Cuadernos de Educación y Desarrollo

Vol 3, Nº 28 (junio 2011)

FUNDAMENTACIÓN EPISTEMOLÓGICA DE LA RESPONSABILIDAD ANTE LA SEXUALIDAD COMO VALOR MORAL


Alexey Megna Alicio (CV)
Máster en Ciencias, profesor Asistente
Universidad de Las Tunas. Cuba
alexeyma@ult.edu.cu ; alexeyma@yahoo.es




RESUMEN

La investigación aborda una temática relacionada con el proceso de educación para la sexualidad y su relación con la responsabilidad como valor moral, en la misma se exponen los referentes teóricos acerca de estas dos categorías. Se realizan valoraciones sobre el fortalecimiento de la responsabilidad ante la sexualidad, a partir de la reflexión y toma de conciencia ante las diferentes situaciones y contradicciones que se les presentan en el quehacer cotidiano, lo que incide en la transformación de estos estudiantes.

Palabras claves: sexualidad, responsabilidad, educación.

ABSTRACT

The investigation approaches a thematic related with the education process for the sexuality and its relationship with the responsibility like moral value, in the same one the relating ones are exposed theoretical about these two categories. They are carried out valuations on the invigoration of the responsibility in the face of the sexuality, starting from the reflection and taking of conscience before the different situations and contradictions that are presented in the daily chore, what impacts in the transformation of these students.

Key words: sexuality, responsibility, education.

INTRODUCCIÓN

La importancia de educar al hombre en los valores que sustentan la sociedad en que vive y el significado de ello en la conservación de la propia humanidad, es objeto de discusión, análisis y reflexión por varios investigadores.

Uno de los objetivos del profesional de la educación, es la formación y desarrollo de valores que aún resulta tarea ardua y compleja, pues no solo se reduce a una simple aspiración a la que se ha hecho referencia durante años encaminado hacia el carácter integral y armónico de la personalidad de los estudiantes, promulgado como política educacional, sino que debe concretarse de manera certera en la teoría y práctica del quehacer cotidiano.

Hace años que los pedagogos hablan de la necesidad de dar un vuelco a la formación de valores en las escuelas, también se viene planteando la necesidad de su fortalecimiento en la concepción y diseño de los currículos escolares, así como la concepción del proceso enseñanza – aprendizaje, pero seguimos insatisfechos con el acontecer pedagógico que diariamente tenemos en la escuela.

Los valores son parte importante de la vida espiritual e ideológica de la sociedad y del mundo interno de cada sujeto, pues contribuyen a organizar su rumbo, sus metas y fines, guían la conducta y le dan sentido a la vida.

Los valores son formaciones psicológicas reales que no se inventan, no son objetos, ni cosas, sino que están en la persona, en la sociedad, en los procesos, distinguiéndose unos de otros. A lo largo de la historia y en diferentes culturas hemos ido dándoles cuerpo con distintos contenidos.

Analizaremos la responsabilidad como valor que debe regir el comportamiento general de la juventud, la que orienta su conducta, determina sus actitudes y las consecuencias que de ellas emanen.

La responsabilidad que se debe formar en nuestros jóvenes debe expresar lo mejor de la clase obrera, y es el producto del desarrollo histórico social. Tiene una doble significación como fuerza motriz de la conducta: por una parte, brinda una orientación para la toma de decisiones a nivel de toda la sociedad, y por otra parte, es una orientación para la toma de decisiones personales e individuales.

En los momentos actuales, para el cumplimiento de los objetivos formativos en el proceso docente – educativo, la educación para la salud y la sexualidad, constituye un aspecto esencial para lograr en los estudiantes una correcta forma de actuación entre los géneros, basados en la equidad y respeto. Así como comprender los límites entre las relaciones de pareja, la vida sexual y reproductiva, a fin de evitar los riesgos de la promiscuidad, embarazos precoces y las ITS, promoviendo el desarrollo óptimo de la sexualidad como expresión de la personalidad, por cuanto en el mismo proceso de socialización se forma como esfera psicosexual. Por su marcada importancia y relación con todos los procesos de la vida, analizaremos la responsabilidad ante la sexualidad.

El inicio de la educación de la sexualidad del ser humano ocurre en el seno de la familia, como la más natural de las relaciones afectivas entre sus miembros, además de ser el contexto primario de socialización de la sexualidad y regulador de las influencias que la experiencia cultural ejerce sobre el sujeto, tiene su eje en la práctica de roles de género en cada uno de sus integrantes, las actividades cotidianas del hogar y está reforzada por la comunicación de los adultos.

Fundamentación filosófica y sociológica

Los valores son reflejos del intercambio del hombre con el medio y los demás hombres en el curso del cual los objetos y fenómenos adquieren significado para él, por lo que no existe fuera de las relaciones sociales.

La definición primaria de los valores expresa el significado externo para el hombre, su lugar de preferencia de acuerdo con las alternativas posibles, el nivel de dificultad para su obtención, es decir, su costo o precio. Esto es congruente con el papel de la objetividad en la formación de los valores subjetivos, aunque como sucede frecuentemente con la historia algunos autores le han conferido a estos últimos una significación propia, negándole en consecuencia a los primeros toda la aplicación filosófica.

