Contribuciones a las Ciencias Sociales
Abril 2014

UN POCO DE “ruido” SOBRE EL RUIDO



José David Lara González (CV)
jlaragonzlez@yahoo.com
Universidad Autónoma de Puebla



 

RESUMEN
Como una reflexión el presente escrito presenta un planteamiento de lo que el ruido y el sonido son. A la vez expresa que las condicionantes de ambos ítems van más allá de los rubros netamente físicos, pues pasan por cuestiones psicológicas y tanto sociales como individuales. Presenta algunas consideraciones sobre el problema que se puede generar con el ruido y lo pone frente al silencio. El documento hace una invitación a pensar sobre la compleja red tejida entre el ruido el sonido y el silencio.
PALABRAS CLAVE: sonido, ruido, silencio, contaminación, salud/bienestar.

ABSTRACT
As a reflection the present paper presents an approach to noise and sound are. At the same time expressed that conditions of both items go beyond the products of purely physical, as they pass through psychological issues and both social and individual. It presents some considerations on the problem which can be generated with the noise and puts it against the silence. The document makes an invitation to think about the complex web woven between  noise-sound and silence.
KEY WORDS: sound, noise, silence, pollution, health/well-being.


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Lara González, J.: "Un poco de “ruido” sobre el ruido", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Abril 2014, www.eumed.net/rev/cccss/28/silencio-ruido.html

El ruido es una manifestación del sonido. El sonido es una manifestación del mundo físico que se da en forma de ondas acústicas viajeras que cruzan el medio circundante. Desde lo netamente físico, el ruido no es diferente del sonido. El ruido es una parte del sonido que afecta negativamente a un ecosistema, es sonido no deseado. El ruido puede resultar “simplemente” de la interrelación de dos o más sonidos aunque un solo sonido puede ser ruido. El ruido se tiende a presentar como sonido inarticulado pero igualmente puede ser articulado. Al ruido se le considera una forma de contaminación. Como contaminación se  toma al ruido como una presencia indeseable, es un constituyente ecosistémico que no debería estar ahí y que puede traer malas consecuencias así como efectos inesperados que generalmente son negativos.
En general, al ruido se le considera un estresor (o estresante) potencial y dentro de la problemática socioambiental, se le desplaza a un terreno secundario. Solamente se le aprecia como un problema de importancia menor comparado con otros muchos tópicos como la contaminación (manifestada sobre muchas cosas: el aire, el agua, los suelos), el empleo-desempleo-subempleo, el acceso al agua, la inseguridad, el cambio climático y el calentamiento global, por mencionar unos cuantos. Popularmente se le considera al ruido un “enemigo invisible”. Más recientemente se le ha llegado a presentar como un problema de salud pública (cuando menos en ciertos lugares y momentos).
            El ruido se genera tanto directa como indirectamente, consciente e inconscientemente así como a propósito como a despropósito. El ruido puede ser natural o inducido, es decir, puede ser creado por la naturaleza o por la intervención humana. La parte de la naturaleza que está fuera del ser humano puede generar ruido (y sonido) pero el ser humano también puede producir ruido (y sonido).
Los elementos y factores bióticos y abióticos de los ecosistemas pueden generar sonido y ruido, el ser humano también. Dentro de nuestro planeta esto es posible, pero debemos adicionar las fuentes extraterrestres de sonido y ruido. Del espacio exterior a nuestro planeta llegan tanto sonido como ruido y estos se pueden agregar sinérgicamente al ruido y sonido que el propio mundo nuestro produce.
Nuestro mundo si bien no está vivo sí contiene vida y brinda las condiciones necesarias y suficientes para que la vida se dé y se desenvuelva. Si bien La Tierra no está viva sí se encuentra activa y por momentos sumamente activa. Esa actividad, por momentos explosiva, genera sonido y ruido. Pero también la vida misma los produce.
Aunque hay formas preestablecidas de estudiar y separar al ruido del sonido, aquí manejaremos más bien la diferenciación entre ambos en cuanto a la percepción de ellos, es decir, nos referiremos a su denotación distintiva como basada en la sensibilidad de un medio para percibirlos y ser más o menos afectado y más o menos positiva o negativamente.
