Cuadernos de Educación y Desarrollo

Vol 3, Nº 28 (junio 2011)

LA INTERDISCIPLINARIEDAD EN LAS CIENCIAS


Eduardo Rabelo Mari
Profesor Asistente de la Universidad Pedagógica E. J. Varona, Cuba
eduardoluisrm@ispejv.rimed.cu
Silvia Elena Ramírez Paseiro
Profesora Auxiliar del Instituto Superior de Arte, España
serpaseiro@yahoo.es




RESUMEN

El presente trabajo se realiza con la finalidad de demostrar a partir de una concepción dialéctico – materialista la necesidad de asumir la interdisciplinariedad en el terreno científico, para lo cual en el mismo se hace un análisis de algunas concepciones relacionadas con la definición de ciencia, su surgimiento y diferentes etapas en el desarrollo histórico de la misma. Igualmente se fundamenta la necesidad de la interdisciplinariedad en la práctica pedagógica y particularmente en el Proceso de Enseñanza Aprendizaje de las Ciencias.

Abstract

The cument work has a principal aim the intention to demostrate by means of a materialist- dialectic conception the need to asume the interdisciplinary approach in the scientific area. In order to accomplish this purpose, a number of conceptions are analyzed in relation with the conceptualization of the term “science”; its development and various stages within its historical development. On the other hand, the need of the interdisciplinary appeach in the pedagogical practice and in the teaching learning of sciencies is assessed.

INTRODUCCION

En los albores del Tercer Milenio no sorprende el inusitado desarrollo científico y tecnológico alcanzado por la humanidad en general. Este como parte del proceso de globalización que tiene lugar en el mundo, se caracteriza por el impacto directo y casi inmediato que tiene en casi todas las esferas de la sociedad, de forma tal que hoy las tecnologías aparentemente más nuevas, pueden resultar absoletas en relativamente pocos años y tal vez meses.

Incluso cuando no todos en el planeta tienen acceso a los beneficios que el actual desarrollo científico - tecnológico reporta, es vital insertarse en este mundo globalizado, preservando y enriqueciendo al mismo tiempo, la identidad nacional junto con los valores más autóctonos de los pueblos, lo que sin dudas impone nuevos e importantes retos a la educación y a la cultura en general.

Teniendo en cuenta los vertiginosos cambios que se suceden hoy en todas las esferas sociales, aquellos pueblos y personas que no posean una buena formación, susceptible además a una actualización constante, corren el riesgo de quedar marginados en lo económico, en lo social y en lo cultural.

Resulta indispensable por tanto, la formación de hombres y mujeres cada vez más cultos y ello implica inexorablemente, incorporar a la cultura general del ser humano los fundamentos esenciales de la ciencia como parte de una educación integral y permanente.

No se trata de que cada persona se torne erudita en temas científicos, sino de que posea conocimientos básicos sobre diferentes disciplinas, que le permitan comprender y orientarse mejor ante los complejos problemas actuales; lo que a su vez sólo puede lograrse a partir de una concepción integradora de las ciencias.

De esta manera concebir y asumir la interdisciplinariedad en el terreno científico es una necesidad que se impone. Ello además, constituye un resultado lógico del desarrollo histórico de la propia ciencia, lo que lo hace por tanto indispensable en la enseñanza y el aprendizaje de la misma, contrariamente a lo que algunos piensan al considerar esto una utopía.

Demostrar lo anterior a partir de una concepción dialéctico – materialista es el objetivo de este trabajo, para lo cual en el mismo se hace un análisis de algunas concepciones relacionadas con la definición de ciencia, su surgimiento y diferentes etapas en desarrollo histórico de la misma. Igualmente se fundamenta la necesidad de la interdisciplinariedad en la práctica pedagógica y particularmente en el Proceso de Enseñanza Aprendizaje de las Ciencias.

DESARROLLO

El origen de la ciencia está estrechamente vinculado con la actividad transformadora del hombre, tanto en la naturaleza como en la sociedad. Si bien se hace difícil enmarcar los primeros avances científicos de manera exacta, muchos autores coinciden en que los gérmenes de los mismos se remontan a unos 5000 años en la Antigua Mesopotamia y en el antiguo Egipto, donde se desarrollaron dos de las primeras grandes civilizaciones de que se tiene referencia; aunque otros señalan su origen en la Antigua Grecia.

