Contribuciones a las Ciencias Sociales
Noviembre 2014

EL POPULISMO COMO DESARTICULADOR DE LA REPÚBLICA



Alberto Enrique D'Ottavio (CV)
aedottavio@hotmail.com
Universidad Nacional de Rosario



Resumen
Continuando trabajos previos donde fuera escudriñada la relación entre perceptibles valores involutivos y determinados desaciertos económico-políticos, este trabajo hace foco en el populismo, corriente ideológica que ha calado hondo en algunos países latinoamericanos, y analiza su rol generador y/o agravante en la antedicha relación.  
Palabras clave: Populismo, Latinoamérica, Valores, Hechos económico-políticos

Summary
Continuing former papers where the relation between perceptible involution values and determined economic-politic nonsense, this paper focuses in populism, current ideology in some Latin American countries, analyzing its generating and/or aggravating role in the abovementioned relation. 
Key words: Populism, Latin America, Values, Economic-Politic facts

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Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Enrique D'Ottavio, A.: "El Populismo como desarticulador de la República", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Noviembre 2014, www.eumed.net/rev/cccss/30/populismo.html

Encuadre contextual y objetivo
En trabajos previos fue progresivamente analizada la relación entre perceptibles valores involutivos y determinados desaciertos económico-políticos (1, 2, 3).
El presente envío, que los continúa, se halla focalizado en una corriente ideológica que hasta hoy ha encandilado a una mayoría de argentinos: el populismo (del Latín popŭlus: pueblo), y que ha calado hondo, también, en otros países latino-americanos. Desde esa realidad, analiza su rol potencialmente generador y/o agravante de la antedicha relación y puntualiza sus perjuicios, antes que sus posibles beneficios, para países en crisis que pueden sentirse tentados por buscar salidas de este jaez para finalmente desembocar en la misma crisis derivada de tal opción, o en una todavía mayor.

El populismo: características salientes
El sociólogo Juan José Sebrelli asocia al populismo con el cesarismo plebiscitario y el bonapartismo y sostiene que su versión prevalente en Argentina durante las décadas del 40 y del 50 del siglo pasado no fue una original invención autóctona sino continuadora de la vertiente jacobina plebeya del fascismo, por entonces derrotado. Además, subraya que su originalidad reside en que, tratándose de un sistema reaccionario, cuenta con vasto apoyo popular y que, para más inri, existen progresistas que no sólo obvian tal faceta fascista sino que valoran su eventual apoyo mayoritario como garantía irrebatible de democracia o de conducta revolucionaria (4).
Más aún, dicho autor agrega que, travestido con cualquier perfil ideológico, satisface con negocios y subsidios a la clase alta, con consumo a la clase media y con prebendas retentivas a los desposeídos, apropiándose de los fondos del Estado en momentos florecientes, perdurando en tanto éstos perduren y debilitándose cuando los mismos menguan y se agotan (4).  
A fin de caracterizarlo, se recopilan rasgos populistas a partir de la bibliografía (5) y se integran a ellos vivencias personales:

  • Gesta una unicidad ideológica y simbólica en lo económico, lo político, lo social y lo cultural, de modo tal que su no adhesión a ella hace del adversario un enemigo, tornándolo pasible de destrucción.
  • Niega, por consiguiente, su negación de la pluralidad, la disidencia y la oposición
  • Intenta unificar a dichos enemigos en un solo haz potenciador, transfiriendo sobre ellos sus propias responsabilidades y desaciertos
  • Transforma a menudo estos errores en victorias épicas
  • Socializa sus equivocaciones e individualiza proyectos y logros ajenos a los que hace propios 
  • Construye una amenaza apocalíptica a partir de cualquier hecho, por anecdótico que éste sea
  • Propagandiza y vulgariza los actos de gobierno, entendiendo que sus destinatarios comprenden exclusivamente lo ramplón y suelen olvidar con suma rapidez. Esta propaganda, distante de la republicana publicitación de los actos de gobierno, se enraíza por lo común en mitos nacionales u odios y prejuicios de raigambre tradicional
  • Se valora a sí mismo como intérprete de la voz del pueblo, la eleva al rango de verdad oficial y sueña con decretar la verdad única
  • Se vanagloria de supuestos logros ignorando que, con singular frecuencia, el alarde encubre carencias
  • Confunde el orden (necesario para el desarrollo) con la orden, censurando paradójicamente a uno y a otra por autocráticos desde su despótica concepción y promoviendo, en consecuencia, el desorden y la indisciplina
  • Repite hasta el hartazgo las ideas, pocas en lo posible y comúnmente mendaces. Así, halla en ello tierra fértil el funesto precepto goebbeliano:“Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad"
  • Provee las informaciones a ritmo acelerado a fin de no abrir la posibilidad de que sean rebatidas, y si lo son, de que existan ya otras nuevas que vuelvan insustanciales esas disensiones
  • Rechaza la democracia como idea foránea que no resulta compatible con el ideario nacional y acostumbra a limitarla al sufragio periódico, no exento de fundadas sospechas de fraude
  • Abjura de la república y todo lo que conlleva este sistema político
  • Abomina del liberalismo pluralista porque, a su juicio, disgrega la unidad nacional y popular
  • Recurre a un liderazgo único de carácter providencial y persigue la suma del poder público con el propósito de imponer políticas a libro cerrado en el Parlamento (que pasa a ser una suerte de escribanía del Poder Ejecutivo) o de concretarlas lisa y llanamente a fuerza de decretos. A este respecto, Max Weber asevera que "la entrega al carisma del profeta, del caudillo en la guerra o del gran demagogo no ocurre porque lo mande la costumbre o la norma legal, sino porque los hombres creen en él. Y él mismo, si no es un mezquino advenedizo efímero y presuntuoso, «vive para su obra». Pero es a su persona y a sus cualidades a las que se entrega el discipulado, el séquito, el partido" (6)
  • Apela a la directa relación líder-masas, vinculación que prescinde de intermediarios institucionales
  • Coloniza las entidades republicanas de control de gestión con el objetivo de hacer y deshacer a voluntad
  • Desecha el orden legal e intenta apoderarse por todos los medios (constitucionales o no) de los estamentos judiciales
  • Pretende realizar una batalla cultural que debe ser inexorablemente ganada imponiendo alteraciones e invenciones históricas en propia conveniencia
  • Silencia las noticias que puedan colocarlo en tela de juicio. Para ello procura el control más ilimitado posible de los medios masivos de comunicación. En suma, se apodera de la palabra. En esa línea, Internet y las actuales redes sociales, las más de las veces incontrolables, devienen a futuro su oscuro objeto de deseo  
  • Se autodefine como movimiento, expresión del pueblo y de la nación en su totalidad, y confunde Estado con Gobierno en una reiteración del manido: El Estado soy yo 1. Por ende, quien no pertenece a él, queda excluido. Esto es altamente perceptible en detalles pedestres como nombres de calles, emprendimientos y estatuas que recuerdan a sus seudo-próceres, por lo común personajes de dudosa reputación
  • Genera, tras su dispendiosa pero escasamente productiva gestión, déficits y compromisos económicos que siendo difíciles de resolver a quienes los suceden en el gobierno les abre el camino para su retorno
  • Sus líderes, capaces de adulterar su pasado en bien de lucir virtuosos, pueden terminar creyendo su propia ficción
  • Inflige frecuentemente un daño moral que afecta la médula del esqueleto social y que, a diferencia de lo económico, requiere de muchas generaciones para ser reparado ya que la degradación de los valores, el trato peyorativo a lo correcto y la banalización del delito se extirpan luego de décadas y de años de perduración de los valores opuestos
  • Requiere una cadena vertical de obsecuencias desde los niveles más bajos hasta quien posee el liderazgo máximo
  • Vacía de significado o distorsiona las palabras derecha, izquierda, liberalismo, socialismo y progresismo
  • Puede ajustarse a un gobierno de derechas como de izquierdas
  • Suele hacer propios ajenas propuestas

