Contribuciones a las Ciencias Sociales
Mayo 2013

REFLEXIONES EN TORNO AL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI EN VENEZUELA DESDE UNA PERSPECTIVA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA



Arcadia Josefina Torres Osorio (CV)
arcadiatorres@gmail.com
Instituto Universitario de Tecnología del Estado Bolívar

Resumen
En este trabajo se aborda un cuestionamiento a la lógica del capitalismo, centrada en el afán de lucro, contrario al desarrollo humano. El propósito de esta reflexión es presentar un modesto aporte al proceso de transformación del capitalismo rentístico en una economía social, popular, comunitaria y productiva, capaz de agregar un creciente grado de transformación a las abundantes materias prima y recursos energéticos que posee Venezuela. Se realizó una investigación documental que permitió una interpretación crítica de las ideologías y experiencias de lo que se conoció como socialismo real del siglo XX. También, se analizaron algunos lineamientos de política económica en países latinoamericanos que rompieron con la llamada receta neoliberal y reivindicaron el papel del Estado en la economía y en la sociedad. El resultado de este artículo apunta a la necesidad de una profundización del socialismo para la construcción de una nueva sociedad, donde la economía debe sostenerse en nuevas Empresas de Producción, guiadas por principios de cooperación y complementación, donde el desarrollo humano sea posible a partir del reconocimiento y respeto por el otro,  fomentándose la liberación del espíritu emprendedor de los pueblos, así como la libertad de organización política y  libre expresión del pensamiento y las ideas.

Palabras Clave: economía  - organización - sustentabilidad



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Torres Osorio, A.: "Reflexiones en torno al socialismo del siglo XXI en Venezuela desde una perspectiva de la economía política", en Contribuciones a las Ciencias Sociales, Mayo 2013, www.eumed.net/rev/cccss/24/socialismo-venezuela.html

Introducción

Partiendo del planteamiento que hace Niveya Vilchez en su artículo: Empresas de producción social como activador del desarrollo endógeno1 donde expresa que la lógica del capitalismo, centrada en el afán de lucro, es contraria a la lógica del desarrollo humano, porque el trabajo se realiza bajo la estricta y exclusiva dirección y supervisión del capitalista; por lo que ningún trabajador tiene derecho a los resultados y al fruto del trabajo, más allá del salario que recibe como paga por sus fuerza de trabajo. Los capitalistas se apropian del excedente del trabajo generado por encima del equivalente al salario. Lo que representa un enriquecimiento a expensas de la explotación al trabajador, con su inevitable secuela de pobreza, miseria y exclusión social.

De allí  que la lógica de la ganancia y la rentabilidad inherentes al capital, sea la de incrementar la explotación de la fuerza de trabajo asalariada, bien sea, prolongando al máximo posible la jornada laboral o,  a través de recurrentes reducciones en el precio que paga por la fuerza de trabajo, es decir a través de reducciones sucesivas del salario real de los trabajadores. (Martín, H. M.- Schumann H.,1998).  

El conflicto planteado entre el propósito   del capital de prolongar la jornada laboral o de reducir el salario real, por un lado; y la necesidad vital de los trabajadores en reducir el tiempo de trabajo y lograr  aumentos de salario, por otro, pone de manifiesto una de las contradicciones antagónicas del capitalismo. (Marx, C., 1973).  En efecto, el conflicto entre las aspiraciones de una mayor ganancia y rentabilidad del capitalista contrasta con las aspiraciones de una mayor calidad de vida y grado de bienestar de los trabajadores, reflejándose en  las relaciones capitalistas de producción.

Hoy más que nunca, está vigente el tema de la abolición de la propiedad privada sobre los recursos naturales y sobre los medios de producción básicos y estratégicos de un país con posibilidad real de erradicar la explotación del hombre por el hombre y  con éste, sepultar de una vez y para siempre las causas de la pobreza, la miseria y la exclusión social. Sólo con la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción fundamentales será posible transformar las relaciones personales contaminadas por el interés mercantil, en relaciones personales desinteresadas, basadas en los principios de la solidaridad y la cooperación.

