Cuadernos de Educación y Desarrollo

Vol 2, Nº 14 (abril 2010)

EL INSTRUCTOR DE ARTE EN LA INSTITUCIÓN EDUCATIVA, COMO ESCENARIO DE EDUCAR EN EL VALOR RESPONSABILIDAD


 

Alberto Pablo Ruiz Pérez
Universidad de Ciencias Pedagógicas ¨Félix Varela Morales¨. Provincia Villa Clara, Cuba
cubaman_18@hotmail.com
 

 

Con la llegada de los instructores de arte, en Cuba, se consolida la escuela como institución cultural más importante de la comunidad, pues los resultados de su labor se reflejan en el seno de la familia y en toda la sociedad y el trabajo de estos profesionales se proyecta más allá de la institución escolar, dependiendo del vínculo con el resto de las instituciones culturales y sociales.

Diversos autores afirman que con la presencia responsable del instructor de arte, en la institución educativa se enriquece el sistema de trabajo con los niños, adolescentes y jóvenes. El camino que abren hacia la formación de la sensibilidad, la apreciación y la creación de las artes entre los más jóvenes, coincide con el propósito de crear una cultura general integral masiva en el pueblo cubano.

Al referirse a los contenidos de sus disciplinas formativas, se afirma que integran una cultura no sólo artística, sino también histórica, ambiental y en los más diversos campos del conocimiento, con profundo sentido humanista.

La creación constituye una especial garantía en la formación continua, la disciplina, la organización y la responsabilidad de los jóvenes instructores de arte, que se concreta en la impartición y desarrollo de los talleres en las instituciones educativas.

Teniendo en cuenta las peculiaridades del trabajo del instructor de arte, estos evidencian su responsabilidad también en la institución educativa donde cursan la Licenciatura en Educación de su especialidad, en las condiciones de universalización de la Educación Superior.

La institución educativa, según la MSc. Elsa Núñez, se define como "una determinada organización de la actividad social y de las relaciones sociales establecidas por los hombres”1, a partir de las relaciones sociales de producción de bienes culturales.

Por eso y de acuerdo al tipo de relaciones establecidas, esas instituciones sociales pueden ser políticas, jurídicas, económicas, artísticas, educacionales, culturales, entre otras.

La citada autora, plantea que la escuela es una institución social porque es un sistema que cumple múltiples funciones, como son de dirección social y de desarrollo y control de los procesos de formación de la personalidad de las nuevas generaciones, así como para la formación permanente de los recursos humanos, entre los que se considera al instructor de arte.

Precisa también que la institución educativa es, por sus funciones , desde sus orígenes, clasista, pues responde a los intereses de la clase dominante, en esta medida, la escuela es una institución cultural porque tiene el encargo social de formar y desarrollar intelectual, moral, estética, ideológica y físicamente a todos los sujetos que intervienen en el proceso educativo y particularmente en el proceso de enseñanza aprendizaje, cuyo contenido es precisamente la cultura, expresada en diferentes tipos de saberes: saber, saber hacer, saber ser y saber convivir, con arreglo a la identidad cultural, en sus relaciones esenciales con el conjunto de culturas de los demás países.

Como puede apreciarse, el rol protagónico del instructor de arte en la institución educativa, demanda de este joven profesional, la responsabilidad cotidiana en el cumplimiento de sus deberes.

Si se tiene en cuenta que los estudios de la carrera permiten la profundización en la formación humanista y pedagógica, además de perfeccionar las habilidades artísticas en la especialidad de la que se gradúan en la Escuela de Instructores de Arte, entonces puede entenderse que, de manera sistemática, la sede, como institución educativa, significa en la práctica académica e investigativa la responsabilidad, por la naturaleza de las tareas que allí realizan.

La identificación de los contenidos de su responsabilidad y de sus deberes profesionales asociados a las acciones concretas, facilitan la solución del dilema de si son artistas o no, pues como se plantea en sus documentos normativos , ellos son artistas de la hermosa profesión de enseñar arte al pueblo, que descubren en el trabajo con los niños un campo enriquecedor de la pedagogía, sin contradicción esencial entre una función y otra ,sin mutilar la posibilidad del desarrollo de su obra artística si son capaces de cumplir con sus deberes, como instructores responsables en una institución educativa.