Generalmente se acude a considerar como ruido aquella parte del sonido que no es deseada, que interfiere con las cuestiones realizadas o por realizar o que causa o puede causar determinados problemas, también molestias. Entonces, se asume en general que más que el tipo de sonido, el ruido se refiere a la cualidad de éste como sonido, pero esto se ve reforzado tanto por el volumen, es decir, la intensidad del sonido como por su repetición, o sea, su persistencia, si está ahí de manera permanente, si se repite muchas o pocas veces o muy de vez en cuando.
Es muy común asumir como ruido al sonido de alto o muy alto volumen, o sea, alta y muy alta intensidad. Esto hace que se entienda por ruido no a un sonido cierto sino a su intensidad. A ello debemos agregar lo repetitivo del mismo: si tiene alta intensidad determinado sonido y a la vez se repite permanentemente o con alta constancia, entonces tal sonido es un ruido y por lo tanto, en términos regulares, se le considera negativo e indeseable, algo que se debe suprimir o por lo menos aminorar, digamos minimizar hasta donde sea posible si es que no se le puede eliminar. Pero aún más, a la intensidad se le suma el carácter recurrente del sonido y ahora le incorporamos un tercer considerando: su duración. No es lo mismo que un sonido dure una fracción de segundo (ruido súbito, que no es precisamente igual a un ruido inesperado) que varias horas o días, así el ruido en una acepción muy regular-convencional sería el sonido de alta intensidad, de alta repetitividad y de larga duración. Este sería el caso, digamos, más grave, pero hay ruidos que no son así y siguen siendo ruido.
Otro componente es el social, a la persona en solitario el ruido puede causarle menos molestia que al mismo individuo pero ahora en grupo. La presencia de otras personas incrementa el grado de molestia al ruido y puede ir surgiendo la agresividad como respuesta al estímulo “negativo” ruido (negativo, lo ponemos entrecomillado debido a que para algunas personas su carácter no es de negatividad sino lo buscado, sería entonces “positivo”; pero solo en casos muy específicos y para cubrir intereses muy especiales, quizás no muy buenos, ya que puede ser que lo que se esté indagando sea el desarrollo de esa agresividad, por ejemplo con fines bélicos o de desestabilización social, terrorismos o cosas así).
Se reporta como regular que los componentes meramente físicos del ruido explican menos sus efectos que los componentes psicosociales. Esto acusa (cuando menos en parte) que el ruido sobre un individuo solo, presente efectos distintos que sobre el mismo individuo pero en grupo.
Un sonido aunque no sea repetido, basta con que sea alto o muy alto, es decir fuerte o muy fuerte para calificarlo de ruido. Si se repite con determinada frecuencia o de plano es permanente, con mayor razón se le toma por ruido. Entonces se establecen, comúnmente, niveles de ruido, es decir, escalas de medición física del sonido donde a partir de determinada intensidad o volumen del sonido, ya se le describe o califica de ruido. Estas escalas son muy manejadas y hasta muy prácticas. Son hasta popularizadas y populares, es decir, se han trasladado de los sitios de estudio a los grandes grupos de población humanos y asimismo, estos grupos los han ido asimilando más o menos.
Empero, aquí se presenta una limitación para el uso y manejo de tales escalas de sonido y consiste en que independientemente de que se delimiten los niveles de sonido de los niveles de ruido, de todos modos la gente sigue inmersa en tales ámbitos de sonido y a veces hacen caso omiso del daño o trastorno que pueda resultar de su exposición al sonido-ruido. La medición física del ruido y su determinación científica como tal muchas veces es desatendida e incluso no entendida por los grupos humanos. La medición junto con el conocimiento del ruido así como la ya propia reglamentación legal de los niveles de ruido no logran, o no han logrado ni detener el ruido producido ni las malas afectaciones que el mismo causa o conduce.
En muchos países ya existe legislación vigente, actualizada y sancionada para combatir el ruido, un caso particular es el correspondiente al ruido industrial o sea, el ruido producido en centros de trabajo donde puede llegarse a niveles muy altos de ruido que además es sostenido y cotidiano pero que incluso es combinado con otros condicionantes de tensiones mayores, como pueden ser circunstancias específicas de hacinamiento, temperaturas extremas, humedad, olores pestilentes, exposición a sustancias/materias tóxicas/desagradables, inseguridad laboral, bajos salarios, jornadas extenuantes y de suma monotonía, rotación de turnos y otros más. Tales legislaciones son dinámicas y se encuentran en revisiones constantes y son, igualmente, dotadas de las pertinentes reglamentaciones necesarias, quizás incompletas.