En la Filosofía Burguesa la problemática de los valores se convierte en objeto de una disciplina independiente, aunque ya en Hume y Kant se dan algunas premisas. Por ejemplo el Materialismo Francés del siglo XVIII se corresponde con los intereses de una burguesía en ascenso y con plena confianza en el poderío de la razón humana. Una opinión generalizada de los filósofos de esta época lo constituye el hecho de que el hombre es parte inseparable de la naturaleza, existiendo una armonía en sus intereses y las leyes universales que rigen el mundo.

El conocimiento de estas leyes y la realización de los intereses individuales conducía al bien general, por lo tanto se le atribuía a la educación y a la ilustración un importante papel. Algo diferente ocurre en la Filosofía Burguesa Contemporánea, la misma se corresponde con el imperialismo que demuestra palpablemente el conflicto entre los intereses de la burguesía y las tendencias objetivas del desarrollo social, por lo que es un interés especial de los ideológicos burgueses justificar el sistema de valores de la sociedad capitalista.

Los clásicos del Marxismo aportaron elementos valiosos mediante el fundamento metodológico para la solución científica del problema. Relacionado con los valores y la valoración. Tal es el caso del estudio de la correlación entre objetivo y subjetivo en el desarrollo social (base para la comprensión científica de la objetividad de los valores) y el análisis crítico de valores por lo que debe regirse.

Para lograr establecer la naturaleza propia de los valores se considera importante realizar algunas reflexiones.

Por ejemplo, sobre la base de los manuscritos económicos de (1857 – 1858) escribe Marx de la primera versión de su Contribución a la Crítica de la Economía Política en el prólogo contiene una formulación clásica de la concepción materialista de la historia... “ no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.(1)

Esta tesis de carácter primario y determinante de la necesidad objetiva con respecto a la voluntad y conciencia de los hombres constituye una guía metodológica para comprender lo siguiente: “En tanto las leyes que rigen la naturaleza y la sociedad no son conocidas por los hombres estos se enfrentan a aquella como (ciega) necesidad, pero no se limita a esto la verdadera libertad significa el dominio práctico del hombre sobre las leyes de la naturaleza y la sociedad (...). (2)

En la ideología Alemana se plantea la necesidad de la producción de bienes materiales para satisfacer las necesidades de los hombres y estos puedan dedicarse a hacer ciencia, al estudio de la naturaleza y la sociedad.

En estas ideas señalaban que tanto los hechos económicos como los elementos subjetivos, desempeñan un rol importante en el devenir histórico. Sin embargo sus enemigos los acusaban de fatalistas por tomar el factor económico como determinante en el desarrollo social.

En respuesta a estas acusaciones, Engels en su carta a Joseph Bloch (Londres, 21-22 de septiembre de 1890) escribe: “...Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. (3)

Muchos autores al reflexionar sobre este hecho plantean que ha existido una pérdida, desmoronamiento, crisis de valores, sin embargo esto no es así. Precisamente esta reorganización de valores nos ha permitido mantener los rasgos esenciales en nuestro socialismo y enfrentar el imperialismo más poderoso del mundo, todo esto a través de nuestras ideas, principios y convicciones.

Constituye por tanto un profundo error teórico y práctico no considerar la dialéctica de lo objetivo y subjetivo y el papel que desempeñan cada uno en determinadas condiciones históricas concretas de desarrollo de los valores.

Los valores representan en forma general la unidad de lo objetivo y subjetivo, ellos son por un lado objetivo, porque dependen de las condiciones objetivas de los fenómenos, y por otro lado subjetivo puesto que están determinados por las necesidades del hombre y por lo tanto dependen por él mismo del sujeto, pero cuando ello se torna en su relación con las necesidades e intereses de los valores, es decir como valores, representan la unidad de lo objetivo y subjetivo.

Diferentes autores tienen su propia definición de los valores. José R. Fabelo nos plantea que “los valores, en su conjunto, conforman “un sistema objetivo de valores”; es dinámico, dependiente de las condiciones históricas-concretas y estructurado de forma jerárquica”. (4)

Todo lo valioso es significativo, pero no toda la significación social es un valor. Valor es aquella significación que desempeña el papel positivo en el desarrollo de la sociedad y está relacionado con el progreso social. Si las valoraciones pueden ser positivas y negativas, los valores solo pueden ser positivos y de ahí que algunos autores se refieran a antivalores. Ejemplo: crueldad personal, egoísmo desenfrenado, intolerancia fanática, la discriminación de la raza, de sexo, la falta de honradez, la indisciplina, la irresponsabilidad, la corrupción, el afán de robar.

Es el hombre el que constituye el principal valor, todos los demás valores giran alrededor de él, sirve para el mejoramiento y enriquecimiento para la vida de él, para el perfeccionamiento de la sociedad humana. Existe un sinnúmero de ellos, consideramos que los morales son imprescindibles en la vida del hombre, incluyen todas aquellas cualidades sociales, familiares y personales que debe poseer el sujeto.

La educación en valores, con un enfoque sociológico, comprende la educación como un proceso a escala de toda la sociedad en el marco del sistema de influencias y de la interacción del individuo con la sociedad con el fin de su socialización como sujeto activo y transformador, en los que los valores históricos-culturales tienen un papel esencial (Nancy Chacón Arteaga, 2006).

En el sistema jerárquico de los valores la responsabilidad ocupa uno de los lugares fundamentales por lo que significa en la determinación de la posición que ocupa el hombre en relación con el cumplimiento de la tarea de contenido social.

La diversidad de valores parece motivar este nuevo siglo. Lo material y lo espiritual están presentes para servir a la posición que asume cada sujeto ante la vida, así, la filosofía del ser es escogida para aquellos que son más plenos en cuanto a la espiritualidad, su conciencia y su sensibilidad humana.