En concordancia con Libia Naranjo, quien en su tesis de pasantía: desarrollo endógeno para el fortalecimiento del poder popular caso: cvg-venalum2asegura que el ser humano sólo puede alcanzar su plenitud individual a través de una actividad productiva dotada de significación social, de alcance comunitario y  de impacto  personal para su desarrollo humano integral. La sociedad venezolana está enfrascada en la  inmensa tarea para transformar el capitalismo rentístico en una economía social, popular, comunitaria y productiva, capaz de agregar un creciente grado de transformación a las abundantes materias prima y recursos energéticos que posee Venezuela, con el fin de producir los bienes y servicios que se requieren para satisfacer las necesidades básicas y esenciales de consumo popular.

El presente trabajo tiene por objetivo, reflexionar sobre algunas cuestiones  que constituyen la base económica y que son portadores de las nuevas relaciones sociales de producción del  Socialismo del siglo XXI que se propone construir en venezuela, desde una perspectiva de la Economía Política.

Entendiendo que el socialismo del siglo XXI, cuya definición la inserta en el escenario mundial Heinz Dieterich Steffan en 1996, fue tomado por el presidente venezolano Hugo Chávez en el 2005, al identificarse con las características fundamentales del concepto que se sustenta en cuatro ejes, cuales son: el desarrollismo democrático regional, la economía de equivalencias, la democracia participativa y protagónica y las organizaciones de base. Dieterich, en su obra Socialismo del Siglo XXI se funda en la visión de Karl Marx sobre la dinámica social y la lucha de clases, incorporando los avances del conocimiento, las experiencias de los intentos socialistas, develando sus limitaciones, entregando propuestas concretas tanto en la economía política como en la participación democrática de la ciudadanía para construir una sociedad libre de explotación.
En un discurso a mediados de 2006, el presidente Hugo Chávez señaló que, para llegar al socialismo del siglo XXI, “habrá una etapa de transición denominada Democracia Revolucionaria”; también refirió que  “en Venezuela se asumió el compromiso de dirigir la Revolución Bolivariana hacia un socialismo basado en la solidaridad, la fraternidad, el amor, la libertad y la igualdad”. Indicando además, que este socialismo no está predefinido. Más bien, dijo Chávez “debemos transformar el modo de capital y avanzar hacia un nuevo socialismo que se debe construir cada día”.

Por su parte Ellery Ortega, en su artículo Gestion de proyectos de actividad fisica y salud 3, considera que construir el socialismo del siglo XXI, que plantea el presidente Hugo Chavez,  exige  ideas nuevas, claras y libres de cualquier compromiso con las ideologías y experiencias fallidas de lo que se conoció como socialismo real a lo largo del pasado siglo XX. Su construcción en el marco de la Revolución  Bolivariana tiene que ser un proceso inédito, original, auténtico que no puede reeditar los errores de las experiencias fracasadas del pasado.

El socialismo real degeneró en una forma de Capitalismo de Estado, basado en la propiedad estatal absoluta sobre los medios de producción y un férreo sistema político que conculcó los más elementales derechos civiles de los ciudadanos. Aquel intento no pudo dar una respuesta plena a las aspiraciones de justicia, libertad e igualdad de las grandes mayorías, las  cuales  no se vieron motivadas a  defenderlo cuando éste empezó a desmoronarse junto al Muro de Berlín, ese modelo resultó poco efectivo para garantizar el avance hacia mayores niveles de crecimiento y bienestar colectivo, dando origen a su desplome.

Del Neoliberalismo del siglo XX al Socialismo del siglo XXI

Luego del derrumbe del bloque socialista se impuso un fuerte sesgo ideológico que pretendió demostrar la superioridad del mercado frente a la acción estatal, desconociendo las formas en las cuales el Estado ha intervenido en todas las experiencias exitosas de desarrollo, sobre todo en las principales economías capitalistas, donde su nivel y ritmo de desarrollo no hubiese existido sin los incentivos de las políticas públicas.

Al caer la URSS y con ésta el bloque de países socialistas de Europa oriental, el pensamiento neoliberal vivió su década estelar. En América Latina muchos gobiernos fueron embriagados con los postulados acerca de la superioridad del mercado sobre el Estado. Según el pensamiento neoliberal, las fuerzas de la oferta y la demanda son más eficientes que la intervención del Estado para orientar la inversión y el desarrollo. Sus postulados rezan que la gerencia privada tiende a ser mucho más eficiente y competitiva que la empresa estatal. Con esos planteamientos, convencieron a muchos gobernantes de la superioridad del mercado sobre el Estado, dando inicio a la etapa neoliberal que se caracterizó por:

  • Apertura de los mercados nacionales a la competencia de los productos importados desde las grandes potencias industrializadas, fenómeno que provocó la quiebra de millares de cooperativas, pequeñas y mediana empresas y, la destrucción de millares de puestos de trabajo.
  • La desregulación de la inversión extranjera, con lo cual se entregó la economía nacional a las grandes firmas transnacionales que desplazaron la inversión local, desnacionalizando así las economías Latinoamericanas.
  • Privatización tanto de empresas públicas productoras de bienes como de las prestadoras de servicios públicos de agua, luz y  teléfonos entre otras, excluyendo de éstas a todos aquellos ciudadanos sin ingresos para cancelar las tarifas de los servicios básicos y sociales para la sobre vivencia humana.
  • Desmantelamiento de la estructura del Estado nacional a través de la eliminación de medidas y mecanismos de supervisión y control de la economía, la fusión y liquidación de organismos e instituciones públicas, la descentralización y transferencia de competencias del Estado nacional a los gobiernos locales; todo ello acompañado de severas reducciones de las nóminas de empleados públicos y el consiguiente recrudecimiento de la pobreza, miseria y conflictividad social.

En América latina,  países como Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, que rompieron la receta neoliberal y reivindicaron el papel del Estado en la economía y en la sociedad han retomado la senda del crecimiento económico y el desarrollo humano integral, generando empleos estables y mejor remunerados para sus trabajadores.

El socialismo entendido como el ideal de una sociedad justa, libre y equitativa, pasa por superar la  época de desilusión  y derrota que dejó el fracaso de la Unión Soviética y el Bloque de Países Socialistas que no cumplieron las expectativas y esperanzas de crear un mundo nuevo, capaz de desarrollar integralmente al individuo a través del despliegue de todas sus potencialidades, la satisfacción de sus necesidades materiales, intelectuales y espirituales, y el absoluto respeto a sus derechos civiles y políticos.

El nuevo socialismo, conocido como socialismo del Siglo XXI planteado por el Presidente Hugo Chávez, representa el relanzamiento  del ideal para construir una nueva sociedad, donde el desarrollo humano sea posible a partir del reconocimiento y respeto de las diferencias raciales, culturales, religiosas, políticas, ideológicas y  de género entre las personas, en respuesta a las dictaduras disfrazadas de revoluciones que tanto daño le hicieron al ideal de una sociedad socialista. (Mészáros, I., 2001). 

La Revolución Bolivariana ha servido de inspiración para una creativa reinterpretación del pensamiento marxista, (Lebowitz, M., 2005), ante la posibilidad real de construir en Venezuela el Socialismo auténtico. Aquel que se plantea una nueva forma de organización de la sociedad donde cada uno de sus habitantes pueda lograr el pleno desarrollo de sus capacidades y potencialidades humanas, así como la satisfacción plena de sus necesidades materiales, intelectuales y espirituales.

El nuevo Estado Socialista.

Luego de más de una década de nefastos procesos de desregulación y desmontaje de las capacidades de gestión pública, se plantea ahora la imperiosa necesidad de reconstruir el Estado, haciendo más eficaz su funcionamiento en función de dar respuesta a los múltiples problemas sociales de los pueblos, que jamás podrán ser atendidos por la mano insensible del mercado. De cara a la construcción del Socialismo planteado en Venezuela, la dinámica de las relaciones entre mercado y Estado no es un asunto que pueda resolverse de una vez y para siempre, para todas las situaciones y coyunturas, con base en supuestos teóricos o políticos generales.

La pertinencia de mayores o menores niveles de regulación o intervención  estatal en conjunto con la actualización de las fuerzas del mercado, lejos de ser una anatema, constituye uno de los asuntos claves en la construcción del nuevo Socialismo. La planificación centralizada de la actividad productiva y el funcionamiento de las fuerzas de la oferta y la demanda no pueden asumirse como opciones antagónicas e inconciliables. Esto significaría reeditar el debate maniqueo que obliga a optar entre Estado o mercado. Asumir este enfoque llevaría  a otorgarle todo el poder de decisión o bien a la burocracia estatal o bien a la mano invisible del mercado. Y esto no es más que limitar severamente los márgenes futuros de la participación activa y protagónica del pueblo organizado en Empresas de Producción Socialista para asumir el control de los procesos de generación y distribución de la riqueza.

