Cuadernos de Educación y Desarrollo

Vol 2, Nº 13 (marzo 2010)

LA VOZ Y LAS MATEMÁTICAS EN LA ESCUELA


 

Isabel Movilla Romero
jmariohv@yahoo.es

 

Una de las principales características de la raza humana desde sus orígenes es el comportamiento gregario y social. Desde el principio de los tiempos el hombre vivía en pequeñas comunidades. Así pues, la comunicación fácil y rápida entre los individuos era necesaria, ya que contribuía a mejorar su convivencia en un mundo hostil. Tras la mímica y los sonidos inarticulados, nacieron la palabra y el lenguaje, elemento primordial para el desarrollo de las civilizaciones.

No podemos precisar la manera y el momento histórico en que se constituyó el habla humana tal como hoy la concebimos. Existen varias teorías, algunas de las cuales se contradicen. Ahora bien, a partir de la información disponible podemos elaborar una hipótesis lo más aproximada posible.

La difi cultad a la hora de establecer una única teoría válida viene dada por cuestiones anatómicas. La raza humana no posee un órgano destinado exclusivamente al habla y al canto; puesto que el ser humano emplea el aparato respiratorio y la primera parte del digestivo a fi n de producir sonidos. Por consiguiente, es difícil fi jar el momento en que el hombre comienza a usar dichas partes de su cuerpo para hablar o cantar, porque se trata de un proceso evolutivo. Nos consta que, antes de aprender a vocalizar, el ser humano emitía unos sonidos más o menos musicales en función de lo que quería expresar.

Por lo tanto, dicha emisión podría considerarse como los balbuceos de lo que será el canto en la evolución de la raza humana.

A pesar de que desconocemos la fecha exacta del nacimiento del habla y el canto, podemos constatar algunos hechos. Indudablemente, sin la estructura laríngea2 el Homo sapiens sería incapaz de emitir la cantidad de diferentes sonidos que produce. El Dr. Jorge Perelló afi rma que la laringe es un órgano que se desarrolla en la escala animal, cuya única misión es proteger al aparato respiratorio durante la ingestión de líquidos y sólidos. En esto coincide con los estudiosos de la evolución. Los expertos en este campo denominan “preadaptación” a tal proceso, es decir, un órgano desarrollado en principio para otros fi nes acabó sirviendo para el canto y el habla. Por otro lado, la boca nació como parte destinada a los mecanismos de la alimentación.

Ahora bien, su movilidad y estructura nos permitieron transformar los sonidos en lenguaje y adaptarla como elemento de resonancia para la voz.

Las antiguas civilizaciones.

El ser humano ha cultivado la palabra, el canto, la música y la danza desde la Antigüedad. Pinturas, esculturas y relieves son algunos de los documentos que confi rman la importancia de la voz (tanto hablada como cantada) en tiempos pasados. Desde los inicios de la raza humana como una sociedad estructurada, las distintas civilizaciones incorporaron la voz y la música a su vida cotidiana. El canto era un elemento indispensable en momentos de alegría, ritos funerarios y rituales de caza. Igualmente, no podemos olvidar que el canto era el vehículo mediante el cual se narraban las gestas de los héroes.

Veamos ahora algunos ejemplos de cómo las antiguas civilizaciones incorporaron el canto a sus costumbres. En primer lugar, debemos hablar de los sumerios, los babilónicos, los asirios y los persas.

Cabe destacar que estos pueblos que crecieron alrededor del Mediterráneo cantaron himnos acompañados de instrumentos tanto en ceremonias religiosas como en banquetes y distintas celebraciones.

En segundo lugar, haremos referencia al Antiguo Egipto. Para esta civilización la música era un elemento muy importante. Sabemos que cantores y tañedores de instrumentos solemnizaban las ceremonias del culto. Asimismo, los antiguos egipcios se servían de la música a fi n de acrecentar la pompa de sus procesiones, fi estas y convites.

Además, en el Antiguo Egipto se realizaban representaciones dramáticas de antiguas leyendas religiosas, las cuales contaban la historia de los dioses del panteón. De igual manera, en el culto al Faraón, representante y mediador entre el pueblo y el poder celestial, el canto tenía un lugar destacado. Más allá de las circunstancias solemnes, el canto también era muy importante en el día a día de los egipcios. Hay constancia de que este pueblo cantaba mientras trabajaba y en las tabernas donde se reunía para beber una bebida parecida a nuestra cerveza. Por otro lado, a fi n de implorar a los dioses también entonaban himnos y oraciones.

