Cuadernos de Educación y Desarrollo

Vol 2, Nº 22 (diciembre 2010)

LAS TUTORÍAS: FACTOR QUE INFLUYE EN LA TITULACIÓN DE LOS TÉCNICOS SUPERIORES UNIVERSITARIOS EN ADMINISTRACIÓN

Edgar Torres Escalona (CV)

Valentina Barajas Rodríguez

Miguel Ángel Morales Sánchez

Universidad Tecnológica de Tecámac, México

valebamx@yahoo.com.mx

 

 

PALABRAS CLAVE: Aparato ideológico, tutoría, tutorado, tutor, evaluación, evaluación educativa, titulación.

RESUMEN.

El Objetivo General de este artículo es el de presentar los resultados de un estudio descriptivo exploratorio de la generación 30 (cuatrimestre enero-abril 2010) de la Carrera de Administración de la Universidad Tecnológica de Tecámac (UTTec) que permita conocer si las tutorías influyen en el hecho de que se titulen como Técnicos Superiores Universitarios en Administración (TSUA). Aunque reconocemos que el proceso educativo y la exitosa conclusión de una carrera obedecen a múltiples factores, queremos focalizar la intención de esta publicación en la parte que corresponde a la opinión que los tutorados tienen de las tutorías. ¿Cómo se conectan las tutorías con la titulación? Principalmente porque, al menos en la UTTec, el Programa Institucional de Tutorías (PIT) se ha convertido en un proyecto que pretende integrar los servicios académicos y administrativos para incrementar el indicador de eficiencia terminal (titulación). Aunque los miembros del Comité del PIT suponemos que las tutorías influyen positivamente en la titulación, también hemos recibido observaciones en el sentido contrario. Para rebasar las suposiciones y, en aras de objetivar la confianza que nuestro sistema ha depositado en las tutorías, pretendemos conocer la opinión que los tutorados tienen en relación a qué tanto las tutorías influyeron en su decisión de titularse. Al respecto planteamos la siguiente hipótesis: Si el tutorado de la carrera de Administración participa de las tutorías es más probable que opine que este servicio sí influyó en su decisión de titularse como Técnico Superior Universitario en Administración.

Para comprobar la afirmación anterior, el marco conceptual que usamos incluye los elementos teóricos de Althusser y la educación como reproductora de la ideología dominante. ¿Por qué el Estructuralismo? Si bien no es el momento de abundar sobre la teoría Estructuralista desde la perspectiva de Louis Althusser, sí diremos que la hemos elegido por ser una propuesta pedagógica desde la cual podemos entender las prácticas educativas tal como se realizan en el modelo educativo de la UTTec: como reproductoras de la ideología dominante por su estrecha vinculación con el sector empresarial; aunque también es una corriente del pensamiento sociológico, el Estructuralismo nos permite estudiar a la educación, particularmente a la escuela, como reproductora del orden social establecido. En ese sentido, como el posible lector tendrá la oportunidad de revisar en este trabajo, consideramos a la tutoría como una práctica-ritual para reproducir la ideología empresarial. Estas ideas las ubicamos en nuestro marco referencial; ahí hablamos del Subsistema de Universidades Tecnológicas y las tutorías de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) como un antecedente de los esfuerzos por combatir la deserción, el rezago y la reprobación. Para efectos del presente trabajo divulgación científica nuestra metodología consistió en una evaluación educativa de la ideología materializada en la práctica-ritual de la tutoría, basada en la teoría Estructuralista, enfocada en el atomismo, de orden subjetivista y de pretensiones cualitativas; de nuestra hipótesis, identificamos como variable independiente la participación de los tutorados en las tutorías, en tanto que definimos como variable dependiente la opinión que los tutorados tienen de que la tutoría hubiera influido en su decisión por titularse. Nuestras unidades de análisis quedan así: las tutorías y, de forma más específica, la opinión que los tutorados tienen de las tutorías. Por lo que diseñamos, pilotamos y aplicamos el Instrumento de evaluación de acuerdo al escalamiento tipo Likert.

Los resultados consistieron en que un 60.81% de los sujetos tutorados opinaron que estaban muy de acuerdo en considerar que las tutorías sí influyeron en el hecho de que decidieran titularse (ver Gráfica 1. Percepción de los tutorados en relación al hecho de que las tutorías influyeron o no en su proceso de titulación); 28.21% de los encuestados no tienen una opinión formada al respecto al contestar que no estaban ni de acuerdo ni en desacuerdo. Mientras que el 2.93% afirmó estar muy en desacuerdo con que las tutorías hubieran influido en su titulación.

INTRODUCCIÓN.