Las relaciones entre los sexos trascienden siempre al plano de lo personal, repercutiendo de forma directa e indirecta en la vida social, de ahí la necesidad de que se fundamente un sólido sentido de responsabilidad. Esta compleja problemática de la responsabilidad moral de los actos humanos, de la relaciones entre libertad y la necesidad, fue profundamente examinada por Federico Engels en Anti Dühring al plantear “la libertad no reside en la soñada independencia de las leyes naturales, sino en el conocimiento de estas leyes y en la posibilidad que lleva aparejada de hacerlo actuar de un modo planificado para fines determinados” .(5)

La conducta moral le permite al hombre aceptar en considerables y equilibradas relaciones, las exigencias que le plantea la sociedad desde posición critica y valorativa. Permite recíprocamente fortalecer importantes valores, actitudes y sentimientos, toda vez que se propicien reflexiones y valoraciones sobre aspectos que en la realidad se suceden.

Fundamentación psicopedagógica

La actividad se ha definido como una forma específica humana de la relación activa hacia el mundo circundante, cuyo contenido es su cambio y transformación racional. La actividad práctica por su parte designa la actividad material adecuada a fines, es decir, una esencial relación sujeto-objeto donde lo ideal y lo material se convierten recíprocamente.

El objeto es aquella parte del mundo que el hombre humaniza, que se integra a su realidad mediante la práctica social. En este sentido el hombre conoce el mundo en la medida que lo integra a su actividad. El sujeto, por otra parte, como categoría filosófica, designa al hombre socio-históricamente determinado y portador de la práctica social.

La práctica histórico-cultural es el núcleo determinante de la actividad que media la relación sujeto-objeto, sin la cual es imposible concebir la actividad.

El trabajo es la forma determinada por la práctica, en tanto es forma especial humana de mediar la relación sujeto-objeto. En esta relación la actividad humana se expresa como una síntesis que integra a manera de tres momentos o dimensiones de la forma existencial de la realidad social: la actividad práctica, la actividad cognoscitiva y la actividad valorativa.

La actividad práctica deviene punto de partida en la explicación de la relación sujeto-objeto y la actividad cognoscitiva y la valorativa son desprendimientos de la primera. La práctica es inconcebible sin la necesidad social, los intereses, los fines, los medios y condiciones que le sirven de premisa.

La práctica es fundamento y fin del conocimiento, así como criterio objetivo de su veracidad. Por otra parte la actividad cognoscitiva constituye una forma esencial de la actividad espiritual del hombre. Condicionada por la práctica, refleja la realidad y la reproduce en forma de conocimiento que se expresa en principios, leyes, categorías, hipótesis y teorías.

El conocimiento media toda actividad humana incluyendo su fundamento sustancial: la práctica. La actividad cognoscitiva se manifiesta en la interacción dialéctica sujeto-objeto, cuyo resultado se expresa en determinado conocimiento de la realidad aprehendida a dicho proceso.

El hombre no solo refleja los objetos tal y como existen con independencias de sus necesidades e intereses, sino que, además, los enjuicia desde el ángulo de la significación que estos objetos poseen, es decir, los valora positiva o negativamente.

La valoración constituye aquel proceso de la conciencia humana en el cual se unen, por un lado, cierta información acerca de los objetos y fenómenos de la realidad objetiva y, por el otro, determinada información acerca del estado de las necesidades del sujeto valorante. La autovaloración es básica en este proceso y se relaciona con la autorreflexión.

Las condiciones sociales constituyen un conjunto de positivas influencias que se ponen de manifiesto en nuestros estudiantes, no obstante la necesidad de fortalecer la formación de valores de las nuevas generaciones mediante un sólido proceso de asimilación en el que inicia lo cognoscitivo y lo afectivo, producen en los estudiantes nuevas necesidades y motivos que hacen elevar la importancia de tan relevante tarea pedagógica, porque las condiciones actuales de existencia en nuestro país revelan que estamos viviendo momentos difíciles de profundos cambios tanto en la arena internacional como de modificaciones internas trascendentales.

Cuando hablamos de formación de valores morales nos referimos a un proceso educativo en el que el contenido axiológico de determinados hechos, formas de ser, manifestación de sentimientos, actuaciones o actitudes humanas, con una significación social buena, y que provocan una reacción de aprobación y reconocimiento (vigencia), en el contexto de las relaciones interpersonales, trascienden a nivel de la conciencia individual del niño o el joven (Nancy Chacón Arteaga, 2006).

La propaganda tiene como función fundamental, la educación y transcripción de los contenidos de trabajo independiente de forma más asequible a los diferentes grupos socio–profesionales. La propaganda instruye, educa y moviliza, o sea, prepara al sujeto para su activa participación en la construcción y defensa del socialismo.

Realizar un análisis de la formación del valor responsabilidad, presupone tener en cuenta los fundamentos teóricos y metodológicos que la sustentan a partir de postulados y teorías axiomáticas, psicológicas y pedagógicas que se asumen.

En el sujeto debe aparecer una concientización en el transcurso del proceso de socialización mediante la asimilación por él de la cultura material creada, que posibilita la valoración crítica de la realidad para su transformación. Este proceso tiene lugar como una gradual interiorización de lo externo social y su transformación en el interno individual desde la autovaloración y la autorreflexión en el contexto de los diferentes grupos en que tiene participación, en la actividad que realiza en función de las circunstancias objetivas de la vida y sus características muy propias, lo que pone de manifiesto el carácter histórico de la formación de la personalidad y el papel activo del sujeto en la formación.

