Cuadernos de Educación y Desarrollo

Vol 2, Nº 11 (enero 2010)

ORIENTACIONES METODOLÓGICAS DIRIGIDAS A LOS TRABAJADORES SOCIALES DE LAS ESCUELAS DE TRASTORNOS DE CONDUCTAS, CATEGORÍA 1


 

Berkis Sosa Sosa
Miguel Angel Miranda Martín
Policlínico Universitario Mario A. Pérez Mollinedo, Sagua la Grande, Villa Clara, Cuba
a_tecnologia@unimedsag.vcl.sld.cu


Introducción

En la historia del desarrollo educativo del presente siglo, la literatura que habla sobre factores escolares que tienen algún grado de asociación con los resultados del aprendizaje de los alumnos y con otros elementos de su desarrollo personal, es realmente reciente.

Durante varias décadas se trabajó en el sector educacional bajo el supuesto de que el peso de las condiciones socioeconómicas y socioculturales externas al sistema educativo sobre las posibilidades del éxito de los escolares es tan fuerte, que muy poco podía hacerse al interior de las escuelas para contrarrestarlas.

Podrán perfeccionarse los planes de estudio, programas, textos escolares; construirse magníficas instalaciones; obtenerse excelentes medios de enseñanza, pero sin un personal especializado de apoyo a la docencia, no podrá lograrse la reeducación en estos alumnos con trastornos conductuales.

En Cuba, en la actualidad, la enseñanza especial enfrenta una serie de transformaciones que sin lugar a dudas constituyen condiciones favorables para llevar a efecto un proceso pedagógico con mayor calidad, influenciado fundamentalmente por la inserción de la tarea del trabajador social en las escuelas de trastornos de la conducta, asimismo de la tecnología educativa como complemento significativo para los procesos instructivos y educativos que se desarrollan en dicha escuela.

Requiere particularizar en este nivel de enseñanza, la presencia de trabajadores sociales, cuyo trabajo requiere de una alternativa metodológica para el desarrollo de su preparación, que constituya un elemento orientador para el cambio hacia niveles de mayor productividad en el proceso pedagógico; así como también para todo el trabajo educativo a desplegar en la escuela.

La figura del trabajador social comienza a conformarse desde septiembre del 2000, año en que se experimenta la idea de formar un especialista con suficiencia para afrontar las anomalías en los modos de comportamientos sociales en las familias cubanas, es decir, que dicho profesional, desde su formación, cumplirá tareas sociales asumiendo misiones de la Revolución en diferentes variables: educación, salud, otras.

Con el surgimiento de esta figura, el proceso de dirección pedagógica en las escuelas de trastornos de la conducta, categoría I, manifestó cambios sustanciales.

El trabajador social tiene como misión principal, la de reeducar, buscar soluciones a los casos sociales – proclives, desventaja social y factor de riesgo sobre la base de lo que cada uno de ellos ha logrado alcanzar desde las primeras edades, tanto en el seno de su familia como mediante las vías que existen para recibir una reeducación institucionalizada o no.

En el modelo para la escuela especial se explica el rol del trabajador social en este nivel de enseñanza; no obstante, en la tarea que desarrolla, el centro de su actividad y de su atención es el niño o el adolescente, cuyos momentos del desarrollo debe conocer con profundidad para poder realizar el diagnóstico y trabajar en consecuencia. Ello implica que el desarrollo de la actividad pedagógica del trabajador social tiene que caracterizarse por su contenido ideopolítico, profundamente revolucionario y transformador, por su carácter humanista y por una actitud creadora que le permita combinar distintas formas de trabajo para dirigir un proceso pedagógico activo, reflexivo y desarrollador.

Esta actividad pedagógica se desarrolla en un proceso esencialmente comunicativo, en el cual el amor por los niños, el intercambio constante con la familia y el respeto mutuo constituyen premisas básicas para el éxito de la labor educativa.

Por lo tanto, esta tarea se encamina esencialmente a preparar un trabajador social que sea, primero que todo, un educador.

Objetivo:

-Promover orientaciones metodológicas dirigidas a los trabajadores sociales de las escuelas de trastornos de conductas, categoría 1.

Desarrollo:

Algunas consideraciones sobre el desarrollo del trabajo social en Cuba.

El trabajo social en cuba se encuentra en un proceso de expansión desde el punto de vista de su institucionalización y profesionalización, marcado por la reactivación de la formación en el nivel universitario, la aparición de las Escuelas de Formación Emergente de Trabajadores Sociales, y en consecuencia la ampliación del alcance de la práctica de la profesión, que durante muchos años habían llevado adelante graduados de Técnicos del nivel medio en el Sistema de Salud, personal entrenado por la Federación de Mujeres Cubanas y otro grupo de activistas que con preparación empírica mantuvieron la presencia de esta especialidad en el país.

Cuando se hace referencia a la profesionalización, se entiende por ello, el proceso mediante el cual son calificados los miembros de una profesión para la posesión y utilización de prácticas, conocimientos y habilidades, para proveer servicios, adhiriéndose a valores y a un código de ética. Por supuesto, la necesidad de la existencia de la profesión, se justifica por la presencia de una dinámica social que genera espacios que hacen posible su surgimiento y Justifican como es el caso de Cuba en los 90, el impulso dado al trabajo social por parte del estado y un grupo de instituciones interesadas. En consecuencia, se fijan los objetivos y se trazan las estrategias cuyo tesoro más importante son sus hombres y mujeres, de rescatar y perfeccionar el proceso de profesionalización de los trabajadores sociales. Sin embargo, estas preocupaciones no constituyen un mero ejercicio intelectual dirigido a tratar de ubicar al trabajo social dentro del panorama científico actual, sino se erige como una necesidad de esclarecimiento en cuanto a definir el trabajo social así cómo lograr que la enseñanza permita formar un trabajador social integral, no sectorializado ,cómo transformar el carácter asistencialista de las prácticas del trabajo social, convirtiendo al sujeto en protagonista de su transformación, cómo garantizar una formación y una práctica profesional comprometida con los retos que impone la actual situación económica del país, entre otras. La respuesta que se dé a estas preguntas depende de las necesidades sociales del actual momento histórico; de la concepción del hombre y de la sociedad que se sostenga, de las condiciones económicas, sociopolíticas y culturales que les sirven de telón de fondo.

En Cuba, desde hace más de 40 años está tratando de estructurar una sociedad superior basada en la justicia social y donde se concibe el desarrollo desde una perspectiva integral, llamada a transformar las condiciones de vida, la estructura social y la conducta, conciencia de los individuos. Hay un criterio social que gobierna la estrategia de desarrollo y una voluntad política que trabaja por el logro del consenso social y el bienestar de su pueblo. Estas son definiciones de partida que sustentan el carácter de las políticas sociales y en consecuencia se definen las funciones y el alcance del trabajo social.

