Contribuciones a las Ciencias Sociales
Enero 2014

OJOS IMPERIALES, Literatura de viajes y transculturación. Buenos Aires, FCE. 2011. ISBN 978-950557871-9, PP 471



Maximiliano E. Korstanje (CV)
maxikorstanje@arnet.com.ar
Universidad de Palermo





Resumen
Esta pequeña pieza de revisión explora los aciertos y limitaciones de un texto ya clásico, Ojos Imperiales, de Mary L. Pratt. En su versión ampliada y mejorada de 2011, la autora retoma el problema de la colonización y la construcción del otro como arquetipo de exclusión en tiempos y contextos totalmente nuevos respecto al texto originalmente escrito hace años atrás. Por ese motivo, es necesaria una nueva relectura de este clásico. Si bien concordamos con Pratt respecto a ciertos factores sociales que coadyuvaron para la construcción del colonialismo europeo, sugerimos otras causas.

Palabras Claves. Ojo Imperial, Viajes, Colonialismo, Literatura.


Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Korstanje, M.: "OJOS IMPERIALES, Literatura de viajes y transculturación. Buenos Aires, FCE. 2011. ISBN 978-950557871-9, PP 471", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Enero 2014, www.eumed.net/rev/cccss/27/ojos-imperiales.html

En Ojos Imperiales, Mary Louise Pratt explora las raíces del discurso imperial estableciendo herramientas conceptuales válidas para comprender la imposición de una identidad creada en los centros del poder económico para ser expandida hacia la periferia. Pero agrega Pratt, la hegemonía imperial nunca es aceptada en forma univoca. El grupo dominado aporta parte de sus expresiones culturales e interpreta a favor del dominador naturalizando su supuesta superioridad. Estos encuentros simbólicos pueden florecer en “zonas de contacto” donde se dan verdaderos procesos de transculturación. Si bien la ideología imperial es elaborada fuera de las comunidades periféricas, la realidad es que su aceptación depende de muchos factores.

No obstante, el imperialismo europeo no hubiese sido posible sin dos mecanismos ideológicos significativos. Uno fue el interés científico por la creación de un modelo clasificatorio que permitió la introducción de una “conciencia planetaria”. Gracias a este modelo, los europeos se lanzaron a los mares con el fin de explorar los límites interiores de lo que concebían como un sistema total mundial. El segundo instrumento se refiere a la literatura de viajes, la cual por su parte ha despertado un romanticismo especial que por un lado cuestionaba en forma directa las prácticas colonialistas, y sus injusticias, como la esclavitud o la violencia física, pero por el otro dejaba fuera de discusión otros valores importantes como la superioridad blanca sobre otros grupos humanos. El mérito de Pratt consiste en denunciar la ambigüedad de la literatura de viajes, la cual por un lado abogaba por un mensaje explícito, mientras en el seno de su narrativa enfatizaba en un paisaje desigual, funcional a la superioridad del orden imperial.  

El “ojo imperial” se presenta como Adán en el paraíso, con posibilidades de disfrutar y ver todo a su paso, sin que nada lo pueda detener. Este ojo no solo escudriña y controla sino que además construye paisajes simbólicos donde la dominación europea nunca es cuestionada. Esta clase de literatura dice más por lo que esconde que por lo que puede denunciar. En la mayoría de los estudios de caso, novelas y textos analizados por Pratt el nativo no posee nombre, ni historia, mucho menos una identidad propia que lo defina fuera de lo que es su vínculo con el europeo. En este exquisito libro, narrado de forma prolija y clara, la autora deja en evidencia que existen dos eventos que han marcado a fuego la historia del colonialismo. En 1735 Carl Linneo publica su trabajo Sistema Naturae en donde establece la necesidad de clasificar en forma sistemáticas diversas plantas, especies herbáceas y vegetales tanto europeos como extra europeos. En forma casi paralela, parte una expedición naviera con rumbo a América del Sur conocida como “expedición Condamine” para poder hacer mediciones más precisas sobre la forma de la tierra. Si bien esta última expedición ha sido un fracaso desde lo científico, produjo una serie de documentos que alimentaron el interés de los europeos por un nuevo género, las experiencias vertidas en los relatos de viajes. Estos textos comenzaban dando una ubicación geográfica más o menos precisa del viaje y narraban (siguiendo el sistema clasificatorio) las diversas costumbres, culturas y personas que conocían durante la travesía. Pronto este tipo de relatos comenzaron a ser funcionales a la lógica burguesa de acumulación europea que estaba transformando las antiguas instituciones medievales. El sufrimiento de los viajeros estableció una retórica sensacionalista donde el otro quedaba subordinado (inmonimado) a una matriz cultural imperial que le daba a su vez sentido, a lo observado.