De lo que sí no hay dudas, es que la ciencia moderna constituye la síntesis de todo cuanto le ha antecedido y por tanto de la práctica. De “misterioso” privilegio de unos pocos – alquimista, sabios, genios, inventores o como quiera que se les haya llamado a través de los tiempos – la ciencia ha evolucionado hasta convertirse conjuntamente con la tecnología, en el “motor impulsor” del desarrollo, como señala Dagnino, citado por Núñez Jover.

Ella comprende todos los fenómenos de la realidad objetiva, se orienta hacia el descubrimiento de la esencia y de las leyes que rigen el desarrollo de dichos fenómenos, lo mismo en la naturaleza como en la sociedad.

Es por ello que la ciencia es producto de la razón humana, a la vez que ha permitido ampliar el conocimiento del hombre hasta límites insospechados siglos atrás, por lo que constituye en sí misma un fenómeno social. Ella es una forma específica de actividad encaminada a la búsqueda de la verdad, que tiene como fundamento la práctica histórico – social.

El marxismo advierte que la ciencia es una forma de conciencia social, un sistema de conocimientos y un método de indagación. Reconoce en la misma a un tipo de actividad con su lógica interna y con leyes propias que determinan su desarrollo, la que simultáneamente se halla íntimamente relacionada con la tecnología y la sociedad.

Los avances científicos y tecnológicos resuelven múltiples problemas, tanto en el plano teórico como práctico, en todos los campos de la sociedad. A la vez muchas de las soluciones dadas por diferentes disciplinas científicas, conllevan al surgimiento de nuevas problemáticas que requieren ser resueltas, imponiendo así retos cada vez más complejos a la ciencia como manifestación de que la práctica es el criterio de la verdad y que sólo a través de ella y de la actividad el hombre puede llegar a comprender y a conocer la realidad objetiva.

En el devenir del desarrollo histórico de la ciencia han tenido lugar dos procesos estrechamente relacionados entre sí. El primero de ellos orientado a la búsqueda de lo esencial de los fenómenos, promoviendo de esta manera la especialización y diferenciación entre las disciplinas. El segundo de los procesos ha estado dirigido a la identificación, la determinación y el establecimiento de puntos de contacto e integración entre dichas especialidades, siendo este último proceso una de las tendencias actuales más marcadas del desarrollo científico – técnico.

La fragmentación y especialización en el análisis de los problemas y fenómenos de la realidad objetiva están dadas ante todo, por la complejidad de dicha realidad. A la vez, lo anterior implica que para comprender mejor lo que ocurre sea necesario analizar las cuestiones particulares en su contexto, como parte del sistema que ellas conforman y para ello resulta imprescindible tener en cuenta las relaciones existentes entre todas las partes y entre ellas y el todo. Ello promueve el surgimiento y desarrollo de nuevas relaciones entre dichas partes alrededor de un fin común.

Según Kedrov (1974) los orígenes de la interdisciplinariedad datan de la antigüedad clásica, donde la ciencia y el conocimiento en general, se unen en torno a la filosofía. Los antiguos filósofos y pensadores (siglos VI – IV) desarrollaron la geometría junto a formas de razonamiento riguroso y profundas ideas sobre el Universo.

A Demócrito (460 – 370 a.n.e) se deben las primeras ideas acerca de la discontinuidad de la materia, a las que añadió su teoría materialista del conocimiento al plantear que el punto de partida y la base de este último son las sensaciones. No sin razón, al referirse a la orientación materialista en la historia de la filosofía, Lenin la calificó como la “línea de Demócrito”.

Por su parte Aristóteles (384 –322 a.n.e), más o menos por la misma época, desarrolló las reglas del razonamiento lógico junto con concepciones idealistas y metafísicas sobre la naturaleza que predominaron en el mundo científico, particularmente en la Física, hasta el siglo XVII. Ello se debió fundamentalmente al apoyo que estas ideas recibieron de la iglesia católica en su intento por evitar que las ideas atomísticas fueran revividas.

