Contribuciones a las Ciencias Sociales
Abril 2014

UNA CRITICA AL INDICE HIRSCH. La comercialización de la ciencia



Maximiliano E. Korstanje (CV)
maxikorstanje@arnet.com.ar
Universidad de Palermo



Resumen
El presente breve ensayo es una respuesta crítica a los resultados que genera el índice H dentro de la producción editorial y científica actual. El mismo junto a otros mecanismos de disciplina como el copy-right, el doctorado, y la indexación de citas, monopolizan la producción mercantil de la ciencia. Excluye al otro que no puede pagar por un artículo, al lego en la mayoría de los casos, y cosifica al propio experto en la miopía de su propio egocentrismo hedonista. En parte, eso justifica el declive de la educación actual, la cual no se da por ignorancia sino por simplificación y superproducción de material inocuo. La falta de espíritu crítico, el cual ha sido reemplazado por una falsa idea de falsabilidad o demostración empírica es la razón central de la muerte de la ciencia.
Palabras claves, ciencia, índice H, ciencia, epistemología, educación


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Korstanje, M.: "Una crítica al índice Hirsch. La comercialización de la ciencia", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Abril 2014, www.eumed.net/rev/cccss/28/indice-hirsch.html

La investigación aplicada presta demasiada atención a los índices de cita. Esta realidad no solo es un gran flagelo para la ciencia y su futuro, sino para el contenido mismo de lo que se produce. Como afirmaba el sociólogo francés Emile Durkheim, una de las características de la ciencia es que ella no dispone ni de tiempos ni de presiones externas que puedan condicionar sus resultados. Forzar al investigador a escribir una cantidad x de trabajos como someterlos sólo a revistas indexadas genera dos efectos contraproducentes para la producción bibliográfica. La primera y más importante se resuelve prestando atención a quienes fomentan las revistas indexadas. En perspectiva, la mayoría de las revistas que adquieren mayor prestigio en el mundo anglosajón no son de acceso gratuito. Los sueldos de los investigadores como así también los fondos para sus trabajos de campo dependerán de las posibilidades de insertar sus artículos y publicaciones en esta clase de revistas. Tras el velo del prestigio, el autor no solo no recibe paga alguna sino que cede los derechos de su copyright a la revista que acepta su trabajo. En consecuencia, se viola el principio esencial de toda ciencia según el profesor Durkheim, el libre acceso a la información para proceder a la replicación de las fuentes y/o resultados pertinentes. Durante mucho tiempo, los profesores universitarios acostumbrados a escribir libros para una limitada camada de estudiantes fueron forzados a redactar trabajos de investigación que en el peor de los casos se publican con una diferencia de un año. En muchos casos, los procesos de arbitraje no solo no garantizan la calidad del contenido (como lo demostraran Sokal y Bricmont), sino que el autor espera largos periodos de tiempo para recibir una repuesta no satisfactoria a su proyecto. Cuando decimos no satisfactoria, no decimos que se trata de un rechazo abierto fundamentado, sino todo lo contrario, explicaciones del editor de que el artículo no se aplica a los lineamientos de la revista o que según su postura no soportaría un riguroso proceso de arbitraje. ¿La pregunta es porque esperar para esta decisión tanto tiempo?.
Los investigadores profesionales, entonces, presentan el mismo trabajo en varias revistas esperando que alguna de ellas no de visto bueno al referato o posterior publicación. Los editores argumentan que se trata de una falta de ética por parte del autor ya que se viola el principio mercantil del copyright.  Como vemos, en este caso, la ética como construcción es funcional a la lógica mercantilista del sistema editorial que sustrae al autor de su derecho a regalías. Además, tampoco tiene el autor autonomía para hacer de su trabajo un libro o tratar el tema en un congreso. ¿No es eso una falta clara de ética?.
Las revistas replican a la formulación de esta acusación, diciendo que si un artículo es publicado en dos revistas a la vez, no hay posibilidad de protección en caso de plagio.  Particularmente, a este problema se le suma uno nuevo mucho más reciente, que es la supervivencia de la misma revista frente a lo que son las publicaciones indexadas.