Debe tenerse en cuenta que el impulso a las Empresas de Producción Socialista (EPS) es un proceso muy reciente. Las EPS, (Mas Herrera, M. J., 2005),  están guiadas por principios de solidaridad, cooperación y complementación, pero están naciendo en medio de una economía predominantemente mercantil. En consecuencia, tendrán que lidiar con empresas de producción capitalista, cuya lógica está guiada por fines de lucro, ganancia y rentabilidad. Esta relación de la economía popular con la economía mercantil es un hecho real y deberá estar bajo la atención del Estado, evitando así que las aún débiles expresiones de la economía social, popular, comunitaria,  se pierdan  en la vorágine capitalista.

En efecto, a través de un uso inteligente de los diferentes instrumentos de política fiscal, financiera, cambiaria, compras gubernamentales y asistencia técnica, entre otros, el Estado puede estimular a la empresa privada para que asuma un creciente compromiso con el desarrollo de las nuevas formas de economía popular y propiedad social, toda vez que la libre competencia entre desiguales no puede conducir sino al fortalecimiento de los más fuertes y a un debilitamiento aún mayor de los más débiles.

No se trata, entonces, de sacrificar el espíritu emprendedor y la capacidad innovadora del pueblo trabajador,  lanzándolo a una competencia desmedida con empresas capitalistas consolidadas, ni mucho menos hundir el pleno despliegue de los poderes creadores del pueblo bajo la lápida de rígidos controles del Estado. Eso sería tan nefasto como pretender cancelar la acción del Estado para allanar el camino a la supremacía del mercado. El mercado genera desigualdad y desequilibrios. Por ende, se hace imprescindible la actuación del Estado para activar mecanismos expresos dirigidos a lograr una reducción significativa de las disparidades entre las diferentes regiones, sectores económicos y sociales. Pero esta necesidad imperiosa de la intervención del Estado no puede confundirse con una defensa a ultranzas de las prácticas paternalistas del pasado que mediatizaron, hasta llegar incluso a anular, la capacidad emprendedora e innovadora de la gente.

Ni absolutismo del Estado ni hegemonía del mercado deben ser los extremos en los cuales se debata la construcción del nuevo socialismo; si bien cada uno tiene su función, hay que dejar bien claro  que en el nuevo socialismo, el funcionamiento del mercado será supervisado, regulado y controlado por el Estado, porque sólo así será posible prever y evitar los efectos nocivos en materia social, económica, territorial y ambiental que inevitablemente acompañan al libre mercado. Desde esta perspectiva, el mercado debe y tiene que ser un escenario más, donde se concreten las políticas de desarrollo, bajo la regulación y control del Estado; y no el mecanismo perfecto al que se le atribuye una infalible capacidad de autorregulación y equilibrio,  que demostró no poseer. Este es uno de los principios rectores de la construcción del socialismo venezolano a través del cual Venezuela encontrará su propia y original vía para asegurar el desarrollo económico y el bienestar social del pueblo como ya ha empezado a evidenciarse, según las estadísticas presentadas por el Banco Central de Venezuela para el año 2009.

Tanto Estado como sea posible y la dosis de mercado que sea necesaria

La experiencia histórica concreta ha demostrado que ni la propiedad absoluta del estado sobre los medios de producción ni la liberalización del mercado con todo su torrente de comercio, inversiones y movimientos de capital ha podido armonizar el bienestar de los ciudadanos con tantas libertades económicas,  conjuntamente con la preservación del ambiente. En esos modelos extremos cuando no falta una cosa falta la otra. Por eso los regímenes que le rindieron culto al absolutismo estatal o a la supremacía del mercado se derrumbaron uno tras otro.

La construcción del nuevo socialismo o socialismo del siglo XXI tiene que salirle al paso a la pretensión de imponer de una sola vez y para siempre o bien la hegemonía del Estado o bien la supremacía del mercado. La experiencia sufrida por muchos países que quedaron atrapados en esa disyuntiva demostró que ésta no es la mejor forma de garantizar ni una eficiente asignación de recursos, ni mucho menos el máximo de bienestar colectivo.

El mercado solo, no es capaz de garantizar ni el crecimiento, ni la superación de la pobreza, ni el logro de la equidad, ni el desarrollo humano, ni la sustentabilidad ambiental. Pero tampoco la sola intervención del Estado logrará la meta deseada de un crecimiento económico con desarrollo humano, equitativo, democrático y ambientalmente sostenible. De allí la importancia de la intervención del Estado para regular, controlar e inducir al mercado, en función de sus grandes objetivos estratégicos.