Ha sido por medio de una revisión documental que hemos identificado tres grandes ausencias entre los resultados de las investigaciones más trascendentes en este campo: 1. Desconocemos qué características académicas y profesionales tienen los profesores que están impartiendo las tutorías en la vida real. 2. Escasean las definiciones del tutorado, debido –quizá- a que de modo implícito asumimos que un tutorado es, en sí mismo, un alumno, un estudiante, una persona inscrita en un programa educativo. Cuando se ha intentado precisar más, la identidad del tutorado aparece en relación con las funciones del tutor: finalmente es el alumno que recibe la tutoría. Es hasta que nos adentramos en las acciones concretas que se establecen para realizar el servicio tutorial cuando se describen las características del tutorado: los becarios, los alumnos vulnerables, los estudiantes en situación de riesgo, los reprobadores, los recursadores, aquellos que presentan una situación emocional y/o psicológica crítica, etcétera. En todos los casos; sin embargo, el tutorado está definido por el tutor. 3. Hay, finalmente, un objeto de investigación del que no se había dado cuenta en las publicaciones relevantes: la evaluación del impacto de las tutorías sobre indicadores concretos.

Es necesario especificar que este artículo estará centrado en difundir los resultados de una evaluación realizada a las tutorías que imparten los profesores de tiempo completo y algunos profesores de asignatura de la Carrera de Administración de la Universidad Tecnológica de Tecámac (UTTec) para identificar si son un factor determinante en la trayectoria académica de los TSUA como para que la generación 30 alcance la titulación.

Desde luego, un estudio tan delimitado, no necesariamente establecerá generalizaciones para explicar cómo han funcionado las tutorías en otros lugares. Pero confiamos que con los resultados de nuestra investigación se puedan tomar decisiones para abatir el rezago educativo, la deserción, el bajo aprovechamiento académico y la eficiencia terminal.

Por tal motivo, en la primera parte el lector encontrará los elementos teóricos de Luis Althusser, una explicación de la educación en la Universidad Tecnológica de Tecámac como reproductora de la ideología dominante, el entendimiento de la tutoría como una práctica-ritual y la justificación para evaluar la reproducción ideológica. En la segunda parte abordaremos a las tutorías tal y como las entiende ANUIES; además ofrecemos una descripción detallada de dos perfiles construidos a propósito como objetos de estudio de esta tesis: el de los tutorado y el de los tutores de la generación 30 de la carrera de administración de la UTTec. Finalmente, la tercera parte se refiere al diseño y aplicación del instrumento para evaluar el impacto de las tutorías en la titulación de la generación 30, así como el análisis e interpretación de los datos para entender los resultados.

ALTHUSSER Y LA EVALUACIÓN DE LA EDUCACIÓN COMO REPRODUCTORA DE LA IDEOLOGÍA DOMINANTE.

Nos proponemos enfocar nuestro artículo desde la perspectiva althusseriana pues consideramos que su enfoque teórico nos permite entender a la UTTec (por las características de su modelo educativo) como un ejemplo de la existencia material de un aparato de Estado y, en consecuencia, a las tutorías como un ritual del aparato ideológico educativo, en el que el tutor y el tutorado –entendidos como sujetos- están vinculados por la interpelación. Hemos valorado que, como teoría postmarxista, la propuesta de Althusser nos permite integrar los elementos empíricos relacionados con las tutorías impartidas en la carrera de Administración, ofreciendo una explicación consistente de la ideología que sustenta y reproduce al modo de producción en el que está instalado el modelo educativo de las Universidades Tecnológicas en México.

Si damos por cierto el supuesto de que “para existir, toda formación social, al mismo tiempo que produce y para poder producir, debe reproducir las condiciones de su producción” (Althusser, 1987, p. 8), la pregunta conveniente que a continuación cabe plantear es: ¿cómo se asegura esta reproducción de la calificación de la fuerza de trabajo en el régimen capitalista?

Desde la cultura teórica del estructuralismo podemos responder a este cuestionamiento diciendo que “esta reproducción de la calificación de la fuerza de trabajo tiende (…) a asegurarse no ya ‘en el lugar de trabajo’, sino, cada vez más, fuera de la producción, por medio del sistema educativo capitalista y de otras instancias e instituciones” (Althusser, 1987, p. 13). Lo que quiere decir que es el sistema educativo el que garantiza la continuidad del orden establecido. Bajo este enfoque, podríamos preguntarnos ¿qué se aprende en la escuela? Y podríamos responder: básicamente, habilidades. Sin embargo, no sólo habilidades, “en la escuela se aprenden las ‘reglas’ del buen uso, es decir de las conveniencias que debe observar todo agente de la división del trabajo, según el puesto que está ‘destinado’ a ocupar: reglas de moral y de conciencia cívica y profesional, lo que significa en realidad reglas del respeto a la división social-técnica del trabajo y, en definitiva, reglas del orden establecido por la dominación de clase” (Althusser, 1987, p.14), que para efectos del modelo educativo en el que contextualizamos nuestro objeto de estudio, está representada por los empresarios con los que se vincula la carrera de administración.

