Cuadernos de Educación y Desarrollo

Vol 2, Nº 17 (julio 2010)

LAS COMPETENCIAS DEL TUTOR PARA LA DIRECCIÓN DEL PROCESO PEDAGÓGICO PROFESIONAL EN LA ESPECIALIDAD CONTABILIDAD DE LA EDUCACIÓN TÉCNICA Y PROFESIONAL EN LA ENTIDAD LABORAL
 

María del Carmen Rodríguez Fernández (CV)
Universidad de Ciencias Pedagógicas “Félix Varela” de Villa Clara, Cuba
mariacr@ucp.vc.rimed.cu

 

Resumen:

La figura del tutor es ampliamente reconocida y se asocia a diferentes contextos de actuación en los que prevalece la escuela; no obstante, el tutor de la entidad laboral no es un profesional del sector educacional y por ende se hace indiscutible el valor de su correcta selección. La finalidad de la función de tutoría desde la entidad laboral es contribuir a la formación integral del técnico medio en la especialidad Contabilidad a partir del contenido profesional. Ello encierra un nivel de competencias presentes en este trabajo; un tutor comprometido socialmente y poseedor de una preparación y una ética en relación a su profesión específica está en condiciones de asimilar cambios en su contenido laboral dirigidos a contribuir a la educación del estudiante que le sea asignado. El objetivo del presente trabajo es analizar los rasgos que tipifican al tutor de la entidad laboral como agente educativo mediador en la especialidad Contabilidad de la Educación Técnica Profesional y presentar las competencias que debe desarrollar en un desempeño exitoso, lo que permite arribar a conclusiones relacionadas con su quehacer en la práctica pedagógica al dirigir un proceso pedagógico profesional en la entidad laboral que tribute a beneficios en todas direcciones.

Palabras clave: tutor, competencias, preparación, mediador, escuela politécnica, entidad laboral.

Introducción:

Se ha constituido en una fórmula cubana la preparación de todos para entender los proyectos sociales y actuar a favor de su emprendimiento. Existe plena coincidencia con Nieto Almeida LE (2005) cuando expresa que las políticas educativas al nivel de estado son diseñadas para construir una sociedad más equitativa, democrática y humana, así como con la definición que ofrece en relación al cambio educativo.

Este investigador concibe el cambio educativo como “[…] el proceso de transformación, renovación, actualización, evolución en el proceso educativo (la práctica, la teoría, didáctica y metodología), a partir de las necesidades crecientes de la sociedad y sentidas como tal por la comunidad pedagógica, de las cuales surge el modelo anticipado de lo que se quiere lograr, cómo y con qué lograrlo, con arreglo a los objetivos. Entraña una cierta ruptura creativa con lo que le antecede y de lo cual surge. Parte de un proceso continuo de desarrollo y dimana como solución a un estado de crisis y negación dialéctica de la práctica y la teoría pedagógica. Puede tener un inicio brusco o paulatino, pero siempre abarcará de forma holística y sistémica toda la ciencia pedagógica” 1. Es válido valorar que todo cambio tiene como centro al ser humano que lo lleva adelante y que se autotransforma como parte del propio proceso, lo que en el caso de la inserción laboral en la Educación Técnica y Profesional tiene un alcance que trasciende los límites del sector educacional.

Varios autores, citados por Sobrado Fernández y colaboradores (2005), han abordado definiciones acerca de la tutoría manifestando, como consenso, el conocimiento y la comunicación adecuada con sus tutorados a fin de efectuar una labor psicopedagógica hacia ellos: Marroquín y Villa (1995), Valdivia (1998), Manchen (1999) y Baudrit (2000); otros investigadores se han referido a requisitos de competencias y a la consideración de un proceso holístico: Arnaiz e Isus (1995). Autores como Sobrado y Ocampo (2000) han atribuido importancia a las competencias y a una rigurosa acción orientadora.

Para Collazo Delgado (2005): “La tutoría es el proceso continuo y permanente que se da entre tutor y estudiante con una responsabilidad compartida por ambos, en la cual se debe materializar la función orientadora del rol de Educador Profesional y su apropiación de los referentes de la Orientación Educativa y de las diversas ciencias que le respaldan y cuya expresión se concreta en un Modelo de Tutoría Integral, Educativa Orientadora y Personalizada, que contempla lo académico, lo vocacional-profesional, lo personológico y lo investigativo” 2. En esta definición se expresan valiosos aportes por la importancia concedida a la visión y la misión de esta tarea en relación al papel de la orientación en el proceso, a la atención personalizada y a la postura activa del estudiante tutorado.