De forma general, como se señala en el viejo prólogo del Anti – Dühring, los antiguos griegos enfocaban la naturaleza como un todo haciendo énfasis en sus rasgos generales y no en los detalles, en lo que precisamente radica la superioridad de su filosofía con respecto a la de las escuelas que se les opondrían. En ello radica su mayor debilidad ya que al tener en cuenta sólo la visión de conjunto, no analizaban las partes, cuestión importante también si se quiere comprender la esencia de los fenómenos y todo lo que nos rodea.

Con el Imperio Alejandrino, junto al florecimiento de la cultura greco – helénica, sobreviene un período fértil para la ciencia, si bien esta se divorcia de cierta manera de la filosofía. En el terreno científico se hicieron aportes en el campo de la Física, en las Matemáticas y la Astronomía, entre otras. Hubo una expansión del conocimiento desde Egipto hasta el Oriente.

Cuando el Imperio Alejandrino sucumbe al Romano, Roma asimila la cultura egipcia no ocupándose prácticamente de las ciencias, por cuanto sus mayores esfuerzos estaban concentrados en alcanzar un gran poderío militar. Con la caída de este imperio (siglo III a.n.e) y su división en Romano de Occidente y en Imperio Bizantino, sólo en el segundo de ellos las ciencias continúan desarrollándose, mientras que Europa Occidental cae en el oscurantismo de la Edad Media que duraría aproximadamente hasta el siglo XV de nuestra era.

Si bien lejos de Europa, entre los siglos XI y XV, aparece por primera vez la imprenta en su forma más rudimentaria, en China (alrededor de 1045); se hacen algunos aportes a la Aritmética, a la Medicina y a la Astronomía en Egipto y Gutenberg inventa la imprenta hacia 1430, no es hasta finales del siglo XV que las ciencias y las artes tienen su florecimiento con la llegada del Renacimiento, luego de tantos siglos de estancamiento medieval.

El Renacimiento, época que comienza hacia mediados del siglo XV y que se caracterizó fundamentalmente por el entusiasmo de Occidente con relación al estudio e imitación de la Antigüedad Clásica griega y latina, fomentó la multiplicación y diversificación tanto de las artes como de las diferentes disciplinas científicas, abriendo paso a las ciencias experimentales.

La aparición de las ideas humanistas en la cultura, unido a la renovación de la filosofía heredada de la Antigüedad Clásica y los importantes avances alcanzados en las Ciencias Naturales, propiciaron el auge de determinadas tendencias antiescolásticas. Se crean así las bases para el desarrollo de la Botánica, la Anatomía Humana, la Arquitectura, la Astronomía Moderna, y uno mayor de la Medicina, la Geografía, entre otras disciplinas.

Se da paso a los métodos de investigación matemático – experimental de la naturaleza (generalizados en algunas de las obras de Galileo y de Da Vinci), a la interpretación determinista de la realidad; se formularon leyes auténticamente científicas de la naturaleza como las de Keppler en la Astronomía y las de Galileo en la Mecánica. Por otra parte aún en esta época continúan predominando concepciones metafísicas acerca de la materia.

Como bien se señala en “Dialéctica de la Naturaleza”, a este período lo caracteriza una peculiar concepción de “conjunto” cuyo punto central es la idea de la absoluta inmutabilidad de las cosas. A pesar de esto, el Renacimiento propició la investigación verdaderamente científica de la naturaleza, oponiéndose de esta forma a determinadas doctrinas eclesiásticas que se oponían a ello.

En el siglo XVII, conocido por muchos como la Edad de la Razón, el pensamiento científico se inclina a la racionalidad. Continúa desarrollándose la Astronomía a partir de los estudios de Galileo Galilei y Keppler, así como también la Biología y la Física, ahora con un resurgimiento de las ideas atomísticas acerca de la discontinuidad de la materia. Es en este período cuando aparecen además nuevos tratados que establecen los fundamentos modernos de las Matemáticas, la Geometría y otras ciencias particulares. Hacia el año 1660, la Química se establece como ciencia, abandonando la empírea que la había caracterizado hasta entonces.