El marco de intervención del trabajo social, al igual que el de otras profesiones, está vinculado a un conjunto de problemáticas sociales que rodean la relación del individuo con el medio social, incluyendo procesos de socialización, instituciones, estructura social; así como la relación entre los individuos entre si, entiéndase tanto al nivel de sus relaciones objetivas, como a nivel de su subjetividad; por esa razón, el trabajador social en su práctica se vincula directamente a las condiciones de vida de los hombres v mujeres, sobre todo, cuando éstas aparecen como obstáculos para la integración del individuo a la sociedad y para la satisfacción de las necesidades, individuales v de grupo, incluyendo tanto aquellas de carácter primario, como otras que pueden tener que ver más con la esfera de las relaciones espirituales, en dependencia de la sociedad de que se trate.

Históricamente el trabajo social ha estudiado las distintas formas de la acción social vinculada a la ayuda al necesitado, que se transforma de la asistencia social a la organización de los servicios sociales, y a la implementación de políticas generadas por los diferentes estados, en diferentes momentos históricos. Así, es importante llamar la atención sobre el hecho, de que esta disciplina cuando aborda los problemas sociales, no sólo debe hacerlo con la intención de analizarlos, de producir un conocimiento sobre esa realidad, sino que a través de la intervención debe intentar prevenirlos, resolverlos desarrollando las capacidades en el individuo para enfrentar situaciones conflictivas o simplemente perfeccionar su modo de hacer, de vivir, de relacionarse con los otros y con el medio; lo prepara para asumir su cuota de responsabilidad individual o social; y sobre todo lo entrena para participar en la solución de los problemas , para cuando enfrenten su trabajo, sean capaces de comprender que toda práctica, máxime si pretende ser científica, está precedida por una teoría, y viceversa, y que la teoría puede ser enriquecida sistemáticamente por la práctica. No se pretende afirmar en lo absoluto, que se elaboren conceptos desatendiéndose de las prácticas históricas, o que la disciplina esté totalmente desprovista de una teoría que guíe su acción, cualquier extremo puede resultar perjudicial. De lo que se trata, es de crear espacios donde sistematizar el saber especializado, que de acuerdo a la experiencia de intervención, indique la manera de seleccionar individuos o grupos sociales, jerarquizar los problemas, adelantar soluciones y permita, de la manera más acertada posible, usar los métodos para lograr involucrar a los sujetos en las acciones sociales.

La necesidad de ganar en claridad en los aspectos y la toma de conciencia del grado de problematización que existe alrededor de la disciplina, tanto nacional como internacionalmente, se justifica entre otras cosas por el hecho de que en Cuba, la profesión se encuentra en un proceso de consolidación.

Desconocer las dificultades epistemológicas que presenta en su definición el objeto de estudio del trabajo social, puede comprometer su práctica o conducir a privilegiar aspectos teóricos o metodológicos, sin poseer una conciencia exacta de su alcance.

Las dificultades epistemológicas que se presentan a continuación se pueden constituir en tareas de investigación a resolver por los estudiosos del trabajo social:

1- La promiscuidad de su objeto, lo comparte con otras ciencias.

2- La indefinición de su orientación, predomina una óptica pragmática o por el contrario una ideologizante.

3- El objeto de intervención se designa a través de la evidencia empírica, tomada directamente de la realidad, sin que medie ningún proceso de teorización.

4- La conceptualización que se realiza, se fundamenta en conceptos tomados de otras ciencias afines, no hay un interés por producir una sistematización que trascienda la experiencia práctica.

5- El objeto de intervención se identifica totalmente con el sujeto portador del problema, y en ocasiones se pierden de vista marcos sociales más amplios.

6- La existencia de préstamos disciplinares tanto en el orden de la teoría, como del método.

7-Es una actividad socialmente construida, de ahí la centralidad de la categoría de acción social.

8-Se desarrolla en contextos históricos diferentes, por lo que constantemente hay que validar lo universal, con lo particular.

Principales momentos en la profesionalización. Surgimiento de la profesión.

Los antecedentes del trabajo social en Cuba son similares a los antecedentes de la profesión en cualquier otra parte del mundo. La Iglesia Católica y las Asociaciones Benéficas desarrollaron un conjunto de actividades para socorrer a las personas en desventaja social. A la acción de ellas, se suman las Asociaciones de Inmigrantes, fundamentalmente, de diferentes regiones de España y las primeras Asociaciones Obreras que surgen como asociaciones de ayuda mutua. A pesar de las esfuerzos realizados por estas instituciones en las primeras cuatro décadas del siglo XX no estuvieron creadas las condiciones para la institucionalización de la profesión. En la década del treinta hay indicios de preocupación por dotar a las personas que trabajaban en organizaciones benéficas y filantrópicas de algunos conocimientos que le permitieran enfrentar con mayor rigor la labor de asistencia social, sin dudas fue importante en este sentido la fundación en 1938 del Patronato de Asistencia Social por iniciativa de la Sociedad Lyceum que bajo el lema : Crear una escuela de Servicio Social, aglutinó las fuerzas necesarias para incidir en las instituciones responsables de hacer cumplir este objetivo.

Con la promulgación de la constitución del 40, se reconoce por primera vez la responsabilidad del estado en la seguridad y asistencia social, sin embargo, no fue el estado el que promovió la creación de la escuela sino el Patronato de Asistencia Social, que propuso utilizar como profesores a los miembros del Lyceum y utilizar sus locales. Los primeros fondos económicos los aportó la Alcaldía de La Habana. Una vez realizada la matrícula, se recibió apoyo de la Universidad de La Habana, en particular de la Facultad de Educación, que ofreció cooperación en cuanto a locales y apoyo de sus profesores, lo cual contribuyó a la apertura de la Escuela de Servicio Social el 5 de mayo de 1943 y que funcionó los dos primeros años subordinada a la Facultad de Educación de la Universidad de La Habana, Pero no fue hasta dos años después de su fundación en que se reconoció como Escuela Anexa de la Facultad de Educación en Junta celebrada por esa Facultad el 3 de mayo de 1945. Los requisitos para ingresar a la Escuela de Servicio Social eran:

1- Características de índole personal: interés por el ser humano y por lo que el hecho social significa, respeto a la dignidad humana.

2-Título de Bachiller, preferiblemente en el área de Letras, o título de High School, (concedido por escuelas norteamericanas radicadas en Cuba o en Estados Unidos); en caso de no cumplir con este requisito eran aceptados aquellos estudiantes que aprobaran los exámenes de ingreso, a los graduados de enfermería, de las Escuelas del Hogar, de Comercio, de Arte y Oficios y Técnicas Industriales.

El plan de estudios de la escuela constaba de dos años académicos, divididos en cuatro semestres. Se cursaban materias de Psicología, de Sociología, se ofrecían principios básicos de las Ciencias Médicas y del Derecho en sus relaciones con la Asistencia Social. Las prácticas de la escuela abarcaban campos médico-sociales, delincuencia juvenil, menores abandonados y trabajo con grupos, con centros de práctica en diversas instituciones.

De las 26 asignaturas que se impartían en el plan de estudio, en el período 1944-1946, 6 eran de perfil médico, proporción que aumenta en el periodo 1952-1954 al reducirse el número de asignaturas del plan de estudios a 23 y mantenerse las de perfil médico, correspondiéndoles a éstas el 36% del fondo de tiempo docente.