Según Marchesi (1986), referenciada por Marín García y colaboradores (2007), se define la tutoría como: “Conjunto de apoyos técnicos, dirigidos tanto a los alumnos como a los agentes educativos. Su objeto es lograr el máximo ajuste entre las potencialidades individuales y las exigencias educativas con el fin de conseguir una mayor formación de los alumnos en su desarrollo personal como en el aprendizaje”3. Esta definición aporta, entre otros, un elemento valioso al referenciar el trabajo entre los agentes educativos que comparten la incidencia en la formación integral del tutorado.

En ello se requiere de una formación profesional caracterizada por la interacción con el ambiente de trabajo; en ello resultan importantes la calificación y el desempeño, los conocimientos y el nivel de responsabilidad para lograr un desenvolvimiento exitoso en el desarrollo de las funciones a desarrollar. Se requiere entonces de un tutor con competencias que le permitan llevar a cabo sus funciones.

Desarrollo:

En la Educación Técnica y Profesional estas consideraciones tienen un matiz especial de acuerdo a las características que la inserción laboral del estudiante imprime a la labor del tutor perteneciente a entidades laborales. En tal sentido, a juicio de la autora, los rasgos esenciales de la tutoría se centran en el papel directivo del tutor durante el proceso pedagógico profesional en la entidad laboral como prolongación de la escuela, participación integrada tutor-tutorado, papel activo del estudiante tutorado con responsabilidad compartida en su aprendizaje, carácter orientado hacia un fin como resultado de objetivos conscientemente establecidos, enfoque personalizado, enfoque desarrollador a partir de las necesidades determinadas y las exigencias educativas.

Es el tutor un agente de la educación, “término genérico que designa a las personas que intervienen directa o indirectamente en el proceso educativo […] que operan como agentes de cambio en la educación” 4. En la Educación Técnica y Profesional se comprende al tutor como agente educativo mediador:

 Entre el estudiante y el contexto socio-histórico que incluye sus relaciones laborales con los especialistas en cada una de las funciones por las que transita durante su Práctica Laboral y/o Pre-profesional, con el colectivo laboral en general y las actividades que se desarrollan y de las que es partícipe, así como con el docente que controla y evalúa el proceso.

 Entre el estudiante y el contenido profesional que incluye la cultura, la experiencia en una profesión, normas, principios, ética profesional, procedimientos, habilidades a desarrollar, juicios valorativos que comprende, así como los medios de trabajo que integran la documentación oficial contable de manera que cobre significado y coadyuve al desarrollo de intereses profesionales.

 Entre el docente y los especialistas de los diferentes departamentos y colectivo en general, dado su carácter directivo e integrador en las acciones educativas y en las actividades profesionales que se orientan, así como en la concreción de un criterio evaluativo justo.

 En las reconstrucciones subjetivas del estudiante dado el vínculo que éste construye entre lo cognitivo y lo afectivo en su autorregulación.

Ello es expresión de un aprendizaje históricamente condicionado basado en la apropiación de la cultura de una profesión determinada que es trasmitida de una generación a otra, donde el estudiante entra en contacto con la experiencia que le antecede y se apropia de ella. Mediante dos categorías fundamentales (la actividad y la comunicación) se establecen las relaciones interpersonales que intervienen en el proceso pedagógico profesional. La esencia humana de personalidad se alcanza a través de la actividad que el individuo establece en la realidad con otros hombres y a través de los procesos comunicativos que le son inseparables e inherentes.

El tutor debe estar preparado para lograr en el estudiante la adquisición de un dominio profesional gradual, el dominio de los conceptos y conocimientos precedentes para su utilización y enriquecimiento en la práctica, el desarrollo de hábitos y habilidades, la asimilación de modos de actuación propios con un carácter intelectual y emocional donde se implique la personalidad como un todo en un proceso cognitivo que promueva la formación de sentimientos, motivaciones, valores y convicciones todo lo cual conduce a niveles de desarrollo que, a su vez, facilitan la adquisición de nuevos aprendizajes y garantizan un verdadero acto volitivo, autorregulado.

En este sentido el grupo y en particular el grupo laboral al frente del cual se encuentra el tutor, como componente esencial del entorno social en la entidad laboral, forma parte intrínseca del proceso pedagógico profesional y se constituye en agente mediador y socializador entre el estudiante y la cultura que debe ser interiorizada, ya que el aprendizaje del estudiante es resultante de la interacción que se establece, siguiendo el camino que transita de lo externo, social e intersubjetivo hacia lo interno, individual e intrasubjetivo.

