Cuadernos de Educación y Desarrollo

Vol 2, Nº 15 (mayo 2010)

TAREAS EMERGENTES DE LA ENSEÑANZA DEL DERECHO Y DE LA SOCIOLOGÍA JURÍDICA EN LA CONCEPCIÓN Y FORMACIÓN DEL CIUDADANO CUBANO ACTUAL


 

Dager Aguilar Avilés (CV)
Universidad de la Habana, Cuba
dager@lex.uh.cu 

 

Resumen: La concepción acerca de la Formación Ciudadana en Cuba exige de los agentes educativos y en especial del maestro o profesor de sociología jurídica o cualquier rama jurídica, un desarrollo profesional en correspondencia con las características de este proceso, lo que ha constituido históricamente una idea rectora en el pensamiento pedagógico universal y cubano, manifestándose de forma peculiar en la Historia de la formación de maestros en Cuba. Las necesidades actuales de la realidad cubana así lo ameritan. Como debe establecerse esta relación desde la ensenanza del derecho y la Sociología jurídica y consecuentemente sus beneficios para nuestra sociedad son objetivos de análisis en el presente artículo.

Palabras claves: ciudadano, ensenanza, sociología jurídica, pensamiento universal,educación, formación ciudadana

La Formación Ciudadana de los individuos ha constituido históricamente una premisa para el normal desenvolvimiento de la sociedad, sobre todo, desde el momento del surgimiento de las clases y el estado, como una necesidad de regulación de las relaciones entre los individuos y el Estado en el marco de los distintos sistemas "democráticos".

Según lo expresado por el Dr. C Antonio Sáez Palmero (2001), "La educación del ciudadano ha sido objeto de las más diversas interpretaciones a lo largo de la historia de la civilización, y ello ha dependido del prisma filosófico a través del cual se ha visto, pero no siempre se ha tenido en cuenta un enfoque objetivo, consecuente, que tome como punto de partida el análisis de las condiciones que ofrece la sociedad para el progreso del individuo, el grado de desarrollo de la conciencia y la actividad".(21) Estas consideraciones obligan a profundizar en las distintos niveles de análisis del concepto de ciudadano, las dimensiones que tipifican el proceso de su formación, así como en el proceso histórico de desarrollo de estas concepciones en correspondencia con el tipo de socialidad reflejada en cada etapa del desarrollo social. De acuerdo con la opinión del Dr.C Miguel Limias David (2003), para analizar una concepción de ciudadano y de su formación, es necesario tener en cuenta 3 aspectos esenciales:

- Las características esenciales de la relación individuo- sociedad e individuo- estado en cada sociedad (el tipo de socialidad que la caracteriza), lo que se expresa en la especificidad de la participación de los sujetos en la vida pública.

- La especificidad del poder público, lo que se expresa en los fundamentos sociales, el programa ideológico - cultural en que se inspira, los valores que promueve y defiende, así como el contexto interno y externo en que se desenvuelve.

- Las cualidades concretas, condicionadas y estructuradas históricamente, de los sujetos en la participación política.(22)

Desde esta perspectiva un análisis histórico de la concepción sobre la Formación Ciudadana obliga a precisar tres momentos históricos fundamentales que caracterizan el pensamiento social universal acerca de este problema:

__ El pensamiento Antiguo de las civilizaciones Griega y Romana.

__ El pensamiento de la Edad Media.

__ El pensamiento liberal -burgués.

El análisis de cada uno de estos momentos, en correspondencia con los factores socioeconómicos y políticos que lo condicionaron posibilita la comprensión de la naturaleza y rasgos esenciales del concepto de ciudadano y de su formación en el contexto de la profesionalización del profesor jurídico.

La comprensión de la educación del hombre como ciudadano tiene como premisa el surgimiento y desarrollo de las ciudades, un hito de los más trascendentales en el proceso civilizatorio mundial. La nueva organización social es fruto del perfeccionamiento alcanzado por las fuerzas productivas, que trajo consigo la aparición de la propiedad privada sobre los medios de producción, e hizo más específica la división social del trabajo y de los instrumentos de producción, factores determinantes en la polarización de la población en castas, estamentos y clases sociales.( Palmero, S. A. 2001)

Tales condiciones determinaron la organización política de estas comunidades humanas, la división de sus habitantes en gobernantes y gobernados, y el establecimiento de determinados derechos y deberes políticos de acuerdo a la posición económica que ocuparan en la ciudad. Así el concepto literal que se tenía del ciudadano como habitante de la ciudad evolucionó hasta adquirir un rango desempeño de las tareas sociales correspondientes con su status, de esta forma aparece ya en los albores de la civilización la necesidad de pertrechar a los poseedores de esta distinción de conocimientos útiles para su rango social.