Asumiendo que aún la nueva economía no termina de nacer y la vieja economía se resiste a morir, el Estado puede estimular crecientes compromisos de la empresa privada con la transformación del modelo productivo y la construcción del socialismo del siglo XXI. Sólo así será posible conjugar las metas del crecimiento y desarrollo económicos con los grandes objetivos del desarrollo humano integral. (Foro Internacional sobre Globalización, 2003).

Intervención del Estado para la regulación del mercado.

Si algo explica la recuperación sostenida de la economía venezolana, plasmada en las estadísticas del Banco Central de Venezuela 2009, es justamente el esfuerzo de intervención y planificación que se ha desplegado como vía para ampliar el radio de regulación y control del Estado sobre las fallas e imperfecciones de los mecanismos del mercado. Esta nueva racionalidad en la gestión pública ha logrado disminuir  a su mínima expresión la idolatría del mercado, que postula la autonomía de las leyes de la oferta y la demanda y del mecanismo de los precios ante cualquier forma de intervención estatal.

(Álvarez R., V., 2007). El Estado venezolano está llamado a desplegar todo el potencial de los incentivos financieros, fiscales, cambiarios, compras gubernamentales, asistencia técnica que posee, en función de impulsar la multiplicación a lo largo y ancho de todo el aparato productivo y del territorio nacional, de las Empresas de Producción Socialista como célula fundamental del Nuevo Modelo Productivo, basado en relaciones de solidaridad, cooperación, complementación, reciprocidad y sustentabilidad, en sustitución del viejo modelo mercantil basado en la competencia, el afán de lucro, la explotación del trabajo asalariado y la depredación del ambiente. El reto principal que tiene la construcción del Socialismo del Siglo XXI es la superación de la pobreza y de las profundas desigualdades económicas, sociales políticas y territoriales. Por tal razón, esta tarea debe tener como orientación prioritaria la atención de la dimensión social frente a las presiones del capital, sin caer en las políticas asistencialistas y compensatorias que tanto daño le causaron en el pasado reciente a la dignidad del pueblo.

Se trata de construir una nueva sociedad donde imperen la justicia, la igualdad, la libertad, la solidaridad, la cooperación, la reciprocidad, la equidad y los valores humanistas. Una sociedad en la que se garantice la mayor suma de alegría y felicidad posible para toda nuestra gente. Por esta razón, el socialismo del siglo XXI tiene que ver con la liberación del espíritu emprendedor de los pueblos y de la capacidad innovadora de la gente. Pero también tiene que ver con la libertad de organización política y la libre expresión del pensamiento y las ideas.

Nuevas formas de propiedad social sobre los medios de producción.

El pensamiento socialista del siglo XX se dedicó fundamentalmente a justificar la propiedad estatal sobre los medios de producción como la única manera de abolir las condiciones objetivas que históricamente determinaron el desarrollo de las relaciones capitalistas de producción. O sea, la existencia de personas carentes de medios de producción que se ven obligadas a vender por un salario, lo único que poseen para poder sobrevivir: su fuerza de trabajo. (Marx, C., 1973).

Como se sabe, esta condición de explotación se acentúa en el marco de las relaciones capitalistas de producción, no sólo porque al trabajador se le niegue una participación activa y protagónica en la planificación y dirección del proceso productivo, sino porque esencialmente al trabajador  no se le reconoce ningún derecho de propiedad  sobre el producto o fruto de su trabajo. De allí que la tradición del pensamiento marxista identificó a los trabajadores como la clase revolucionaria llamada a encabezar la lucha por expropiar a la burguesía capitalista de los medios de producción como instrumento de explotación del hombre por el hombre.  
 
Pero ocurrió que en el Socialismo del  Siglo XX, la propiedad social sobre los medios de producción se redujo a una forma de propiedad: la propiedad absoluta del Estado. Entonces, todos absolutamente todos los medios de producción y servicios, desde una gran siderúrgica hasta una bodega, un taller mecánico, una cerrajería o una pequeña peluquería, pasaron a ser propiedad del Estado. Se creó así, en los países llamados del Bloque socialista, una sociedad no propiamente de trabajadores; sino, más bien, una burocracia asalariada y dependiente del Estado, con muy poca motivación para impulsar el desarrollo permanente y sostenido de las fuerzas productivas. La idea predominante fue que toda la historia dependía de la expansión de las fuerzas productivas que, en los hechos, se limitó a los medios físicos de producción, en menoscabo del desarrollo humano integral, ignorando en consecuencia la importancia de las relaciones sociales bajo las cuales vive y trabaja la gente.