Al efectuar un análisis del listado de las asignaturas que integraban el plan de estudio se observa que en él están presentes asignaturas relacionadas con los tres niveles de intervención del trabajo social: individual, grupal y comunitario. Llama la atención que está presente un curso de Sociología, dos cursos acerca de la vinculación del Derecho con la profesión, y otro sobre problemas económicos de la sociedad cubana. Sin embargo el plan de estudio carece de asignaturas vinculadas a la metodología o a la investigación en el área de los servicios o del trabajo social, v sólo hay una asignatura donde se contemple la actividad práctica.

En las Revistas de Servicio Social localizadas, se encuentran un grupo de conceptos relacionados con la profesión, que ocurren en común el considerar las desventajas sociales como un problema individual ajeno a las contradicciones y problemas sociales de la época y por tanto las causas de las situaciones carenciales están en los sujetos y no fuera de ellos. Por otro lado existe en las definiciones de los conceptos una extrapolación de términos de las ciencias médicas tales como: patología social, enfermedades sociales, médico social, curación.

Se analizaron los 19 trabajos de Tesis encontrados en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía e Historia, que desde el punto de vista temporal abarcan desde el curso 1945-1946 hasta el curso 1959-1960. De estos trabajos 8 se refieren al sector de la salud, 5 a trabajo social en instituciones, 4 al área de vivienda, y 2 a la de educación. El análisis realizado reflejó que:

Es de destacar que el predominio del trabajo social asistencial permanece hasta la década del 90 del siglo XX, caracterizándose por mantener una postura de atención a los necesitados que básicamente otorga ayudas, tanto materiales como desde el punto de vista espiritual en el sentido de servicios o información. Es la forma originaria en que apareció el trabajo social y luego evolucionó hacia formas más técnicas e incluso hacia formas más participativas. Por supuesto, el asistencialismo que es como se le nombra en Cuba es parte del quehacer profesional, pero no se considera que agote las potencialidades de la profesión.

Fundamentos sobre el trabajo sobre trabajo social en Cuba.

…Los trabajadores sociales no van a atender sino a detectar y a conocer todas y cada una de las tragedias humanas, todos y cada uno de los problemas que pueda tener un ciudadano o necesidades de los ciudadanos. (1)

En el discurso de inauguración de la escuela para trabajadores sociales en Santa Clara, Fidel los define: Como el que detecta y conoce todas y cada una de las tragedias humanas, los problemas que pueda tener un ciudadano o sus necesidades más perentorias. (2)

El líder de la Revolución contextualiza la misión y precisa:

“El sentimiento de solidaridad es parte de nuestra ideología y de nuestros corazones y confiamos en nuestro pueblo. Sobre todo porque hoy este país tiene más fuerza que nunca, más armas que nunca para la batalla ideológica, sin dejar de tener bien guardadas y engrasadas las otras y la idea clara de cómo empuñarlas”.(3)

La vida misma irá dando la visión más exacta de lo que representa un trabajador social. Al crearse la fuerza que los agrupa y los prepara, se ha partido de utilizarlos en tareas de vanguardia de mucho contenido político. El trabajador social debe comenzar por penetrar en la esencia de la sociedad socialista, y su abecé es quién eres, cómo vives, qué quieres para vivir con dignidad y felicidad, sin daño a los demás y en primer lugar descubriendo sus enormes posibilidades de estudiar, trabajar, ser feliz.

En coordinación con el Estado y las organizaciones de la sociedad civil socialista cubana, el trabajador social se encaminará a la búsqueda de las soluciones concretas dentro de la comunidad en la que labore. Será ella su montaña.

Esta fuerza se inserta, no es casual y responde a que siempre tiene el oído pegado en los problemas reales y a su afán invariable por evitar esas otras ”barreras arquitectónicas” que representaría que la UJC o las organizaciones estudiantiles descuiden su relación con las masas y por tanto, con cada joven del país.

Al hablar de la sociedad Comunista como el todo que es, sin distinguir entre sus dos fases, la socialista y la propiamente comunista, Marx hizo una afirmación que bien puede evocarse al subrayar la significación del trabajador social.

En polémica con pensadores enemigos del comunismo, expresó: “Dentro de la sociedad comunista la única donde el desarrollo original y libre de los individuos no es una frase, ese desarrollo está condicionado, precisamente, por la cohesión de los individuos, cohesión que se da, en parte, en la necesaria solidaridad del desarrollo libre de todos y finalmente, en el modo universal de manifestarse los individuos sobre la base de las fuerzas de producción existentes”. (4)

Marx fue todavía más preciso, añadiendo: “Aquí se trata, pues de individuos que han llegado a una determinada fase de desarrollo histórico y no, ni mucho menos, de individuos casuales cualesquiera, y esto aún prescindiendo de la necesaria revolución comunista , que es, a su vez, una condición común para su libre desarrollo.(5)

En el VIII Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas, en el discurso clausura pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, expresó…”Quizás lo más útil de nuestros modestos esfuerzos en la lucha por un mundo mejor será demostrar cuánto se puede hacer con tan poco, si todos los recursos humanos y materiales de la sociedad se ponen al servicio del pueblo”. (6)

Los estudiantes de la escuela de conducta cuentan con la atención de los trabajadores sociales, los cuales son los encargados de organizar la acción de la sociedad para modificar las causas y condiciones que originan la desventaja social y los trastornos de conducta de estos adolescentes.

Se crearon las escuelas de trabajadores sociales que han graduado ya ha 21 485 jóvenes, como un verdadero contingente de apoyo y solidaridad social que actúa en casi todos los Consejos Populares del país.

Oportunidades para la prevención social en las condiciones actuales de Cuba.

El rasgo más peculiar de la política social del estado cubano y el que ha permanecido inalterable a lo largo de las cinco décadas de existencia de la Revolución cubana en el poder, ha sido la universalidad real de los derechos sociales constituidos legalmente. Todas las leyes que paulatinamente se han puesto en vigor tienen un referente social y; con ello se ha evidenciado v concretado de modo inobjetable su vocación de justicia social y la voluntad de creación de un marco jurídico que propicie las condiciones favorables del desarrollo de todos sin excepción.

Son conocidas las áreas de necesidades básicas y de servicios que el estado cubano centralmente ha protegido y amparado con su legislación social. Educación, salud, cultura, deportes, empleo, seguridad social, han sido espacios de igualdad, al decir de M. Espina (2002); "mecanismos de distribución que se caracterizan por la universalidad, masividad, gratuidad o facilidad para el acceso, condición de derecho legalmente refrendado, estatalidad, y carácter público, centralidad y estatalidad de su diseño, y de la garantía para acceder a él, participación social, preponderancia de las soluciones colectivas sobre las individuales, homogeneidad, calidad creciente, opción de integración social en igualdad de condiciones para codos los sectores sociales independientemente de sus ingresos".(7)

Sin embargo, no es posible desconocer que esta igualdad de derecho ante tales espacios no significa igualdad en el ejercicio de los mismos, por cuanto la diversidad de condicionamientos que marcan la socialización de unos y otros individuos en términos de cultura, ingresos económicos, de área geográfica, de nivel educacional, del estado de salud, de patrones reproductivos, de orientación sexual, de valores, de construcción de género, y de otra gran cantidad de factores, actúa como mediatizadora en su aprovechamiento

Las diferenciaciones actuales, sus efectos en determinados grupos sociales en desventaja, las aportaciones que puede hacer la perspectiva del trabajo social en función de perfeccionar la prevención social , y la posibilidad de identificar oportunidades desde la prevención social que propician un proceso de reversión de tales circunstancias adversas, crisis, ajuste y diferenciación social.

