Cuadernos de Educación y Desarrollo

Vol 3, Nº 29 (julio 2011)

LA FORMACIÓN PERMANENTE DEL LICENCIADO EN EDUCACIÓN PRIMARIA


Zenaida Ávila Pérez
Licenciada en Educación Primaria (Infantil)
Profesora de la Universidad de Ciencias Pedagógicas “Pepito Tey”
zenaida@ucp.lt.rimed.cu




RESUMEN

La universalización de la educación superior en Cuba se comenzó a esbozar desde la década de los años sesenta del siglo pasado, al realizarse planteamientos dirigidos a una nueva concepción revolucionaria de la universidad.

La formación continua o formación permanente son términos que indican que para educarse y aprender constantemente se deben buscar las fuentes donde se den nuevas formas que son necesarias para trabajar en la vida; conocimientos nuevos que ayuden a responder a los retos que se presenten.

José Martí escribió que si “a vivir viene el hombre, la educación ha de prepararlo para la vida”. Sin embargo, lo más interesante es que este principio contiene la idea y la intención de que no existen períodos, etapas, edades o especializaciones en el proceso formativo, es decir, constituye un proceso único e ininterrumpido En el caso particular del maestro de la Educación Primaria, requiere, para desempeñar su labor, de una amplia formación cultural y psicopedagógica. Si bien el contenido curricular de los programas del nivel primario abarca un amplio aspecto de la cultura, su carácter elemental no siempre requiere de profundización científico - teórica para impartir las clases, sin embargo con el modelo de la universalización de la Educación Superior Pedagógica, ese maestro necesita muchos y diversos recursos pedagógicos y didácticos para el trabajo con los estudiantes de ese nivel que tiene a su cargo y en ambos procesos involucrar a la familia, a la comunidad, con el propósito de brindar una verdadera educación para la vida.

Palabras Claves: Formación permanente, Educación Primaria, maestro, escolar, Universalización, microuniversidad.

INTRODUCCIÓN

A principios de la década de los años setenta, la Comisión Internacional para el Desarrollo de la Educación, designada por la UNESCO y que presidió el estadista francés Edgard Faure elaboró el famoso Informe Aprender a Ser . Los ejes del informe son los conceptos de “sociedad educativa” y “educación per¬manente”.

En el preámbulo Faure escribe: “La revolución científica y técnica, la co¬rriente enorme de informaciones que se ofrece al hombre, la presencia de gi¬gantescos medios de comunicación y otros muchos factores económicos y so¬ciales han modificado considerablemente los sistemas tradicionales de educación,…han aumentado el valor de las actitudes activas y conscientes para la adquisición de los conocimientos”1

La velocidad, volumen y complejidad con que se producían los conocimientos (en estos momentos con mayor rapidez) alertaban sobre la necesidad de que la educación no terminara con la escuela.

Esta concepción responde a los retos de una sociedad que cambia rápidamente y a un nuevo esquema de generación de conocimientos, más allá de las disciplinas tradicionales y más cerca de su integración con las necesidades sociales. Al mismo tiempo, es claro que la cantidad de información que se recibe sólo es posible estructurarla y convertirla en saber con base en el conocimiento.

En el caso específico de Cuba, la formación de los profesionales de la educación, resulta necesaria para el logro de la aspiración social expresada en la calidad de los conocimientos, habilidades y valores de los estudiantes. Para lograr ese propósito se debe garantizar la formación permanente con énfasis en el desarrollo de habilidades que propicien el desempeño profesional y formación ideológica, ambas sobre la base de una concepción científica y en el contexto de su actividad pedagógica. Las Universidades de Ciencias Pedagógicas tienen dentro de su objeto social esa formación permanente de los profesionales de la Educación.

El presente trabajo tiene como objetivo:

• Reflexionar sobre algunos aspectos teóricos relacionados con la formación permanente del maestro, en las condiciones actuales de la Educación Superior Pedagógica.

DESARROLLO

La formación y la formación permanente del maestro primario. Aproximación epistemológica.