Ya en siglo XVIII se clasifican las Ciencias Naturales, continuando el desarrollo de las mismas. Sobresalen los estudios de Lavoisier y de Lomonosov, los que conducen a la formulación de la Ley de Conservación de la Masa en 1789 y sientan las bases para el desarrollo de la Teoría Atómico – Molecular. Esto da un nuevo impulso a la Química y a la Física, ciencias que junto con la Biología continúan desarrollándose y diversificándose en el siglo XIX.

Paralelo a lo anterior se identifican y diferencian las ciencias sociales, a lo que tributan entre otros descubrimientos, la Teoría Electromagnética de la Luz, formulada por Maxwell en 1873; el descubrimiento del electrón, por Thomson en 1897; la Teoría de Darwin acerca de la evolución de las especies, planteada hacia la segunda mitad del siglo; los estudios de Mendel y la Teoría Celular de Schleiden (1838).

A los anteriores, se suman descubrimientos no menos importantes como la clasificación de los elementos químicos y la formulación de la Ley Periódica por I. D. Mendeleiev en 1869 y el establecimiento, en su forma más general, de la Ley de Transformación y Conservación de la Energía por parte de R. Mayer en 1842 y por H. Helmholtz, en 1847.

Es precisamente sobre la base de tres de los descubrimientos recién mencionados: la Ley de Transformación y Conservación de la Energía (1842 – 1847), la Teoría Celular (1838) y; la Teoría de la evolución de Darwin (segunda mitad del siglo), que se consolida la concepción dialéctico – materialista del mundo, concebida desde antes por Marx y Engels y que junto con semejante concepción de la historia, constituye una revolución en el pensamiento filosófico de la época.

La Teoría Celular permitió ofrecer una explicación sobre cómo se produce el crecimiento y desarrollo de los seres vivos, así como demostrar la unidad que existe entre el reino animal y el vegetal, independientemente de la diversidad en ambos..

Por su parte, la Ley de Transformación y Conservación de la Energía posibilitó comprender la unidad existente entre las formas de movimiento y la transformación recíproca entre ellas. A partir de esta ley, Engels pudo elaborar el concepto de formas de movimiento, lo que constituyó una importante generalización filosófica.

La Teoría de la evolución de Darwin demostró que las especies desde las más simples hasta las más complejas, incluyendo al hombre, son el resultado de un largo proceso evolutivo en el que influyen múltiples factores..

Estos descubrimientos revelaron la concatenación universal y demostraron que la materia toda, está sujeta a un proceso de desarrollo y transformación de las más variadas formas en que ella se presenta, siempre en movimiento.

Fue precisamente que tomando además como referencia a las Ciencias Naturales, Engels formuló los principios fundamentales de la nueva concepción del mundo. Hasta ese momento se aseguraba que la filosofía constituía el principio fundamental de cualquier conocimiento, pero para filósofos como Dühring los principios van delante del ser, deduciéndose de esta forma del pensamiento, lo que sin dudas conduce al idealismo.

Según la nueva concepción del mundo quedaba resuelto el problema fundamental de la filosofía en su primer aspecto, se demostraba ahora sobre bases concretas, que la materia ni se crea ni se destruye, sino que se transforma constantemente, que ella existe independientemente de nuestra conciencia y se encuentra en constante movimiento. Se daba solución también, al segundo aspecto de este problema, relacionado en este caso con la cognoscibilidad del mundo.

Se demostraba lo erróneo de hablar de verdades absolutas, revelando la relación que existe entre esta y la verdad relativa. Las verdades de las ciencias son relativas, ellas cambian en diferentes etapas del desarrollo de la propia ciencia, en dependencia de los retos cada vez más complejos que la realidad impone, de los límites a los que ha llegado el conocimiento, de la práctica social; ellas se van haciendo cada vez más exactas y se acercan más a la verdad absoluta en la medida en que el conocimiento de la propia realidad se expande.

La práctica, la técnica y la producción constituyen la base del desarrollo científico y a la vez este último ejerce su influencia sobre los anteriores. Así la ciencia se desarrolla de modo contradictorio, dialéctico, atendiendo a su propia lógica interna, donde cada descubrimiento “le obliga a cambiar de forma”.

Lo anterior se revela más claramente en el siglo XIX en el que se pone de manifiesto la existencia de puntos de contacto entre las ciencias particulares, “puntos de crecimiento”, según Engels, por cuanto ellos marcan el desarrollo de cada una de estas ciencias, creándose las condiciones para el proceso de integración de las mismas.