El desarrollo del estudiante se promueve en la medida en que se potencie la apropiación del conocimiento, teniendo en cuenta la correcta orientación, la estimulación sobre la base de los niveles alcanzados y el establecimiento de metas que amplíen progresivamente la zona de desarrollo potencial en la propia dinámica de la actividad en la que debe manifestar el desarrollo de competencias y las necesidades de aprendizaje para lograrlas, lo que se constituye en el problema a resolver y que orienta hacia los objetivos a lograr en la actividad práctica.

El contenido así determinado debe corresponderse con el perfil ocupacional y los planes de rotación por puestos de trabajo donde se proyectan los restantes componentes del proceso pedagógico profesional (métodos, medios, formas de organización y evaluación) que tiene lugar en la entidad laboral. Entonces es válido señalar una premisa ancestralmente reconocida: “[…] el camino más corto al desarrollo es la educación y el camino más corto a la educación es educar al educador” 5. En este modelo teórico el tutor deviene mediador de las influencias sociales debiendo lograr su autotransformación para que sea capaz de aprender a aprender y a enseñar creativamente lo que motiva la necesidad de identificar y analizar aquellas competencias relacionadas a la labor de tutoría en ese contexto.

Tan variadas son las definiciones acerca de las competencias, como los expertos que las expresan (investigadores individuales, instituciones de formación profesional, organismos internacionales, disposiciones legales). Una aproximación generalmente aceptada la identifica como atributo personal que permite demostrar éxito en la ejecución del trabajo. Entre ellos, y de manera resumida, se seleccionan aquellos expertos referenciados por Vargas Zúñiga (2004) y los elementos que distinguen esta óptica:

Así se aprecia en Bunk (1994) que aborda la autonomía y la flexibilidad para colaborar en el entorno; Ducci (1997) se refiere a la obtención de la competencia, no sólo mediante la instrucción sino en gran medida mediante el aprendizaje por experiencia en situaciones concretas de trabajo con lo que coincide, hasta cierto punto, con Gallart MA y Jacinto C (1997) cuando refieren que las competencias no provienen de la aplicación de un currículum sino de un ejercicio de aplicación de conocimientos en circunstancias críticas; Agudelo (1998) la expresa como capacidad integral que tiene una persona para desempeñarse eficazmente en situaciones específicas de trabajo; Prego (1998), quien tiene puntos de contacto con Bunk, se refiere también a la importancia de la flexibilidad y capacidad de adaptación por encima del conocimiento o la experiencia concreta; en este orden, Zarifian (2001) concede importancia a la capacidad de tomar iniciativas y responsabilizarse por ellas.

Otros investigadores, también citados por Vargas Zúñiga (2004) tales como: Gonzci A y Athanasou J (1996) consideran que hay que tener en cuenta un enfoque holístico en la medida en que integra y relaciona atributos y tareas e incorpora la ética y los valores como elementos del desempeño competente; Le Boterf (1998) incorpora a la construcción de competencias, elementos tales como la combinación de los recursos del ambiente (relaciones, documentos, informaciones y otros); por su parte Kochanski (1998) establece la competencia como medida que distingue a un trabajador, sobre la base del rendimiento, en comparación con otro en una misma categoría laboral; Miranda (2003) plantea que las competencias se describen agrupando las tareas productivas en áreas de competencia (funciones más o menos permanentes), especificando para cada una de las tareas los criterios de realización a través de los cuales se puede evaluar su ejecución como competente.

Desde la perspectiva asociada a las instituciones de formación profesional en América Latina, el denominador común se relaciona con la movilización de conocimientos para dominar situaciones concretas de trabajo. Reconocen, además, la existencia de competencias básicas que envuelven los fundamentos técnicos y científicos; competencias específicas que engloban capacidades técnicas, las cuales permiten operar objetos y variables que inciden en la generación del producto y, competencias de gestión, un conjunto de capacidades organizativas, metodológicas y sociales, referentes a la calidad y la organización del trabajo, las relaciones en éste y la respuesta ante situaciones nuevas e imprevistas.

En síntesis, se considera la competencia como el desempeño eficaz en situaciones laborales específicas, en que se puede resolver en forma autónoma y flexible los problemas que se presenten en el ejercicio de determinadas funciones y se esté capacitado para colaborar en su entorno profesional y en la organización de su trabajo.