Etimológicamente el término formar, procede del latín formare y significa dar forma a una cosa, juntar, congregar personas o cosas, uniéndolos entre sí para que hagan aquellos un cuerpo y estos un todo. El análisis permite inferir que la formación se refiere al proceso que permite integrar, componer, crear, transformar, para adquirir nueva y superior cualidad.

La formación o la educación (indistintamente se le identifica) permanente o a lo largo de toda la vida, son términos que se pueden encontrar al revisar la literatura científica de los años 70 del siglo XX hasta la actualidad, siempre íntimamente relacionada con la solución de problemáticas actuales y el apropiamiento del futuro.

• Educación permanente

Actividad que se desarrolla a lo largo de la vida, que es necesaria para crecer, desarrollarse y que está abierta no solamente a la escuela sino también fuera de ella. Este término va vinculado al de aprender permanentemente. Es uno de los ejes del famoso informe Aprender a ser elaborado por la Comisión Internacional para el Desarrollo de la Educación, más tarde retomado en La educación encierra un tesoro ambos informes de la UNESCO.

Las acuciantes necesidades educativas de la época presente no pueden ser satisfechas sino por un concepto revolucionario y novedoso como lo es el de educación permanente. Y es que un nuevo concepto del hombre y el progreso hacia una sociedad auténticamente educadora se encuentran en la raíz del desa¬rrollo de la educación permanente.

• Formación continua o formación permanente

Este término indica que para educarse y aprender constantemente se deben buscar las fuentes donde se den nuevas formas que son necesarias para trabajar en la vida; conocimientos nuevos que ayuden a responder a los retos que se presenten en la vida.

Ambos términos son utilizados para referirse al mismo proceso, llámesele educación o formación permanente, los autores coinciden en la aceptación de la idea de que el sujeto se educa durante toda su vida, rompiendo con el condicionamiento del tiempo, de la edad escolar y en la aceptación de que el proceso educativo rebasa los límites del aula, del espacio escolar. No debe confundirse con la educación recu¬rrente o interactiva, es decir, el despliegue de los periodos de escolaridad en el conjunto de la vida, ni con el reciclaje o perfeccionamiento profesional. Es eso y mucho más. Es la integración de todos los recursos docentes de que dispone la sociedad para la formación plena del hombre durante toda su vida.

Para la autora la formación permanente es un proceso multidimensional, sistemático y gradualmente progresivo, dirigido al desarrollo de experiencias de aprendizaje, sustentadas en la cultura de la profesión, que garantice la actuación efectiva de los individuos y grupos involucrados, así como el avance de la institución a la que pertenecen.

Se reconoce que la formación específica propicia la adquisición de una cultura profesional, a lo que se añade otros elementos a tenor de contextos e intenciones en que se desenvuelve el profesional de la educación.

La formación permanente del profesional de la educación tiene un condicionamiento histórico social, las siguientes reflexiones argumentan dicha afirmación.

Hasta finales del siglo XIX se consideraba que se formaban para toda la vida, en ese tiempo el desarrollo de la ciencia era lento y más aún la introducción de sus adelantos, era la época del telégrafo, del correo por cartas, la comunicación entre los profesionales era insegura y asincrónica, hoy, con las técnicas de la informática, las ideas se desarrollan y difunden a otra velocidad.

Durante siglos, se consideró que la calidad de la enseñanza se lograba a través de la enseñanza enciclopédica por el maestro, y el papel de éste era, ante todo, llenar de conocimientos la mente de los escolares, como si se tratase de un recipiente vacío. No se consideraba el enseñar a hacer y enseñar a aprender. Las únicas habilidades importantes eran aquellas que se relacionaban con la memorización y repetición de voluminosos textos, si se lograba eso, entonces se consideraba cumplida la función de la educación.

En esa época, los métodos de aprendizaje se fundamentaban en que los escolares aprendían básicamente a partir de escuchar a un erudito maestro, a través del dictado de un curso, y las habilidades que más necesitaba el escolar eran las de escuchar y ver.