Sin embargo, cada vez más se genera más ruido y más sonido. Si bien este es un fenómeno socioambiental más urbano (donde se llega a separar entre ruido propiamente urbano y ruido industrial, siendo el primero el debido a todas las demás fuentes distintas de la industrial) que rural de todos modos se ha hecho un problema ambiental serio e importante. Quizás a menor dimensión pero el problema del ruido también llega a darse en el medio rural (donde hay fuentes de ruido de origen humano y de ruido de la naturaleza), mientras que en las urbes, parece que mientras más grandes sean, más ruido producen y se hace más y más necesario tomarlo como un problema ambiental de envergadura y enfrentarlo debidamente. Sea como fuere, el ruido se ha considerado un problema ambiental histórico, no solamente contemporáneo; por ejemplo, los romanos ya habían legislado sobre el ruido y sus fuentes.
Hay muchos estudios e investigaciones sobre el sonido y el ruido y de ellos emanan las escalas que delimitan al ruido del sonido inocuo y en base a ellos se han dado las legislaciones y reglamentaciones correspondientes. Pero el ser humano tiene una alta cualidad subjetiva y junto a ella se encuentra su también elevada cualidad sensible y muchas veces toma las cosas más por lo emotivo, por lo sensible que por el conocimiento o lo cognoscible. Suele crearse representaciones de las cosas basadas más en entelequias que en meros conocimientos, es decir, puede conocer (más o menos) algo, una cosa y saber que le puede dañar o causar molestias y/o trastornos, pero no deja de establecer contacto con la fuente del daño o riesgo. A veces no puede evitarlo, a veces sí pero no lo hace aun a costo de su propia salud y bienestar o el de sus allegados o el de sus pertenencias (animales, plantas u aparatos y otros objetos o cosas pueden ser perturbados o dañados por el ruido, cabe anotar la pérdida de valor de una propiedad inmueble debida a su ubicación en una zona azotada por la “plaga del ruido”).
Los daños a la salud humana causados por el ruido van más allá de los que aquejan los órganos de la audición, aunque en varios casos todavía no se encuentran muy bien caracterizados. El ruido puede causar dolor directo de mayor o menor intensidad y de mayor o menor duración, ya sea en órganos del audio o en otros. Los daños pueden ir desde trastornos del sueño y del descanso hasta cuestiones mentales más difíciles de discernir pasando por problemas de comunicación, angustia y depresión, a los que pueden sumarse dificultades para el aprendizaje, la concentración y otros problemas como mala digestión, náusea, cefalea, hipertensión y bajo rendimiento laboral. La lista puede ser más amplia aún. Varios de estos problemas y trastornos solamente se expresan de manera indirecta y se suponen más bien como dados por las interacciones de diferentes ítems ambientales y psicosociales, pero donde se encuentra presente el “vector o componente” ruido.
La subjetividad y sensibilidad humanas son menos fáciles de manejar que las mediciones del sonido-ruido. Si bien se han planteado escalas para una serie de ítems sobre lo subjetivo y sensible del humano tales escalas carecen de la aceptación “universal” de las escalas de medición de cuestiones físicas. Lo que queremos asentar aquí es que el uso de escalas de medición física del sonido-ruido es una cosa y la aceptación, uso y manejo de ellas por parte de los amplios grupos humanos es otra. Aquí se entabla una especie de límite a la objetividad de las ciencias y sus métodos frente a la subjetividad-sensibilidad de lo humano y al menos para el caso que nos ocupa, este límite es muy importante y sirve de plataforma de apoyo para complicar y complejizar la problemática del ruido. Este componente más subjetivo del problema del ruido es de índole psicológica y es conocido como sonoridad y se refiere a las diferentes formas de percepción que la gente tiene sobre el sonido y el ruido; por lo tanto depende o está dado por variables menos físicas que a su vez se correlacionan entre sí al mismo tiempo que con el grado de concienciación de los problemas ambientales por parte de los individuos sociales (personas socializadas que al mismo tiempo son individuos o “unidades personales sociocomunitarias”).