Las condiciones socioeconómicas y políticas desarrolladas en esta época, matizaron de manera particular las relaciones individuo- sociedad, individuo- estado, surgiendo un tipo de socialidad caracterizada por relaciones de dependencia personal lo que se reflejaba en el pensamiento filosófico, político, jurídico y ético de la época, así como en las concepciones educativas.

De los pensadores prominentes de ese período histórico es Aristóteles (384-322) quien descuella como el más grande de los filósofos de la Antigüedad. En la especulación filosófica aristotélica la ciudad es una "comunidad política" a la cual se subordinan los ciudadanos, y en ella el rasgo distintivo es la convivencia social, el respeto individual y colectivo de las normas y costumbres establecidas, de ahí que el concepto de ciudadano nace vinculado a la preparación del individuo para establecer relaciones armoniosas con el estado y la sociedad a partir del conocimiento de las normas y leyes que regulan esta relación. Desde Aristóteles se conoce que ciudadano es aquel que participa del ejercicio del poder público, idea reforzada por Cicerón al caracterizar al poder político como "res pública" o "cosa pública.

Expresa Aristóteles en su obra La Política :

"...es ciudadano, el individuo que puede tener en la Asamblea Pública y en el Tribunal, voz delirante" (23)

Es importante destacar, que en su concepción los esclavos y los artesanos deben dedicarse al trabajo manual y por eso son excluidos de la ciudadanía al no portar la virtud cívica necesaria, además en esta época los ciudadanos representaban aproximadamente la quinta parte de la población. No obstante este enfoque elitista y clasista, en la antigüedad el concepto de ciudadano supone el compromiso y la

Inmersión en todos los problemas públicos de la sociedad.

En opinión del Dr. Julio Fernández Bulté - " Los griegos educaban a sus ciudadanos muy cuidadosamente con aquellos esfuerzos que llamaban la paidea y ¡A qué aspiraban con la paidea? A mantener la árete, es decir aquel sentido de alcurnia y de nobleza,... todo eso se educaba...(24). Con la entrada de la humanidad a la Edad Media se produce un rompimiento con todo lo progresivo que fue capaz de expresar el pensamiento científico - natural y social de la Antigüedad. En las nuevas condiciones el optimismo y el entusiasmo por la cultura que prevaleció en los antiguos perdieron sentido, en lugar del valor de lo humano se estableció el monopolio de la vida espiritual de los hombres por la Teología.

Dadas estas circunstancias el contenido de la educación estaba penetrado de los preceptos religiosos con su mensaje de obediencia a la clase dominante (los señores feudales y el clero), la exhortación a la abstinencia, al ascetismo y a la mortificación de la carne para la salvación del alma en la vida de ultratumba, por ende la participación de las personas comunes en la vida política pública quedó al margen de las concepciones educativas vigentes, lo cual era coherente con los fundamentos jurídicos de la estructura de poder que partía de la inamovilidad del sistema feudal e inculcaba a las personas la obediencia ciega, atribuyendo un valor determinante al principio del poder emanado por el Estado y representado por el príncipe o rey, portador absoluto del Derecho Divino en la tierra .

Durante la Edad Media, los derechos del ciudadano pierden su carácter cívico y político, asociándose a elucubraciones teológicas. Con San Agustín se engendra la idea del cristiano como ciudadano perfecto, ajena al ideal configurado en Grecia, por esto la noción del ciudadano participativo e igual es rechazada a favor de la pasividad del creyente. Como se observa todos los espacios sociales resultan reducidos a la esfera de las relaciones éticas disueltas en la fe.