En sus análisis, el Doctor Fidel Castro plantea que los instructores de arte tienen una tarea muy importante que cumplir con la Revolución, que los ha preparado para ella y que no los encadena por toda la vida, el autor considera que son artistas formadores de patriotas, formadores de revolucionarios y formadores de excelencias en el arte, en eso consiste su tarea, aunque es importante precisar que con las excepcionales cualidades que tienen algunos, pueden llegar a ser grandes artistas.

Como intelectuales orgánicos, reconoce el autor, aportan riqueza espiritual y conocimientos por todos los puntos de la nación, y muy particularmente entre niños y adolescentes, a los que conducen, a través de la tecnología educativa, visitando los museos del mundo y sus manifestaciones artísticas.

Con este fin se organizan en la Brigada de Instructores de Arte José Martí¨, que funciona como un ejército de la cultura, cuyo teatro de operaciones fundamental, aunque no único, es la institución educativa.

La responsabilidad de cada instructor de arte se explicita en el respeto a la autoridad y a las atribuciones que le corresponden a quienes los dirigen, perfeccionándose profesionalmente, responsabilizándose con la programación y la ejecución no solo de los talleres sino además de las actividades artísticas en las instituciones educativas.

La responsabilidad individual ante el compromiso adquirido con la Revolución, y el trabajo, los conduce a cumplir con sus funciones como instructores.

En consecuencia con todo lo anterior el presente trabajo se suscribe al concepto de la MSc. Maura Lig-Lóng, que define a los instructores de arte como jóvenes pedagogos del arte y el humanismo cuyos saberes, habilidades y valores, condicionan su desempeño como portador – movilizador de las manifestaciones artísticas en espacios de socialización escolar, familiar y comunitario a fin de lograr la sensibilidad, la apreciación y la creación en las personas y en las colectividades humanas, con resultados perdurables orientados hacia su identidad, desde la institución educativa.

Para el análisis del diagnóstico y la elaboración de la propuesta, en la investigación realizada, nos suscribimos al enfoque dialéctico, centrando en el valor social de la responsabilidad, la práctica del instructor de arte como principio del conocimiento de la realidad, como criterio valorativo de la realidad y como fin expresado en la transformación a la que se aspira, satisfaciendo la necesidad que posee la muestra respecto al tema. Sobre esta base hemos combinado dialécticamente los métodos cualitativos y cuantitativos, con predominio de los primeros, atendiendo a que la educación en valores se sitúa en la subjetividad del instructor de arte.

En correspondencia con el desempeño profesional del autor, como coordinador de carrera en la Sede Pedagógica de Sagua la Grande, tomamos como población los 69 instructores de arte, graduados de la Escuela de Instructores de Arte ¨Manuel Ascunce Domenech¨, que cursan la Licenciatura en Educación, en esa especialidad en el contexto de la universalización pedagógica, en la sede antes mencionada.

Como muestra seleccionamos de manera intencional, a los 23 instructores de arte de primer año de la carrera, por iniciarse en su formación como profesionales, presentar carencias en los contenidos del valor, tener insuficiencias en el uso de la crítica y la autocrítica, además de que generalmente no son perseverantes en sus actuaciones responsables ni tienden al autoperfeccionamiento profesional. De ellos, ocho son de la especialidad de plástica, seis de música, cinco de teatro y cuatro de danza. La muestra representa el 33,3 % de la población.

Para determinar las necesidades de la muestra en la educación del valor responsabilidad, se utilizan métodos del nivel teórico y del nivel empírico.

En la definición operacional de la responsabilidad se estudia el componente cognitivo, el procedimental y el conductual.

El componente cognitivo o cognoscitivo es el grado de conocimiento que tienen los estudiantes de los atributos que lo definen como responsable.Es el saber

El componente procedimental o funcional, es la integración de varios procesos psicológicos expresados en los juicios y argumentaciones relativas a las conductas de las personas reguladas por el valor en las situaciones personales que implican la responsabilidad. Es saber hacer.

El componente conductual comprende el estudio de la conducta verbal o intención conductual y la conducta real de los sujetos.Es saber ser.