Los conocimientos en las instituciones docentes se daban para toda la vida y realmente ningún profesional sentía necesidad de cualificarse de nuevo durante el transcurso de su desempeño profesional, si lo hacía era a partir del autoestudio.

Por eso, los profesionales de la educación no sentían la necesidad de una acción de superación, un perfeccionamiento profesional que ahora nos parece muy necesario y deseable.

Ha transcurrido la primera década del siglo XXI. Muchas cosas en nuestra sociedad han variado, la ciencia se desarrolla vertiginosamente y las aplicaciones de sus resultados se realizan en el transcurso de pocos años y aún de menos tiempo.

Las comunicaciones han sobrepasado todo lo inimaginable. No somos capaces de emplear eficientemente todo lo que nos brinda y mucho menos de analizar todo el volumen de información que sobre una sola área del conocimiento se acumula -digamos- en Internet. Todo ello se debe a que estamos en un mundo globalizado. Desde este punto de vista no estamos aislados, lo que nos obliga a movernos al ritmo de todo el mundo en correspondencia con estándares internacionales, a riesgo de quedarnos atrasados.

Esto es válido también para la educación; ella se ha visto obligada a cambiar sus paradigmas, abandona sus concepciones tradicionales para aplicar nuevas, en los cuales los escolares son considerados sujetos del aprendizaje y no sólo meros objetos.

En este momento, los objetivos de la educación no pueden ser ya los mismos. Los nuevos objetivos deberán plantearse según la realidad presente, la cual demanda ante todo, desarrollar la capacidad del individuo al cambio constante. Esto implica que la educación no será ya más la transmisora de la cultura del pasado, sino el instrumento que prepare al individuo para los requerimientos del futuro.

En segundo término, la educación deberá enseñar al individuo cómo acceder a los nuevos centros de información, así como a buscar eficientemente esta información, debido a la extraordinaria acumulación de conocimientos que ha hecho necesaria la habilidad especial de navegar en el mar de información que nos rodea.

Evidentemente, la educación actual requiere de un maestro completamente distinto al de décadas atrás, lo único que ha de permanecer constante es su amor por la profesión.

La universalización de la educación superior en Cuba se comenzó a esbozar desde la década de los años 60 por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, al realizar planteamientos dirigidos a una nueva concepción revolucionaria de la universidad, para que trascendiera los muros académicos como institución y se extendiera a cada rincón del país favoreciendo el acceso a la educación superior como un derecho dado por la Revolución.

Como modelo pedagógico, la universalización refuerza el principio de la vinculación del estudio con el trabajo, si bien se caracteriza en su estructuración académica como de carácter semipresencial y utiliza elementos de la educación a distancia, se integra con la actividad docente-investigativa sistemática que realizan los docentes en formación inicial en las instituciones escolares, bajo la atención personal permanente de los docentes de experiencia que realizan la función de tutores y la influencia del colectivo pedagógico con el cual se relacionan cotidianamente en su medio profesional.

La universalización es la extensión de la universidad y de sus procesos sustantivos a toda la sociedad a través de su presencia en los territorios, permitiendo alcanzar mayores niveles de equidad y de justicia social en la obtención de una elevada cultura integral de los ciudadanos. Es parte de la Batalla de Ideas que libra nuestro país y se define como “el sistema de interrelación que se establece entre la institución pedagógica y los diferentes contextos de actuación de sus egresados, con carácter de proyecto, lo que permite construir y reconstruir el proceso pedagógico, con el objetivo de promover el crecimiento personal y profesional en todos los participantes. Constituye el núcleo contextual para la formación permanente de profesores, ya que se identifica y propone soluciones a los problemas que exigen de la interacción de aspectos diferentes de la experiencia”2.

De lo que se trata es de enfatizar el significado especial de que es una necesidad, en el contexto de la universalización de la educación superior pedagógica, acudir a la formación permanente, pues el mismo sujeto, en este caso el maestro, se desempeña como maestro, profesor a tiempo parcial y, además, tutor en la microuniversidad. El desarrollo de esta trilogía de tareas, integradas en un sujeto, le confiere una alta dosis de responsabilidad y entrega, de ahí la perspectiva axiológica de este proyecto y también su enfoque filosófico.