A partir del siglo XII cuando - con el desarrollo de las ciudades y del comercio, comienza a surgir un nuevo tipo de socialidad, donde la servidumbre y las relaciones de vasallaje, fundadas en los vínculos de dependencia personal se fueron descomponiendo, como resultado de la aparición de nuevas formas de posesión territorial, de producción y circulación de la riqueza, condicionados por la nueva división social del trabajo- se abre paso paulatinamente una nueva forma de socialidad basada en el vínculo del individuo a las cosas, a los objetos, en calidad de mercancías.

El proceso de descomposición de la Edad Media, unido al surgimiento de condiciones socioeconómicas, políticas y espirituales reflejados en los ideales y valores proclamados por las Revoluciones Burguesas despertaron el interés por la Formación Ciudadana. Es importante destacar como las condiciones socioeconómicas y políticas de la sociedad exigían la existencia de un individuo libre jurídicamente que apareciera en el mercado del trabajo libre de las trabas feudales y en capacidad de convertirse en mercancía, esta necesidad se reflejó en los ideales políticos y jurídicos que sirvieron de base a las primeras declaraciones que refrendaban los derechos de 1os individuos ante la sociedad.

Los precursores de las Revoluciones Burguesas de estos siglos, hablan de los derechos humanos, del ejercicio de la ciudadanía con un sentido universal. La Declaración de Derechos del Hombre (25), reivindica la dignidad humana y urge al ciudadano en la participación de la vida pública y en la solución de los problemas del gobierno, razón por la cual se hace necesaria una preparación amplia y eficiente que debe realizar principalmente la escuela.

Coincidimos con lo expresado por el Dr. Antonio Sáez cuando señala que- "...Estos valores son los pilares de una nueva concepción educativa, que además de la atención que brindó al conocimiento del mundo natural, incorporó los conocimientos que la nueva clase consideró como vitales para el hombre dada su condición de miembro de una determinada sociedad política, e integrante a su vez de la sociedad civil, situación que trajo consigo una mayor influencia de las teorías políticas, éticas, jurídicas y sociológicas en la educación, y la conformación de un sistema de conocimientos encargados de ofrecer información sobre las instituciones políticas y sociales, sin los cuales los ciudadanos no estarían en condiciones de desempeñar sus funciones." (26)

Los grandes progresos del hombre, sobre todo, del pensar filosófico, en los problemas esenciales de la vida y el conocimiento humano pasaron a ocupar un primer plano.

El pensamiento filosófico, político y jurídico de John Locke, Voltaire y Montesquie, constituyen hitos esenciales en la conformación de la concepción liberal burguesa acerca del ciudadano y de su formación, la cual tiene en Juan Jacobo Rosseau, su remate y máxima expresión de la tendencia progresista del pensamiento social burgués. Para el filósofo francés todo orden social debe fundarse en convenciones, y las relaciones estamentales derivadas del régimen feudal imposibilitaban la realización de tales acuerdos entre los hombres, de ahí su convicción de que la República Burguesa era el único régimen político donde el hombre estaba en condiciones de materializarlos. El Estado burgués es, según su prédica, un Estado de derecho, y es allí donde los hombres disfrutarían de las libertades civiles y la igualdad de los hombres independientemente de su nacimiento.ii ( Sáez Palmero, A. 2001)

En ese escenario ideal analiza la gestión política de los "ciudadanos como partícipes de la autoridad soberana," (Rousseau, 1973, p. 613) precisando el sentido que da al vocablo ciudadano, cuyo significado se había perdido y tendía a crear confusión, por lo que era necesario distinguir al habitante de la ciudad, del ciudadano, pues éste último es portador de los derechos políticos que emanan de la autoridad legítima del contrato social, gracias a lo cual el individuo participa de la autoridad soberana (el Estado), del cual es coautor de las leyes. De este modo, cada ciudadano se relaciona como miembro del poder soberano con los particulares, y como particular con el poder soberano. En ese rejuego dialéctico que propone están contenidas las bases formales de la democracia burguesa moderna.