La Revolución Bolivariana ha aprendido las lecciones de esa experiencia. Y lejos de pretender copiar fórmulas fracasadas que llevaron a la postración económica, a la depresión ambiental y al estancamiento de la calidad de vida de las personas, se esfuerza más bien por abrir nuevos caminos donde se desplieguen en su máximo potencial todos los poderes creadores del pueblo; es decir, su capacidad emprendedora e innovadora y  su espíritu solidario y de cooperación.

El socialismo del siglo XXI en la Revolución Bolivariana.

No se puede construir el socialismo del siglo XXI tratando de corregir los defectos del viejo Socialismo del Siglo XX o maquillando con un rostro humano al capitalismo esencialmente explotador y salvaje. No es la simple mejora de lo ya existente. No es ofrecer lo nuevo según los métodos  pasados. Ni mucho menos seguir ofreciendo lo viejo pero ahora con nuevos métodos. El socialismo del siglo XXI es construir la nueva sociedad con nuevos métodos. Es una propuesta radicalmente distinta. Significa romper con los dogmas del pasado basados en la propiedad absoluta del Estado sobre todos los medios de producción, la dictadura de un solo partido y la supresión de sagrados derechos civiles y políticos de los ciudadanos. Esto sólo trajo como consecuencia la desnaturalización, perversión y posterior derrumbe de lo que se conoció como Socialismo real en el pasado siglo XX.

El carácter socialista de la Revolución Bolivariana.

La Revolución Bolivariana se planteó una Reforma Constitucional para definir con más nitidez el carácter socialista del nuevo Estado de Derecho que en Venezuela se construye. Ciertamente, la actual constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) no ataca al capitalismo ni mucho menos se declara socialista. Lo que deja implícito es la necesidad histórica de trascender el capitalismo e ir más allá del capital como forma predominante o única de organización social para la producción. De hecho, la  Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) incluye artículos muy claros que garantizan el derecho a la propiedad (Art.115), reconoce el papel de la iniciativa privada para generar crecimiento de la economía y fuentes de empleo (Art.299). Incluso, convoca al Estado a promover la iniciativa privada (Art.112). Pero la CRBV también es muy clara en el mandato de impulsar la participación y el protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía económica a través de la autogestión, la cogestión, las cooperativas, la empresa comunitaria y demás formas asociativas guiadas por los valores de la mutua cooperación y la solidaridad (Art.70). Es más, la CRBV (Art.118) reconoce el derecho del pueblo trabajador y de la comunidad para desarrollar asociaciones de carácter social y participativo y reconoce sus especificidades, en especial las que tienen que ver con el trabajo asociado y su carácter generador de beneficios colectivos y, por tal razón, el Estado las promueve y protege en función de ampliar la economía popular y alternativa.

En el Art. 308, la CRBV es muy clara al señalar que el Estado protegerá y promoverá la pequeña y mediana industria, las cooperativas, las cajas de ahorro, así como también la empresa familiar, la microempresa y cualquier otra forma de asociación comunitaria para el trabajo, el ahorro y el consumo, bajo régimen de propiedad colectiva, con el fin de fortalecer el desarrollo económico del país, sustentándolo en la iniciativa popular. Todos estos mandatos constitucionales son para apoyar a las cooperativas, micro, pequeña y mediana empresa y a la empresa  comunitaria como instrumentos para la organización, participación y control del pueblo trabajador en la producción de bienes y servicios que resultan básicos y esenciales para la satisfacción de sus necesidades.

Se trata de una constitución que reconoce la importancia de la capacidad emprendedora e innovadora de la iniciativa privada pero en función del desarrollo humano y de la construcción de una sociedad democrática, participativa y protagónica donde el pueblo es el sujeto del poder.
Ahora bien, en las elecciones presidenciales de Diciembre del 2006 Venezuela votó por el Socialismo. De allí la necesidad de emprender la Reforma Constitucional y declarar, sin lugar a dudas, su carácter revolucionario y socialista como pilar fundamental del nuevo Estado de Derecho que en Venezuela se construye.