Mientras que una persona puede considerar como “lo máximo” (deseable) el permanecer bajo un ambiente sobrecargado de sonido y de ruido, a otras personas nos parecería una situación insoportable y hasta huiríamos inmediatamente de tal situación, o cuando menos intentaríamos escapar de ahí. Entre estos extremos hay una larga distancia donde se asientan las diferentes percepciones posibles sobre la capacidad de soporte de un sonido o ruido. Incluso se dice por ahí, que la capacidad o tolerancia hacia determinado nivel de ruido está directamente relacionada con el nivel cultural de una persona. Esto plantea una relación bastante lineal entre el poder soportar el ruido y el hato cultural de una persona, lo que en otras palabras quiere decir que mientras más cultivada sea una gente menos puede tolerar el ruido, o en el otro extremo, mientras más ignorante se es más capacidad se tiene para tolerar el ruido. Esta es “sabiduría popular” pero tiene su rango de validez. No es extraño o raro que una persona “bien educada” tienda a ser incapaz de asimilar los niveles de ruido, mientras que personas de escaso “conocimiento culto”, puede tolerar niveles altos y muy altos de ruido.
No parece gratuito que el sonido sea tomado como un “método” de tortura. La tortura es una de las peores invenciones de la humanidad y a lo largo de la historia humana ha sido aplicada en las diferentes culturas y épocas, prácticamente alrededor del mundo entero. Hoy, cuando las ciencias y la tecnología así como otros saberes han avanzado tanto en sus respectivas áreas de trabajo y conocimiento, también la tortura se ha actualizado y el recurrir al sonido y al ruido es un “método” muy utilizado para torturar. La tortura, en general es ilegal pero existe, es vigente y desgraciadamente es muy aplicada. Ilegalmente pero se practica y se la va haciendo más “científica” y más “eficaz y eficiente”, hay un “gran avance” en los métodos de tortura y hay personas que dedican sus vidas a aplicarla así como al desarrollo de “mejores” modos de realizarla para lastimar duramente, para llevar a las víctimas al paroxismo del dolor pero sin matarlos, al menos hasta que lo decidan y, también, buscando las maneras de no dejar huellas de tales torturas en los atormentados.
Así podemos recordar que en los campos de exterminio nazis se les ponía a los cautivos música a un volumen tal que no podía ser ignorada. Pero ya más recientemente, podemos recordarnos como los presos “enemigos” de EUA (y sus aliados) después de las intervenciones norteamericanas (y de sus aliados) por lo menos en el caso de Irak, fueron torturados con música a muy alta intensidad por largos lapsos de tiempo para debilitarlos física y mentalmente hasta su desplome como personas (o simplemente como seres vivos).
En nuestras sociedades occidentalizadas actuales, dentro de la modernidad-posmodernidad en que vivimos hay una fenomenología especial que hace atomizarse a la sociedad. La gente a pesar de encontrarse dentro de grandes concentraciones humanas, va viviendo una especie de vaciamiento donde se va restringiendo su comunicación interpersonal y se va escindiendo del resto de su especie. Parecería una paradoja: en medio de grandes conglomerados humanos donde se llega inclusive hasta al hacinamiento elevado, la persona se va quedando cada vez más sola. Se siente, se piensa y se sabe sola. Hay un proceso de anonimización dentro de las urbes (en el medio rural también, pero en menor escala, a excepción de algunos casos singulares), donde la persona humana se va despersonalizando. El medio, el Sistema de dominancia impuesto le hace desvincularse de los demás y buscar el refugio y la seguridad de su sitio-estancia para defenderse de las altas violencias en que nos encontramos subsumidos cotidianamente donde es posible que nos encontremos sin hacer nada para ello, con una violencia que ni tan solo imaginábamos. Nuestras sociedades, en lo general, se han deteriorado tanto que en realidad pertenecemos a realidades que quedan muy por fuera de lo que quisiéramos y muchas veces nos vemos envueltos en violencias de todo tipo y magnitud sin tener que ver directamente con ellas, sin participar directamente en la generación de ellas. Aun dentro de los domicilios y hogares se pueden presentar serias violencias que hasta pueden afectarnos considerablemente o llegar a terminar con nuestras existencias físicas o mentales.
Vivimos en la sociedad del riesgo que es la misma que la sociedad de la incertidumbre que es la misma que la sociedad del temor, misma sociedad de la inseguridad, misma sociedad que se ha descrito o calificado de “zoociedad”, o sea, una asociación de animales y no de personas.