La operacionalización de las variables en el presente trabajo se comporta de la siguiente forma:

Dimensión cognitiva o de contenido.

. Identifican los contenidos de la responsabilidad

. Reconocen sus fines y deberes profesionales.

. Asocian los contenidos de la responsabilidad a sus deberes.

Dimensión procedimental o funcional.

. Elaboran personalmente el valor de la actuación responsable.

. Autocritican su actuación profesional con respecto a la responsabilidad.

. Perseveran en la actuación.

. Tienden al autoperfeccionamiento.

Dimensión conductual

. Cumplen sus deberes formales.

- Asisten.

- Son puntuales.

. Se desempeñan en talleres de apreciación – creación.

. Programan y ejecutan actividades culturales en la institución educativa.

En el inicio del curso escolar 2008 – 2009 se utilizó el análisis documental con el objetivo de obtener información contenida en las asignaturas del primer módulo y de la caracterización individual, referidas a la educación en el valor responsabilidad.

En el esquema de los objetivos generales y los problemas profesionales de estas asignaturas, no aparecen, ni se sugiere un trabajo que al menos permita orientar y educar en el valor, desde la institución educativa.

En los análisis se aprecia que existe un escaso tratamiento del tema. Las asignaturas de formación pedagógica afines, apenas lo explicitan y sólo en Didáctica trabajan la responsabilidad en la labor profesional, dentro del sistema de valores, pero sin referencias concretas al contenido y modos de actuación del valor.

En la caracterización individual se reconoce su existencia, pero son insuficientes los planteamientos de acciones encaminadas a la identificación, elaboración personal y asociación de los contenidos de la responsabilidad con sus deberes profesionales y también en la expresión conductual del valor.

De todo lo anterior se infiere que en la concepción curricular de su formación, no se intenciona suficientemente la educación en el valor responsabilidad. Durante ella se jerarquiza la instrucción en detrimento de la educación en el valor.

Se observaron 20 actividades en la etapa de diagnóstico: seis clases de las asignaturas del primer módulo, seis talleres de apreciación – creación, cuatro actividades culturales y cuatro talleres de perfeccionamiento artístico.

En cuanto al cumplimiento del deber se aprecian potencialidades en la asistencia y puntualidad de la muestra, logrando un 85 %, no así en el cumplimiento de las tareas que sólo alcanza el 25 %.

Se constatan carencias en el dominio del contenido del valor, en el reconocimiento de sus fines y deberes profesionales, el uso de la autocrítica, la perseverancia en la actuación responsable y la tendencia al autoperfeccionamiento, sólo logrado entre un 20 y un 40 % de las actividades observadas.

Estos resultados producen insuficiencias en el reconocimiento de los errores y su eliminación y en el compromiso interno del cumplimiento de las tareas, aspecto que también está presente en los hábitos de estudio independiente, observados sólo en un 50 %, deuda para su desempeño estudiantil y profesional.

La programación y ejecución del instructor de arte en las actividades culturales se expresa como una potencialidad que alcanza un 80 %.

En el desarrollo de la actividad tienen carencias en los tres indicadores observados: reconocimiento de los fines de los deberes profesionales, la asociación de los contenidos de la responsabilidad a sus deberes y en la elaboración personal del valor en la actuación responsable, pues no asumen formas voluntarias y conscientes al responder por sus actos. Sólo se observan como máximo en un 30 %.

Se realizó una encuesta a los 23 instructores de arte de la muestra obteniéndose los siguientes resultados:

Identifican los contenidos del valor un 56,6 % en el nivel alto pues marcan el atributo esencial, los restantes lo hacen en los demás aspectos.La perseverancia se comporta en un nivel bajo ya que es seleccionada por un 73,8 % de la muestra, lo que indica la disfuncionalidad en este indicador. De forma similar se comporta el desempeño en los talleres y la tendencia al autoperfeccionamiento, en el nivel bajo, con resultados de 56,6 % y 69, 5% respectivamente. En el indicador, reconocen sus fines y deberes profesionales, el 78,2 % de la muestra se encuentra en el nivel medio.