En palabras de Agudelo Mejía (2002): “Quien así se comporta tiene competencia técnica, por cuanto domina las tareas y contenidos de su ámbito de trabajo, y posee los conocimientos y habilidades para desempeñarlo con eficiencia; competencia metodológica, al saber aplicar el procedimiento adecuado a las tareas que le corresponde desempeñar y a las irregularidades que se presenten, que encuentra de manera independiente vías de solución a los problemas y está en capacidad de transferir sus experiencias a otras situaciones laborales; competencia social, porque colabora con otras personas de manera constructiva, y muestra un comportamiento orientado al grupo y al entendimiento interpersonal; y competencia participativa al estar dispuesto a intervenir en la organización de su puesto de trabajo y de su entorno, siendo capaz, además, de organizar y decidir, y aceptar responsabilidades”6.

Esta reflexión del citado autor encierra una significativa importancia en función de la investigación sobre las competencias a que se aspira para el desempeño del tutor en la entidad laboral. De tal forma se reconoce, en primer lugar, los elementos cognitivos que debe poseer el tutor en relación a la política educacional en general y acerca de la Educación Técnica y Profesional en particular, como vía para la comprensión de su rol mediador, lo que debe acompañar los conocimientos técnicos que ya posee y aquellos que se precisan en el orden pedagógico para organizar su influencia educativa hacia un entorno integrado por estudiantes, familia, docentes y colectivo laboral, a fin de aplicar sus conocimientos en el proceso pedagógico profesional que dirige.

En tal sentido, más que definir mecánicamente un listado de tareas para arribar a la identificación de la calificación que requiere el tutor, resulta válido basarse en los objetivos o resultados deseados que derivan en funciones y éstas, a su vez, en los conocimientos, habilidades y destrezas requeridas.

Una aproximación al enfoque de la competencia laboral, la constituye distinguir convenientemente las diferentes fases de su aplicación que son descritas por Irigoin M y Vargas F (2002) como: la identificación de competencias, la normalización de competencias, la formación basada en competencias y la certificación de competencias.

La identificación de competencias es el “proceso utilizado para establecer, a partir de una actividad de trabajo, las competencias que se movilizan con el fin de desempeñar la actividad satisfactoriamente, sobre la base de la realidad del trabajo, lo que conlleva a que se facilite la participación y el análisis reflexivo de las distintas figuras implicadas en el proceso laboral” 7. En función de ello deben ser consideradas, a los fines de la investigación que se efectúa, las reflexiones a aportar por subdirectores de enseñanza práctica y docentes de experiencia del área técnica fundamentalmente.

Existen diferentes metodologías para la identificación de competencias. En sus estudios, Vargas Zúñiga (2004) refiere que el análisis funcional es “[…] un enfoque de trabajo para acercarse a las competencias requeridas mediante una estrategia deductiva. Se inicia estableciendo el propósito principal de la función productiva o de servicios bajo análisis y se pregunta sucesivamente qué funciones hay que llevar a cabo para permitir que la función precedente se logre” 8. Ello permite partir del objetivo principal a alcanzar y desagregarlo relacionándolo con puntos de vista del problema que se ha determinado por lo que es válido para indagar en las vías para lograr resultados en los cuales se centra.

Constituye un proceso de desagregación que avanza de lo general a lo particular, siguiendo una lógica de causa-efecto. Su mapa funcional, como representación gráfica de los resultados del análisis, no describe procesos de trabajo sino funciones a realizar para lograr el objetivo clave. Esta peculiaridad hace válido el enfoque descrito para la determinación de las funciones a desarrollar por el tutor pues resulta necesario identificar los resultados necesarios para lograr el objetivo clave.

El objetivo clave de la función de tutoría desde la entidad laboral es contribuir a la formación integral del técnico medio en la especialidad Contabilidad a partir del contenido profesional.

Para el cumplimiento de sus funciones, el tutor precisa de una preparación teórica que le permita una actuación eficiente en la dirección del proceso pedagógico profesional que tiene lugar en la entidad laboral.

Se comprende, dentro de su preparación teórica:

1- Conocimientos sobre los fundamentos teóricos relacionados con la inserción del estudiante en la entidad laboral.

 Conocimientos sobre el principio básico de estudio y trabajo, su importancia y aplicación en la Educación Técnica y Profesional en función del desarrollo profesional y en valores del estudiante.

 Dominio del contenido de las disposiciones normativas que regulan la inserción del estudiante en la entidad laboral de manera que se conciba ésta como prolongación del enfoque pedagógico del politécnico y le permitan comprender sus funciones como tutor.

2- Conocimientos sobre el contenido del perfil de la especialidad y las habilidades a desarrollar por el estudiante en la entidad laboral.

 Dominio de las tareas a desarrollar por el estudiante en la entidad laboral según el perfil de la especialidad.

