Cuadernos de Educación y Desarrollo

Vol 2, Nº 14 (abril 2010)

LA PREPARACIÓN DE LOS DOCENTES PARA CONTRIBUIR A LA FORMACIÓN DEL VALOR LABORIOSIDAD


 

Glenis Poleo Basail
Universidad Central Martha Abreu SUM: Sagua la Grande, Cuba
xenia03011@vcl.jovenclub.cu

 

INTRODUCCIÓN

La formación de valores ha aparecido como una clara exigencia de la sociedad al sistema educativo y ha adquirido diversas formulaciones según las épocas y los contextos geográficos para responder a los rápidos cambios de la sociedad global.

El problema de la formación de valores morales en los estudiantes y en la población en general, ocupa hoy el tiempo de muchos educadores, filósofos, líderes políticos, dirigentes revolucionarios y toda índole de trabajadores ideológicos. La tarea se desarrolla a nivel internacional, en ella están inmersas las más variadas fuerzas, desde la Iglesia hasta los medios de comunicación, pasando por gobiernos, partidos políticos, escuelas, etc.

Existen fenómenos sociales que demandan la profundización y el estudio de la formación de valores entre los que se encuentran: el desarrollo acelerado de la ciencia y la tecnología (la bioética, la genética), y la escasa incorporación de esta información al contexto educacional, de manera que tanto los niños como los adultos puedan ser informados de los nuevos descubrimientos y tengan también la oportunidad de considerar las consecuencias de estos desarrollos desde un punto de vista ético; el poco aprovechamiento de las riquezas culturales de las sociedades para enseñar el respeto universal, el ataque renovado a la universalidad de los derechos humanos que amenaza con destruir los esfuerzos de las últimas décadas por construir una sociedad internacional, entre otros.

Ante esta realidad la tarea que demanda la sociedad es contribuir a que estudiantes se eduquen bajo un sistema de valores que permitan su desenvolvimiento armónico y su contribución a la sociedad contemporánea, volviendo a las mentes y a los corazones de los hombres para fincar principios y valores que auguren una convivencia justa y fraternal, pero para ello el proceso de formación de valores morales no puede ser una actividad formal, porque corre el peligro de lograr resultados contraproducentes. Tiene, pues, que partir del conocimiento profundo de las leyes de la actividad subjetiva, para seguirlas y aprovecharlas en toda su plenitud.

En la literatura pedagógica existen diferentes clasificaciones de métodos educativos, pero realmente no existen grandes diferencias entre estas, así aparecen la clasificación de los dirigidos a:

 La conciencia.

 La actividad.

 La valoración.

Se hace necesario, por lo tanto, acercar los ideales y paradigmas a lo que aspiramos en los estudiantes para lograrlo es recomendable analizar las figuras heroicas, en sus rasgos más cercanos a su propia vida y conductas cotidiana. Esto implica relacionar la grandeza de los héroes de ayer en tantos seres humanos, con ejemplos y vivencias que se aprecian a diario en hombres y mujeres de jóvenes de hoy cuyo cumplimiento del deber y su forma actuar los hacen también dignos de evitar.

Estos métodos permiten que los educandos realicen análisis y valoración de la experiencia práctica, en la que participan y están inmersos, además los educadores apoyados en ellos, trabajan en función de lograr la asimilación de los conocimientos acerca de los valores y que tomen un sistema de representaciones, conceptos, valoraciones y convicciones acorde al momento histórico concreto en que se forman como personalidad.

Por lo general, es necesario combinar la utilización de estos tres tipos de métodos en todas y cada una de estas actividades que se realizan en la SUM, bien sea en el desarrollo de las clases, en las actividades culturales, recreativas, deportivas y productivas, entre otras, esto propicia la unidad de las influencias que actúan sobre el estudiante.

En nuestro sistema de educación se hace énfasis en los valores de la dignidad, el humanismo, el patriotismo, la solidaridad, la honestidad, la honradez, la laboriosidad, justicia y la laboriosidad. Ello no significa en ningún momento aislamiento de unos y exclusión de otros y mucho menos se identifican con practicar esquemáticas de esta compleja labor. Esto no quiere decir que se abandone la influencia educativa sobre otros valores que se corresponden con nuestra ideología y que junto a estos forman el sistema de valores que demanda la construcción de la sociedad socialista.