A pesar de la distancia en el tiempo, gracias a los relieves y pinturas de los monumentos egipcios, se puede deducir el tipo de voces que entonces gustaban. El fuerte fruncimiento de la nariz, la tensión en la musculatura de la boca y el estiramiento del cuello de la fi gura, nos llevan a la conclusión de que gustaban las voces nasales y con mucho vibrato. Además, estas representaciones nos confi rman que se practicaba tanto el canto individual como el conjunto. Por otro lado, la variedad del número de cuerdas de las arpas, el instrumento más característico y difundido en el Antiguo Egipto, indicaría que se empleaban diferentes tipos de canto siempre en función del rito o fi esta que acompañaban. En cuanto al carácter y forma que podían caracterizar a estos cantos, se cree que seguirían la tendencia oriental propensa a recargar cualquier tipo de melodía con gran profusión de notas a modo de adorno.

Siempre que hablamos de la voz y el Antiguo Egipto debemos hacer referencia a su última gran reina, Cleopatra VII (¿69?-30 a.C.).

Esta reunió en su corte a los mejores maestros conocidos a fi n de cultivar y mejorar su instrumento vocal. Como si se tratara de una excelente actriz, trabajaba su voz para hacerla fácil y seductora o autoritaria, siempre en función de las circunstancias que se le presentaran.

Según citan varias fuentes, hablaba en la lengua de los embajadores que recibía y citaba con frecuencia a sus fi lósofos y poetas.

Finalmente, a pesar de la importancia de la música y el canto que acabamos de demostrar en la antigua civilización egipcia, las clases media y elevada los desdeñaban. Salvo en el caso de sacerdotes y algunos músicos agregados al servicio del Faraón, la música era un medio de vida propio de la clase baja.

A la hora de hablar del pueblo hebreo debemos tener en cuenta que su música era esencialmente religiosa. Así pues, del Antiguo Testamento surgirán los testimonios ofrecidos. En Éxodo (15, 22) se nos cuenta cómo los israelitas- dirigidos por Miriam, la hermana de Aarón- entonaron un himno tras cruzar el Mar Rojo para agradecer a Jehová el haberse librado de los ejércitos del Faraón. Además, el primer testimonio conocido de la aplicación de la música con fi nes terapéuticos lo encontramos en Israel. Parece ser que Saúl, preso de una constante melancolía, hizo llamar a David para que lo aliviara con su música y su canto.

Puesto que la música era tan importante en la religión judía, también lo era su formación. Por ejemplo, Samuel, el último de los Jueces, fundó una escuela para cantantes y músicos. De la misma manera, la práctica de la música en el culto supuso la creación de formaciones musicales. Cuando el rey Salomón (1000-932 a.C.) mandó construir el gran Templo de Jerusalén, fundó un gran número de coros formado por cantantes y músicos. Hay que destacar que los encargados de cultivar la música del culto eran los miembros de la tribu de los Levitas.

En lo que atañe a la difusión de las melodías en aquella época, era oral. A partir del estudio de El libro de los Salmos y de El Cantar de los Cantares, obras cumbres de la literatura hebrea, se ha deducido que estos se entonarían sobre melodías ya conocidas; la poesía de dichos libros y las observaciones que a veces las preceden han permitido llegar a esta conclusión. Por otro lado, a partir de los cantos de los judíos del Yemen que actualmente viven en la Arabia Meridional podemos hacernos una idea de cómo sonaba el antiguo canto hebreo.

La predilección por una voz de pecho suave que llega incluso a quebrarse, sobre todo en el registro de tenor, predomina en estos cantos cuando la expresión se vuelve más intensa. Además, la unión de cada uno de los tonos se obtiene a menudo a partir de un “arrastre” continuo que suena como un lloriqueo.

A la hora de hablar del canto practicado por los primeros cristianos, debemos seguir teniendo como punto de referencia la música hebrea. Dos son las grandes infl uencias que aúna el canto eclesiástico en su origen: los métodos practicados en las sinagogas del Próximo Oriente y la música de la Antigüedad Helénica mediterránea. A pesar del carácter clandestino de la nueva religión, muchos fueron los adeptos. En sus Confesiones, San Agustín (354-430) describe cómo los cristianos se pasaban reunidos noches enteras entonando himnos y salmos. Al igual que en todos los cultos antiguos, la transmisión de tales melodías era oral.

Finalmente, haremos referencia a la Antigüedad Grecolatina, mundo del cual nuestra civilización es heredera. Además, en dicho periodo al canto se le otorgaba una gran importancia.

De referencia obligada es el mito de Orfeo. Hijo de la musa Calíope y Apolo, Orfeo seducía a los hombres, a los animales feroces y a la naturaleza, cuando cantaba acompañado de su lira. Según cuenta la leyenda, Orfeo bajó a los infi ernos para recuperar a su esposa Euridice.