Los índices hoy no solo regulan el mercado sino que además deciden que revista vive y muere. Partiendo de la base que el investigador recibirá una paga mayor por aquellas revistas posicionadas en índices de alta citación, muchas otras revistas que no cumplen las condiciones de la ciencia mercantil tienden a desaparecer. Ese claro sesgo darwinista de la supervivencia del más fuerte, se encuentra ligado a lo que se conocido como el índice H, o índice Hirsch.
Cabe primero una aclaración, si se quiere introductoria. Las citas no necesariamente expresan el prestigio y seriedad de un investigador, y eso sucede por dos motivos centrales. En primera instancia, las citas no expresan aceptación de una teoría, de hecho la cita puede hacer foco en errores metodológicos o fallas epistemológicos del investigador. En segundo lugar, dentro de la cantidad de citas existe un gran número de auto-referencias que los investigadores hacen de sus propias valoraciones y estudios. Los estudiosos más importantes que han ganado grandes premios no son ni los más populares ni los más citados en sus disciplinas (Cañedo-andalia, 1999).
Dentro del concepto de citación, el índice H es uno de los que mayor difusión y aceptación ha tenido. Este logaritmo expresa la cantidad que h trabajos ha sido citado al menos h veces, generando un cubo entre la cantidad de trabajos del investigador y sus citas pertinentes. El índice será más alto en aquellas personas que tienen mayores citas que superan ampliamente a sus trabajos. Originalmente, Hirsch pensó este logaritmo para expresa el impacto del investigador dentro del campo científico, asumiendo que de nada sirve el número de publicaciones si no son citadas por otros. La mirada del otro no solo es importante para el pensamiento posmoderno en la ciencia, sino que lleva por defecto a la no producción de material científico. Es decir, un investigador con limitados recursos, y que entonces no puede producir muchos trabajos, debe situar su investigación en una revista lo suficientemente prestigiosa como para ser citado n veces.  Para ser prestigiosa esa revista debe juntar los requerimientos de citas necesarios para el índice H del investigador sea importante. Cuando esta forma de pensar se institucionaliza, el investigador deja de producir. Lo cierto es que en la actualidad la forma parece más importante que la esencia de lo que se escribe. Empero el tema no culmina ahí, el índice H es una verdadera herramienta para matar la creatividad del autor, subyugando sus resultados a una ponderación. El premio final obviamente es el pago de mayor capital en comparación con los verdaderos investigadores científicos que pretenden dar rienda suelta a su vocación y al libre acceso de sus trabajos. Los críticos del índice H reconocen que un estudiante con pocas publicaciones y moderadas citas puede tener una ponderación mejor que una persona dedicada a la investigación por más de 30 años (Costas y Bordons, 2007). Por lo demás, existen disciplinas en donde se cita menos que otra. El número de citas depende en gran proporción del país y el idioma donde se produce el documento. Los centros anglosajones tienden a publicar y a citar más que los hispanos. Eso no los hace superiores, sino más cerrados a otros idiomas. En forma inversa a lo expuesto, se ubica la dependencia entre la publicación y la cita. El otro problema importante es el condicionamiento del investigador respecto a la cantidad de trabajos producidos. Según como es formulado el logaritmo, un especialista de 15 documentos no puede tener un índice mayor a 15, al margen del número de citas (Sidiropoulos et al, 2006). Aquellos que por su parte, prefieren cultivar la calidad a la cantidad también son penalizados por el inefable índice H (Cole y Cole, 1967).  