La educación en valores es un proceso activo, complejo y contradictorio como parte de la formación de la personalidad, que se desarrolla en condiciones históricos sociales determinadas y en la que intervienen diversos factores socializadores, como la familia, la escuela, la comunidad, los medios de comunicación masiva, las organizaciones políticas y de masa entre otras.

No pueden transmitirse valores en abstracto, ni al margen de la realidad. Lo ideal (el valor, el bien) está en estrecha comunión con lo real (el "mal"). No se pueden educar valores sino a través del prisma de sus contrarios, los vicios.

Enfrentamos entonces el enorme reto de formar mujeres y hombres que puedan orientarse en el complejo y cambiante mundo en que vivimos, con la convicción de desarrollar una cultura general integral en nuestro pueblo crea bases para moldear la estructura ideológica de las nuevas generaciones. Lo más difícil consiste en que estos propósitos tienen que lograse en todos y cada uno de los alumnos y por tanto en todas las universidades.

Uno de los valores donde es importante centrar la atención para que la universidad cubana pueda materializar exitosamente el proceso de transformaciones que se desarrolla con marcada celeridad en el sistema de educación superior, es el referido a la laboriosidad de cada alumno en el contexto estudiantil, familiar y comunitario, pues este constituye un eslabón básico para el perfeccionamiento de otros valores morales.

Se hace necesario por tanto, la preparación teórico-metodológica de los docentes, con el objetivo de que puedan contribuir con su actuación y una marcada intencionalidad en las diferentes actividades que organizan y dirigen al fortalecimiento de valores en los estudiantes.

La dinámica del perfeccionamiento de la preparación del docente, en aras de su eficiente desempeño para cumplir con éxito su papel o rol profesional, tiene cada vez mayores exigencias desde las renovadas condiciones de trabajo pedagógico en Cuba, y las profundas trasformaciones de la práctica estudiantil.

El perfeccionamiento docente toma en cuenta, por un lado, el contacto continuo con los diferentes problemas que plantea la práctica, y por otro, las necesidades que conducen a la preparación sistemática del profesional para asumir su rol. Conlleva a los profesionales de esta rama, a una situación de constante aprendizaje, de renovación de los conocimientos, habilidades y actitudes previamente adquiridas, así como a elaborar respuestas científicas para cada una de las situaciones en las cuales corresponde actuar, asumiendo laboriosidades cualitativamente diferentes con soluciones diversas.

El reto consiste entonces en lograr la adecuada preparación de los profesionales que laboran en este nivel educacional, para que favorezcan a través de su rol el fortalecimiento del valor laboriosidad en los estudiantes universitarios; sin embargo, a pesar de haberse trabajado en esta dirección, aún se reconoce en el ámbito pedagógico las insuficientes estrategias de preparación dirigidas a los profesores universitarios para que atendiendo a las particularidades de su contexto de actuación puedan influir en la multiplicidad de factores que inciden en este valor.

Mediante observaciones a actividades curriculares y extracurriculares, entrevistas a los docentes y revisiones de sistemas de clases, análisis del producto de la actividad en los alumnos, se verificó que las causas incidentes son:

 Que no se han aprovechado suficientemente todos los espacios que brinda la organización universitaria en el nuevo modelo de la universidad y específicamente el proceso de profundización de las transformaciones, para abordar contenidos que propicien la preparación teórico- metodológica de los docentes respecto al fortalecimiento del valor laboriosidad en los estudiantes de la SUM de Sagua la Grande.

 Que no han sido suficientes las actividades desarrolladas en la SUM de Sagua La Grande, desde la concepción del trabajo metodológico dirigido a los profesores para contribuir a su preparación respecto al fortalecimiento del valor laboriosidad en sus alumnos.

 Que han existido fallas en el control para evaluar sistemáticamente el trabajo de los docentes respecto al fortalecimiento del valor laboriosidad en sus alumnos y sobre esta base, redimensionar el sistema de trabajo de la SUM de Sagua la Grande en función de las necesidades detectadas.

Por lo que se declara como:

Problema científico:

¿Cómo satisfacer las necesidades de preparación de los docentes para que contribuyan a la formación del valor laboriosidad en los estudiantes universitarios?

