácticas diferentes en distintos cursos. Las prácticas aconsejables deben mantenerse en todos los cursos.

CONCLUSIÓN

La comunicación es lo que une al hombre con los que le rodean y asegura su desarrollo como tal. Es una vía esencial para el desarrollo de la personalidad por lo que su educación debe responder a las demandas del desarrollo personal en conjugación con los intereses y necesidades sociales, para lo cual el proceso docente debe propiciar las mejores condiciones para la enseñanza aprendizaje de la lengua en un contexto interactivo y significativo tanto para el maestro como para el alumno.

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