Como resultado del diseño de política social asumido por el Estado Cubano entre los años 1959 y 1975 se operaron transformaciones cualitativas en la estructura de clases de la sociedad cubana derivadas de la modificación radical de las relaciones de propiedad en la esfera económica y materializada en una potenciación del papel del estado en todo el andamiaje económico-productivo, hecho que se reflejó en una sensible disminución de las diferenciaciones sociales y acortó la distancia entre quienes más ingresos poseían y aquellos que se encontraban en peores condiciones económicas. Esto puede demostrarse al analizar las cifras siguientes:

En1953 el 10% de la población accede al 38 % de los bienes producidos el 2,0 % de los más desfavorecidos solo al 2,1%.

En1978 el 20 % del mas alto poder económico solo alcanza el 27% mientras que el 20 % de menores posibilidades dispone del 11.% del total.

Junto a esta homogenización de los ingresos, la extensión y aumento de los ya mencionados espacios de igualdad, condujeron a una disminución de las diferencias sociales lo que, desde el ángulo de la estabilidad social y la armonía de las expectativas recíprocas individuales y colectivas, representó un importante factor de integración social y, por consiguiente, un inhibidor de fenómenos sociales potencialmente desintegradores, conflictivos o disfuncionales.

Tales son los casos de la rápida reducción hasta la casi anulación de la prostitución y el proxenetismo (alrededor de 100,000 mujeres la ejercían en l959 llegando hasta una cifra mínima en 1962), la disminución del juego, las drogas y otras expresiones conductuales de implicación social negativa, incluida la cifra; de delitos comunes, aunque las fuentes de estos últimos datos no es de carácter público.

Las tensiones de índole política, cuyas resonancias en el plano de la economía se plasmaron en las medidas de bloqueo económico y '' financiero en el ámbito internacional adoptadas por los sucesivos gobiernos estadounidenses, afectaron directamente las capacidades; económicas del Estado Cubano en el empeño de garantizar derechos universales. En el orden interno esas tensiones significaron básicamente un movimiento migratorio de las más altas capas de la clase, hasta entonces dominante, desplazada del poder hacia los Estados Unidos.

Los efectos de ese desplazamiento afectaron limitadamente la política social por la Revolución Cubana ya que se equilibró ese déficit de profesionales y otros especialistas en breve tiempo a partir del amplio desarrollo educacional impulsado.

Por todo lo antes expuesto se concluye que la sociedad cubana de 1975 expresaba el esfuerzo de las tendencias al igualitarismo que caracterizaban a la política social y la estrategia de desarrollo diseñada desde el estado, cuyo énfasis particular se situaba bastante lejos del campo económico y sí muy cerca de los preceptos morales que responsabilizarían a las instituciones estatales con la capacidad de disfrute y bienestar de todos y cada uno de los ciudadanos.

A pesar de no ser objeto de estas reflexiones, resulta imprescindible apuntar que entre las críticas al diseño mencionado se encuentra, de modo central, la limitada y hasta perjudicial influencia que posee sobre la estimulación del desarrollo de las fuerzas productivas y la tensión mantenida que se genera entre el logro de su cumplimiento y los recursos económicos que lo hacen posible. Se requeriría de un pormenorizado balance y de una justa consideración para dar respuesta a tai criterio, imposible en este debate.

Pero analizándose observando más adelante, entre 1975 y 1989, se encontró un período en que la diferenciación social no aumenta sino que se reproduce establemente en la estructura social alcanzada en el período previo, de modo que las aspiraciones de movilidad y los accesos a ella seguían vinculados al esfuerzo por una más alta calificación laboral v profesional de cada ciudadano y la garantía de las seguridades sociales corrían a cargo del estado.

Toda esta trayectoria de igualitarismo y, por supuesto, la percepción generada en la población acerca de sus derechos, sin condiciones de partida inhabilitantes, son especialmente importantes va que deben considerarse y compararse con circunstancias particulares que marcaron históricamente el decenio de los años 90 en Cuba.

Conocido como Período Especial en él aparecen sucesivamente fenómenos económicos y sociales derivados de la crisis (primeros tres años) y del ajuste de políticas económicas (a partir de 1994).

En la fase de crisis algunos de los efectos más nefastos se evidenciaron en:

Drástica reducción de los bienes de consumo de primera necesidad; alimentación y vestuario

Reducción de los portadores energéticos.

Disminución de la capacidad del Estado para hacer frente al engrosado

Volumen de compromisos sociales adquiridos a lo largo de las tres décadas anteriores.

Afectación importante de los servicios básicos, tales como el transporte, la vivienda, los servicios de acueducto y alcantarillado, la producción de energía y los mantenimientos de viajes, entre otros.

En el segundo periodo, también conocido como de las reformas económicas, fueron adoptadas una serie de medidas con el fin de enfrentar y remontar la difícil situación que se derivó de la confluencia de un conjunto de situaciones políticas y económicas internacionales y nacionales, que redujeron a solo un tercio el volumen del intercambio comercial que se generaba en la economía cubana en los últimos años de la década anterior.

Tras la desaparición del campo socialista, la tarea de sacar del estancamiento y la depresión más profunda a la economía cubana resultaba imperativa de primer orden. Sin pretensión de exhaustividad, se pueden presentar del siguiente modo las medidas económicas fundamentales que modificaron el panorama de la estructura social cubana a partir de 1994:

a) Apertura al capital extranjero.

b) Apoyo al desarrollo de formas cooperativas de producción agropecuarias.

c) Reducción de la fuerza laboral estatal y expansión del trabajo por cuenta propia.

d) Dinamización del desarrollo de sectores capaces de generar divisas a corto plazo, como el turismo.

e) Reducción progresiva de subsidios a empresas estatales.

f) Legalización de la circulación de divisas y de las remesas familiares.

g) Incremento de los permisos para visitar familiares residentes en el exterior a ciudadanos cubanos.

h) Implantación del sistema de emulación en divisas.

i) La conjunción de los efectos de ambos momentos configuró un conjunto de procesos de alto poder diferenciador que se puede sintetizar en:

• Surgimiento de ingresos y niveles de vida no vinculados a la actividad laboral.

• Empobrecimiento de algunos sectores de trabajadores.

• Aparición de notables diferencias entre trabajadores de diferentes sectores.

• Exclusión de importantes segmentos de población de consumo en ciertos

• mercados o reducción de su acceso a un grupo muy limitado de productos que se distribuye en ellos.

• Aparición de marcadas diferencias entre territorios, en cuya base se encuentran desventajas anteriores a la crisis, propiciada por niveles de desarrollo económico muy dispares.