Su canto conmovió de tal manera a Perséfone, soberana del reino de los muertos, que logró rescatar a su esposa de entre estos. Sin embargo, la impaciencia hizo que Orfeo no cumpliera la única condición que Perséfone le había impuesto: no girarse para ver a Euridice hasta que hubieran salido a la superfi cie. De esta manera Euridice se desvaneció para siempre.

Al igual que en las anteriores civilizaciones, el canto ocupaba un lugar importante en el culto a los dioses, muchos eran los himnos que se les entonaban. Ahora bien, debemos tener en cuenta que en un principio el canto de los griegos se asemejaba más a una salmodia o declamación que a un canto tal como lo concebimos en la actualidad.

Por otro lado, la música estaba también presente en la vida cotidiana de los griegos. Las madres cantaban canciones de cuna para dormir a sus niños y la música llenaba los actos sociales de cualquier índole.

A parte de en la poesía, la voz cantada tenía un papel destacado en la épica y el teatro. Así pues, vemos que en el periodo arcaico, anterior y contemporáneo a la épica de Homero surgen los primeros Aedos. Estos en su origen eran sacerdotes y más tarde fueron una especie de juglares que, al son de un instrumento, recorrían el territorio cantando las más remotas leyendas. En cuanto al teatro, en los dramas de Sófocles los coros cantados gozaban de una especial importancia.

Otro autor teatral que dio gran importancia a la voz cantada en sus obras fue Eurípides. Este confi ó canciones, dúos y tercetos a sus personajes. Estas piezas a más de una voz serían las precursoras de los conjuntos propios de una ópera.

En la antigua Grecia se prestaba una especial atención a la voz hablada, ya que la oratoria ocupaba un lugar destacado en la sociedad.

En Atenas se crearon varias escuelas en las que un gran número de alumnos educaba su voz. En estos centros se aprendía el arte de la oratoria y, a su vez, se trabajaba una buena postura corporal y la importancia del gesto a fi n de matizar las palabras que acompañaba.

A parte de cantantes y actores, todos aquellos que querían dedicarse a la política ejercitaban su voz para poder hablar en la tribuna pública.

De este modo podían convencer a los atenienses y deleitarlos con su oratoria.

Al hablar de la oratoria en el mundo griego, nos viene a la memoria Demóstenes, uno de los oradores más importantes de la antigua Grecia. Según parece, Demóstenes tenía tales defectos de pronunciación que no le auguraban ningún futuro como orador. No obstante, asistió a varias escuelas de oratoria y se informó acerca de las distintas técnicas que allí enseñaban y cuáles eran las cualidades de un orador. Después, se retiró a la orilla del mar donde se construyó una cabaña. En aquel lugar solitario practicó con gran tesón ejercicios de respiración y fonación hasta lograr su objetivo: convertirse en el mejor orador de su tiempo. Cuenta la leyenda que uno de los ejercicios consistía en hablar con voz potente al lado de un mar agitado, articulando con exageración las palabras y la boca medio llena de pequeñas piedras.

En la antigua Roma la voz era también muy considerada y cultivada.

Existían diferentes técnicas y se formaban profesores a fi n de transmitir tales conocimientos. Los profesores especializados en la voz se clasifi caban en tres tipos: Vociferarii, Phonasci y Vocales. Los Vociferarii se cuidaban de los ejercicios que fortalecían la voz. Los Phonasci reforzaban el volumen. Finalmente, los Vocales se encargaban de la entonación, las modulaciones y el perfeccionamiento en el canto. El emperador Nerón (54-68), que se consideraba a sí mismo un gran poeta y mejor cantante, iba siempre acompañado de un Phonasci que lo cuidaba y aconsejaba para que en sus actuaciones no forzara ni maltratara su “maravillosa” voz.

También la tragedia romana estaba formada por partes habladas y partes cantadas. Ahora bien, a diferencia de la tragedia griega, el poeta hacía el libro y la música la componía un músico profesional.

En lo que atañe a la performance de estas obras, debemos destacar que los cantantes interpretaban sus partes acompañados de un fl autista que se situaba al fondo del escenario durante la representación.

Asimismo, también están documentadas en este periodo las actuaciones de grandes coros. De hecho, autores como Horacio y Cátulo escribieron textos pensando en estas formaciones e incluso idearon partes en las que junto a instrumentos acompañaban a los solistas.

A partir del siglo II d. C. se fue profundizando en el estudio de la teoría de la música. Sin embargo, el comienzo de las invasiones bárbaras un siglo después afectó al canto y a la música en general. Se destruyeron los teatros y los locales de espectáculos. Esto provocó el fi n del arte lírico-dramático, aunque el cristianismo primitivo logró mantener algo gracias al cultivo del canto.


 

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