Venezuela está demostrando que si hay alternativa, que si es posible trascender el capitalismo, que si es posible construir la nueva sociedad, la sociedad socialista en la que viva feliz el hombre libre, al que nada ni nadie podrá detener en la conquista de su desarrollo humano integral. La nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela dejaría claro que el Socialismo del Siglo XXI no es estatismo, no es populismo, no es totalitarismo, no es culto a la personalidad. Es la firme disposición a luchar para derrotar la esencia explotadora y depredadora del capital.

Un Nuevo Modelo Productivo para el Socialismo del Siglo XXI

En la primera etapa de la Revolución Bolivariana, la mayoría de los incentivos financieros, fiscales, cambiarios, compras públicas y asistencia técnica, entre otros, fueron dirigidos a enfrentar la problemática del desempleo a través de la reactivación del aparato productivo existente, conformado mayoritariamente por empresas mercantiles, las cuales reproducen el modo de producción capitalista que es precisamente el que se quiere superar en esta nueva etapa de la Revolución Bolivariana.
La satisfacción plena de las necesidades básicas y esenciales de la población en el Socialismo del Siglo XXI necesita la construcción de un nuevo modelo productivo, cuyo fin sea el desarrollo humano integral en lugar de lucro, la ganancia y la rentabilidad. Un nuevo modelo productivo en el que la gente, en lugar de relacionarse para intercambiar mercancías, lo hace para satisfacer sus necesidades.

Para profundizar la construcción de un nuevo modelo productivo, el Comandante Chávez ha dado instrucciones bien precisas para reorientar y concentrar el impacto de esta amplia y poderosa gama de incentivos en función de la conformación de un tejido de empresas que sean portadoras de las nuevas relaciones socialistas de producción. Reorientar el impacto de los diferentes incentivos de las políticas públicas para ponerlos al servicio de la construcción del nuevo modelo productivo es una tarea urgente y prioritaria que  debe emprenderse a partir de la unidad de criterios que asegure una acción coherente y articulada del nuevo Estado socialista;  al cual le corresponde impulsar un cambio radical en las relaciones sociales de producción, la transformación de la estructura sectorial del aparato productivo y el desarrollo armónico y proporcional de las diferentes regiones del país.

Conclusiones

La satisfacción plena de las necesidades básicas y esenciales de la población en el Socialismo del siglo XXI necesita la construcción de un modelo productivo cuyo fin sea el desarrollo humano integral en lugar del lucro, la ganancia y la rentabilidad. Un modelo productivo donde las personas, en lugar de relacionarse para intercambiar mercancías lo hagan para satisfacer necesidades.

Las características del nuevo modelo productivo deben  estar orientadas conforme a lo planteado en el Plan Nacional Simón Bolívar 2007-2013, de la siguiente manera:

  • ECONÓMICO: Desarrollo endógeno a través del fortalecimiento de las capacidades tecnológicas para aprovechar las ventajas comparativas del territorio, agregando valor a las materias primas, sustituir importaciones y aumentar la oferta exportable.
  • POLÍTICO: Cambio en las relaciones del poder a través de la organización popular en nuevas estructuras de participación ciudadana y control de los procesos de generación y distribución de la riqueza.
  • SOCIAL: Nuevas relaciones de producción para conformar la estructura social que permita liberar el trabajo asalariado de la explotación del capital y derrotar la pobreza, la miseria y la exclusión social
  • TERRITORIAL: Inversión equilibrada para impulsar el desarrollo armónico de las regiones, avanzar en la desconcentración poblacional, corregir asimetrías y disparidades entre las diferentes regiones.
  • AMBIENTAL: Corregir el impacto ambiental, proteger los recursos naturales, proteger la salud de los trabajadores y ciudadanos y garantizar la sustentabilidad del desarrollo para las generaciones futuras.
  • INTERNACIONAL: En el marco de los principios del ALBA, diversificar las relaciones económicas, priorizando la integración latinoamericana y la cooperación Sur-Sur. Avanzar en la construcción de un modelo multipolar y el equilibrio internacional

 

La construcción del Socialismo del Siglo XXI requiere de la elaboración de una teoría que sistematice los conceptos, categorías y principios de ese nuevo proyecto social a partir de las consideraciones teóricas que sustentaron los clásicos del Marxismo-Leninismo en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, así como de la experiencia de los proyectos socialistas que fracasaron y de los  que aún se mantienen vigentes, tales como la Revolución Cubana.

Bibliografía

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