El modelo de hombre a formar en cada sociedad existe y será punto de referencia de la educación, lo que no es más que la exigencia de la sociedad respecto al hombre a formar. Un modelo que se ajuste a las posibilidades y características de las diferentes edades y que sirva de referencia al docente, al padre y al propio estudiante en la meta a trazar en su formación.

En su conceptualización psicológica el valor debe ser analizado teniendo en cuenta su naturaleza objetiva y subjetiva, el significado atribuido tiene una naturaleza subjetiva, toda una vez existe individualmente en los seres humanos capaces de valorar, pero al mismo tiempo tiene una naturaleza objetiva en tanto constituye parte de la realidad social e histórica en la que se desarrolla el ser humano; los valores existen en el sujeto como formaciones motivacionales de la personalidad que orientan su actuación hacia la satisfacción de sus necesidades. De esta manera un estudiante es responsable no porque conozca la importancia del valor responsabilidad o la circunstancias lo obliguen a ser responsable, sino porque siente la necesidad de actuar responsablemente. La responsabilidad en este caso deviene un motivo de la actuación. Por tanto solo cuando los valores constituyen motivo de la actuación del sujeto se convierten en verdaderos reguladores de su conducta. El sujeto puede asumir una posición activa o pasiva en la expresión de sus valores.

La posición activa en la expresión de los valores caracteriza un nivel superior de desarrollo y se manifiesta cuando el sujeto actúa espontáneamente, con iniciativas en la expresión de sus valores. Este nivel se corresponde con lo que Fernando González Rey (1991), denomina valores personalizados. La posición pasiva en la expresión de los valores formales, es decir cuando el sujeto actúe por conocimiento, por sentir la necesidad de actuar de esa manera, y no por presiones externas, por ejemplo: dos estudiantes pueden actuar solidariamente, sin embargo uno lo hace solo cuando siente una presión externa, mientras que el otro lo hace cuando sea necesario.

El proceso de la socialización se produce a través de la comunicación de la persona en las diferentes esferas de la vida: comunicación con las otras y en la diversidad de expresiones sociales del hombre, desde la formación de la pareja hasta la fijación de una posición política concreta. Las que se configuran alrededor de necesidades que se van desarrollando en esas diversas relaciones. Los valores constituyen, el tipo de motivación que definen la formación en que nos implicamos en los distintos tipos de relaciones de las que somos parte. Estos no se fijan por un proceso de comprensión por lo tanto no son una expresión directa de un discurso que resulta asimilado, sino el resultado de una expresión individual.

La formación de los valores es un complicado proceso interno, personal que no puede ser impuesto por fuerzas internas que exijan respuestas inmediatas a un nivel contextual. El sujeto, por tanto no es resultado pasivo de este proceso sino una parte activa de su desenvolvimiento. Los valores son entonces, una expresión de la realidad viva y actual de cada uno de los sectores constitutivos de la trama social, así como los sujetos que la integran.

En la adolescencia el desarrollo de la personalidad tiene lugar muy sustancialmente a través del aprendizaje organizado por la escuela, cuya misión es formar y educar la joven generación, de acuerdo con los objetivos educativos de su orden social. El estudiante pasa una gran parte del día en la clase, tiene que adaptarse a las condiciones escolares como son el orden escolar, la atmósfera de la clase, la autoridad del profesor, o sea conducirse disciplinadamente.

En esta etapa los estudiantes son capaces de emitir juicios, opiniones y puntos de vista morales relativamente estables. Surge en ellos un sistema de normas y exigencias propias que pueden defender con bastante firmeza, incluso sin tener en cuenta las consecuencias que esto les pueda traer. Además funciona de forma escéptica, responden rápidamente con desvalorización, o bien con observaciones presumidas y protestas por cualquier requerimiento.

En la adolescencia comienza a desarrollarse la conciencia de la autonomía y la responsabilidad. Solo que la decisión y su realización dependen de él. Se interesan por comprender las particularidades de la personalidad de los demás y la suya propia para valorar sus posibilidades y juzgar sus conductas y las de su grupo.

Los cambios corporales que anuncian la pubertad, que marcan el inicio de la adolescencia, provocan cierto desconocimiento en los púberes y adultos más cercanos. El desconocimiento y el miedo al adolescente son tan grandes que se extienden a descalificar, como si no pasara nada, como si fuera una simple etapa de transición. Entonces al no entender qué sucede, se abandonan o se le pone grilletes al desarrollo de la fantasía de evitar el cambio, asignándole una importancia suprema a los problemas de salud reproductiva, sin entender otras demandas esenciales del proceso de crecer, que sientan pautas para toda la vida. Por lo que es responsabilidad de la familia no limitar este desarrollo.

En esta etapa de la adolescencia, al igual que la niñez y la juventud son momentos ideales para formar y consolidar valores, estos propician que afloren virtudes humanas. En el sujeto la formación de valores no ocurre de forma lineal y espontánea, sino que pasa por un complejo proceso de elaboración personal en virtud del cual los seres humanos en interrelación con el medio histórico-social en el que se desarrolla construyen sus propios valores.

Es por ello que los valores más específicos como la responsabilidad, son reflejados por cada sujeto de manera diferente en dependencia de su historia individual, capacidades, intereses, es decir, no siempre los valores jerarquizados esencialmente por unos son asumidos igualmente por todos los miembros de la sociedad.