La teoría política roussionana está construida en oposición al individualismo postulado por Locke, pues propone una utopía social basada en la solidaridad y la cooperación, por lo que el filósofo restablece el enlace con el pensamiento griego antiguo, sobre todo por el énfasis que realiza sobre el asunto de la participación política y la virtud cívica como rasgos esenciales del ciudadano, insistiendo en que solo dentro de la comunidad es donde puede existir la moralidad, para él la categoría moral más importante es la de ciudadano. El pensamiento de Rousseau rompe en cierta medida con la tendencia liberal burgués clásica en cuanto a la concepción del ciudadano, constituyendo una de las premisas para el surgimiento de la doctrina democrática revolucionaria y marxista, sin embargo se queda limitado en el reflejo cabal de las relaciones individuo- sociedad en las distintas épocas históricas.

Para responder a las nuevas exigencias, durante la época moderna, se estrecharon los vínculos de la Pedagogía con otras Ciencias Sociales, especialmente con la Psicología, la Sociología y el Derecho, enriqueciéndose la concepción de ciudadano heredada desde la antigüedad y sobre todo los fundamentos científicos de su formación. Sin embargo la concepción liberal burguesa del ciudadano no pudo rebasar su enfoque clasista por lo que se define al ciudadano como individualidad frente al estado, frente a la sociedad, De acuerdo con los preceptos jurídicos y morales de la sociedad burguesa los hombres están todos situados a un mismo nivel de igualdad, obviando los factores que condicionan la situación real de los mismos en dicha sociedad, a diferencia de las sociedades anteriores- donde el problema de los derechos, la libertad y la dignidad humana tenían que plantearse como la libertad del esclavista o del señor feudal, pues solo se reconocían formalmente dignidad a determinadas funciones sociales, ciertos títulos o calidad de individuos- , con el capitalismo aparece el individuo como tal, lo que permite establecer la dignidad del hombre en general. En las distintas variantes históricas del tipo de socialidad precedente el problema no podía plantearse entonces en una dimensión humana universal.

Esta concepción fue duramente criticada y superada por el marxismo, quien ubica al hombre en su contexto histórico y como resultado de las relaciones sociales. Marx pone al descubierto la inconsistencia de la concepción liberal burguesa al proclamar "Libertad, Igualdad y Fraternidad" para todos en abstracto y defender a toda costa el individualismo burgués, en las condiciones económicas y sociales que brinda dicho sistema para el progreso del individuo y para su actividad social.

Según Sáez Palmero (2001(27), el fundador del Marxismo demuestra que tanto la concepción que se tiene del ciudadano y del hombre constituyen abstracciones perjudiciales para el desenvolvimiento del hombre- ciudadano en la sociedad enajenándolo de la situación real en que vive. Cuando en el Capitalismo se habla del ciudadano, que es la primera abstracción, no se tienen en cuenta las formas concretas de los diversos tipos de vida real de los hombres particulares y de su actividad, por lo que no va más allá de una caracterización general y formal para todos que no permite a ninguno reconocer en la categoría de ciudadano su propia vida concreta. La segunda abstracción se produce en la esfera de las necesidades personales y aspiraciones que en esa sociedad adquieren un sello egoísta. La vida familiar o personal está aislada de la vida concreta, diaria, real del trabajo y de la actividad social, porque se considera como algo "general humano" y no vinculado a una forma material determinada de existencia.

La etapa actual de desarrollo de la sociedad en distintos países del mundo exigen una reflexión profunda acerca de la especificidad, concepción y direcciones principales de la Formación Ciudadana, como condición indispensable para el desarrollo de la sociedad, a partir de la búsqueda de fundamentos teóricos legados por el pensamiento social anterior que orientan en la solución de los problemas que hoy se le plantean a la sociedad y al ciudadano.

Según el estudio «Contenidos asociados al concepto de ciudadanía en el marco de las políticas educativas», que fue realizado -gracias al Programa de becas CLACSO-ASDI para investigadores por Gabriela Fernández en el 2001(28), en los años setenta y ochenta se inició un debate de carácter filosófico sobre la naturaleza del individuo y sobre sus derechos en relación con el Estado, la comunidad y la cultura, la cuestión de la ética y los fundamentos de la filosofía política. Los protagonistas de este debate fueron, por una parte los liberales, encabezados por Rawls, Dworkin y Gauthier, y, por otra, los comunistaristas, como Arendt, Walzer, Taylor y Sandel. El debate, desarrollado en Norteamérica y Europa, tuvo dos esferas: la metodológica y la normativa

Sobre la concepción de individuo y de comunidad.