Estas referencias a los procesos agudos de diferenciación social, que han afectado a Cuba en la última década constituyen punto de partida para comprender el interés en analizar las posibilidades de contribución desde la profesión del trabajo social a un paulatino rescate de condiciones más favorables al bienestar social sin aspirar a una reconversión total de las diferencias socioeconómicas pero pasando por un enfoque más realista, y pormenorizado de ellas.

El Trabajo Social. Sus retos.

El reconocimiento de la diversidad y de la diferencia es un elemento consustancial al enfoque que distingue al profesional del trabajo social, por tanto se comprende que más allá de todo esfuerzo de homogeneización que se pretenda desde el macrodiseño de la política social, lo diverso trasciende y se impone en cualquier análisis. Justamente, por eso resulta necesario emprender el perfeccionamiento de los mecanismos encaminados a dotar a cada ciudadano de medios viables para potenciar el desarrollo de sus capacidades y la plenitud de su realización como ser humano, individual y colectivamente. Lo anterior no se contradice con los esfuerzos por reconstruir la economía nacional, insistiendo en el mejoramiento material para todos, lo que está indiscutiblemente en la base de los objetivos del estado y de la sociedad en su conjunto.

Esto quiere decir que se requiere de una reflexión distinta sobre las diferenciaciones sociales; lejos de verse como una indeseable contingencia que puede superarse con voluntad política uniformadora, debe verse como una realidad inevitable que explica la necesidad de sustituir el concepto de igualdad por el de equidad en toda la proyección del desarrollo social.

Eso implica reestructurar las visiones de lo distinto, cambiar la imagen de lo excepcional por lo normal. ya que lo normal no es la indiferenciación, sino por el contrario, lo peculiar, es lo que da sentido propio a la existencia de grupos y comunidades, lo que permite la apropiación de una determinada identidad, sin que por ello se justifiquen en modo alguno las subvaloraciones o se traduzcan en asimetría de poder.

La política social diseñada centralmente con alto nivel de generalidad no puede eludir la especificidad que poseen aquellos espacios sociales de subutilización de garantías, precisamente donde se encontraron a los grupos en desventaja social emergidos de los procesos ya descritos y cuyos componentes se centran en:

a) Grupos familiares con ingresos insuficientes para cubrir las necesidades básicas.

b) Grupos familiares y comunidades radicadas en espacios territoriales con poca o ninguna atracción a la inversión relacionada con los sectores emergentes, alto deterioro del fondo habitacional, graves problemas infraestructurales urbanos, degradación de suelos.

c) Grupos familiares y sociales que frente a estas circunstancias de precariedad, estructuran estrategias de sobrevivencia ajena a la actividad laboral dadas las limitadas compensaciones que el trabajo asalariado ofrece en las condiciones de complejas relaciones económicas .

Cuando se centra la atención en el grupo de niños y de niñas, adolescentes y jóvenes que integran los grupos en desventaja antes mencionados, se ven apoyando las actividades de los adultos de su entorno familiar o barrial, cuidando hermanos pequeños o realizando ellos mismos algunas labores que pueden estar al borde de lo considerado legal, especialmente ventas de artículos de dudosa procedencia, alejados de las aspiraciones sanas del desarrollo natural de su etapa de vida, distantes de los intereses educacionales que normalmente refuerzan el conjunto de valores sociales necesarios en su positivo proceso de socialización.

Por tales manifestaciones, entre otras, se observa que son justamente quienes más se encuentran en riesgo de inadaptación social y/o presentan conducta social inadaptada. Esto puede decirse que es una expresión de el abrupto empeoramiento de la situación socioeconómica que comienza a producirse a partir de 1989, (y que) representa una suerte de retroceso o quebrantamiento de un proceso que se percibía en dirección ascendente, lo que genera inseguridad e incertidumbre social.

Expresadas como trastornos de conducta se encontraron las manifestaciones de inadaptación social cuyas consecuencias comporta para el sujeto una dificultad para incorporarse al funcionamiento social y establecer en su seno una armónica relación. Así se denomina en los documentos rectores diseñados institucionalmente para su atención, y el Estado cubano cuenta con una legislación que faculta a la Comisión de Prevención y Atención Social, órgano rector desde la estructura estatal creado en agosto de 1986 para facilitar las coordinaciones Interinstitucionales necesarias, las intervenciones profesionales informales o formales que cada caso requiera, y los seguimientos que consecuentemente procedan con el fin de actuar en favor de la ayuda, regularización e integración de tales sujetos a la sociedad.

La Comisión de Prevención y Atención Social es un órgano subordinado a las diferentes instancias de gobierno territorial, con estructura vertical y que se constituye con la participación de distintas instituciones ministeriales encargadas de velar por la funcionalidad y el logro de los principales objetivos precisados en el documento que lo instituye como tal.

Sin embargo, las realidades que afectan a la sociedad cubana de hoy operan como mediadoras en la perspectiva de actuación de este mecanismo institucional y obliga a una nueva lectura de las posibilidades con que cuenta en su desempeño y en las modalidades metodológicas de su accionar. Justamente porque se piensa que desde el trabajo social se puede contribuir a este mejoramiento es que se indaga sobre las posibilidades afirmativas que actualmente existen para su perfeccionamiento.

Oportunidades para el logro de la prevención social en Cuba.

Ahora bien, con vista al perfeccionamiento mencionado en la atención a estos grupos se hace necesario, interesante y productivo, la presentación y valoración de las oportunidades importantes que han surgido a lo largo de la década del 90 y especialmente después de la creación de los Programas Emergentes nacidos a partir del año 2000 puesto que han modificado el panorama de la atención a esos grupos en desventaja, dentro de los cambios positivos que se han generado para revertir ¡a difícil situación socioeconómica derivada del período de crisis y de ajuste conocido como período especial y que ya han sido abordados.

Aquí se entiende como oportunidades aquellas circunstancias, procesos o experiencias que, generándose en el entorno externo a las instituciones oficiales, las impactan como resultado de las propias transformaciones de dicho entorno y con ello tienen la posibilidad de favorecer su efectividad cuando se integran a su accionar.

La primera oportunidad a considerar por su importancia radica en el desarrollo, lento pero sostenido y aunque no muy divulgado, si notablemente exitoso, de los proyectos comunitarios.Ya sean los de tipo cultural, los de intervención urbanística, los surgidos por la espontánea premura de la necesidad básica, o los promovidos en los primeros momentos por organizaciones externas, todos ellos, con sus diferentes proyecciones, objetivos y técnicas, han ido gradualmente facilitando una más rica interpretación de la participación ciudadana y con ello un espacio para la lectura de las políticas públicas centralizadas, en clave local, en clave comunitaria.

Se considera a este proceso una oportunidad en tanto apuesta por la mirada distinta y distintiva, por la focalización que permite hacer sobre la comunidad, por la singularidad que exige en la comprensión de los problemas que allí palpitan y que, no por repetirse en su formulación general son iguales a los de otra comunidad y porque revela, además, la esencia activa y creadora de la fuerza popular, así como el enorme recurso que representa cuando es vista como sujeto activo de sus propias transformaciones.