Fernando González Rey (1991) al referirse a la importancia de comprender la complejidad de la naturaleza subjetiva de los valores en su función reguladora de la actuación del sujeto, establece la diferencia entre lo que denomina “valores formales” y “valores personalizados”.

El valor en su existencia subjetiva individual se manifiesta como motivo de la actuación, por tanto los valores existentes en el sujeto son formaciones motivacionales de la personalidad que orientan su actuación hacia la satisfacción de sus necesidades.

La formación de valores, también debe configurarse mediante la comunicación entre profesores y estudiantes en el proceso de enseñanza-aprendizaje, donde éste último asuma la posición activa durante la clase en la apropiación individual de los significados para la apropiación de los valores.

El docente debe dominar qué es un valor y cómo regula la actuación del estudiante, entonces estará en condiciones de propiciar su formación y desarrollo en el proceso de enseñanza aprendizaje.

El estudiante estará en condiciones de formar sus valores en el momento en que este deje de ser objeto de aprendizaje, que repita mecánicamente la información que recibe y se convierta en sujeto que procesa información y construye conocimiento a partir de sus intereses y conocimientos previos sobre la base de un conocimiento profundo de reflexión en el que toma partido y elabora puntos de vista y criterio propio.

La relación profesor-estudiante debe basarse en el respeto mutuo, la confianza y la autenticidad puesto que el docente debe ser modelo de actuación para los estudiantes. Para contribuir a la formación de valores del estudiante es necesario crear espacios de reflexión en el proceso de enseñanza-aprendizaje, que les permita aprender a valorar, argumentar sus puntos de vista, defenderlos ante los que se oponen a ellos, donde tenga libertad para escribir su criterio, discrepar, plantear iniciativas, escuchar y comprender a los demás, para enfrentarse a los problemas con seguridad e independencia, para esforzarse por lograr sus propósitos.

Educar es esencialmente una tarea perfectiva, optimizadora y al final de dicha acción educativa, debe resultar que los educandos sean más valiosos, que hayan alcanzado nuevos hábitos valorables, expresión auténtica de la calidad educativa, lo que está determinada por la profundidad y extensión de los valores que hayamos sido capaces de suscitar y actualizar. Donde se desarrolle la autorreflexión como criterio para la autorregulación de la actuación.

Lograr una educación moral precedida del ejemplo y con una gran cuota de responsabilidad en ello, es un reto para los educadores.

Asumimos la educación de la sexualidad como una educación en valores. Los comportamientos responsables que deseamos se manifiesten en los adolescentes, sólo pueden sustentarse en valores socialmente positivos.

Las actividades de educación de la sexualidad deben implementarse teniendo en cuenta el sistema de relaciones profesor-estudiantes, estudiantes-estudiantes, que propicie el aporte de cada uno de estos factores en la labor educativa y asegure el clima de comunicación, flexibilidad, creatividad y bienestar adecuados en torno a los estudiantes.

El sistema de relaciones y actividades, debe caracterizarse porque cada uno de los estudiantes tenga que asumir un rol protagónico y sienta que ocupa un espacio, que es respetado y querido por todos lo que le rodean y las normas de convivencia pongan de manifiesto un clima emocional positivo.

Al organizar esta labor educativa en torno al comportamiento psicosexual tiene que asegurarse la atención diferenciada a cada estudiante, en correspondencia con sus necesidades e intereses. Se necesita partir del diagnóstico y determinar las necesidades educativas básicas de los estudiantes.

Sobre esta base es posible realizar actividades educativas que tomen en cuenta las potencialidades e intereses de los estudiantes en la esfera psicosexual.

Para lograr el enfoque educativo en el trabajo de educación de la sexualidad es necesario (Pedro Luis Castro Alegret, 2006):

1. Crear condiciones pedagógicas y comunicativas que favorezcan un clima de confianza, receptividad y reflexión valorativa del docente y los estudiantes.

2. Caracterizar de manera integral el avance de la educación moral y de los problemas que pueda confrontar en su comportamiento psicosexual cada estudiante, visto también en el contexto de su familia y su comunidad.

3. Implementar procedimientos de trabajo que promuevan el diálogo reflexivo y la autovaloración.

4. Lograr un trabajo metodológico diferenciado que permita definir con precisión las acciones de cada asignatura para lograr la incorporación de las temáticas de la educación de la sexualidad y la prevención del VIH/SIDA en el proceso docente educativo.

5. También es necesaria la atención específica a la solución de las dificultades en el comportamiento poco responsables de algunos estudiantes para que ganen mayor responsabilidad en su comportamiento sexual.

6. Una real participación de las organizaciones estudiantiles en esta labor preventiva, asegurando el dialogo sincero y el respeto a su autonomía como organización.

7. El perfeccionamiento de la interacción educativa con la familia, con el objetivo de coordinar y hacer más efectivas las influencias sobre la educación de la sexualidad de sus hijos.

A partir de estos presupuestos filosóficos, sociológicos y psicopedagógicos de los valores y su relación estrecha con la educación de la sexualidad se fundamenta nuestra labor en la Educación Preuniversitaria.

La responsabilidad como valor moral

La moral responde a las formaciones económicas–sociales y una de las formas más antiguas de la conciencia social. Se formó en el propio proceso de separación del hombre del resto de los animales, como única forma de regulación de la actividad vital de estas.