En perspectiva, Pratt no se equivoca cuando afirma que el colonialismo no podría haber sido posible sin esta “conciencia planetaria” propuesta por la ciencia. La táctica imperial alude a la posibilidad de crear ciertos estereotipos, marcadores y signos que son atribuibles a otros, pero en ese mismo acto, el centro queda intacto de ser marcado. A los peligros que deben atravesar los “valientes europeos” se le combinan toda una serie de maravillas que despiertan no solo la curiosidad sino la ambición de comerciantes y colonos de todo tipo, color y clase. La necesidad de una historia natural que diera sentido a la cultura europea pero a la vez redujera el conflicto, la disidencia a su mínima expresión, fueron los motivos para la creación de la literatura de viajes.

Pratt en su versión ampliada reconoce haber generado cierto revuelo en el ámbito académico occidental y por ese motivo propone, en los capítulos finales, una lectura crítica sobre la literatura de viajes actuales y su relación con la globalización. En forma elocuente, ella considera que la “neo-colonia” se corresponde con una construcción en donde el escritor narra su propio espacio como en “otra parte, el conocimiento no es posible desde su propio lugar sino fuera de su espacio de residencia. Para ello debe recurrir al viaje emancipatorio, un viaje que se lleva a cabo por el Norte, Europa o Estados Unidos preferentemente. Estas formas neocoloniales, muy presentes en los escritores latinoamericanos, son resultado de las antiguas formas de apropiación coloniales. Pratt sugiere que la modernidad colonial adquiere un estilo, una estética, donde la crisis de “pertenencia” juega un rol primordial. Se viaja a ningún lugar para encontrarse con uno mismo. El marco neo-colonial de subordinación económica se encuentra presente en el discurso de los escritores latinoamericanos.

                        “La condición neocolonial implica vivir en un aprieto. Políticamente conlleva a las obligaciones de una nación-estado sin las facultades necesarias para trazar su propio derrotero. Si bien la modernidad imagina un proceso gradual que conducirá a que todas las naciones sean finalmente modernas, el neocolonialismo actúa para limitar la capacidad de un estado para desarrollarse. Los frutos de la productividad fluyen hacia afuera, hacia los bolsillos de los inversores extranjeros. Culturalmente sucede algo análogo. Ser moderno es suscribir los valores de la metrópoli y tratar de realizarlos en otro lugar” (Pratt, 2011, p 411)

Los agentes neocoloniales de las novelas modernas son por naturaleza “anti-conquistadores”, pero promueven valores vinculados a la burocracia, la racionalidad, la industrialización y la innovación tecnológica. Descentrados por su propia alienación vagan sin rumbo por los límites del imperio. Metodológicamente, Pratt trabaja la idea de reconstruir ciertos “tropos” (tipos ideales, o ideas fuerza) con el fin de comprender como se articula el discurso colonial. Este relato por fuera se asume como contestatario de una época, pero por lo que calla legitima ciertas prácticas llevándolas fuera de toda discusión. Este método le da a nuestra autora la fuerza necesaria para hacer análisis de contenido en textos del siglo XVIII como en el XX.