El espacio comunitario ha demostrado en múltiples experiencias, tales como las derivadas de las casas de cultura, las casas de orientación a la mujer y la familia, los talleres de transformación integral del barrio, los proyectos comunitarios de extensión universitaria, los proyectos escuela -comunidad, el programa mi comunidad saludable, y muchos otros amparados en las metodologías participativas, que son posibles las articulaciones de las aspiraciones nacidas de la gente que allí vive con las que sostiene el estado desde el plano macrosocial.

Otra oportunidad se presenta con la concreción de las iniciativas de la máxima dirección del estado cubano en la figura de su Primer Ministro Fidel Castro, a través de la puesta en marcha y el funcionamiento de una serie de programas nacionales (Formación emergente de maestros, formación del personal de enfermería, formación de jóvenes instructores de arte, formación de trabajadores sociales, entre muchos otros) dirigidos mayoritariamente a estos segmentos poblacionales que potencian la integración de los mismos a la estructura productiva y de servicios del estado y sus instituciones, o que permiten la elevación de la preparación técnica, cultural y educacional de esos jóvenes en interés de reactivar su esquema de valoración social y de reconducir la aspiración de movilidad social a través del cauce de los esfuerzos laborales y los méritos.

De los muchos planes que desde el año 2000 vienen presentándose como alternativa de reinserción social luego de un período de carencia de respuestas en torno al empleo, resulta de especial interés valorar las potencialidades del plan de formación de trabajadores sociales.

Esencialmente constituye en sí misma una propuesta renovadora de cara al mejoramiento de los resultados de la labor de prevención social, porque presenta una nueva visión de la atención social que revaloriza la profesión del trabajo social y reconoce sus posibilidades en aras del bienestar y el desarrollo humano, al tiempo que visualiza al individuo y las especificidades de sus problemáticas, aspiraciones, intereses y necesidades.

Si se analizan las características de los grupos que integran la matrícula de dichas escuelas se comprende que se trata de jóvenes que, en determinado momento de su desarrollo, interrumpieron su vida escolar bajo la influencia, más o menos determinada, según cada caso, de las grandes dificultades socioeconómicas que trajo consigo el período especial en conjunción con condiciones medioambientales y familiares desfavorables de base.

Estos jóvenes, al formarse como trabajadores sociales en un nivel técnico básico, con un programa de conocimientos que le abre nuevos horizontes a estos, hasta entonces limitados proyectos de vida, se convierten en un recurso muy importante para ser tenido en cuenta en los espacios comunitarios y en las acciones que de forma descentralizada deben decidir y acometer las estructuras básicas de las organizaciones y organismos centrales, incluidas por supuesto las comisiones de prevención y atención social, si realmente se intenta la atención focalizada.

Es decir, constituyen una oportunidad para la potenciación de la efectividad de la política social, para intentar el equilibrio entre diseños macrosociales y actuaciones participativas, para facilitar la coordinación de esfuerzos entre quienes, por años, han repetido experiencias y quienes, ahora podrían replantearlas superando sus resultados.

Sin embargo, es necesario alertar sobre la debilidad que significaría una excesiva homogeneidad en los lineamientos de su trabajo y sobre las limitadas facultades que hoy tienen, lo que podría mejorarse en un futuro a través de la maduración de esta experiencia y del aumento de calificación de estos jóvenes. Una tercera oportunidad se deriva de la contribución que hacen los resultados de las investigaciones de las ciencias sociales y de su apropiación creadora por quienes, desde diversos sectores, institucionales o no, se vinculan a las labores de prevención social.

Las ciencias sociales en Cuba han contribuido grandemente a la comprensión de los fenómenos sociales complejos de la última década y una enumeración, necesariamente incompleta, de las investigaciones sociales de mayor impacto, desde 1997 hasta 2003, podría incluir los resultados obtenidos en estudios de migración interna, de estructura de la sociedad cubana, de juventud, de prevención comunitaria, de familia o del desarrollo humano. Aprovechar estos resultados poniendo en práctica no solamente las recomendaciones que allí se plantean sino, sobre todo, las nuevas concepciones y valoraciones en torno a tales realidades y cómo considerar las nuevas relaciones que surgen de las características de la sociedad cubana de hoy, son los retos a los que se debe responder para estar a la altura de esta oportunidad.

En particular, las investigaciones que han hecho aproximaciones al sistema institucionalizado de la prevención social, y a las posibilidades de su perfeccionamiento, con énfasis en la más amplia y profunda visión de la participación, serían de gran ayuda.

Pero no solo las contribuciones de los científicos cubanos forman parte de esta oportunidad. También, se precisa la visión de especialistas internacionales y su más creadora asimilación para alcanzar logros que se plasmen en la práctica social.

Atendiendo especialmente a la prevención del comportamiento social inadaptado en el ámbito más personalizado, se encuentra que los nuevos paradigmas que reconsideran la intervención profesional frente a tales conductas, sustituyen y superan los modelos teóricos que justificaron durante los dos siglos anteriores los enfoques represivos y coactivos en el control social, las intervenciones basadas en el criterio de que toda inadaptación merece el castigo, o la que postula que la protección social tiene que separar a los inadaptados del medio social, así como la que presenta la inadaptación social en términos de patología tributaria de un tratamiento especializado, todas ellas se han cimentado en la subvaloración del individuo que ha presentado tales conductas.

Sin embargo, se ha comprobado que esos comportamientos pueden ser típicos de las experiencias inmaduras de la adolescencia, imprecisas y carentes del referente de socialización apropiado, de modo que es lógica la elección del modelo de intervención socioeducativo para suplir esas necesidades educativas especiales y abordar desde el ámbito del desarrollo sociocultural la superación de dichas situaciones que deben ser vistas como coyunturales en esa fase de la vida.

Se hace necesario trabajar con un enfoque que reconozca la responsabilidad del sujeto como principal protagonista de sus cambios y le proponga un entrenamiento específico, personalizado y selectivo, incluso automodelado con el que sea capaz de corresponsabilizarse y, en consecuencia, impacte y movilice sus intereses de auto transformación. Con ello es posible el acercamiento a respuestas conductuales adecuadas convenientemente al entorno, armonizadas con las expectativas sociales y, al mismo tiempo, la adquisición por el sujeto de un más amplio espectro de intereses, motivaciones y espacios de realización.

Al menos tal es la propuesta entre quienes estudian y experimentan en pequeños grupos los instrumentos más capaces para estimular cambios hacia el bienestar personal y colectivo, hacia la adecuación e integración social; pero eso no basta, es preciso además ,convertirlo en sustrato conceptual de todo proceso de intervención, y esto requiere de su introducción en el plano institucional. Hoy las ciencias sociales, al brindar un marco teórico y metodológico apropiado a las intervenciones de escasa estigmatización, coloca, o puede colocar a estos jóvenes en mejores condiciones para superar sus dificultades y a los profesionales que los atiendan, en posición ventajosa para propiciar su aceptación en la comunidad o al menos reducir la reacción de rechazo que solo contribuye al retornamiento de su exclusión, virtual y literal.