Los integrantes de la muestra seleccionan las cualidades sin tener en cuenta la identificación de los contenidos del valor, ni sus fines y deberes profesionales. Está implícito que no elaboran personalmente el valor de la actuación responsable ni las conductas responsables asociadas.

Finalmente se entrevistaron diez docentes relacionados con la muestra, todos le imparten docencia en la universalización pedagógica, cinco en el componente académico general y los otros cinco en los talleres de perfeccionamiento artístico.

Los entrevistados definen el valor responsabilidad con significados positivos como cumplidor de las tareas, buen estudiante y trabajador, estar conscientes de lo que se hace, ser exigentes consigo mismo, tenaz y otros atributos.

Prevalece en estas opiniones el cumplimiento eficaz de los modos de actuación en la dimensión conductual, a pesar de los obstáculos a los que puedan enfrentarse.

Los docentes a los que se les aplicó la entrevista consideran que los instructores de la muestra no se corresponden con esas definiciones, pero que pueden lograrlo si se les educa en el valor y son voluntariosos y eficientes en el desempeño de sus deberes y desempeños.

En cuanto a si elaboran personalmente el valor de la actuación responsable, los criterios de los entrevistados son negativos, porque opinan que los Instructores de Arte son irreflexivos en sus puntos de vista, motivaciones y desempeños personales y colectivos y de esta forma no regulan su actuación.

Los mismos docentes responden que los instructores de arte no demuestran realización del estudio independiente y desempeño eficiente de talleres porque falta profundidad en sus preparación, no son autocríticos, no perseveran ante las dificultades y en general no manifiestan hábitos de estudio. Opinan que tienen buena participación en actividades culturales.

La aplicación de los instrumentos anteriormente descritos determinaron las regularidades siguientes:

 La educación en el valor responsabilidad no se intenciona lo suficiente en el curriculum de formación.

 La muestra seleccionada tiene carencias en la identificación de los contenidos de la responsabilidad.

 No siempre reconocen sus fines y deberes profesionales, ni elaboran personalmente el valor en la actuación responsable.

 Está lacerada la perseverancia en la actuación así como la tendencia al autoperfeccionamiento.

 No tienen un desempeño eficiente en los talleres.

 Los instructores de arte seleccionados tienen potencialidades en el cumplimiento de sus deberes formales, pues presentan buena asistencia y puntualidad en las actividades que programan y ejecutan en la institución educativa.

Sobre la base de las regularidades constatadas se diseñaron acciones en la formación profesional de los instructores de arte de la muestra, encaminadas a lograr preparación teórica en la temática referida a la educación del valor responsabilidad, constatándose en el control el cumplimiento de las mismas, demostrado en la preparación de los instructores.

Se planificó dentro de la estrategia la orientación científica hacia la responsabilidad, utilizando los diferentes espacios socializadores en los cuales los instructores de arte se mostraron interesados por los conocimientos teóricos y metodológicos adquiridos, otra vía utilizada fueron los talleres de apreciación y creación donde se cumplieron las misiones dadas, en las que se realizaron análisis de las manifestaciones artísticas y su implicación personológica, preparaciones de talleres, montajes del grupo base y el debate de las mismas por parte de los instructores, lo cual constituyó sin dudas una excelente fuente de preparación, en la cual se propició que la muestra realizara la elaboración personal del contenido del valor,

En cuanto a la perseverancia en la actuación se trabajó, integrándola a la autocrítica permanente en su actuación profesional con respecto al valor responsabilidad.

La observación y discusión en los encuentros presenciales impartidos, según el diagnóstico inicial, permitió evaluar el nivel de desarrollo de la responsabilidad, alcanzado por los instructores de arte, lo cual resultó una muestra de la profesionalidad alcanzada por ellos en su preparación.

Una de las herramientas metodológicas fundamentales para la preparación de los instructores de arte en los espacios socializadores, son los talleres. Estos talleres están estructurados sobre una espiral, en tres momentos o fases: una que permite examinar mediante un auto diagnóstico, la cotidianidad de los maestros en la temática seleccionada; otra que permite profundizar, desde distintas aristas en las explicaciones y valoraciones criticas al diagnóstico, y finalmente, aquella en la que tiene lugar el regreso a la práctica para transformarla.