EEste es un proceso que adquiere un carácter regular en el siglo XX. En este junto con la tendencia diferenciadora de las ciencias, se desarrolla otra orientada hacia la unidad e integración de las mismas. Ello alcanza uno de sus puntos culminantes con el surgimiento de la Biotecnología y de la Ingeniería Genética, hacia la segunda mitad del siglo.

Resumir los principales avances científicos que tuvieron lugar durante la pasada centuria resulta sumamente difícil. En el pasado siglo, ocuparon espacios igualmente importantes las investigaciones relacionadas con el micromundo y los estudios y observaciones del macrocosmos.

Max Plank inicia el siglo XX con el anuncio en 1900, de su Teoría sobre los “cuantos” de energía, constituyendo esta la premisa fundamental del posterior surgimiento de la Mecánica Cuántica, la que a su vez revolucionaría la Física. Albert Einstein por su parte, anuncia el descubrimiento de los fotones y su Teoría de la Relatividad, estudios que ampliaría después propiciando el desarrollo de las concepciones sobre el tiempo y la materia. Estos fueron hechos que repercutirían notablemente, no sólo en el ulterior desarrollo de las Ciencias Naturales, sino también de la Ciencias Sociales.

En este siglo el estudio del átomo concentró gran parte de la atención de muchos miembros de la comunidad científica internacional. Los descubrimientos sobre la estructura y las propiedades de los átomos abrieron las puertas al uso de la energía termonuclear, lo que a su vez traería nuevos problemas a resolver por toda la sociedad, sobre todo con respecto a su uso pacífico y racional.

En 1961 el hombre viaja al espacio por primera vez, lo que unido a muchos otros hechos en este campo, crea las bases para el desarrollo de la compleja tecnología espacial y para la observación y estudio del espacio.

El siglo XX fue el siglo del desarrollo vertiginoso en el terreno de la electrónica y las comunicaciones, a partir de equipos donde han sido aplicados desde los rayos catódicos hasta los microcircuitos integrados, la tecnología digital, la fibra óptica y los superconductores.

En el campo de las Ciencias Biológicas el camino recorrido va desde el descubrimiento de los mecanismos de la división celular en 1900 y el de la estructura del ADN por James Watson y Francis Crick en 1953, hasta el completamiento en 1999 del mapa del primer cromosoma completo, por parte de un equipo de científicos de diferentes países, integrados en el Proyecto Internacional del Genoma Humano.

Indiscutiblemente, estos avances no hubieran sido posibles dentro de los marcos de una sola disciplina científica y sus particularidades. De esta manera si se analiza dialécticamente el desarrollo de las ciencias a través del tiempo y en diferentes contextos histórico – sociales, es evidente como en la medida en que se produce la diferenciación entre ellas, se van creando las bases para la integración de las mismas y viceversa.

De esta forma una tendencia genera la otra, poniéndose de manifiesto el carácter contradictorio y dialéctico del desarrollo del conocimiento científico. Para comprender la unidad material del mundo se necesita tener una visión totalizadora del mismo y simultáneamente una visión especializada en cada saber o al menos lo esencial en cada caso.

Al analizar el proceso de interrelación entre las ciencias en su desarrollo, hay autores que sintetizan el mismo a partir de diversos modelos, teniendo en cuenta la vinculación entre dicho proceso y el contexto histórico – social en que este tiene lugar. Así Núñez Jover en su trabajo “Ciencia, Tecnología y Sociedad” (1994) distingue tres modelos.

El primero de estos modelos, conocido como el de la Interacción esporádica, tiene lugar en las sociedades europeas preindustriales. Según el mismo, la actividad científico – técnica apenas repercute en la esfera productiva.

El segundo modelo es el de la Interacción sistemática integral, propio de los países industrializados después de la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX, y donde la actividad científica y tecnológica va integrándose paulatinamente al sector productivo.