En este orden de ideas, diremos que la escuela, en este caso la UTTec, es un aparato del Estado. Lo anterior, por muy anacrónico que resulte a los científicos que se refugian en paradigmas distintos al materialismo histórico, es una afirmación vigente para describir la realidad económica de la primera década del siglo XXI. La UTTec, además, no sólo es un aparato del Estado, es un aparato ideológico de Estado.

Ahora bien, ¿cómo logra el aparato ideológico escolar de la UTTec la reproducción de la ideología, en este caso del sector empresarial, en los Técnicos Superiores Universitarios en Administración? Con el aprendizaje por parte de los alumnos de las habilidades impregnadas de los intereses de los empresarios, pues al impartir los contenidos con los que los egresados desarrollarán las destrezas solicitadas se reproduce gran parte de las relaciones de producción de una formación social empresarial, es decir, las relaciones de empleadores y empleados (en ambas direcciones).

Recapitulemos: el aparato ideológico educativo de la UTTec reproduce la ideología empresarial y laboral en los TSUA a través de la violencia simbólica de un presunto constructivismo y de un proceso de orientación educativa denominado ‘tutoría’, enseñándoles a los estudiantes una serie de habilidades pertinentes (en el sentido de que son oportunas a los intereses de los futuros empleadores), todo lo anterior porque, como dicen Bourdieu y Passeron “el Trabajo Pedagógico por el que se realiza la Acción Pedagógica dominante tiene siempre la función de mantener el orden, o sea, de producir la estructura de las relaciones de fuerza entre los grupos o clases” (1977, p. 248). Entonces, ¿en qué consiste la ideología dominante?

La ideología “es una ‘representación’ de la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia” (Althusser, 1987, p. 52), pero hay que precisar que la ideología no es una relación imaginaria –digamos- directa con la realidad, sino que consiste en una representación que el individuo tiene de su relación con la realidad. Sin embargo, la ideología, si bien se da en la imaginación de los individuos y parece una distorsión de la realidad, tiene una existencia material.

¿Se puede evaluar la reproducción ideológica? Presumiblemente sí, en tanto que la tutoría es una práctica-ritual que los sujetos (tutor-tutorado) concretan dentro del aparato ideológico de Estado para reproducir el modo de producción actual. De ser cierto, ¿tendría algún sentido evaluar si la tutoría impacta sobre los indicadores de eficiencia terminal? Es decir, dentro de esta cultura teórica de la ideología y los aparatos ideológicos del Estado, ¿qué explicación podría ofrecernos el hecho de evaluar el impacto de la tutoría en la eficiencia terminal? ¿Qué nos revelaría la evaluación educativa de las tutorías en relación a la ideología dominante?

La medición “es la asignación de valores a resultados” (Salkind, 2000, p. 112). Desde el punto de vista educativo, la medición es un proceso mediante el cual se determina la cantidad que posee un estudiante de una característica dada.

Cabe, entonces, preguntarse: ¿Puede evaluarse el aprendizaje de las habilidades que la ideología dominante impone? ¿Puede medirse qué tanto influyen las tutorías en la titulación? Y más específicamente: ¿puede evaluarse el impacto que las tutorías tienen sobre la eficiencia terminal?

Al parecer, sí. Valenzuela entiende a “…la evaluación educativa como un proceso y a la vez como un producto, cuya aplicación nos permite estimar el grado en el que un proceso educativo favorece el logro de las metas para las que fue creado” (2006, p. 16). En ese sentido, la evaluación por sí misma es una práctica-ritual (una meta práctica-ritual) que el aparato ideológico educativo mantiene sobre las otras prácticas-rituales para juzgar si los cambios efectuados son deseables, pues su fin parece ser el de proporcionar datos sobre el carácter, el sentido y la medida de los cambios de conducta provocados por los esfuerzos educativos. Es más, la evaluación en la práctica (es decir, al margen de los ideales) es la única manera de saber si ha cambiado la conducta, tanto antes como después de la experiencia de aprendizaje. Lo que implica que la evaluación no se realiza como una abstracción o fuera del resto de las otras prácticas-rituales.

Si bien todo esto es importante, no hay que dejar de considerar que el proceso de evaluación ocurre en un contexto específico y está condicionado por la perspectiva que el evaluador tiene al realizarlo. Tanto el contexto como la perspectiva establecen los fundamentos del marco de referencia en el que la evaluación se efectúa (Valenzuela, 2006, p. 23).

EL SUBSISTEMA DE UNIVERSIDADES TECNOLÓGICAS Y LAS TUTORÍAS DE ANUIES, UNA REFERENCIA DE LOS ESFUERZOS POR COMBATIR LA DESERCIÓN, EL REZAGO Y LA REPROBACIÓN.