Objetivo general: Proponer una estrategia de preparación dirigida a los docentes para que contribuyan a la formación del valor laboriosidad en los estudiantes universitarios de la SUM de Sagua la Grande.

Interrogantes científicas:

1. ¿Qué fundamentos teórico – metodológicos sustentan la preparación de los docentes para que contribuyan a la formación del valor laboriosidad en los estudiantes universitarios de la SUM de Sagua la Grande?

2. ¿Qué necesidades de preparación poseen los docentes para contribuir a la formación del valor laboriosidad en los estudiantes universitarios de la SUM de Sagua la Grande?

3. ¿Cuál será la estrategia de preparación dirigida a los docentes que favorecerá su contribución a la formación del valor laboriosidad en los estudiantes universitarios de la SUM de Sagua la Grande?

4. ¿Cómo valorar la estrategia de preparación dirigida a los docentes para que contribuyan a la formación del valor laboriosidad en los estudiantes universitarios de la SUM de Sagua la Grande?

DESARROLLO

La formación de valores como tarea indispensable de la universidad cubana actual.

Para nosotros es decisiva la educación, inculcar conocimientos cada vez más profundos y amplios a nuestro pueblo constituye una tarea priorizada, y no solo la instrucción general, sino la creación y la formación de valores en la conciencia de los jóvenes desde las edades más tempranas.

Para llegar a la comprensión psicológica de los valores, se podrá partir de distinguir la relación del hombre con su medio, como un proceso eminentemente social, donde los objetos y fenómenos que descubre el hombre en el proceso del conocimiento y que son subjetivamente reflejados en forma de ideas, conceptos, representaciones, tienen independientemente de sus propiedades físicas, químicas u otras, una naturaleza de tipo social.

Es por ello que la tarea del profesor crece en importancia, se multiplica su trascendencia en esa batalla por educar en valores de la revolución y del socialismo a las nuevas generaciones, por que ellas constituyen el arma principal en la lucha por contrarrestar los efectos negativos que vienen aparejados a males como el egoísmo, las desigualdades, las injusticias y otras dificultades sociales tan comunes en el capitalismo. La revolución desde el primer momento trató de mantener la mayor igualdad posible y la mayor justicia entre todos los ciudadanos del país, pero con la llegada del periodo especial de la década del 90 del pasado siglo se sobrevino una serie de desigualdades que laceraron el sistema de valores de amplios sectores de nuestra sociedad, fundamentalmente de la juventud y las nuevas generaciones que apenas entraban a la adolescencia, dificultad que fue apreciada y valorada a tiempo por la alta dirección de la revolución, para la cual se tomaron medidas basadas no precisamente en la represión, sino en la educación de valores como componente de la formación de los jóvenes a la par del conocimientos científico práctico de las diversas asignaturas en los diferentes niveles de enseñanza.

Acorde a esta idea es que se viene a reafirmar la tarea pedagógica que debe desarrollar la sede, directa e indirectamente, pues constituye el elemento coordinador y orientados de otras influencias educativas que pesan en los jovenes, dando prioridad, entre estas, a la familia.

Los valores en los que haremos especial énfasis en el sistema de educación son: la dignidad, el humanismo, el patriotismo, la solidaridad, la honestidad, la honradez, la laboriosidad y la laboriosidad, esta última con un mayor seguimiento. Ello no significa en ningún momento aislamiento de unos y exclusión de otros y mucho menos se identifica con prácticas esquemáticas de esta compleja labor.

Se hace necesaria la preparación de los docentes teórico y metodológicamente con el objetivo de fortalecer a través de todas las actividades de las instituciones universitarias los valores con énfasis en la “laboriosidad”.

Para garantizar la educación en valores es importante cumplir con factores esenciales como la ejemplaridad de los educadores y su convicción de que deben ser modelos a imitar, una eficiente organización estudiantil, asociada a la concepción martiana de la universidad como fragua de espíritus, lo que reclama de ella un director cuya dedicación y competencia ejerza liderazgo natural en el colectivo pedagógico, la consagración del claustro, el funcionamiento de las organizaciones, la interacción con la familia y la comunidad, la clase como eslabón fundamental y de las actividades educativas, en la que debe lograrse el enfoque axiológico del contenido en todas las asignaturas, promover la participación activa de los estudiantes, desarrollar ideología y trazar pautas a través de la actividad independiente del alumno y el protagonismo estudiantil.