En este mundo presente enrarecido y relativizado muchas personas que viven se encuentran o se sienten solas, acuden al sonido para crearse y recrearse una ambiente que les permita sobrevivir cada día. Suele suceder que en un lugar se tenga la radio, la televisión, la computadora o cualquier otro aparato encendido, o simultáneamente encendidos todos ellos para producir un “efecto de vida”, para simular que hay vida ahí, que hay o se encuentran en “compañía de”. Nadie oye, escucha, ve ni pone atención a aquellos aparatos o lo que sean, pero se busca por medio de la producción de sonido y ruido hacer las veces de que la vida prosigue ahí. Se hace un montaje a modo de la vida: se simula vida y se elabora un performación de la misma. Esto se da tanto en ambientes cerrados como abiertos y tanto urbanos como rurales, asimismo puede acontecer para una sola persona o para un grupo de ellas.
El sonido y muchas veces el ruido hace las veces de energía para sostener las vidas de algunas personas. Se llega al grado de dependencia del sonido-ruido que una o varias personas no pueden sentirse vivas o de llano, no pueden vivir si se les quitara o restringiera el sonido y el ruido. Hay personas que argumentan que no pueden pensar si no hay sonido-ruido de por medio. Hay otras que establecen su incapacidad de hacer algo si no lo hacen bajo niveles de sonido y de ruido. Para estas personas el sonido y el ruido no son una molestia sino una “necesidad” y la establecen como vital para su ser y quehacer. Se crea una dependencia extrema entre sus vidas y la presencia sempiterna ya sea del sonido y hasta del ruido y en general, estas personas no adelantarían una separación del ruido respecto al sonido, difícilmente les interesaría diferenciar uno del otro y más bien piensan que ambos les son necesarios. Se llega al caso extremo de buscar el ruido de manera automática, es decir, hasta inconscientemente una o varias personas pueden buscar el ruido para formularse un “hábitat” de vida o de sobrevivencia, el ruido se hace una “estrategia” de sobrevivencia; se busca el ruido sin darse cuenta de ello y si alguien llega a señalarles tal cosa, es muy probable que no le tengan una explicación ya que nunca antes se lo habían planteado, pero también pueden negar que así suceda o mostrar irritación por la observación que se las hace o buscar cualquier otra salida que justifique su comportamiento (dependencia al ruido), incluso pueden obviar la observación o “mandarnos a paseo”. Hay quien argumenta sobre su derecho a ser y su derecho a generar ruido fincándolo en cuestiones de su libertad de acción y pensamiento, así como de comunicación y finalmente por su libre albedrío. Otro extremo puede presentarse cuando alguien reclama su derecho a “gozar del ruido”.
Hay un considerable problema para definir lo que una necesidad es y esto se complejiza más cuando se intentan clasificar las necesidades. Pero más embrollo se da cuando se quiere diferenciar a una necesidad verdadera de una inventada (ejemplo: una necesidad verdadera regularmente reconocida como tal es la alimentación; una necesidad inventada es la de tener un teléfono celular o móvil diferente para cada día de la semana). Si no podemos definir las necesidades y tampoco podemos clasificarlas bien a bien, no nos encontramos en condiciones para aseverar con contundencia científica o equivalente que determinadas personas no tengan una verdadera necesidad por el ruido (o el sonido, en su caso). Aquí se presentaría una disyuntiva: o privamos (“por su bien”) a tales personas del ruido que se les es necesario o dejamos que sigan inmersos en ese universo peculiar de sonidos-ruidos aunque esto les traiga malas consecuencias a su salud y/o un deterioro a su bienestar.
Señalamos esto, toda vez que nos sirve para ilustrar un poco que el asunto y problema del ruido es más amplio y complejo de lo que parecería a simple vista y de lo que tal vez el sentido común nos podría decir. Entonces podemos citar aquí nuestra hipótesis de trabajo, que NO es original nuestra pero es la que queremos manejar en el presente escrito: el ruido está más dado por la percepción de la gente que por la intensidad y/o calidad del sonido. Lo cual recala también sobre las consideraciones de que el ruido afecta más por las características psicosociales involucradas que por las más físicas. En otras palabras, parece ser que el ruido es más un fenómeno psicosocial que físico, por supuesto, sin dejar de reconocer que sin la emisión física del sonido el ruido no existiría.
