Contribuciones a las Ciencias Sociales
Octubre 2013

"ATRACTORES" Y TRIANGULACIONES FRACTALES: LA REBELIÓN DE LO SUBJETIVO Y DE LA COMPLEJIDAD



Edgardo Adrián López (CV)
albertonascimiento616@gmail.com

A partir de una lectura osada de Marx y que no es leninista ni se adscribe a lo que se entiende por “marxismo”, quisiéramos sugerir que en la Historia de la especie extendimos círculos concéntricos, a la manera del Infierno de Dante, que se desgarran con el horizonte de poder expandirse, constituyendo espirales de estabilidad–inestabilidad

Palabras clave: Marx, teoría del valor, complejidad, cuota de ganancia, fractales.



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
López, E.: ""Atractores" y triangulaciones fractales: la rebelión de lo subjetivo y de la complejidad", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Octubre 2013, www.eumed.net/rev/cccss/26/triangulaciones-fractales.html

Edgar Morin, en su tratado sobre el método, se resiente que el marxismo –incluidos sus “fundadores”– haya sido partícipe de una episteme de lo no polivalente, de lo mecanicista y del determinismo (1986: 174). Por el contrario, intentaremos sugerir que si cabe tal perspectiva sobre el padre de Laura, esa visión es un lugar común que además, se convirtió en una caracterización escasamente compleja de un pensamiento que todavía palpita utopías libertarias. No obstante, cabe añadir que no era intención de aquel teórico abarcar todas las cosas, porque nadie lo lograría así “[…] tuviera cien lenguas y cien bocas y una voz de hierro” –Virgilio 1966 b: 42.
Ahora bien, cuando Marx (1973: 300, 309, 313–314, 319, 323) realiza el análisis de la mercancía y del dinero nos da la impresión de que el valor de uso se “desdobla” o espectraliza, primero, en valor de cambio y más tarde, en dinero autónomo. Es como si el valor convertido en ente independiente, fuera un “agente” mediador entre lo útil y su reflejo espectral en una cosa físicamente metafísica. Si graficáramos lo expresado, tendríamos:
 

El dinero es el vértice “coordinador” que, aunque espectral, le otorga materialidad tanto a los extremos cuanto a la tensión que insiste entre ellos (Marx 1973: 319). Además, refuerza la dialéctica empobrecedora que pulsa entre los otros vértices.
Lo mismo acontece con el capital

 

Los “puntos de anclaje”, los atractores que acaban por ser las agudezas articuladoras de los triángulos son cada vez más densos y opacos, más entorpecedores de un devenir que no consista en inducir espectros que nos enfrenten en carácter de “terceros poderes ingobernables” (Marx 1972: 169). Incluso, el pensador alemán sostendrá que no hay propiamente acontecimiento, devenir, movimiento, en los procesos con –pseudo–movimientos, al estilo de la circulación de mercancías (Marx 1973: 315).
Pero el capital es un autómata que se valoriza, que acrece su despotismo y linealidad, su complejidad pobre: en la génesis de supervalía está implícita la tendencia a la producción y reproducción en estratos extendidos.

 

En el diagrama, puede constatarse que el trabajo y con él, toda la diversidad de facultades humanas puestas en juego, resultan succionadas por el atractor/capital, que sólo adquiere firmeza en repetirse a sí mismo como un ente que captura los flujos múltiples que recorren la tarea, en tanto que praxis polidireccionada –Marx 1973: 319, 322.
Ahora bien, la competencia entre capitales (entre otros factores) suscita un parámetro de ganancia media que cuantifica la distribución del “hipervalor” que le corresponde a cada quien. Sin embargo, la citada tasa muestra que, a fin de que un capital dado pueda mantener un alto coeficiente de valorización, debe empujar a las fuerzas creativas y a las potencias del trabajo a elevar, fuera de cualquier patrón anterior, su productividad. Con ello, el capital se incrementa en su aspecto objetivo, en su parte constante –en máquinas y en materias primas–, pero disminuye en su fracción subjetiva, en tarea viva (Marx 1972: 49, 62). Como el plusvalor sólo emerge de la explotación de la fuerza laboral, la merma relativa de la cantidad de obreros empleados por un capital con una composición considerable en tecnología, repercute en la cuota de ganancia. Ella disminuye y entonces el capital encuentra problemas de valorización, id est, de crecimiento. Por ende, cuando llegamos al ámbito de la tasa de beneficio, el “proceso de duplicación” que percibimos en los otros esquemas ya no puede ser sencillamente sostenido y ampliado sin cesar.
 