La moral varía y cambia históricamente, puede revertir su influencia en el proceso social concreto, acelerándolo, pero su desarrollo no siempre es en sentido ascendente, lo que permite al hombre alcanzar un nivel superior en la perspectiva para satisfacer las necesidades vitales de autovaloración, de disposición y de aspiraciones en las diferentes actividades en el orden social e individual.

La responsabilidad como valor de la personalidad en nuestra sociedad debe estar vinculada estrechamente al esfuerzo y dedicación cotidiana por avanzar en la construcción de la sociedad en la búsqueda del progreso social por lo que su formación es tarea de la educación comunista especialmente de la moral, pues la formación de una personalidad moralmente responsable no constituye un hecho innato.

Cuando nos referimos al tema de la responsabilidad como valor moral parece que estamos tratando un tema complejo del comportamiento, según el Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado es responsabilidad: “obligación de responder de los actos propios o de otros, entre otras acepciones (6). Según el Diccionario de Sinónimos y Antónimos, la responsabilidad es sinónimo de: obligación, deber, cumplimiento, exigencia, vínculo, necesidad, incumbencia, solidaridad. // Madurez, sensatez, juicio, sentido del deber, equilibro, prudencia, cordura, experiencia, solvencia, formalidad, seriedad (7).

Nancy Chacón Arteaga aborda que: “La responsabilidad no es más que la asunción de las obligaciones sociales por el individuo como un compromiso consecuente de su actuación. Lo que implica conciencia de obligaciones, seguridad en sí mismo, toma de decisiones, constancia, autoproposición de metas, responder por sus actos” (8).

Asumimos la definición de la doctora Nancy Chacón acerca de este valor pues cuando el mismo se hace consciente, crece el significado de sus funciones positivas, se amplía el concepto de la responsabilidad social y refleja la preparación del sujeto a contraer compromisos elevados ante el colectivo y la sociedad.

Toda actuación y, por lo tanto, todo estilo de actuación es individual, es decir único e irrepetible. En consecuencia si la actuación es personal, o sea, instruir, entonces, la responsabilidad como rasgo personológico puede o no matizar el proceder de una personalidad. Esto los conduce a la siguiente conclusión: la responsabilidad de otro, ya sea padre, maestro o cualquier otra persona.

De manera que el hecho de que un sujeto (adolescente, joven o adulto) actúe de modo responsable o no, no es directamente proporcional a las condiciones que de manera consciente fueron modeladas en su formación o desarrollo. En otras palabras, no porque la familia, la escuela, la comunidad, el grupo escolar u otro tipo de institución social, se empeñen en proporcionar condiciones favorables para que el adolescente forme cualidades morales positivas tales como la honestidad, la solidaridad, la abnegación, la responsabilidad u otras, han de quedar por sentado estos atributos en él.

No negamos la influencia del grupo o la familia en la formación, en el desarrollo personal del adolescente o joven, pero de lo que se trata es de acentuar las condiciones de estas influencias sólo como premisa de su propia actuación.

Por otra parte, asumir que la aceptación es personal y que la responsabilidad como rasgo la matiza o no, es tomar como axioma que la responsabilidad es personal e intransferible. A tenor de lo que hemos expuesto, ninguna persona adquiere por herencia o necesidad la responsabilidad de otro, lo que hace es ejecutar funciones, desempeñar papeles, resolver tareas de otros justamente en virtud de su responsabilidad.

La caracterización de los adolescentes que se asume en esta investigación a partir de la realizada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), y que son analizadas en la obra: Educación Sexual con los jóvenes de preuniversitario, Educación Técnica y Universidades Pedagógicas del Dr. Pedro Luis Castro Alegret y otros (2006).

Según esta fuente la adolescencia transcurre entre los 10 y los 19 años y dentro de ellos se encuentran los adolescentes tardíos o jóvenes que están comprendidos entre las edades 16 a 18 años.

Todos sabemos que los límites entre los períodos evolutivos están sujetos a variaciones de carácter individual, de manera que el profesor puede encontrar en un mismo grupo estudiantes que ya manifiestan rasgos propios de la juventud, mientras que otros mantienen todavía un comportamiento típico de los adolescentes.

Muchos consideran el inicio de la juventud como el segundo nacimiento del hombre. Entre otras cosas ello se debe a que en esta etapa se alcanza la madurez relativa de ciertas formaciones y algunas características psicológicas de la personalidad. También aquí se continúa y amplía el desarrollo en la esfera intelectual que ha tenido lugar en etapas anteriores.

Así desde el punto de vista de su actividad intelectual los estudiantes de este grupo etáreo están potencialmente capacitados para realizar tareas que requieran una alta dosis de trabajo mental, de racionamiento, iniciativa, independencia cognoscitiva, creatividad, además de la autovaloración como otros de los cambios que se da en la adolescencia. Estas posibilidades se manifiestan tanto en la actividad de aprendizaje en el aula, como en las diversas situaciones que surgen en la vida cotidiana del adolescente.

En relación con lo anterior, la investigación dirigida a establecer las regularidades psicológicas de los escolares, en especial de la esfera clásicamente considerada como intelectual, ha revelado que en el desempeño intelectual los alumnos alcanzan índices superiores a los estudiantes de niveles anteriores, lo que no significa desde luego que ya en esta etapa los alumnos no presentan problemas ante tareas de carácter intelectual, no obstante fue posible establecer que cuando la enseñanza se organiza de forma concreta esos alumnos pueden superar muy rápido las dificultades que pudieran poseer gracias a las reservas intelectuales que han desarrollado.