Muchas veces se ve en estos jóvenes formados como trabajadores sociales, individuos que se meten en la vida de las personas o que resolverán algo material a aquellas familias más necesitadas, pero no es así, el trabajo social es para ayudar a los más necesitados y en Cuba se cumple cabalmente, ellos intervienen para evitar situaciones difíciles, perfeccionarles el modo de vivir aconsejándoles de cómo hacer las cosas para que les salgan mejor y así frenar situaciones conflictivas, donde se puede decir que son portadores de mensajes espirituales y es de destacar que a partir de 1998 el proceso de la institucionalización de la profesión de Trabajo Social en el país se ha visto acelerado.

Reflexiones sobre la política social en cuba.

En Cuba, desde los primeros meses de 1959, la estrategia de desarrollo incluyó medidas unidas a la política social aunque no siempre se le identificaba con ese nombre. En el alegato histórico conocido como "La historia me absolverá", que es donde se plasma el programa del moncada. Hay una denuncia y exposición de los males sociales de la república neocolonial y las medidas que se aplicarían una vez que se alcanzara el triunfo.El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación, el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente los esfuerzos junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política.

Las transformaciones económicas políticas y sociales de la revolución dieron cumplimiento a esos propósitos. Así se promulgó la ley de reforma agraria, La ley de reforma urbana, se desarrolló la campaña de alfabetización y se trazaron políticas desde el inicio de esta referidas a la eliminación de la discriminación de la mujer, a la discriminación racial, y políticas acerca de la familia, de las nuevas generaciones del territorio, el empleo en general y en particular de la mujer.

Por ellos la política de la revolución en aspectos esenciales como la educación, la salud, la vivienda, el empleo, la cultura ha sido conjugada con la movilización, a través de las organizaciones sociales y de masas a los distintos sectores de la población, especialmente a la juventud. Se ha promovido la participación popular.

Es que la atención a los problemas sociales ha tenido alta prioridad. El papel del estado ha sido determinante, pues mediante éste se centralizó la responsabilidad de una política social en Cuba que, sin dejar de interactuar con las acciones económicas, modificara las condiciones de vida de la mayoría de la población.

Aunque en toda la trayectoria de la misma se ha atendido a los grupos en desventaja social, es en la década del noventa cuando se organizan los distintos programas se responsabilizan a las instituciones con diferentes tareas; es así que el ministerio del trabajo y seguridad social y las comisiones de atención y prevención social a sus distintos niveles asumen un papel protagónico en la detección de los casos y en el seguimiento a las posibles soluciones.

Un papel destacado en el trabajo social tiene la unión de jóvenes comunistas. Ellos han trabajado en la selección de los jóvenes para las escuelas de formación de trabajadores sociales. En la realización del trabajo político – ideológico en dichas escuelas y el trabajo de intervención en la comunidad.

Los programas de atención integral a menores en desventaja social. Consideran a: desvinculados de los estudios; con trastornos de conducta; discapacitados; abandono del trabajo; con enfermedades genéticas y otras.

Es importante destacar la intencionalidad que tienen estos programas que lo distinguen de lo que sucede en otros países. Lo primero que se puede destacar es cómo un país con pocos recursos económicos dirige una política social que tiene como objetivo la atención al universo de la población; en el área de la salud, la educación y un trabajo directo con los grupos sociales con desventajas sociales, donde el estado tiene un rol protagónico. Esto lo diferencia de otros países que con la aplicación de las políticas neoliberales, y los programas de ajuste, afectan los intereses de todos los sectores de la población y en particular a los más desposeídos, a través de recortes frecuentes de las políticas públicas y la privatización del sistema de pensiones, la desregulación de las relaciones laborales, el aumento del desempleo, que lleva a muchas personas a situaciones de incertidumbre, pobreza y marginalidad.

En Cuba el ministerio de educación tiene revolucionado el trabajo preventivo como parte de su política y es de conocimiento de los maestros de cada enseñanza por lo que es hora de concientizar todas las oportunidades que surgen para remodelar el accionar preventivo y de estar alertas para no desaprovechar los momentos prometedores que pueden arribar con la transformación de lo posible en real, una mejor integración social, más equitativa y un equilibrado desarrollo personal y colectivo en la sociedad cubana.

El menor.

La población está compuesta por distintos estratos etáreos: ancianos, adultos, jóvenes, adolescentes y niños. El proceso de sucesión generacional se da espontáneamente y cada nueva generación tiene funciones específicas en la sociedad, pero a su vez está obligada a cumplir deberes sociales que a todo miembro de determinada nación corresponde y debe, en un proceso dialéctico

de desarrollo, superar a la anterior, tomando lo positivo de la precedente, portando y estableciendo nuevos elementos, rasgos, valores y características.

La función social a desempeñar por cada generación estará permeada de la esencia del sistema socioeconómico imperante, por lo que, al llegar su momento y ella pueda desempeñar su papel, tiene que ser educada, preparada y motivada.

La problemática de la infancia es muy importante debido a que en esta etapa de la vida del ser humano se definen las principales características de su desarrollo, tanto físico como psíquico, se producen los principales aprendizajes básicos para su futuro desempeño personal y social. Sin embargo, es la etapa de la vida en que más desprotegido se encuentra y depende de los demás para alcanzar una salud física y mental adecuada.

Es importante precisar el término jurídico para nombrar a las personas en las edades más tempranas de la vida y determinar la edad en que se consideran como tales.

En la declaración de los derechos del niño no se utiliza el término de menor, sino el de niño, y se define como tal a una persona falta de madurez física y mental, que necesita protección y cuidados especiales y legales, tanto antes como después del nacimiento.

Por su parte, la convención sobre los derechos del niño define como niño a todo ser humano menor de 18 años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad.

La doctrina de la protección integral de las naciones unidas, involucra al universo total de la población infanto juvenil: niñas, niños y adolescentes. Esta doctrina incluye los derechos individuales y colectivos de las nuevas generaciones, es decir, los derechos para los niños.

En Cuba, el código penal establece que se sanciona por la comisión de hechos delictivos a la persona mayor de 16 años, por ello en lo penal es ésta la edad límite entre el menor y el adulto comisor de delitos. Por su parte, el código civil, aprobado por la asamblea nacional del poder popular en su sesión del 16 de julio de 1987, distingue en su artículo 29 entre mayores y menores de edad, y establece que la mayoría de edad comienza a los 18 años cumplidos o por el matrimonio en el caso del menor.

En documentos de carácter internacional, como los antes mencionados, se utilizan los términos de “niño” y “niña”. Mientras que en trabajos publicados recientemente, como la tesis de la Dra. Tania de Armas Fonticoba, se defiende su utilización y se considera el de “menor” como discriminatorio.

Sin embargo, en regulaciones legales vigentes en nuestro país, entre las que se encuentra el Decreto Ley 64/822, y en las normativas emitidas por el ministerio del interior (MININT) relacionadas con la administración de justicia de menores, se utiliza el término “menor”, en lugar de “niñas” y “niños”.

La autora opina que en materia de derecho el término de “menor” no tiene necesariamente un carácter discriminatorio, sino que se ha utilizado como resultado de la comparación con la edad límite que la ley de un determinado país fija para que una persona sea considerada legalmente no apta aún.

De todo lo anterior se deduce que las niñas y los niños, en este caso los menores, son y deben ser natural y legalmente una parte de la sociedad, que requiere de una atención sistemática, consciente, programada e intencionada.