 Dominio de los objetivos concretados en los programas de las asignaturas técnicas y las habilidades a desarrollar por año en la Práctica Laboral y la Práctica Pre-profesional para integrar los componentes académico, investigativo y laboral.

3- Dominio del diagnóstico pedagógico integral del estudiante.

 Dominio del diagnóstico del estudiante como punto de partida para la orientación y control del trabajo a realizar.

 Dominio de las funciones del diagnóstico para desarrollar una atención personalizada al estudiante.

En su aplicación a la práctica pedagógica deberá ser competente en función de:

1- La orientación al estudiante del trabajo a realizar.

 Ofrece niveles de ayuda para la comprensión por parte del estudiante del trabajo a realizar.

 Propicia que el estudiante comprenda el valor que profesionalmente tiene el contenido del trabajo orientado.

 Aprovecha las potencialidades que proporciona el contenido de trabajo y el propio entorno laboral en función del desarrollo de valores y de la ética inherente al profesional de la Contabilidad.

 Establece relaciones entre el trabajo contable a desarrollar y el necesario control de los recursos en la prevención de errores, fraudes e ilegalidades.

2- El control y evaluación del desarrollo profesional y laboral del estudiante.

 Realiza seguimiento al diagnóstico integral del estado del aprendizaje y las tendencias del desarrollo de la personalidad del estudiante.

 Utiliza la evaluación para la medición del proceso y sus resultados considerando la estructura de la habilidad a desarrollar.

 Ajusta el ritmo de aprendizaje según su grado de avance en el desarrollo de las habilidades.

 Analiza con el estudiante la calidad del trabajo realizado y el resultado de los indicadores establecidos.

 Propicia el desarrollo de juicios de valor ante situaciones políticas actuales, laborales y/o profesionales.

3- El establecimiento de relaciones asertivas y de colaboración en el contexto educativo.

 Establece una comunicación mediante un lenguaje adecuado y basada en el respeto mutuo y la comprensión en el contexto educativo (colectivo laboral, personal docente, comunidad, estudiante y su familia).

 Coordina con el personal docente y los especialistas responsabilizados en cada uno de los subsistemas contables la organización, ejecución, control y evaluación del desempeño del estudiante en la entidad laboral.

 Realiza intercambios en el contexto educativo acerca de las características y desarrollo del estudiante.

 Proyecta acciones que facilitan la labor educativa hacia el estudiante, tanto preventiva como correctiva, a partir de las potencialidades que ofrece el entorno laboral.

 Orienta acciones dirigidas a desarrollar en el estudiante la solidaridad y la cooperación en el colectivo laboral.

Conclusiones:

 Como agentes educativos mediadores no profesionales de la educación, los tutores requieren de un proceso de capacitación conducente al desarrollo de competencias cognitivas que les permita asumir la práctica pedagógica en las entidades laborales.

 Los aspectos teóricos y metodológicos abordados orientan cómo se lleva a efecto el diseño y desarrollo de las competencias del tutor en el proceso de inserción de los estudiantes de la especialidad Contabilidad en las entidades laborales.

Referencias Bibliográficas:

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3. Marín García RW, Vázquez Pérez JA, Rodríguez Gómez M, Guirola Salazar RA, Consuegra Pino Y. El tutor en la universalización de la Tecnología de la Salud en Villa Clara. Actas del III encuentro teórico Universalización y Sociedad; 2007 Dic 20-22; Santa Clara (Villa Clara), Cuba. [CD-ROM] Santa Clara: Feijóo; 2007.

4. Añorga Morales J, Robau Shelton DR, Magaz Cáceres G, Caballero Cárdenas E, Del Toro González AJ. Glosario de términos. Educación avanzada. Ciudad de La Habana: CENESEDA; 1995. p. 1-31.

5. Fajardo Abril H. Formación profesional, desarrollo y empleo en América Latina. El papel de la cooperación internacional. En: Boletín Técnico Interamericano de Formación Profesional Número 144. Los sindicatos y la formación. Montevideo: Cinterfor/OIT; 1998. p. 109-19.

6. Agudelo Mejía S. Formación y Certificación. En: Alianzas entre formación y competencia. Montevideo: CINTERFOR/OIT; 2002. p. 15-48.

7. Irigoin M, Vargas F. Identificación y normalización de competencias. En: Competencia laboral: manual de conceptos, métodos y aplicaciones en el sector salud. 1a ed. Montevideo: CINTERFOR/OPS; 2002. p. 77-134.

8. Vargas Zúñiga F. Identificación de competencias. En: 40 preguntas sobre competencia laboral. Montevideo: CINTERFOR; 2004. p. 35-62.

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