En consecuencia, la tríada esquematizada –atractor y fractal–, que debiera ser el que otorga “coherencia” y cohesión al sistema de exudaciones de espectros, falla. La riqueza, las innovaciones científico/técnicas –resultado de la inteligencia colectiva, de la capacidad de aprendizaje de la sociedad y de la experiencia anterior acumulada–, los poderes del trabajo, la libertad que insiste en su proceso (en la proporción en que es un ejercicio de los bienes internos del hombre), etcétera, manifiestan su “resistencia” a ser codificados en clave económica y afloran discontinuidades. En lo que respecta al atractor que absorbe las potencias del capital para expandir la producción, el mercado y el consumo, es dable observar la posibilidad de crisis, las que son otro modo de rebelión de la complejidad ante la pretensión autoritaria de lo económico/economicista de cara a lo social y cualitativo.
Empero, la cadena fractal de esas triangulaciones –que sólo pueden repetirse hasta cierto límite– se genera en catástrofes previas, dos de las cuales esbozaremos a continuación:

 

Muy sintéticamente y de manera harto especulativa, es plausible que la diversidad de las líneas divergentes de tiempo (cf. una perspectiva similar en Proust 1975), en cuanto los Australopithécidos y los primeros Homo se vieron presionados por la necesidad de distribuir una fracción del día a conseguir alimentos, perdiese valencias y dejara paso a la oposición que se detalla. Simultáneamente, esa tensión acabó por convertirse en una regla tiránica que le dictaba a los hombres cuánto era razonable invertir en procurar tal o cual fruto, tal o cual herramienta, en razón de que “[...] el tiempo huye para no volver” –Virgilio 1966 c: 74.
A lo anterior, se sumó el penoso acontecimiento de que las formas múltiples de riqueza disponibles (las del juego, las del amor, las del arte) fueron obligadas a compararse con los valores de uso obtenidos por el trabajo. Podría razonarse que en un “principio”, en el que no toda la vida estaba referida al tiempo de labor, hubo tesoro del que saboreábamos más o menos fuera de él. Sin embargo, en algún después comenzó a palpitar una fracción de la riqueza global de la que gozábamos, que se “astilló” en entes útiles que, para su reproducción, debía encuadrarse en la –estrecha– cantidad de tiempo a insumir:
 