Martí insistió en la necesidad de formar hombres “(…) vivos hombres directos, hombres independientes, hombres amables, eso han de hacer las escuelas, que ahora no hacen eso” (1) José Martí ob.cit, t.II, p86.

La vía más idónea para la formación de un hombre la concebía Martí hecha en lo mental, por la contemplación de los objetos, en lo moral por el ejemplo diario (2) José Martí: ideario pedagógico, Imprenta Nacional de Cuba, La Habana, 1961 p.90

La formación de valores debe continuar siendo el centro de la preocupación educativa del país, pues no han cesado las circunstancias que la crearon, solamente han variado en su forma.

Por supuesto, aunque en el presente existen otras vías y procedimientos más complejos para enfrentar ese reto, de acuerdo con las nuevas exigencias en la formación del hombre, necesario también oír esas voces que nos vienen del pasado cultural cubano, porque ahí está la sabiduría acumulada de nuestro pueblo.

Hay que tener en cuenta que el acto educativo es en sí eminentemente creador de valores , todo lo que se enseña, conocimientos o habilidades tiene que ser un pretexto para formar cualidades positivas que permitan el desarrollo integral de la personalidad.

Hoy por hoy la acción de enseñar ha cambiado sustancialmente. Se parte de conocimientos y procedimientos y se considera que la formación de valores es un subproducto de lo cognitivo, haciendo el acto de enseñar y de aprender más informativo que formativo.

Se habla con frecuencia de formar valores mediante la inclusión en el programa de una serie de “ejes transversales” pero sin soslayar las potencialidades que tiene el contenido programático para esos objetivos.

El papel formativo de la educación cubana está dirigido a cumplir la afirmación martiana de que “(…) preparar a un pueblo para defenderse, y para vivir con honor, es el mejor modo de defenderlo” (3) José Martí ob.cit, t.XII, p415.

Un factor importante en la formación de la personalidad lo constituyen las actividades y valores que se forman y desarrollan desde la niñez y hasta constituir el núcleo esencial regulador de la conducta del individuo en la sociedad. Este nivel superior de desarrollo de la personalidad tiene en su base las tendencias orientadoras que le dan al sujeto el sentido de su vida y guían con estabilidad su actividad.

Si bien la asimilación de valores y orientaciones de valor estable es característico de la edad adulta, en los niños, adolescentes y jóvenes se manifiestan aquellos que son producto de sus experiencias, de las influencias educativas del hogar, de la escuela, de los diferentes factores con los que interactúan, de las condiciones en que se desenvuelven, del medio social en que se desarrolla.

Las orientaciones valorativas se van conformando desde las primeras edades y dependen en primer lugar, de la experiencia histórica social concreta, del tipo y la sociedad a la que pertenece el individuo. En ellas influyen el nivel educacional de la persona, su educación política ideológica, sus interacciones familiares y la forma en que conoce, relaciona y valora los objetivos y fenómenos de su entorno.

Los educadores tenemos una gran misión desde la enseñanza preescolar hasta la educación superior y para ello debemos ser activos combatientes en la batalla de ideas y esto a su vez exige estar informado y tener conciencia de la necesidad de estarlo porque defender la revolución y educar a las nuevas generaciones como comprometidas continuadoras de su obra, reclama además de sentimientos y actuación revolucionaria, argumentos y conceptos probatorios de lo que se explica e inculca, en estrecho vínculo del logro de una cultura general e integral y la educación en valores.

En estas condiciones, el profesor se le refuerza la misión de guía, mentor, preceptor, con la laboriosidad directa de formar la personalidad de sus alumnos, mediante la fuerza de su ejemplo, de sus propias cualidades personales. El profesor es un combatiente muy especial en la batalla de ideas que libra nuestro pueblo, pues esencialmente enseña a las nuevas generaciones a portar el arma más potente de la Revolución, sus ideas.

Indudablemente existe plena conciencia de la importancia de la labor educativa de la universidad y particularmente de la educación en valores para lograr estos valores. No son pocos los debates generados en el marco académico y la necesidad en su conjunto, sin que podamos considerarnos satisfechos con lo logrado ante un desafío tan fuerte.