Así, la formación permanente como proceso con perspectiva durante toda la vida y para la vida, organiza, desarrolla a los sujetos en función de satisfacer las necesidades materiales y espirituales, cualquiera que sean las circunstancias o contextos: académicos, familiares o comunitarios.

José Martí escribió que si “a vivir viene el hombre, la educación ha de prepararlo para la vida”3. Sin embargo, lo más interesante es que este principio contiene la idea y la intención de que no existen períodos, etapas, edades o especializaciones en el proceso formativo, es decir, constituye un proceso único e ininterrumpido. No se trata de especificar, por ejemplo, los períodos de la formación de la personalidad: preescolar, escolar, adolescencia, juventud, adulto, entre otros, explicación psicológica que comparte la autora.

En esta reflexión de José Martí se resume de una manera magistral cómo la educación tiene el fin de la formación del ser humano en un proceso que lo debe mantener preparado para los cambios sociales, para que pueda vivir y contribuir a transformar el mundo en beneficio propio y de la sociedad en que debe laborar.

Este ideal martiano se materializa en la actualidad en el proceso de enseñanza-aprendizaje de las escuelas cubanas, siempre y cuando los maestros estén preparados en tal sentido. Es por ello, que la autora del trabajo le confiere gran importancia a la formación permanente del maestro, pues con ella se va desarrollando el modo de actuación profesional pedagógica y cada año se enriquece en la actividad conjunta entre escolares y maestros.

Por supuesto, esta perspectiva valorativa y ética no es privativa de la Filosofía, también le atañe a la Psicología y la Sociología, pero es necesario precisar que el estudio axiológico, es decir, el proceso de la formación de la personalidad, posee una dirección filosófica en el proceso formativo, donde algunos estudiosos del tema plantean que la axiología constituye una rama de la Filosofía encargada del análisis y argumentación de la formación de valores, por cuanto, entre otras razones, la actividad valorativa de la personalidad se expresa a partir de los sentimientos, ideales y el pensamiento en relación con la naturaleza y la sociedad, contenidos primigenios de la Filosofía.

Desde el punto de vista sociológico, se reconoce que el maestro se forma en un contexto socio histórico específico, en un medio concreto y desde la inserción en un sistema particular de relaciones. Por tanto, la formación es resultado de ese contexto socio histórico, pero el maestro socializa y a la vez manifiesta su individualidad.

En la interacción social se expresa la dialéctica entre lo social y lo individual, en la formación permanente se refleja la asimilación de contenidos socialmente valiosos para el desempeño profesional del maestro, así como expresar sus criterios, su experiencia personal a partir de lo colectivo y lo social, en función de estos, materializar en hechos concretos, actuaciones y conducta.

De ahí que conviene detenerse sobre ese maestro, y reflexionar en torno a las siguientes preguntas: ¿qué es ser maestro?, ¿cuál es su perfil?, ¿qué motiva a un sujeto a ser maestro?, ¿cuáles son sus funciones?, ¿cuáles son sus necesidades?, pues los procesos de formación no pueden ser pensados al margen del sujeto que los realiza, del sujeto en formación, por ende la pertinencia de los mismos sólo puede ser juzgada con referencia a sujetos concretos. La concepción que se tenga del maestro y de sus funciones, al igual que la que se asuma de formación, condicionará en buena medida ese proceso.

Comúnmente se afirma que el maestro es él que enseña y educa, pero la observación de la práctica muestra que su tarea no se reduce a estas tareas, ni al trabajo en el aula, como popularmente se cree. Aclarar qué significa ser maestro es importante para comprender su actuación en el aula y para reflexionar sobre su formación.