Los menores con trastornos de conducta.

La filosofía materialista dialéctica brinda la posibilidad de explicar causalmente los fenómenos sociales, dentro de los cuales se encuentran la conducta desviada. Desde este enfoque las causales de los trastornos conductuales se explican a partir de las condiciones históricas, económicas y sociales del momento en que ocurre el fenómeno y del medio en que se desarrolla la persona.

Debe tenerse presente que el propio sujeto es también portador de una subjetividad configurada en su historia anterior, que se actualiza en el presente y se interrelaciona con las condiciones en las que desenvuelve su actividad cotidiana, así se entremezclan y constituyen un conjunto de factores determinantes del comportamiento humano.

Se encontró en la Enciclopedia jurídica Española que el menor es la persona que no ha cumplido los años que el legislador exige para el ejercicio de la capacidad de obrar. Y se argumenta en este texto: “La incapacidad de los menores está en el orden natural de las cosas y no precisa ser justificada; la protección de que había de ser objeto fue siempre indiscutible, variando sólo la medida en que se dispensaba; el menor no tiene ni la experiencia ni la inteligencia necesaria para conducirse solo en la vida: por eso las leyes de todos los tiempos declaran incapaces a los menores, limitándoles el ámbito de su actividad jurídica, creando instituciones destinadas a completar su capacidad, de modo que puedan realizar cuantos actos y contratos sean necesarios en su vida, sin menoscabo de sus intereses; y dictando medidas encaminadas a favorecerles o se delinque contra ellos; se atenúa la responsabilidad en el primer caso y se agrava considerablemente en el segundo”.

En las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para la Administración de la Justicia de Menores, adoptadas por la Asamblea General en su resolución 40/33, del 28 de Noviembre del 1985, se plantea que el menor: “Es todo niño o joven que puede ser castigado por un delito en forma diferente a un adulto; mientras que menor delincuente es todo niño o joven al que se le ha imputado la comisión de un delito o se le ha considerado culpable de la comisión de un delito.”

Según estas reglas, determinadas conductas en los menores se tipifican como delitos e incluso se califica al menor como delincuente. Todo lo contrario de lo establecido en la legislación cubana, en la que se norma la exoneración de la responsabilidad penal a toda persona menor de 16 años de edad. Por tal razón, la legislación cubana no admite que se hable de menores comisores de delitos desde el punto de vista jurídico, y a juicio de esta autora, tampoco desde el punto de vista psicológico y pedagógico, por lo que pudiera lacerar en una personalidad en formación el ser concebido como un delincuente. Igualmente resulta inadmisible aceptar el término “niños en conflicto con la Ley Penal”, que emplea De Armas Fonticoba en su tesis doctoral.

Como señala Espinosa Carbonell en la legislación cubana se llega a una fase superior de los conceptos criminológicos, al definir a los menores comisores como menores con trastornos en la conducta, diferenciándolos entre sí, a través de categorías, según el grado de desviación y peligrosidad social que presentan.

Estas reflexiones evidencian la esencia humana del Proyecto Social Cubano, y mucho más si se refiere a los infantes, por una parte porque constituyen personalidades en formación y por otra porque en ellas se concentra la generación relevo y sucesora de la obra que se edifica. Aunque existan menores con trastornos de conducta, nada favorecería en su tratamiento y reeducación juzgarlos o concebirlos como delincuentes, máxime cuando su proceder es el resultado del entorno familiar, comunitario y escolar en que se desenvuelve.

Toda persona menor de 16 años que presente desde indisciplinas graves hasta la que incurre en hechos antisociales de elevada peligrosidad social, incluida la participación en hechos que la ley tipifica como delitos, se debe considerar como un menor con trastornos de conducta en un sentido amplio.

La autora comparte el concepto de menor con trastornos de la conducta, dado por la Lic. Ana Martínez Ayra, como el comportamiento desviado de niños y niñas, que se expresa en las esferas familiares, escolares y sociales, que pueden llegar en su matiz más agravado a la comisión de hechos que la ley tipifica como delito.

El presente trabajo, destinado a la Administración de Justicia de Menores en cuanto al establecimiento y cumplimiento de los Objetivos Generales y a las medidas dispuestas para la reeducación de los menores internos en el centro de reeducación, se restringe, por tanto, a los menores con trastornos de conducta considerados como personas menores de 16 años que incurran en hechos antisociales de elevada peligrosidad social, incluidos los que participen en hechos que la ley tipifica como delitos, reincidentes en tal sentido, los que mantengan conductas antisociales que evidencien índices significativos de desviación y peligrosidad social, y los que manifiesten tal conducta durante su atención en las escuelas especiales regidas por el Ministerio de Educación.

Es decir, son los menores con un trastorno extremo en su conducta; los catalogados en la categoría III de acuerdo al Decreto Ley 64/82.

El tratamiento a los menores con trastornos de conducta en Cuba.

El menor será objeto de atención, según -como ya se ha referido- las características socioeconómicas de la sociedad que se analice. El caso cubano

no es ajeno a esta regularidad. Para la Cuba anterior al triunfo del Primero de Enero del 1959, nación capitalista y explotada, existía una política social diametralmente opuesta a la desarrollada luego del establecimiento del poder revolucionario.

Con la victoria popular se comenzó también el triunfo de las demandas sociales, entre las que estaba el problema de los menores, aspecto que progresivamente fue desarrollándose, no sólo empíricamente, sino de manera institucional y legalizada.

Conclusiones.

Los criterios analizados sobre el trabajo social presentan puntos de coincidencia, fundamentalmente, los referidos a los fines y funciones del mismo.

La misión del trabajador social se encamina a reeducar los comportamientos llamativos de menores y adolescentes proclives internos en escuelas para trastornos de la conducta, categoría I .

Una adecuada alternativa metodológica que contribuya a su preparación permite que cumplan su tarea en la escuela de trastornos para la conducta categoría I; propiciando una formación educativa acertada en menores y adolescentes, en correspondencia con la ideología que sustenta el proceso revolucionario cubano, para mejorar la dirección del aprendizaje y la calidad de la educación y de vida en la población infantil a este nivel.

El proceso de integración de la tarea de trabajador social en las escuelas de trastornos de conducta, categoría I, en la formación del menor y el adolescente para la reeducación, en los momentos actuales es una novedosa alternativa, que tiene como centro la reincorporación de estos a la vida social

Las valoraciones realizadas hasta aquí dan una clara evidencia de la brecha existente entre las aspiraciones y exigencias planteadas al trabajador social en la tarea de la escuela trastornos de la conducta I, responsables de preparar a la familia para la convivencia con el menor y de su reeducación. Es por ello, que ante la necesidad de cubrir esa separación, se ha considerado a través del presente trabajo, el diseño de una alternativa metodológica que contribuya a la preparación del trabajador social que desarrolla su tarea en la escuela de trastornos de la conducta I. Por el desarrollo que se experimenta en la pedagogía cubana y el análisis que se ha expuesto de las posiciones teóricas y metodológicas que existen alrededor de esta problemática, se puede afirmar que está no solo justificado su estudio, sino que es además, una necesidad impostergable.

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