El reto que tenemos por delante en esta temática no resulta fácil, al contrario, diríamos que hasta cierto punto puede ser controvertida, ya que desde el punto de vista teórico existe una tendencia a utilizar indistintamente términos o categorías diferentes al referirse a la educación o formación de valores, como las actitudes, los sentimientos, las cualidades de la personalidad, los valores, los motivos o las orientaciones valorativas.

La necesidad de profundizar y fortalecer le educación en valores y su formación desde la universidad es una tarea necesaria hoy más que nunca en todo el mundo, ya que de ellos depende el poder salvar a lo más preciado que ha existido en el mundo natural, el hombre mismo.

Nuestro propósito es más modesto, solo queremos hacer reflexionar ante la necesidad de educar jóvenes en los valores que sustentan la sociedad en que viven y desarrollan su vida.

Es necesario que todos lo que de una u otra forma están comprometidos con la tarea educacional (entiéndase por ello familia, escuela y sociedad) efectúen una labor adecuada para que las nuevas generaciones puedan actuar consecuentemente en su vida cotidiana y con una posición correcta en la búsqueda constante y sistemática de alternativas y soluciones que contribuyan al desarrollo y conservación de la humanidad.

El valor laboriosidad en los estudiantes universitarios.

La sede como institución y cada profesor en particular deben proponerse organizar actividades tomando en consideraciones los intereses y necesidades de los educandos donde estos asuman un rol protagónico desde su concepción, puedan defender sus acuerdos o desacuerdos y expresar sus puntos de vistas para su realización. Solo así harán suyos los objetos y fenómenos de la realidad y aprenderán a valorar el mundo circundante.

Los valores son determinaciones espirituales que designan la significación positiva de las cosas, hechos, fenómenos, relaciones y sujetos para un individuo, un grupo o clase social o la sociedad en su conjunto.

Están condicionados por las relaciones sociales predominantes, constituyen componentes esenciales de la ideología, expresión de la cultura y la historia de una sociedad en una época determinada y de los intereses, puntos de vista, necesidades y contradicciones de los diferentes sujetos.

Se forman en el proceso de interacción entre los hombres y el objeto de su actividad en la producción y reproducción de su vida material y espiritual, se convierten en formaciones internas del sujeto acorde con el nivel de desarrollo alcanzado, la experiencia histórico social e individual y el impacto de los factores de influencia educativa. Como orientadores y reguladores de la conducta, constituyen un sistema, pues guardan relaciones dinámicas unos con otros y conforman una jerarquía entre ellos, que es decisiva en los momentos de elección moral.

Los valores responden a los intereses y necesidades de la sociedad, están presentes en el tipo de hombre que ella requiere, para lo cual se establece la política educativa que orienta la labor estudiantil.

Los alumnos de la enseñanza superior deben lograr diferentes objetivos formativos al concluir la enseñanza. En la formación del valor laboriosidad ocupa un lugar importante en el sistema de valores, el fundamento radica en la participación directa de los estudiantes en el trabajo socialmente útil.

En las Universidades se ha asumido, como parte del sistema educacional socialista, la combinación directa, desde el primer año de la carrera, del estudio con el trabajo; de ahí que estén presentes en nuestros jóvenes las motivaciones sociales necesarias para hacer del componente laboral un verdadero instrumento educativo transformador de la personalidad de ese estudiante.

Al garantizarles el trabajo a nuestros estudiantes tenemos el derecho de exigirles una correcta participación en él. Pero ser laborioso no se forma automáticamente; esto también se educa.

Con el simple hecho de tener tareas en su sede universitaria, metas en el proceso docente que dirige y con su estudio, así como objetivos supremos de graduarse él y de cumplir con la cultura general de las generaciones que está formando, no quiere decir que la laboriosidad esté garantizada. Esta tiene que incluir la capacidad creadora del individuo, su espíritu innovador en ese proceso docente que dirige, la forma correcta de organización del trabajo, el cuidado y conservación de los recursos tecnológicos que el estado ha puesto en sus aulas, la disciplina laboral y otros aspectos importantes.