Las sesiones del taller se estructuran metodológicamente siguiendo la concepción didáctica establecida. (Introducción, desarrollo y conclusiones)

La introducción, es el momento donde se establece el contacto empático que proporciona un clima emocional positivo, entre todos y hacia el contenido. Se organiza el grupo a partir de actividades previstas y se orienta con claridad qué debe hacer y qué se espera de ellos.

En el desarrollo, se despliega el contenido previsto para el taller. Se trabaja en equipos y se realizan análisis valorativos sobre el contenido.

En las conclusiones, momento en que se realizan las valoraciones, tanto positivas como negativas del taller y su utilización en la práctica pedagógica.

Como rasgos esenciales del taller se destacan:

• Es una variante del trabajo metodológico que puede insertarse de acuerdo a las necesidades de los implicados.

• Funciona a través de la integración grupal, el problema de la preparación en la educación en valores es objeto de análisis, valoración, reflexión, debate y propuesta de solución por parte de los participantes.

• Cumple con las funciones de actualizar, integrar, reflexionar e investigar.

• Posibilita la elevación del nivel de preparación de los implicados al discutirse problemas relacionados a su labor pedagógica con el objetivo de buscar vías para su solución.

• Cumplen con las estructuras metodológicas como toda actividad y con la inclusión de diferentes etapas que señalaremos a continuación.

A continuación se desarrolla, a manera de ilustración, un taller implementado en la investigación:

Taller

Tema: La implicación del instructor de arte en la solución de los problemas en el orden educativo del valor responsabilidad en ellos.

Objetivo: Promover un pensamiento crítico y reflexivo en el proceso de orientación hacia la responsabilidad en el instructor de arte.

1. Planteamiento de las expectativas respecto al tema; presentación de interrogantes, cuestionamientos, hipótesis o problemas partiendo de sus conocimientos previos, experiencias, vivencias personales referidos a la implicación del instructor de arte en la solución de los problemas , en la educación del valor responsabilidad.

2. Selección de situaciones de aprendizaje derivadas del proceso que realiza como profesional para la búsqueda de soluciones a las dificultades, de manera que esté en condiciones de aportar sus reflexiones, consideraciones y decisiones respecto a la organización del tratamiento propuesto y su enfoque individualizado.

3. Elaboración de la argumentación y la búsqueda de razones que apoyen las propuestas de acciones que presentará en el análisis, que generen soluciones a los problemas de la educación del valor responsabilidad.

5. Elaboración de apuntes e ideas, fruto de la reflexión individual, sobre la implicación del instructor de arte en el proceso de enseñanza aprendizaje teniendo presente lo instructivo y lo formativo.

Evaluación: Se realizará de forma sistemática en el desarrollo de cada actividad del taller dirigida a la valoración de la elaboración personal de cada instructor de arte.

Todo lo anterior es muestra de la preparación teórico - metodológica de los instructores de arte en su orientación hacia el valor responsabilidad en el escenario de la institución educativa.

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Comentarios sobre este artículo:

Página: [1]
Por: Rafael Mederos Vazquez Fecha: 06 del 11 de 2014 - 00:02
Quisiera compartir algunas apresiaciones sobre la instruccion de las Artes. Las artes como medio de enseñanza dentro de los programas de educación, corresponden a uno de los pilares vitales que potencializan la formación integral para el nuevo hombre del siglo XXI. La actualidad en PEDAGOGIA TRADICIONAL, inmoviliza sus causas (regulación motivacional) y pretende sus efectos (inducción mediatizada) como componentes cognitivos en intención de formulas inconsecuentes, explícitas historias acomodadas, desde los comienzos primarios de interrelación social y cívica como su único factor generativo para impulsar las renovaciones moderadas del razonamiento “no común” en pro de una mayoría analfabeta del contexto (aun hoy, invalida su plenitud o derechos de integración por anacrónicos preceptos de castas auto favorecidas). Referenciemos otra propuesta de “ EDUCACION” (por fin) al servicio de auténticos valores "HUMANOS", el apoyo mutuo, la libertad, el respeto, la tolerancia, la responsabilidad e inherencia de comunicarnos, de trasmitir experiencias y conocimientos a través de todas las formas de expresión artísticas que se aplican tras un impulso que fusiona a la estética poética subconsciente y libre de dogmas conceptuales sin modelos autoritarios, ausencia de retórica en cuantas tendencias se conocen con apariencia antagónica y sociopolíticas que resultan acéfalas de realidades colectivas y cívicas; la nueva orientación ha de identificar esas apatías ajenas, intereses predispuestos por conocidos fines y propósitos de épocas maniatadas con mecanismos del poder. La invocación ahora es dar garantía plena a la perenne OPORTUNIDAD, la vigilia de potencialidades recónditas en motivación y función pragmática de un instructor que expone su rol catalizador de particulares y colectivos, conductor de medios y maneras que no malogre el mas mínimo brote del intelecto, ese poder de abonar la expresión en todos los matices o códigos estéticos generado por la simbiosis perceptual-onírica de una realidad interpretada o pretendida, el darse cuenta y dar cuenta de un suceso u objetivo meritorio para ser compartido o reseñado con sus caracteres de expresión-idea o por su estética de poética innovadora que naturaliza la autenticidad de la conducta. Instruir a los egresados (futuros instructores), en modalidades comunicacionales para todos los niveles de la enseñanza, es promover posibilidades infinitas al entendimiento de una conducta que responde sin coacciones o penalidades (no extrínseca), la auto metodología se equilibra con la didáctica innovadora en demostración factible para masificar herramientas y experiencias por la comprensión de su realidad (intrínseca) con resultantes en capacidad de fraguar soluciones de transformación. Se forja un maestro si condicionamos su capacidad de aprender a renovarse y recrear lo aprendido. La descodificación “SEMIOTICA” dentro de la Profesión y Oficio de instruir en ARTES se manifiesta en devoción, impulso, disfrute y autoría colectiva para la creación-apreciación, anulando por completo la alternativa irracional de supremacías o competencias infundadas por reconocimientos de individualidad o superioridad condicionadas del conocimiento tabulado. Instruir a los que deben canalizar y potencial la expresión por medio de las artes emancipa la prioridad del instinto creativo hacia un horizonte de reformulaciones, transformar la escuela, dígase “DESMETODOLOGIA”, será la base para el requerido proceso de transformación social. Dicha orientación pedagógica debe fundamental conceptos integracionistas, sometidos a su propia dinámica de reformulación y análisis para una regulación del consenso “psicológico” que motivan la conducta positivista de nuestra esencia. La responsabilidad de todo educador se entiende como ente directo que deriva formación y transformación; reconociendo sin preferencias que “EDUCAR” es definir POLITICAS con propósitos y metas para erradicar enquistadas decadencias, infinitos inventarios del seudodesarrollo saturado por repetidas contradicciones. Las necesarias expectativas motivacionales enfrentan la renovación evolutiva de la personalidad en virtud de éticas colectivistas derivadas en la sintaxis de la conciencia individual. Si el contexto del entorno condiciona los procesos motivacionales se debe enfatizar en máximos esfuerzos para superar condicionamientos de una errada globalización cultural impositiva y en veces auto-estimulada por ausencia de alternativas, lo autóctono es suficiente cantera para legar sin improvisaciones, la reformulación del poder crear y saber discernir de los frutos foráneos. ¿Cómo hablar de identidad sin poder trasmitir lo AUTENTICO local? Todo temario de cultura se establece en memorias antropológicas donde los formadores establecerán referencias de análisis comparativo que reformulen lo establecido en accionar de investigación, como una de las tantas herramientas necesarias que transparentan el proceso (educador-educando), solo se puede enseñar el “amor”, AMANDO, marcando pautas que canalicen la formación profesional de auténticos “INSTRUCTORES DE ARTE” que establece responsabilidades sobre el despertar de una perfección espiritual predominante en nuestro ADN cuando nacemos, serán ellos (los educadores), productores de esas mínimas voluntades que orienten un rescate y oportunidad de nuestra conciencia creativa y comunicacional no solo para consumir o reflexionar sobre ideas disfuncionales, sino para aportar las ideas que deben funcionar para erradicar desigualdades en primarios derechos de EDUCACION, INFORMACION sin fatalismos geográficos.

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