La multiplicidad de tesoro del cual puede alegrarse el hombre, finaliza mutilado en valores de uso que tienen que crearse según la citada norma. No obstante, para que los valores aludidos, generados bajo el imperativo de una “aritmética” del tiempo, se desdoblen en mercancía, dinero, capital es imprescindible que aquéllos –que son el resultado de un empobrecimiento de los diferentes tipos de riqueza de los que es factible degustar, allende los instantes de labor–, sufran una descomplejidad adicional que los hace materia dispuesta a transformarse en objetos poco interesantes (es decir, en entes que no son capaces de efectuar otro movimiento que el cuantitativo, el económico –ir a 1973: 315; 310, 318).
Si tuviésemos que arriesgar una lectura, posiciones no hegemónicas de abordaje respecto a la teoría crítica glosada, acaso afirmaríamos que los atractores y las fractalidades de fantasmaticidad dictatorial exigieron hasta hoy, que acabe “repetido” el mismo punto de partida (1972: 31–32). No es otra cosa lo que acontece en la sociedad burguesa y su reproducción en mayor escala: lo presupuesto (el capital) vuelve a presuponerse –pluscapital–; no hacemos sino extender círculos concéntricos, a la manera del Infierno de Dante (cf. 1946 a), que se desgarran con el horizonte de poder expandirse, constituyendo espirales de estabilidad–inestabilidad (acerca del modelo del “trompo”, consultar Serres 1994).
El capital, en tanto poder que controla de manera tiránica la producción de riqueza; el valor de cambio, en cuanto forma economicista adoptada por el tesoro; el dinero, en tanto abstracción en la que son expresados los valores de uso; la retribución del trabajo por medio del salario y el consecuente tratamiento de la capacidad laboral como mercancía; todo eso es la culminación economicista de un sinuoso historial humano. Allí suspiraba un desvío negativo que empujaba a estructuraciones cada vez más rígidas –Marx 1973: 287. Pero en virtud de que en el capitalismo lo económico y sus entes arriban a la cúspide de lo semiotizado como cuantitativo, la economía (en la proporción en que es dicho “caosmos violento”) no continuará indefinidamente, ya que en el capital, en el dinero, etc., está implícita la posibilidad de una historia emancipada de tales figuras [op. cit.: 322 (y eso sin mitometafísica alguna, ni ontología, ni teo–teleología, mesiánicas o no). En efecto, el capital e. g., es el trasladar las fronteras de la producción de riqueza hacia un más allá; al postularse en cuanto “disparador” con esa dinámica se pone a sí mismo como barrera y por lo anterior, tiende a disolverse (Marx 1972: 141, 167–169). “[… Van] cayendo las sombras, cada vez mayores, desde los altos montes”, dice Virgilio –1966 a: 6. Amanecerá, acaso, otra aurora. Empero, esta apuesta no significa ni asociarse con las potencias logocéntricas y de vigilancia y disciplina enlazadas al Padre Sol y la claridad (Derrida et al. 2000), ni tampoco comprometerse, a causa de querer deshacernos de semejante “envío”, con las figuras de la noche y los perfiles del Macho que asedia.

BIBLIOGRAFÍA

Dante, Alighieri (1946 a) La Divina Comedia. Vol I, Buenos Aires: Estrada.
____________ (1946 b) La Divina Comedia. Vol II, Buenos Aires: Estrada.

Derrida, Jackie Eliahou et al. (2000) La hospitalidad. Buenos Aires: Ediciones de la Flor.

Gombrowicz, Witold (1984) Fredydurke. Barcelona: Edhasa.

Marx, Karl Heinrich (1971) Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política (Borrador). 18571858. Vol. I, Buenos Aires: Siglo XXI.
________________ (1972) Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política (Borrador). 18571858. Vol. II, Buenos Aires: Siglo XXI.
________________ (1973) Contribución a la crítica de la Economía Política. Buenos Aires: Estudio.

Morin, Edgar (1986) El método I. La naturaleza de la Naturaleza. Madrid: Cátedra.
__________ (1993) El método II. La vida de la vida. Madrid: Cátedra.
__________ (1995) El método III. El conocimiento del conocimiento. Libro primero. Madrid: Cátedra.

Proust, Marcel (1975) En busca del tiempo perdido 1. Por el camino de Swann. Madrid: Alianza.

Serres, Michel (1994) El nacimiento de la física en el texto de Lucrecio. Caudales y turbulencias. Valencia: Pre–Textos.

Virgilio (1966 a) “Égloga I” en Virgilio y Horacio. Obras poéticas. Colección Clásicos Jackson, Vol. IV, México: W. M. Jackson.
_____ (1966 b) “Libro II. Geórgicas” en op. cit.
_____ (1966 c) “Libro III. Geórgicas” en op. cit.

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