Por su parte, el tercer modelo – de la Interacción generalizada – es el que caracteriza al mundo actual, donde el impacto de los avances en el terreno científico – tecnológico trascienden la esfera productiva para influir en la política, la cultura y en toda la sociedad en su conjunto. Acorde a este modelo, actualmente tiene lugar un proceso de interrelación entre las investigaciones básicas, las aplicadas y las orientadas al desarrollo. Se está produciendo lo que Malechi y Oloszewski (1980) denominaron “la integración vertical” de las ciencias.

Paralelo a lo anterior ocurre la “integración horizontal”, caracterizada por la interpenetración y el entrecruzamiento de las ciencias tradicionales con el fin de solucionar problemas tan complejos, como pueden ser por ejemplo, los problemas medioambientales, los que exigen la unificación de múltiples disciplinas.

Este tipo de integración se manifiesta y desarrolla a través de dos vertientes, la integración alrededor de un problema que surge de forma temporal y que una vez resuelto el mismo, tiende a desaparecer y la integración interdisciplinaria como máxima expresión de interdependencia y como principio metodológico en el orden organizativo.

De este modo la interdisciplinariedad como aspiración o tendencia hacia la integración del conocimiento científico, ha estado presente de una forma u otra en las diversas etapas del devenir histórico – social de la ciencia, adquiriendo actualmente una connotación especial. Lo que antes eran considerados conjuntos de fenómenos aislados, hoy se revela inequívocamente como diferentes sistemas que a su vez están estrechamente vinculados con las más diversas formas de la práctica social.

El término interdisciplinariedad es empleado con diferentes significados por los especialistas. Rodríguez Neira (1997), de la Universidad de Oviedo, interpreta la misma como la respuesta actual e imprescindible a la multiplicación, a la fragmentación, a la complejidad del mundo de hoy.

Por su parte Núñez Jover (1998) asocia la interdisciplinariedad a la cooperación organizada entre los miembros de un equipo, a una lógica específica de comunicación que derriba barreras y propicia la fecundación mutua entre prácticas y saberes.

Para Fernando Perera (1998) la interdisciplinariedad representa la interacción de dos o más disciplinas como resultado de la cual dichas disciplinas enriquecen sus respectivos marcos conceptuales, sus procedimientos, sus metodologías de enseñanza e investigación.

Sobresalen en estas y en otras definiciones el enfoque integrador y el establecimiento de nexos entre las diferentes disciplinas científicas en la solución de problemas complejos; el desarrollo de vínculos de cooperación e interrelación entre las mismas y sus especialistas, así como también, de formas de pensar, valores y puntos de vista comunes y novedosos, dirigidos al desarrollo de las diferentes ciencias desde y en acciones comunes.

Aparecen de esta forma nuevas cualidades integradoras no inherentes a ninguna disciplina en lo particular, sino a todo el sistema que ellas conforman. Ello, sin dudas conduce a un enfoque desde el punto de vista teórico, más integral de la realidad.

Claro que el logro de lo anterior exige de profesionales que conozcan profundamente sus disciplinas y al menos, los elementos esenciales de otras con las que ellas se relacionan de alguna manera. Sólo así es posible identificar y establecer los nexos interdisciplinarios en todos los aspectos posibles, a partir de una problemática determinada.

Se requiere además de profesionales con una mentalidad flexible, que le permita reorientarse ante los nuevos problemas que surjan. Se trata de ser críticos y creativos, dispuestos a la cooperación y al cambio en general desde la comunicación entre las partes involucradas y una posición de respeto mutuo.

CONCLUSIONES

En el desarrollo de la ciencia, la interdisciplinariedad surge como el resultado lógico y la manifestación de la dinámica interna de dicho proceso, el que como todo proceso que implique desarrollo, está sujeto a las leyes de la dialéctica.

La interdisciplinariedad refleja un fenómeno de la realidad objetiva – la necesidad de integración y cooperación para solucionar los cada vez más complejos problemas de esa propia realidad, los que se presentan en múltiples formas y no pueden ser resueltos de manera aislada.

La interdisciplinariedad es expresión de la interrelación que hay entre todos los sistemas que conforman el Universo, de la constante transformación de todo lo que existe y de lo relativo del conocimiento en general y del conocimiento científico en particular.

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9. Rodríguez Neira, T. “Interdisciplinariedad: aspectos básicos”, Revista Aula Abierta, Nº 69. Universidad de Oviedo, 1997.

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