El 18 de junio de 1996 la Secretaría de Educación Pública y el Gobierno del Estado de México firmaron un convenio de coordinación para la creación, operación y apoyo financiero de la UTTec; ésta fue concebida bajo el concepto prioritario de la vinculación universidad-sector productivo y social de la región de influencia de Tecámac.

En esa línea de trabajo, la UTTec actualmente ofrece las carreras de Administración, Biotecnología, Comercialización, Electrónica y Automatización, Informática, Mantenimiento Industrial y Procesos de Producción en el nivel 5B de TSU . Su matrícula total ascendió a 2,940 alumnos inscritos de primer a sexto cuatrimestre en el periodo lectivo enero-abril 2010 y, aunque desde el año 2009 alcanzó el nivel 5A con el que ya puede ofrecer el título de Ingeniero , todavía prepara a profesionales que obtienen el título anterior. La UTTec es integrante desde el 26 de febrero de 2008 de la Red de Tutorías de la Región centro-sur de ANUIES , por lo que desde junio de ese año instruyó a un equipo de trabajo de docentes coordinados por el Secretario Académico para planear y operativizar su propio Programa Institucional de Tutorías (PIT).

En las siguientes tablas presentamos los datos institucionales de aprobación, los porcentajes que se obtuvieron en el Examen General de Egreso del TSU (EGETSU) y algunos números relativos a la eficiencia terminal en la UTTec:

En las tablas observamos que durante el año 2009 el promedio institucional de aprobación fue de 73.99%, que los resultados institucionales del año 2008 del EGETSU fueron del 78.11% con un marcado descenso para el 2009 con un 66.01%, y que el promedio de eficiencia terminal de todos los programas educativos de la UTTec de las últimas tres generaciones fue del 36.26%, se hace necesario contar con herramientas que mejoren estos tres indicadores.

Si bien, es evidente que en algunos programas educativos o en ciertas áreas de la Universidad las estrategias dan resultados superiores al 80% cuando aplican asesorías académicas, cuando ofrecen tutorías, al gestionar becas o al proponer mecanismos que incrementen la puntuación en el EGETSU o en la titulación, es necesario contar con un Programa que concentre los esfuerzos de la comunidad universitaria al planificar, organizar y evaluar las alternativas de mejora en el proceso académico. Se considera que el PIT puede ser una herramienta que cumpla con estos elementos.

Una vez que decidimos que el impacto de las tutorías en la titulación de la generación 30 de TSUA sería nuestro objeto de estudio, diseñamos un cuestionario (ver Anexo I) de acuerdo a las recomendaciones de especialistas quienes aseguran que “el contraste de la información sobre el perfil escolar, personal, socioeconómico de cada estudiante, más la información resultante de un proceso sistemático de evaluación, constituyen un elemento recursivo de mejora para la operación de un programa de tutoría y la toma de decisiones” (González, R., Romo, A., 2005, 3). Con eso en mente, la propuesta del instrumento se hizo para identificar las características y construir un perfil de los sujetos tutorados. Nuestra meta es conocer a los y las jóvenes que cumplieron con los roles de estudiante y tutorado en estos dos años. Para lograrlo, aplicamos la encuesta a 41 de los 43 integrantes de la generación 30 entre el 11 y el 29 de enero de 2010, por lo que contamos con un 95.34 % de confiabilidad en la muestra estudiada.

Casi al mismo tiempo, entre el 11 y el 18 de enero de 2010, elaboramos y aplicamos una encuesta (ver Anexo II) para los 22 docentes que, durante el cuatrimestre enero-abril de 2010, son tutores de grupo con el propósito de diseñar el perfil real que los tutores de la carrera tienen. Lo anterior porque

El agente pedagógico que es el profesor, cuando ejerce como tal, es un ser humano que actúa y ese papel no puede entenderse al margen de la condición humana, por muy tecnificado que se quiera sea ese oficio. A través de las acciones que realizan en educación, los profesores se manifiestan y transforman el mundo de lo que acontece. Este principio lo tiene muy bien asimilado el sentido común, pero no ha sido contemplado adecuadamente por los planteamientos cientificistas (Torres, 1999, p. 37).

En ese sentido, en este trabajo de investigación, consideramos el supuesto de que los tutores, antes que ser docentes, son personas y que para entender la manera en que desempeñan sus funciones es importante conocer sus características. Es evidente, además, que –en tanto agentes educativos- los tutores están reproduciendo la ideología empresarial: en clase, estos maestros establecen reglas, prácticas, ejercicios y tareas con las características que, suponen, se exigen en una empresa; y organizan las relaciones del grupo de acuerdo a modelos de la industria mexicana. Por si fuera poco, son los que más directamente influyen en el imaginario de los tutorados al sembrarles las aspiraciones que los empleadores demandan en sus futuros trabajadores. En suma, para volver a hablar con el lenguaje de Althusser, son sujetos tutores.

Las características de los tutorados.