Algunos de los rasgos arriba listados figuran condensados en principios que se adjudican al Ministro de Educación Popular y Propaganda de la Alemania nacionalsocialista, Joseph Goebbels (7):
Principio de simplificación y del enemigo único
Adoptar una única idea, un único símbolo y un único enemigo (el adversario)
Principio del método de contagio
Aunar adversarios en una única categoría o individuo, en suma individualizada
Principio de la transposición
Imputar al adversario los propios errores o defectos, respondiendo ataque con ataque. Inventar noticias distractoras de ser imposible negar las malas nuevas
Principio de la exageración y desfiguración
Hacer de cualquier anécdota, por nimia que sea, una amenaza grave
Principio de la vulgarización
Adaptar lapropaganda al menos inteligente de los individuos de la masa, cuya capacidad receptiva es limitada; su comprensión, escasa y su facilidad de olvido, alta
Principio de orquestación
Acotar la propaganda a un escaso número de ideas, repetidas sin descanso, sin fisuras ni dudas, desde distintas perspectivas y siempre centradas en un mismo concepto. De allí proviene su ya aludido precepto
Principio de renovación
Emitir constantementeinformaciones y argumentos nuevos, haciéndolo a tal ritmo que cuando el enemigo responda, el público se halle atrapado en otra cosa. Además, dichas respuestas enemigas no deben contrarrestar el nivel creciente de acusaciones
Principio de la verosimilitud
Construir argumentos desde fuentes diversas mediante los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.
Principio del silenciamiento
Acallar las cuestiones sobre las que se carece de argumentos y enturbiar las noticias que favorecen al enemigo, todo con el auxilio de los medios de comunicación adictos  
Principio de la transfusión
Difundir argumentos capaces de arraigar en actitudes primitiva ya que, por lo general, la propaganda opera a partir de sustratos preexistentes (mitología nacional y/o complejo de odios y prejuicios tradicionales)
Principio de la unanimidad
Lograr convencer a la multitud de que piensa "como todo el mundo", creando así una falsa impresión de unanimidad.
Desde luego, las características puntuadas o agrupadas en principios pueden atenuarse o agravarse en distintos grados según sea el proceder y el nivel de apasionamiento de sus intérpretes y seguidores.

Reflexiones derivadas
Cuando el populismo se encarna en los gobernantes y sus acólitos, los votantes que los han entronizado los defienden entusiastas, a pesar de estas desmesuras, desde la gaya ignorancia, la censurable conveniencia personal y/o grupal, el fanatismo ideológico y/o el empleo acrítico de eslóganes de enojosa raíz ético-moral a la usanza de no se comportan decentemente pero hacen (ya se ha dicho que, generalmente, en bien propio), no actúan correctamente pero persiguen fines ideológicamente rescatables, el culterano “ande yo caliente y ríase la gente” o el muy basto “que me quiten lo bailado”.
A la postre, y sea cual sea el motivo, se concluye excusando el latrocinio, la corrupción, la injerencia del narcotráfico, el lavado de dinero e ilegales enriquecimientos personales, entre distintas gollerías de similar cariz, siempre en defensa de aparentes “logros”. Desde ya, esto crea el peligro para el votante de transformarse en cómplice.
Si bien es válido que se arguya que algo positivo pueden dejar a futuro, más aún si han perdurado añares en el gobierno, lo eventualmente positivo que puedan haber aportado se deslíe, según colijo, por las reales intenciones-guía (no, las hechas públicas), por los contenidos verdaderos de tales “consecuciones” y por las consecuencias acarreadas.
Así, de igual manera a como es viable que un gobierno honesto desbarre involuntariamente, también resulta factible que uno deshonesto acierte de igual modo, No obstante, en el primero siempre subyacerá la mejor de las intenciones y en el segundo, aún en el acierto, prevalecerá la mala intención soterrada en su deshonestidad.
En ese sentido, corresponde reiterar qué supone la honestidad en la gestión gubernamental, honestidad que debe ser complementada con una demostrada idoneidad (7):

  • rescatable coherencia entre pensamiento y acción
  • trato respetuoso a propios y ajenos
  • aceptación hidalga de los errores y sincera pretensión de enmendarlos
  • mesura en el uso del poder
  • aceptación de las disensiones y búsqueda prioritaria de consensos a modo de plausible unidad en la diversidad
  • priorización del bien común
  • impoluta e incuestionable rendición de cuentas entre lo habido al arribar al gobierno y lo disponible al dejarlo
  • prescindencia absoluta del nepotismo
  • no amortización de beneficios privados mediante canonjías públicas
  • estricta limitación a la legalidad
  • total transparencia en las iniciativas, su financiamiento y su concreción
  • elusión de asechanzas y colusiones
  • anteposición del concepto civil de gobierno al concepto castrense de mando
  • respeto cabal por los términos constitucionales de mandato sin pretensiones de eternización. Siempre es mejor retirarse en el acmé de la curva de aceptación que perdurar y exponer evitables flaquezas humanas