Lo primero: el maestro es también un sujeto, es decir una persona y como tal tiene razones, intereses, necesidades, saberes, deseos, expectativas, miedos, dudas y reflexiones sobre su trabajo. Identificar al maestro como una persona resulta relevante, ¿cómo comprender su ejercicio profesional desligado de su carácter de sujeto?, no se cambia al maestro sino se modifica a la persona. La concepción de maestro no es ajena a la imagen que él tiene de sí mismo, imagen que condiciona su comportamiento así como su visión sobre su proceso de formación, pues para realizar su práctica pedagógica de manera más efectiva y con el mayor ahorro posible de energía, el maestro a lo largo de su experiencia profesional se apropia de conocimientos, saberes, actitudes, los cuales son necesarios conocer porque estos orientan su trabajo.

Segundo: la formación del maestro, lleva a plantearse cuál es su perfil, pues la formación que se ofrezca debe responder al mismo, las demandas de formación dependen de sus características físicas, académicas, culturales, entre otras. En cuanto a su rol, en la actualidad crece el consenso en torno a concebir al maestro como un profesional que posee conocimientos, saberes, actitudes sobre su trabajo y que es capaz de tomar con autonomía decisiones con respecto a su intervención educativa.

Tercero: el maestro se desempeña en un contexto determinado: las características de la institución escolar, la disponibilidad de recursos didácticos, el salario, también las formas de organización escolar que remiten a la norma institucional, a los usos del tiempo y del espacio, las relaciones que sostiene con diversos sujetos como son los escolares, las familias, el personal administrativo y de servicios. Igualmente el reconocimiento social de que goza en la escuela, forma parte de su contexto de actuación.

En el caso particular del maestro de la Educación Primaria, requiere, para desempeñar su labor, de una amplia formación cultural y psicopedagógica. Si bien el contenido curricular de los programas del nivel primario abarca un amplio aspecto de la cultura, su carácter elemental no siempre requiere de profundización científico - teórica para impartir las clases, sin embargo con el modelo de la universalización de la Educación Superior Pedagógica, ese maestro necesita muchos y diversos recursos pedagógicos y didácticos para el trabajo con los estudiantes de ese nivel que tiene a su cargo y en ambos procesos involucrar a la familia, a la comunidad, con el propósito de brindar una verdadera educación para la vida.

CONCLUSIONES

La formación permanente es un proceso multidimensional, sistemático y gradualmente progresivo, dirigido al desarrollo de experiencias de aprendizaje, sustentadas en la cultura de la profesión, que garantice la actuación efectiva de los individuos y grupos involucrados, así como el avance de la institución a la que pertenecen. De modo particular para las instituciones educacionales es un proceso pedagógico de postgrado, que propicia el desempeño progresivo del profesional a partir de acciones sistemáticas de capacitación desarrolladas mediante preparación y superación, que propician un modo de actuación efectiva de los involucrados, así como el avance en su función social.

En el contexto de la universalización de la educación superior pedagógica, acudir a la formación permanente es una necesidad, pues el mismo sujeto, en este caso el maestro, se desempeña como maestro, profesor a tiempo parcial y, además, tutor en la microuniversidad. El desarrollo de esta trilogía de tareas, integradas en un sujeto, le confiere una alta dosis de responsabilidad y entrega, de ahí la perspectiva axiológica y también el enfoque filosófico de la formación permanente del maestro.

La formación permanente del maestro no debe ser concebida únicamente como el resultado de la aplicación de los conocimientos producidos por otros, sino también como un espacio de creación, transformación y movilización de saberes.

BIBLIOGRAFÍA

1.Addine F y Gilberto García. Curriculum y profesionalidad del docente. Material en soporte digital. Dirección de Formación del MINED. La Habana. 2005

2.Álvarez de Zayas, C. M. Fundamentos teóricos de la dirección del proceso de formación del profesional de perfil amplio. En soporte digital. Universidad Central, Las Villas. 1988

4.Blanco Pérez, B. Sociología de la Educación. Editorial Pueblo y Educación. Ciudad de la Habana.2002

de Clausura del Congreso de Educación Superior. 6 de Febrero del 2004.

5.Delors J. (et al). La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI. Santillana. Ediciones UNESCO; 1996.

6.Faure Edgar (et al). Aprender a ser. La educación del futuro. Versión española de Carmen Paredes de Castro. Alianza Universidad – UNESCO. En soporte digital. Madrid, 1973


 

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