De acuerdo a los resultados de los 41 cuestionarios de la Encuesta para identificar el perfil de los tutorados aplicados a los 43 alumnos correspondientes a la generación 30 de TSUA, ahora podemos resumir que los sujetos tutorados de la generación 30 de TSUA tienen entre 20 y 25 años, son mayormente hombres solteros, con un promedio final en el nivel medio superior entre el 7.0 y el 8.5; que hacen entre media hora y una hora para trasladarse de su residencia hasta la Universidad. Son hijos de familia, la mayoría de ellos se han tomado más de tres años en concluir la carrera de Técnico Superior Universitario en Administración.

Acerca del rendimiento académico, de manera general, podemos resumir lo siguiente de los tutorados de la generación 30: son personas muy saludables, aunque más de la mitad reprobó alguna materia tanto en el nivel medio superior como en la Universidad, a pesar de que la mayoría dice haber contado –en ambos niveles- con un tutor; además, la orientación vocacional que recibieron no parece guardar relación con la elección de Universidad ni de la carrera a cursar. Tres cuartas partes de la generación carecían de experiencias previas que los vincularan con el sector empresarial, el 60% aprobó de manera regular y continuó de manera ininterrumpida sus estudios.

Las características que el análisis de los datos nos está arrojando en relación al perfil que estamos construyendo de los tutorados de la generación 30 de TSUA, indican que entre los factores que podrían afectar negativamente la oportunidad de titularse están el rezago, el hecho de tener que trabajar y estudiar al mismo tiempo, no contar con los hábitos necesarios en relación a una formación integral y la posibilidad de recursar por haber reprobado alguna materia. Entre los factores que podrían estar impactando positivamente el deseo de terminar la carrera y alcanzar el grado están: no contar con la responsabilidad de hacerse cargo de una familia (no estar casados), apreciar el respaldo de los padres, vivir relativamente cerca de la Universidad, haber recibido orientación vocacional y haber contado con el apoyo de un tutor u otro maestro de la Institución. Lo que puede estar detrás de la elección de la carrera a pesar de la falta de vocación, de que permanezcan a pesar de las deficiencias, de que el sujeto se empeñe en recursar y que aspire a titularse y trabajar, debe ser el hecho de que tiene interiorizada la ideología del aparato educativo.

¿Y qué podemos decir de los apoyos económicos que pudieran contribuir en evitar la deserción o el bajo aprovechamiento de los tutorados? Según sus respuestas, mientras cursaron el nivel medio superior el 17.07% de los alumnos entrevistados tuvieron algún tipo de beca; lo que indica que, de alguna manera, el 82.92% pudo solventar sus estudios con ayuda de sus familias; además, los problemas de disciplina en el nivel bachillerato no representaron un problema para ninguno de los encuestados (seguramente han asumido su papel de “buenos” sujetos en la estructura educativa). En cambio, mientras cursaron el nivel superior, el 48.78% de los tutorados de la generación 30 fue becario; es decir, casi la mitad de los integrantes del grupo investigado tuvo el beneficio económico de PRONABES, Bécalos, las becas del Gobierno del Estado de México, de la beca académica por promedio, una exención de pagos de colegiatura o una beca alimenticia en la cafetería universitaria. Lo anterior quiere decir que 20 de 41 tutorados contaba con dinero en efectivo o ahorros por descuentos que apoyaban su economía como para poder continuar en la escuela. Y ninguno propició alguna sanción por indisciplina mientras estudió en la Universidad, lo que refleja la eficacia de la autocensura y la autorregulación, producto de la dominación ideológica.

Las características de los tutores.

A continuación describiremos al segundo sujeto en importancia dentro de las tutorías: al tutor. Esto porque al inicio de su proceso formativo la cantidad de alumnos que ingresaron en mayo de 2008 como parte de la generación 30 conformaron dos grupos. Por cuatro cuatrimestres cada grupo tuvo un tutor diferente hasta que, en quinto cuatrimestre, integraron a los estudiantes en un solo grupo y le asignaron una tutora. Lo que quiere decir que, de los 22 tutores de la carrera, nueve fueron asignados a la generación 30 a lo largo de cinco cuatrimestres, por lo que es conveniente identificar qué características definen a los docentes que son tutores y cuáles de sus particularidades influyen ideológicamente en la tutoría lo suficiente como para que los tutorados se sientan alentados o desmotivados para concluir la carrera y titularse.