En esta etapa de estudio solo se convierte en una necesidad vital, y al mismo tiempo en un placer, animando al adolescente, a la obtención de nuevos conocimientos, la iniciativa y la actividad cognoscitiva independiente. Durante estas edades que referimos es muy característico el predominio de las tendencias a realizar apreciaciones, que responden a un sistema de enfoques de tipo polémico que los alumnos han ido conformando, así como la defensa pasional de todos sus puntos de vista.

La autovaloración y la autorreflexión se hace cada vez más estable, adecuada y generalizada, debido a la necesidad del adolescente de valorar correctamente sus posibilidades para enfrentar el futuro, tanto en su vida profesional como personal.

En esta etapa se alcanza una mayor estabilidad de los motivos, intereses, punto de vista propios, de manera tal que los alumnos se van haciendo más concientes de sus propias experiencias y de las que los rodean, tiene lugar así la formación de convicciones morales que el adolescente experimenta como algo personal y que entra a formar parte de su concepción moral del mundo. También participa de manera creciente en la auto determinación de su comportamiento en los diferentes contextos de actuación.

Las principales motivaciones del adolescente en estas edades vienen dadas por los actuales y futuros estudios, obtener el puesto que desea en la sociedad. Esto se refiere principalmente a la motivación profesional, aunque existen otras también importantes en la dirección de la personalidad.

En estas edades se han ampliado las motivaciones del adolescente y se va integrando en una estructura jerárquica; los motivos rectores, como reflejo de la sociedad en que nos encontramos, se refieren al trabajo profesional u otra forma de adquirir la adultez e independencia.

Estos motivos profesionales tienen una elaboración inicial, es decir el joven por primera vez es capaz de argumentarlos y de trazar con una mirada de futuro las decisiones que debe adoptar para alcanzar su meta. Es decir, comprende que sus motivos son a largo plazo, sabe mantener su actividad dirigida a obtenerlos, estudia, se prepara para los diferentes tipos de pruebas o requisitos que exige la carrera deseada, obtiene cada vez más información sobre la misma.

La opinión del grupo es la que busca el adolescente fundamentalmente, es en esta comunicación con sus iguales, donde se fortalece la relación personal de amistad con los que siente mayor confianza y a los que le unen afinidad de intereses y criterios sobre diferentes aspectos, por esto surgen subgrupos por parejas de amigos y también sobre la base de relaciones amorosas con un carácter más estable. En este tipo de relación se materializan los ideales sobre la pareja y el amor, también se destaca el valor de las relaciones en el grupo en virtud de determinadas cualidades de la personalidad como son exigencia, combatividad, sinceridad, justeza.

Al igual que en la adolescencia el contacto con los demás refuerza su necesidad de reflexión, de conocerse, de valorarse y dirigir en cierta medida su propia personalidad, a lo cual pueden contribuir los adultos, padres y profesores en sus relaciones con él. El adolescente necesita ayuda, comprensión, pero también autonomía, decisión propia y debe permitírsele autorreflexionar valorativamente sobre su propia actividad.

Características de la sexualidad en los adolescentes y jóvenes

Según M. A. Torres (2003): “la sexualidad es una dimensión de la existencia humana, una manifestación psicológica de la personalidad que tiene como núcleo el sentimiento y la conciencia de la propia masculinidad, feminidad o ambivalencia, basada en el sexo, incluye al género, las identidades de sexo y género, la orientación sexual, el erotismo, la vinculación afectiva y el amor y la reproducción. Se expresa en forma de pensamiento, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, prácticas, roles y relaciones. Es el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales”.

La doctora B. N. Guerrero (1996 En: I. González, 2002 p. 1) plantea que “es el conjunto de condiciones estructurales (anatómicas), fisiológicas, comportamentales y socioculturales que permiten el ejercicio de la función sexual humana. Abarca nuestros sentimientos, nuestra conducta en general y sexual en particular, la manera de expresarnos y relacionarnos con los demás. En definitiva la forma de vivir como hombres y mujeres”.

Asumimos la definición de M. A. Torres (2003) pues se plantea como orientadora para el trabajo de educación de la sexualidad de los adolescentes.

La adolescencia es el momento de transición desde la niñez a la edad adulta de los seres humanos que transcurre entre los 10 y 19 años de edad. Esta transición va a implicar cambios biológicos, psicológicos, cognoscitivos y sociales.

La experiencia del amor y la vida de pareja ocupan un lugar importante en esta etapa de la vida. Se observa en la adolescencia un primer momento en la búsqueda de pareja y de afirmación de la persona, en la identidad de género, roles y orientación sexoerótica.

Los jóvenes están en condiciones de reflexionar y argumentar con gran lógica y con una orientación propia, desde sus valores morales en formación, sobre distintas cuestiones, como son la amistad y el amor, el emparejamiento, cuándo y dónde compartir con el otro sexo. También sobre las relaciones coitales, con quién y cuándo realizarlas; qué es la pareja estable, el respeto, la fidelidad; cuáles son los derechos de la mujer y los del hombre, entre otros más. Es importante que el adolescente autorreflexione sobre la actitud que asume ante al vida, los valores que acumula, las convicciones que se van formando y que se expresan en la práctica diaria.