Aun cuando el libro de Pratt confiere un aporte erudito a las formas ideológicas del imperialismo conformándose como un verdadero aporte al estudio del problema, su vínculo con la movilidad y las forma identitarias de conciencia colectiva parecen construcciones forzadas que deben ser examinadas a priori. En primer lugar, es incorrecto afirmar que la colonización naciera de la clasificación herbácea de Linneo.  Diversos documentos en historia antigua demuestran, como Augusto primer imperador de Roma daba órdenes a sus generales de acopiar información y clasificar las costumbres de los pueblos “pacificados”. Y ello no es casualidad, como otros imperios antes que ellos, los romanos habíanse convencido de que la única forma de llevar su civilización era por medio del trazado cartográfico y la escritura. El primero permitía el desplazamiento de los ejércitos por las rutas para el adoctrinamiento de los cuerpos, a la vez la segunda garantizaba la lealtad del subyugado al ideal civilizatorio romano (Pagden, 1997).

En esta misma línea, Nicolás Gerlomini en su prefacio a la edición Latín español de los “comentarios de César” sobre la Guerra en las Galias, explica que los generales romanos solían escribir todas sus experiencias, antes y después de la batalla con el fin de poder llegar a una compilación erudita y un conocimiento más amplio de las tribus conquistadas. Lo que hoy se sabe de las antiguas tribus célticas y nórdicas, vaya paradoja, se debe a los comentarios de Julio César, quien para Gerlomini debe ser considerado el “primer etnógrafo”. Si bien Pratt logra captar con claridad no solo la lógica discursiva imperial, sino también los elementos de ese relato, falla en darle una fecha de inicio a esa forma de pensamiento. También Pratt se equivoca cuando enfatiza en que la literatura de viajes resulta de las aportaciones académicas propias de Linneo en el siglo XVIII.

Existe evidencia suficiente compilada por L Voigt (2009), que permite vincular a este género literario a las experiencias, y textos escritos por los cautivos en la conquista de América, o incluso mucho antes a las contribuciones de Cervantes en su contacto con los moros. Explica Voigt, en su libro Writting Captivity in the Early modern Atlantic, que concebir la conquista de América como un todo homogéneo es un error grave. Las diferentes potencias europeas tomaron posesión de América utilizando diversas tácticas. Acorde a ello, también la forma de construir al aborigen era diferente. Para el imperio español como para el inglés, el aborigen representaba un ser incivilizado, cuyas costumbres debían ser seriamente reprimidas. El cautivo español socializado aborigen debía ser canalizado nuevamente y reeducado.

Desde esta perspectiva, entre el imperio y la colonia existía un clivaje importante. Diferencia que ha persistido por centurias y que puede apreciarse en el trabajo de los intelectuales. El pensador latinoamericano ve a su par peninsular como un continuador de la lógica imperial.  Por el contrario para el portugués, el cautivo cumplía un rol de mediador entre la metrópolis y la colonia.  Centrado en lo que Voigt llama su deber, el cautivo era una especie de funcionario público que limaba las asperezas entre el portugués peninsular y el americano. Cualquiera sea la diferencia, Voigt añade, la literatura de viajes debe gran parte de su esencia (su proporción al peligro y a la aventura) a los cautivos y a sus experiencias (Voigt, 2009).

Posiblemente, el sistema clasificatorio de Linneo (el cual según Pratt da origen a la literatura de viajes) condicionara y consolidara una tendencia que ya se había iniciado mucho tiempo antes, con  la conquista americana: la literatura de cautivos en los siglos XVI y XVII. Por todo ello consideramos que si bien Ojos Imperiales provee aspectos interesantes para la comprensión del imperialismo, cae en generalizaciones falaces que no pueden ser sustentadas por lo hechos.

Referencias
Gerlomini, N. (2004) “Introducción: Roma hasta la época de César”. En Julio César. Comentario sobre la guerra de la Galia. Buenos Aires, Editorial Losada. 

Voigt, L. (2009). Writing Cptivity in the Early Modern Atlantic. North Carolina, The University of North Carolina Press

Pagden, A. (1997). Señores de Todo el Mundo: ideologías del imperio en España, Inglaterra y Francia (en los siglos XVI, XVII y XVIII). Buenos Aires: Editorial Península.

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