De acuerdo con los resultados de la Encuesta para identificar las características de los tutores de la carrera de administración, los 22 docentes que son tutores en el cuatrimestre enero-abril 2010, cuentan con el siguiente perfil:

Son 8 hombres y 14 mujeres cuyo rango promedio de edad está entre los 26 y los 37 años cumplidos. Sólo un 18.18% de los tutores rebasan los 40 años de edad. Como podemos observar, el género de los tutores es principalmente femenino; el 38.46% solteras, el 53.84% casadas y el 7.69% divorciadas, lo que podría indicar no sólo que la mayor parte de los tutores de la carrera de administración es todavía gente joven (lo que puede propiciar que los tutorados se sientan identificados); además, el hecho de que sean principalmente mujeres con al menos un matrimonio puede reflejar que cuentan con la experiencia para manejar adecuadamente a los tutorados o bien que podrían proyectar un instinto maternal hacia los grupos que tienen a cargo. De los tutores con género masculino, la mitad están casados por lo que, muy probablemente, los hombres solteros podrían alcanzar una mayor afinidad con los tutorados, logrando un nivel más alto de integración aunque esto no necesariamente sea mejor que los que están casados y mantienen cierta distancia respecto de sus tutorados. Estar en el rango de edad y en el mismo estado civil implica, en otro sentido, consumir y reproducir el mismo tipo de imaginario social; es decir, puede ser que el tutor –casi en el mismo grado- comparta con el tutorado la ideología de ser emprendedor y, más adelante, parte del sector empresarial.

Uno de los muchos argumentos con los que los docentes disculpamos nuestra insatisfacción al trabajar como tutores es “que no contamos con el perfil o la preparación para ser tutor”. Sin embargo, el 13.63% de los 22 tutores de la carrera de administración tienen una profesión del área de ciencias exactas (ingenierías o matemáticas) mientras que el 86.36% son del área de ciencias sociales y/o económico administrativas. Si bien no todos los docentes cuentan con el privilegio de haber sido formados en áreas humanistas, al menos recibieron una formación que los capacitó para trabajar con otros seres sociales. El grado máximo de estudios del mismo 86.36% de los tutores es de licenciatura o ingeniería, el 13.65% restante tiene maestría (casi todas orientadas hacia administración o educación). Por si fuera poco, los sujetos tutores de la carrera de administración cuentan con suficiente experiencia en el trato con el personal y la atención al público; cualidad que se evidencia en un 81.81% de tutores que trabajaron entre 5 y 30 años en el ejercicio de su profesión (en empresas industriales, de servicios, instituciones de gobierno o despachos particulares). El contraste está en que los tutores con mayor experiencia laboral (entre 20 y 30 años) representan el 9.09% de entrevistados que ahora ejercen la docencia; mientras que el 40.90% de los que respondieron al instrumento, han trabajado menos de 5 años como docente. Así, es de entender que cuanto más joven el tutor más experiencia como docente y menos experiencia en otros sectores laborales; y que cuanto más entrado en años esté el tutor, mayor experiencia laboral pero menos tiempo como docente. Incluso el tutor que menos tiempo tiene de haber egresado de la Universidad donde estudió su carrera (entre 9 y cinco años) tiene experiencia suficiente en otras labores profesionales. ¿Es posible que, precisamente, la experiencia en el ejercicio de su profesión determine en alguna forma el estilo que el docente tiene para desempeñar la tutoría? El 27.27% considera que su profesión es fundamental en sus actividades como tutor; el 59.09% de los que respondieron cree que su profesión es un complemento a su desempeño como tutor; otro 27.27% concluye que su profesión no tiene relación alguna con su labor tutorial. Lo cierto es que aquellos que cuentan con más experiencia laboral reproducen de manera más violenta la ideología empresarial al adoptar un estilo “duro” o estricto como tutor; en tanto que la violencia es más simbólica (sutil pero no menos efectiva) entre los que cuentan con más experiencia como docentes. Además, los profesores con más años de servicio en su profesión se reconocen menos como sujetos tutores pero más como “sujetos de empresa con lo que están demostrando el nivel tan profundo en el que tienen arraigada la ideología del mercado.

En ese sentido, el 86.36% de los 22 tutores del cuatrimestre enero-abril 2010 de la carrera de administración de la UTTec, no tenían conocimiento de que debían desempeñarse como tutores cuando se incorporaron a las labores docentes en la carrera de administración; pese a ello, han cumplido con lo establecido en las actividades tutoriales pues lo consideran parte de su formación y su experiencia laboral. En este mismo orden ideas, el 68.18 % se queja de no haber recibido algún tipo de capacitación cuando comenzó como tutor; el 31.81% declara, en contraste, que sí recibieron capacitación cuando se iniciaron como tutores. El hecho de que algunos tutores no hayan sido capacitados y otros sí, depende en buena medida del año y mes en que fueron contratados y de que hayan sido incluidos en el Programa de Capacitación Anual de la carrera de administración. Paradójicamente, una vez ejerciendo sus funciones como tutores, es decir, en el desarrollo práctico de las tutorías, el 90.90% dice haber recibido algún tipo de capacitación; sólo un 9.09% dice no contar con ningún tipo de instrucción al respecto.