Puede argumentarse que esto es utópico. En tal caso y aceptando el reparo, quizá sirva como guía para su diacrónico alcance.
Sabido es que todo quehacer humano no se halla libre de la humana condición, siendo, en consecuencia, siempre perfectible. Empero, si no se coloca lo utópico como finalidad, aun lo factable (a mi entender, lo factible en el camino de lo deseable) nos resultará inaccesible y se seguirá empantanado en corrientes ideológicas que, como el populismo, lucen atractivas pero, más temprano que tarde, se revelan insustanciales y perniciosas. Y lo son porque fuerzan a vivir una fiesta que aparentemente alcanza a todos pero que termina beneficiando (y mucho) a unos pocos y perjudicando al resto, que mayoritariamente y tarde se arrepiente, llegando defensivamente a la negación de haberlo ungido con el voto.

Consideraciones finales
Lo antedicho en modo alguno significa desdeñar finalidades progresivas que permitan una vida digna y plena a la totalidad de los ciudadanos. Por el contrario, pretende evitar que grupos de aventureros, pertenecientes a una praxis política que los habilita a enriquecerse ilícitamente a partir de los fondos públicos en nombre de nobles pero depreciados principios, prosiga generando y/o agravando la antes aludida relación entre perceptibles valores involutivos y determinados desaciertos económico-políticos.
En ese marco, el populismo actúa como desarticulador republicano. De allí que, a la luz de su vigencia en algunos países latinoamericanos, acosados por el narcotráfico y las delincuencias de guante blanco y común (ambas en interacción), puede que deba retrocederse a una etapa pre-ideológica y plantear, en camino hacia una verdadera democracia republicana y federal, alternativas axiológicas como corrección versus incorrección de proceder, decencia versus indecencia u honestidad versus deshonestidad en la gestión.
La reserva moral capaz de evitarlo se halla en personas idóneas con principios y que no son comprables, ya que no todo ser humano tiene su precio como repiten de majadero modo los prestos a venderse. Y se halla en ellos porque los sapientes con conveniencias son adquiribles, los ignorantes con principios son manejables y  los ignorantes con conveniencias son domeñables.

Referencias

  • D'Ottavio, A.: "En búsqueda de valores evolutivos. Una mirada preliminar para su recuperación", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Julio 2013,

www.eumed.net/rev/cccss/25/evolucion.html

  • D’Ottavio A: “Argentina: un país singular donde los disvalores educacionales-culturales explicarían sus desatinos político-económicos”, enContribuciones a las Ciencias Sociales,

Febrero 2014,   www.eumed. net/rev/cccss/27/disvalores-educacion.html

  • D'Ottavio, A.: "Alteraciones semánticas valorativas en un país contradictorio", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Marzo 2014,

 http://www.eumed.net/rev/cccss/27/disvalores-educacionales.html

  1. Sebrelli, J.J.: “El malestar de la política”. Editorial Sudamericana (Buenos Aires, Argentina) 2012  
  2. Krauze, E.: “Decálogo del populismo iberoamericano”. Artículo publicado en la Sección Tribuna del Diario El País (España) el 14 de octubre de 2005

http://elpais.com/diario/2005/10/14/opinion/ 1129240807 _850215.html

  • Páez Díaz de León, L.: “La teoría sociológica de Max Weber. Ensayos y textos” UNAM (México DF) 2001
  • Doob, LW.: “Goebbels’ Principles of Propaganda” en The Public Opinion Quarterly, 14(3): 419-442, Autumn,1950

8.   D’Ottavio, A.: “Comportamientos contradictorios en ámbitos universitarios. Percepciones y    
reflexiones para su elucidación y superación” en Revista Electrónica de Biomedicina,  Enero-Abril 2014, http://biomed.uninet.edu/2014/n1/ottavio.html

1    Frase atribuida a Luis XIV que habría sido pronunciada a sus dieciséis años ante el Parlamento de París. Sin embargo, no hay constancia de ella en sus actas por lo que se duda de su veracidad. Eso no empaña el sentido que encierra ni que resulte aplicable a quienes pretenden el control absoluto del mando
 

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