Desde el punto de vista biológico se caracteriza por un rápido crecimiento y desarrollo pondoestatural, aparecen y se desarrollan los caracteres sexuales secundarios y se alcanza durante la misma plena capacidad reproductiva. Entre los múltiples cambios en la esfera psicológica se destacan por su importancia la formación de la personalidad, la definición de rol de género y la búsqueda de la identidad. Finalmente en el ámbito social se produce un tránsito de dependencia total a uno de relativa independencia y se adquiere paulatinamente la capacidad jurídica. Su nueva situación social está sembrada de retos, desafíos y también obstáculos que deben vencer para arribar a una adultez responsable y feliz.

En esencia los retos fundamentales que debe enfrentar y resolver el adolescente se refieren a tres esferas esenciales de la vida:

• La profesional laboral

• La ideológica, ética y social

• De pareja y familiar

Desde el punto de vista intelectual, su pensamiento de hace cada vez más lógico, abstracto y reflexivo, lo que posibilita explorar en lo más profundo de su intimidad psicológica, desarrollar su autoconciencia y autovaloración, al desarrollar la autorreflexión arribar a un conocimiento cada vez más objetivo de quienes lo rodean, y penetrar progresivamente en la esencia de su realidad circundante y de su propia realidad.

Aumenta durante este período el sentimiento y la necesidad de independencia y autodeterminación que caracterizan su desarrollo y que lo motivan a buscar la satisfacción de estas necesidades, fundamentalmente en el grupo de sus iguales, y a poner ciertas distancias de la autoridad adulta.

En pocos años el y la adolescente se convierten físicamente en adulto en apariencia, capaz de engendrar hijos y de disfrutar de la vida erótica en solitario y en pareja. De tales cambios y de su nueva situación social se derivan las primeras y trascendentales adquisiciones psicosexuales.

Él y la adolescente son concientes de que su cuerpo se transforma y adquiere capacidades adultas en dos sentidos fundamentales:

• Vía de procreación

• Vía de disfrute sexual y de atracción física erótica y espiritual para otras personas, no solo de sus pares sino hacia personas mayores.

Posterior a sus cambios anatomofisiológicos entran en una fase de experimentación sexual, caracterizada por el deseo intenso de disfrutar de la más amplia variedad de vivencias eróticas y espirituales, lo que desencadena una búsqueda activa de experiencias eróticas que los motiva al ejercicio progresivo de la sexualidad.

Una característica de los adolescentes es que por lo general recurren al apoyo y seguridad del grupo de sus iguales. Primero de un grupo compuesto de chicos o chicas de su mismo sexo.

En estas etapas primarias en que no están aptos aún para el inicio de los juegos intersexuales, solo pueden encontrar satisfacción a través del autoerotismo y la masturbación.

Con esta nueva situación social del adolescente y el desarrollo de la líbido comienzan a iniciar sus relaciones de pareja (necesidad de pareja), esta necesidad se estructura y crece para dar origen a un conjunto de emociones y sentimientos que se expresan mediante los llamados enamoramientos, entusiasmos o cortejos sexuales, propios de estas edades.

No es nada inusual que en estas etapas iniciales de la adolescencia, en que el erotismo, la líbido de estos chicos y chicas no está aún orientada de manera estable hacia un objeto definido hombre o mujer, encuentre una vía de expresión y satisfacción en los intercambios y jugueteos, que casi siempre se producen con estos amigos más íntimos de su mismo sexo.

Cuando en algunos adolescentes, su iniciación y desenvolvimiento sexual es prematuro y apresurado, quemando etapas, ya sea por su preparación insuficiente u otros motivos como las presiones externas de su pareja o de los amigos o amigas, o simplemente por curiosidad, suele traerles serias consecuencias en su desarrollo psicosexual que se traduce en los embarazos, la maternidad, los matrimonios precoces, los abortos, las disfunciones sexuales, el contagio con alguna ITS y otros trastornos.

Las consecuencias de una inadecuada educación sexual: abortos e hijos no deseados, madres solteras, madres muy jóvenes (12-20 años), matrimonios prematuros, explosión demográfica, divorcios, relaciones extramatrimoniales, desajustes psicosociales, desajustes emocionales, falta de confianza y respeto entre los sexos, roles sexuales estereotipados, machismo, infecciones de transmisión sexual ( ITS ), suicidios, inestabilidad familiar, promiscuidad sexual, deserción escolar, curiosidad sexual reprimida y tabúes, mitos y falacias.

Se ha analizado a la adolescencia teniendo en cuenta algunos elementos característicos, siendo esta la etapa en la que se culmina la formación de la autoconciencia y se comprende el papel que se juega en el mundo, también analizamos algunos elementos relacionados con las características de la sexualidad de los adolescentes que son necesarios para fundamentar y orientar la labor educativa en este campo.

CONCLUSIONES

La fundamentación filosófica, sociológica, psicológica y pedagógica de la responsabilidad ante la sexualidad, permitió establecer las bases para solucionar el problema planteado a esta investigación y la necesidad de una orientación consciente a los y las adolescentes, aprovechando las potencialidades educativas que ofrece el contenido de la Educación Preuniversitaria.

La educación de la sexualidad, en esta ocasión se analiza en estrecho vínculo con la responsabilidad, teniendo en cuenta que desde el punto de vista pedagógico los valores son una relación sujeto - objeto y por tanto, el resultado de las valoraciones de un proceso de reflejo específico de la conciencia, de ahí la importancia y la significación para los estudiantes y la importancia que revisten para el trabajo pedagógico, de modo que conlleve desde la personalidad a una sexualidad responsable y feliz.

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