Desde luego reconocemos que hay sonidos de tal cualidad (aparte de su intensidad y recurrencia) que no pueden ser calificados más que como ruido independientemente de la percepción de las personas que incluso pueden ni tan solo darse cuenta de que están ahí, es decir, pueden no percibirlos, desconocerlos. No nos referimos a que los nieguen o dejen de asumir como molestos o malos, portadores de malos efectos, sino a que pueden no ser percibidos por sus órganos sensoriales o pueden estar encubiertos o “disimulados” bajo determinados velos que los enmascaran u ocultan. Como sea, los órganos humanos tienen sus propias limitaciones de detección, de intercambio y de tolerancia a los estímulos del medio tanto como a los internos de nuestro cuerpo como ente biológico, uno de estos límites está en la capacidad-incapacidad para detectar ruidos de baja o muy baja frecuencia (digamos de entre 20 y 150 Hz). Límites que muchas veces desconocemos o no respetamos consciente o inconscientemente. Igualmente, reconocemos que una cosa es medir y legislar el ruido pero otra cosa es “meterle en cintura”, es decir, corregirlo o controlarlo, aquí se encuentra otro “Talón de Aquiles” del estudio y de la lucha contra el ruido.
Hay otra cuestión a tomar en cuenta dentro de la problemática del ruido. El ruido es una manifestación del sonido y lo “contrario” del sonido es el silencio. En ausencia del sonido lo que impera es el silencio y si no hay sonido entonces tampoco habrá ruido. El silencio es la ausencia de sonido y de ruido. Pero el silencio al igual que el sonido-ruido también obedece a parámetros tanto físicos como psicosociales, lo que dice, hay un componente físico (la no emisión de sonido) pero también hay otro más subjetivo que asume al silencio bajo una cierta percepción. Esta percepción es tanto individual como grupal. El silencio tiene distintas propiedades o definiciones dependiendo de si se lo ve cuestionando a una sola persona, el efecto percibido por una persona en solitario o incluso la misma persona pero ahora en grupo. El efecto del silencio puede ser muy diferente en ambos casos, algo semejante al caso del ruido.
Así como el sonido o el ruido llegan a hacerse una necesidad para determinadas personas, también el silencio puede ser considerado una necesidad para algunas gentes. Se da inclusive el caso de que la misma persona necesita periodos de ruido intercalados con otros de silencio y considera ambos como necesarios. La complejidad humana es muy vasta y tenemos cualidades todavía muy desconocidas o “simplemente” inexplicables hasta hoy.
Mientras algunas personas claman y reclaman “su derecho al ruido” otras lo hacen respecto a “su derecho al silencio”. Por supuesto que esto mueve a conflictos y enfrentamientos. Es un problema de comunicación entre vecinos y es al mismo tiempo un problema social más grande ya que el ruido en sus múltiples presentaciones y representaciones llega a impactar fuertemente a muchas personas que no lo toleran más y que lo rechazan y hasta protestan exigiendo “justicia ambiental” por considerar la presencia del ruido como un bloqueo a su paz exterior e interior, cuando en el otro polo hay gente que hasta llega a vivir de hacer ruido como una nueva dimensión “moderna” de las antañas “plañideras”.
El silencio es importante y a su vez aporta sus propias complejidades. Cuando una persona siente que tiene que tomarse un momento, un alto en sus actos y actitudes, unos instantes de paz, muchas veces busca el silencio y se desplaza hacia donde puede encontrarlo, algunas personas no lo hacen así y hasta para pensar introspectivamente, reflexionar, persisten en ambientes de ruido o lo buscan más y llegan a hacer el ruido mayor. En general se da una percepción e imagen del silencio como parte de la paz en contraparte de la imagen o representación del ruido como imposibilidad de paz o al menos como limitante significativa para la paz.