Tanto la teoría comunistarista como la individualista propia de los liberales tienen una imagen del individuo. Los comunitaristas sostienen que los vínculos sociales determinan a las personas, y que la única forma de entender la conducta humana es referirla a sus contextos sociales, culturales e históricos. Los individualistas, por su parte, plantean que la comunidad se constituye a partir de la cooperación para la obtención de ventajas mutuas, y que el individuo tiene la capacidad de actuar libremente.

Desde una perspectiva normativa, los comunitaristas sostienen que las premisas del individualismo traen consecuencias moralmente insatisfactorias, tales como la imposibilidad de lograr una comunidad genuina, el olvido de algunas ideas de la vida buena que serían sustentadas por el Estado y una injusta distribución de los bienes. Los liberales, por su lado, sostienen que una sociedad justa no puede presumir una concepción particular del bien, sino que debe ajustarse a través del «derecho», que es una categoría moral que tiene prioridad sobre la de «bien» (Rawls). Este debate entre liberalismo y comunitarismo es quizá el más vigente en nuestros días. Frente al tema Bárcena (1997) (29) hace un planteamiento muy interesante, en el que asocia la postura liberalista con un tipo de ciudadanía entendida como estatus, y la postura comunitarista con un tipo de ciudadanía entendida como práctica. El mismo autor señala que el punto de encuentro entre ambas líneas de pensamiento sería lo que llama «juicio político»:

"Para llegar a ser ciudadano activo en la comunidad debemos estar motivados, formados y gozar de oportunidades para ello. Además, la tradición cívica republicanista ha pasado por subrayar la importancia del ejercicio de la virtud cívica, la participación en la construcción del interés común y el cumplimiento de los deberes cívicos desde un ideal moral de servicio a la comunidad. Sólo así, desde esta tradición, el individuo accede a la condición de plena ciudadanía, ya que ésta es una actividad intrínsecamente deseable que entraña un compromiso moral» .

A través del ejercicio de nuestra facultad de juzgar las realidades políticas, y no sólo por el ejercicio de la virtud cívica, también accedemos a una plena condición de ciudadanía, a un tipo de actividad ciudadana en la que los valores de la tradición liberal y los del pensamiento cívico republicano pueden llegar a armonizarse" .

Las reflexiones actuales acerca del ciudadano y de su formación, como expresión de las concepciones que se asumen en cuanto al individuo y su relación con la sociedad, constituye una premisa para la fundamentación del proceso de modelación de la Formación Ciudadana en la sociedad cubana actual, teniendo en cuenta que la noción de ciudadano que estamos rescatando en la actualidad, en el contexto de nuestra sociedad, no rompe con la persona, está en unidad con la dimensión de hombre, con la dimensión humana, es diferente a la connotación que tiene la noción de ciudadano en el pensamiento liberal burgués. Hablamos de ciudadano y de proyecto de vida, de sentido de vida, de felicidad. (Limia. D.M.2004).

Coincidimos con Limia. D. M.2004(30) que el concepto de ciudadano , desde nuestro proyecto social, desde nuestra ideología, significa la participación consciente y voluntaria en la vida política, la inmersión en esa vida política y el compromiso con ella en un sentido amplio, incluyente, a partir del interés común y la subordinación común y consciente a un fin jurídico, ético y político. La conceptualización acerca del proceso de Formación Ciudadana, en correspondencia con nuestra concepción, no aparece reflejada ampliamente en las investigaciones, ni en la bibliografía.

La Dra. Regina Venet.( 2003)(31), entiende por Formación Ciudadana, el "Proceso continuo y sistemático de apropiación individual de un sistema de saberes y valores que determinan la posición vital activa y creativa del sujeto social e individual ante la vida pública y se expresa en las relaciones que establece en los espacios de convivencia"

Esta definición destaca el carácter procesal, individualizado y activo de la Formación Ciudadana, en el contexto de distintos espacios de convivencia, aspectos significativos para conformar una definición en correspondencia con el objeto de la investigación.

La autora ha desarrollado durante estos últimos diez años una concepción acerca de la Formación Ciudadana, reflejada en libros de textos, orientaciones metodológicas y la tesis de maestría, sustentada en la siguiente definición:

"La Formación ciudadana forma parte del proceso de socialización que se desarrolla en la sociedad, con la finalidad de conformar personalidades capaces de convivir y participar en el desarrollo social, desde una perspectiva consciente y autorregulada ética, política y jurídicamente. Silva, R.(32) (2002-2003).