RESULTADOS LA EVALUACIÓN DEL IMPACTO DE LAS TUTORÍAS EN LA TITULACIÓN.

Nuestro instrumento final, entonces, consiste en un conjunto de ítems presentados en forma de afirmaciones o juicios ante los cuales se pide la reacción de los sujetos que la responden (ver ANEXO III). Se presentan 13 afirmaciones y se pide al sujeto que externe su reacción eligiendo uno de los tres puntos de la escala: muy de acuerdo, ni de acuerdo ni en desacuerdo y muy en desacuerdo. Las afirmaciones califican a las tutorías y expresan solo una relación lógica; en este caso hemos decidido darles dos direcciones: favorable o positiva y desfavorable o negativa. Es importante precisar que nuestro instrumento, como toda escala Likert, asume que los ítems o afirmaciones miden la actitud de los sujetos hacia un mismo objeto subyacente: el impacto de las tutorías en su decisión de titularse.

Antes de aplicar nuestra herramienta de evaluación a la población investigada, lo pilotamos en una muestra del 19.04% para comprobar la inteligibilidad, la congruencia y la fiabilidad de las respuestas. Con el pilotaje tuvimos que rediseñar el instrumento, primero para que las instrucciones fueran claras y precisas; segundo, para que la escala se comprendiera y, tercero, eliminamos la penúltima pregunta pues los tutorados que participaron en la prueba de validación la consideraron “básica”, esto es, subjetiva y sin relación con el nivel académico en el que se encuentran.

A la pregunta planteada en la Introducción de este artículo: ¿las tutorías, entendidas como el acompañamiento académico que el tutor de la Carrera de Administración realiza en sus alumnos, influyen en el hecho de que los tutorados concluyan su carrera y se titulen como Técnicos Superiores Universitarios en Administración?, ahora podemos responder de acuerdo a los datos arrojados por el instrumento de evaluación de la siguiente forma:

El 64.10% de los 39 sujetos tutorados a los que se les aplicó el Instrumento para evaluar el impacto de las tutorías en la titulación, afirman que las tutorías les confirmaron la elección de estudiar la carrera de administración. 66.67% dicen que con las tutorías entendieron el campo laboral y, en el mismo porcentaje, dijeron que los tutores les compartieron una clara visión de las opciones de trabajo que como TSUA’s podían alcanzar. Con las tutorías, los estudiantes se sometieron al proceso de educación formal y aprendieron algunas de las formas válidas de su sociedad, además interiorizaron los modelos, sentimientos y valores apropiados al ambiente de trabajo para poder desenvolverse dentro del sector laboral.

En contraste, el mismo 66.67% de los 39 que respondieron piensan que fueron sus cualidades personales –y no la influencia de la tutoría o de los tutores- el principal recurso por el que terminaron la carrera. Este resultado hace evidente que el poder emocional de cualquier experiencia relacionada con el aprendizaje es, al menos, tan importante como el contenido del proceso. En los cuatrimestres que los tutorados de la generación 30 estuvieron en formación, sus sentimientos ayudaron a determinar las creencias y actitudes que condicionaron su conducta a los intereses de los empresarios.

Paradójicamente, el mismo porcentaje de sujetos tutorados dice que su decisión de titularse se vio reforzada por la intervención de los tutores que tuvieron; aunque éstos no se hayan comprometido con aspectos particulares, como la situación socioeconómica o el rendimiento académico, que –se pudiera suponer- son factores por los que los tutorados correrían el riesgo de no acabar. El aprendizaje de las habilidades que se impartían en las tutorías es, hablando pedagógicamente, un proceso de identificación con el tutor que impulsa al tutorado a obrar bien en la tutoría con el fin de agradar al tutor.

Lo anterior quiere decir que la práctica-ritual de las tutorías sí influyó no sólo para confirmar su vocación como administradores de empresas, sino que también les reafirmó sus expectativas laborales; cumpliendo, así, con la reproducción ideológica de los empresarios. Lo cierto es que los sujetos tutorados han interiorizado tanto la ideología que la UTTec replica que consideran que ha sido por ellos mismos, como un acto deliberado de su voluntad (y no como consecuencia de un sometimiento ante los aparatos ideológicos del Estado capitalista) quienes han decidido libremente terminar la carrera y titularse. Esto porque las percepciones personales pueden llegar a convertirse en creencias que determinan la realidad del sujeto, de manera que éste se conduce según lo que cree que es cierto; en otras palabras, las relaciones empleado-empleador son las que interiorizan los tutorados en el modelo educativo de las UT’s cuando eran parte de la relación tutor-tutorado. Lo que puede parecer una cualidad individual, como la perseverancia o la constancia, en realidad es fruto del imaginario sembrado por los directivos, docentes, tutores, la tutoría y la estructura del aparato ideológico educativo. Así, lo que permite que los tutorados permanezcan en la carrera, regresen, recursen o se titulen, no es simplemente su voluntad, sino su voluntad condicionada por el aprendizaje de las habilidades contagiadas de los intereses de los empresarios, pues al recibir los contenidos con los que los egresados desarrollarán las destrezas solicitadas se reproduce gran parte de las relaciones de producción de una formación social empresarial, es decir –como dijimos- las relaciones de empleadores y empleados.