Hay gente que tiende a generar condiciones para el silencio y a vivir en ambientes de silencio. Estas personas buscan el silencio para vivir pero también emplean al silencio como una “salida” de las realidades que no le agradan y más bien le agreden. El silencio al igual que su “contrario” el ruido son ampliamente utilizados como vías de escape. La gente por igual huye del silencio que del ruido y puede ser la misma persona individual. Otra semejanza compartida entre ruido y silencio es que sirven para que las personas generen sus propios ambientes donde ellos decidan si lo hacen dentro del ruido o del silencio o si combinan ambos fenómenos acústicos. Con base en el manejo del ruido-silencio una persona puede crearse una realidad que le sea más favorable, más a su modo y más tolerable y hasta agradable, cómoda. Pero de modo semejante al ruido, el silencio hace las veces de una necesidad en determinadas circunstancias y momentos.
Las personas pueden recurrir (y lo hacen) al manejo del dueto silencio-ruido para elaborarse una realidad que les permita vivir o “simplemente” sobrevivir (entrecomillamos el “simplemente” dado que la sobrevivencia suele ser nada simple, es más bien compleja y complicada recordándonos aquí de algún principio epistemológico que señala que lo simple no existe, lo que existe es lo simplificado, la simplificación y hasta la sobresimplificación, cuestiones que hacemos para poder operar dentro de amplias complejidades que se interceptan y potencian entre sí mutuamente, generando mayor complejidad y quizás más complicaciones y superiores).
En el caso del silencio en determinada situación (de tiempo y lugar así como de duración), una persona puede sentirlo como “vital” después de algún cierto episodio de su vida o de una determinada experiencia vivida. Busca el silencio y si lo encuentra puede sentir un satisfactorio alivio de la tensión en que se encontraba, pero si no lo encuentra, entonces su dependencia del mismo se fortalece y lo hace más y más deseable y puede entrar en problemas con el entorno y con sus congéneres debido a sus ansias de silencio, se alarga así la imposibilidad de encontrar la paz o de un ámbito de paz y se crean y recrean las posibilidades de un mayor rechazo hacia el ruido conformando ya una verdadera fobia por el ruido o acusticofobia o fonofobia (con algunas especificidades como la liguirofobia o miedo-rechazo a los ruidos fuertes o la tonitrofobia o miedo a los truenos).
Silencio y soledad. Miedo a la soledad. Miedo al silencio o miedo a los silencios. Premoniciones. Fobia al silencio: silencio estruendoso. Autofobia: miedo a uno mismo o a la soledad. El silencio evoca-ubica a Dios, el ruido al diablo o a los demonios, en percepciones comúnmente socializadas. La costumbre al ruido puede insensibilizar y hacer percibir que un ruido no lo es cuando lo es realmente.
Este no es un escrito técnico, más bien intenta hacer un señalamiento reflexivo sobre el ruido.
Independientemente de lo que se haga política y gubernamentalmente así como legalmente y legislativamente, o sea, por medios legales a la vez que por medio de leyes específicas (no todo lo legal es ley), debemos actuar nosotros mismos. Aunque los gobiernos tienen mucho que hacer respecto del ruido, nosotros debemos hacer otro tanto practicando, para iniciar “políticas de buen vecino”, es decir, no hacerle al vecino lo que no queremos que se nos haga a nosotros. Respetar y mediar, moderar y dialogar. Debemos ponernos en los zapatos del otro y tratar de entender y luego comprender sus razones y motivaciones para que una vez cavilando nosotros, podamos pactar socializando sobre el problema del ruido. Así no seremos más víctimas del ruido sino portavoces de la paz, comenzando por una paz sonora que sonará por sí misma como “ritmo de fondo” sin la necesidad de ocasionar ruido.

Bibliografía paralela:
Bermell, M. A. y V. Alonso. 2010. La acústica musical como herramienta de educación y prevención ante el ruido. Revista Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales. No. 24. Universidad de Valencia. España.
Domínguez R., A. L. 2011. Digresión sobre el espacio sonoro. En torno a la naturaleza intrusiva del ruido. Cuadernos de Vivienda y Urbanismo. Vol. 4. No. 7. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá. Colombia.  
Expósito P., S. (Coordinador). 2013. Innovación para el control del ruido ambiental. Universidad de Castilla- La Mancha. España.
García F., X.; I. García F. y J. García G. 2010. Los efectos de la contaminación acústica en la salud. Revista Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales. No. 24. Universidad de Valencia. España.
Quintero G., J. R. 2013. El Ruido del tráfico vehicular y sus efectos en el entorno urbano y la salud pública. Revista Puente. Vol. 7. No. 1. Universidad Pontificia Bolivariana. Colombia.