Cuadernos de Educación y Desarrollo

Vol 1, Nº 9 (noviembre 2009)

EL ENSAYO: VEHÍCULO DE REFLEXIÓN


 


Nuria María Palanco López
jmariohv@yahoo.es



El ensayo es un escrito en prosa de extensión moderada ligado a la reflexión libre, al discurrir en libertad. A medio camino entre la prosa literaria y la de investigación, es el instrumento idóneo del que se vale la cultura en su constante evolución. De ahí, que sea un género literario muy cultivado en todo el mundo.

La palabra ensayo fue utilizada por primera vez por Montaigne en Essais de Messire Michel, seigneur de Montaigne (1580). Con este término quería decir que su libro exponía experiencias. Eran, efectivamente, 94 capítulos en que el autor trataba de sí mismo, de sus puntos de vista personales ante temas variadísimos: la amistad, los libros, la naturaleza humana. Por lo tanto, para él el término “essai” no correspondía exactamente a un género literario, sino más bien a “una noción de método, del desarrollo de un proceso intelectual”.

La invención del género como tal se la debemos a fray Antonio de Guevara, y su posterior difusión a Francis Bacon, cuyos ensayos aparecieron en 1587.

El ensayismo cobrará fuerza en el s. XIX con nombres como Larra, Clarín... pero será la Generación del 98 la que dé un nuevo giro al género. Unamuno lleva sus dudas y paradojas; Ortega su agudeza literaria.

Entre los ensayistas más insignes en lengua española podemos citar, además de a estos últimos, a Gregorio Marañón, Dámaso Alonso, Francisco Ayala, Laín Entralgo, Julián Marías, Aranguren, Juan Benet y Octavio Paz entre otros.

Hoy el ensayo sirve para analizar aquellos aspectos y problemas que la sociedad tiene, y para ofrecer una reflexión sobre los mismos. Pero, para que el ensayo llegara a convertirse en el vehículo predilecto de la transmisión social del saber tuvo que darse una lucha con otros géneros, en especial con el tratado. El resultado de esa lucha ha sido la relegación de éste y la sobrevaloración de aquél.

Sin embargo, pese a esta sobrevaloración y pese a la abundante producción de ensayos que se han generado en nuestra época, hay que destacar que aún no es considerado como un género de derecho por todos.

Por otro lado, el ensayo ha sufrido los más diversos intentos de clasificación, pero por su naturaleza, rica y compleja, resulta una tarea prácticamente imposible.

A la hora de realizarla se puede atender bien al contenido, bien al modo en que ese contenido es tratado.

Los ensayistas parecen orientar sus preferencias hacia temas humanísticos, filosóficos, crítico-literarios, sociológicos, históricos, científicos y políticos. Pero se puede decir que todo lo que forma parte de la vida del hombre, en cuanto al plano espiritual, las costumbres, modas, lenguaje, deportes, música, leyes, sentimientos y otros tópicos particulares pueden incluirse como temas para desarrollar los ensayos.

A veces, predomina la actitud del autor frente al contenido del mismo, y así se habla de ensayos informativos, irónicos, cómicos, satíricos… No obstante, los estudiosos suelen clasificarlo en cuatro grandes grupos:

o De creación: en ellos los aspectos formales aparecen potenciados con recursos literarios, consiguiendo un estilo rico que tiene que ver con el texto literario.

o De crítica: reflexiones y valoración que efectúa el autor de cualquier obra artística.

o De interpretación: aportan el juicio del autor sobre cuestiones de interés universal.

o Doctrinales: con ellos el autor trata de convencer y de repercutir en la realidad.

A pesar de esta variedad temática del ensayo, y una naturaleza compleja, los críticos coinciden en una serie de características que lo definen:

1. Temática libre, aunque se traten preferentemente temas pertenecientes a disciplinas humanísticas.

2. Extensión variable, aunque generalmente breve ya que el autor no pretende ser exhaustivo; el ensayo no es un tratado de investigación.

3. Estilo libre: el autor campa a sus anchas por la libertad que concede el género; debe, eso sí, dominar el tema y comunicarlo literariamente.

4. La modalidad discursiva fundamental es la exposición y la argumentación. Esta última es imprescindible para justificar las ideas.

5. Estructura libre, sin embargo tiende a la lógico deductiva para facilitar la comprensión del lector.

6. Subjetividad: constante presencia del yo-autor por medio de diversos recursos lingüísticos.

7. Utilización de recursos estilísticos. Ese subjetivismo provoca un interés del autor por la forma de expresión, que lo lleva a cuidar su propio estilo, a buscar una cierta originalidad en el enfoque de los temas e, incluso, a utilizar recursos estilísticos, tales como comparaciones, imágenes, personificaciones... Este interés por la originalidad y por la forma de expresión es lo que hace de ciertos ensayos verdaderas piezas literarias, y es también el motivo de que se considere el ensayo como un género literario. Vocabulario abstracto, connotativo.

8. Carácter híbrido: tiene planteamientos y características de los textos científicos mezclados con formas literarias.

9. Carácter didáctico y divulgativo: se aportan datos, ejemplos, experiencias, reflexiones.

10. La intención comunicativa es veladamente persuasiva: el autor trata de modificar los pensamientos del lector sobre un determinado tema. Para ello, le propone su propia manera de ver la cuestión.

11. Su carácter dialogal provoca que a menudo está presente un receptor implícito o explícito. El destinatario, por lo tanto, no es nunca un lector pasivo, sino que se pide de él una participación activa.

Bibliografía

Arenas Cruz, M. E.: Hacia una teoría general del ensayo. Construcción del texto ensayístico. Cuenca. Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha. 1997.

Cervera Sallinas, V., Hernández González, B. y Adsuar Fernández, M. D.: El ensayo como género literario. Editum, 2005.

García Berrio, A. y Huerta Calvo, J.: Los géneros literarios: sistemas e historia. Madrid. Cátedra.1992.

Lázaro Carreter, F.: Lengua española de C.O.U. Madrid. Anaya. 1990.

Hernández García, G y Cabrales Arteaga, J. M.: Lengua castellana y literatura (2º Bachillerato). Madrid. SGEL-Educación. 1997.


 

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