El 51.28% de los integrantes de la generación 30 que participaron en la evaluación de las tutorías no estaban ni a favor ni en contra de mostrar interés en participar en las tutorías. De hecho participaban, pero sin la disposición adecuada. Contrariamente, sólo el 48.72% asistían a la tutoría con la disposición para participar, trabajar o colaborar. En consecuencia, la tutoría cumplía su propósito independientemente de la actitud de los tutorados: desde el punto de vista del Estructuralismo la práctica-ritual de la tutoría puede estudiarse como una manera de socializar, para entrenar personalidades individuales que se adecuen motivacional y técnicamente al desempeño de sus roles de empleados (Victorino, 1999).

Incluso los tutores cumplían con su función dentro de la estructura del aparato ideológico educativo de la UTTec haciendo sentir que se desempeñaban de una forma loable en su labor como lo indica el 76.92% de los sujetos que respondieron que los tutores que tuvieron los animaron a concluir su carrera. En ese mismo sentido, en promedio, el 63.46% de los tutorados que finalizaron la Estadía consideran que su tutor se interesó, estuvo al pendiente, lo canalizó o lo animó a tomar asesorías. Por lo que el tutor, al parecer, cumple “bien” con la función que el aparato ideológico educativo le asigna. Lo que debería ser una señal de advertencia en las conciencias de los tutores para cuestionar el trabajo que están realizando en tanto docentes, pues “el hecho de trabajar en un currículo innovador, no asegura una práctica docente crítica y reflexiva. Es necesaria la constante reflexión del profesor sobre su propia práctica” (Panzsa, 1999, p. 32). Pese a ello, la tutoría no es valorada tan positivamente pues sólo el 58.97% la consideró un servicio valioso de la Carrera. El porcentaje más alto, de 82.05%, corresponde a los tutorados que declaran que la tutoría fue un apoyo para cuando tuvieron dificultades con una asignatura; lo que nos permite inferir que, tal vez, el tutor fue una figura que negoció entre el alumno y el profesor de asignatura los inconvenientes presentados.

En resumen, 60.81% de los sujetos tutorados respondieron que estaban muy de acuerdo en considerar que las tutorías influyeron en el hecho de que decidieran titularse (ver figura 1); 28.21% de los encuestados no tienen una opinión formada al respecto al contestar que no estaban ni de acuerdo ni en desacuerdo. Mientras que el 2.93% afirmó estar muy en desacuerdo con que las tutorías hubieran influido en su titulación.

¿Con estos datos podríamos considerar que la práctica-ritual de la tutoría tuvo casi un 61% de influencia sobre la titulación de los tutorados de la generación 30? Presumiblemente sí, ya que la tutoría permitió transmitir y conservar los valores empresariales en los sujetos que estudiaron en la carrera; la tutoría logró que, los que concluyeron, desempeñaran un tipo específico del rol dentro de la estructura del mercado de trabajo, convirtiéndolos en “buenos trabajadores”: TSUA’s que desempeñen su trabajo honradamente en el nivel al que está destinado su perfil de egreso.

BIBLIOGRAFÍA.

Althusser, L. (1987). Ideología y aparatos ideológicos del Estado. México: Ediciones Quinto Sol.

Babbie, E. (2000) Fundamentos de la investigación social. México: International

BID. Nota política: Un sexenio de oportunidad educativa. México 2007-2012. BID.

Bourdieu, P., Passeron, J. C. (1977) La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. España: Editorial Laia.

CGUT (1988) Una nueva opción educativa para la forma educacional a nivel superior. México: CGUT.

González, R., Romo, A. (2005) El seguimiento y la evaluación en el ejercicio de la tutoría a estudiantes de licenciatura. ¿Una nueva cultura docente? México: Universidad de Colima.

Pansza, M. (1999) Pedagogía y curriculum.

Salkind, N. (2000) Métodos de investigación. México: Prentice Hall. Thomson Editores.

Torres S., J. (1999) Una teoría para la educación. Hacia una investigación educativa crítica. España: Ediciones Morata, S. L.

Valenzuela G., J. R. (2006) Evaluación de Instituciones Educativas, México: Trillas-ITESM.

Victorino R. L. (1999) Enfoques sociales para el estudio de la educación. México: Universidad de Chapingo.

ANEXOS

ANEXO I Encuesta para identificar el perfil de los tutorados.

ANEXO II Encuesta para identificar las características de los tutores

ANEXO III Instrumento para evaluar el impacto de las tutorías en la titulación


 

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