Los estudios de revisión por lo general aplican los criterios a las revistas de su campo, pero muchos investigadores publican en disciplinas que no son las de su base de origen. Eso hace muy difícil rastrear el verdadero impacto del pensador en una rama determinada. Google scholar por su parte ayuda en este proceso, pero se ha demostrado que el software tiene serios problemas para contabilizar las citas, ya sea por la coautoría o cuestiones vinculadas a homónimos. Se estima que casi el 30% de las citaciones de un autor no son correctamente computadas a quien corresponde. Por último, el índice H no estipula aquellas citas hechas en papel, o en revistas que no tienen salida digital. Ello genera una carrera por las revistas no solo por aparecer en la web y lograr una continuidad sino por sobre-indexarse. De hecho, en mi experiencia personal, editores de prestigiosas revistas han puesto como condición que para mí publicación sea efectiva, debía yo añadir a por lo menos 5 autores que previamente hayan publicado en su revista.  ¿No obedece esto a una coacción por parte de los editores?. Con el criterio utilizado por Hirsch, Albert Einstein que publicó en su carrera cuatro papers, debería haber muerto con un índice H de 4
(Lehmann, et al, 2006).
En una reflexión recientemente publicada, M. Korstanje (2013) advierte sobre la mercantilización de la ciencia de nuestros días. Centrado en el ejemplo del doctorado, el autor advierte que el problema de la crisis de la educación no radica en la falta de contenidos, sino en la instrumentalización pertinente de la lógica capitalista. El doctorado no es el producto de una larga vida destinada a la investigación de un tema, sino el resultado de un producto. La tesis doctoral es un rito de pasaje necesario para que el joven adquiera el grado de doctor. El “doctorando” queda subyugado a no poder opinar en congresos y eventos científicos porque no es doctor. Para transformarse en investigador debe se introduce una marca simbólica importante entre el doctor y el doctorando. Particularmente, el doctorando no hace ningún hallazgo a la disciplina que se pretende doctorar sino que asume las normas de los expertos. Entre ellas se encuentran, la falta de grandes aspiraciones que expliquen el funcionamiento de grandes fenómenos, y las limitaciones de objetivos a cuestiones que se pueden probar. Muchos doctorando han dejado sus proyectos doctorales por falta de recursos pero también porque la definición de sus objetivos por parte del tutor no los inspiraba en lo más mínimo.   La realidad tal y como ha sido pensada por la ilustración se ha partido en pequeños fragmentos perceptibles según el sujeto que no explican el porqué de los fenómenos. Ante una pregunta, la posición del experto será siempre que el tema es lo suficientemente complejo como para dar una respuesta simple, o que se necesita de mayor exploración, y/o lo que es peor que se debe realizar investigación interdisciplinar. Cualquiera sea el caso, la crisis de la educación es la misma falta de sentido generado por la ciencia. Contenidos mínimos dispersos sin ningún tipo de conexión cognitiva o causal entre ellos. La gran cantidad de ofertas doctorales en todo el mundo es funcional a su declive en materia de calidad, pero por sobre todo explica la necesidad de inventar temas de estudio para ofrecer productos de mercado. La crisis no se da por la ignorancia, sino por su abundancia que lleva a la persona a experimentar una falta de crítica. La instrumentalización de la investigación como la planificación comercial de sus contenidos son dos de los pilares, junto al copyright y al índice H que disciplinan el saber científico.
Referencias
Cañedo Andalia, R. (1999). “Los análisis de citas en la evaluación de los trabajos científicos y las publicaciones seriadas”. Acimed, 7, 30-39.

Cole, S.; Cole, J. R. (1967) “Scientific output and recognition: a study in the operation of the reward system in science”. En: American sociological review, v. 32, n. 3, pp. 377-390

Costas, R., & Bordons, M. (2007). “Una visión crítica del índice h: algunas consideraciones derivadas de su aplicación práctica”. El profesional de la información, 16(5), 427-432.

Durkheim, E. (1956). Education and sociology. New York, Simon and Schuster.

Korstanje M (2013) "Tesis doctorales ¿que son y para que sirven?". Atlante cuadernos de educación y desarrollo. Universidad de Málaga. Edición Septiembre

Lehmann, S. et al (2006) “Measures for Measures”. Nature. 444 (7122): 1003-1004

Sidiropoulos, A et al. (2007) “Generalized h-index for disclosing latent facts in citation networks”. En: Scientometrics, v. 72, n. 2 (en prensa)
.
Sokal, A. D., & Bricmont, J. (1999). Impostures intellectuals. Paris, Editorial Empuries.

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