Según el destacado psicólogo cubano Manuel Calviño:

"La condición de ciudadano se instituye psicológicamente como una actitud que define el sujeto para sí y que supone la conformación dentro de su proyecto de vida, de patrones de comportamiento de interacción participación en la vida sociopolítica de la sociedad, la participación en el proceso de generación de condiciones más beneficiosas y más plenas para él y para los otros." •(33) El análisis de las consideraciones anteriores permite demostrar que la Formación Ciudadana capta el aspecto valorativo y comunicativo de la actividad del individuo, pues su desarrollo se mueve en la eterna contradicción entre el ser y el deber ser, penetrando en lo significativo, no sólo para la existencia individual, sino también para la colectiva.

Al respecto el Guerrillero Heroico Ernesto Guevara expresaba:

".... hay que trabajar todos los días, trabajar en el sentido interno de perfeccionamiento, de aumento de la comprensión del mundo que nos rodea...conocer bien el por qué de las cosas y plantearse siempre los grandes

problemas de la humanidad como problemas propios." (34) Educar para que se devenga ciudadano significa, desarrollar las competencias necesarias para captar o percibir los problemas sociales como propios, incorporándose a su solución con eficiencia y conciencia de sus deberes y derechos ciudadanos, y su perfeccionamiento necesita de la precisión de las invariantes que caracterizan el modo de actuación ciudadana acorde con los requerimientos de la sociedad y de la época actual.

La definición y caracterización del proceso de Formación Ciudadana constituye uno de los problemas teóricos y metodológicos que se discute a escala internacional, así como la preparación de los maestros, profesores, padres y autoridades en general para contribuir a dicha formación.

El problema a resolver no es nada fácil, pues se trata de descubrir invariantes de actuación que integren saberes ideológicos en función de una práctica social contradictoria y en un contexto internacional donde predomina la noción liberal burguesa del ciudadano, matizada por la concepciones más conservadoras y retrógradas de ese pensamiento social burgués.

Esta conceptualización tiene en cuenta las innumerables relaciones que se establecen entre la sociedad y los individuos en un contexto sociohistórico determinado, así como la especificidad ético, política y jurídica del comportamiento ciudadano, integrador de conocimientos habilidades, hábitos y valores. Al respecto el Dr. Armando Hart señala:

"Las normas y principios que pueden orientar la conducta humana tienen que ver con la educación, la cultura y en especial con la formación política y ética ciudadanas."(35)

La profundización filosófica y sociológica del proceso Formación Ciudadanaexige penetrar en la relación individuo - sociedad, como expresión de la relación sujeto - objeto, relación que, según Limias, M. (1999) M(36), interviene como una totalidad resultante integral del funcionamiento del organismo social en su conjunto y su análisis tiene implicaciones jurídicas, políticas, éticas, económicas, socioclasistas generacionales, familiares, socioprofesionales y culturales de gran significado para la precisión del contenido y las formas del proceso de Formación Ciudadana. La precisión de las invariantes de la Formación Ciudadana constituye un imperativo de la sociedad que resulta de la integración de las diferentes facetas de la actuación ciudadana, los distintos espacios donde ella se desarrolla y las formas de la conciencia social que se reflejan, los cuales tipifican la tendencia general de este importante proceso formativo.

Conclusiones

Desde esta perspectiva el modo de actuación ciudadano en la sociedad cubana debe corresponderse con un sistema de valores que en calidad de reguladores de la conducta, caracterizan el comportamiento y la actividad ciudadana en una sociedad , integrados en los siguientes invariantes: La identidad social, la responsabilidad ciudadana, la convivencia y la participación ciudadanas.

Esta concepción acerca de la Formación Ciudadana exige de los agentes educativos y en especial del maestro o profesor de sociología jurídica o cualquier rama jurídica, un desarrollo profesional en correspondencia con las características de este proceso, lo que ha constituido históricamente una idea rectora en el pensamiento pedagógico universal y cubano, manifestándose de forma peculiar en la historia de la formación de maestros en Cuba.

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