El valor laboriosidad no puede formarse fuera del trabajo, es decir, al margen de este. Con tareas docentes, en las asignaturas que reciben en la sede universitarias, se puede contribuir a este, pero es enfrentando el proceso docente donde alcanza su mayor esplendor.

Varios han sido los conceptos elaborados, por los investigadores, sobre el valor laboriosidad; por la importancia que tiene asumimos el concepto planteado en el “Programa director para el reforzamiento de valores fundamentales en la sociedad cubana actual”, (del 26 de octubre de 2006, p. 10), ya que se tuvieron en cuenta más de 40 investigaciones sobre el tema de valores.

LABORIOSIDAD: se expresa en el máximo aprovechamiento de las actividades laborales y sociales que se realizan a partir de la conciencia de que el trabajo es la única fuente de riqueza, un deber social y la vía para la realización de los objetivos sociales y personales.

Nuestros estudiantes universitarios tiene que conocer cuáles son sus deberes estudiantiles y los que han contraído con la propia sociedad, para sentir la responsabilidad de asumir las consecuencias de sus actos y decisiones. Tienen que ser capaces de dar una respuesta positiva a la obligación que están enfrentando con su superación individual y con la de dirigir correctamente un Proceso Docente Educativo en la Sede Universitaria de Sagua la Grande.

La educación es, en su esencia, un proceso de formación y desarrollo de la personalidad, y como tal abarca el desarrollo de capacidades físicas e intelectuales, la asimilación de conocimientos, la formación de habilidades y hábitos, la formación de sentimientos, el despliegue de aptitudes y motivaciones del sujeto en correspondencia con sus potencialidades individuales y las necesidades sociales. En su acepción más profunda, la educación es la asimilación creativa de un sistema de valores y la formación de un sentido de la vida como garantía de una personalidad sana, desarrollada y útil.

El proceso de formación de valores, por lo tanto, requiere de la cohesión de todos los factores que intervienen en el mismo para lo cual hay que considerar las condiciones específicas en que cada uno de ellos actúa. Esta influencia no puede quedar a la espontaneidad, debe ser dirigida, planificada, pensada a fin de lograr los propósitos educativos. En este sentido es de suma importancia determinar que el proceso de formación de valores no puede reducirse a un conjunto de fórmulas, recetas, sino que por ser un proceso complejo y contradictorio y tocar de cerca el problema de la espiritualidad, requiere de un enfoque sistémico con sus interrelaciones, interconexiones y multidimensionalidad.

No es posible considerar que los valores se adquieren o se forman de una vez, y que son inmutables, sino que estos se adquieren y se configuran a lo largo de toda la vida y que en cada etapa de esta los individuos entran en juego con un conjunto de valores que expresan como ven el mundo y se sitúan en él.

Esta estratégica misión, será cumplida por los educadores de todos los niveles de educación del país guiados por las palabras de nuestro comandante en jefe en su discurso del primero de Septiembre de 1997 cuando señaló que: “Para nosotros es decisiva la educación, y no solo la instrucción general, inculcar conocimientos cada vez más profundos y amplios a nuestro pueblo, sino la creación y la formación de valores en la conciencia de los niños y jóvenes desde las edades más tempranas y eso hoy es más necesario que nunca”.

Hagamos cumplir De la ética de José Martí:

“No puede ser: ver un deber y no cumplirlo es faltar a él” Martí Pérez, José: Obras completas t 22 p. 321.

CONCLUSIONES

La revisión realizada acerca de los fundamentos de la preparación al personal docente con vistas a su preparación respecto a la formación del valor responsabilidad, ha permitido que:

1. La preparación a los docentes se fundamenta en el enfoque de la formación permanente que les permite reflexionar sobre su práctica educativa, transformarla y transformarse a sí mismos, convirtiendo en el escenario dinámico de preparación por excelencia.

2. El diagnóstico de las necesidades de preparación de los docentes reveló que existen insuficiencias en cuanto a su preparación para fortalecer el valor responsabilidad desde la perspectiva de las actividades curriculares, extracurriculares y con la implicación de la familia y la comunidad.

3. La estrategia de preparación elaborada con el propósito de dar solución al problema científico ha sido diseñada sobre la base de las necesidades que presentan los docentes para la formación del valor responsabilidad y con la utilización de las diferentes formas del trabajo metodológico.

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